24 de febrero de 2014

Chile - Puerto Varas - Iglesia del Sagrado Corazón - Paseo Patrimonial: Casa Yunge, Casa Gotschlich, Casa Maldonado, Casona Alemana, Casa Juptner, Casa Angulo, Casa Kuschel



Las huellas alemanas

Desde Frutillar volvemos a Puerto Varas, pero ahora lo hacemos por la carretera Panamericana que es más rápida, ya que el viaje de ida lo hicimos por las carreteras locales, con mejores paisajes y vistas. Llegamos a Puerto Varas, pasando por la puerta de la iglesia del Sagrado Corazón, cuyas puertas están cerradas, con lo que no le pedimos a Apolo que nos deje allí, que era mi intención inicial, aunque las ideas hay que realizarlas cuando se piensan, y al comenzar el viaje esta mañana hacia el oeste del lago Llanquihue pasamos por la iglesia y sus puertas estaban abiertas, pero pensé que mejor salir e intentarlo a la vuelta. Desde el hotel, o desde la calle Santa Rosa hemos tenido buenas vistas de la iglesia, diurnas y nocturnas.


Entramos al hotel lo justo para un pequeño arreglo y salimos rápido, no vaya a ser que nos dé un bajón y no seamos capaces de levantar nuestros cuerpos del sofá, o lo que es peor, de la cama. Por la calle Imperial salimos hasta la esquina de la iglesia, y desde allí tomamos la calle Verbo Divino para terminar saliendo a la calle Purísima y a la calle San Ignacio. Por la primera anduvimos ayer buscando un restaurante que estaba cerrado, así que por lo menos vamos un poco a tiro disparado. 

Las casas tienen la típica fachada de tejuelas de madera, algunas se han reconvertido en alojamientos, tiendas, fruterías…




Estamos siguiendo el llamado paseo patrimonial (mirar mapa), que incluye casas declaradas monumento nacional en 1992. El mapa del paseo lo compramos el primer día en la oficina de turismo junto al lago Llanquihue, pero lo estamos haciendo a nuestro modo, porque si bien seguimos más o menos el orden del mapa del folleto, lo estamos haciendo en sentido contrario a las losas con flechas que encontramos en el suelo, por lo menos las encontramos en una parte del camino que seguimos, porque en otra se pierden definitivamente. 

En la calle San Ignacio, la casa Yunge, en buen estado de conservación, con el típico arco de madera en su fachada, como los hemos visto en Frutillar. Fue construida en 1932. Lástima de poste frente a la fachada principal, que no es nada bueno para las fotos.




Con un poco de jaleo por las calles, el mapa lo veíamos bastante mal, letras pequeñas y poca luz, llegamos hasta la calle San Javier, donde se encuentra la casa Gotschlich, que está siendo restaurada. Su construcción está datada entre 1905 y 1910. 


Hacia el norte de la ciudad, en la calle Quintanilla, se encuentra la casa Maldonado, que nos recuerda más a un salón del Oeste americano o de nuevo a un caserón del terror (¿aquí vive Norman Bates y su madre?), y que es la única en la que vemos luz, lo que indica que está habitada. Fue construida en 1915. 


Las calles por las que estamos paseando están casi sin paseantes ni habitantes, está comenzando a anochecer y en muchas de las casas no se ven ni luces ni actividad, pero aún así, habiendo llegado hasta aquí decidimos seguir (sobre todo yo, que soy más bien "pesadita"). 


En la calle Nuestra Señora del Carmen se localiza la casona alemana, muy sencilla, sobre todo en relación con las que hemos visto hasta ahora. Nos recuerda más al edificio de una estación de tren de algún pueblo. 


Frente a ella, en la esquina de las calles Nuestra Señora del Carmen y Miraflores, la casa Juptner. Fue construida en 1910. 


En este momento de semi-oscuridad ya que las luces de las farolas iluminaban más bien poco, podíamos haber bajado hacia la costanera por la calle Walker Martínez, pero como solo nos quedaba una casa por descubrir, decidimos (más bien decido) seguir, nos guiamos por las líneas del ferrocarril, sabemos que vamos bien.


Primero salimos a la calle Decker, donde también hay construcciones típicas pero no han sido declaradas monumento nacional, pero la calle es bastante desangelada, aunque se ven edificios de nueva construcción, apartamentos y pisos, de cuatro alturas como máximo, con lo que esta zona poco a poco tendrá un nuevo desarrollo, y una mejora de sus aceras e iluminación. Creo que se trata de la casa Angulo


Para buscar la casa que nos falta giramos por la calle Estación y tomamos la calle Klenner, donde se encuentra la casa Kuschel, la más coqueta de todas. Fue construida entre 1915 y 1917. Actualmente alberga las oficinas del Parque Pumalin, un bosque templado húmedo de la Región de Los Lagos. 



Al final de la calle Klenner se encuentra el acceso al cerro Phillipi, desde el que se obtienen amplias vistas del lago Llanquihue, pero como ya es de noche no pasamos, las vistas hubieran sido buenas pero incompletas. Además entraban coches al parque, pero dada la hora no sería por las vistas, más bien el lugar pudiera ser usado por lo que llamamos "picadero", o sea, un "rincón del amor". 

De las casas incluidas en esta ruta de patrimonio nos han faltado la Casa Opitz (que no la teníamos registrada allí y la he encontrado completando la información de esta entrada, y por la que seguro que pasamos al lado, pero no nos llamó la atención como sí lo hizo la supuesta casa Angulo); la Casa Raddatz; y la iglesia luterana (estas dos últimas las vimos desde la minivan camino a los saltos del Petrohue pero no pudieron ser capturadas con claridad en la cámara fotográfica. 

Bajamos a la costanera y emprendemos el camino hacia el hotel, aunque el día ha sido tranquilo decidimos que cenaremos aquí, ya que tenemos que volver a colocar la ropa en las maletas, cuanto más colocado esté todo más fácil de encontrar, que ya van quedando pocos días de viaje, y lo usado es mayor que lo no utilizado, además ahora hay que dejar a mano la ropa para soportar más frío, ropa térmica, que no sabemos el tiempo que nos espera, aunque es de suponer que no será muy bueno. 

Como la comida ha sido copiosa en el restaurante Gutten Apettit  de Frutillar, la cena fue ligera, dos ensaladas, aunque yo me pedí un caldillo de mariscos, una gran equivocación por mi parte, tanto por no preguntar para asegurarme como por haber tenido una confusión mental, creí que los choritos, parte fundamental del caldillo, eran almejas, que me gustan, y realmente son mejillones, que no me gustan, con lo que el caldo estaba infestado de estos bivalvos; eso sí, el caldo muy rico de sabor. No hay fotografías porque bajamos en completo plan de relax y se nos olvidó cogerla. 



21 de febrero de 2014

Chile - Frutillar - Restaurante Gutten Appetit - Costanera - Teatro del Lago - Iglesia Luterana



Guten Appetit! 

Después de nuestro paseo por la costanera, es hora de reunirnos con Apolo, que nos espera en el restaurante Guten Appetit, que no es que sea precisamente una sorpresa un restaurante alemán en una ciudad fundada por colonos alemanes, aunque también tienen cocina chilena. 




En la terraza hay unas cuantas mesas, pero el día no está a pesar de ser soleado para disfrutar de la comida al exterior. El interior no tendrá más de diez-doce mesas, y está decorado por botellas y latas de cervezas (no sé si todas alemanas, mis ojos y sus lentillas no me dan para leer desde tan lejos y no utilicé el zoom de la cámara para comprobarlo). Apolo nos ha reservado una mesa con vistas a la costanera y de refilón al lago Llanquihue; nosotros le ofrecimos que comiera con nosotros, pero él declinó la oferta (ya sabemos que la comida de los guías está incluida en las excursiones, nos llevan a un restaurante y allí tienen la comida pagada, como la comisión establecida por los turistas aportados) y luego esperó pacientemente a que nosotros terminaremos nuestra comida. 


Para beber nos volvimos a decantar por una cerveza chilena que ya sabemos que nos gusta, cuyo origen y nombre es alemán, Kunstmann Torobayo. 




Un rico pan caliente para los aperitivos, mantequilla y no recuerdo la salsa, porque pebre no era, y si lo era me fallan tanto la memoria y la vista (¡Ay Maca, los años!), como el paladar. 




Para entonar el cuerpo, y no hemos pasado frío durante el día pero tampoco calor, un rico consomé o caldo, que estaba menos graso y por lo tanto más rico para nosotros que el del día anterior en Peulla




Para él, un estupendo pernil asado acompañado de puré de patatas. 




Para ella, una escalopa Gutten; un escalope de ternera con una tira gruesa de panceta sobre él, acompañado de espárragos verdes y puré de patatas. Rico, grande y contundente. 




Para él, porque a ella no le quedaba ningún hueco en el estómago ni en el esófago creo, un strudel de manzana, aunque el pastel de la zona con más fama es el kuchen de manzana, que nos quedamos sin probar, y que creo que la diferencia es que el primero lleva hojaldre y el segundo es con bizcocho. A mí las manzanas, en sidra asturiana. 




Tras la comida le preguntamos a Apolo si sería posible acercarnos a un último lugar, a lo que asiente, nos acerca con el coche un poco y él nos esperará. Continuamos el paseo por la costanera del lago Llanquihue que sigue teniendo referencias musicales, como este piano que es utilizado por los niños para jugar; arte lúdico que se diría. 




También hay un recuerdo para el cuerpo de bomberos, recordemos que se trata de un cuerpo de voluntarios, lo que lo hace más valioso y solidario. 




Llegamos hasta el Teatro del lago, situado junto a la orilla del lago Llanquihue, al que hemos visto durante nuestro paseo por la costanera y desde el muelle romántico y de postal.




En el teatro se celebra la Semana Musical de Frutillar a finales de enero y principios de febrero, con interpretaciones de música clásica, ópera, jazz. 


El teatro está construido en el solar del antiguo Hotel Frutillar, destruido por un incendio en 1996, iniciándose su construcción en 1998 con financiación privada, con el diseño de los arquitectos Gerardo Köster y Gustavo Green. Tras varios retrasos se inauguró el 6 de noviembre de 2010.


El edificio nos gusta, por su forma y su colorido; la forma se asemeja a la de los galpones (como el del molino de agua del Museo Histórico Colonial Alemán), en versión moderna, y está revestido con listones de tejuelas, como las casas de los colonos (supongo que no es madera de alerce sino de algún otro tipo de madera o incluso de algún tipo de material sintético), queriendo mostrar los diferente colores el desgaste del paso del tiempo (aunque a mis ojos me parecen teclas grandes de piano). 











Damos un paseo alrededor del edificio y buscamos alguna entrada, pero no hay ninguna abierta, además en la puerta un guarda de seguridad controla el acceso. El teatro en parte se encuentra sobre unos pilotes de cemento sobre el lago. 






Hacia la izquierda del teatro tenemos la visión del bonito muelle de madera sobre el lago, y nuestros ojos se van continuamente hacia él. 




A la derecha, una isla pequeña en el lago, muy cerca de la orilla, no sé si natural o artificial, y tampoco conozco si tiene un fin determinado o ninguno. 




Desde la terraza exterior del teatro tenemos la visión , ahora sí la fotografía aunque lejana,  de la Parroquia de la Inmaculada Concepción


Buscamos a Apolo, ya es hora de dar por finalizada la excursión del día, y aunque nos hubiera gustado pasear más por Frutillar y pasar al interior de la iglesia luterana, construida también con tablillas de madera, no lo hacemos por respeto a Apolo, que ni se lo planteamos, él tiene una vida, una familia, tiene que dejarnos en Puerto Varas y luego llegar hasta su casa en Puerto Montt y no puede estar al pendiente de dos turistas que parecen no tener prisa, y eso que esta visita no hubiera llevado más de diez minutos aproximadamente, pero en algún momento hay que saber parar, y creímos que era éste. 




Dejamos  Frutillar con una amplia sonrisa, nos ha encantado esta localidad así como la de Puerto Octay, las dos de raíces alemanas, con la diferencia que la primera es mucho más turística y visitada, y la segunda más tranquila y placentera.