24 de mayo de 2011

Japón - Tokio - Santuario Tokoyawa Inari

Zorros por todos lados

El hotel en esta ocasión se encuentra en la zona de Akasaka, por aquello de variar, aunque lo importante a la hora de elegir uno u otro es que se encuentre cerca de una estación de metro, el mejor aliado para andar por esta inmensa urbe. 

La razón de volver a Tokio cuando planificamos el viaje era para conocer algunos de los lugares importantes en los alrededores, o algo más allá, como la ciudad de Kamakura o el Valle de Nikko, pero la ciudad nos atrapó totalmente al conocerla en parte al comienzo del tour y somos de aquellos que nos gusta conocer todo lo que es posible las ciudades, con lo que deshechamos la idea de salir de ella para disfrutarla más, en rincones menos turísticos y en algunos completamente asediados por los turistas y por los tokiotas o japoneses en general. 

Antes de volver a caminar por la ciudad conozcamos más de su historia. Edo era una antigua aldea de pescadores que se agrupaba en torno a un castillo en ruinas, que arrebató la capitalidad a Kioto en 1603 y en el siglo XVIII llegó a ser la primera ciudad del mundo. 
De 1637 a 1868, durante el período de aislamiento, Edo se mantuvo como la cuna de la cultura urbana japonesa, y a partir de 1868 llegaron las influencias occidentales y su rápida modernización. Del antiguo Edo no queda casi nada, Tokio quedó destruida por el gran terremoto de Kanto de 1923 y las bombas dos décadas después. Con la reconstrucción se fue transformando en la ciudad moderna que es hoy, con vestigios del pasado en algunos enclaves concretos.

En el hotel preguntamos cómo llegar a un santuario que no parece lejos en el mapa, pero el jovencito afortunado con la pregunta no tiene ni idea de donde pilla y nos conduce a otra persona más mayor, que primero mira con cara asombrada y luego con una sonrisa, saca un mapa de la zona y nos señala perfectamente como llegar, diez minutos andando. Supongo que como no es de los más visitados no se esperaba que quisiéramos ir allí. Juventud incrédula contra experiencia con fé.

El santuario es el de Toyokawa Inari, también llamado Myogon-ji.


Dentro de él los edificios altos nos rodean, es la tónica de la ciudad que crece en todas direcciones, y la vertical es una de las importantes. 

Las características más destacables son la cantidad de faroles rojos,  banderas blancas y rojas en tiras, y sobre todo, muchos Inaris, el dios del arroz (con figura de zorro ¿os acordáis de los miles de toriis del Santuario de Fushimi Inari a las afueras de Kioto?), de todos los tamaños y por todas partes. Resulta simpático este santuario. 



En el lavadero de las purificaciones dos dragones enroscados como surtidores. 


Varios detalles diferentes que encontramos en este santuario. El primero un rincón de tortugas de piedra, a las que se les deja sobre sus cabezas monedas. 


El segundo detalle es una especie de pequeño teatro, por supuesto con Inaris en su interior realizando la representación. 


El tercero es una figura maternal, lo más parecido que para nosotros sería una Madonna, que es la primera vez que la vemos, o por lo menos la primera vez que nos hemos fijado en ella (por si acaso el algún templo o santuario no la viéramos en su momento). 


Callejeamos en busca de una calle, Mitsuji-dori, que todavía es territorio de geishas, pero no son horas para ellas, demasiado temprano, y aunque encontramos arquitectura tradicional de madera, la zona es principalmente moderna. No vimos ninguna geisha pero si este local que no sabemos lo que  era, pero llamativo y curioso si que resultaba.

 
También nos topamos con una boca de bomberos en el suelo, ¡¡que manga!!.



23 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo de Chion-in

Hasta pronto Kioto! (por la puerta grande)

Damos por finalizada la visita al templo de Daitoku-ji aunque podríamos pasar el día completo en él descubriendo subtemplos y jardines zen. A la salida tomamos un taxi y nos vamos al templo de Chion-in, que está cerca del hotel, así el horario va más ajustado y luego no hay que correr. 

El templo es uno de los más grandes del país, sede de la escuela Jodo. Los edificios originales del templo, erigidos en 1234, se perdieron en incendios y guerras y los actuales datan de la década de 1630, no teniendo rival en cuanto a tamaño y opulencia. El complejo ocupa el emplazamiento donde Honen, fundador de la escuela Jodo, comenzó a predicar en 1175.

Para seguir con la tónica destaca la impresionante puerta sanmon de dos pisos, y eso que ya hemos visto grandes. Se eleva a 24 m de altura y se construyó para proclamar la supremacía de la secta budista Jodo, mostrando al tiempo la autoridad del shogunato Tokugawa que costeó su restauración


Detrás de estas escaleras nos esperan otras, que nos parecen interminables, pero como queremos conocer las afrontamos cual alpinistas ansiosos por coronar la cima.


De nuevo un mapa con los edificios del templo, por supuesto en japonés, que por lo menos es orientativo, para perderse con conocimiento de causa y no solo aleatoriamente. 




Hay una gran explanada donde cae el sol a modo de espada justiciera pero somos capaces de aguantarlo, e incluso refrescarnos gota a gota con la mirada. 

Tenemos la oportunidad de escuchar a un monje tocar el gong y canturrear, al que fotografiamos a la salida, por aquello de no molestar. 


Paseamos por el recinto para descubrir sus edificios, que aunque puedan parecer más de lo mismo, fijándose se marcan las diferencias, en este caso más evidentes en la claridad de la madera. 


La campana es la más grande del país,  fue fundida en 1633 con 74 toneladas de peso y requiere de 17 monjes para hacerla sonar durante los servicios anuales en memoria de Honen (17 de abril) y durante Año Nuevo. Se tañen 108 golpes, una por cada pecado que pueda cometer el hombre (para esto que lo explique un budista, porque no tengo ni idea, de tantos pecados, que nosotros somos muy virtuosos).


Nos despedimos del templo y de su fuente de purificación. 


Para bajar descubrimos que hay una rampa, que será más cómoda que las escaleras, y es que hay que mirar más y mejor antes de emprender las subidas o las bajadas para evitarse esfuerzos innecesarios.

Ya estamos cansados, y a pesar que todavía nos queda tiempo para visitar otro templo cercano, preferimos acercarnos al hotel para comer y descansar en las zonas comunes, que no hay que abusar del conocimiento, aunque en muchas ocasiones el abuso es imprescindible, pero creo que de Kioto hemos conocido bastante, aunque escribiendo estas letras me he dado cuenta que no con la profundidad que se merecía por las lagunas que me han quedado. 

Nos vienen a recoger a la hora señalada. Como llegamos temprano a la estación, la señorita  que nos acompaña se ofrece a quedarse en una de las salas de espera con las maletas mientras nos damos una vuelta, y como más pareciera que se encontraba incómoda buscando conversación con nosotros y en inglés, aceptamos el ofrecimiento. A la hora de salida del tren  Shinkansen (tren bala) nos acompaña al andén, nos da unas pegatinas para que nos reconozca la persona que nos esperará en Tokio para acompañarnos al hotel, y espera hasta que el tren sale mientras nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida y sólo hace una hora y media, esta cercanía lejana es la que más impresiona de la población japonesa. 

  
Al llegar a Tokio en el andén nos espera otra señorita, después de los saludos y preguntas de rigor, nos da en un sobre 2000Y porque ella no nos va a acompañar al hotel sino a un taxi, con esto alucinamos, supongo que será por la hora, las nueve de la noche. Firmo el recibí, nos deja en el taxi y llegamos al hotel.

Para tener la habitación tenemos un diálogo para besugos con el recepcionista, pedimos una cama king, dice que bien, después de comprobar dice que no, que en no fumadores no tiene, que tiene que ser twin, y yo le intento preguntar si la diferencia de las dos habitaciones es solo la zona, pero no había manera, él no salía del humo y yo no salía del tamaño.....desisto y acepto, y al final comprende y dice que si, que son iguales.

Preguntamos por las maletas que salieron por la mañana de Kioto, mira y dice que las subirán a la habitación. Preguntamos para cenar en el hotel y ya no es hora para los restaurantes, pero hay uno que cierra a las 12 de la noche, un snack bar con un poco de todo, que será nuestra opción.

Subimos a la habitación, nos duchamos, en nuestras maletas de mano tenemos ropa limpia y bajamos a cena, cuando volvemos a la habitación las maletas no han llegado. Para evitar tener otra conversación de besugo y por teléfono bajamos a reclamarlas, y al pobre señor le cambió la cara, disculpas de todas las formas posibles con el gesto y  principalmente con el espinazo doblado casi a 90º, esta inclinación es mayor cuanto mayor es el respeto o cuanto mayor es el perdón que solicitas. Lo veo excesivo y le intento sonreír para que se relaje. Su punto de inclinación fue mi punto de inflexión con la cultura japonesa, no me siento cómoda con estas cosas cuando las cosas se solucionan hablando y actuando, es más fácil, sin olvidar una buena excusa, pero llegar a esto me hizo sentir mal.

Llegan las maletas y llega el descanso.

20 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo Daituki-ji

En territorio zen

A la salida del jardín de Shosei-en tomamos un taxi para ir a la otra punta de la ciudad, al oeste, vamos a visitar el templo Daitoku-ji, importante en la historia de la escuela zen Rinzai. Fue fundado en 1324 pero los edificios originales fueron destruidos durante la guerra Onin (1467-1477), se sustituyeron en 1479 y se añadieron otros durante los siglos XVI y XVII, de acuerdo con la práctica de trasladar edificios de un lugar a otro. Prosperó en la segunda mitad del siglo XVI, cuando gozó del mecenazgo de los jefes -y amantes de la ceremonia del té- Oda Nobunaga e Hideyoshi. Hoy, sus numerosos subtemplos, con sus casas de té y sus jardines, siguen promoviendo los caminos del zen y del té.

 
El complejo del templo es como una ciudad, en 11 Ha de terreno, con sus calles adoquinadas por donde circulan los peatones y los supercoches de los monjes, sus tropecientos edificios, sus subtemplos (23), sus jardines. Así que vamos improvisando el paseo y entrando donde nos dejan, y de nuevo la confusión de qué es cada lugar, ahora ya he aprendido a tomar notas que me puedan ayudar para recordar, pero este viaje fue el primero con tanta información recibida visualmente y de todo se aprende. 

Entramos en el templo de Ryogen-in, fundado en 1502, está considerado un tesoro nacional. Posee cinco jardines zen, de los que soy incapaz (llamadme inútil) de deciros su significado, y eso que lo tienen.

Estos jardines, utilizados por los monjes zen como forma de meditación, suelen ser un campo de arena poco profunda que contiene arena, grava, rocas y ocasionalmente hierba, musgo y otros elementos naturales. Son jardines-escena, y por tanto de dimensiones limitadas (como mucho 10x30 metros). La arena rastrillada representa el mar, en torno a las rocas se rastrilla en anillos, como si estas formaran ondulaciones en el agua. En el resto del jardín, se rastrilla en paralelo a la plataforma. La orientación del jardín para el relax debe encarar el Este, la arena que representa la paz del mar es la que debe estar mirando hacia la salida del sol.

Las rocas deben colocarse contra un fondo -como pequeño patio trasero o un rincón del jardín- del que destaquen. El tamaño y la naturaleza del fondo son indistintos, pero su disposición debe producir el efecto de dirigir la mirada hacia el altar de rocas. Las rocas siempre tienen que estar colocadas en grupos de 3, 5 y 7, y nunca aleatoriamente. Las rocas son caligrafias, por lo que en cada jardin hay una frase, un pensamiento o idea.
 
Siempre representan en su colocación un paisaje de Japón. Los surcos de la grava es como se comportaría la superficie si las rocas estuvieran surgiendo de ella, como se movería la energía.

El llamado Totekiko es el más pequeño de los jardines de piedra en Japón.

 
En Isshidan la roca central representa una montaña y la arena el mar, las demás piedras una tortuga, un cráneo...pssssss.


Kodatei es un pequeño jardín de rocas, muy sencillo, por lo menos a primera vista. 



Ryogintei es el más antiguo del complejo.

 
En el interior de una de las salas se contempla una pintura en los paneles, un dragón del periodo Edo, que es muy llamativo, aparte de simpático, aunque no creo que este adjetivo sea el más adecuado para los dragones, a no ser que sean de dibujos animados.


Entramos a otros complejos: Koto-in es un laberinto de casas de té; y en el templo de Daisen-in, donde nos dan un cuaderno con explicación del jardín, que hay que devolver a la salida, y nos ofrecen la posibilidad de tomar un té al finalizar, por un precio módico que aceptamos, no es una ceremonia clásica sino una más bien un ceremonia estilo fast tea, con un postre tipo croqueta incluido; sin ser lo que tiene ser la ceremonia completa la experiencia resultó curiosa.

También entramos en el templo de Zuiho-in, construido en 1535 en memoria de un daimio cristiano, donde destaca el jardín de la cruz, en recuerdo de este señor feudal cristiano.


Pero yo la cruz no la veo, y ahora por internet he visto una fotocomposición, y es que hay que unir mentalmente varias piedras....todo esto allí resultaba bastante difícil. 


Fuente: e-ciencia.com

En este templo hay otro jardín, más piedras pero más complejas o eso me parece. La teoría dice que se sugieren ondas de agua que bañan las formaciones rocosas que representan las montañas Hohrai.

El caso es que con explicaciones o sin ellas yo sigo sin entender mucho esto de los jardines zen, aunque estéticamente son muy curiosos y bonitos. Posiblemente me falte sensibilidad, los defectos hay que aceptarlos y seguramente el calor no es el compañero ideal para sentarse frente a ellos a contemplarlos, como tampoco es nuestro mejor aliado el tiempo para hacerlo, si queremos ver más es imposible verlos mejor.


Si con mis letras dubitativas no os he contagiado el espíritu zen, espero que las fotos hayan captado algo de su esencia, y sobre todo, os animo a contemplarlos in situ y que a la vuelta me contéis vuestras sensaciones y experiencias. Para mí sigue siendo una asignatura pendiente, pero espero poder aprobarla.

19 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo Higashi Hongan-ji - Templo Nishi Hongan-ji - Jardín Shosei-en

Templos casi gemelos con mucha confusión



Hoy nos trasladaremos a Tokio, pero será por la tarde, así que a primera hora  por la mañana dejamos dos de nuestras maletas en la puerta de la habitación, estas irán por su cuenta, parece que hay cosas que no cambian se sea grupo o individual, y las otras dos viajarán con nosotros, así que las dejamos en la consigna del hotel durante toda la mañana. Y aquí estuvo divertida la cosa, porque no nos entendíamos con el señor de recepción, él pensaba que las que queríamos dejar eran las que tenían que viajar para Tokio, y hasta que conseguimos entendernos fue un sufrimiento para todos, que acabo en risas, porque el pobre ya buscaba el modo de enviarlas y nosotros luchando para que no lo hiciera.

En un taxi vamos al templo de Nishi Hongan-ji, templo del auténtico deseo del oeste.  El templo es la sede de la esculea budista de Jodo Sinshu y es uno de los templos más importantes de Japón.


Está casi imposible de visitar porque lo están adecentando, muchos de sus edificios tapados por lonas y pasos cortados, aún así paseamos por él. Tengo la duda de si más que un lavado de cara es una restauración en toda regla porque muchas de sus construcciones del siglo XVII fueron pasto de las llamas.


La escuela Jodo Shinshu (Verdadera Escuela de la Tierra Pura) fue fundada en 1244 y no aboga por la comida vegetariana, el ascetismo ni el celibato sacerdotal. En lugar de eso, enseña que para alcanzar la iluminación basta con repetir la jaculatoria que exalta al Buda Amida: Namu Amida Butsu. Considerada una amenaza política la escuela fue perseguida, aunque su congregación era tan amplia que Toyotomi Hideyoshi comprendió que la unificación de Japón fracasaría sin ella, así que mandó edificar el Nishi Hongan-ji. Hoy la escuela cuenta con 12 millones de fieles en todo el mundo.

Caminando llegamos a su templo casi gemelo, Higashi Hongan-ji, el templo del oeste. Fue erigido por un abad disconforme que dejó la escuela Jodo Shinshu para fundar en 1602 otra rival aquí. Quemado en un incendio y reconstruido en 1895, el templo compite en tamaño con su antecesor.

De nuevo destaca su puerta, la Goeido-mon, una impresionante estructura de madera con gruesas columnas circulares con detalles labrados en metal. 

 
En el lavadero de las purificaciones el típico dragón, que en esta ocasión es de un considerable tamaño.

  
Los edificios tienen corredores de madera en los que hay piezas antiguas, como una cuerda, kezuna, realizada con pelo de devotas (si, un asquito total), con una historia de su creación: se remonta a los inicios del proyecto de construcción del Goei-do (sala del fundador), ya que se presentaron graves problemas a causa de las vigas que debían utilizarse.; las cuerdas convencionales no eran suficientes para transportar las grandes vigas hasta el lugar de la construcción, lo cual causó grandes retrasos; cuando se supo de estas dificultades, por todo Japón mujeres devotas no dudaron en cortarse el cabello y hacer grandes cuerdas con él. Finalmente se construyeron cincuenta y tres cuerdas de estas. Gracias a las cuerdas de cabello humano se pudieron izar las gigantescas vigas y completar la construcción de las salas principales. La más larga de estas cuerdas medía 110 metros de largo, tenía una circunferencia de 40cm, y pesaba una tonelada.

La confusión del título es que gracias a tener que refrescar información para el blog he descubierto que tenía los templos confundidos, pensaba que habíamos visitado con mayor profundidad Nishi y no Higishi, aunque supuestamente es más importante el primero, precisamente por ser anterior, pero el segundo nos sorprendió gratamente. A no ser que siga sumida en la confusión y sea todo lo contrario pero creo que ahora he salido definitivamente de ella, pero Jordi Ferré me ha sido de gran utilidad.

No muy lejos se encuentra el jardín de Shosei-en, que pertenece al templo. Su diseño se atribuye al poeta y erudito Ishikawa Jozan (1583-1672) y al arquitecto paisajista Kobori Enshu (1579-1647).


Otro de esos oasis, tesoros escondidos, que tienen las ciudades japonesas, y que no está masificado por los turistas aunque es de gran belleza.

 
Con las entradas nos dan dos bonitos libretos con una mapa, los edificios y lugares, y con las estaciones en las que se abren las flores, lástima que son en japonés y no se entiende nada.

 
A estas alturas del viaje el paraguas sufre una rotura de varillas, pero aún así tendrá que aguantar maltrecho el día de hoy y el de mañana, aunque parezco una turista loca con él.

18 de mayo de 2011

Japón - Kioto

Despidiéndonos de Kioto en la noche


Después de comer con tranquilidad, nos damos un paseo por el jardín que rodea nuestra habitación, y descubrimos un camino que conduce a un santuario.


Nos adentramos con curiosidad por él, la visita por el paseo del filósofo nos llevó toda la mañana y ya son casi las cinco, con lo que poco podríamos intentar visitar y en principio este paseo no parece malo. No faltan los toriis que nos acompañen. 

Aparte del santuario, al estar en la montaña también es un mirador de la ciudad.


Es una pena que el camino no lo tengan más arreglado porque no es feo pero desmerece al pasar al lado de  lo que supongo maquinaria del hotel, que está vallado, y que una zona donde tenía que haber multitud de flores, aunque no sea temporada, está completamente descuidada, con matorrales y completamente seca.  Aún así alguna flor encontramos; que en el viaje del 2012 a Corea del Sur aprendimos a identificar, la rosa de Sharon, la flor nacional de Corea. 


Con lo visto nos damos buenamente por satisfechos y volvemos hacia el hotel. 

Desde allí nos dirigimos en taxi a la zona comercial, Shijo-dori, y lo primero que hacemos es comprar una nueva maletaa, tenemos en la habitación unas cuantas bolsas de regalos para empacar, y aunque de momento no es totalmente necesaria, en previsión de los días que quedan por delante no es una mala adquisición, y más barata que la anterior, que la tuvimos que comprar en Nara si mal no recuerdo. -y es que este viaje lo emprendimos con dos trolleys pequeños al ser ropa de verano ligera, pero no contamos con las compras que haríamos en el país-. La compra de estas maletas no me satisface nada, porque soy consciente que esta maleta está hecha por algún niño explotado en algún lugar del mundo.

Paseamos por Kioto la nuit para disfrutar de sus calles y despedirnos de ella, aunque todavía nos queda la mañana del día siguiente para realizar algunas visitas más, pero hoy será nuestra última noche. 

Hasta pronto Pontocho


Paseamos por las calles, nos empapamos de nuevo de su ambiente, por Gion, llegamos hasta el Santuario de Yasaka, esta zona ya es familiar para nosotros y ahora en los recuerdos lo sigue siendo. 


Volvemos al hotel en taxi a cenar, donde nos decantamos por un menú kaiseki, que era más bien una pseudo-kaiseki. La cocina tradicional kaiseki presenta cuidadosamente a cada comensal una docena o más de pequeños platos que aparecen clasificados en el menú según el método de elaboración, no por los ingredientes. Los platos se sirven en un orden adecuado para el paladar, y juntos conforman una comida. Tiene su origen en la ceremonia del té. y se suele acompañar con sake, cosa que nosotros no hicimos para no salir a cuatro patas, porque si nos ponemos seguro que lo bebemos.

Tenemos tiempo de deshacer las maletas y montar las cuatro que tenemos ahora.