27 de abril de 2014

Chile - Santiago - Barrio Yungay - Pasaje Adriana Cousiño - Cité Huérfanos - Pasaje Lucrecia Valdés - Pasaje Hurtado Rodríguez



Pasajes y cités

Tras salir del Parque Quinta Normal y dar una pequeña vuelta por el exterior, tomamos la calle Catedral y giramos por la calle Maipú, comenzamos a caminar por el barrio Yungay y al igual que nos ocurrió durante nuestros paseos por los barrios de Bellavista y Patronato nos volvemos a encontrar con pintadas y grafitis, de los segundos algunos con mejor estilo y definición que otros, que las primeras no son nunca buenas, aunque algunas puedan ser mensajes para remover conciencias. 


Los edificios, al igual que en los anteriores barrios mencionados, se alternan entre casas bien conservadas y restauradas con algunas en total proceso de abandono y destrucción; así como casas más de tipo popular con otras de más poderío económico, ambas salpicadas con edificios de nueva construcción... una mezcla que no sé  definir si interesante, curiosa, efectiva, ciertamente no sé el adjetivo que aplicar. 


Giramos por la calle Compañía de Jesús para alcanzar el pasaje o cité Adriana Cousiño, que nos parece realmente encantadora, un lugar en el que a simple vista apetece vivir (otra cosa es el barrio en sí, que está sufriendo una regeneración, porque por la noche no tiene buena fama). 


Alrededor de 1840 el espacio entre el centro de la ciudad y el área de Quinta Normal estaba ocupado por tierras de cultivo que se fueron urbanizando con viviendas para las clases obrera y media. Los primeros edificios eran las llamadas “villas”, casas grandes que disponían de amplios terrenos, pero a medida que la demanda de vivienda aumentaba, se comenzaron a construir las cités y los conventillos. 


Las cités eran conjuntos de viviendas con una sola entrada desde la calle, y su nombre se debe a que recordaban a las ciudades medievales. Los conventillos eran cuartos agrupados alrededor de un patio con una entrada a la calle. Ambas fueron construcciones de urgencia para intentar acabar con los insalubres “cuartos redondos” o viviendas de una habitación cuya única ventilación era la puerta de entrada. Dado que Adriana Cousiño tiene doble entrada, es un pasaje y no una cité, y además sus casas parecen más grandes que las que a simple vista parecen encontrarse en las cités. 


Atravesamos el pasaje Adriana Cousiño para salir al paseo Huérfanos, donde a continuación, en dirección a la calle Maipú, se encuentra la cité Huérfanos, que nos recuerda en el colorido, no así en el estado de uno de sus laterales, al que vimos en el barrio Bellavista.


Continuamos caminado por la el paseo Huérfanos y tras pasar la calle Maipú y antes de llegar a la calle Esperanza surge a nuestra izquierda el amplio pasaje Lucrecia Valdés. 



En el pasaje hay casas que han sido reformadas recientemente, con lo que lucen sus fachadas con esplendor y alegría. Viéndolas parece que quieren hacer un barrio "in" de esta zona, por lo que supongo que sus precios no serán precisamente económico.



Atravesamos el pasaje para salir de nuevo a la calle Compañía de Jesús, por la que caminamos y en la que antes de llegar a la calle Libertad, a mano derecha se encuentra el pasaje Hurtado Rodríguez, donde algunas de las casas están siendo rehabilitadas. 




Atravesamos este nuevo pasaje (los vamos cruzando todos para poder abarcarlos) y salimos nuevamente al paseo Huérfanos (esto es girar y girar, volver y volver), donde en la esquina surge una construcción de aspecto descuidado pero con una llamativa figura decorativa en la fachada. Esto es solo una muestra de la cantidad de detalles en fachadas, ventanas, puertas, que se pueden encontrar en estas viviendas, motivo suficiente para darse un paseo con calma, y no de todas hay fotografías, que daría para un álbum muy completo. 


A continuación surge otra cité, ahora sin nombre conocido por mí. 


Continuamos por el paseo Huérfanos hasta la calle Libertad, donde giramos a la izquierda para caminar por esta calle, contemplando sus graffitis. 


Un mapa del pequeño pero interesante paseo:

 

25 de abril de 2014

Chile - Santiago - Parque Quinta Normal - Museo Nacional de Historia Natural - Museo de Ciencia y Tecnología - Museo Infantil - Museo de la Memoria y los Derechos Humanos



Museos en el parque

Nos tomamos  con calma parsimoniosa la salida del hotel para seguir explorando la ciudad, y es que ya los días de viaje, de excursiones y de trajín en general nos pasan factura, no es que no haya ganas, las hay y muchas, pero el cuerpo también pide su momento de “stand by”. Podíamos haber continuado la visita por Santiago rematando algunos lugares que nos hemos ido dejando sin conocer por haber corrido demasiado rápido el reloj o nosotros no haber corrido demasiado, pero en lugar de esto decido que nos iremos a explorar la zona oeste del centro, que alberga los barrios más antiguos de Santiago, donde residió la élite de la ciudad antes de trasladarse al noreste, donde se conservan pocos edificios coloniales pero donde sí hay edificios de arquitectura neoclásica y francesa de comienzos del siglo XX. 


En la zona del hotel no hay una estación de metro cercana, habría que caminar por la avenida Nueva Costanera hasta la estación Tobalaba, en el barrio de Providencia - Las Condes pero esto nos llevaría demasiado tiempo; y los autobuses que circulan por esta zona no los tenemos controlados, aparte de que había leído que no admitían efectivo, solo billetes ya comprados, así que la mejor opción es tomar un taxi para ir al parque Quinta Normal, cuyos alrededores están tomados por estudiantes, tanto universitarios (cerca hay una sede de la Universidad de Chile) como por alumnos de institutos cercanos. 




El parque se creó en 1842 en terrenos propiedad del político Diego Portales, que a su muerte fueron comprados por el gobierno y entregados a la Sociedad Nacional de Agricultura para cultivar especies exóticas y hoy posee una gran variedad de árboles. De su original extensión el parque hoy solo ocupa una pequeña fracción del terreno. 




Supongo que al ser martes, y a pesar de la juventud que se concentra alrededor de su valla, el parque está muy tranquilo, y sigo suponiendo que parte de la sensación de cierto abandono que nos transmite es porque se trata del final del invierno, y que no muy tarde comenzarán a ponerle a tono para la primavera. 

En el pequeño estanque se pueden alquilar barcas a pedales, aunque no es que el circuito fuera muy grande.




Nos damos un corto paseo por el parque, sin grandes pretensiones de recorrerlo en su totalidad, y se puede hacer bien porque su extensión es fácilmente abarcable, pero no nos motivo adecuadamente. 


En su interior hay varios museos, como el Museo Nacional de Historia Natural, construido en 1875 en estilo neoclásico como edificio destinado a la primera Exposición Internacional de la ciudad. El museo fue fundado por el naturalista francés Claude Gray. 




Otro de los museos es el Museo de Ciencia y Tecnología, edificio conocido con el sobrenombre de Partenón, ya que el edificio en que se aloja fue construido en estilo neoclásico en 1884 para el pintor chileno Pedro Lira que quería crear una sala para albergar exposiciones de arte. En sus inicios albergó el Museo de Bellas Artes y posteriormente el Museo de Arte Contemporáneo, ambos museos trasladados al barrio de Lastarria . El museo de ciencia fue creado en 1985 con la buena idea de enseñar a los niños a través del aprendizaje en ciencia y tecnología. 


Lástima de las pintadas en su fachada (el mal generalizado en Santiago). 




En el exterior del museo se exhiben algunos objetos o instrumentos tecnológicos (hoy podría llamarse escultura en lugar de bomba de agua y sería totalmente creíble). 




El último edificio de los museos del parque que vimos -porque hay más- fue el Museo Infantil, que nos dio la triste sensación de abandono total, no solo porque pareciera estar cerrado sino porque necesitaba un repaso de pintura con la que eliminar el paso del tiempo y de los vándalos. Se aloja en una casa de estilo victoriano que estuvo a punto de ser demolida y en 1984 se restauró para mostrar la historia de Chile a través de sus juguetes -de nuevo una buena idea-; al comienzo los niños no podían tocarlos pero a partir de 1993 se intentó darle un aire lúdico -otro buen paso-. 





El semiabandono del parque se encuentra también en sus kioscos, no sé su destino original, porque caseta de entrada no puede ser al situarse en el interior, una caseta de jardinero no tiene mucho sentido por su tamaño, lo más normal es que fuera un kiosco destinado a la venta de bebidas y chucherías. 




Salimos del parque sin haber visto los edificios de otros museos, como el MAC Espacio Quinta Normal, el Museo Ferroviario y el Museo Arlequín. 




Salimos a la avenida Matucana donde se sitúa el nuevo Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, inaugurado en 2010 para dar a conocer las violaciones de los derechos humanos cometidos en Chile durante la dictadura de Pinochet, así como para honrar a las víctimas y sus familias e invitar a la reflexión sobre la importancia del respeto y la tolerancia, con el objetivo primordial de que estos hechos no se repitan. Lástima de no tener tiempo para entrar, queríamos seguir callejeando por Santiago -hay que elegir las visitas-. Es como un complemento institucional al Centro Londres 38 del barrio París-Londres. Mi idea original era visitar el segundo y al final no visitamos ninguno, porque además estaba segura que si entrábamos en este museo pasaríamos lo que restaba de mañana.





En la esquina de la avenida Matucana con la calle Catedral se alza un colegio, del que al terminar la jornada escolar salieron disparados sus alumnos en dirección al parque o a sus alrededores. 




23 de abril de 2014

Chile - Santiago - Hotel Noi Vitacura



Un hotel en “la milla de oro”

El último hotel elegido en Santiago, y en Chile, no fue en la mejor zona para hacer turismo, sí para hacer shopping en tiendas de grandes nombres y marcas, pero nosotros viajamos para hacer lo primero, turistear y conocer, con lo que en principio la elección no parece ser la adecuada. Se trata del Noi Vitacura, de la misma cadena que el Hotel Indigo en el que nos alojamos en Puerto Natales. 

El hotel está situado en el barrio de Vitacura, donde viven las familias acaudaladas, los políticos y la "aristocracia" - durante nuestra estancia salió en las noticias por haber sufrido una de estas mansiones un asalto y robo-, por las mencionadas tiendas del glamour, y donde en la avenida Nueva Costanera y alrededores se han establecido restaurantes de alta cocina chilena, que esta sí fue una razón para elegirle, aunque finalmente el cansancio pudo más que el interés gastronómico. 


Fuente: plataformaarquitectura.cl

Otras razones para elegirle, la primera es que al igual que nos ocurrió con el Hotel Intercontinental en el barrio de Las Condes, es que así sería la única manera de conocer algo esta zona (casi nada vimos, pero por lo menos sentimos su ambiente de tranquilidad y diferenciación con el resto de la ciudad); y la segunda, porque nos gustó su diseño consultando por internet. Además si durante nuestras dos estancias anteriores en Santiago hubiéramos abarcado todo el centro y sus alrededores, en el barrio Vitacura, que recibe su nombre de un jefe mapuche, había varías alternativas interesantes de museos con los que completar nuestro paso por la capital. 

El interior, y al igual que el Hotel Indigo tiene una parte central de pasillos al aire para llegar a las habitaciones, pero el resto son clásicos pasillos de hotel. No sé si se tratará de dar una sensación de uniformidad en alguna manera a la cadena de hoteles, porque sólo hemos conocido estos dos, y los arquitectos de ambos son diferentes. 


No realizamos una exploración profunda del hotel, y cuando la hicimos no íbamos cámara en mano, pero puedo contar que tiene salones para negocios, una biblioteca estilo lounge, un spa, varios restaurantes...Donde sí excursionamos fue a la terraza del último piso, un restaurante y lounge –donde además se ubica la piscina de verano-, con vistas al barrio, y decorado de forma muy agradable, para propiciar el quedarse; en teoría es un lugar de moda en las noches santiaguinas. 






No pedimos ninguna habitación especial, en algunos casos lo hacemos por la amplitud o las vistas, pero en esta ocasión nos parecía bien cualquiera, todas eran amplias. La nuestra tiene vistas a un pequeño patio-jardín interior, lo que es seguridad de tranquilidad, aunque el barrio ya es tranquilo por sí solo. 




De nuevo en esta semejanza de hoteles de cadena, el lavabo está integrado en la habitación. 


El inodoro, la amplia y abierta ducha, y la fantástica bañera se encuentran en una habitación cerrada. 


Tras acomodarnos un poco salimos a explorar nuevamente la ciudad.