4 de julio de 2018

Myanmar - Bagan - Nam Myint

La bella llanura birmana

Estamos en Bagan (Pagan originalmente en birmano), al este del río Irrawaddy, donde los ejércitos liderados por distintas etnias (pyu, mon y birmanos) se han instalado por su llanura a través de los siglos. El primer reino birmano de Anawrahta alcanzó su apogeo entre 1044 (cuando accede al trono) y 1077, periodo en el que terminó de unfificar el territorio, rechazó la invasión de los jemeres de Camboya y se convirtió al budismo, abandonando el hinduismo.

Anawrahta recibió la visita de un monje mon del reino de Thaton, enviado por el rey de los mon, Manuha, quedando tan entusiasmado con las enseñanzas de Gautama que le mostraron que terminó exigiendo la entrega de reliquias y textos religiosos; requerimiento al que el monje se negó, por lo que Anawrahta decidió invadir el territorio mon en 1057, tras lo cual volvió a Bagan con imágenes, textos sagrados (entre ellos 32 juegos del Tripitaka) y treinta mil prisioneros, entre ellos al rey Manuha. Tras esto, ordenó la construcción de las primeras pagodas en la llanura.

Los sucesores de Anawrahta, sobre todo Kyanzittha, Alaungsithu y Narapatisithu, continuaron esta tarea de construcción, y a lo largo de más de 200 años se construyeron 4.400 templos aproximadamente; unas 10.000 construcciones incluyendo monasterios, pagodas y templos.

En el siglo XIII el paisaje impresionó muchísimo a Marco Polo en su viaje por la zona, del que llegó a decir “las torres están cubiertas con una capa de oro de un dedo de grosor… es uno de los sitios más bellos del mundo”.

En 1287 la zona fue arrasada por el ejército de Kublai Khan, nieto de Gengis Khan, y el entonces rey de Bagan, Narathihapati, huyó de la ciudad junto a su corte. Los mongoles tomaron la ciudad sin resistencia y no la destruyeron, por lo que pudo continuar como centro religioso y cultural.

Posteriormente, los conflictos internos por el control del norte de Myanmar entre los shan, los mon y los bamar condujeron al colapso de Bagan, y durante los 400 años siguientes la ciudad y sus alrededores fue una zona abandonada, a merced del saqueo de los bandidos, por lo que era considerada una región maldita, a la que los birmanos comenzaron a volver tras establecerse en ella los británicos.

En su llanura de 42 km2 hay diseminados más de dos mil templos en pie (catalogados 2.230), pero de los palacios reales no queda nada, así como de muchos de sus monasterios, ya que fueron construidos con madera y no han soportado los incendios, los terremotos o los saqueos.

En 1976 un terremoto de 6,5 grados en la escala Ritcher sacudió Bagan, sufriendo sus monumentos importantes daños, entrando la Unesco para realizar restauraciones y evitar el levantamiento de una copia con materiales modernos, como ha sucedido y sigue sucediendo en el resto del país. A mediados de la década de 1990, la Unesco trabajaba con el gobierno en la preservación de los monumentos, pero abandonó esta colaboración en 1996 por la continua interferencia del gobierno, y sus permisividades arquitectónicas, de modo que la Unesco, desafortunadamente, no ha designado hasta el momento a Bagan como Patrimonio de la Humanidad.

El 24 de agosto de 2016 otro terremoto sacudió Bagan, con una magnitud de 6.8 grados, resultando dañados 400 templos, entre ellos algunos de importancia, y 17 pequeños templos y estupas fueron destruidos por completo. Durante nuestra visita muchos de estos templos tenían el acceso cerrado a sus terrazas, sus estructuras están dañadas y se intenta evitar el peligro, pero si se podía entrar en ellos, por lo que el peligro sigue existiendo aunque al menos se evita el peso masivo de turistas sobre ellos.

En Bagan hay 19 villas por toda la llanura, además de las localidades de Nyaung U, Old Bagan y New Bagan. Un mapa de la zona arqueológica con algunos templos, los más importantes (es bastante díficil hacer un mapa con todos ellos). 



La localización de la torre:



Aparte de la aprobación de la construcción del hotel Aureum Resort Palace (era propiedad de la Junta Militar y al final me sentiré culpable de haberme alojado en él), la otra aberración (el hotel no me lo pareció tanto) que se permitió fue la construcción de una torre de observación de 61 m de altura, Nam Myint, que como está en los terrenos del hotel y pertenece a los mismos propietarios, tenemos entradas gratuitas todos los días de alojamiento si queremos subir. 


No voy a defender arquitectónicamente la construcción de esta fea torre, ni mucho menos sus fines comerciales, pero voy a romper una lanza en su favor, ya que si se construyen torres miradores, con un proyecto adecuado por supuesto, se evitaría la masificación de turistas subiendo a las terrazas de los templos en busca de vistas, atardeceres y amaneceres, y con ello se evitaría su deterioro; sería el mal menor, aunque se perdiera el encanto de hacerlo desde unos lugares tan especiales, los monumentos ganarían con ello; lo que habría que hacer es buscar los lugares más adecuados para no desmerecer el conjunto arquitectónico y además tener buenas vistas (nadie ha dicho que sea una tarea fácil). 

El acceso a la torre se realiza previo pago, que no está incluido en el precio de la entrada al recinto arqueológico, recinto que es toda la llanura, ya que es de propiedad privada como he mencionado. 


En la planta inferior de la torre hay piezas de exposición: tallas en madera, telares, maniquíes con ropas birmanas… 


En los pisos superiores hay dos plantas con restaurantes, opción que nos planteamos para una de las cenas, pero viendo la distancia desde el hotel con poca iluminación en el camino (aunque se ve y seguramente desde el hotel nos podrían acercar con un coche tipo de los que se usan en golf), y sobre todo la suciedad de los cristales, terminamos desechándola, ya que optamos por tener el atardecer plácidamente en la piscina del hotel. En una de estas plantas nos reciben con un vaso de zumo refrescante. 


En la última planta está la terraza mirador, a la que se llega desde el piso inferior a ella por una escalera. 


Como me imagino la sabana africana, pero cambiando por templos y sus estupas los animales, una vista impresionante la que se despliega ante nosotros. 



A la derecha, la zona del pueblo de Min Nan Thu, en la llanura sur, en la que se localizan templos que no son frecuentemente visitados, pero cuya visión en conjunto no desmerece en absoluto; y a la izquierda, Tayone Taung



En primer término, el grupo de templos de Winido



Muchas de las estupas han perdido su parte superior, y algunas están siendo reparadas. La cúpula dorada que se ve a la izquierda pertenece a Dhammayazika Paya, construida en 1196, de forma pentagonal; en ella dicen que ronda el fantasma del general que inició su construcción. 


Identificar los templos es laborioso, más cuando todavía no los hemos visitado, aunque hay unos prismáticos que ayudan bastante, pero dejarse llevar por el horizonte con la bruma de arena y del agua del río Irrawaddy, con las estupas en la llanura resulta inmensamente gratificante, es como una visión incluso algo fantasmagórica. 

 
Del centro a la derecha los templos de Thatbyinnyu, Gawdawpalin y Ananda
 

En el centro destaca el templo de Htilominlo, en restauración su estupa. 


Al fondo, la estupa dorada de Shwezigon Paya, situada en la localidad de Nyaung U. 


Dos templos importantes, los dos con importantes daños. El primero, Sulamani Pahto, que sufrió la caída de su estupa durante el terremoto de 2016; y detrás, Dhammayangyi Pahto


Vista de los bungalows del hotel, del estanque y de los templos que se encuentran frente a ellos. 



La última noche que pasamos en Bagan volvimos a la torre por si teníamos la suerte de ver un bonito atardecer, que fue bonito pero que no era como lo esperábamos, porque las fotos de los atardeceres que podemos ver en internet son inmesamente rojizos y maravillosos. 




Incluso esperamos hasta que la noche terminara de caer y los templos se iluminaran, por lo que tuvimos que utilizar las linternas del móvil para ver con claridad el camino, pero mereció la pena. 




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