11 de junio de 2018

Myanmar - Sagaing - Kaunghmudaw Paya


El pecho de la reina

Hoy salimos definitivamente de Mandalay, a las 8.30 nos reunimos con Myo, desayunados, check-out realizado y maletas preparadas. Myo vio en la guía de viaje que preparo (lo que mi pareja llama guía diabólica) apuntada una pagoda que no estaba incluida en el tour, y como chico listo ha decidido que hoy podemos pasar a visitarla en ruta, detalle que le agradecemos enormemente, y así me ha evitado el tener que pedírselo (pero esto es así de viaje, preguntar a los guías me apetecería ir a este sitio, ¿tú me llevas?, y ellos cuadran las visitas y actividades en la medida en la que se puede; eso sí, sin exprimir). 


Por tercer día consecutivo cruzamos el río Irrawaddy por el puente Yadanabon, y llegamos a Sagaing; en el camino pagodas, monasterios… imposible parar a ver todos aquellos que de primera impresión te llaman la atención, sería un viaje interminable (y cómo nos pierden unas ruinas a primera vista a nosotros). 






Paramos en Kaunghmudaw Paya, la estupa más famosa de Sagaing (exceptuando las situadas en la colina), pero como siempre entramos en coche y no podemos hacer fotografías de su puerta de entrada ni de sus chinthes, cuya posición nos resulta extraña, ya que no están en el exterior de la puerta, sino en el interior. 





Desde la entrada a la pagoda se ve mejor esta situación, y por supuesto el camino que conduce a ella está flanqueado por puestos de cerámica principalmente y algunos de souvenirs y artículos religiosos. 



Ya en el interior, la pasarela cubierta de acceso, con puestos de venta, que no pueden faltar nunca, las columnas están decoradas con mosaicos de cristal. 




La pasarela lleva a uno de los santuarios, con su imagen de Buda. Sobre la puerta de entrada reloj marca la hora, y luego la temperatura, con lo que Buda nos informa que nos vamos a deshidratar y nos convertiremos en un charco si a estas horas ya tenemos estos grados; solo falta que marque el porcentaje de humedad para terminar de impresionarnos. 



Desde el santuario se accede a la terraza exterior que rodea la estupa principal, en la que se van sucediendo los santuarios como por el que hemos pasado y desde ellos entradas y salidas al complejo por otras pasarelas (como en la mayoría de las estupas, cuatro entradas en los puntos cardinales y un santuario en cada una de ellas). En la terraza hay más puestos de venta (ya no se conforman con las pasarelas de acceso), con un gran surtido de palos para elaborar thanaka, la pasta-crema birmana para protegerse del sol. 



La estupa -también conocida por su nombre en pali, Rajamanicula-, se construyó en 1636 por orden del rey Thalun para conmemorar el establecimiento de la capital en Inwa. Tiene una altura de 46 m y una circunferencia de 171 m, inspirándose su forma en la pagoda Mahaceti de Sri Lanka, y esta forma redonda es la que la hace singular, forma que dice la leyenda que representa el pecho de una reina birmana. Ahora la estupa luce dorada pero originalmente era blanca. 




Alrededor de la estupa hay 812 pilares de piedra –a modo de pequeña muralla-, que parecen bolos, de casi 1,5 m de altura, con un orificio donde colocar una lámpara de aceite, acto que se suele realizar durante los festivales, y que tiene que ser una auténtica belleza si la visita coincide con esta iluminación. 


En la base de la estupa hay 120 nichos que albergan estatuas (en teoría son espíritus de nat, pero no son tan coloridos y diversos, deben representar otros espíritus o similar). 






También están los puestos planetarios





La campana, cuya estructura en comparación con los porteadores que decorativamente la cargan en otros complejos es más simple, ya que se trata de una estructura. 



Según vas rodeando la estupa por la terraza vas entrando en los santuarios de los puntos cardinales. 




Nosotros no hacemos una visita tan exhaustiva como en otras ocasiones, tenemos que continuar viaje, y con esta pequeña visión nos conformamos, de modo que al menos hemos visto otra forma de estupa, en esta ocasión del pecho de toda una reina. 


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