8 de diciembre de 2011

Australia - Cairns - Kuranda - Skyrail Rainforest Cableway


Un viaje sobre las copas de los árboles

Hemos venido a Kuranda en tren, y podríamos volver a Cairns en el mismo medio de transporte, que estaría bien por aquello de intentar ir en el lado contrario a la ida y rematar los lugares y las vistas que nos hemos perdido, pero hay una alternativa, que es la que tomaremos, el Skyrail Rainforest Cableway, cuya estación en Kuranda se ha construido imitando el estilo Federación de la estación de tren. 


El funicular se tardó en construir un año, terminándose en 1995,  haciendo un recorrido de 7,5 km de/hasta Cairns en una hora y media, pero no, no hay que asustarse, no hay que ir empujando la cabina, no es por la velocidad, que es lenta para disfrutar del paisaje, por lo que se tarda tanto, es porque hay dos paradas intermedias en las que se puede bajar si se desea. 

Todas las torres del funicular, treinta y tres en total, fueron colocadas utilizando un helicóptero para evitar la alteración de la selva tropical, y la más alta mide 40,5 m. Es uno de los funiculares más grandes del mundo y desde luego es impresionante la labor que se ha realizado.

Comienza el viaje sobrevolando el río Barron, donde viven cocodrilos de agua dulce, pero desde altura es imposible ver alguno, ya sería suerte y buena vista. 


Hacia atrás dejamos Kuranda. 


Debajo de la cabina  la grandiosa y verde selva tropical.


La primera parada es la estación de Barron Falls, donde hay habilitado un camino de pasarelas para pasear por el rainforest


Donde puede aparecer la fauna local, afortunadamente solo pájaros, pero tan inquietos que es difícil conseguir una buena nota del “pavo”. 


El nombre de la estación, Barron Falls, ya lo dice todo, desde un mirador se pueden contemplar las Barron Falls. 



También se puede ver el tren parado para que sus pasajeros admiren la cascada. 


Volvemos al funicular para continuar el viaje, subiendo al ritmo de la montaña y los árboles por los que va pasando; entre las torres 18 a 25 es cuando nos acercamos más a las copas de los árboles. Desde arriba se pueden ver nuevamente las Barron Falls y la zona donde para el tren, da la sensación de ser un diorama y no la realidad. Es impresionante contemplar el paisaje y el tendido de este funicular. 


De repente vemos helechos sobresalir con un color verde más claro entre el resto de los árboles, los hemos visto altos en Nueva Zelanda y aquí en Australia,  pero ¿tan altos?, estos helechos son como gigantes, más adelante descubriremos su secreto, aunque ya lo descubrimos en Mamu.

La siguiente y última parada es la de Red Peak, en lo alto de la montaña con este nombre, siendo el punto más alto del funicular, a 545 m de altura, donde nuevamente hay pasarelas para disfrutar del paisaje. 


Nos encontramos con un viejo conocido nuestro, al que conocimos muy bien en Nueva Zelanda, el grandioso pino kauri, que viéndolo en esta foto me recuerda a los molinos de Don Quijote, ¿tendré yo también como manchega mi punto de locura?


El secreto de los helechos a tanta altura es que son plantas epifitas, de las que crecen sobre otros árboles sin hacerles daño, como las que vimos en Mamu. Los helechos pueden ser de diferentes clases: de cuerno de alce, de cuerno de ciervo, o de nido de ave. 


 
El paisaje impresiona por su inmensidad, es completamente verde y produce mucha paz, además no somos demasiados los turistas que pululamos por las pasarelas, y los que lo hacemos estamos bastante en silencio, supongo que algo sobrecogidos. 


Lo que también impresiona (quizás mejor el verbo alucinar) en este recorrido es la existencia de toilets en las paradas que realiza el funicular. En esta, como ya he comentado, ¡¡estamos en un bosque a 545 m!!. Por supuesto son de los ecológicos, donde todo se recicla, y ya nos hemos ido acostumbrando al agujero de caída infinita, al agujero negro de la tierra y no del espacio. 


Volvemos al funicular, ahora sí es hora de volver a Cairns.


Vamos saliendo de las montañas para acercarnos de nuevo a la costa.



Fuera de la estación del funicular hay un ajetreo de turistas y transportes que vuelven a Cairns, pero nuestro transporte no aparece, no es que nos preocupe demasiado por la hora, vamos bien de tiempo, no hemos apurado el horario de hoy, pero sí que estamos en un lugar donde no es fácil encontrar un transporte alternativo. Finalmente, aunque tarde en horario, llega nuestro conductor que nos deja en el hotel, desde donde salimos a pasear y encontrar un lugar donde comer, aprovechando para rematar las compras de regalos para la familia,  ahora sí algo de típicos souvenirs. 

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