18 de febrero de 2011

Camboya - Siem Reap

Cenando con apsaras

Con la visita de la Terraza de los Elefantes se acaban las visitas del dia, que no han sido pocos, y cada una sorprendente, aunque sin lugar a dudas el templo del Bayon ha sido espectacular.

Alann nos comentó durante las visitas que la visita programada para mañana por la mañana  a lo mejor no resulta de todo efectiva, es a un pueblo flotante en el lago Tonle Sap, pero que el nivel de agua no es alto y que tendríamos que ir hacia otro de los pueblos que nos llevaría más tiempo, y ahora nos pregunta la decisión, ¿vamos o no?. 

En lugar de ir a los pueblos flotantes, ya los hemos visto en Vietnam, en el  Mekong y aunque humanamente es de las experiencias más satisfactorias que hemos tenido en este viaje, estamos en Angkor así que saco el plan B, una excursión a un templo no programado en el tour, pero ella o lo tiene terminantemente prohibido o le faltan tablas para hacerlo por su cuenta y quedarse con lo que nos cobren por esta visita no incluida, así que tiene que consultarlo con la agencia y ya nos dará precio.

Nos llevan al hotel, tenemos el tiempo justo para descansar un poco y ducharnos. Hoy conocemos a la manager del hotel, Cristina, una brasileña a la que le gusta presentarse a los clientes, es la primera vez que nos ocurre y es todo un detalle. Está ultimando los detalles de la fiesta del hielo que se va a celebrar en el salón-bar de la planta de abajo,  el Arts Lounge, con lo que tienen cerrado y prohibido el acceso, y a pesar de intentar echar un ojo es totalmente imposible. En esta fiesta, que es muy normal celebrarla para cualquier evento, se cuelgan bloques de hielo del techo y se mantiene una temperatura más bien baja para que no se derritan o para que lo hagan lentamente, el espectáculo es bonito, y en la página web del hotel hay fotos.

Con puntualidad Alann nos recoge para llevarnos a cenar y en el camino nos da el precio para la excursión para mañana y aceptamos. Para llegar desde el hotel al restaurante en coche el camino es largo pero ella comenta que luego volver andando es fácil pero que si queremos el conductor se puede quedar, y a pesar de su insistencia en que volvamos andando, no nos convence mucho por la misma razón que la noche anterior, la zona es muy oscura y si fuéramos en grupo no daría yuyu pero así solitos no nos apetece mucho, así que sintiéndolo por el conductor nos tendrá que esperar. 

Hoy nos toca cenar en el Teatro Apsara. A la entrada nos dan el programa que veremos y una preciosa flor de loto. Para entrar hay que descalzarse,  produciéndose un jaleo de zapatos de todo tipo y tamaño.
Este es nuestro menú:


Son mesas estilo japonés con truco, parece que te vas a sentar en el suelo pero en los laterales de la mesa hay un banco corrido para sentarse, y debajo de la mesa el agujero para poner las piernas, por lo menos no será incómodo. Y así es como nos traen el menú, todo de golpe en una bandeja para ir jugando a descubrir qué es qué.







La primera foto claramente son rollitos de primavera, así que lo que los acompañan debn ser samossas y tempuras, pero sinceramente no reconozco los demás platos como para adjudicarles su correspondiente nombre con total seguridad.





Creo que esta es la sopa de pollo con hierba limón o limoncillo. 




Creo que este es el plato de cerdo, más que nada por las especias rojas. 



El espectáculo consta de varios números, el primero es un ballet de apsaras, que aunque interesante llega a hacerse aburrido (percepción puramente personal), demasiado lento a pesar de las guapas bailarinas que lucen unos espléndidos vestidos y tocados.








El segundo número es más divertido, la danza de los pescadores, donde los chicos cortejan a las chicas, además la música es más rítmica y animada, asemeja lejanamente a nuestro folklore.









Otro número es sobre la victoria del bien sobre el mal, otro muy entretenido es una danza con cocos, y el más llamativo de todos es en el que se representa la leyenda del Ramayana, donde la princesa Sita es raptada por Ravana, y Hanuman, al servicio de su esposo, le ayuda a rescatarla.







Un vídeo popurrí de internet de todos estos números musicales danzantes.


 
Durante la cena hemos tenido como compañeros a un matrimonio francés y su hijo, entablando una conversación principalmente con él, estos franceses están resultando ser unos buenos compañeros de viaje, nada estirados y comunicativos, y es que los esterotipos no tienen porque ser verdad.

Según termina el espectáculo, previo pago de las bebidas, salimos disparados, hay autobuses y multitud de coches esperando a los turistas y esto se puede convertir en un caos para salir de aquí, con lo que lo hacemos los primeros.

En lugar de ir al hotel le decimos al chófer que nos deje cerca del mercado nocturno que se celebra en la ciudad, Psar Chaa, donde las calles no están asfaltadas y si cae la lluvia podemos salir embarrados hasta las orejas.

Hay puestos de todo, mucha ropa, artesanía, souvenirs de todo un poco, pero lo que es más curioso de todo son las piscinas de pedicura, con pequeños peces que hacen la limpieza de las pieles muertes y durezas.

A mí me apetecía probarlo pero el sentido común me aconsejaba no hacerlo, no a estas horas, ese agua no tengo yo muy claro cuánto tiempo lleva usándose y cada cuanto se cambia, además yo llego duchada pero ¿y el resto de turistas?, si hasta el momento no hemos pillado una gastroenteritis no nos pillaremos unos hongos de último momento, aunque es una espina que se me queda clavada, que puedo quitarme en Madrid ya que están importando la técnica.

En la zona del mercado hay dos calles muy concurridas, llenas de restaurantes y locales de copas, donde se encuentra el ambiente de la ciudad, Pub Street y Pub Street Alley.

Salimos de esta zona sin hacer grandes compras, pequeñas baratijas, ya que el regateo no es lo nuestro y nuestras maletas ya están a punto de explotar como para meter muchas más cosas en ellas, aunque sea un simple pantalón o una camiseta. 

Tranquilamente nos volvemos caminando al hotel, donde ya ha terminado la fiesta del hielo, y no queda rastro de lo que ha pasado allí. 

Como casi todas las noches de este viaje nos dormimos con una gran sonrisa y unos felices sueños, que hoy los vigilará la cara de media sonrisa de Jayavarman VI).

17 de febrero de 2011

Camboya - Angkor Thom - Terraza de los Elefantes

Desfilando que es gerundio


Desde la Terraza del Rey Leproso se ve la siguiente terraza, de los Elefantes, que es más larga que la del Rey Leproso y que se usaba para las ceremonias públicas, ya que enfrente se encuentra la Plaza Real por donde pasaban los desfiles con toda la parafernalia, elefantes incluidos, de ahí su nombre. Fue construida durante el reinado de Jayavarman VII.

El rey-dios contemplaba la marcha, coronado por una diadema de oro, en la sombra gracias a los parasoles y atendido por mandarines y sirvientas que portaban utensilios de oro y plata.


Primero caminamos enfrente de ella. 


Volvemos a encontrarnos con Erawan, el elefante de tres cabezas, ahora más visible que en el  Bayon

En la terraza no faltan las barandillas con nagas, los leones guardianes y entre estos de repente aparece un guardián amateur.

 
La terraza tiene 350 m de largo.


La terraza comunicaba con el Phimeneakas por un camino, pero nosotros no hemos venido por este camino sino rodeando el muro del Recinto Real.


Este camino si se continúa de frente lleva a la Plaza Real y a la Avenida de la Victoria.


En el muro de la terraza hay diversos animales, algunos parece como si estuvieran sujetándolo, como los ya conocidos garudas (mitad ave mitad persona). 

 
Pero el nombre de esta terraza viene dado porque en los dos muros largos en los extremos se halla tallado un desfile de elefantes con sus conductores.


Detalle de un elefante. 

 
Ha sido un día de piedras alucinante, hemos ido de sorpresa en sorpresa, y ni los templos cerrados o en ruinas desmerecen para nada todo el conjunto visto. La ciudad de Angkor nos ha hipnotizado con sus edificios, y todavía nos queda un día más para poder seguir disfrutándolos.

Camboya - Angkor Thom - Terraza del Rey Leproso

La terraza con escondites


Salimos del Recinto Real y pasamos por dos estanques o piscinas, que serían para las abluciones y que ahora suelen utilizar los niños para bañarse, pero por aquí tampoco había ninguno, parece que se van por los templos más transitados y este palacio ruinoso  y sus aledaños no está en su ruta o es demasiado tarde para estar ellos en busca de los últimas turistas.

Llegamos hasta la Terraza del Rey Leproso, de solo 25 m en su base, construida en el siglo XII y donde posiblemente antes existía un pabellón con habitaciones reales.


La terraza es una pequeña plataforma a 7 m de altura a la que se puede subir afortunadamente por unas escaleras. 

 
El nombre de la terraza se debe a una escultura desnuda, sin sexo y sin cabeza (la cabeza que lleva es postiza), cuya estatua original está en el Museo Nacional de Phnom Penh, sobre la que se han elaborado diversas teorías: que dos reyes tenían la lepra, uno de ellos Jayavarman VII, el del templo del Bayon, el de las caras, y que la estatua correspondería a cualquiera de ellos, pero no tiene gran fundamento esta suposición; la otra teoría, a la que le dan más probabilidades es que en la terraza se instaló el crematorio real y la estatua representa a Yama, diosa hinduista de la muerte. Aunque la más lógica de todas es que la estatua no tiene sexo porque se dañó (uy que daño).


Los muros de la terraza por su parte externa están decorados con tallas, bloques de piedras labrados y encajados.

 
La terraza esconde un secreto, en el lado sur hay un muro interno con más tallas, te sientes desvelando parte del misterio aunque seamos unos turistas más de los que entran aquí, pero son sensaciones especiales. Muchas de las tallas se han perdido e incluso no se llegó a terminar la obra con lo que hay paredes lisas. Hay figuras de apsaras, reyes con diademas, soldados, princesas, nagas, criaturas marinas...de todo un poco.





Desde la terraza se contemplan enfrente las 12 torres del Prasat Suor Prat o Templo de los Bailarines en la Cuerda Floja, construidos a finales del siglo XII durante el reinado de Jayavarman VII. Reciben este nombre porque unos artistas actuaron para el rey sobre cuerdas extendidas entre las torres.

Se cree que podían formar una guardia de honor flanqueando la avenida de la Victoria, y también que se usaron para juicios públicos, durante los cuales las dos partes eran encerradas en dos torres hasta que una de las partes sucumbía a las enfermedades demostrando su culpabilidad (y nos quejamos de nuestra justicia).


Parece que los árboles fueran a jugar a esconder las torres con su follaje. 

15 de febrero de 2011

Camboya - Angkor Thom - Phimeneakas

Palacio Celestial


Seguimos caminando a la salida del Bahuon, aunque no llegamos a entrar por las obras, y como compañía tenemos las ruinas y  los árboles. En algún momento Alann sube por las piedras y nosotros la seguimos con mucho cuidado para no tener una mala caída y un final de viaje anticipado. Nos sentimos algo aventureros en este paseo, en el que entramos en las ruinas del Recinto Real por esas puertas a punto de caerse que formaban parte de una muralla que lo rodeaba.



Lo único que queda en pie en el Recinto Real es el Phimeneakas, el Palacio Celestial, construido en el siglo X y ampliado posteriormente, que dicen que estaba coronado por una aguja de oro sobre una torre.

Y otra leyenda, que hacía mucho que no teníamos de estas: en la torre vivía una naga de nueve cabezas que adoptó la forma de una mujer para aparecerse ante el rey. Este tuvo que yacer con la naga-mujer ya que si no lo hacía moriría pero al hacerlo el linaje real perduraría (y todo sea por la sangre que perdure).

La construcción del palacio empezó bajo el mandato de Rajendravarman II en el siglo X, aunque fue usado por Jayavarman V y Udayadityavarman I. Más tarde fue ampliado y adornado por Jayavarman VII y sus sucesores.

 
Subimos por las escaleras, ya que están allí habrá que usarlas, y de nuevo es agradable por las vistas. Alann no sube con nosotros pero nos avisa que tengamos cuidado porque si hay niños arriba, que parece que es normal, se dedican a indicar que mires por allí para ver esto, por allá para ver lo otro y luego exigen propina descaradamente y no se suelen conformar con el "one dollar". Le contesto que la mejor táctica será la de los monos, no ver, no oír, no hablar.

 
El palacio es una pura ruina, techos de galerías hundidos y desaparecidos, agujeros entre las piedras, con lo hay que tener cuidado en donde se pisa, sobre todo al subir a lo más alto porque faltan piedras y hasta abajo hay una buena caída. Arriba solo hay tres turistas pero ningún niño.


Como Alann nos espera y no hay mucho que descubrir en este palacio no tardamos demasiado en bajar.

El palacio tiene la típica forma de pirámide escalonada, que por supuesto representa al monte Meru, y se puede ver perfectamente, con sus tres niveles y los restos de la torre. 


Esto es uno de los buenos momentos que nos deja Angkor, el poder escalar por sus templos y edificios, el sentir las piedras bajo nuestros pies y en nuestra alma.

Camboya - Angkor - Angkor Thom - Baphuon

¿Dónde está Buda? 

Como vamos a seguir caminando y descubriendo los edificios del complejo de Angkor Thom, nada mejor que un mapa para ir situándonos por cada uno de ellos. 




A la salida del templo del Bayon una pagoda estilo jemer al aire libre, con una gran estatua de Buda en su interior, pero este no es el Buda que buscamos, sería demasiado fácil. 


Ya no volvemos al coche, afortunadamente, y podemos disfrutar del paisaje con tranquilidad. Por supuesto las piedras caídas y diseminadas de los templos, murallas, calzadas, son nuestras compañeras, y aparte del asombro del gran número que sigue habiendo  sobre el terreno, también lo es porque los templos, mejor o peor, sigan en pie con tantas de ellas en falta.


Llegamos hasta la calzada elevada que lleva hasta el siguiente templo, el Baphuon.

 
La calzada de 200 m está sustentada por cientos de columnas, tiene que ser maravilloso llegar al templo andando por esta calzada, cosa que no hicimos nosotros,  que hemos llegado campo través desde el Bayón, y luego, si es menester, bajar a jugar entre las columnas.

 
El Baphuon fue uno de los templos más espectaculares de Angkor, de grandes proporciones, fue construido a mediados del siglo XI y por supuesto es otra representación piramidal del monte Meru. Su construcción probablemente empezó bajo el poder de Suryavarman I y más tarde fue completada por Udayadityavarman II en honor del dios Shiva. Marcaba el centro de la ciudad que existió antes de la construcción de Angkor Thom y es uno de los pocos edificios que quedan en pie.

El templo está cerrado al público porque está en profunda restauración, yo diría que casi construcción, ya que la guerra civil paralizó las obras, y los restos quedaron destrazos tras la etapa de los jemeres rojos. Las obras se retomaron en 1995, pero con el gran problema que cuando se pararon el templo había sido trasladado pieza a pieza por el método de la anastilosis y los restos quedaron destrozados y desperdigados dejando a los arqueólogos con uno de los mayores rompecabezas para montar. La torre central se derrumbó y seguramente no se pueda volver a levantar. Dicen que no falta mucho para que se vuelva a abrir al turismo.


Por si fuera poco ante este caos, en los siglos XV-XVI se añadió en el muro  del lado oeste del segundo nivel un buda reclinado de 75 m de largo, que es muy difícil de imaginar. La cabeza está al norte, la pared lateral que se ve en la foto.


Por supuesto a mí me costó mucho encontrarlo y verlo, ahora creo que lo tengo más claro pero siempre tengo la duda de si lo que veo es lo que es o lo que me quiero imaginar. ¿Vosotros lo véis?


Lo mejor de ir paseando es que ahora podemos disfrutar de la naturaleza, de los árboles con sus fuertes troncos y poderosas raíces de formas sugerentes. En esta foto podría ser un hombre intentando escapar del árbol.

 
Y en esta una serpiente deslizándose sigilosamente por él.

 
Lo que también podemos ver es cómo los árboles se comieron los templos, agarrándose a las piedras con sus raíces, y ahora al tiempo que son su deterioro por separarlas son su forma de sujeción para que no se caigan las paredes hasta que consigan derrumbarlas. 


Grandioso el Baphuon, al que habrá que visitar cuando le reabran nuevamente a las visitas y precioso el paseo que nos damos por la selva o el bosque, sea lo que sea. 

14 de febrero de 2011

Camboya - Angkor - Angkor Thom - Bayon


Donde la piedra se hace rostro y hace enmudecer

La tarde la dedicaremos a la ciudad fortificada de Angkor Thom, con una superficie de 10 km2 (ya sabéis, a lo grande). Fue construida por el rey Jayavarman VII , el rey más importante de Angkor, entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII. Está rodeada por una muro de 8 m de altura y 12 km de perímetro y por un foso de 100 m de ancho, donde se dice que llegó a haber cocodrilos. Angkor Thom significa Gran Ciudad, y cierto que es grande y fue la última capital del Imperio Jemer.

Tiene cinco puertas de entrada, una en cada punto cardinal,  con dos en el lado este, la Puerta de la Victoria y la Puerta de los Muertos (en esta puerta se grabó una escena de Tomb Raider). Nosotros utilizaremos la puerta sur, la más utilizada por los turistas.

Para llegar a las puertas se pasa por una calzada a modo de puente sobre el foso. 


Sobre la calzada hay 54 estatuas de dioses (cara de buenos) sujetando una naga como barandilla a la izquierda.


Y 54 estatuas de demonios (cara de malos y enfadados) haciendo lo mismo a la derecha. 


Todos ellos como en la leyenda del bajorrelieve del Batido del Océano de Leche de Angkor Wat pero separados.

Esto no ha hecho más que comenzar y estamos impresionados de un modo muy especial, y es una pena no tener tiempo para disfrutar y recorrer esta calzada lentamente, paso a paso. Y esta calzada se halla en cada una de las entradas al complejo de Angkor Thom, en mejor o peor estado, ya que como véis muchas de las cabezas son incorporaciones modernas al conjunto.

Se ve el foso a cada lado de la balaustrada aunque no está a plenitud de agua.

Al frente la impresionante puerta, que como en un juego de puzle visual va tomando forma al acercarnos y se comienzan a distinguir más claramente los rostros que la componen en su parte superior. 

 
Estos rostros, uno en cada punto cardinal, pertenecen a Avalokiteshvara, el boddhisattva de la compasión, que todo lo ve y todo lo sabe, que dicen que tiene una semejanza al rey que ordenó la construcción de Angkor Thom, Jayavarman VII (más bien el rey hizo la semejanza). 

 
La puerta tiene una altura de 23 m de altura y realmente pasar por ella es mágico, es una sensación muy especial.

A cada lado de la puerta, a la entrada y a la salida, custodiándola se encuentra Erawan, el elefante de tres cabezas, que al tiempo era la montura del dios Indra.

 
Nada más pasar la puerta un camino de tierra por delante y sobre todo una banda de monos en busca de comida que los turistas les dan, por supuesto está el vendedor de plátanos aprovechándose de los dos, monos y turistas.

La verdad es que se portaron bien, parece que estaban más asustados que necesitados de comida. Incluso una madre con su bebé se queda algo más rezagada y ofrece una imagen de lo más tierna.


El camino conduce al templo del Bayon, que personifica el ego de Jayavarman VII. Fue construido a mediados del siglo XII, cien años más tarde que Angkor Wat, y está situado en el centro geométrico de la capital jemer. Es 1,5 km que hacemos en el coche, parece que lo de no gastar fuerzas en balde se lo toman muy en serio los guías camboyanos, que rompe un poco la magia del momento con lo que nos concentramos en no perderla. 

Desde lejos da la sensación de ser una ruina total, no por las lonas azules de rehabilitación que hay delante, sino las piedras propias del templo.


Agudizando la vista se comienza a intuir su característica especial.

 
Al entrar la sensación no deja de ser la misma, la de ruina, no queda mucho en pie en la zona de entrada, aunque en las columnas todavía se conservan decoraciones, como un buen grupo de bailarines masculinos, los devadas.

 
Ocho torres se encuentran uniendo el muro-galería para acceder al primer nivel, donde nuevamente hay bajorrelieves en el interior del muro, de los que nosotros solo vemos la batalla naval entre jemeres y chams.


Y el de los chams vencidos, donde se preparan para la fiesta de celebración.


No tenemos tiempo de deambular por el resto de las galerías para ver más bajorrelieves, pero se ve la diferencia  respecto a los de Angkor Wat que eran más elaborados, aunque a estos no les faltan detalles.

Subimos las escaleras que conducen a los dos niveles siguientes, el templo más de cerca ya no parece tan puzzle y los rostros comienzan a distinguirse mejor.

 
Entrar por estas torres-puerta al templo bajo la atenta mirada de Jayavarman es una experiencia única y misteriosa.

 
Cada vez que vamos cruzando muros-galerías 

 
y ascendemos por los niveles, las caras son más nítidas y cercanas.

 
Desde arriba se distinguen los montones de piedras caídas del templo y el trabajo inmenso que tienen por delante los restauradores.


Los niveles corresponden a las diferentes fases de construcción. Debido a la avanzada edad del rey Jayavarman VII al inicio de la construcción, nunca confió que pudiera acabarla. Solo cuando se completaba una fase, se pasaba a la siguiente.
 
Se llega al tercer nivel y se nos cae la baba, se nos abren los ojos, y lo que afortunadamente contemplamos va más allá de las palabras, es pura magia, es piedra hecha belleza, es una maravilla. Recordando y viendo las fotos se me vuelven a erizar los pelos. 


En el templo hay 54 torres, decorada cada una con cuatro caras de Avalokiteshavara, en total 216 rostros mirándote a cada momento. Cada una de estas caras representan la amabilidad, la simpatía, la compasión y la ecuanimidad, los cuatro pilares de la filosofía budista…y dan ganas de tocarlos y sentirlos (ya sé que es poco respetuoso pero estas caras son un imán). 


El tercer nivel no es cuadrado sino que es redondo, aunque más bien zigzaguea con una barandilla de nagas, a las que por supuesto les faltan las cabezas; esta forma zigzagueante también le da un encanto diferente y especial, por si ya con las caras no tuviera bastante. En el centro la torre del santuario.


Hay un punto Kodak que tiene cola para hacerse la foto típica, así que la buena de Alann nos lleva a otro, que aunque el encuadre no es tan bueno por lo menos no hay que esperar un rato largo, porque en este templo como en Angkor hay bastante gente, todos con caras alucinadas y con sonrisas permanentes, parecemos embrujados o el reflejo de Avalokiteshavara hecho carne. No salió del todo bien pero por lo menos mi face to face con el rey.

 
A cada paso un nuevo rostro, que es el mismo, y una sensación para la que no tengo palabras, hay que estar allí para sentirla y para sentir la mirada de las piedras. Con estos rostros se pretendía dar la sensación de poder y control con dosis de humanidad, una mezcla más que suficiente para dominar el vasto imperio de los jemeres.

 
En sus paredes figuras de apsaras, nunca pueden faltar.

 
Que de repente se hacen realidad (más o menos)


Al santuario se puede entrar pero no hay nada en él, aparte del incensario y de tener la sensación de casi entrar en esas caras.


Con tristeza bajamos, vamos dejando atrás el enigma del templo, al que algún año volveremos para verlo al amanecer o al atardecer, cuando el sol ilumine o apague esas caras una por una, que tiene que ser un espectáculo único. Si Angkor Wat nos impactó en su belleza y grandeza, el Bayon va más allá, es otro templo que deja una huella muy especial y se puede estar paseando continuamente por el tercer nivel y descubrir nuevos ángulos, más miradas, más magia, más de todo.

  
La magia existe y Angkor nos está enseñando donde se halla.