12 de febrero de 2012

España - Madrid - Restaurante La Terraza del Casino de Madrid

Elegancia, color, sabor y originalidad

Como regalo de boda para unos amigos nos pareció una buena idea una cena en el Restaurante La Terraza del Casino de Madrid, por varios motivos, aparte del placer mismo de la gastronomía. 

El Casino de Madrid nació en 1836 por iniciativa de un grupo de tertulianos que se reunía en el Café de Sólito, citado por Fígaro (Mariano José de Larra) en sus artículos de costumbres, que se hallaba en la esquina donde ahora se encuentra el Teatro Español (calle Príncipe, 25). Los fundadores alquilaron al dueño del café la primera planta del edificio y constituyeron formalmente la sociedad en enero de 1837. 

El general Fernández de Córdoba, que se ocupó de las primeras gestiones, explicó en sus memorias que habían elegido el nombre de Casino, que se utilizaba por primera vez en España, y no el de Sociedad o Club, para "alejar de aquel centro toda significación política". 

Tras varios cambios de sede, los socios decidieron a principios del siglo XX construir su propio edificio en la calle Alcalá, según un proyecto que sintetizaba las propuestas presentadas a concurso por los más célebres estudios de arquitectos de la época. El jurado resolvió comprar varios proyectos que los Farge, prestigiosos arquitectos, refundieron en una sola idea. La dirección de las obras corrió a cargo de José López Sallaberry, socio del Casino y uno de los mejores arquitectos de la época, a quien se deben las brillantes soluciones de la entrada, la escalera de honor y el Salón Real. 

Su estilo corresponde a la época en la que el modernismo hacía furor en Europa. Fue declarado Monumento de Interés Cultural en 1993. 

Con esto queda claro que una buena razón para ir es el propio edificio del Casino de Madrid. Como la noche que elegimos para cenar coincidió con una de las más frías que hemos tenido en Madrid, no nos paramos a hacer fotos de su fachada y entramos lo más rápido posible para no quedar estatuas de hielo en el exterior. 

La sensación que produce al entrar la definiría como decimonónica, tanto por la decoración como por el ambiente. Es dar un pequeño salto en el tiempo en el que casi nos podrían haber surgido vestidos con encajes y cuellos de azabache a las señoras y smoking y pajaritas a los caballeros. Se nota el paso del tiempo pero al tiempo está todo impoluto, pero es que el tiempo se tiene que notar, como se nos tiene que notar a las personas, nada de bótox solo limpieza y orden. 



En el Patio de Honor destaca la escalera, diseño de José López Sallaberry y obra del escultor romántico Ángel García Díaz y la amplia claraboya, que un día con un sol tiene que iluminar el espacio de luz y alegría, pero por la noche todo tiene una magia muy especial.



Una pena no poder perderse por los salones escondidos (tengo que informarme si es visitable para el turismo porque hasta donde yo conocía hace unos años no era posible), en su lugar dejamos nuestros abrigos en la guardarropía de la planta de acceso y tomamos el ascensor de madera con un banco forrado de terciopelo en su interior. Pero entre sacar la cámara y montarla llegamos al último piso y no dio tiempo a hacer la fotografía que le correspondía.

El restaurante consta de varios salones y una terraza, las mesas están dispuestas amplias y sin aprovechar los espacios para colocar más, cosa que siempre resulta incómoda. Otro detalle es que a los comensales nos han ido disponiendo para tener independencia y conversaciones lo más privadas posibles, aparte de la ventaja de no molestarnos demasiado los unos a los otros.


Varios detalles a mencionar, por un lado un gran espejo inclinado en una de las paredes, tapada con un cortinaje (difícil no captar comensales o al eficaz servicio)


En los techos unas grandiosas e impresionantes lámparas, a cuyo alrededor había unos "platos" decorativos que al tiempo contrarrestaban con su modernidad el clasicismo de la sala.


Nuestra mesa ya está preparada, con unos sillones cómodos para disfrutar de la comida, la magia y el espectáculo de la cocina.


Se puede elegir entre varias opciones: a la carta, un menú de degustación corto o un menú de degustación largo; por supuesto, ya que estamos aquí hay que ir a por todo, así que el largo y a disfrutar.

El restaurante está asesorado por Ferrán Adrià, y ya que no hemos podido ir a su restaurante, El Bulli, y no podremos hacerlo por su cierre sorpresivo, nos pareció una buena idea conocerle a través de uno de los cocineros que aprendió y trabajó con él, aunque tiene vida propia en los fogones, Paco Roncero, que con este restaurante ya ha conseguido dos estrellas Michelin.

Mientras esperamos a nuestros amigos acompañamos la espera con una copa de vino y unos chips de verduras, chips me me hacen sonreír porque yo los he hecho en casa y aunque suene presuntuoso no tienen nada que enviar a los de Paco.



Ahora comienza la fiesta, porque sí, es una cena, pero también es una auténtica fiesta de todos los sentidos, con un cocktail: Pasión, menta y café, que preparan en una mesa auxiliar para que disfrutemos del espectáculo del nitrógeno líquido: esto es magia.


Y este es el resultado, que aunque el maître nos avisó que no sería muy alcohólico a mí si me lo pareció, que no tengo nada en contra del alcohol, es más creo que lo tengo todo a su favor, pero me pilló desprevenida. Además o mi vasito no quedó con el resultado perfecto o es una cuestión de gusto, ya que mi copa no quedo unificada, sino que el licor (ahora no recuerdo si era el de la pasión o también mencionaron el curaçao) quedo flotando.


La primera parte del menú consiste en snacks, y el primero de ellos está concebido para la sonrisa, aparte de ser un clásico entre los clásicos pero en versión actualizada y sin necesidad de mancharse: mantequilla de aceite.


Sobre la lámina fina de hojaldre (en sustitución del pan) unas hojas de berros. Fácil y divertida la tarea de exprimir la mantequilla del tubo tal cual fuera pasta de dientes y extenderla (a gusto del consumidor porque el tubo tiene mucha cantidad).


El siguiente snack es una combinación de varios de ellos presentados en una tabla. Preguntamos si había alguna sugerencia para comerlos y la respuesta fue que no, así que nos guiamos por la intuición. Creo que con los nombres se puede adjudicar con facilidad lo que es cada snack: magdalena de boletus (impresionante, ¡quiero la receta!), falsa espardaña (realizada con algas y cubierta con una espiral de arroz inflado), galleta de tomate y pesto (explosión de sabor en la boca) y un pequeño caramelo de parmesano (si, las clásicas piruletas de este elemento que han corrido por la gastronomía, ahora en tamaño mini).


En el centro un pequeño bol con chips de polenta con vinagre en polvo (recuerda al pan de gambas de los restaurantes chinos pero no tenían un sabor muy definido, para mi gusto mejor los chips de verduras, aunque con estos de polenta se puede uno comer un bol grande sin darse cuenta).


En una bandeja un camarero nos acerca el siguiente snack, que tenemos que coger con nuestros dedos (detalle incluso a agradecer que no todo lo elegante es cuchillo y tenedor): ruibarbo a la pimienta. Estaba muy frío, casi congelado pero tenía un sabor muy refrescante y nada picante, a mí me pareció más un golpe de sal que de pimienta.

Por mi parte también comentar que toda una vida escuchando en las películas que los americanos elaboran pastel de ruibarbo y en esta cena me entero finalmente qué és, una verdura, y además a lo que sabe, que aunque su apariencia es como de apio muy blanco no tiene parecido a éste en sabor.


Es el momento de hacer un inciso en el tema de la bebida, ya que también nos decantamos por un maridaje, que comenzamos con una manzanilla muy fresquita y muy rica, La Bota 22. 

El siguiente snack para mí es de premio, un clásico mexicano adaptado a las nuevas presentaciones y texturas: guacamole con kikos (de nuevo ¡quiero la receta!). Es increíble lo que se puede hacer con ese aperitivo tan socorrido como son los kikos, aunque claro supongo que estos no son de bolsa comercial sino elaborados en "casa". 


El último de los snacks es una tempura de erizos de mar, que es una completa explosión de un sorbo de mar en la boca y en el paladar. Maravilloso, y eso que a mí el mar no me gusta para beberlo ni para bañarme, sólo para contemplarlo. 


No es que en la foto falte uno de los erizos, es que nuestra amiga está de pruebas de alergia por el pescado, y un detalle a agradecer fue la fantástica predisposición a ajustar el menú a su circunstancia. A ella le tocó en suerte (porque probar estos platos es una auténtica suerte) un snack de pipas de girasol y pipas de calabaza, que no pudimos probar porque si lo reparte se queda sin su manjar, pero dio fe que estaba riquísimo. 


La segunda tanda del menú son los tapiplatos, cuya composición es más contundente, con una mezcla de lo que en un menú normal serían primeros y segundos platos, alternándolos de forma curiosa, y escribo curiosa porque seguramente yo no los hubiera presentado en este orden, pero mi concepción todavía es demasiado clásica a pesar de mis cortos avances, y aquí se trata de romper, aparte de que con total seguridad están bien estudiados para ir alternando los sabores y que el paladar los pueda disfrutar. 

De nuevo un alto en la comida para concentrarnos en la bebida. Consumida la botella de manzanilla hemos pasado a un blanco verdejo, El Perro Verde, perro que apuntamos en la memoria (física y virtual) para que forme parte de nuestra casa. 

Se comienza con un sashimi de pulpo con frutas, soja y jengibre. Para mí, pero solo para mí, que esto también es personal, el que menos me gustó, y es que el jengibre tiene un sabor muy fuerte, pero para colmo alguna de las láminas de pulpo me resultó inmasticable (lo que me traía recuerdos de una grandiosa escena de la serie de Mr.Bean, cuando en un restaurante de postín se pidió un steak tartare sin saber qué era...)


Esta fue la única ocasión en que a nuestra amiga no le pudieron ajustar el menú, pero no os preocupéis, que el sashimi no se quedó en el plato, fue convenientemente degustado por su marido. 

Ensalada de almejas y alcachofas, las primeras espléndidas y las segundas presentadas en una pasta con un sabor impresionante a verdura fresca y tierna. 



A nuestra amiga le cambiaron este plato por un huevo a baja cocción (otra de esas recetas que quiero y necesito) sobre un caldo de verduras (no lo recuerdo pero el color así me lo hace sospechar). Además va acompañado de un pan tostado que parece decir: "pónme el huevo encima y zámpame".


Ñoquis al pesto con sepietas, plato del que solo tengo alabanzas. La sepieta muy rica pero esos ñoquis estaban espectaculares, textura y sabor impresionantes. 


El vino de Rueda nos ha entrado muy fácil y es hora de comenzar con los tintos, en primer lugar un Pico Maccario 2008 de Italia para acompañar a unos guisantes a la catalana. Con este plato sonreí porque una amiga que ha tenido la inmensa suerte de comer en El Bulli ya me los presentó (en foto claro), y la gracia del plato es que por una parte hay guisantes que saben a guisantes, y por el otro hay falsos guisantes, de los que desconozco su composición, pero que no sabían a guisantes y le daban un contrapunto a los mismos. 


El siguiente plato era uno de los que más temor me producían, ya que si bien las almejas me gustan y las como, con las ostras tengo un gran problema, y es que ni me gustan ni las como, y a todos los chefs les encantan. Tenemos lasagna de ostras en tartar con crema de tuétano y aire de yema (para rematar lleva tuétano, que tampoco está entre mis manjares). 


La presentación ya impresiona, sobre todo en mi caso que no sé muy bien cómo atacar este plato, si rebuscar la ostra o tomar la cuchara y cerrar los ojos. Decido lo segundo, hay que intentar abrir la boca pero también hay que cerrar mi mala predisposición, y la sorpresa es mayúscula, uno de los mejores platos de la noche, suave, gustoso y sin un rastro de textura de ostra que me paralizara, pero tampoco hay rastro de lasagna, claro, de lo que estamos acostumbrados a llamar lasagna.


A nuestra amiga le cambian esta lasagna, muy a su pesar ya que nos miraba en esta ocasión con envidia, por unos cardos con trufa. 


Otro vino tinto llega a la mesa, un Parfan 2004, que acompaña muy bien al Royal de foie con lentejas y ceps, plato que nuevamente tiene mi rechazo, y es que soy de gustos campechanos parece ser, y el foie no forma parte de ellos, como no lo forman las ostras. Aún así lo intenté y comí, pero en este caso aunque el sabor era maravilloso mi rechazo psicológico al foie hizo que no lo disfrutara y no lo terminara, pero para aquellos que os apasiona el foie y su mundo, este plato será una auténtica delicia.



Volvemos a encontrarnos con el pescado, ahora un rape con pisto en texturas, todo muy rico, el rape en su punto de cocinado y esas texturas del pisto para haber tenido más tiempo y menos vino en la cabeza para saborearlas mejor. 


A nuestra amiga le cambian el rape por un estupendo pichón, en tal cantidad que realmente asustaba, pero que tenía una pinta de chuparse los dedos. 


Uno de los platos fuertes de estos tapiplatos es el Wagyu (ternera de Kobe) confitado a 63º con puré de patatas y seta. Nuevamente la cantidad, aunque en la foto no lo parezca, es sorprendente, y lo malo es que yo estoy llena y me cuesta comerlo a pesar de su rico sabor. Me esperaba mucho de esta carne y no fue tanto, supongo que toda la comida anterior, la hora en la que llega y sobre todo esas expectativas, fueron factores para no saborearlo en su justa medida. No lo llegamos a probar en nuestro viaje a Japón, pero si probamos la ternera de Hida Takayama y nada que envidiarle a este Wagyu, en el que al estar en presentado en taco se nota su grasa infiltrada, que es lo que le da su buen sabor y su alta calidad.


Los tapiplatos acaban con uno de esos platos divertidos, tanto en composición como presentación, palomitas de maíz. Dicho así uno se imagina un cuenco de palomitas, pero este es el juego de las texturas, y por lo tanto las palomitas presentan tres: en polvo (nos avisan de que lo mezclemos porque es muy seco y se agarra a la garganta, y así es), en helado tipo sorbete, y en crema más tipo decoración y de base. Me gusta todo de este plato, pero hay que tener mucho cuidado con ese polvo de palomitas. 


Nuestra mesa es una fiesta de copas, pero las cambiamos todas para acoger unos vinos dulces para la tanda de postres: Ordoñez Nº1 2007 y Cardenal Cisneros.

Comenzamos con una exquisita tarta de zanahoria, que hay que tener mucho cuidado al comer para que no se rompa el canutillo acompañada de una pequeña bola de helado-sorbete de zanahoria sobre un lecho de no recuerdo qué (el alcohol y sus estragos). 


El segundo postre es un bombón helado, de chocolate, crema y frutos secos, muy clásico pero muy rico, y es que el chocolate parece que siempre apetece. 



Se termina con lo que llaman las Pequeñas Locuras: un canuto de frambuesa y lima (buenísimo), un filipino de galletas, una gianduja de chocolate y menta y un bizcocho de yogurt y amaretto (muy esponjoso como ya se ve en la fotografía).


Con esto hemos finalizado la cena, que ha resultado exquisita, divertida, sorprendente, creativa con su punto clásico, y con un servicio digno de aplauso. Esta experiencia tenemos que volver a repetirla, yo intentaré brindar menos y degustar más, concentrarme más en los sabores y menos en las conversaciones, pero era una noche para tener las dosis de las dos. 


No puedo terminar esta entrada sin dar las gracias a Paco Roncero, que salió a saludarnos y me pilló de improviso hablando, con lo que al girarme me lo encontré allí pero tuve poco tiempo para reaccionar y dárselas de mejor modo, pero si le hicimos saber nuestro disfrute, y también agradecer a todo el equipo por su espléndida labor. Desde hoy, una admiradora que volverá a disfrutar de la experiencia con nuevos menús. 

10 de febrero de 2012

Australia - Conclusiones y enlaces


Australia, la gran tierra de Oz

Australia ha sido un país como una caja de sorpresas, realmente asombroso (si, amazing que es como empecé la crónica de este viaje), con una variedad de paisajes y cromática que le da un valor añadido. 

Sydney es una ciudad para disfrutarla desde y por su bahía, que le imprime su carácter tan especial y que es uno de sus valores más importantes; y sin lugar a dudas una ciudad donde vivir, que es la clasificación final que hacemos de las ciudades que visitamos, porque puede ser una ciudad increíblemente bella pero no habitable, como para nosotros sería el caso de Venecia. 

Melbourne es una ciudad british hasta la médula y seguro que por eso nos ha gustado tanto, porque Londres nos parece una ciudad bella y agradable; al igual que Sydney, incluso algo más, una ciudad para vivirla y vivir en ella.

Del resto del país que hemos tenido la suerte de conocer: Uluru es la magia hecha piedra, y sin entender su significado nos ha hechizado y nos ha resuelto dudas porque te provoca paz; la Gran Barrera de Coral es el universo del mar, de ese mar que el ser humano insiste en cargarse, y es una pena que algo tan hermoso pueda desaparecer; Kakadu es la raíz de todas las cosas, de la creación del mundo, de los paisajes infinitos, de la soledad acompañada…de la verdad y la poesía.

Lo que es complicado es hacer algún tipo de consejo para realizar el viaje, porque siempre escribiré lo mismo: lo mejor es hacerlo por libre, aunque ello signifique perderse explicaciones que no vienen en las guías e incluso tener que hacerlas en inglés porque es el único modo. A ser posible también sería bueno alternar los viajes en avión con los de carretera, para comprender y sentir mejor esa tierra y esa variedad de paisaje, por ejemplo llegar a Alice Springs cual Priscillas en autocaravana, pero para ello se necesitarían más días de lo que nosotros hemos podido estar.


Nosotros hemos estado 18 días y se han quedado muy cortos, quizás los seis primeros en Sydney pueden parecer mucho, pero dejar lugares pendientes en la ciudad, que para nosotros eran importantes, no nos  hubiera gustado, a las ciudades nos gusta conocerlas lo mejor posible para tener una valoración más completa que solo con los lugares más turísticos. Con dos semanas más se hubiera podido incluir lugares como Adelaida, Isla Kangaroo, King’s Canyon (aunque ya comenté que desde Uluru se puede hacer en helicóptero), Katherine Gorge, Litchfield National Park, Port Douglas, Daintree River, Mossman Gorge, Cape Tribulation, alguna isla de la Gran Barrera de Coral, Alice Springs, Devil’s Marble, e incluso llegar a Australia Meridional, a Perth por lo menos. 

Una relación de enlaces que pueden ser de ayuda, aparte de los que he ido incluyendo en cada capítulo, información en la red sobre el país y sus posibilidades hay mucha y muy buena, aunque la mayor parte es en inglés por supuesto. 

Fotos y datos útiles sobre las posibilidades: Go Australia

Para elegir los destinos de naturaleza del país a través de fotos y letras: Flexijourney

Parques Nacionales de Australia: National Parks  

Parques Nacionales y Medio Ambiente de Nueva Gales del Sur: Environment

Turismo de Nueva Gales del Sur: Visit NSW

Turismo de Sydney: Sydney

Patrimonio Histórico en Sydney (folletos en castellano): Historic Houses Trust 
Turismo de Victoria y Melbourne: Visit Victoria


Parques de Victoria: Parks Victoria

Turismo de Melbourne: Visit Melbourne

Parques Nacionales de Queensland: National Parks Queensland

Turismo de Cairns y la Gran Barrera de Coral: Cairns y Cairns

Turismo en Central Australia: Central Australia

Información de Arnhem Land: Aboriginal Arnhem Land

Parque Nacional de Kakadu: Kakadu y Kakadu 

He hecho una selección de la cantidad de enlaces que podréis encontrar en la red que a mi me resultaron interesantes para el viaje y espero que también os puedan ser útiles a vosotros. 


9 de febrero de 2012

Australia - Crónica de vuelo (de vuelta)


La otra media vuelta al mundo (lástima que se acabó el festival australiano)

Tras el último paseo por Melbourne os cambiamos de ropa y se cierran las maletas un poco a lo bruto, es lo que tiene ir apurados de espacio y comprar más de lo que puede entrar en ellas. Llega nuestro transporte a las 12.30 h, de nuevo es el simpático chófer que nos recogió en la llegada y volvemos a entablar una agradable y fluida conversación con él gracias a sus esfuerzos, no en vano fue profesor de inglés en Alemania, así que tablas y paciencia para enseñar, comprender y ser comprendido tiene. 

Nos pregunta si nos ha gustado Melbourne y la respuesta es “yes, of course”, y le mencionamos que su arquitectura nos ha gustado más que la de Sydney, nos ha impactado más, y que si tuviera la bella bahía de la segunda estaría completa y sería perfecta. Él nos pregunta si nos hemos acercado a los Docklands, los muelles rehabilitados pero no nos ha dado tiempo a tanto, supongo que con la rehabilitación de este lugar aparte de hacerlos útiles como en todas las ciudades y no dejar zonas deterioradas se pretende también competir con Sydney, eternas ciudades rivales me temo.

Nos acompaña al aeropuerto, e incluso nos ayuda a facturar las maletas, que afortunadamente no se pasan de peso, aunque sí en lo que se refiere a una de ellas, que no es que se pase del permitido sino que es por avisar de sus 22 kg para que los trabajadores la carguen con cuidado y no tengan problemas físicos. 

Lo primero que hacemos, aunque ya sabemos que no será posible, es acercarnos con nuestros tickets de compra a la oficina del Tourist Refund Scheme para el reembolso de impuestos pagados en el país ya que somos turistas. Y aquí son muy listos los australianos, no vale con la factura, por muchos sellos que estampen y por muy oficiales que sean, hay que llevar los objetos que se han comprado, pero ¿cómo se llevan si se han facturado? ¿los boomerangs se pueden llevar? ¿no serán considerados un arma en lugar de objeto decorativo? Aparte de este requisito algo más que curioso el más importante es que se haya efectuado una compra de más de 300AU$ en el mismo comercio. Así que no obtenemos nada, pero lo teníamos muy claro, se podría haber intentando desde el mostrador de facturación pasar la maleta antes de facturarla o que algún trabajador de esta oficina viniera a comprobarlo, pero una auténtica locura sacar los regalos de arte aborigen, que son lo que tendrían derecho, de las maletas, ya que están colocados entre la ropa para evitar posibles golpes y roturas. 

Con el didgeridoo que compramos y enviamos directamente a casa el problema ha sido otro, allí no se han pagado impuestos porque claramente es un bien que sale del país, pero hemos pagado el IVA (curioso, si no está producido aquí) al entregarlo en casa, dato este que también sabíamos porque uno de los del grupo ya nos avisó, a él le pillaron de improviso en otro de sus viajes haciendo una de estas compras de envío a domicilio. 

Tras una excursión por la terminal internacional del aeropuerto, y tras gastarnos casi los últimos dólares australianos, quedaba realmente poco y cambiarlos hubiera sido una pérdida de tiempo, nos vamos a la sala VIP a pasar media hora de espera, y nos damos alegremente a la bebida y a la comida, que ya son las 14.30 h; con el detalle que van pasando bandejas de productos calientes a menudo, que si unos muslitos de pollo, que si unas patatas fritas…


Conocemos el monstruo en el que volaremos, un Airbus 380, del que las últimas noticias que teníamos es que había  tenido que volver a Singapur de donde había salido porque uno de sus motores se había incendiado y toda la flota había tenido que ser aparcada y puesta en revisión, así que suponemos que estarán bien ya que han vuelto al trabajo y la normalidad. Lo último que se ha publicado de estos monstruos aéreos es que están saliendo fisuras en sus alas, que se van agrandando y tienen que pasar nuevamente por "pega, chapa y pintura".


La diferencia, aparte del tamaño a primera vista, que notamos primero son los fingers, que tiene varios, no recuerdo cuantos pero si que el principal luego se bifurcaba en varios, y es que para llenar este avión gigante se necesita hacerlo bien para provocar un colapso de pasajeros. 

De nuevo volamos en el piso superior, ahora con tres filas de dos. 


Nuestra butaca está preparada con la manta, en esta primera parte no nos corresponde pijama, supongo que porque es de día, salimos a las 15.30 h, pero seguro que si se solicita lo dan. 


Y sí, estoy inmesamente feliz del viaje que hemos realizado, ¡cómo no estarlo!


En el viaje de ida creo recordar que también existía la posibilidad de ver el vuelo con una cámara en la cola del avión, pero en esta ocasión tomo una foto de la pantalla. 


Ahora es cuando consigo capturar entero el vídeo de presentación de Travolta y ya puesta la pantalla del recorrido del vuelo…y es que tantas horas por delante dan para mucho o para intentar distraerse con todo.


De Melbourne a Singapur, esta será la escala y no Bangkok como a la ida, nos toca comer, con lo que vamos a conocer algo de la comida de los aviones, que no siempre es mala, lo que no es bueno es el precio para que sea mejor. De primero un King Prawn and Soba Noddle Salad with Ponzu Dressing, muy ricos los langostinos. 


De segundo un riquísimo Slow Cooked Kurobuta Pork Ragout with Kalamata Olives, Pappardelle, Broccolini and Gremolata.


De postre tomamos algo ligero, un pequeño surtido de fruta y para terminar un té o café con una chocolatina, como mucho puedes coger dos pero no quedarte con la cesta.


Yo aprovecho el viaje para terminar de ver la película Australia, y además me veo La elegancia del erizo, libro que también he terminado de leer durante el viaje, tras una larga lucha con él, porque no es fácil, y la película se hace más amena, con la inconmensurable Josiane Balasko. 


Escala de algo más de una hora en el aeropuerto de Singapur, en el que no tengo ganas de pasear y recordando dónde se encontraba la sala VIP del año anterior no fuimos a ella, no merecía la pena para tomar nada ni para descansar ya que se encuentra demasiado lejos, así que tras ver alguna tienda y poco más, nos vamos a la zona de embarque, que comienza antes de lo previsto, puntualidad asiática en este caso. 

De Singapur a Londres nos toca cenar, pero la cámara ya estaba guardada así que os evito la fotografía de los platos, que fue de nuevo pato, Chinese Style Five Spice Duck with Gai Lan and Noodles

Y a dormir, o por lo menos intentarlo, que en esta ocasión la verdad es que me cuesta conciliar el sueño, más que nada dormito, para abrir los ojos ante un nuevo amanecer en el aire. 


Hacemos un desayuno nuevamente frugal, que rellenamos como en el vuelo de ida en los papeles correspondientes, croissant y tostadas, y avisamos de que si estamos dormidos no nos despierten, pero como no fue el caso, pues a seguir moviendo la mandíbula.

Llegada a Londres, de nuevo sin vistas apropiadas, mira que da rabia cuando sabes que es una maravilla y no te lo dan, directos a la sala VIP a descansar, por lo menos estar sentados, y allí hay unos bocadillos de bacon recién salidos de las cocinas que no nos resistimos a probar…el pecado de la gula sin pausa en aviones y aeropuertos. 

El vuelo a Madrid sale con casi dos horas de retraso, la salida la tenía a las 8.40 h, y ya se nos hace pesada la espera, lo que tenemos ganas es de llegar a casa. Volaremos de nuevo con la British Airways, en un Boeing 767, en el que podemos volver a desayunar, el típico huevo revuelto, pero con unas tazas de té tenemos suficiente, que ya vamos cargados de comida. 

Desde el avión puedo capturar uno de los bonitos aviones decorados con símbolos aborígenes de la Qantas. 


FIN de la crónica larga de este viaje, que nos ha dejado un estupendo recuerdo y unas ganas increíbles de volver a este maravilloso y camaleónico país, lástima su lejanía para nosotros. Espero haber transmitido en parte todo lo que Australia puede ofrecer, que es un mundo de colores y alegría, y de actividades de todo tipo para aquellos a los que la adrenalina es importante descargarla.


Para terminar nada mejor que una buena música con didgeridoo.

 

7 de febrero de 2012

Australia - Melbourne -Olympic Melbourne Park - Arts Centre - Eureka Tower - Princes Bridge - Federation Square Complex - Forum Theatre - Southgate Footbridge, Flinders Station - St Paul's Cathedral - Kings Domain - Government House



Una habitación con vistas

El hotel elegido en Melbourne de nuevo tiene vistas sobre la ciudad, no son tan espectaculares como las de Sydney pero cada ciudad a su manera tiene su propio encanto contemplada desde arriba. Ya hemos ido viendo algunas que he ido utilizando para la confección sobre el reportaje sobre la ciudad pero ahora rematamos la faena ya que hemos conocido bastante bien la ciudad desde abajo. 

Para esta visión desde arriba nos acompañamos de nuevo con el grupo australiano de Men at work, y es que la música de los ochenta marcó nuestra oído.  



Afortunadamente los cristales de la habitación son insonoros y no se siente ni uno solo de los trenes a pesar del susto inicial al ver las vías férreas. También se ve el río Yarra y al fondo las instalaciones del Olympic Melbourne Park (la construcción del fondo tan futurista es el AAMI Park, donde creo que se celebran los partidos de fútbol australiano), con varios estadios, y las pistas de tenis del Open. 



Por la noche la zona tiene otro aspecto.


 
Cruzando Princes Bridge se hallan los edificios del Arts Centre, el edificio más cercano estaba de reforma y el más lejano tiene una torre sobre él, pero desconozco si es de utilidad o solo decorativa, creo que más lo segundo, tipo aguja futurista. Ambos  edificios se utilizan para espectáculos musicales, conciertos, danza…igual que la Sydney Opera House, y también se pueden realizar visitas guiadas. 

A la derecha destaca Eureka Tower, el edificio más alto de la ciudad con 300 m de altura, que por supuesto tiene un mirador, pero como los días fueron todos nublados nunca hicimos el esfuerzo de acercarnos, y por las noches ya teníamos vistas desde la habitación de la ciudad iluminada; otra cosa hubiera sido que también tuviera un restaurante giratorio…aunque a su favor tiene, como una de las torres de Chicago que no recuerdo su nombre, un cubo de cristal adosado al exterior de la torre, desde donde sentir el vértigo. Otra de esas pequeñas espinas de lo que no hemos hecho pero tengo claro que volveremos a Australia, no será pronto porque hay mucho mundo por seguir descubriendo, pero nos ha gustado tanto el país y sus dos principales ciudades, que queremos más de todo. 




En la siguiente foto se ven: Princes Bridge al fondo, Federation Square Complex –con la gran pantalla funcionando) y el Forum Theatre


En esta fotografía: Southgate Footbridge, Flinders Station y las dos torres de St Paul's Cathedral 


En el interior del parque Kings Domain destaca el edificio de la Government House.

 
También se puede ver Melbourne desde arriba en helicóptero o en globo, ¿será por vistas?, parece que el amanecer es una buena hora que luego el cielo se va cargando de nubes llenas de agua. 


La verdad es que es un verdadero placer dormirse y amanecer con buenas vistas, siempre se hace con una sonrisa y además predisponen al cuerpo y a la mente para las caminatas diarias.