11 de diciembre de 2011

Australia - De Cairns a Darwin (en avión)


Volando hacia el fin del mundo

Realizadas las compras y comidos (ni bien ni mal, solo comidos) volvemos al hotel, así aprovechamos para descansar un poco en los sofás del vestíbulo, y de nuevo problemas, nuestro transporte hacia el aeropuerto se retrasa, y esto nos preocupa un poco, más que la espera en Kuranda; ya hemos visto que el aeropuerto no se encuentra lejos, pero no sabemos si habrá multitud en facturación que nos hiciera ir demasiado apurados. Esperamos más de veinte minutos y decidimos llamar a un taxi para irnos por nuestra cuenta. Al tiempo que llega el taxi llega la simpática María con nuestro transporte que nos mira extrañada al ver que nos íbamos. Le explicamos y nos explica: ella tenía la hora de recogida quince minutos más tarde que nosotros, con lo que solo llegaba algo más de cinco minutos tarde, y no estaba preocupada porque ella sí sabe que en facturación no habrá problemas. Anulamos el taxista que parece ser que se pilla un buen enfado y nos vamos con María, una catalana muy agradable, que nos cuenta muchas cosas, y que como guía me parece muy completa, si a nosotros nos cuenta y nos ayuda tanto ¿qué no hará con sus clientes?, aunque ella solo se dedica a Cairns y alrededores y no es guía para toda Australia como Alda. María incluso entra al aeropuerto con nosotros, los guías tienen pase especial aunque también tienen que pasar el control de seguridad y nos acompaña algo en el tiempo de espera para embarcar, se sentía algo culpable, sin tener ninguna culpa, del rato de espera y desespera en el hotel. Un buen recuerdo, corto pero bueno, es el que nos ha dejado María. 

Hoy nos toca volar a Darwin, la capital del Territorio del Norte, a 1.682 km de Cairns.

Fuente: mapas.owje.com

El vuelo, en un Boeing 717, sale a su hora y nos dan de cenar, pero no hay ni una foto, creo que estamos agotados de las comidas de avión. El vuelo dura dos horas y media y de nuevo toca retrasar media hora, esto parece el baile de la yenka: delante, detrás, un dos, tres…


Aterrizamos en Darwin de noche y nuestro transfer ya está esperándonos, a partir de ahora nos toca todo en inglés, si queríamos venir a esta zona era la única manera y como queríamos aquí estamos en estas condiciones. El chófer es un australiano divertido, cuando salimos del aeropuerto para buscar el coche con el que nos llevará al hotel pasamos al lado de un coche de policía y nos dice que es ese…nos esforzamos todos en intentar tener una conversación mientras dura el viaje, aunque fue una de esas intermitentes: ahora hablamos, ahora callamos.

Llegamos al hotel reventados de cansancio, y eso que el día no ha sido especialmente duro, pero las esperas y los aviones siempre provocan un cansancio añadido, además mañana tenemos la hora de recogida para la excursión a las ¡¡6.25 h!!, con lo que toca un buen madrugón. 


Al principio pedimos una caja de desayuno para llevarnos de viaje y tomarlo en el autobús pero luego nos damos cuenta que lo podemos hacer en el buffet del hotel, algo apurados pero se puede hacer, ya que comienzan a dar desayunos a partir de las 6 h, y preferimos hacerlo en una mesa que sobre una butaca de viaje. Con las chicas de recepción unas risas, su inglés no es compatible con nuestro inglés (eufemismo que me permito), pero simpáticas y amables, los australianos han sido todo un descubrimiento hasta que llegó “él”. 

Hoy la entrega es corta porque no quería mezclar el vuelo con las visitas, es el modo de tener un poco de orden. 



8 de diciembre de 2011

Australia - Cairns - Kuranda - Skyrail Rainforest Cableway


Un viaje sobre las copas de los árboles

Hemos venido a Kuranda en tren, y podríamos volver a Cairns en el mismo medio de transporte, que estaría bien por aquello de intentar ir en el lado contrario a la ida y rematar los lugares y las vistas que nos hemos perdido, pero hay una alternativa, que es la que tomaremos, el Skyrail Rainforest Cableway, cuya estación en Kuranda se ha construido imitando el estilo Federación de la estación de tren. 


El funicular se tardó en construir un año, terminándose en 1995,  haciendo un recorrido de 7,5 km de/hasta Cairns en una hora y media, pero no, no hay que asustarse, no hay que ir empujando la cabina, no es por la velocidad, que es lenta para disfrutar del paisaje, por lo que se tarda tanto, es porque hay dos paradas intermedias en las que se puede bajar si se desea. 

Todas las torres del funicular, treinta y tres en total, fueron colocadas utilizando un helicóptero para evitar la alteración de la selva tropical, y la más alta mide 40,5 m. Es uno de los funiculares más grandes del mundo y desde luego es impresionante la labor que se ha realizado.

Comienza el viaje sobrevolando el río Barron, donde viven cocodrilos de agua dulce, pero desde altura es imposible ver alguno, ya sería suerte y buena vista. 


Hacia atrás dejamos Kuranda. 


Debajo de la cabina  la grandiosa y verde selva tropical.


La primera parada es la estación de Barron Falls, donde hay habilitado un camino de pasarelas para pasear por el rainforest


Donde puede aparecer la fauna local, afortunadamente solo pájaros, pero tan inquietos que es difícil conseguir una buena nota del “pavo”. 


El nombre de la estación, Barron Falls, ya lo dice todo, desde un mirador se pueden contemplar las Barron Falls. 



También se puede ver el tren parado para que sus pasajeros admiren la cascada. 


Volvemos al funicular para continuar el viaje, subiendo al ritmo de la montaña y los árboles por los que va pasando; entre las torres 18 a 25 es cuando nos acercamos más a las copas de los árboles. Desde arriba se pueden ver nuevamente las Barron Falls y la zona donde para el tren, da la sensación de ser un diorama y no la realidad. Es impresionante contemplar el paisaje y el tendido de este funicular. 


De repente vemos helechos sobresalir con un color verde más claro entre el resto de los árboles, los hemos visto altos en Nueva Zelanda y aquí en Australia,  pero ¿tan altos?, estos helechos son como gigantes, más adelante descubriremos su secreto, aunque ya lo descubrimos en Mamu.

La siguiente y última parada es la de Red Peak, en lo alto de la montaña con este nombre, siendo el punto más alto del funicular, a 545 m de altura, donde nuevamente hay pasarelas para disfrutar del paisaje. 


Nos encontramos con un viejo conocido nuestro, al que conocimos muy bien en Nueva Zelanda, el grandioso pino kauri, que viéndolo en esta foto me recuerda a los molinos de Don Quijote, ¿tendré yo también como manchega mi punto de locura?


El secreto de los helechos a tanta altura es que son plantas epifitas, de las que crecen sobre otros árboles sin hacerles daño, como las que vimos en Mamu. Los helechos pueden ser de diferentes clases: de cuerno de alce, de cuerno de ciervo, o de nido de ave. 


 
El paisaje impresiona por su inmensidad, es completamente verde y produce mucha paz, además no somos demasiados los turistas que pululamos por las pasarelas, y los que lo hacemos estamos bastante en silencio, supongo que algo sobrecogidos. 


Lo que también impresiona (quizás mejor el verbo alucinar) en este recorrido es la existencia de toilets en las paradas que realiza el funicular. En esta, como ya he comentado, ¡¡estamos en un bosque a 545 m!!. Por supuesto son de los ecológicos, donde todo se recicla, y ya nos hemos ido acostumbrando al agujero de caída infinita, al agujero negro de la tierra y no del espacio. 


Volvemos al funicular, ahora sí es hora de volver a Cairns.


Vamos saliendo de las montañas para acercarnos de nuevo a la costa.



Fuera de la estación del funicular hay un ajetreo de turistas y transportes que vuelven a Cairns, pero nuestro transporte no aparece, no es que nos preocupe demasiado por la hora, vamos bien de tiempo, no hemos apurado el horario de hoy, pero sí que estamos en un lugar donde no es fácil encontrar un transporte alternativo. Finalmente, aunque tarde en horario, llega nuestro conductor que nos deja en el hotel, desde donde salimos a pasear y encontrar un lugar donde comer, aprovechando para rematar las compras de regalos para la familia,  ahora sí algo de típicos souvenirs. 

5 de diciembre de 2011

Australia - Cairns - Kuranda - Australian Butterfly Sanctuary


El vals de las mariposas

Kuranda es una localidad situada en el rainforest y donde se reunían los hippies en los años sesenta, que establecieron un mercado de artesanía. Actualmente mantiene este mercado y se ha convertido en una ciudad-tienda, por ejemplo la calle Coondoo St es una sucesión de ellas. 


Entrando en la ciudad tenemos la sensación que del paraíso hemos pasado al salvaje Oeste. 


Pero seguimos en el paraíso de las plantas.


Una de las tiendas llama mi atención poderosamente, me produce una mala impresión, no me gusta ver esos muñecos así expuestos, y no creo que tenga que explicar nada porque ellos mismos lo hacen, creo que son algo típico porque estaban en dos o tres tiendas, pero no me pareció agradable su visión por la posición en la que los exhiben, si los pusieran de otra forma todo sería distinto. 


Señales no faltan en la ciudad con lo que lo más difícil es perderse en ella, ¿Dónde tenemos que ir?


La vegetación también se encuentra en las barandillas.


Y la fauna en los bolardos.



Entre las tiendas no faltan las de arte aborigen, una de ellas aparte de un bonito mural del dreamtime en una pared exterior lo que tiene diferente es el lugar donde se ubica, un barco, desconozco si es algún tipo de embarcación propia a tamaño más grande del natural. Lo que si se reconocen son los colores de la bandera de Australia aborigen: rojo, amarillo y negro. 


Nosotros tenemos un solo destino en esta ciudad de los muchos que ofrece con mayor o menor interés o curiosidad, el Australian Butterfly Sanctuary, un santuario de mariposas o mariposario, cuya construcción carece de entramados y pilares para sostener el tejado.


Hay cientos, cuando no miles, de mariposas, que vuelan sobre nosotros continuamente y si te quedas quieto se te posan encima, pero yo no soy capaz de quedarme tan quieta cuando se aproximan a mí y me muevo para que no lo hagan (no quiero darles con la guía y acabar en comisaría). 


De las 20.000 especies mundiales de mariposas, 382 son naturales de Australia. Detalles curiosos sobre ellas que aprendemos en este santuario, principalmente yo que mi relación con el mundo animal en general está más llena de lagunas que las de mi acompañante, es que algunas son venenosas como medio de defensa principalmente ante los pájaros, que bien mueren al morderlas o si se salvan aprenden a no volver a intentar comerse una de estos colores, con lo que algunas no venenosas copian el color de las venenosas ( han salido listas estas mariposas).

Otro detalle es que sus ojos son de forma hemisférica y  tienen una visión global, ven lo que hay en los 360º, con lo que pueden emprender la huida antes de ser atacadas, y este vuelo suele ser con rápidos cambios de dirección, acto que no pueden realizar los pájaros (vamos, que los vuelven locos). 

Las mariposas también emigran, y atraviesan largas distancias, cruzando continentes e incluso océanos, y cuando hacen esto último los expertos no se explican cómo pueden reposar de noche en alta mar. 

Conozcamos algunas de ellas, aunque me puedo equivocar al nombrarlas, intento seguir la pequeña guía que compramos. 

La negra con manchas blancas y azules es la Common Eggfly, y la gris con manchas en su cola naranja es una Orchard Butterfly


Una Red Lacewing, según cuentan una joya en el rainforest, y una de las pocas de color rojo en el mundo, aunque no se distingue demasiado bien su color rojo.



Una Orange Lacewing.


La espectacular en colorido Cairns Birdwing, muy difícil de capturar en fotografía porque no dejaba de batir las alas continuamente, y cuando se posaba lo solía hacer juntando las alas, cuyos colores eran el verde y el amarillo. 


Creo que es una variedad de Cruiser pero tengo dudas, como ella había muchas y era la que más se posaba sobre las personas con total tranquilidad (a mí me recuerda demasiado a las polillas, y seguro que es una blasfemia lo que escribo para los apasionados de estos animales). 


Dos Common Eggfly, la de la derecha el macho, a la izquierda la hembra, y nunca dos hembras son exactamente iguales, presentan gran variedad en colores. 


Otro tipo de Cruiser.


Otra de las espectaculares y escurridizas para fotografiar, la Ulysses, de un color azul eléctrico precioso, que es uno de los símbolos del Norte de Queensland, cuya vida es de las más cortas, solo dos semanas. En el rainforest de Mamu tienen una colonia pero allí no vimos ninguna y eso que nos esforzamos en buscarlas. Este es un macho, que tal y como se dirige al cartel parece un cromo que fuera buscando su sitio. 


Podría ser otro tipo de Orchard Butterfly pero vuelvo a tener dudas. 


No faltan los cuencos con alimento, trozos de naranja principalmente, donde continuamente se posan las mariposas. 


Solo le falta enseñarnos la oculta lengua de las mariposas.


Se puede entrar en el criadero de mariposas, donde cuidan las plantas donde posan los huevos las mariposas y luego recogen los gusanos que serán crisálidas; tenemos la oportunidad de ver como realiza esta tarea una de las trabajadoras y saca casi de cada hoja de una planta un gusano, y tiene plantas allí dentro para asustar, pero es normal con la vida tan efímera de las mariposas que tengan que estar criando a gran velocidad.


Es muy curioso ver que cada mariposa tiene su propia forma de gusano, aunque sería lógico pensarlo viendo la variedad cromática pero sinceramente nunca me había dado por pensar en ello. Lástima que no tomara notas de a qué mariposas corresponde cada uno de los gusanos. Creo recordar que el segundo gusano corresponde a la Cairns Birdwing, el tercero con total seguridad corresponde a la Ulysses, curiosamente el gusano es verde para luego ser de alas azules. 






Para terminar hay una pequeña exposición de fotografías, donde llama la atención y asusta (por lo menos a mí) en particular esta, no me veo en esta pose. 


También hay mariposas disecadas para poder conocerlas y reconocerlas, sobre todo a aquellas que no se han dejado revoloteando sin parar. 

La Richmond Birdwing





La Ulysses, por fin completa aunque tenga que ser de esta manera tan estática. 


La de la siguiente foto no la vimos en el mariposario, afortunadamente para mí y para ella porque el susto hubiera podido tener consecuencias por acto reflejo si se me acerca. Es la Hercules Moth, la mariposa más grande del mundo, que solo habita en el Norte de Queensland y en Nueva Guinea. Desde que llegan a la edad de adultos solo viven 48 horas. 


A la salida del santuario hay una pizarra para escribir las sensaciones al visitarlo y está lleno de bonitas palabras, y a pesar de mi temor absurdo tengo que reconocer que es un lugar precioso, que además de su belleza me ofreció una lección de los más pequeños, una pareja de niños japoneses, en la que el niño era un artista consiguiendo que se le posaran las mariposas continuamente, con total naturalidad, una gozada el verlo. 

Hay más lugares visitables en Kuranda, como el Birdworld, con aves autóctonas y exóticas, o el Australian Venom Zoo, donde extraen veneno de arañas en vivo, o la Emu Ridge Gallery/Fossil and Gemstone Museum, un museo de fósiles y gemas aparte de tienda, o los Kuranda Koala Gardens, un pequeño zoo con canguros, wallabies, wombats, cocodrilos y por supuesto koalas.

También se pueden realizar actividades, como cruceros por el río Barron o asistir a un espectáculo aborigen, pero nosotros por una cuestión de tiempo y tranquilidad emprendemos la vuelta por la calle de las tiendas y los restaurantes.


También paramos en el mercado de artesanía, donde por supuesto no pueden faltar las alusiones a las mariposas. 


Un cartel simpático e incitador a la compra nos aconseja ir con tranquilidad, que para tomar el siguiente transporte hay tiempo suficiente.