21 de noviembre de 2011

Australia - Cairns - Wooroonooran National Park - Josephine Falls


Ella Josephine, yo Jane

Hoy nos vamos por la Bruce Hwy en dirección sur desde Cairns, pasando por las plantaciones de caña de azúcar y sus factorías. En las poblaciones se ven las construcciones denominadas queenslanders, que son las típicas sobre pilotes que ya vimos en Vietnam y Camboya, pero al contrario de las de estos países aquí tienen colorido en sus fachadas y se nota que la vida no es de tanta penuria. La razón de estas construcciones en todos los países es la misma, las fuertes lluvias, los ciclones y las inundaciones. 

Aparte de la caña de azúcar, como zona tropical que es esta región de Queensland también hay plantaciones de plátanos. 



Entramos en el Wooroonooran National Park, un bosque tropical (rainforest) de grandes árboles.


Al mirar hacia arriba se contempla por supuesto la inmesidad arborícola, que en ocasiones parecen árboles despeinados, como si los hubiéramos pillado sin tiempo a arreglarse, y es que hace poco la zona sufrió inundaciones terribles y los efectos son palpables, a lo bajo y a lo alto.


Para ver la altura de estos árboles nada mejor que comparar con algo, aunque este algo sea pequeño, exactamente para que así las comparaciones sean casi perfectas, de metro y medio.


Pero no todo lo que contemplamos es una maraña de ramas, también hay composiciones artísticas en verde (algo así como árboles con tirabuzones). 


En el paseo nuestra guía nos incita a subirnos a un tronco y casi a colgarnos de uno de esos tirabuzones, una liana, todos pasamos por la experiencia con mayor o menor fortuna. En mi caso estoy a punto de caerme ante el susto y las risas de los demás, aunque ellos no son los únicos que se ríen, que yo misma lo hago en previsión de la  caída que puedo tener.


El camino conduce hasta las Josephine Falls, una pequeña cascada que en su bajada va formando pozas en las que se puede nadar si el tiempo acompaña, aunque el agua está completamente helada como para hacerlo.



Cuando el agua corre fuerte incluso se puede jugar a deslizarse por las piedras, muy deslizantes, como si fuera un tobogán, pero hay carteles que avisan de que se tenga cuidado, que se pueden producir accidentes. 


Hay tres plataformas a distintos niveles para ver a Josephine, sus saltos, sus piedras y su pequeñas lagunas, en un camino que no es nada largo. 



Hemos venido preparados con el bañador por si nos podíamos dar un baño pero la temperatura del agua era puro hielo (más apta para hacer cubitos y tomarse un whisky on the rocks que un baño) y la del ambiente tampoco era lo suficientemente calurosa como para ayudar a la incitación, pero el lugar en primavera-verano tiene que ser idóneo para un chapuzón (me imagino el lugar lleno de gente). 

En los baños del aparcamente, nuevamente ecológicos y reciclables como en el Parque Nacional de Uluru y Kata Tjuta, un letrero curioso sobre la tapa del inodoro: “If you haven’t eaten it, please don’t drop it down the tube”. 

19 de noviembre de 2011

Australia - Cairns - Gran Barrera de Coral - Michaelmas Cay


Abajo sin periscopio


En esta mañana de ajetreo continuo, submarinismo y snorkel, volvemos al barco, a las 13 h tenemos cita para tomar un "semibarco-semisubmarino", de nuevo el temor se apodera de mí, ahora iremos encerrados bajo el mar, esto me gusta bien poco, porque además iremos con más gente, lo que se dice sardinas enlatadas…afortunadamente hay dos factores favorables: primero, que entramos los últimos, de los primeros hubiera sido completamente imposible para mí, segundo, que no se sumerge del todo, la parte de atrás sigue abierta al exterior, con lo que veo la luz y la escapatoria desde donde estamos sentados, tan cerca de esta entrada-salida. 


Si bien este "semibarco-semisubmarino" es un medio ideal para disfrutar de la barrera, para verla muy bien, a ella y a los peces que habitan en ella, no es el mejor medio para la fotografía porque los cristales están muy rayados y es casi imposible hacer alguna foto en la que se vea algo, aparte del movimiento, que no va rápido pero cuando menos te lo esperas da un quiebro, bien para proteger los corales bien en busca de ellos y de la vida en ellos. 



Es bonito ver a la tortuga como nada, por un lado parece que es algo torpe y por otro que es una verdadera artista acuática.


Con este pequeño viaje, del que no han salido más fotos interesantes y visibles, se han terminado las actividades del día, que hemos ido al trote pasando por ellas, menos el rato de espera de los submarinistas, pero también se ha terminado el turno de comida, nos hemos quedado los tres sin ella, pero nuestra guía estuvo atenta y a regañadientes de los encargados del buffet separó tres platos para nosotros,  a los que nos lanzamos como fieras devoradoras. Gracias Alda. 


Ahora sí parece que podremos disfrutar de la navegación de vuelta a Cairns, pero de repente otra vez a correr, unas ballenas se ven a lo lejos y todo el mundo está arremolinado en el exterior con las cámaras disparando y los ojos buscándolas. Como no es un crucero de avistamiento de ballenas no nos acercamos, pero nos recuerda a nuestras ballenas neozelandesas y sonreímos (a pesar de que mi experiencia en esta ocasión no fue la mejor, y es que el medio marino y yo parece que no estamos en sintonía, pero a esta historia llegaremos en otra ocasión). Esta cola de ballena es más difícil de encontrar que Nemo. 



Ahora sí se va terminando el crucero y toca el sparkling wine para brindar por la feliz travesía (me lo tengo que hacer mirar esto en los viajes, que siempre salgo con copas cuando repaso las fotos). Cyril se acerca a los dos buceadores para entregarles un diploma, y yo le pregunto que si para las cobardes no hay ninguno, a lo que me responde que tengo derecho a una foto con él, ha salido cachondo el amigo.


El paisaje que nos espera en tierra es un nuevo mar, en este caso un mar de montañas verdes, bosques de gran inmensidad. 


Volvemos al hotel y quedamos la mitad del grupo en la piscina para un baño, pero la única que lo hace en la piscina, soy yo, que en compañía de un japonés nos dedicamos los dos a hacer largos, mientras el resto se relaja en el jacuzzi…y es que el agua de la piscina estaba mucho más allá de la sensación de fría. 


Siempre hay tiempo para la fotografía, sobre todo si el agua fría espanta y las burbujas no apetecen. 





Para la noche quedamos para cenar los españoles, los italianos hoy no se apuntan, lo haremos en un restaurante italiano localizado en una zona que las noches de verano estará muy animado porque está junto al paseo marítimo, en el Pier Marketplace.


Cuando salíamos del hotel para hacer unas compras de souvenirs (algo más ques simples recuerdos) nos encontramos con nuestra guía que iba a la farmacia, y como nosotros ayer tuvimos que pasar por ella (tres ciudades, tres farmacias, hemos hecho un pleno al quince en este viaje) porque mi marido tenía o un proceso gripal o una alergia, la acompañamos. Un aplauso para la señora que nos atendió, a mi marido le preguntó de todo, en inglés, antes de darle cualquier medicamento para quitarse al enfermo español rápidamente.

A la hora convenida nos encontramos en el restaurante y esta noche me doy un festín de pescado y marisco.


En este paseo hay una laguna de agua salada artificial con playa, aunque la soledad por el lugar no acompaña para excursionar a estas horas, poco gente y oscuridad son malos compañeros aunque la ciudad parece tranquila. Como su nivel depende de la marea ahora está baja de agua. 


Bien cenados nos vamos a dormir con una gran sonrisa, yo a pesar de no haber conseguido hacer submarinismo estoy contenta por haberlo intentado, son las sorpresas que forman parte del viaje, en este caso superaciones personales inimaginables. 

16 de noviembre de 2011

Australia - Cairns - Gran Barrera de Coral - Michaelmas Cay - Snorkel


Bajo el mar

Los submarinistas suben felices y nos da tiempo, poco pero algo tenemos, de ir a la playa, ahora me toca a mí ver los corales, que desde el barco ya se intuyen, aunque no con tanta tranquilidad como la ha hecho mi marido. En la playa somos un mundo de aletas y tubos, aunque afortunadamente muchos de los turistas se han retirado al barco a comer. 

Antes de volver a ver una colección de corales vamos a saber algo más de ellos.


El arrecife está formado por organismos muy simples, pólipos marinos celentéreos, que forman colonias en las aguas cálidas y poco profundas y ascienden buscando el sol, yal y como hacen las flores. Los esqueletos del coral son blancos, y los colores del arrecife se deben a los pólipos vivos. 

El coral no puede formarse por encima del agua ni por debajo de los 30 m de profundidad porque necesitan la luz del sol. Cuando el nivel del mar sube el viejo coral se convierte en caliza y muere, son los corales duros, naciendo un nuevo pólipo sobre su esqueleto por reproducción de células, de manera que así es como se va creando la barrera de arrecifes. Un arrecife tarda en formarse millones de años y hay partes de la Gran Barrera constituidas hace más de 18 millones de años, pero gran parte de ella data de finales de la última glaciación, hace unos 15.000 años. 

Los cayos coralinos son islas formadas cuando los esqueletos de corales y otros detritos, como conchas, se exponen al aire y gradualmente quedan reducidos a fina arena por el movimiento de las olas. 

En el arrecife hay unas 400 especies de coral, 4.000 especies de moluscos, 800 de equinodernos, 4.000 variedades de esponjas, crustáceos e invertebrados, 12 especies de hierbas marinas, 500 tipos de alga y más de 1.500 especies de todos los colores y tamaños (ballenas jorobadas, tortugas gigantes, dugongs entre los grandes). No faltan los tiburones en estas aguas pero afortunadamente no nos encontramos ninguno.

Además del calentamiento global, necesitan una temperatura entre 17 y 28º, y la contaminación, el coral también se ve amenazado por la estrella de mar corona de espinas que se alimenta de él, aunque también se cree que ayuda a la vida en el arrecife, destruyendo el viejo coral y permitiendo la regeneración, aunque si hay proliferación de estrellas es imposible que la suma y la resta salga en positivo. 

Otros factores que contribuyen a su destrucción son las anclas de los barcos, no todos son cuidadosos, los turistas, que tampoco lo son, ya que el coral no se puede ni se debe tocar, y la sobreexplotación pesquera.

Con todo esto mal futuro parece tener el arrecife, y algunos expertos predicen que en las actuales condiciones la capa de coral del interior del arrecife puede llegar a menos del 5% en 2050. El actual ecosistema podría llegar a desaparecer, por lo que en julio del 2004 el gobierno australiano introdujo nuevas leyes, incrementando las zonas no-take, donde no se pueden capturar animales o plantas, hasta un 33,33% del arrecife cuando antes solo era el 4%.


La playa está acordonada para no entrar en el territorio de los pájaros protegidos, una gran colonia la que habita en el cayo,  piqueros creo que es su nombre, y gracioso es ver cómo cada cual, se mantiene en su lugar: pájaros por un lado, humanos por otro. Es curioso ver la fila en la orilla de la playa, mientras detrás se mantienen agrupados y amontonados, hasta asusta si se produce una rebelión. 



Con traje de neopreno, ya que se pagaron lo amortizamos hasta el final, aletas y tubo hacemos snorkel, con menos peligrosidad para mí y menos gracia para mis compañeros. 

















En cocina sería un plato gigante de spaguettis a la marinera.


Afortunadamente yo también puedo ver las almejas gigantes al natural, sin limón, y no solo en fotos.



Solo puedo decir que ha sido una experiencia única la vivida entre el coral, y que fue una lástima que no pudiera superar la claustrofobia del agua y la angustia del respirador, pero que no tiro la toalla y que mil veces que fuera mil veces que intentaría hacer submarinismo con bombona, aunque claro, si además antes hago algún curso preparatorio en España mejor, por aquello de aprovechar el tiempo en lo que tiene que ser, y si no se puede, siempre nos quedará el snorkel. 


14 de noviembre de 2011

Australia - Cairns - Gran Barrera de Coral - Michaelmas Cay - Submarinismo con bombona


Los colores del mar (Buscando a Nemo)

Estamos en Cairns, la ciudad más importante del norte del estado de Queensland, y uno de los mejores puntos para conocer la Gran Barrera de Coral, parque protegido desde 1975 y Patrimonio de la Humanidad desde 1981. El calentamiento global es uno de sus mayores enemigos ya que los corales y su ecosistema son muy sensibles a los cambios de temperatura, y también se ven amenazados por la contaminación, cualquier alteración los hace morir. 

Hay más de 700 islas en la Gran Barrera de Coral, muchas de ellas son paraísos tropicales deshabitados, y en algunas hay hoteles-resorts de lujo (un hotel por isla suele ser lo normal). La mayoría son islas continentales, es decir, las cimas de antiguas montañas costeras se convirtieron en islas al final de la última glaciación, hace 15.000 años, cuando subió el nivel del mar. En torno a las islas ha crecido el increíble mundo del arrecife de coral. 

Cairns y su barrera están demasiado masificadas, aunque nosotros no estuvimos mal ni en la ciudad ni en la barrera supongo que por ser invierno (no en temperatura), por lo que se van abriendo nuevos centros turísticos más al norte, más vírgenes y con mejores zonas para disfrutar del espectáculo coralino, como Port Douglas. 

La ciudad comenzó como un campamento de pescadores de pepinos de mar (suena a risa el nombre) en la década de 1860, y su crecimiento se debió al hallazgo de oro y estaño en las cercanas Atherton Tablelands, estableciéndose como ciudad en 1876. Hasta la década de 1980 era principalmente una ciudad azucarera y una tranquila población de pesca pero a partir de esta fecha surgió el auge del turismo y se perdió la paz en pos de la economía.

Los europeos llegaron por primera vez al norte de Queensland cuando el capitán Cook se vio obligado a atracar allí el Endeavour dañado y encallado por los arrecifes en 1770. La isla en la que encallaron fue bautizada como Magnetic Island, ya que la brújula enloqueció al pasar junto a ella y creyeron que era magnética.

Por supuesto la excursión que realizamos esta mañana es a la Gran Barrera de Coral, que comienza junto al Trópico de Capricornio y cubre 2.092 km hasta el Cape York  hasta llegar frente a la costa de Papúa Nueva Guinea. La Gran Barrera es más grande que la Muralla China y es el único elemento vivo visible desde el espacio, siendo una de las siete maravillas naturales del mundo (recientemente ampliada la lista). Aunque se le mencione como un solo arrecife en realidad son más de 2.900 que cubren casi 233.000 km2. Toda la barrera es una maraña de corales y aguas poco profundas que para los primeros exploradores fue una pesadilla. 

La mejor temporada para visitar la Gran Barrera es entre mayo y octubre, porque el resto del año aparecen las mortales medusas box jellyfish, hecho por el que las playas se protegen con redes especiales intentando evitar que pasen a zonas de baño. 

Vamos hacia el puerto, con barcos ya llenos de turistas listos para zarpar y otros llegamos en tropel para subir a los que nos corresponden, en nuestro caso, y creo que la mayor parte de ellos eran de este clase, un catamarán de la empresa Ocean Spirit Cruises.



Este es nuestro capitán, que más parece un niño vestido para la primera comunión (sorry captain). 


La navegación es tranquila, pero no tenemos mucho tiempo de contemplar el paisaje, estamos atendiendo las indicaciones de Cyril en español, nos cuenta que es lo qué se va a hacer y sobre todo qué es lo que se puede hacer…y estamos muy atentos. 


Y comienza la vorágine, la loca de la colina, o sea yo misma, decide que va a intentar practicar submarinismo, no snorkel, sino sumergirse con bombona, lo que le produce un miedo rayando el terror y una claustrofobia inimaginable, pero si estoy allí, ¡en la barrera de coral!, que menos que intentarlo. 

En Madrid lo habíamos hablado, yo había leído sobre la posibilidad de hacerlo sin realizar un curso antes y de tener el diploma como se exige por precaución, y que seguramente no lo haríamos, pero una cosa es pensarlo en frío y otra en caliente, allí al lado de ese mar azul que te incita a conocerle. Así que ante el hecho de que me voy a apuntar mi marido también lo hace, en un fifty-fifty para acompañarme (me conoce a la perfección, a mí y a mis miedos) y por curiosidad, a él le van más los animales, la naturaleza y las emociones y aventuras de riesgo aunque siempre soy yo la que da el primer paso. 

Hablamos con Cyril, afortunadamente su castellano es espléndido, lo habla y lo entiende a la perfección. Yo necesito saber en qué consiste y sobre todo necesito saber si consigo sumergirse y una vez allí me asfixio ¿cómo narices salgo? ¿puedo hacerlo cuando y como quiera?, para mí es lo más importante, si se me cuaja la mente se me cuajará el cuerpo y quiero saber cómo se sale.  

Con una paciencia de santo, somos siete personas interesadas, cinco de nuestro grupo y una pareja de italianos, le acribillamos a preguntas que va contestando con tranquilidad y sabiduría, se le notan las tablas en el asunto y con los novatos. Y sí, dice que si me arrepiento abajo puedo subir y abandonar la misión, ufffff, esto me tranquiliza algo pero tengo una bola en el estómago entre nervios y emoción. 

Tenemos que rellenar un pequeño cuestionario sobre nuestra salud, para que él lo valore y sobre todo si mentimos sobre algo que pueda ser perjudicial para nosotros será nuestra culpa y su exoneración ante cualquier problema, aunque creo que esto tendría sus lagunas legales, porque siempre había leído que el submarinismo amateur está completamente prohibido, aunque sea a poca profundidad y en teoría con pocos riesgos. 

Uno del grupo tiene un pequeño problema asmático, es alérgico y esto le produce asma, pero no es asmático crónico; ante esto Cyril y sobre todo, ante la propia preocupación del interesado, llama a un médico a Cairns para que le aconseje, y la respuesta es no, prefiere evitarse el problema, con lo que él y su pareja deciden abandonar la expedición. Quedamos cinco, que iremos en dos turnos, a las 11 comenzamos tres: mi marido, un compañero de tour y yo misma. ¿Qué estoy haciendo?. 

Vamos a contrareloj en todo. Tenemos que elegir unas aletas entre cientos de ellas, y unas gafas con tubo (el tubo por supuesto no para sumergirse ahora) que se nos ajusten bien, abajo no podemos tener problemas con ellas. 

Y lo más importante, tenemos que elegir un traje de neopreno, la temperatura será más fresca, bajaremos entre 8 y 10 m (solo de pensarlo me da más claustrofobia aunque sea todo un mar abierto, pero estará encima de mí) una media hora. Aquí hay stress mucho stress, me dan un traje (previo pago de alquiler, que no recuerdo el coste) de la talla 3, ¡cielos, todas estas carnes no entran allí!, con lo que tras una lucha con el traje y mis muslos tenemos que pasar a la talla 4, pero esta talla me sobra, tanto en estos muslos jamoneros como de hombros, que parece que me hayan colgado de una percha, así que tenemos que volver a la talla 3, y afortunadamente caigo en manos de una ayudanta que decide enfundarme en él cual morcilla y que lo consigue. ¡Aleluya, tengo traje!. 

El barco fondea frente a Michaelmas Cay, a 42 km al noroeste de Cairns, donde viven más de 30.000 aves (ya las veremos, no sé si a las 30.000 porque no las conté). 


Los pasajeros que no hagan submarinismo pueden desembarcar en el cayo para bañarse o hacer snorkel. 


Nosotros tres a las 9.30 h más o menos tenemos la primera cita con Cyril, nos tiene que dar unas nociones básicas para la inmersión. Yo intento estar atenta pero son demasiadas cosas para esta mente abotargada, voy tomando nota y preguntando y repreguntando al tiempo que miro a mi marido que me tranquiliza algo con su mirada, parezco más tonta de lo que soy. 

Cyril nos enseña signos básicos: nos preguntará abajo que tal estamos, con el pulgar hacia arriba le indicaremos que bien, y si no va bien moveremos la mano como aflojando una bombilla pero en horizontal. Primer problema que me plantea, bajamos juntos, subimos juntos, que es normal porque no puede dejar a novatos abajo mientras él sube con otro, pero claro, esto es condicionar a mis compañeros de buceo si como preveo según bajo me da por subir. 

Con la bombona y el respirador en sus manos comienzan las clases técnicas: si nos pitan los oídos soplaremos con fuerza para soltar presión, como en los aviones; si se nos empañan las gafas las apretaremos por la zona del entrecejo; si nos entra agua en el respirador (¿cómo? ¿agua en mi instrumento de respirar allí abajo?, se aprieta para que salga)…ya no sé que tengo que hacer cuando, me tiemblan las piernas. 

Terminada la clase tenemos tiempo hasta las 11, pero me surge un nuevo problema, yo necesito ir al baño, no quiero contaminar la barrera de coral y estoy que me meo todita toda (no es una fineza contar ciertos actos pero los hechos fueron así), así que me tengo que quitar el traje que con tanto sufrimiento consiguió ponerme la ayudante eficaz, o que con tanto sufrimiento estas carnes consiguieron entrar en él, pero no hay de otra, es una cuestión ineludible. De nuevo a contrarreloj una vez saciada la necesidad primaria, hay que volver a amorcillarme en el traje, todos luchan con coraje y valor para lograrlo, por un momento parecía que no era posible y yo prefería buscar a la que lo consiguió ella con solo dos manos en lugar de con ocho recorriendo mi cuerpo, pero al final sus ganas y sus fuerzas consiguieron subir la cremallera, una vez que han conseguido encerrar mis muslos el resto es fácil (una liposucción ya, urgentemente). 

A las 11 h nos encontramos con Cyril para comenzar, es hora de poner en práctica los conocimientos teóricos. Allí estamos con nuestro equipo y con esos conocimientos adquiridos en poco más de cuarenta y cinco minutos, pero con muchas ganas, nerviosas pero ganas.

Lo primero que te ponen es un cinturón de pesas, ¡cielos, plomo para hundirnos!, esto parece una película de mafiosos, y madre mía ¡cómo pesaba aquello!. Una vez con el cinturón todos, a sentarnos con los pies sobre el mar y a colocarnos las aletas, ¡cielos! exclamo de nuevo, que flexibilidad y control hay que tener para no caer al agua. Ya colocados en nuestros puestos de lanzamiento nos colocan la bombona, ¡más peso!, pero ¿de verdad voy a flotar?. Y patos al agua, pero esta labor no es nada fácil, todo el peso en la espalda te hace tirar hacia atrás en lugar de hacia delante, con lo que parecemos patitos despistados moviendo el culo y balanceándonos hacia delante para caer en el agua.

Primera fase superada, se flota aunque agarrados a una barra. Es hora de poner en práctica la teoría, teoría que es repetida nuevamente por Cyril. Toca sumergirse sin soltar la barra,  es lo justo para ir probando el respirador e ir tomando conciencia de lo que es y lo que espera. Nada más meterme no respiro, no es que me entrara agua es que no era capaz de hacerlo, tenía la mente tan bloqueada que no era capaz de respirar, con lo que tengo que salir. Mientras mis dos compañeros como peces en el agua tan tranquilos.

A contar, uno, dos, tres….ya, vamos a intentarlo otra vez Maca. Ahora sí, el aire me entra en los pulmones y esbozo una pequeña sonrisa para mí misma, me concentro en los pequeños peces que hay a nuestro alrededor, muy pocos, y sobre todo en un pez muy grande, he conseguido liberar mi mente de estar preocupada en la respiración y esta se realiza de forma natural. 

El siguiente paso es bajar un escalón más en la barra-escalerilla bajo el mar, hasta el momento estábamos casi en la superficie, y aunque no es mucho, para mí es más de un escalón en medida física, mi medida es mental. Pero allá vamos, de nuevo en el primer intento problemas, tengo que buscar a mi pez tranquilizador y volver a relajarme, cosa que consigo, parece que esto funciona, aunque tengo mis bloqueos esporádicos. Mis dos compañeros de aventura son unos fieras, llevan sumergidos casi todo el tiempo y tan felices, les estoy retrasando y me siento culpable. 

Cyril está atento a nuestros movimientos, como lo está el equipo en la superficie. De nuevo arriba, nos recuerda las instrucciones de los oídos, las gafas, el agua en el respirador y tenemos una nueva instrucción: desde el segundo escalón vamos a jugar a quitarnos el respirador y volver a ponérnoslo, ¿pero esto qué es?, ¿jugar así con mis sentimientos de pavor?. Esto para mí tiene dos lecturas: una es para que entre agua en el respirador y ser capaces de sacarla, y la segunda, que él no la cuenta pero que ya hemos visto en películas (vale, sé que el cine ayuda y "desayuda" y que hemos visto demasiado) y hay que preveerlo, es que si nuestra bombona o respirador falla él se encargaría de pasarnos el suyo, y para ello debemos estar preparados y mantener la calma, ¿calma, qué es eso?. 

Ale, abajo de nuevo, un ratito para acostumbrarnos otra vez, y Cyril se planta frente a nosotros de uno en uno. Primero con  nuestro amigo, un joven canario, que lo hace todo correctamente, luego me toca a mí, estoy asustada completamente (el adjetivo es otro que por respeto no utilizo pero que muchos de vosotros sabréis utilizar), los oídos bien, las gafas bien, la señal de bien bien, pero toca quitar el respirador y con la cabeza, las manos y los ojos le digo que no (ahora lo pienso y visualizo y me parto de risa porque parecía una comedia mala), pero al final lo hago, cuando tengo el respirador fuera me asfixio, pienso en toda esa agua encima de mí si consigo bajar, si no soy capaz de mantener la calma, si no respiro, pienso en mi marido que lo pasará peor que yo, en el compañero que se llevará un susto de muerte…en definitiva no más de diez segundos en los que la mente trabaja como si fueran diez minutos, al ponerme el respirador no respiro, con lo que decido subir y abandonar la tarea, no es cuestión de retrasar más a mis compañeros. 

Mi marido mientras tanto me miraba entre "me muero de risa" por el espectáculo que estaba dando al decirle a Cyril que no respiraba bajo el mar tan efusivamente, algo triste sabiendo que me marcharía con las ganas que tenía, y algo alegre también ya que  conmigo abajo él no hubiera disfrutado como lo hizo, hubiera estado pendiente de mí (o eso creo). 

Abandono el intento y la expedición con mucha tristeza, porque estoy segura que con Cyril lo hubiera conseguido, este chico sabe lo que se trae entre manos, como enseñar, tranquilizar y a quién tiene en el mar, es un psicólogo a golpe de mar y de bombonas. Me he quedado con las ganas pero no desisto de volver a intentarlo, realizar un curso con más calma, no tan apresurado, para que mi mente y mi cuerpo se acoplen al medio, yo siempre he sido buena buceadora con buenos pulmones sin aparatos, con lo que si dependo de algo artificial todo debe ir mejor. 

Lo que no he escrito en los datos personales es que padezco de claustrofobia, no en un grado extremo pero sí lo justo como para tener mis pequeños episodios que soluciono saliendo de ascensores llenos o concentrándome en los transportes públicos atestados para no perder los nervios. Otro momento de viaje con claustrofobia fue la imponente visita a los túneles de Cu Chi en Vietnam. 

Cyril me preguntó si estaba segura, ya había abandonado en el primer intento y él me hizo continuar, pero esta vez notó que mi gesto era firme. Salir por la escalerilla con todo ese peso fue tremendo, pero allí estaba el equipo de submarinistas para ayudarte a no caer de nuevo al agua y quitarte todo el instrumental. Nada más irme yo los tres se marchan de excursión submarina, están preparados para ello. 

A partir de aquí solo puedo contar la experiencia de mi marido, que se lo pasó genial, era un niño descubriendo el mundo de Nemo y sus amigos, no estaba en el sofá de casa viendo un documental, él estaba allí. Por supuesto que él también quiere más, quiere repetir y hacer nuevas inmersiones en nuevos mundos. 

En Madrid habíamos comprado una cámara acuática pero solo hasta los 3 m, lo justo para hacer snorkel, pero esta no valdría para la inmersión de 8 a 10 m, situación que en el barco solucionan alquilando cámaras preparadas, así que os pongo algunas fotos de lo que ellos pudieron ver, que no es que sea mucho más de lo que se puede ver haciendo snorkel al lado de la playa pero la sensación de estar bajo el mar es lo que da otra sensación y dimensión, aparte de ser un coral menos trillado por los turistas y de encontrarse más peces, en aguas más tranquilas para ellos que rodeados de decenas o cientos de aletas de plástico. 

Yo decido quedarme a esperarlos, me podría haber ido a la playa para disfrutar del baño y del snorkel, pero tenía que estar allí recibiendo a los héroes que se habían marchado, y que subieron con una sonrisa de oreja a oreja, parecían auténticos meros. 











La almeja gigante es el molusco bivalvo de mayor tamaño que existe, dicen que es un plato exquisito pero está en peligro de extinción y se encuentran protegidas.



Los submarinistas tienen la suerte de ver a Nemo y un hermano, pero es difícil controlar los movimientos, respirar, aguantar el dolor de oídos y hacer fotos al tiempo, bastante es que al fotógrafo algunas le han salido francamente bien (y no creo que sea amor de esposa). ¿Los véis?


Espero que os haya gustado esta excursión, y que aparte de reíros de mí y mis episodios submarinos, hayáis disfrutado con la majestuosidad y la belleza de la Gran Barrera de Coral. Pero todavía no hemos acabado, que seguimos anclados en el cayo coralino.