20 de noviembre de 2017

España - Asturias - Mirador de la Reina - Mirador del Príncipe - Sendero PR-PNPE02 Lagos de Covadonga - Lago Ercina - Lago Enol


Mirada de reina, mirada de príncipe

Nuevo día en Asturias, y aunque la niebla a primera hora de la mañana envuelve el paisaje, el sol va adueñándose del cielo, así que mantenemos los planes –que para eso hemos madrugado- y decidimos que iremos a Picos de Europa, para lo que hoy si iremos preparados, no como ayer durante nuestra excursión de playa en playa, desde San Antolín de Bedón a Gulpiyuri. En el hotel encargamos unos bocadillos, y también nos dan unas piezas de fruta (manzanas por supuesto) y unas botellas de agua.

Pasamos cerca de la localidad de Covadonga, donde todavía la niebla campa a sus anchas, pero nos ofrece una preciosa visión de la basílica. 


Nuestra primera parada es el mirador de la Reina


Lo que ocurre es que bajo nosotros la niebla es la reina y no la vista, pero aún así esta sigue siendo preciosa. 



Continuamos en coche hasta llegar a los lagos de Covadonga, aparcando junto al lago Enol, en el parking de Buferrera, desde el que parte el sendero PR-PNPE02 Lagos de Covadonga, que es el que recorrido que intentaremos realizar.

Pasamos junto al Centro de Visitantes Pedro Pidal, cerrado a estas horas y no sé si con horario restrictivo en esta época del año, donde hay una cabaña de pastores, cabañas que se construían con rocas de las montañas circundantes, sin utilizar apenas mortero para unirlas, siendo los originales tejados elaborados con vegetales, siendo sustituidos con los años por tejas. 



Esta parte del sendero conduce hasta el mirador del Príncipe



Esta parte del sendero solo lleva hasta el mirador, por lo que volvemos sobre nuestros pasos para comenzar propiamente la ruta, que primero pasa por la zona llamada Arboreto, un jardín botánico, que lógicamente no está en su esplendor por la época invernal. 


Continuamos la senda hasta llegar a la Mina de la Buferrera, donde se conservan las vías del túnel de esta explotación. La mina, en la que se extraía hierro y manganeso, fue la razón principal de la construcción en 1885 de la carretera de subida a los Lagos, ya que hasta este momento el mineral se transportaba a hombros o en caballerías durante 12 km, salvando un desnivel de 800 m. 



La primera producción de la mina data de 1868, con la empresa británica Asturiana de Minas Ltd, que tuvó buenos años hasta 1929, año en el que el desplome bursátil de Wall Street y del mundo llevó a su cierre en 1932. Con la Segunda Guerra Mundial hay un renacimiento de la actividad a cargo de la Compañía de Minas de Covadonga, que se mantiene hasta 1958. Se cierra definitivamente en 1979. 

La mina está situada en un anfiteatro rocosa, con un solo actor en escena, la escultura en hierro de un minero.


Se puede rodear la mina por arriba, pero desistimos de hacerlo y seguimos el camino marcado, pretendemos no dar demasiados rodeos por si la ruta al final a mí se me hace dura. 



El día soleado nos acompaña, como lo hacen las cumbres nevadas de los Picos de Europa. Así es complicada la ropa, porque con el sol sobra el plumas, pero a la sombra es más que necesario.


El camino llega hasta el lago Ercina, situado a 1.108 m. 


Subimos al mirador Entrelagos; a la derecha, el lago Enol; a la izquierda, el lago Ercina. 



Desde el mirador podríamos bajar hasta el lago Enol y dar por concluida la ruta, pero decidimos bajar de nuevo al lago Ercina, con los bonitos reflejos de las montañas en él. 


Bordeamos el lago Ercina por su margen derecha. 


Continuamos el sendero hasta llegar a una fuente, cuya agua se anuncia como que no tiene garantía sanitaria, así que allá cada cual con su sed, su cantimplora y su salud. 


Llegamos hasta el otro extremo del lago y el camino comienza a ascender, ya no es tan llano, las rocas comienzan a aparecer con más profusión. 



Vamos siguiendo las marcas del sendero, y llegamos hasta la fuente Las Reblagas



Junto a la fuente hay una cabaña de pastores. 


Continuamos subiendo, con un paisaje maravilloso a nuestro alrededor. 



Salimos a la vega El Bricial, donde se forma el tercer lago de Covadonga, pero parece que la nieve no ha caido lo suficientemente fuerte y que el deshielo no terminara de formarla, habrá que esperar a la lluvia, que no parece que vaya a llegar. De todas formas desistimos de bajar, que es lo fácil, temo que haya que subir por el mismo camino y no haya un atajo, con lo que prefiero evitarme la paliza y ahorrar fuerzas, pero me quedo con las ganas. 


Mis rodillas y tobillos temen la zona de rocas que nos espera tras el mullido verde, y es que aunque me empeño mi cuerpo no es "campero", pero para disfrutar de todo esto hay que sufrir un poco.


De nuevo, unas cabañas de pastores, que ayudan de referencia para marcar el camino. 


En los carteles de los senderos echo en falta la señalización de kilómetros o metros que hay en una u otra dirección, más que nada en mi caso para saber si prefiero dar media vuelta o continuar. 


Decidimos tomar el camino más largo, en un alarde de superioridad física que no tengo, así que nos dirigiremos a la vega de Enol por el hayedo de Palombera. 


Lógicamente el hayedo no está en su mejor momento, que en primavera o en otoño debe ser un esplendor, pero aún así es un paisaje cautivador, entre ramas peladas, sombras… con imaginación un poco de película de terror. 



Tras algo de desconcierto por el hayedo, no vemos las señales del camino, donde para colmo nos encontramos con una familia que anda perdida en él, y eso que ellos ya han realizado este sendero en varias ocasiones…pero claro, la osadía es libre, y tomaron varios desvíos que les hicieron desubicarse hasta que salieron de nuevo al camino.

Salimos junto a unas cabañas en la vega de Enol, que en un corto paseo dejamos atrás. 


Picos de Europa nos ha cubierto nuestras espaldas. 


Pasamos junto a la pequeña ermita del Buen Pastor


Sólo nos queda un último empujón, pero ya no hay subida ni rocas, caminamos por la hierba o por la pista para coches. 


Podíamos ir al refugio-bar que hay en este camino, pero nuestros bocadillos nos esperan en la mochila, ya que hemos decidido no parar a comer y hacerlo mejor tarde -si paro, a lo mejor ya no me responde el cuerpo, mejor continuar ahora que voy en caliente-. El sendero termina junto al lago Enol, situado a 1.070 m. 


Bordeamos el lago por la izquierda para llegar hasta el otro extremo. 


Aquí nos damos cuenta que quizás hubiera merecido la pena dejar el coche en el aparcamiento del restaurante que hay junto al lago Enol, para no tener que subir hasta el de Buferrera, que ya estamos cansados y el camino es de subida. Una vez en el coche nos comemos nuestros bocadillos, al tiempo que nuestros cuerpos descansan un poco.

Para gente acostumbrada al senderismo el sendero puede llevar unas dos horas con tranquilidad, pero para nosotros, sobre todo para mí que mi condición física no es la más adecuada para estos menesteres, y teniendo en cuenta que nos hemos parado a nuestro aire, y con un ritmo de trote lento, han resultado ser casi cuatro horas, cuatro horas magníficas con paisajes inolvidables, y en las que el buen tiempo nos ha acompañado siempre. Al llegar al hotel una sesión de spa para relajar el cuerpo, y sobre todo sentir la fuerza de los chorros en las piernas.

15 de noviembre de 2017

España - Asturias - Playa de Toranda - Playa de Torimbia - Desembocadura del río Bedón - Playa de Gulpiyuri - Playa de Cuevas del Mar


De playa en playa 2

Desde el cementerio de Niembro continuamos ruta hasta la localidad del mismo, Niembro, para acceder a la playa de Toranda, escenario donde se rodó la película El orfanato




No muy lejos se encuentra la playa de Torimbia, aunque su acceso no es tan fácil, ya que hay que bajar andando, que eso no es lo malo, sino la subida después. En esta playa hay que tener cuidado con la marea, porque si te descuidas allí te quedas, pero para siempre. Nos conformamos con disfrutar su belleza desde el mirador, donde hay una silla de director de cine, ya que aquí se grabaron escenas de la película El abuelo



No solo la playa es bonita, es todo el paisaje que tenemos a nuestro alrededor. Caminamos un poco por un sendero que parte del mirador tanto para estirar un poco las piernas como para disfrutar del momento. 



Desde el mirador también se puede ver la playa de Toranda. 


Las montañas, los prados, las aldeas… 


Volvemos a pasar por la playa de San Antolín de Bedón y ahora nos paramos junto a la desembocadura del río Bedón o de las Cabras. 



En otras ocasiones que hemos viajado por Asturias y esta zona no hemos sido capaces de encontrar la entrada a la coqueta playa de Gulpiyuri, no encontramos su señalización y en aquellos entonces el GPS no existía, y si existía lo desconocíamos o no teníamos acceso a él. Me imagino que en temporada alta el parking de la playa y la propia playa deben colapsarse, a no ser que se imponga un cupo para no masificarla, así que a pesar de no darnos un chapuzón es una bendición contemplarla en mínima compañía.


Es una playa interior, a 100 m aproximadamente del litoral costero, por lo que está semioculta, lo que la convertía en casi secreta, pero ya es un secreto a voces. El agua del mar entra hasta ella a través de un túnel entre las rocas y en 2001 fue declarada Monumento Natural. Impresionante, tanto que es difícil resistirse a meter los pies, a pesar de la temperatura del agua, que no es precisamente caliente ni templada. 



Caminamos un poco por los alrededores y encontramos una visión de la playa desde una posición más elevada. Se puede llegar hasta las rocas por las que pasa el agua, rocas que cuando el agua las golpea con fuerza se produce el sonido de los llamados bufones, pero esto lo dejamos para otra ocasión que el tiempo nos apremia y no hemos venido preparados para hacer al menos un picnic ligero (mala previsión). 



Con la hora pegada en nuestros estómagos hacemos la última parada en la playa de Cuevas del Mar


La fuerza del mar es la que ha creado pequeñas cuevas en las rocas, de las que recibe la playa su nombre. 





Paramos en la localidad de Nueva, ¡tenemos hambre!, pero hemos llegado muy tarde, la sidrería acaba de cerrar sus fogones -por un pelo fino no hemos tenido suerte-, con lo que en el primer bar en el que nos dejan pedir cualquier montado, ya preparado y frío por supuesto, nos conformamos, hoy cenaremos antes.