13 de febrero de 2019

Myanmar - Yangón - Estación Yangon Central - St Mary's Cathedral

Coches, peatones y trenes

Llegados a Yangón desde Bago, nuestro paso por el hotel es corto, una ducha rápida y de nuevo a la calle para darnos un último paseo. Caminamos por Bogyoke Road en dirección este, y cruzamos las calles por un paso elevado, con vistas a esta calle -al fondo la torre Sakura y detrás el hotel- y a Pansodan St, al fondo de la cual está el edificio de la Autoridad Portuaria. 




Desde este paso elevado a nuestra izquierda vemos las vías del tren y algunos vagones. 


Avanzamos y vemos los andenes de la estación de tren, así como parte del edificio que la aloja, que es la razón de llegar hasta aquí. 



Algo más adelante ya podemos ver la fachada de la estación de tren Yangon Central, aunque decidimos no bajar a curiosear por ella -posiblemente un error, tanto de arquitectura como de ver vida cotidiana-. La estación original se construyó en 1877 por los británicos, pero fue destruida por ellos mismos cuando se retiraron en 1943 ante el avance del ejército japonés. Entre 1947 y 1954 se terminó de construir la que vemos, en estilo birmano, con los tejados característicos que hemos visto en pagodas y otros edificios, el llamado pytthat.

Con una manita de pintura tiene que resultar espectacular, ya no reluciente que perdería parte de su encanto, pero nos parece un precioso edificio. 



Desde el lounge del hotel Sule Shangri-La pudimos ver el edificio de forma más completa, y nos pareció encantador.


Damos media vuelta por el paso elevado para llegar nuevamente a Bogyoke Road, por la que seguimos caminando hacia el este hasta llegar a St Mary’s Cathedral, iglesia construida en 1899 por el arquitecto holandés Jos Cuypers, que es la iglesia más grande de Myanmar. 



Su interior nos parece mucho más oscuro que Holy Trinity Cathedral, no tiene grandes ventanales, pero es que también sus materiales de construcción también son más oscuros y posiblemente la luz del día también condiciona. 



Ladrillos blancos y negros que nos recuerdan más a unos baños victorianos o a una cocina, pero a pesar de la sorpresa es un lugar muy agradable, y al estar en las naves laterales, junto a las ventanas, la luz de repente cambia. 



En la catedral destacan las vidrieras, que le aportan colorido. 




11 de febrero de 2019

Myanmar - Bago - Kyaik Pun Paya

Los cuatro sentados

Desde Snake Monastery atravesamos la ciudad de Bago vamos viendo escenas cotidianas y también nos fijamos en la pluralidad religiosa, con templos hindúes o mezquitas musulmanas, aunque ambos tienen verjas cerradas, que no sé si corresponden a horarios o a que ya están en uso. 






 
La última visita es Kyaik Pun Paya, pagoda construida en 1476 por el rey mon Dhammazedi. 


Si ya hemos visto cuatro budas de pie espalda contra espalda en Mittaya Ananda Pagoda, ahora los vemos sentados. 


Cada imagen de Buda es diferente, ya que representan a los cuatro budas que han alcanzando el nirvana: Kassapa, Kakusandha, Konagamana y Gautama. 






Alrededor están los puestos planetarios, así que aprovechamos para despedirnos de nuestros correspondientes animales. 



También hay pabellones con santuarios y más imágenes de Buda, así como guardianes en su exterior. 


El pájaro hintha (ligado a la fundación de la ciudad) sobre el poste también nos resulta curioso, ya que parece más una decorativa cesta de huevos que una estatua, al no ser una estructura maciza. 


Con esta visita hemos terminado nuestro paso por Bago y emprendemos el camino de vuelta a Yangón, a la que entramos tras unas dos horas de viaje. Myo nos entrega nuestros últimos regalos, unas camisetas con el alfabeto birmano, una pequeña libreta en la que ha anotado los lugares visitados (gran detalle para los que no apuntan o para los que nos flojee la memoria), reflejando en ellos lo más importante; y ahora entendemos la razón de hacernos una fotografía cuando llegamos, nos la regalan con unas palabras de despedida. La organización, la atención y los detalles de Myanmar Adventures (nuestro guía Myo en su nombre) ha sido de 10, sobresaliente en todo.

Una bonita frase que nos escriben y que adopto: No se encuentra la belleza en los colores o las formas, sino en el ojo que las admira. 

6 de febrero de 2019

Myanmar - Bago - Snake Monastery

Protagonista: una serpiente

En este viaje a Bago a Myo le he pedido visitar un lugar curioso, que en principio no tiene nada en especial, bueno sí, tiene algo que lo hace diferente y por eso vamos hacia él disfrutando de las estampas de la ciudad. El camino para llegar está sin asfaltar, así son las calles no principales de las ciudades casi siempre, pero en esta ocasión con muchos más baches que de costumbre, y damos las gracias a que la lluvia paró y esto no es un lodazal de barro. En muchas ocasiones lo mejor de estos destinos un poco atípicos no es el destino en sí mismo, si no aquello que vas viendo en el camino para llegar.






Llegamos al Snake Monastery, que decorativamente hablando no tiene nada en especial, y a estas horas no hay ni monjes. 



La curiosidad es que en el monasterio vive una boa constrictor -como ya os habéis podido imaginar por su nombre, Snake Monastery-, animal en el que supuestamente se ha reencarnado un monje superior de un monasterio de Hsipaw, porque una serpiente es la que le indicó el lugar donde debía ir a Bago para terminar la construcción de una estupa comenzada en una vida anterior (que jaleo de vidas). La serpiente come unos 5kg de pollo al día, por lo que necesita donaciones para su alimentación. No sería yo la que viviría junto a ella, por lo menos tan tranquilamente como estaba su cuidador, aunque estuviera bien alimentada, porque un pequeño abrazo suyo es suficiente para decir adiós (y la reencarnación no está entre mis creencias o prioridades o necesidades...). 



No seré yo quien recomienda la visita a este monasterio y su serpiente por ningún motivo, yo lo incluí porque me apetecía sorprender a mi pareja de viaje, que casi nunca sabe dónde va a ir ni que se va a encontrar, todo para él es sorpresa, y esto le produciría simpatía y extrañeza. 

Junto al monasterio hay una estupa en un terreno elevado desde la que se tienen que tener buenas vistas, pero desistimos de subir, y a lo mejor esta es la razón que falta para llegar a este monasterio, pero creo que en Bago hay otros lugares para obtener vistas, con mayor altura y más campo de visión, a los que nosotros tampoco fuimos.

Emprendemos el camino de salida de la ciudad, atravesándola de punta a punta, pasando junto a la torre del reloj, un templo hindú y una mezquita, el pasado conjunto (dudo de su futuro) de varias religiones.