28 de junio de 2017

Costa Rica - Arenal (La Fortuna) - Hotel Nayara Springs - Gastronomía



De la nutrición en general

La primera noche que pasamos en el hotel Nayara Springs hicimos una reserva en el restaurante Amor Loco, junto a la piscina, pero en esta ocasión no lo haremos ni en las tumbonas como lo haremos al día siguiente, ni en las mesas del exterior, sino en el interior, ya que su decoración también merecía la pena ser explorada, con una decoración muy tenue, quizás demasiado para visualizar bien los platos, más adecuada para unas copas. 




La cena estuvo amenizada con un cantante y su guitarra, la música es pregrabada. No lo hace mal aunque tampoco es un prodigio, pero acompaña suavemente en la tranquilidad del local hasta que llegó un grupo de cinco personas, a los que desafortunadamente para el cantante los colocaron frente a él, con su plática algo elevada de tono. 




Para cenar la mesa asignada no nos parece muy cómoda, aunque sí lo eran los asientos, de nuevo más adecuados para tomar copas que para este menester culinario y gastronómico (mi altura no colabora demasiado para quedarme demasiado baja respecto a la mesa). 




Un surtido de panes, de los que daremos buena cuenta. 




Para él, un atún sellado, acompañado de una salsa en reducción de vino tinto y un risotto de hinojo. Se lo comió bien así que supongo que estaba bueno, aparte de tener hambre. 



Para mí, que pretendo no comer demasiado ni fuerte de sabor -me he recuperado algo de mi malestar, pero no del todo- el pez del día, y este día era rodaballo asado, acompañado de verduras, puré de papas. Rico aunque demasiado asado el pez, pero como yo no estaba en buenas condiciones es posible que no sea una valoración justa. 




Una copa de vino tinto para acompañar el atún, un cabernet sauvignon del valle del Maipo, chileno pues, de la bodega Agustinos; yo por supuesto beberé agua, que necesito hidratarme con calma. 




Se termina con postre para uno, visualmente muy bien presentado, pero yo no lo caté y no sé si de qué se trataba, aunque parece que lo de la copa es algo parecido a una mousse, y el helado es claramente identificable. 



El día que comimos en el hotel por no bajar hasta el pueblo de La Fortuna, las instalaciones del hotel eran para disfrutarlas, elegimos de nuevo el restaurante Amor Loco, pero no como restaurante en sí, sino que este hace servicio de restauración a la piscina junto a la que se encuentra, y es que esta piscina y sus hamacas nos abdujeron a la vuelta de la excursión por el Parque Nacional Volcán Arenal, ya que tras la ducha nuestra intención inicial era darnos un chapuzón en la piscina y bajar al restaurante Altamira a comer, pero una vez en este lugar, decidimos que lo haríamos aquí. Yo me tomo un fresquito batido de frutas para revitalizarme e hidratarme.




En bandejas individuales nos sirven una rica hamburguesa y un rico sándwich de pollo. Comimos fenomenal, por si hace falta decirlo.





Para la segunda noche de estancia en el hotel reservamos mesa en el Nostalgia Wine Bar, esperando que yo me encontrara mejor y pudiera disfrutarla en todo su contenido. 





Curiosamente para cenar seremos los únicos, el resto de clientes estaba disfrutando de los vinos que se pueden servir en los aparatos tan usuales ya en las vinotecas. La mesa en la terraza a tenue iluminación es otro puntazo al romanticismo. 



En el momento de la reserva te dan elegir entre dos menús, los dos con maridaje de vino que de esto se trata el lugar, y elegimos el menú mediterráneo, principalmente porque el otro, el menú bistro, tenía mejillones verdes y a mí estos bivalvos no me gustan (ni verdes ni naranjas, si puedo los evito). 




Comenzamos con un gazpacho andaluz, un clásico español en Costa Rica, y no sé a qué país corresponden las manos del chef…pues no resulta malo, aunque tiene toques que lo diferencian de nuestro gazpacho, pero la base de tomate no falta que es lo importante. Refrescante en la noche. 




Le acompaña un carmenére rosado Tierra del Fuego, un reserva de 2014, que resulta buena compañía, todo muy refrescante. Además la mención de Chile y de su uva carmenére nos pone nostálgicos, un gran viaje el que pudimos realizar por este país, y en el que descubrimos el sabor de esta uva, a la que no conocíamos en su versión rosada. 


El segundo plato es un tartar de gambas, con mango, menta y hierbabuena. De nuevo refrescante, además de muy rico de sabor. El color de la fotografía no acompaña favorablemente al plato, pero ni con flash ni sin flash se dejaba fotografiar, y no era cuestión de entrar a buscar la luz en el interior del restaurante plato en mano, que la cosa también está en disfrutar de todo: ambiente, comida, copas, compañía...




Ahora Erik, el camarero, nos sorprende con un vino moscatel de Jumilla, Juan Gil, ¡olé! Es dulce pero algo cítrico y acompaña bien al tartar… cuidado, no bebas tan rápido. 



El plato de pescado es un filete de salmón con costra de hierbas y parmesano; creo recordar que la salsa se basaba en jugo de carne como contraste (dato no muy fiable porque va de memoria pura y dura), y está acompañado de un (uno de cantidad) ravioli relleno de hongos. El salmón en su punto y bueno de sabor en general. 




Está acompañado por un tinto, un Valpolicella Ripasso, un conocido de mi pareja, a la que además le gusta; yo sólo conozco la marca Valpolicella, fue una de nuestras primeras catas en Venecia con fortuna, aunque luego ha habido altos y bajos con esta bodega, porque no todo lo embotellado nos parece bueno. Está elaborado con doble fermentación, y la segunda es la que le da el carácter fuerte, y las uvas han sido pasificadas (desecadas) para su elaboración. 




El plato de carne es un solomillo (una buena pieza) en salsa de trufa sobre un risotto de verduras. Una buena carne, una buena salsa y un risotto mediano. 




Le acompaña un Alma Negra, vino de origen argentino de las bodegas de Ernesto Catena. Elaborado con una mezcla de uva la bonarda (desconocida para nosotros hasta este momento, y posiblemente en mi caso desaparecerá de mi mente tras escribirla aquí) y malbec. Un tinto fuerte pero suave, entre picante y dulce, nos resulto interesante descubrirle porque con los vinos argentinos no tenemos mucha experiencia. 




El postre es un strudel de banana y café, ¡vaya!, me gustaba más el postre del otro menú, que era un souflé de chocolate. No me disgusta, además está bien eso de cambiar la manzana por una de las frutas nacionales ticas y por llevar café, producto nacional también. Está acompañado por unas fresas en reducción, estilo compota y un helado de vainilla, que Erik nos recalca que está elaborado con leche de vaca costarricense. Oda a Costa Rica en base alemana.



Para acompañar el postre, otro vino chileno, Indomita, elaborado con dos uvas de cosecha tardía (una alemana, gewurtztraminer, y la otra, una clásica sauvignon blanc), del valle de Casablanca. Es ácido y frutal a la vez, lo que combina bastante bien con el dulzor del postre. 




La cena ha resultado buena y rica, que es lo que esperábamos, sin grandes alardes culinarios, pero ha cumplido el propósito de disfrutar de una buena comida acompañada de nuevos caldos. 

26 de junio de 2017

Costa Rica - Arenal (La Fortuna) - Hotel Nayara Springs



Bajo el volcán

El hotel de La Fortuna/Arenal fue un capricho que nos concedimos, ¡y gracias a Dios!, porque nos vino muy bien la tranquilidad que encontramos en él, ¿habría tenido una premonición sobre nuestra condición física al reservarle? Su nombre, Nayara Springs, y nuestra elección es una de las villas en las que solo pueden alojarse adultos (lo sé, suena feo, pero esto es una elección que debería contemplarse sin problemas ni traumas por los que tienen niños). El hotel está dividido en dos partes, una de villas en las que pueden alojarse niños (no están estigmatizados) y la zona nuestra. 


Como nos alojaremos en una de las villas de la parte superior, la recepción de la entrada no nos corresponde, por lo que con un carrito tipo golf nos llevan con nuestras maletas hasta la recepción en la que nos atenderán. Todo muy “cool”, pero esto del carrito no nos convence porque se monta un atasco entre los que suben y bajan que al final tardas mucho en el traslado, aunque claro, con maletas es totalmente necesario. 


Junto a la recepción de abajo se encuentra el restaurante Altamira, donde se sirve el desayuno tipo buffet (al que nunca acudimos, pudiendo disfrutarlo en el oasis de nuestra villa), y por supuesto comidas y cenas. Solo en una ocasión estuvimos a punto de comer aquí, pero finalmente lo cambiamos por otro lugar, en el que salíamos ganando a nuestro parecer. 




Las instalaciones y villas del hotel se reparten entre un jardín bien cuidado sobre un bosque maravilloso. Esto es el Edén. 




Subamos en el carro de golf y comencemos el paseo. Este es el punto en el que solo pueden entrar adultos, y aunque no vimos niños nunca por aquí, hay un cartel que lo anuncia y que además señaliza varios de los lugares del hotel: restaurantes, spa…



Hacia la derecha de esta intersección se encuentra el spa de entrada general, para todos los que se alojan en el complejo, que es un lugar de paz, donde recibir masajes y recuperarse de las excursiones o del stress que llevamos del año. 




Hay un jacuzzi exterior no demasiado grande, pero suficiente, porque aquí se atiende por cita y no puede haber overbooking en él. 



El spa cuenta con dos habitaciones de masaje, que se pueden dar en pareja, todo muy romántico. Uno de ellos cuenta con un jacuzzi exterior, más privado. 





A continuación, entrando a partir de aquí en la zona solo adultos, un puente sobre el bosque, ¡impresionante!, donde si te paras y esperas al final verás un lindo pajarito posado o un ave más grande...




En esta naturaleza semicontrolada, vemos una mariposa búho, a las que ya conocemos, nuestro primer encuentro con ellos creo recordar que fue en Ámsterdam, en el Hortus Botanicus. 



O sencillamente disfrutar del bonito colorido de las heliconias, que también reciben el bonito nombre de ave del paraíso


Llegamos a recepción, donde nos ofrecen una bebida, pero dado mi cuerpo de jota, aunque afortunadamente ya no es jota mayúscula sino minúscula,  me decanto por una botella de agua. Nos dan información de las instalaciones, restaurantes, horarios…todo muy amable y con muchas sonrisas, pero no exagerado. Junto a recepción se encuentra la zona de spa de estas villas, pero no pudimos visitarlo porque estaba ocupado cuando fuimos a preguntar por él, y también hay un espacio donde por las mañanas temprano se practica yoga, aquí hay que relajarse sí o sí. Por último, nos dan una invitación para tomar un cóctel de bienvenida, pero dado mi cansado estado tuvimos que pasar de él. 



Las maletas se fueron por su cuenta a la villa, y a nosotros nos acompañan a ella hechos los trámites en recepción, será la número 35, que no está demasiado apartada de la vida del complejo, porque hay otras que están más lejanas y que si necesitan seguramente el uso del carrito de golf para desplazarse.  




Junto a la villa hay un pequeño estanque en el que por las noches sale a saludarnos un amigo, un pequeño sapo toro, al que creemos reconocer por su cantar y forma, gracias a haberlo visto durante la excursión nocturna en los alrededores del hotel Manatus de Tortuguero.


El camino por la noche está justamente iluminado, pero esto también forma parte del romanticismo del lugar (aparte de que a menos luz menos atracción de insectos). 



En la villa tenemos el detalle de una cesta de frutas, disponemos de una buena wifi, y lo que es más sorprendente es que tenemos llamadas internacionales sin cargo (es la primera vez que nos encontramos con este servicio en un hotel, aunque no funcionó muy bien, porque la comunicación no era fluida precisamente). 




Descubramos los ¡139 m2 de villa!. En el dormitorio una cama tamaño king con mosquitera, una zona de estar y un escritorio.  




Una gran puerta cristalera da acceso a la terraza, un pequeño patio propio. 



En la terraza la pieza clave es el jacuzzi de agua termal, puro lujo al que te acostumbras en un momento. Hay que recordar que estamos en la zona del volcán Arenal, y que esta zona es famosa por sus aguas termales, Sin ser de spas y jacuzzis por regla general, en esta ocasión lo utilizamos a todas horas, por la mañana temprano (seis de la mañana o antes), antes de comer, por la tarde, por la noche antes de acostarnos… todo el día a remojo aprovechando que lo tenemos, y para nosotros solos. Todas las villas de Nayara Springs tienen su propio jacuzzi, no así las del gemelo hotel Arenal Nayara, y tal es el éxito de las primeras que están ampliando su número. 





En la terraza además hay una cama balinesa, para reposar del baño. 




También hay una hamaca, y una mesa con sillas, donde disfrutamos de los desayunos, no echábamos en falta el buffet, que sería más calórico pero menos gratificante. 





Además, durante el baño de la mañana o durante el desayuno siempre teníamos una dulce compañía, el aleteo sin cesar de unos bonitos y coloridos colibríes succionando en las heliconias. 



Hacia el otro lado del dormitorio está el amplio baño, concebido todo el concepto como un loft, ya que la pared de separación, que corresponde a los armarios, no llega al techo. En primer lugar, la zona destinada a él, con su lavabo y su armario, y al fondo, la zona destinada a ella, con su armario, una encimera más amplia, espejo de aumento con luz, secador, todo lo necesario para arreglarse. Quizás lo extraño es que es en esta zona femenina donde se ha instalado el minibar, la cafetera y los snacks, todos a nuestra disposición sin cargo. 





Entre ambas zonas, la increíble ducha, una doble ducha con dos alcachofas independientes (¡madre mía!, esto de no tener que esperar a terminar uno o darse de codazos en la ducha es un lujo de verdad). Por supuesto tiene doble entrada. 




Y también con doble entrada, cada uno desde su zona, la ducha exterior, la más coqueta de todas las que hemos tenido durante este viaje (han sido tres con esta, en el hotel Manatus), también con doble alcachofa, y donde también hay botes de gel, champú y acondicionador (nada de pequeños botes o pequeños sobres con los que te puedes quedar a medias, preciosos botes de cerámica). 




Vamos a seguir conociendo las instalaciones del hotel. Junto al restaurante Altamira está la piscina, accesible para todas las villas, para adultos y niños. Muy cerca se encuentra el restaurante Asia Luna, pero al final se nos olvidó pasar por él, al menos para conocerle, con una decoración colorida según las fotos que se pueden ver en internet. 




Pasado el puente, y bajo la zona de recepción se encuentra la piscina de las villas, que nunca estuvo ocupada de forma masiva, y en la que era un placer darse un baño. Junto a él el restaurante Amor Loco, con una zona interna y otra externa.





Unas magníficas y cómodas camas-tumbonas te acogen y casi te mecen. 



Casi junto a nuestra villa hay un lugar muy especial, al que llaman Rancho Puro Amor, donde sirven cenas románticas a parejas previa reserva, y ¡que romántico resulta! Vale admito empalagoso como adjetivo con ese corazón de pétalos en el suelo y la declaración de amor, pero ¡viva el amor!, y con más días de estancia hubiera intentado pasar por este rancho, este rincón es un escenario típico de película, I love you for ever. En esta cabaña hay una cocina, por lo que la comida se realiza al momento.



Respecto a la habitación y servicios es el mejor hotel en el que nos hemos alojado hasta el momento en nuestros viajes, y su precio no difiere mucho de una junior suite en cualquier hotel europeo o estadounidense, ofreciendo mayor espacio y sobre todo ese jacuzzi termal, por lo que es una opción a tener en cuenta para una ocasión especial, o para hacerla especial porque apetece. 

La gastronomía del hotel la vemos en la siguiente entrada.