18 de enero de 2019

Myanmar - Yangón - Restaurante House of Memories - Museo Bogyoke Aung San

Un hombre venerado

De nuevo en Yangón, dejamos las maletas en la habitación del hotel, refrescamos rápidamente nuestros cuerpos, cambiamos dinero en la oficina de cambio que hay en el mismo hotel, ya que nos habíamos quedado sin efectivo para estos últimos días, y nos volvemos a reunir con Myo en el lobby, tenemos que continuar conociendo la ciudad.

Lo primero es ir a comer, una comida de despedida por cuenta de la agencia, ya que aunque mañana será nuestro último día en el país, estaremos de viaje de ida y vuelta, y es mejor hacerla hoy, más tranquilos y en un lugar más apropiado, con más glamour. El restaurante que eligen nos gusta ya desde fuera y por su sentimental nombre, House of Memories, alojado en una antigua casa colonial; es elegido por muchos de los touroperadores del país, por lo que puede haber concentración de turistas. 


La casa tiene multitud de salones, debe ser un lugar típico para reuniones de todo tipo, ya sean de negocios o de familia o de turismo. 


Además de por su arquitectura, la casa también es interesante porque en la década de 1940 albergó la oficina secreta del Ejército Birmano de Independencia, dirigido por el general Bogyoke Aung San


Se mantiene el despacho, y supuestamente los artículos que vemos en el escritorio son los que se utilizaron. 



En las paredes del despacho hay muchas fotografías, pero nos quedamos con la familiar, con un primer plano de Aung San Suu Kyi


Comemos una rica tempura de verduras y una sopa de lentejas (sopa de la que no hay foto, pero de la que por supuesto di buena cuenta). 


Berenjenas con cebolla crujiente y salsa de cacahuetes. 


Ensalada de espinacas. 


Curry de ternera y curry de cerdo (al menos hemos cambiado el pollo por ternera). 



Nuestra ración de arroz, presentado en un bonito recipiente de bambú. 


De postre hoy tenemos una variación, bolas de arroz pegajoso con dulce de palmera y virutas de coco; yo me quedo con la clásica fruta, con esos plátanos que hasta el momento nos han dado energía. 


Terminada la comida le pedimos a Myo que en lugar de llevarnos al hotel nos lleven al Museo Bogyoke Aung San, la figura más emblemática del país, y no podemos irnos sin tener un mayor contacto con su historia. Lo único es que no llevamos la cámara de fotos, solo vamos con los móviles, más ligeros, y eso se nota mucho en la calidad de las mismas, sobre todo en pantalla grande.

El museo se aloja en la antigua residencia del general, que desde el exterior nos recuerda incluso al caserón de los Monster. Su arquitectura es de estilo colonial, de la década de 1920, y destaca sobre todo el torreón, al que no se puede acceder. 



La sorpresa nos la llevamos en la pasarela cubierta de acceso, ya que vemos que aquí también tenemos que descalzarnos, pero tiene sentido, si se conserva una casa mejor evitar arañazos (aunque a lo mejor también deberían hacer la prueba del tamaño de las uñas). Pagamos la entrada, creo que fueron 5.000 kyats por persona y ya podemos recorrer la casa, aunque primero nos damos un corto paseo por la terraza exterior hasta el bonito mirador sobre el jardín. 


En la casa se conserva parte del mobiliario de la familia, así como algunos objetos personales de uso cotidiano. Es curioso que un gobierno militar, que derrocó y asesinó al general y a su gabinete de gobierno (que tienen su homenaje en el Mausoleo de los Mártires), abriera el museo en 1962, aunque solo se permitía su visita el Día de los Mártires, el 19 de julio, prohibición que se levantó en 2012 y ya es visitable todos los días. Y más curioso nos resulta es que mantenía el museo al tiempo que su hija de Aung San estaba bajo arresto domiciliario.

Entramos al comedor, en la mesa señalan los sitios donde se sentaba cada miembro, además hay un nota manuscrita del general a su esposa (“Kyi, si no hay problema, me gustaría comer rotí con guisantes”) y un pequeño mueble con vajilla. 



En las paredes hay paneles que cuentan la vida del general, así como una importante colección de fotografías de la misma. Aung San nació el 13 de febrero de 1915 en la aldea de Natmauk, en sábado, día que los birmanos consideran de mala suerte, y cierto es que la tuvo este hombre, al ser asesinado por un golpe de estado del ejército; sus padres consultaron a un astrólogo para imponerle un nombre, pero que como no rimaba con el de su hermano, se lo cambiaron (para los superticiosos todo un indicio y donde comenzó todo). 

La mujer que nos ha cobrado las entradas viene junto a nosotros y nos va señalando los paneles y las fotografías, no quiere que nos perdamos nada y sí que lo leamos todo; el detalle es que lo hace con una devoción total, como si estuviera hablando de un Dios o un santo, que en realidad es como lo consideran en Myanmar, además de un héroe y un mártir.

En vitrinas hay extractos de sus discursos, en los que reclama fortaleza y sobre todo unidad de las etnias, porque juntos será más fácil la victoria. 


Después de sus estudios primarios, pasando siete años por un monasterio como todos los niños, en 1932 Bogyoke accede a la Universidad de Yangón, donde comenzó a destacar como líder del movimiento estudiantil. Se graduó en Composición en Lengua Inglesa, Literatura Inglesia, Ciencias Políticas e Historia Moderna.

El 6 de septiembre de 1942 se casa con Daw Khin Kyi, con la que tiene cuatro hijos, dos niños y dos niñas; la última niña murió a los cinco días por una fiebre alta. El segundo hijo, Aung San Lin falleció en el estanque que hay en el jardín. 


En 1939, junto a otros compañeros fundó en secreto el Partido Comunista Birmano, y este mismo año también creó un movimiento para la independencia de Burma -ahora Myanmar-. En 1940 viajó a China para establecer contactos con el Partido Comunista Chino, y en 1941 a Tokio, estableciendo una alianza con los japoneses para expulsar a los británicos, consiguiendo sin esperarlo que los primeros tomaran el control del país en lugar de su liberación, por lo que en 1945 forma un movimiento antifascista promoviendo el fin de la ocupación japonesa.

En 1947 firma con los británicos el Tratado Aung San-Atlee; también firma un tratado con los estados étnicos y comienza a elaborar una nueva constitución. El 19 de julio de 1947 es asesinado en el Secreriat Building, junto a seis miembros de su gabinete.

En esta planta baja también se encuentra la sala de estar, donde destaca una vieja radio que la familia escuchaba. 


Entre curioso y simpático nos parece que señalen la silla que utilizaba para ponerse los zapatos, que podría ser esta silla como cualquier otra. 


Por la bonita y bien cuidada escalera subimos al segundo piso. 


Hay un cuarto de reuniones, pero no sabemos si con fines públicos o privados, con una figura de cartón del general vistiendo su uniforme. 


El dormitorio de los niños, tres camas, donde en una vitrina hay cuadernos de estudio; produce ternura este lugar. 



El dormitorio del matrimonio, donde en una vitrina hay ropa y objetos personales. 


La foto de boda del matrimonio, él vestido con el traje del ejército, ella con un bonito vestido que parece de color blanco. 


La última habitación de esta planta es la biblioteca, con muchos libros en inglés, ya que él se licenció en la universidad en estos estudios. Desde esta sala se accede al baño de la casa, pero para evitar posibles malos usos, su acceso está cerrado.



Salimos al jardín y llegamos hasta el estanque donde se ahogó su segundo hijo. 


Mi sensación es que Aung San fue un buen hombre, que creía por encima de todo en la libertad de los hombres, y por ende, de los pueblos; que era mejor ser un país grande formado por todas las etnias que lo habitan, a un país fragmentado, que sería mucho más débil tanto interna como externamente. Un hombre que además era maleable en sus convicciones e ideología -lo que no quiere decir "veleta"-, aunque la base fuera siempre la misma y firme, ya que pudo tratar con japoneses o británicos, siempre en busca de lo mejor para su pueblo (si me equivoco, rectifico y el fin justifica los medios parecían dos de sus máximas). Un general que entre sus planes estaba desmilitarizar el gobierno en pos de la democracia, y que posiblemente esto fue la gota que colmó el vaso de los poderosos militares para llegar a ordenar su asesinato. 

Un hombre, un político, un militar, un padre, un esposo, un héroe, un mártir, todo reunido en la pequeña figura de Bogyoke Aung San. 


16 de enero de 2019

Myanmar - Vuelo de Heho a Yangón - Hotel Sule Shangri-La

Con algunas vistas

A las 7.30 h nos reunimos con Myo, y bajo la lluvia vamos al aeropuerto de Heho, algo más de una hora de trayecto, y afortunadamente durante el camino la lluvia deja paso al sol, que siempre es mejor volar en estas condiciones que en las primeras. 


Hoy volamos con la compañía Yadanarpon Airways, pero no tenemos asientos, sin asignación de asiento, esto es el que llegue primero que se siente (esto lo llevo muy mal, prefiero saber de antemano que estaré separada de la persona con la que viajo a jugar a los empujones). 


Facturamos, esperamos y finalmente entramos en la sala de embarque, sala nada cómoda y atestada de viajeros. Como era de esperar, cuando anuncian la salida del vuelo, en esta ocasión creo que si lo dijeron en inglés, la gente apelotonada en la puerta. 


Subimos al avión, y desde él vemos como una de nuestras maletas está a punto de ser embarcada, confiamos en que la otra no esté muy lejos. No encontramos asientos contiguos, así que vamos separados, como era previsible, y además yo no tengo mi clásica ventanilla, esto no ha empezado bien. 


A las 9.30 h más o menos comenzamos a volar, y media hora más tarde nos dan el desayuno: un pan con salchicha, un croissant y un bizcocho. Este vuelo que no ha comenzado muy bien, termina fatalmente cuando mi compañero de asiento (no de vida), derrama su vaso de naranjada sobre sí mismo y algo sobre mí…¡ay!, le intento ayudar dándole pañuelos de papel para que se limpie un poco, aunque la mayor parte, para su desgracia, le ha caído en la entrepierna y esta zona se le va a quedar pegajosa…¡más ay!, pero sobre todo para él. Él se disculpo, la familia que viajo con él se disculpó, respeto y amabilidad, no ha sido nada más que unas salpicaduras de naranjada, que no me apetecía tomar la verdad. 


Aterrizamos en Yangón, sufrimos de nuevo el caos de tráfico para llegar al hotel, que en esta ocasión hemos elegido uno más céntrico, para tener las posibles visitas más a mano, ya que el Governor's Residence está algo más alejado y es aconsejable el uso del taxi. No tenía muy claro que el vuelo de ida fuera a ir en hora, no tenía muy claro el tiempo meteorológico que tendríamos y lo que nos condicionaría, no tenía muy claro nuestro cansancio, no tenía muy claro lo que seríamos capaces de visitar en nuestro primer paso por la ciudad, así que la elección del segundo hotel estuvo marcada por estos elementos, y así llegamos al hotel Sule Shangri-la, que ocupa la torre que antes ocupaba el Traders Hotel, un clásico en la ciudad; para entrar hay que pasar un arco de seguridad, tal cual los aeropuertos y sitios oficiales, se deja el bolso y las maletas en la cinta para ser examinados. Bonito bonito, no vamos a decir que la torre pueda recibir este calificativo, sobre todo comparado con el Governor's. 


Elegimos una habitación club, con acceso a los desayunos y "meriendas" -meriendas que dada la variedad y calidad puede convertirse en una cena adelantada- en el lounge del piso superior, y con ello también tenemos una recepción especial, y no la de la planta baja. Al estar la habitación situada en una planta alta (no hicimos fotos de su interior, nos pareció clásica y normal en tamaño y decoración), tenemos vistas a la ciudad, que no son nada del otro mundo, pero resultan curiosas. 



Por la noche, por supuesto que no hay nada que ver. 

 
Frente al hotel y a nuestra ventana, la torre Sakura, que alberga oficinas y en su planta más alta hay un bar-restaurante, que tiene unas vistas parecidas a las nuestras, aunque es posible que sean mejores al estar rodeada de cristalera en todos sus lados, con lo que puede ser una buena opción para al menos cotillear, pero no llegamos a subir. 


Desde el lounge se tienen otras vistas, más amplias y mejores, eso sí, a través de unos cristales que no se han limpiado de la lluvia, de la bonita estación de trenes, Yangon Central Station


También tenemos vistas de Shwedagon Paya, aunque con esos cristales y esa lejanía, no se ve mucho, pero al menos su estupa destaca en el horizonte (posiblemente con la cámara las fotos serían mejor que con el móvil). 




El estadio de fútbol Aung San


El hotel cuenta con una piscina, que tiene un horario muy amplio, pero de la que no dimos uso, muy a mi pesar, parece que en este viaje me remojo más por la lluvia. 


La noche que pasamos en el hotel cenamos en el restaurante de cocina cantonesa, Summer Palace. Nos sirven unos cacahuetes de aperitivo; al tiempo que llegan una salsa, cebolla y chiles picados para acompañar los platos de comida. 


Como estamos en un buen hotel, se nos quita el miedo al pescado (aunque durante el viaje lo hemos comido en varias ocasiones y no ha pasado nada), así que pedimos unas gambas picantes y pollo con verduras (tenían sus nombres pero no los apunté y ahora no me acuerdo), acompañados de arroz, que sería como una versión del tres delicias pero mucho más sabroso. Sin llegar a ser grandes platos, eran más que aceptables en calidad y sabor.