23 de noviembre de 2018

Myanmar - Lago Inle - Aureum Palace Inle Hotel

Descanso con mensajes de vida

Tras la visita al monasterio Shwe Yaunghwe Kyaung vamos al hotel donde nos alojaremos para la visita de la zona del lago Inle, el Aureum Palace Inle, que en la entrada se asemeja bastante al de la misma cadena situado en Bagan en que nos alojamos, Aureum Palace Resort, con un pórtico de columnas de madera de acceso. Durante el trayecto Myo nos entrega otro regalo, dos camisas de corte shan, la organización no deja de sorprendernos continuamente. 



La zona de recepción también sigue los mismos parámetros que el hotel de Bagan, una amplia sala con sofás y decorada con instrumentos musicales. 


Una vez registrados nos acompañan a nuestra habitación, pasando junto a la piscina, que cuenta con un jacuzzi en una de sus esquinas; si hubiera estado en un plano algo más elevado se tendrían buenas vistas del lago, pero como esto no es así, no ocurre. 


Las habitaciones se distribuyen en villas individuales, que pueden tener vistas al canal de agua interior, o al lago, decantándonos por ésta última, y a los mosquitos que les den spray. 



Todas las villas son muy espaciosas, aproximadamente unos 100 m2 (un piso!); en la entrada un calentador de agua para el té y algunos alimentos. 


Al frente de este pasillo una zona con espejos y un armario abierto a la izquierda, con baldas para dejar las maletas. 


A la derecha del pasillo una puerta da acceso al baño, un inmenso baño, cuya pieza central es la bonita bañera de madera, que han llenado con un poco de agua para que floten las flores en ella. 


A la derecha de la bañera hay un armario cerrado y frente a él un cuarto con el inodoro (lo de separarlo cada vez me gusta más, lástima de los pequeños espacios de nuestras casas urbanas). A la izquierda, el lavabo, donde también han colocado flores, una ducha inmensa de tamaño, aunque con la alfombrilla más incómoda que las piedras del suelo, y otro armario abierto con baldas. Nos va a sobrar espacio o nos faltan maletas y ropas. 



Volvamos al pasillo distribuidor, frente al baño una puerta da acceso a la zona de dormitorio, con un escritorio amplio (me gustan porque puedes dejar todo lo que llevas en las manos cuando entras en la habitación, aunque se convierta en un auténtico caos). 


Una amplia y cómoda cama con dosel y mosquitera, con unos cisnes realizados con las toallas y muchas flores en ella (¡qué sobreexplotación de plantas!).


Hay varias espacios donde sentarse, siendo el rincón más encantador el banco en “L” que ocupa una esquina de la habitación; muy útil para leer o descansar pero no para ver la televisión (un vicio encender la televisión por la noche antes de acostarnos, sobre todo para saber qué pasa en el mundo, no sólo por el teléfono). La habitación nos resulta muy coqueta pero no termina de ser tan cómoda, a pesar de que gana en tamaño, a la de la villa del Aureum Palace Resort de Bagan. 


En la terraza hay una gran tumbona, cuyo colchón está dentro de la habitación y podemos solicitar que nos lo coloquen (que también lo podemos hacer nosotros solos si queremos, no pesa, es manejable y en teoría no romperemos nada). 


Desde la terraza vimos tímidos atardeceres, mejor esto que nada, y lo que se tenía sobre todo era mucha tranquilidad, si no veías a ningún elemento volador, que preocupaba que entrara a vivir con nosotros durante la estancia. Si con los atardeceres no hemos sido muy afortunados, con los amaneceres ha sido peor, no salió ningún día bueno, incluso directamente con lluvia atronadora y preocupante. 



Todas las noches al pasar a ordenar la habitación nos dejaban unas tarjetas con mensaje: “Ten tiempo para ser amable, es el camino a la felicidad; ten tiempo para soñar, es el enganche a una estrella; ten tiempo para amar y ser amado, es el privilegio de los Dioses; ten tiempo para mirar alrededor, el día es muy corto para ser egoísta; ten tiempo para sonreír, es la música del alma”. Escrito hasta parece fácil, más cuando estás de vacaciones, que aunque intentes abarcar lo máximo posible para conocer, lo que no tienes es tiempo, pero deberíamos intentar practicarlo, sobre todo en el día a día de nuestra vida.

El hotel cuenta con varios salones que utilizan como restaurantes, pero creo que tanto por la baja ocupación (mejor para nosotros) como por labores de mantenimiento y actualización solo utilizaron uno de los pabellones para desayunos, comidas y cenas. 


El buffet del desayuno estaba bien surtido, aunque de nuevo le gana el del hotel de Bagan en la variedad y calidad. 



En el hotel realizamos una comida y tres cenas, y es que la situación tan alejada de la población más turística, Nyaungshwe, y con más locales donde comer, no es la más idónea, ya que tendríamos que recurrir al taxi, y por las noches no teníamos la intención de hacerlo, preferíamos el descanso. De aperitivo, unas cortezas de varios sabores y arroz inflado, con dos salsas (una agridulce y otra barbacoa). 


En la primera cena: pechuga de pollo a la plancha con macarrones picantes, solomillo de ternera y brownie de chocolate. 




La segunda cena: una sopa (por supuesto para mí, pero no recuerdo si tenía algo especial), espaguetis carbonara y un croissant vegetal con jamón y queso. 




La comida: de nuevo sopa, creo que en esta ocasión me arriesgué a una con pescado y hojas de menta, típica del lago (no me terminó de convencer mucho, y no se parecía a la típica sopa mohinga, que probé en el desayuno del Win Unity Resort en el que nos alojamos en Monywa), un osobuco con penne al pesto, y chuletas de cordero (pero no hemos visto ni una sola ovejita en el país). 




La última noche salimos del bucle de la pasta en la que nos hemos ido alternando en nuestras elecciones, y además de un cóctel, los dos coincidimos en tomarnos una hamburguesa. 


La gastronomía no es uno de sus puntos fuertes, les falta "punch" a los platos, pero al menos ofrecen variedad y están bien elaborados. Además al tener estas alternativas europeas, salimos de la monotonía del curry en el que vivimos a mediodía (por nuestra elección, que siempre podemos cambiarlo).  

20 de noviembre de 2018

Myanmar - Lago Inle - Shwe Yaunghwe Paya - Shwe Yaunghwe Kyaung

Decoración shan

Desde Kalaw llegamos a la zona del lago Inle, pero antes de ir al hotel en el que nos alojaremos vamos a hacer una visita, ya que nos pilla de camino, al complejo Shwe Yaunghwe, antes de llegar a la ciudad de Nyaungshwe. Recordemos que shwe significa dorado, y aprendamos que yaunghwe significa no conflictos. 

Primero pasamos por la estupa dorada. 


Entramos al complejo de la estupa, en realidad a la construcción que la rodea, el típico pasillo con cuatro entradas por los puntos cardinales, y accedemos directamente a uno de los cuatro santuarios, que nos sorprende por sus imágenes y por su colocación, más como si fueran de juguete. 


El suelo es de mosaicos, unos preciosos mosaicos, aunque no se conservan en toda la zedi, se han perdido en bastantes tramos; nos recuerdan lejanamente a los mosaicos de los suelos que encontramos en algunas iglesias venecianas o irlandesas. 


Lo más llamativo a nuestros ojos son sus paredes, en las que destaca sorpresivamente el color rojo, y sobre todo la decoración con cristales pintados en ellas, de estilo shan, resultan impresionantes. Cuando parecía que nada podría superar a las anteriores visitas, ya sea pagodas o cuevas o paisajes, de nuevo Myanmar nos vuelve a sorprender gratamente. 


En las paredes se suceden los nichos en los que hay estatuas de Budas, que son donaciones de los fieles. 


De la decoración se han desprendido muchas piezas de cristal que no han sido repuestas, pero aún así, las partes en las que todavía quedan resultan sorprendentes, curiosas, diferentes y sobre todo preciosas. Y es que no es lo mismo ver columnas o paredes cubiertas con mosaicos relumbrantes, que ver figuras, que cuentan historias aunque como no las conocemos podemos jugar a inventarlas.


Llegamos al segundo santuario y su vestíbulo, pero la imagen de Buda de su interior está protegida por una verja, no sabemos si es por su valor artístico, cultural o sencillamente de fe. 



Continuamos el recorrido y es imposible fijarse en todos los detalles de la decoración, porque son muchos y muy variados. 



Tan ensimismados estamos recorriendo el pasillo que hasta que no ha pasado un tiempo no nos damos cuenta que desde el pasillo se puede acceder a pequeños patios interiores desde los que se puede ver la estupa dorada. 


En las paredes de estos patios, antaño blancas y hoy ennegrecidas por la humedad, también hay nichos con pequeñas estatuas de Buda. En la fotografía podéis ver la composición de pasillos y santuarios. 


Volvemos al interior. 


Llegamos al tercer santuario, de nuevo con una sucesión de figuras en la escalera de su interior. 


Recorremos otro tramo de pasillo para llegar al cuarto y último santuario. 




Volvemos a caminar por el pasillo para terminar en el primer santuario donde comenzamos la visita, con los ojos vidriosos por los cristales y la sorpresa.

Salimos al complejo del monasterio, donde también hay lo que nos parecen viviendas de los monjes. 


Finalmente vamos hacia la sala de oración u ordenamiento o thein construida en madera.




En el edificio destaca la forma ovalada de sus ventanas, otra novedad para nosotros. 



Un cartel con una prohibición nos da la bienvenida al subir por las escaleras, y es que el turismo, los viajeros, los visitantes… hemos llegado a unos límites inconcebibles, y esto hace quince años, cuando llegaban pocos podía resultar hasta simpático, pero ahora llegando autobuses completos puede resultar desquiciante y sobre todo abusivo, y todo por tener una foto, como si se tratara de un souvenir más pero no de un recuerdo real y efectivo. 


En el interior hay unos jóvenes monjes orando o meditando, con lo que haremos una visita corta y lo menos molesta posible. Hay una imagen dorada de Buda, a la que vemos mejor por detrás que por delante, precisamente por no estorbar. 


16 de noviembre de 2018

Myanmar - Kalaw - Restaurante Thu Maugn - Viaje a lago Inle

¡Qué hambre!

Hemos terminado el trekking con una sonrisa en nuestras caras, aunque mi cuerpo está algo cansado, nuestro chófer ya nos está esperando en el punto de encuentro (organización al milímetro). Lo primero es ir a Kalaw tanto para dejar a Mr.Te como para recoger a Myo, ya que tenemos que ir al hotel a recoger nuestro equipaje, y sobre todo a darnos una ducha, ya que eficientemente Myo, o la agencia encargada del tour, han acordado que nos dejarían hacerlo, aunque claro, ellos contaban que sería como a las doce de la mañana y son casi las dos. Hacemos el check-out y nos duchamos lo más rápido posible, en las maletas solo faltaba poner la ropa que nos quitamos y los neceseres, así que en una media hora hemos terminado de hacerlo.

En el camino a Kalaw nos encontramos con el paso de un tren. 


Lo primero es paliar el hambre, que las tres no es una hora birmana para la comida y esto lo hacemos en el restaurante Thu Maugn en Kalaw. 


Como es habitual, nos acercamos al mostrador donde nos enseñan los platos principales. 


Eligiendo los clásicos curries: pollo y cerdo, aunque en esta ocasión el de cerdo lleva una salsa de garbanzos negros según Myo (¿serían alubias?). 



Nuestra ración de arroz. 


Una rica sopa de verduras, que siempre me entran como una bendición. 


La pasta picante y olorosa de pescado y gambas, que vimos en grandes cantidades en el mercado de Bagan. 


Una ensalada-guiso de lentejas, en Myanmar he llegado a adorar esta legumbre. 


Diferentes platos de verduras. 



Un aderezo picante con algo que no sé qué es porque ni siquiera lo llegué a probar (que se une a la mala memoria que me acompaña últimamente). 


Pepino, okra, lechuga y rábanos, un toque refrescante. 


No tienen plátanos de postre, así que optamos por un café y un té para acompañar el típico surtido de frutos secos y hierbas con que nos obsequian. 


Terminando de comer comenzó a descargar una lluvia tremenda, y menos mal que ya estamos aquí, porque si esta fuerza de agua nos cae mientras estábamos haciendo el trekking, creo que se hubiera acabado el viaje, tanto por lo tarde que hubiéramos terminado de hacerle, como por el resfriado de órdago que nos podíamos haber pillado. 


Lo único malo de la lluvia con esta fuerza es que no favorece la conducción, ni la propia ni la de los demás, no nos hace mucha gracia viajar pero es lo que toca y tenemos que confiar en nuestro joven chófer; afortunadamente nada más comenzar el viaje y avanzar por la carretera nos alejamos de la lluvia y volvemos a los paisajes infinitos rodeados de verde, así como a poblaciones pequeñas o más grandes con imágenes de vida en ellas. 









Tras algo más de una hora llegamos a la zona donde el poder lo ostenta el agua del lago Inle, donde todo parece discurrir con calma, tanto para los humanos como para los animales.