20 de junio de 2018

Myanmar - Monywa - Bodhi Tahtaung - Laykun Setkyar


¡Cuántos! y ¡qué grandes!

A las 15.30 hemos quedado con Myo para realizar dos visitas durante la tarde, y esta hora no es que sea muy propicia por el calor, pero allá que vamos, pasando junto a Thanboddhay Paya y los elefantes de su entrada. 


Circulamos por una estrecha carretera. 


Llegamos a Bodhi Tahtaung, los “mil budas”, donde una colección de imágenes de Buda sentados nos reciben, eso sí, cada uno con su propia sombra de un árbol bodhi o ficus sagrado. El lugar nos vuelve a sacar nuestras sonrisas, que es lo que mejor hace este país con sus ocurrencias místicas, más allá de la calidad arquitectónica de sus construcciones. 




Las imágenes se distribuyen alrededor de una imagen más grande Buda en la posición de manos Bhumisparsha mudra, con la mano izquierda hacia abajo, hacia la tierra, tocando el suelo; y la mano derecha como una flor abierta, señalando el cielo con la palma. 


Las imágenes pequeñas creo que tienen la posición de manos de Darmachakra Mudra que expresa la energía continua del orden cósmico, posición asociada al primer sermón o enseñanza de Buda.  


No es lugar especialmente bello por las imágenes, podría ser hasta prescindible de visitar, pero aporta simpatía, y el entorno con los árboles y las imágenes ofrece buenas imágenes visuales y fotográficas, y eso a pesar de que la mala educación y el descuido en limpieza hicieron que viéramos condones por el suelo (imperdonable, Buda tendría que tomar medidas severas contra estos profanadores). Si pasas por la zona, intenta visitarlo, sin llegar a emocionarte, te sorprenderá y te hará sonreír, ¿a quién se le ocurren estas cosas?


Estos Budas son solo el aperitivo, la carretera continúa, y algo más adelante paramos en un punto Kodak de ella para tener una buena visión de lo que vamos a ver. Impresiona ver esas imponentes imágenes de Buda. Se puede llegar andando hasta este lugar, y posiblemente merezca la pena el paseo, ya que se entra en el bosque de árboles y budas.


No contentos con el Buda de pie y el Buda reclinado, están construyendo un Buda sentado, por supuesto de gran tamaño. 


En lugar de ir a pie desde la entrada de la fotografía, nos perdemos la estupa junto a esta entrada, Aung Setkya Paya, accedemos en coche a la parte alta de la pequeña ladera,  hasta el Buda de pie, y nos encontramos con su espalda. 


Este Buda recibe el nombre de Laykun Setkyar, es la segunda estatua de Buda más alta del mundo, con 116 m (la primera, de momento, se encuentra en China, en la ciudad de Lushan, con una altura de 128 m); realmente impresiona. 



Se puede entrar a su base, donde hay por supuesto imágenes de Buda, además de pinturas relativas a las desgracias, infortunios y castigos para los pecadores según el budismo. Se puede subir por dentro de la estatua, pero solo pudimos llegar hasta la cuarta planta ya que parece que están instalando un ascensor y su acceso se corta por las obras; por supuesto en este ascenso más imágenes y pinturas. 







Desde la terraza hasta la que se puede subir se tienen vistas, divisando una estupa de forma de copa que forma parte del complejo, posiblemente de un monasterio. 


Alrededor de la estatua hay una amplia terraza, donde hay algunas imágenes más, entre ellas las de un venerado monje, y por supuesto una campana. 



Desde esta terraza se puede bajar por dos escaleras, una custodiada por una pareja de clásicos chinthes y otra por una pareja de nagas, que a la vez ejercen de pasamanos. 


Se baja hasta otra terraza, donde hay una pareja de los clásicos porteadores de una campana; pareja que no se ha salvado de la furia pictórica de algunos visitantes.


En una esquina también hay una especie de conjunto escultórico realizado con piedras, que resulta estéticamente muy chulo aunque no sepamos su significado, además está potenciado por las flores rojizas que hay al lado. 


Desde la terraza vemos parcialmente nuestro próximo objetivo, al que podríamos llegar andando, pero va a ser que cruzar el camino asfaltado con guijos no es lo más recomendable, así que subimos de nuevo para encontrarnos con Myo, el coche y su conductor, y momentáneamente con nuestras sandalias. 


En un lado de la carretera, entre la vegetación, hay una fila de monjes con sus cuencos de limosna en las manos, y así llegamos hasta el Buda reclinado. 



Bajo la gran imagen de Buda hay otra de tamaño bolsillo. 


En un lado de la explanada donde se sitúa esta estatua, hay otra de Buda protegida por una serpiente, por supuesto también de gran tamaño. 


Desde aquí podríamos bajar andando por un pasillo cubierto, donde hay los típicos puestos de venta de artículos varios, hasta la estupa principal. 


Pero desistimos y bajamos en coche, y ahora somos capaces de capturar malamente la creo que última estatua de Buda, otra vez protegido por una serpiente, pero mucho más grande que la anterior. Aquí va todo a lo grande, da la sensación de que el lugar aspira a algún récord Guinness. 


Un mapa de situación de Thanboddhay Paya, Boddhi Tahtaung, Laykun Setkyar, el Buda reclinado y el hotel Win Unity Resort

 

18 de junio de 2018

Myanmar - Monywa - Win Unity Resort


Con vistas al lago

La mañana ha estado completa con el viaje desde Mandalay, haciendo una parada en Sagaing para visitar Kaunghmudaw Paya, para finalmente llegar a Monywa, conociendo en las afueras la sorprendente, colorida y numerosamente habitada Thanboddhay Paya. Después de comer, bastante bien, en el restaurante local Zawe Marn vamos al hotel, Win Unity Resort, para registrarnos y dejar las maletas, además tenemos un poco de tiempo libre para descansar o lo que queramos hasta que Myo vuelva a pasar por nosotros para hacer una visita por la tarde. 


Las habitaciones se reparten por un amplio jardín, siendo tipo bungalows; la que hemos contratado es una Deluxe View Lake, con mucho respeto esto de tener vistas al lago Kan Thar Yar, porque los mosquitos por la noche estarán muy cerca a la búsqueda de carne fresca. 



En el porche-terraza del bungalow-habitación hay un par de sillas, que nunca utilizaremos por ese respeto a los mosquitos. 


La habitación tiene unas medidas adecuadas, sobre todo si es para pasar solo una noche, ya que hay espacio para dejar las maletas y que no molesten; una mesa con dos sillas; una especie de escritorio y una nevera grande, muy grande, nada de mini-bar. Además dispone de aire acondicionado, que es un importante plus para el calor que está haciendo. 




El baño es amplio, aunque una mano de modernidad y alegría le vendría bien. Hay una bañera pero también dispone de una ducha en paralela a ella directamente en el suelo, así por lo menos es amplia. 



En un ataque de locura y calor, como la ropa necesaria para unos días la tenemos preparada en las maletas pequeñas (aunque no sé porque siempre terminamos abriendo todas), no tenemos que colocar nada, lo que hacemos es ponernos los bañadores para irnos a la piscina hasta que llegue la hora de reunirnos nuevamente con Myo. La piscina la disfrutaremos en soledad y tranquilidad ya que ningún otro húesped nos acompañó, aunque no nos pareció que hubiera muchos. No hay duda que el jardín es el plus de este hotel, y la piscina su pareja perfecta. 



Un sendero conduce a los bungalows, y el nuestro, afortunadamente, no se encuentra muy lejos de la piscina, pero también está lo convenientemente alejado si en ella se produjera un overbooking de ocupación.


Sobre el lago hay un cenador que no sé si se utilizará para eventos, comidas privadas o algo similar, pero que no hay duda que resulta muy coqueto. 


Por la tarde disfrutamos de un tímido atardecer. 


Por la noche, después de darnos un pequeño paseo por los alrededores del hotel, decidimos cenar en su restaurante; es lo que puede pasar al elegir un hotel de mayor calidad, que suele ubicarse lejos del centro de la ciudad, así que para llegar a él o contratamos un taxi o paseamos junto a la carretera, y esta segunda opción es descartada por la poca iluminación de la misma. 

No nos complicamos mucho con nuestras elecciones y tiramos de platos clásicos. Compartimos unos rollitos vietnamitas y una tempura de verduras. 



Creo que los dos optamos por pechuga de pollo, pero con diferentes salsas. 



La cena ha resuelto el problema del hambre, pero gastronómicamente ha sido más bien justa, por lo que nos alegramos de pasar solo una noche; aunque el hotel es una buena opción para hacer excursiones por la mañana y disfrutar de la tarde en la piscina y todo es cuestión de plantearse las alternativas en la ciudad, que seguro el hotel ayuda en el transporte.