Hoy nos vamos por la Bruce Hwy en dirección
sur desde Cairns, pasando por las plantaciones de caña de azúcar y sus
factorías. En las poblaciones se ven las construcciones denominadas queenslanders, que son las típicas sobre
pilotes que ya vimos en Vietnam y Camboya, pero al contrario de las de estos
países aquí tienen colorido en sus fachadas y se nota que la vida no es de
tanta penuria. La razón de estas construcciones en todos los países es la misma,
las fuertes lluvias, los ciclones y las inundaciones.
Aparte de la caña de azúcar,
como zona tropical que es esta región de Queensland también hay plantaciones de
plátanos.
Al mirar hacia arriba se contempla por supuesto la inmesidad arborícola, que en ocasiones parecen árboles despeinados, como si los hubiéramos pillado sin tiempo a arreglarse, y es que hace poco la zona sufrió inundaciones terribles y los efectos son palpables, a lo bajo y a lo alto.
Para ver la altura de estos
árboles nada mejor que comparar con algo, aunque este algo sea pequeño, exactamente para que así las comparaciones sean casi perfectas, de metro y medio.
Pero no todo lo que contemplamos es una maraña de ramas, también hay composiciones artísticas en verde (algo así como árboles con tirabuzones).
En el paseo nuestra guía nos incita
a subirnos a un tronco y casi a colgarnos de uno de esos tirabuzones, una liana, todos pasamos por la experiencia con mayor o menor fortuna. En mi caso estoy a punto de
caerme ante el susto y las risas de los demás, aunque ellos no son los únicos
que se ríen, que yo misma lo hago en previsión de la caída que puedo tener.
El camino conduce hasta las
Josephine Falls, una pequeña cascada que en su bajada va formando pozas en las
que se puede nadar si el tiempo acompaña, aunque el agua está completamente helada como para hacerlo.
Cuando
el agua corre fuerte incluso se puede jugar a deslizarse por las piedras, muy
deslizantes, como si fuera un tobogán, pero hay carteles que avisan de que se
tenga cuidado, que se pueden producir accidentes.
Hay tres plataformas a
distintos niveles para ver a Josephine, sus saltos, sus piedras y su pequeñas lagunas, en un camino que no es nada largo.
Hemos venido preparados con
el bañador por si nos podíamos dar un baño pero la temperatura del agua era
puro hielo (más apta para hacer cubitos y tomarse un whisky on the rocks que un baño) y la del ambiente tampoco era lo suficientemente calurosa como para
ayudar a la incitación, pero el lugar en primavera-verano tiene que ser idóneo
para un chapuzón (me imagino el lugar lleno de gente).
En los baños del aparcamente, nuevamente
ecológicos y reciclables como en el Parque Nacional de Uluru y Kata Tjuta, un letrero curioso sobre la tapa del inodoro: “If you haven’t eaten
it, please don’t drop it down the tube”.
En esta mañana de ajetreo
continuo, submarinismo y snorkel, volvemos al barco, a las 13 h tenemos cita para tomar un
"semibarco-semisubmarino", de nuevo el temor se apodera de mí, ahora iremos
encerrados bajo el mar, esto me gusta bien poco, porque además iremos con más
gente, lo que se dice sardinas enlatadas…afortunadamente hay dos factores
favorables: primero, que entramos los últimos, de los primeros hubiera sido
completamente imposible para mí, segundo, que no se sumerge del todo, la parte
de atrás sigue abierta al exterior, con lo que veo la luz y la escapatoria
desde donde estamos sentados, tan cerca de esta entrada-salida.
Si bien este "semibarco-semisubmarino"
es un medio ideal para disfrutar de la barrera, para verla muy bien, a ella y a
los peces que habitan en ella, no es el mejor medio para la fotografía porque
los cristales están muy rayados y es casi imposible hacer alguna foto en la que
se vea algo, aparte del movimiento, que no va rápido pero cuando menos te lo
esperas da un quiebro, bien para proteger los corales bien en busca de ellos y
de la vida en ellos.
Es bonito ver a la tortuga
como nada, por un lado parece que es algo torpe y por otro que es una verdadera
artista acuática.
Con este pequeño viaje, del que no han salido más fotos interesantes y visibles, se
han terminado las actividades del día, que hemos ido al trote pasando por
ellas, menos el rato de espera de los submarinistas, pero también se ha
terminado el turno de comida, nos hemos quedado los tres sin ella, pero nuestra guía
estuvo atenta y a regañadientes de los encargados del buffet separó tres platos
para nosotros, a los que nos lanzamos
como fieras devoradoras. Gracias Alda.
Ahora sí parece que podremos disfrutar
de la navegación de vuelta a Cairns, pero de repente otra vez a
correr, unas ballenas se ven a lo lejos y todo el mundo está arremolinado en el
exterior con las cámaras disparando y los ojos buscándolas. Como no es un
crucero de avistamiento de ballenas no nos acercamos, pero nos recuerda a
nuestras ballenas neozelandesas y sonreímos (a pesar de que mi experiencia en esta ocasión no fue la mejor, y es que el medio marino y yo parece que no estamos en sintonía, pero a esta historia llegaremos en otra ocasión). Esta
cola de ballena es más difícil de encontrar que Nemo.
Ahora sí se va terminando el
crucero y toca el sparkling wine para brindar por la feliz travesía (me lo
tengo que hacer mirar esto en los viajes, que siempre salgo con copas cuando repaso las fotos). Cyril se acerca a los dos
buceadores para entregarles un diploma, y yo le pregunto que si para las
cobardes no hay ninguno, a lo que me responde que tengo derecho a una foto con
él, ha salido cachondo el amigo.
El paisaje que nos espera en
tierra es un nuevo mar, en este caso un mar de montañas verdes, bosques de gran
inmensidad.
Volvemos al hotel y quedamos
la mitad del grupo en la piscina para un baño, pero la única que lo hace en la
piscina, soy yo, que en compañía de un japonés nos dedicamos los dos a hacer largos,
mientras el resto se relaja en el jacuzzi…y es que el agua de la piscina estaba
mucho más allá de la sensación de fría.
Siempre hay tiempo para la fotografía, sobre todo si el agua fría espanta y las burbujas no apetecen.
Para la noche quedamos para
cenar los españoles, los italianos hoy no se apuntan, lo haremos en un restaurante italiano localizado en una zona que las noches de
verano estará muy animado porque está junto al paseo marítimo, en el Pier
Marketplace.
Cuando salíamos del hotel
para hacer unas compras de souvenirs (algo más ques simples recuerdos) nos encontramos con nuestra guía que iba a la
farmacia, y como nosotros ayer tuvimos que pasar por ella (tres ciudades, tres
farmacias, hemos hecho un pleno al quince en este viaje) porque mi marido tenía
o un proceso gripal o una alergia, la acompañamos. Un aplauso para la señora
que nos atendió, a mi marido le preguntó de todo, en inglés, antes de darle
cualquier medicamento para quitarse al enfermo español rápidamente.
A la hora convenida nos
encontramos en el restaurante y esta noche me doy un festín de pescado y
marisco.
En este paseo hay una laguna
de agua salada artificial con playa, aunque la soledad por el lugar no acompaña
para excursionar a estas horas, poco gente y oscuridad son malos compañeros
aunque la ciudad parece tranquila. Como su nivel depende de la marea ahora está
baja de agua.
Bien cenados nos vamos a dormir con una gran sonrisa, yo a pesar de no haber conseguido hacer submarinismo estoy contenta por haberlo intentado, son las sorpresas que forman parte del viaje, en este caso superaciones personales inimaginables.
Los submarinistas suben
felices y nos da tiempo, poco pero algo tenemos, de ir a la playa, ahora me
toca a mí ver los corales, que desde el barco ya se intuyen, aunque no con tanta
tranquilidad como la ha hecho mi marido. En la playa somos un mundo de aletas y
tubos, aunque afortunadamente muchos de los turistas se han retirado al barco a comer.
Antes de volver a ver una colección de corales vamos a saber algo más de ellos.
El arrecife está formado por
organismos muy simples, pólipos marinos celentéreos, que forman colonias en las
aguas cálidas y poco profundas y ascienden buscando el sol, yal y como hacen las
flores. Los esqueletos del coral son blancos, y los colores del arrecife se
deben a los pólipos vivos.
El coral no puede formarse
por encima del agua ni por debajo de los 30 m de profundidad porque necesitan
la luz del sol. Cuando el nivel del mar sube el viejo coral se convierte en
caliza y muere, son los corales duros, naciendo un nuevo pólipo sobre su
esqueleto por reproducción de células, de manera que así es como se va creando
la barrera de arrecifes. Un arrecife tarda en formarse millones de años y hay
partes de la Gran Barrera constituidas hace más de 18 millones de años, pero
gran parte de ella data de finales de la última glaciación, hace unos 15.000
años.
Los cayos coralinos son
islas formadas cuando los esqueletos de corales y otros detritos, como conchas,
se exponen al aire y gradualmente quedan reducidos a fina arena por el
movimiento de las olas.
En el arrecife hay unas 400
especies de coral, 4.000 especies de moluscos, 800 de equinodernos, 4.000
variedades de esponjas, crustáceos e invertebrados, 12 especies de hierbas
marinas, 500 tipos de alga y más de 1.500 especies de todos los colores y tamaños
(ballenas jorobadas, tortugas gigantes, dugongs entre los grandes). No faltan
los tiburones en estas aguas pero afortunadamente no nos encontramos ninguno.
Además del calentamiento
global, necesitan una temperatura entre 17 y 28º, y la contaminación, el coral
también se ve amenazado por la estrella de mar corona de espinas que se
alimenta de él, aunque también se cree que ayuda a la vida en el arrecife,
destruyendo el viejo coral y permitiendo la regeneración, aunque si hay proliferación
de estrellas es imposible que la suma y la resta salga en positivo.
Otros factores que
contribuyen a su destrucción son las anclas de los barcos, no todos son
cuidadosos, los turistas, que tampoco lo son, ya que el coral no se puede ni se
debe tocar, y la sobreexplotación pesquera.
Con todo esto mal futuro
parece tener el arrecife, y algunos expertos predicen que en las actuales
condiciones la capa de coral del interior del arrecife puede llegar a menos del
5% en 2050. El actual ecosistema podría llegar a desaparecer, por lo que en
julio del 2004 el gobierno australiano introdujo nuevas leyes, incrementando
las zonas no-take, donde no se pueden capturar animales o plantas, hasta un
33,33% del arrecife cuando antes solo era el 4%.
La playa
está acordonada para no entrar en el territorio de los pájaros protegidos, una gran
colonia la que habita en el cayo, piqueros creo que es su nombre, y gracioso es ver cómo cada cual, se mantiene en su lugar:
pájaros por un lado, humanos por otro. Es curioso ver la fila en la orilla de
la playa, mientras detrás se mantienen agrupados y amontonados, hasta asusta si
se produce una rebelión.
Con traje de neopreno, ya
que se pagaron lo amortizamos hasta el final, aletas y tubo hacemos
snorkel, con menos peligrosidad para mí y menos gracia para mis compañeros.
En cocina sería un plato
gigante de spaguettis a la marinera.
Afortunadamente yo también puedo ver
las almejas gigantes al natural, sin limón, y no solo en fotos.
Solo puedo decir que ha sido una experiencia única la vivida entre el coral, y que fue una lástima que no pudiera superar la claustrofobia del agua y la angustia del respirador, pero que no tiro la toalla y que mil veces que fuera mil veces que intentaría hacer submarinismo con bombona, aunque claro, si además antes hago algún curso preparatorio en España mejor, por aquello de aprovechar el tiempo en lo que tiene que ser, y si no se puede, siempre nos quedará el snorkel.
Estamos en Cairns, la ciudad
más importante del norte del estado de Queensland, y uno de los mejores puntos
para conocer la Gran Barrera de Coral, parque protegido desde 1975 y Patrimonio
de la Humanidad desde 1981. El calentamiento global es uno de sus mayores
enemigos ya que los corales y su ecosistema son muy sensibles a los cambios de
temperatura, y también se ven amenazados por la contaminación, cualquier
alteración los hace morir.
Hay más de 700 islas en la
Gran Barrera de Coral, muchas de ellas son paraísos tropicales deshabitados, y
en algunas hay hoteles-resorts de lujo (un hotel por isla suele ser lo normal).
La mayoría son islas continentales, es decir, las cimas de antiguas montañas
costeras se convirtieron en islas al final de la última glaciación, hace 15.000
años, cuando subió el nivel del mar. En torno a las islas ha crecido el
increíble mundo del arrecife de coral.
Cairns y su barrera están demasiado
masificadas, aunque nosotros no estuvimos mal ni en la ciudad ni en la barrera
supongo que por ser invierno (no en temperatura), por lo que se van abriendo
nuevos centros turísticos más al norte, más vírgenes y con mejores zonas para
disfrutar del espectáculo coralino, como Port Douglas.
La ciudad comenzó como un
campamento de pescadores de pepinos de mar (suena a risa el nombre) en la
década de 1860, y su crecimiento se debió al hallazgo de oro y estaño en las
cercanas Atherton Tablelands, estableciéndose como ciudad en 1876. Hasta la
década de 1980 era principalmente una ciudad azucarera y una tranquila
población de pesca pero a partir de esta fecha surgió el auge del turismo y se
perdió la paz en pos de la economía.
Los europeos llegaron por
primera vez al norte de Queensland cuando el capitán Cook se vio obligado a
atracar allí el Endeavour dañado y
encallado por los arrecifes en 1770. La isla en la que encallaron fue bautizada
como Magnetic Island, ya que la brújula enloqueció al pasar junto a ella y
creyeron que era magnética.
Por supuesto la excursión
que realizamos esta mañana es a la Gran Barrera de Coral, que comienza junto al
Trópico de Capricornio y cubre 2.092 km hasta el Cape York hasta llegar frente a la costa de Papúa Nueva
Guinea. La Gran Barrera es más grande que la Muralla China y es el único
elemento vivo visible desde el espacio, siendo una de las siete maravillas naturales del
mundo (recientemente ampliada la lista). Aunque se le mencione como un solo arrecife en realidad son más de 2.900
que cubren casi 233.000 km2. Toda la barrera es una maraña de
corales y aguas poco profundas que para los primeros exploradores fue una
pesadilla.
La mejor temporada para
visitar la Gran Barrera es entre mayo y octubre, porque el resto del año
aparecen las mortales medusas box jellyfish, hecho por el que las playas se
protegen con redes especiales intentando evitar que pasen a zonas de baño.
Vamos hacia el puerto, con
barcos ya llenos de turistas listos para zarpar y otros llegamos en tropel para subir a los que
nos corresponden, en nuestro caso, y creo que la mayor parte de ellos eran de
este clase, un catamarán de la empresa Ocean Spirit Cruises.
Este es nuestro capitán, que más parece un niño vestido para la primera comunión (sorry captain).
La navegación es tranquila,
pero no tenemos mucho tiempo de contemplar el paisaje, estamos atendiendo las
indicaciones de Cyril en español, nos cuenta que es lo qué se va a hacer y
sobre todo qué es lo que se puede hacer…y estamos muy atentos.
Y comienza la vorágine, la
loca de la colina, o sea yo misma, decide que va a intentar practicar submarinismo,
no snorkel, sino sumergirse con bombona, lo que le produce un miedo rayando el
terror y una claustrofobia inimaginable, pero si estoy allí, ¡en la barrera de
coral!, que menos que intentarlo.
En Madrid lo habíamos
hablado, yo había leído sobre la posibilidad de hacerlo sin realizar un curso
antes y de tener el diploma como se exige por precaución, y que seguramente no
lo haríamos, pero una cosa es pensarlo en frío y otra en caliente, allí al lado
de ese mar azul que te incita a conocerle. Así que ante el hecho de que me voy
a apuntar mi marido también lo hace, en un fifty-fifty para acompañarme (me
conoce a la perfección, a mí y a mis miedos) y por curiosidad, a él le van más
los animales, la naturaleza y las emociones y aventuras de riesgo aunque siempre soy yo la
que da el primer paso.
Hablamos con Cyril,
afortunadamente su castellano es espléndido, lo habla y lo entiende a la
perfección. Yo necesito saber en qué consiste y sobre todo necesito saber si
consigo sumergirse y una vez allí me asfixio ¿cómo narices salgo? ¿puedo
hacerlo cuando y como quiera?, para mí es lo más importante, si se me cuaja la
mente se me cuajará el cuerpo y quiero saber cómo se sale.
Con una paciencia de santo,
somos siete personas interesadas, cinco de nuestro grupo y una pareja de
italianos, le acribillamos a preguntas que va contestando con tranquilidad y
sabiduría, se le notan las tablas en el asunto y con los novatos. Y sí, dice
que si me arrepiento abajo puedo subir y abandonar la misión, ufffff, esto me
tranquiliza algo pero tengo una bola en el estómago entre nervios y emoción.
Tenemos que rellenar un
pequeño cuestionario sobre nuestra salud, para que él lo valore y sobre todo si
mentimos sobre algo que pueda ser perjudicial para nosotros será nuestra culpa
y su exoneración ante cualquier problema, aunque creo que esto tendría sus
lagunas legales, porque siempre había leído que el submarinismo amateur está
completamente prohibido, aunque sea a poca profundidad y en teoría con pocos
riesgos.
Uno del grupo tiene un
pequeño problema asmático, es alérgico y esto le produce asma, pero no es
asmático crónico; ante esto Cyril y sobre todo, ante la propia preocupación del
interesado, llama a un médico a Cairns para que le aconseje, y la respuesta es
no, prefiere evitarse el problema, con lo que él y su pareja deciden abandonar
la expedición. Quedamos cinco, que iremos en dos turnos, a las 11 comenzamos tres: mi marido, un compañero de tour y yo misma. ¿Qué estoy
haciendo?.
Vamos a contrareloj en todo.
Tenemos que elegir unas aletas entre cientos de ellas, y unas gafas con tubo
(el tubo por supuesto no para sumergirse ahora) que se nos ajusten bien, abajo
no podemos tener problemas con ellas.
Y lo más importante, tenemos
que elegir un traje de neopreno, la temperatura será más fresca, bajaremos
entre 8 y 10 m (solo de pensarlo me da más claustrofobia aunque sea todo un mar
abierto, pero estará encima de mí) una media hora. Aquí hay stress mucho
stress, me dan un traje (previo pago de alquiler, que no recuerdo el coste) de
la talla 3, ¡cielos, todas estas carnes no entran allí!, con lo que tras una lucha con el traje y mis muslos tenemos que pasar a
la talla 4, pero esta talla me
sobra, tanto en estos muslos jamoneros como de hombros, que parece que me hayan
colgado de una percha, así que tenemos que volver a la talla 3, y
afortunadamente caigo en manos de una ayudanta que decide enfundarme en él cual
morcilla y que lo consigue. ¡Aleluya, tengo traje!.
El barco fondea frente a Michaelmas
Cay, a 42 km al noroeste de Cairns, donde viven más de 30.000 aves (ya las
veremos, no sé si a las 30.000 porque no las conté).
Los pasajeros que no hagan
submarinismo pueden desembarcar en el cayo para bañarse o hacer snorkel.
Nosotros tres a las 9.30 h más
o menos tenemos la primera cita con Cyril, nos tiene que dar unas nociones
básicas para la inmersión. Yo intento estar atenta pero son demasiadas cosas
para esta mente abotargada, voy tomando nota y preguntando y repreguntando
al tiempo que miro a mi marido que me tranquiliza algo con su mirada, parezco
más tonta de lo que soy.
Cyril nos enseña signos básicos:
nos preguntará abajo que tal estamos, con el pulgar hacia arriba le indicaremos
que bien, y si no va bien moveremos la mano como aflojando una bombilla pero en
horizontal. Primer problema que me plantea, bajamos juntos, subimos juntos, que
es normal porque no puede dejar a novatos abajo mientras él sube con otro, pero
claro, esto es condicionar a mis compañeros de buceo si como preveo según bajo me da por
subir.
Con la bombona y el
respirador en sus manos comienzan las clases técnicas: si nos pitan los oídos
soplaremos con fuerza para soltar presión, como en los aviones; si se nos
empañan las gafas las apretaremos por la zona del entrecejo; si nos entra agua
en el respirador (¿cómo? ¿agua en mi instrumento de respirar allí abajo?, se
aprieta para que salga)…ya no sé que tengo que hacer cuando, me tiemblan las
piernas.
Terminada la clase tenemos
tiempo hasta las 11, pero me surge un nuevo problema, yo necesito ir al baño,
no quiero contaminar la barrera de coral y estoy que me meo todita toda (no es una fineza contar ciertos actos pero los hechos fueron así), así
que me tengo que quitar el traje que con tanto sufrimiento consiguió ponerme la
ayudante eficaz, o que con tanto sufrimiento estas carnes consiguieron entrar
en él, pero no hay de otra, es una cuestión ineludible. De nuevo a contrarreloj
una vez saciada la necesidad primaria, hay que volver a amorcillarme en el
traje, todos luchan con coraje y valor para lograrlo, por un momento parecía
que no era posible y yo prefería buscar a la que lo consiguió ella con solo dos
manos en lugar de con ocho recorriendo mi cuerpo, pero al final sus ganas y sus
fuerzas consiguieron subir la cremallera, una vez que han conseguido encerrar
mis muslos el resto es fácil (una liposucción ya, urgentemente).
A las 11 h nos encontramos con
Cyril para comenzar, es hora de poner en práctica los conocimientos teóricos. Allí
estamos con nuestro equipo y con esos conocimientos adquiridos en poco más de cuarenta
y cinco minutos, pero con muchas ganas, nerviosas pero ganas.
Lo primero que te ponen es
un cinturón de pesas, ¡cielos, plomo para hundirnos!, esto parece una película
de mafiosos, y madre mía ¡cómo pesaba aquello!. Una vez con el cinturón todos,
a sentarnos con los pies sobre el mar y a colocarnos las aletas, ¡cielos! exclamo de nuevo, que flexibilidad
y control hay que tener para no caer al agua. Ya colocados en nuestros puestos de
lanzamiento nos colocan la bombona, ¡más peso!, pero ¿de verdad voy a flotar?.
Y patos al agua, pero esta labor no es nada fácil, todo el peso en la espalda
te hace tirar hacia atrás en lugar de hacia delante, con lo que parecemos
patitos despistados moviendo el culo y balanceándonos hacia delante para caer
en el agua.
Primera fase superada, se flota aunque agarrados a una barra. Es hora de poner en práctica
la teoría, teoría que es repetida nuevamente por Cyril. Toca sumergirse sin soltar la barra, es lo justo para ir probando el respirador e ir
tomando conciencia de lo que es y lo que espera. Nada más meterme no respiro,
no es que me entrara agua es que no era capaz de hacerlo, tenía la mente tan
bloqueada que no era capaz de respirar, con lo que tengo que salir. Mientras
mis dos compañeros como peces en el agua tan tranquilos.
A contar, uno, dos,
tres….ya, vamos a intentarlo otra vez Maca. Ahora sí, el aire me entra en los
pulmones y esbozo una pequeña sonrisa para mí misma, me concentro en los
pequeños peces que hay a nuestro alrededor, muy pocos, y sobre todo en un pez
muy grande, he conseguido liberar mi mente de estar preocupada en la
respiración y esta se realiza de forma natural.
El siguiente paso es bajar
un escalón más en la barra-escalerilla bajo el mar, hasta el momento estábamos
casi en la superficie, y aunque no es mucho, para mí es más de un escalón en
medida física, mi medida es mental. Pero allá vamos, de nuevo en el primer
intento problemas, tengo que buscar a mi pez tranquilizador y volver a
relajarme, cosa que consigo, parece que esto funciona, aunque tengo mis
bloqueos esporádicos. Mis dos compañeros de aventura son unos fieras, llevan sumergidos
casi todo el tiempo y tan felices, les estoy retrasando y me siento culpable.
Cyril está atento a nuestros
movimientos, como lo está el equipo en la superficie. De nuevo arriba, nos
recuerda las instrucciones de los oídos, las gafas, el agua en el respirador y
tenemos una nueva instrucción: desde el segundo escalón vamos a jugar a
quitarnos el respirador y volver a ponérnoslo, ¿pero esto qué es?, ¿jugar así
con mis sentimientos de pavor?. Esto para mí tiene dos lecturas: una es para
que entre agua en el respirador y ser capaces de sacarla, y la segunda, que él
no la cuenta pero que ya hemos visto en películas (vale, sé que el cine ayuda y "desayuda" y que hemos visto demasiado) y hay que preveerlo, es que si
nuestra bombona o respirador falla él se encargaría de pasarnos el suyo, y para
ello debemos estar preparados y mantener la calma, ¿calma, qué es eso?.
Ale, abajo de nuevo, un
ratito para acostumbrarnos otra vez, y Cyril se planta frente a nosotros de uno en uno.
Primero con nuestro amigo, un joven canario, que lo hace todo correctamente, luego me toca a
mí, estoy asustada completamente (el adjetivo es otro que por respeto no utilizo pero que muchos de vosotros sabréis utilizar), los oídos bien, las gafas bien, la señal de bien bien,
pero toca quitar el respirador y con la cabeza, las manos y los ojos le digo
que no (ahora lo pienso y visualizo y me parto de risa porque parecía una comedia mala), pero al final lo hago,
cuando tengo el respirador fuera me asfixio, pienso en toda esa agua encima de
mí si consigo bajar, si no soy capaz de mantener la calma, si no respiro,
pienso en mi marido que lo pasará peor que yo, en el compañero que se llevará
un susto de muerte…en definitiva no más de diez segundos en los que la mente
trabaja como si fueran diez minutos, al ponerme el respirador no respiro, con
lo que decido subir y abandonar la tarea, no es cuestión de retrasar más a mis
compañeros.
Mi marido mientras tanto me miraba entre "me muero de risa" por el espectáculo que estaba dando al decirle a Cyril que no respiraba
bajo el mar tan efusivamente, algo triste sabiendo que me
marcharía con las ganas que tenía, y algo alegre también ya que conmigo
abajo él no hubiera disfrutado como lo hizo, hubiera estado pendiente de mí (o
eso creo).
Abandono el intento y la expedición con mucha tristeza,
porque estoy segura que con Cyril lo hubiera conseguido, este chico
sabe lo que se trae entre manos, como enseñar, tranquilizar y a quién tiene en
el mar, es un psicólogo a golpe de mar y de bombonas. Me he quedado con las
ganas pero no desisto de volver a intentarlo, realizar un curso con más calma,
no tan apresurado, para que mi mente y mi cuerpo se acoplen al medio, yo
siempre he sido buena buceadora con buenos pulmones sin aparatos, con lo que si
dependo de algo artificial todo debe ir mejor.
Lo que no he escrito en los datos personales es que padezco de claustrofobia, no en un grado extremo pero sí lo justo como para tener mis pequeños episodios que soluciono saliendo de ascensores llenos o concentrándome en los transportes públicos atestados para no perder los nervios. Otro momento de viaje con claustrofobia fue la imponente visita a los túneles de Cu Chi en Vietnam.
Cyril me preguntó si estaba
segura, ya había abandonado en el primer intento y él me hizo continuar, pero
esta vez notó que mi gesto era firme. Salir por la escalerilla con todo ese
peso fue tremendo, pero allí estaba el equipo de submarinistas para ayudarte a
no caer de nuevo al agua y quitarte todo el instrumental. Nada más irme yo los
tres se marchan de excursión submarina, están preparados para ello.
A partir de aquí solo puedo
contar la experiencia de mi marido, que se lo pasó genial, era un niño
descubriendo el mundo de Nemo y sus amigos, no estaba en el sofá de casa viendo
un documental, él estaba allí. Por supuesto que él también quiere más, quiere repetir y hacer
nuevas inmersiones en nuevos mundos.
En Madrid habíamos comprado
una cámara acuática pero solo hasta los 3 m, lo justo para hacer snorkel, pero
esta no valdría para la inmersión de 8 a 10 m, situación que en el barco
solucionan alquilando cámaras preparadas, así que os pongo algunas fotos de lo
que ellos pudieron ver, que no es que sea mucho más de lo que se puede ver
haciendo snorkel al lado de la playa pero la sensación de estar bajo el mar es
lo que da otra sensación y dimensión, aparte de ser un coral menos trillado
por los turistas y de encontrarse más peces, en aguas más tranquilas para ellos
que rodeados de decenas o cientos de aletas de plástico.
Yo decido quedarme a
esperarlos, me podría haber ido a la playa para disfrutar del baño y del
snorkel, pero tenía que estar allí recibiendo a los héroes que se habían
marchado, y que subieron con una sonrisa de oreja a oreja, parecían auténticos
meros.
La almeja gigante es el
molusco bivalvo de mayor tamaño que existe, dicen que es un plato exquisito pero está en
peligro de extinción y se encuentran protegidas.
Los submarinistas tienen la suerte de ver a
Nemo y un hermano, pero es difícil controlar los movimientos, respirar,
aguantar el dolor de oídos y hacer fotos al tiempo, bastante es que al
fotógrafo algunas le han salido francamente bien (y no creo que sea amor de esposa). ¿Los véis?
Espero que os haya gustado esta excursión, y que aparte de reíros de mí y mis episodios submarinos, hayáis disfrutado con la majestuosidad y la belleza de la Gran Barrera de Coral. Pero todavía no hemos acabado, que seguimos anclados en el cayo coralino.