23 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo de Chion-in

Hasta pronto Kioto! (por la puerta grande)

Damos por finalizada la visita al templo de Daitoku-ji aunque podríamos pasar el día completo en él descubriendo subtemplos y jardines zen. A la salida tomamos un taxi y nos vamos al templo de Chion-in, que está cerca del hotel, así el horario va más ajustado y luego no hay que correr. 

El templo es uno de los más grandes del país, sede de la escuela Jodo. Los edificios originales del templo, erigidos en 1234, se perdieron en incendios y guerras y los actuales datan de la década de 1630, no teniendo rival en cuanto a tamaño y opulencia. El complejo ocupa el emplazamiento donde Honen, fundador de la escuela Jodo, comenzó a predicar en 1175.

Para seguir con la tónica destaca la impresionante puerta sanmon de dos pisos, y eso que ya hemos visto grandes. Se eleva a 24 m de altura y se construyó para proclamar la supremacía de la secta budista Jodo, mostrando al tiempo la autoridad del shogunato Tokugawa que costeó su restauración


Detrás de estas escaleras nos esperan otras, que nos parecen interminables, pero como queremos conocer las afrontamos cual alpinistas ansiosos por coronar la cima.


De nuevo un mapa con los edificios del templo, por supuesto en japonés, que por lo menos es orientativo, para perderse con conocimiento de causa y no solo aleatoriamente. 




Hay una gran explanada donde cae el sol a modo de espada justiciera pero somos capaces de aguantarlo, e incluso refrescarnos gota a gota con la mirada. 

Tenemos la oportunidad de escuchar a un monje tocar el gong y canturrear, al que fotografiamos a la salida, por aquello de no molestar. 


Paseamos por el recinto para descubrir sus edificios, que aunque puedan parecer más de lo mismo, fijándose se marcan las diferencias, en este caso más evidentes en la claridad de la madera. 


La campana es la más grande del país,  fue fundida en 1633 con 74 toneladas de peso y requiere de 17 monjes para hacerla sonar durante los servicios anuales en memoria de Honen (17 de abril) y durante Año Nuevo. Se tañen 108 golpes, una por cada pecado que pueda cometer el hombre (para esto que lo explique un budista, porque no tengo ni idea, de tantos pecados, que nosotros somos muy virtuosos).


Nos despedimos del templo y de su fuente de purificación. 


Para bajar descubrimos que hay una rampa, que será más cómoda que las escaleras, y es que hay que mirar más y mejor antes de emprender las subidas o las bajadas para evitarse esfuerzos innecesarios.

Ya estamos cansados, y a pesar que todavía nos queda tiempo para visitar otro templo cercano, preferimos acercarnos al hotel para comer y descansar en las zonas comunes, que no hay que abusar del conocimiento, aunque en muchas ocasiones el abuso es imprescindible, pero creo que de Kioto hemos conocido bastante, aunque escribiendo estas letras me he dado cuenta que no con la profundidad que se merecía por las lagunas que me han quedado. 

Nos vienen a recoger a la hora señalada. Como llegamos temprano a la estación, la señorita  que nos acompaña se ofrece a quedarse en una de las salas de espera con las maletas mientras nos damos una vuelta, y como más pareciera que se encontraba incómoda buscando conversación con nosotros y en inglés, aceptamos el ofrecimiento. A la hora de salida del tren  Shinkansen (tren bala) nos acompaña al andén, nos da unas pegatinas para que nos reconozca la persona que nos esperará en Tokio para acompañarnos al hotel, y espera hasta que el tren sale mientras nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida y sólo hace una hora y media, esta cercanía lejana es la que más impresiona de la población japonesa. 

  
Al llegar a Tokio en el andén nos espera otra señorita, después de los saludos y preguntas de rigor, nos da en un sobre 2000Y porque ella no nos va a acompañar al hotel sino a un taxi, con esto alucinamos, supongo que será por la hora, las nueve de la noche. Firmo el recibí, nos deja en el taxi y llegamos al hotel.

Para tener la habitación tenemos un diálogo para besugos con el recepcionista, pedimos una cama king, dice que bien, después de comprobar dice que no, que en no fumadores no tiene, que tiene que ser twin, y yo le intento preguntar si la diferencia de las dos habitaciones es solo la zona, pero no había manera, él no salía del humo y yo no salía del tamaño.....desisto y acepto, y al final comprende y dice que si, que son iguales.

Preguntamos por las maletas que salieron por la mañana de Kioto, mira y dice que las subirán a la habitación. Preguntamos para cenar en el hotel y ya no es hora para los restaurantes, pero hay uno que cierra a las 12 de la noche, un snack bar con un poco de todo, que será nuestra opción.

Subimos a la habitación, nos duchamos, en nuestras maletas de mano tenemos ropa limpia y bajamos a cena, cuando volvemos a la habitación las maletas no han llegado. Para evitar tener otra conversación de besugo y por teléfono bajamos a reclamarlas, y al pobre señor le cambió la cara, disculpas de todas las formas posibles con el gesto y  principalmente con el espinazo doblado casi a 90º, esta inclinación es mayor cuanto mayor es el respeto o cuanto mayor es el perdón que solicitas. Lo veo excesivo y le intento sonreír para que se relaje. Su punto de inclinación fue mi punto de inflexión con la cultura japonesa, no me siento cómoda con estas cosas cuando las cosas se solucionan hablando y actuando, es más fácil, sin olvidar una buena excusa, pero llegar a esto me hizo sentir mal.

Llegan las maletas y llega el descanso.

20 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo Daituki-ji

En territorio zen

A la salida del jardín de Shosei-en tomamos un taxi para ir a la otra punta de la ciudad, al oeste, vamos a visitar el templo Daitoku-ji, importante en la historia de la escuela zen Rinzai. Fue fundado en 1324 pero los edificios originales fueron destruidos durante la guerra Onin (1467-1477), se sustituyeron en 1479 y se añadieron otros durante los siglos XVI y XVII, de acuerdo con la práctica de trasladar edificios de un lugar a otro. Prosperó en la segunda mitad del siglo XVI, cuando gozó del mecenazgo de los jefes -y amantes de la ceremonia del té- Oda Nobunaga e Hideyoshi. Hoy, sus numerosos subtemplos, con sus casas de té y sus jardines, siguen promoviendo los caminos del zen y del té.

 
El complejo del templo es como una ciudad, en 11 Ha de terreno, con sus calles adoquinadas por donde circulan los peatones y los supercoches de los monjes, sus tropecientos edificios, sus subtemplos (23), sus jardines. Así que vamos improvisando el paseo y entrando donde nos dejan, y de nuevo la confusión de qué es cada lugar, ahora ya he aprendido a tomar notas que me puedan ayudar para recordar, pero este viaje fue el primero con tanta información recibida visualmente y de todo se aprende. 

Entramos en el templo de Ryogen-in, fundado en 1502, está considerado un tesoro nacional. Posee cinco jardines zen, de los que soy incapaz (llamadme inútil) de deciros su significado, y eso que lo tienen.

Estos jardines, utilizados por los monjes zen como forma de meditación, suelen ser un campo de arena poco profunda que contiene arena, grava, rocas y ocasionalmente hierba, musgo y otros elementos naturales. Son jardines-escena, y por tanto de dimensiones limitadas (como mucho 10x30 metros). La arena rastrillada representa el mar, en torno a las rocas se rastrilla en anillos, como si estas formaran ondulaciones en el agua. En el resto del jardín, se rastrilla en paralelo a la plataforma. La orientación del jardín para el relax debe encarar el Este, la arena que representa la paz del mar es la que debe estar mirando hacia la salida del sol.

Las rocas deben colocarse contra un fondo -como pequeño patio trasero o un rincón del jardín- del que destaquen. El tamaño y la naturaleza del fondo son indistintos, pero su disposición debe producir el efecto de dirigir la mirada hacia el altar de rocas. Las rocas siempre tienen que estar colocadas en grupos de 3, 5 y 7, y nunca aleatoriamente. Las rocas son caligrafias, por lo que en cada jardin hay una frase, un pensamiento o idea.
 
Siempre representan en su colocación un paisaje de Japón. Los surcos de la grava es como se comportaría la superficie si las rocas estuvieran surgiendo de ella, como se movería la energía.

El llamado Totekiko es el más pequeño de los jardines de piedra en Japón.

 
En Isshidan la roca central representa una montaña y la arena el mar, las demás piedras una tortuga, un cráneo...pssssss.


Kodatei es un pequeño jardín de rocas, muy sencillo, por lo menos a primera vista. 



Ryogintei es el más antiguo del complejo.

 
En el interior de una de las salas se contempla una pintura en los paneles, un dragón del periodo Edo, que es muy llamativo, aparte de simpático, aunque no creo que este adjetivo sea el más adecuado para los dragones, a no ser que sean de dibujos animados.


Entramos a otros complejos: Koto-in es un laberinto de casas de té; y en el templo de Daisen-in, donde nos dan un cuaderno con explicación del jardín, que hay que devolver a la salida, y nos ofrecen la posibilidad de tomar un té al finalizar, por un precio módico que aceptamos, no es una ceremonia clásica sino una más bien un ceremonia estilo fast tea, con un postre tipo croqueta incluido; sin ser lo que tiene ser la ceremonia completa la experiencia resultó curiosa.

También entramos en el templo de Zuiho-in, construido en 1535 en memoria de un daimio cristiano, donde destaca el jardín de la cruz, en recuerdo de este señor feudal cristiano.


Pero yo la cruz no la veo, y ahora por internet he visto una fotocomposición, y es que hay que unir mentalmente varias piedras....todo esto allí resultaba bastante difícil. 


Fuente: e-ciencia.com

En este templo hay otro jardín, más piedras pero más complejas o eso me parece. La teoría dice que se sugieren ondas de agua que bañan las formaciones rocosas que representan las montañas Hohrai.

El caso es que con explicaciones o sin ellas yo sigo sin entender mucho esto de los jardines zen, aunque estéticamente son muy curiosos y bonitos. Posiblemente me falte sensibilidad, los defectos hay que aceptarlos y seguramente el calor no es el compañero ideal para sentarse frente a ellos a contemplarlos, como tampoco es nuestro mejor aliado el tiempo para hacerlo, si queremos ver más es imposible verlos mejor.


Si con mis letras dubitativas no os he contagiado el espíritu zen, espero que las fotos hayan captado algo de su esencia, y sobre todo, os animo a contemplarlos in situ y que a la vuelta me contéis vuestras sensaciones y experiencias. Para mí sigue siendo una asignatura pendiente, pero espero poder aprobarla.

19 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo Higashi Hongan-ji - Templo Nishi Hongan-ji - Jardín Shosei-en

Templos casi gemelos con mucha confusión



Hoy nos trasladaremos a Tokio, pero será por la tarde, así que a primera hora  por la mañana dejamos dos de nuestras maletas en la puerta de la habitación, estas irán por su cuenta, parece que hay cosas que no cambian se sea grupo o individual, y las otras dos viajarán con nosotros, así que las dejamos en la consigna del hotel durante toda la mañana. Y aquí estuvo divertida la cosa, porque no nos entendíamos con el señor de recepción, él pensaba que las que queríamos dejar eran las que tenían que viajar para Tokio, y hasta que conseguimos entendernos fue un sufrimiento para todos, que acabo en risas, porque el pobre ya buscaba el modo de enviarlas y nosotros luchando para que no lo hiciera.

En un taxi vamos al templo de Nishi Hongan-ji, templo del auténtico deseo del oeste.  El templo es la sede de la esculea budista de Jodo Sinshu y es uno de los templos más importantes de Japón.


Está casi imposible de visitar porque lo están adecentando, muchos de sus edificios tapados por lonas y pasos cortados, aún así paseamos por él. Tengo la duda de si más que un lavado de cara es una restauración en toda regla porque muchas de sus construcciones del siglo XVII fueron pasto de las llamas.


La escuela Jodo Shinshu (Verdadera Escuela de la Tierra Pura) fue fundada en 1244 y no aboga por la comida vegetariana, el ascetismo ni el celibato sacerdotal. En lugar de eso, enseña que para alcanzar la iluminación basta con repetir la jaculatoria que exalta al Buda Amida: Namu Amida Butsu. Considerada una amenaza política la escuela fue perseguida, aunque su congregación era tan amplia que Toyotomi Hideyoshi comprendió que la unificación de Japón fracasaría sin ella, así que mandó edificar el Nishi Hongan-ji. Hoy la escuela cuenta con 12 millones de fieles en todo el mundo.

Caminando llegamos a su templo casi gemelo, Higashi Hongan-ji, el templo del oeste. Fue erigido por un abad disconforme que dejó la escuela Jodo Shinshu para fundar en 1602 otra rival aquí. Quemado en un incendio y reconstruido en 1895, el templo compite en tamaño con su antecesor.

De nuevo destaca su puerta, la Goeido-mon, una impresionante estructura de madera con gruesas columnas circulares con detalles labrados en metal. 

 
En el lavadero de las purificaciones el típico dragón, que en esta ocasión es de un considerable tamaño.

  
Los edificios tienen corredores de madera en los que hay piezas antiguas, como una cuerda, kezuna, realizada con pelo de devotas (si, un asquito total), con una historia de su creación: se remonta a los inicios del proyecto de construcción del Goei-do (sala del fundador), ya que se presentaron graves problemas a causa de las vigas que debían utilizarse.; las cuerdas convencionales no eran suficientes para transportar las grandes vigas hasta el lugar de la construcción, lo cual causó grandes retrasos; cuando se supo de estas dificultades, por todo Japón mujeres devotas no dudaron en cortarse el cabello y hacer grandes cuerdas con él. Finalmente se construyeron cincuenta y tres cuerdas de estas. Gracias a las cuerdas de cabello humano se pudieron izar las gigantescas vigas y completar la construcción de las salas principales. La más larga de estas cuerdas medía 110 metros de largo, tenía una circunferencia de 40cm, y pesaba una tonelada.

La confusión del título es que gracias a tener que refrescar información para el blog he descubierto que tenía los templos confundidos, pensaba que habíamos visitado con mayor profundidad Nishi y no Higishi, aunque supuestamente es más importante el primero, precisamente por ser anterior, pero el segundo nos sorprendió gratamente. A no ser que siga sumida en la confusión y sea todo lo contrario pero creo que ahora he salido definitivamente de ella, pero Jordi Ferré me ha sido de gran utilidad.

No muy lejos se encuentra el jardín de Shosei-en, que pertenece al templo. Su diseño se atribuye al poeta y erudito Ishikawa Jozan (1583-1672) y al arquitecto paisajista Kobori Enshu (1579-1647).


Otro de esos oasis, tesoros escondidos, que tienen las ciudades japonesas, y que no está masificado por los turistas aunque es de gran belleza.

 
Con las entradas nos dan dos bonitos libretos con una mapa, los edificios y lugares, y con las estaciones en las que se abren las flores, lástima que son en japonés y no se entiende nada.

 
A estas alturas del viaje el paraguas sufre una rotura de varillas, pero aún así tendrá que aguantar maltrecho el día de hoy y el de mañana, aunque parezco una turista loca con él.

18 de mayo de 2011

Japón - Kioto

Despidiéndonos de Kioto en la noche


Después de comer con tranquilidad, nos damos un paseo por el jardín que rodea nuestra habitación, y descubrimos un camino que conduce a un santuario.


Nos adentramos con curiosidad por él, la visita por el paseo del filósofo nos llevó toda la mañana y ya son casi las cinco, con lo que poco podríamos intentar visitar y en principio este paseo no parece malo. No faltan los toriis que nos acompañen. 

Aparte del santuario, al estar en la montaña también es un mirador de la ciudad.


Es una pena que el camino no lo tengan más arreglado porque no es feo pero desmerece al pasar al lado de  lo que supongo maquinaria del hotel, que está vallado, y que una zona donde tenía que haber multitud de flores, aunque no sea temporada, está completamente descuidada, con matorrales y completamente seca.  Aún así alguna flor encontramos; que en el viaje del 2012 a Corea del Sur aprendimos a identificar, la rosa de Sharon, la flor nacional de Corea


Con lo visto nos damos buenamente por satisfechos y volvemos hacia el hotel. 

Desde allí nos dirigimos en taxi a la zona comercial, Shijo-dori, y lo primero que hacemos es comprar una nueva maletaa, tenemos en la habitación unas cuantas bolsas de regalos para empacar, y aunque de momento no es totalmente necesaria, en previsión de los días que quedan por delante no es una mala adquisición, y más barata que la anterior, que la tuvimos que comprar en Nara si mal no recuerdo. -y es que este viaje lo emprendimos con dos trolleys pequeños al ser ropa de verano ligera, pero no contamos con las compras que haríamos en el país-. La compra de estas maletas no me satisface nada, porque soy consciente que esta maleta está hecha por algún niño explotado en algún lugar del mundo.

Paseamos por Kioto la nuit para disfrutar de sus calles y despedirnos de ella, aunque todavía nos queda la mañana del día siguiente para realizar algunas visitas más, pero hoy será nuestra última noche. 

Hasta pronto Pontocho


Paseamos por las calles, nos empapamos de nuevo de su ambiente, por Gion, llegamos hasta el Santuario de Yasaka, esta zona ya es familiar para nosotros y ahora en los recuerdos lo sigue siendo. 


Volvemos al hotel en taxi a cenar, donde nos decantamos por un menú kaiseki, que era más bien una pseudo-kaiseki. La cocina tradicional kaiseki presenta cuidadosamente a cada comensal una docena o más de pequeños platos que aparecen clasificados en el menú según el método de elaboración, no por los ingredientes. Los platos se sirven en un orden adecuado para el paladar, y juntos conforman una comida. Tiene su origen en la ceremonia del té. y se suele acompañar con sake, cosa que nosotros no hicimos para no salir a cuatro patas, porque si nos ponemos seguro que lo bebemos.

Tenemos tiempo de deshacer las maletas y montar las cuatro que tenemos ahora. 

17 de mayo de 2011

Japón - Kioto - Templo de Ginkaku-ji - Paseo del filósofo - Templo de Honen-in - Templo de Eikan-do - Templo de Nanzen-ji- Hojo Garden - Templo Tenju-an

Paseando con el filósofo por el canal entre templos y jardines

¡Qué bonita es la habitación kasui-en!, ¡Qué bonito entorno!, ¡Qué bonito el jardín!......ya ya, como aquí amanece bien temprano, mis amigas las chicharras cantan cuando sale la primera luz, así que yo creo que a las cuatro de la mañana ya empezaron a decirme buenos días, y lo que es la mente humana, una puede acostumbrarse y dormir con ese insoportable concierto, porque no os podéis ni imaginar lo que era, y más para mí, que el vuelo de una mosca ya me despierta y luego no consigo pillar de nuevo el sueño.

Esta mañana con un taxi desde el hotel nos acercamos al templo de Ginkaku-ji, o el pabellón plateado, a la entrada un mapa con sus construcciones (lástima que las explicaciones sólo sean japonés). 


El shogun que lo mandó construir en 1482 como retiro campestre, Ashikaga Yoshimasa, pensaba recubrirlo de plata para asemejarlo al pabellón dorado de Kinkaku-ji construido por su abuelo, Yoshimitsu, pero el dinero se acabó, por causa de la guerra de Onin y nunca se recubrió.
 
Tras la muerte de Yoshimasa se convirtió en templo, siendo importante en la cultura japonesa ya que entre sus muros se refinaron la ceremonia del té, el teatro no, los arreglos florales y la pintura con tinta. 

Paseamos por su jardín con su estanque y sus carpas, y subimos por unas escaleras para contemplar las vistas, desde las que se ve el complejo. Una lástima que el templo esté cubierto por obras y que además no se pueda visitar (en la foto no se ven las lonas que lo recubrían).


Vemos con asombro y admiración como cuidan y mantienen la arena rastrillada y la montaña de arena. Con el calor que hace por un momento te dan ganas de provocar al "jardinero" con la canción que cantábamos de pequeños: "la manga riega y aquí no llega...". 



Salimos del templo por una calle muy comercial.


Buscamos el comienzo de una excursión, el paseo del filósofo, kilómetro y medio (yo creo que fue algo más) que discurre a lo largo del canal Shishigatani que bordea la base de las montañas Higashiiyama y que pasa por varios templos, tiendas, restaurantes, casas que tienen muy buena pinta... El nombre de este paseo se debe a un profesor de filosofía de la Universidad de Kioto, Nishida Kitaro, que solía recorrerlo cada día.


No buscamos ni entramos a todos los templos del camino, solo a algunos, bien porque las entradas parecían estar cerradas, bien porque no vimos el camino que conducía a ellos o sencillamente porque nos lo saltamos sin darnos cuenta de su existencia. 

En el canal unos simpáticos pescadores. Resulta realmente curioso como los viajes se encadenan unos a otros de muchas formas, ya sea por cultura, paisaje, gastronomía...y hasta por estos ositos, ya que en en Corea del Sur hay infinidad de museos con los ositos "teddy" como protagonistas de la historia del país y de la historia del mundo, como el que no pudimos visitar en la isla de Jeju-do.


El primer templo que encontramos en nuestro camino es el templo de Honen-in, que está muy tranquilo, pequeño y coqueto. Fue construido en 1860 en honor de Honen, fundador de la escuela Jodo. 

El tejado de la puerta de entrada es de paja. 


Tras la puerta hay dos montículos de arena rastrillada antes de entrar al jardín y a los edificios.

 

Por un puente se entra en la zona del jardín con una fuente muy coqueta.

 
Y su cementerio, al lado, o no tan al lado, incluso algunas veces más bien parecen bastante alejados de los templos. No suelen ser llamativos, ni de grandes obras, algunos más que otros, pero nada de filigranas. Los japoneses se incineran y hasta pasado un tiempo no se les entierra.


En el camino nos encontramos a Tanuki, con sus vergüenzas al aire, y a su señora, que no sé lo que se tapará con las hierbas, pero lleva un lazo en su cabeza para diferenciarse.


Continuamos el paseo por el canal, yo como cual japonesa bajo un paraguas protector del sol. Llegamos al templo de Eikan-do, donde de nuevo nos encontramos con reformas. También es llamado Zenrin-ji y fue dedicado en el siglo XI al sacerdote Eikan, muy venerado por su benevolencia. La mayoría de las construcciones datan del siglo XV. 

El complejo del templo por supuesto comprende varios edificios, un jardín, que en este caso es bastante grande, un estanque, pero la característica especial y principal es su corredor, realizado en madera, que comunica dos de sus edificios y se bifurca en dos escaleras retorcidas, como una cola de dragón, realmente espectacular. 



Al entrar se pueden dejar los zapatos o se pueden coger unas bolsas de plástico para llevarlos, y menos mal que hicimos lo segundo porque de repente se sale al exterior y por un camino y unas escaleras de piedra se alcanza la pagoda Tahoto-to, y desde ella la vista de Kioto; esto en calcetines hubiera dolido. Es curioso que al ser menos transitados estos templos se utilicen las bolsas para portar los zapatos, cuando hasta el momento en todos los que hemos visitado con las guías, y tremendamente abarrotados de turistas, los hemos ido dejando en las estanterías al efecto.

 
Paseamos allá por donde nos dejan, por las pasarelas de madera que recorren los edificios. 


Un cartel simpático de estos japoneses divertidos, anunciando las obras y cortando el paso, como en un dibujo animado. 


Paseamos por su precioso jardín, con puente sobre el estanque incluido. 


Jardín en el que nos encontramos con uno de mis queridos bichos cantores, y precisamente no es una cigarrita, sino una señora cigarra. Menos mal que es al final del viaje cuando la conozco porque sino no hubiera podido pasear tranquilamente por todos los jardines por los que lo he hecho, y ya para lo que me queda, espero ser capaz de evadirme de su tamaño, ya que a su canto es imposible hacerlo.


Este templo ha sido una auténtica y maravillosa sorpresa, altamente recomendable su visita.

El camino continúa hasta alcanzar el complejo del templo Nanzen-ji, que es inmenso, se dice que podría ser hasta una pequeña ciudad, y ciertamente que podría. Fue construído en 1264, en principio como villa para el emperador Kameyama, y dedicado a su uso definitivo como templo en 1293, siendo uno de los más importantes de Kioto y la sede de la escuela zen Rinzai. Ha ocupado un papel central en la historia zen de Japón desde 1386, cuando se le otorgo el control de los Gozan, los cinco grandes templos zen de Kyoto.

Ocupa un espacioso pinar que se extiende hasta alcanzar las laderas arboladas, Los edificios actuales más notables (los antiguos fueron destruidos) se erigieron a principios del siglo XVII.

Lo primero que vemos y que visitamos es su grandiosa puerta Sanmon de dos plantas, que además tiene un balcón. Fue construida en 1628 para consolar a las almas de los muertos en el Asedio de Verano al castillo de Osaka.


Para una vez que nos dejan subir no podemos perdérnoslo, eso si, previo pago. Las escaleras de acceso no son sencillas, bastante inclinadas con lo que a pesar de ser pocas lleva su esfuerzo, y por eso hay unas cuerdas donde poder agarrarse para hacer fuerza, aparte del pasamanos tradicional.

La puerta sirvió de escondrijo a un héroe fuera de la ley, Ishikawa Goemon, como un Robin Hood japonés, que fue escaldado vivo cuando le cogieron.


Desde arriba se contempla el vasto recinto del templo así como las numerosas construcciones que lo componen.


Por una de las salidas del templo se llega a un acueducto de ladrillo, elemento que hasta nunca habíamos visto en construcciones de época, ya que es la madera lo esencial. Si se sigue ascendiendo se llega a una cascada, pero como no sabemos la distancia a la que se encuentra, cómo puede ser el camino, que nuestras reservas de agua no son las más idóneas y que la hora es más bien tardía, no nos aventuramos mucho en este camino.


Entramos de nuevo en el complejo de Nanzen-ji y visitamos el Hojo Garden con su jardín zen.

Entramos en el templo de Tenjuan, con su propio jardín zen,con un curioso paseo de losetas. 

Su estanque, que se puede cruzar sobre piedras, casi casi como Scarlett, aunque ya sabemos que donde ella paseaba era por el Santuario de Heian-jingu.


Visitamos todo aquello que nos dejaron, tengo algún jardín más de este complejo pero no lo tengo registrado, desconozco su nombre y situación exacta. Mi recomendación si os animáis a hacer este paseo del filósofo es que lo disfrutéis intensamente, sin prisa y sin pausa, entrando allí donde os dejen hacerlo, saboreando la tranquilidad que ofrecen sus jardines, ya sean zen o paisajísticos, y de las propias construcciones, sobrias y elegantes, será uno de los buenos recuerdos del viaje.

Terminada la visita de Nanzen-ji con sus jardines zen, salimos del complejo y como estamos cerca del hotel nos acercamos a refrescarnos, que nos vendrá muy bien y aprovechamos para comer allí.