15 de abril de 2014

Chile - Punta Arenas - Restaurante Sotito's Bar - Vuelo de Punta Arenas a Santiago



Cenando y volando

Hemos terminado las visitas por Punta Arenas y Obdulio nos deja en el hotel, quedando con nosotros para mañana, nos pasará a buscar para llevarnos al aeropuerto. Si pasáis por Punta Arenas y necesitáis transfers al/desde el aeropuerto u otros traslados o excursiones, nosotros estuvimos muy contentos con la agencia, Emily Tours, a la que había echado un ojo para evitar el viaje en autobús de Punta Arenas a Puerto Natales y viceversa, pero sin consultar el precio ya creímos que nos iríamos de presupuesto, y aunque en coche privado se hará más cómodo, la experiencia del autobús ha sido muy buena en todos los aspectos; otra cosa es si en lugar de dos pasajeros hay mayor número con los que repartir el coste. 


No tardamos mucho en volver a salir del hotel para cenar, hay que aprovechar que hoy el viento sopla con calma. Primero nos acercamos a una recomendación de Obdulio, el Kiosco Roca en la calle Roca (para probar el choripan entre otras especialidades), una picada de mucha fama en el país, pero ya había cerrado sus puertas, así que continuamos bajando hacia la costanera en busca de un restaurante que nos recomendaron nuestros amigos chilenos, a los que conocimos en las excursiones por el Parque Nacional Torres del Paine, Sotito’s Bar.




Si el cartel iluminado tiene solera, no tiene menos el interior, que parece un salón de banquetes de los años setenta. 




Aunque la decoración puede tener su punto positivo o negativo, lo realmente importante de un restaurante es su comida.  


Como estamos en tierra marinera, seguimos el día con una ronda de mar, pedimos unos ostiones en salsa para compartir. Muy hermosos en tamaño y muy ricos en sabor.




Y media ración de centolla (por fin tenemos un encuentro y una fiesta con ella, sin contar la empanada de centolla del Mercado Municipal) para compartir, porque una nos pareció al ver pasar un plato demasiado grande. Viene la carne de la centolla lista para comer, pero no viene el caparazón preparado como se suele tomar en España como un auténtico manjar, manjar que nosotros no valoramos ni nuestros paladares tampoco, así que este plato de centolla austral solo de "carne" nos parece soberbio. Para acompañar mayonesa y rico pancito. Para grandes comilones puede parecer poca cantidad, pero de ese plato de dejaba de salir centolla, con lo que nosotros acertamos, aunque si pedimos la ración entera, estoy segura que no hubiéramos dejado nada.




Para beber, de nuevo cerveza, hoy Polar Imperial. 




A la salida del restaurante notamos el frío aunque afortunadamente el viento sigue sin soplar con demasiada fuerza, y vemos las cuerdas que en las calles cercanas a la plaza Muñoz Gamero sirven para sujetarse cuando este viento arrecia y empuja a todo lo que se lleva por delante; creo que es un detalle bastante significativo de que cuando sopla, sopla de verdad. 




Bordeamos la plaza (enlace) con las bases de las farolas iluminadas de forma festiva. 





Hoy volamos desde Punta Arenas a Santiago, y es un vuelo al que dimos algunas vueltas, porque al principio de realizar el planning del viaje teníamos uno a las 9 de la mañana con escala en Puerto Montt, pero finalmente lo cambiamos, tanto por aprovechar más el tiempo en nuestro último día en Santiago como por evitarnos la escala, por un vuelo directo que salía a las ¡6.20! de la mañana. Obdulio nos recoge puntualmente, nosotros con una cara de cansancio tremenda, a las ¡4.30!. La duda era si de verdad la confirmación telefónica desde Puerto Natales había sido efectiva, y ¡aleluya!, en el mostrador nos encontramos con nuestros asientos confirmados. 


2.189 km en vuelo separan Punta Arenas de Santiago, con una duración de 3 h 20 m. Al cabo de una hora aproximadamente de vuelo nos sirven la cajita con el snack clásico de frutos secos, brownie y galletita, acompañados de café o té o alguna otra bebida. 


Nuestros asientos se encuentran en el lado izquierdo del avión, yo esperaba poder ver algo del Campo de Hielo Sur desde las alturas pero no vi nada de nada. 




Por lo menos disfruté  uno de esos bonitos amaneceres llenos de colores mágicos. 





Hasta que no llegamos a las cercanías de Santiago no tengo buenas vistas aéreas, y no es que me durmiera sino que realmente no las tuvimos, a lo mejor desde el lado derecho del avión hubiera vuelto a disfrutar con la cordillera de los Andes, como en el vuelo desde Santiago a Calama y como las tenemos justo al aproximarnos a la capital chilena. 







A las 9.40 h llegamos a Santiago, y hoy de nuevo nos espera Luis, el chófer dicharachero que nos recogió a nuestra llegada al país y comienzo de este maravilloso viaje, para llevarnos al hotel. Antes de salir del aeropuerto pasamos por el mostrador de LAN para intentar emitir los billetes de avión para mañana,  y ¡sí!, confirmamos asientos, pero de nuevo son modificados respecto a los reservados en su momento a través de la agencia de viajes. 


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