21 de septiembre de 2011

Australia - Sydney - State Theatre - Queen Victoria Building - Sydney Town Hall - St Andrew's Cathedral - Great Synagogue - Culwulla Chambers - MLC Centre - St James Church - Strand Arcade


En el centro bullicioso de la ciudad


No muy lejos de la Sydney Tower se encuentra el State Theatre (49 Market St), construido en 1920, fue calificado como el mayor teatro del Imperio (ahí queda eso, del imperio nada más y nada menos), tanto por el número de asientos como por su decoración interior (al que no tenemos acceso y en el que destaca su vestíbulo). Es la sede del Sydney Film Festival. Sólo podemos ver su entrada, que es ya lo suficientemente bonita y espectacular, aunque ciertamente algo recargada. 


Entre Market St y Druit St (entrada por ambas calles) se sitúa el Queen Victoria Building (455 George St), un precioso edificio construido en piedra arenisca en 1898 por George McRae para conmemorar el cincuentenario de la Reina Victoria, destinado a albergar el mercado municipal de fruta y verdura. Por fuera, aparte de su gran tamaño y arcadas, destacan sus cúpulas de cobre. 


A la entrada de Druitt St nos recibe la Reina Victoria, a su izquierda se encuentra el pozo de los deseos, pero está en obras y totalmente tapado con lo que no le vemos y no le pedimos nada. Parece ser que esta estatua, una obra de 1888, apareció en 1983 en un pequeño pueblo irlandés donde se encontraba descuidada y olvidada desde que la quitaron de la fachada del Parlamento irlandés en 1947, y tal cual antes llegaron los presos después llegó la mismísima Reina. 


El mercado cerró a finales de la Primera Guerra Mundial y en los años cincuenta estuvo a punto de ser demolido para construir un centro comercial y un aparcamiento subterráneo, pero afortunadamente los planes se pararon y en su lugar se destinaron 75 millones de AU$ para restaurarle a principios de la década de 1980, abriendo de nuevo como centro comercial. ¿No hubiera sido un sacrilegio tirarle para construir un moderno centro?



El edificio es una mezcla de estilos: renacentista, gótico, románico y Reina Ana. Impresiona pensar que aquí hubo una vez un mercado de ¡fruta y verdura!. Pierre Cardin lo definió como “el centro comercial más bello del mundo”. 



En su interior aparte de la arquitectura sorprendente, de las amplias galerías, el suelo reluciente, las escaleras y barandillas de hierro forjado, las vidrieras, hay dos relojes. El más valorado es el Royal Clock, obra de Neil Glasser de 1982, sobre el que se encuentra el castillo de Balmoral, que pende de la cúpula central. En él se cuenta la historia de los monarcas ingleses, con actos como la Carta Magna o la decapitación de Carlos I. 


El otro es el Great Australian Clock, con escenas de la historia de Australia, como la llegada en barco de la First Fleet (o eso es lo que creemos).


La estructura y sobre todo el techo, con su estructura de hierro y cristal, me recuerda al del St Stephen's Shopping Center de Dublín. 


Este es el de Dublín, que luce más por la iluminación navideña.



Una visita ineludible, y no solo por necesidad, son los baños, que se conservan en estilo victoriano. Ya entrar por sus puertas parece que vamos a tomar el té en lugar de actos más humildes y menos prosaicos. 
El de las damas es amplio, luminoso, limpio, con una gran zona de tocador (ay que grandes juegos de palabras)…con el suelo original. 


El de los caballeros (que por supuesto yo no conocí) es pulcro, tan pulcro que los hombres tienen intimidad en su desahogo.


Bajando por George St, la primera vía pública de Australia, que en sus orígenes estaba embarrada y llena de chozas hasta que tras la fiebre del oro las tiendas y los bancos ocuparon la zona, se localiza el Sydney Town Hall (483 George St).


Fue levantado sobre el Old Sydney Burial Ground, el cementerio que se utilizó en la ciudad entre 1793 y 1820, perteneciente a la cercana St Andrews Cathedral (esto de construir sobre cementerios nunca presagia nada bueno en las películas...Poltergeist). Se construyó en piedra arenisca en 1874, en un estilo victoriano y destacando en su fachada la torre del reloj, tanto de día como de noche.


Preguntamos al vigilante si podemos entrar, porque parecía que no, pero nos contesta muy amablemente que adelante, sólo a la parte baja, ya que hay más habitaciones interesantes tanto en el piso inferior como en el superior. 

Entramos en el llamado vestíbulo, que no es lo que su nombre castellano indica, sino una gran sala ricamente decorada, con vidrieras en la cúpula (ocho figuras representando la Justicia, la Prudencia, la Industria, la Moderación, la Paz, la Libertad y la Abundancia –me falta una- y los cuatro elementos de la naturaleza –aire, agua, fuego y tierra) y una impresionante lámpara de araña. 


Desde una puerta entreabierta, guiados por el sonido que salía de ella, vemos el Centennial Hall, considerado un tesoro de los halls australianos que han sobrevivido; el sonido procedía de un órgano, el Gran Órgano, descrito como el más fino construido por un organista británico, con más de 8.500 tubos. Pero no entramos para no molestar. Esta sala está preparada para un evento, ya que se alquila (a bolsillos pudientes imagino). 


Al lado del Town Hall se encuentra la mencionada St Andrew’s Cathedral (esquina George St y Bathurst St), la catedral más antigua de Australia (¡aja!, ahora es la catedral la que detenta el título de más antigua, como nos ocurrió con la iglesia de Garrison Church…esto tiene un poco de truco, porque ¿las catedrales no son iglesias?). Su diseño es de aspecto gótico, inspirada en el York Minster de Gran Bretaña (a esta no tenemos el placer de conocerla...todavía). A su interior no pudimos acceder en ninguna ocasión, bien se celebraba misa, bien un funeral o un encuentro ecuménico. 


Desde Bathurst St en dirección a Hyde Park se llega a Elizabeth St, subiendo por ella se halla la Great Synagogue, visitable los martes y jueves en tour guiado. Los judíos llegaron a Sydney con la First Fleet pero los servicios religiosos no comenzaron hasta 1820. 


En Castlereagh St un edificio llama nuestra atención, más por su primitivo uso -masónico-, supongo, que por su arquitectura, aunque esta también es destacable. 


Esta calle es un hervidero de tiendas, de los nombres conocidos y precios no demasiado asequibles: Chanel, Prada, Louis Vuitton, Bulgari, Gucci…el centro comercial David Jones, la vida en shopping. 

En la esquina de Castlereagh St con King St, subiendo por la primera, a nuestra derecha queda el primer rascacielos de la ciudad, Culwulla Chambers (67 Castlereagh St), que se terminó de construir en 1913 y mantuvo su posición de edificio más alto hasta 1962, cuando se construyó la Sydney Tower (AMP Tower). 

Lo más característico a nuestros ojos no es su altura, ni su llamativo color burdeos en la fachada, es su curiosa forma rodeando un edificio bajo en la esquina, en el que en su piso a la calle se halla la tienda de Louis Vuitton. 



Frente al rascacielos del pasado, el rascacielos del presente, el edificio octogonal MLC Centre, que tiene entrada por aquí aunque su dirección exacta es Martin Place. Tiene una altura de 228 m, y en sus plantas inferiores acoge un centro comercial. Su entrada incita a entrar, que es de lo que se trata en centros comerciales, con una gran sombrilla acristalada.


Hacia nuestra derecha, por King St, y coronando la parte superior de Hyde Park, St James Church, edificio construido como Palacio de Justicia en 1819 por los reclusos, en estilo georgiano, que el arquitecto Francis Greenway (recordar que él también era un recluso) tuvo que convertir en 1820 en iglesia cuando se abandonaron los planes de construir una catedral en George St. 


En la actualidad parte es la sede del Tribunal de Justicia, pero la iglesia sigue en funcionamiento, con un interior muy sencillo. 


Hacia la izquierda, igualmente por King St pero con entrada por George St, la más pequeña  y coqueta galería comercial de Strand Arcade. Fue construida en 1891 por John B. Spencer y Charles E.Fairfax, inspirada en la igualmente encantadora Burlington Arcade de Londres, siendo la mejor galería comercial del Sydney victoriano. Fue remodelada en 1969 y tuvo que ser reconstruida en 1978 tras un incendio.


Los cristales del techo fueron tintados para que los fotógrafos tuvieran mejor luz. Originalmente poseía un sistema especial de gas y electricidad, con candelabros, cada uno de los cuales tenía 50 salidas de gas y 50 faroles (para haberlo visto), y también poseía ascensores de elevación hidráulica.

Preciosa es poco para definirla, QVB es grande, es majestuosa, es impresionante, pero esta pequeñita llena mucho más, por lo menos a nosotros y nuestros ojos. 


Comparemos las dos arcades, Burlington en Londres (que como la de Dublín también la encontramos decorada de Navidad) y Strand en Sydney, que no es que sean iguales pero tienen su parecido, un callejón cubierto con mucha elegancia en ellos: suelos, tiendas, techos, maderas…



20 de septiembre de 2011

Australia - Sydney - Sydney Tower


Sydney desde las alturas 

Nuestra guía nos entrega las entradas del Aquarium por si queremos volver, aparte de ser un souvenir más, y nos da a elegir si quedarnos por la zona o terminar las visitas incluidas en el tour para hoy, elección esta última que es la que hacemos. Nos llevan a la Sydney Tower, inaugurada en 1981, que tuvo el honor de ser el edificio más alto del hemisferio sur, con 293 m. El eje está diseñado para soportar el viento y resistir los terremotos; los 56 cables que la sujetan al centro comercial que se halla bajo y alrededor de ella, Centrepoint, pesan 7 toneladas cada uno, y si se extendieran en el suelo (en este caso océano) llegarían de Sydney a Nueva Zelanda. El depósito de agua superior contiene 162.000 litros y actúa como un estabilizador en los días de mucho viento. 


Cada año se celebra una carrera para subir corriendo los 1.504 peldaños, entre abril y mayo (vamos, que les gusta correr), tal y como se celebra en el Empire State de New York. 


Por supuesto tiene un observatorio para disfrutar las vistas de la ciudad (hay una entrada conjunta para el observatorio, el Sydney Aquarium, el Sydney Wildlife World y el Oceanworld de Manly). Como en la torre de Auckland también se puede hacer Skywalk, pero de nuevo volvemos a pasar (demasiadas actividades pendientes vamos dejando en estos países). Las ventanas tienen tres capas y la más externa está cubierta con polvo de oro (menudo derroche). Los ascensores suben en 40 segundos los 76 pisos hasta el observatorio (no son muy grandes pero no vamos muchos con lo que no hay ataque de pánico claustrofóbico por mi parte). 


Decidimos ir a esta hora porque el día está despejado, y aunque seguramente al atardecer puede ofrecer una buena visión de la ciudad iluminándose poco a poco, es complicado saber por dónde estaremos y lo bien o mal que nos vendrá volver aquí. 


Como esto va de vistas vamos con ellas:


Por supuesto, la Sydney Opera House, semiescondida, y el Harbour Bridge. El edificio octogonal en primer plano es la Chifley Tower.


La impresionante e infinita bahía, con su sucesión de calas e islas






Hyde Park con el Anzac War Memorial. A la izquierda el Australian Museum, con la mayor colección de historia natural del país, que está considerado uno de los mejores museos de esta clase del mundo (no hay tiempo para visitarlo). 




Sydney Cricket Ground (derecha) y Aussie Stadium (izquierda).


Lo que decidimos al bajar de la torre es hacer una reserva en uno de sus restaurantes giratorios, hay uno buffet y otro a la carta, preferimos el segundo, estar sentados y atendidos que estar pendientes del buffet y levantarnos, que por la noche seguro que estaremos cansados. 


Si hemos estado en el restaurante giratorio de New York, The view, en el restaurante giratorio Orbit de la Sky Tower de Auckland, teníamos que probar este también, y no porque alguno de ellos se caracterice por su alta gastronomía sino por sus altas vistas de las ciudades iluminadas. En esta colección de torres de comunicación y restaurantes giratorios, en 2014 incluiremos la famosa y alta CN Tower de Toronto.


Se puede elegir entre un menú de dos o tres platos y aunque la gastronomía australiana no haya sido impresionante en general, se puede comer bien aunque algo caro.


19 de septiembre de 2011

Australia - Sydney - Sydney Wildlife World


Animales, animalitos y animalotes

Al lado del acuario se encuentra el Sydney Wildlife World, que en principio resultaba interesante pero que está en una profunda y contempla rehabilitación y por eso no lo es como debería, ahora con animales terrestres, donde el rey es sin lugar a dudas el perezoso, dormilón, simpático koala, que ofrece multitud de imágenes.




Como no podemos visitar este zoo ya desde la agencia nos avisaron que nos regalarían una foto con un koala, que no fue fácil hacerla, porque a pesar de su pereza se movía continuamente. Su pelo es algo áspero y yo me la imaginaba más suave, más tipo peluche, aunque supongo que esto es para protegerse de estar todo el día en los árboles, en los eucaliptos para ser exactos. 

En la pequeña zona donde se encuentran los koalas, creo recordar que tres, y supongo que colocados aquí para uso y disfrute de los turistas, había un pequeño pájaro con muy mal humor, cada vez que se abría la puerta él intentaba salir y no de buenas maneras, que se lanzaba con el pico preparado para picarte. 


Otra compensación con la que no contábamos era la posibilidad de tocar animales no tan agradables como el koala, pero solo tocar, nada de sujetar nosotros. Una suave y fría serpiente, ¡¡que linda es!!


La segunda parte de la foto no debería publicarla, atenta contra mí misma, pero las cosass son como son. ¡¡¡Quita bicha, ni te me acerques!!!


Algo que asemeja más a iguana que a lagarto, pero de la misma familia que asusta un poco aunque parece pacífico y tranquilo.


Y de este sí me acuerdo de su nombre, el lagarto de lengua azul, pero afortunadamente no me la enseñó directamente, si no le enseño la española de lengua roja. 


Nos dieron con un canto en los dientes porque no pudimos ver ni un solo canguro, los únicos que pudimos ver fue al asomarnos desde el piso-terraza donde estábamos que estaban ansiosos esperando su comida. Os presento al gigante canguro rojo, y madre mía que si era gigante, este bicho se te planta de pie y parece un bigfoot. 


Pero era muy simpático cuando se iba pegando sus saltos, aunque diera la sensación que todos juntos podrían provocar un terremoto.

Como ya está todo hecho pensábamos que nos marcharíamos, pero los chicos del Wildlife tenían una sorpresa por aquello de compensar la no visita, un pequeño teatrito con espectáculo.


Trabajan con los típicos loros o cacatúas. Creo que esta es Galah.


Pasaban muy cerca de nuestras cabezas continuamente, como en todos los espectáculos de este tipo. Esta es la Red tailed black cockatto, pero más que red es orange en su cola.



Lo curioso es que también utilizan una bonita lechuza, ¿Dónde miras bonita? No tiene músculos en los ojos por tener los ojos tan grandes, puede girar la cabeza 260º (la cotilla casi perfecta) y lo que come se lo traga todo entero (como no se le van a quedar los ojos abiertos). 


Entre pájaro y pájaro hicieron partícipe a nuestra guía, con más miedo que otra cosa, para descubrirnos a una araña y a un escorpión. 

El show termina con la participación de dos del grupo, entre ellos la que escribe que no es capaz de decir que no. Se trata de un concurso para hacer de gallo-gallina, en la que pierdo de forma estrepitosa pero con honor y nada de dignidad.

Como resumen, pues que estuvo bien, gracioso y los chicos se lo curraron, sobre todo el del escenario porque sus compañeros se lo pasaron genial riéndose de él desde los asientos, pero sinceramente, con la foto del koala, que nos enseñaran unos animalitos para conocer algo de la fauna ya hubiera estado bien, que llegar a Sydney cuesta mucho (tiempo y dinero) y hay cosas más importantes que ver antes que hacer de gallina, aunque cierto es que nos echamos unas buenas risas.