21 de marzo de 2011

España - Fuentidueña (Segovia)

De aquí a Nueva York y Miami

Una vez comidos en lugar de seguir paseando por Cuéllar, preferimos conocer otra localidad segoviana, Fuentidueña, que fue un poderoso enclave como sede de un condado. 


Aparcamos pasada esta entrada al pueblo, en una pequeña plaza donde se halla la Capilla del Pilar, que pertenecía al Palacio de los Condes de Montijo y que ha sido reconvertida en posada-restaurante.

Andando por la carretera emprendemos la subida hacia la Iglesia de San Miguel, del siglo XII, románica. 


En la iglesia destacan el ábside y la galería porticada, pero sobre todo un detalle, uno de los canecillos, muy erótico él. Estos canecillos románicos son muy comunes en algunas iglesias españolas y son realmente sorprendentes por su "locuacidad".


No muy lejos se halla la entrada al castillo, pero está cerrada, no sé si es de uso privado exclusivamente o si hay algún otro motivo por su cierre. Casi enfrente  de esta entrada están las ruinas de la Iglesia de San Martín


Alrededor de la iglesia hay una necrópolis medieval, con tumbas antropoformas excavadas en la roca y orientadas en la dirección oeste-este (este dato no sé si es importante  por si mismo o solo de situación). Se han documentado 137 tumbas y se remontan las más antiguas al siglo X. 


En 1957 el ábside de la iglesia fue vendido-intercambiado al Gobierno de los EEUU por seis pinturas de San Baudelio de Berlanga (Soria). Ahora se exhibe en The Cloisters, en Nueva York, una sección del Museo Metropolitano. 

Enfrente de la iglesia la Puerta de Trascastillo o de Alfonso VIII (la foto ya es pasada la puerta). Su nombre viene porque continuando el camino se llega a la fuente de Trascastillo, que alimentaba el castillo y la ciudad por una canalización subterránea (no llegamos a ella).


Desde la puerta se ven los campos de Castilla, así como los lienzos de murallas y parte del castillo, y a pesar de embarrarnos por intentar encontrar una entrada "secreta" al castillo no hubo manera.


Volvemos hacia el coche y afortunadamente hay una fuente en la pequeña plaza donde podemos limpiarnos nuestras botas llenas de barro, pero aún así no nos parecen lo suficientemente presentables como entrar a tomar un café y curiosear en la cafetería de la posada. En este momento no llevaba datos suficientes y nos dejamos algunos lugares en el tintero, que en esta ocasión fueron más por desconocimiento que por tiempo.

Continuamos camino hacia Sacramenia, pero ya nos comienza a llover con algo más de fuerza, hasta el momento era un chirimiri intermitente. Intentamos entrar en el Coto de San Bernardo, aunque claramente el cartel de acceso explica que hoy no es día (ni hora) de visitas, con lo que sale el guardés para invitarnos a salir amablemente. 

Aún sin haberlo conocido dejo el dato que en este coto se encuentra la iglesia y las huellas del monasterio cisterciense de Santa María la Real, cuyo claustro, refectorio y la sala capitular se vendieron en 1925 a un potentado norteamericano y desde 1951 se exhiben en Miami (mucho monumento nacional hay que ver en EEUU). 

Un dato de prensa rosa (pero que se puede aplicar a interesados), que yo desconocía al estar allí pero que una buena amiga me ha desvelado, es que en esta iglesia se celebró el matrimonio del Conde Lecquio, y creo que el lugar puede estar muy bien.


Aquí se acaba nuestra pequeña visita a estas tierras segovianas en las que nos hemos dejado muchos rincones por descubrir y algún que otro lechazo por comer.

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