13 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Atumashi Kyaung

De la madera al cemento

Muy cerca de Shwenandaw Kyaunghay otro monasterio -esto es normal en Myanmar, pagodas y monasterios en una sucesión infinita-, Atumashi Kyaung, cuya visita no estaba programada pero dada su cercanía le pedimos a Myo ir. El edificio actual es una reconstrucción de 1897 ya que el original fue destruido por un incendio en 1890, cuando los británicos lo utilizaban como barracón para el ejército. La reconstrucción fue ordenada por la Junta Militar, y se utilizó a convictos como mano de obra.

El edificio presenta cinco terrazas escalonadas, por lo que sale de la norma arquitectónica hasta entonces en los monasterios budistas de la superposición de una torre principal con siete tejados, llamado Pyathat. Se asemeja algo a un gigantesco pastel de bodas con los pisos y sus colores. 


Como ya es costumbre, Myo nos hace entrar por la puerta trasera, por los bajos del edificio, que se asemeja a cualquier sótano de cualquier edificio, donde las columnas parecen las  de un parking, y donde hay una escalera de madera para subir a la planta principal. En este espacio la poca magia del edificio ha terminado de desaparecer por completo. 


Pero es mucho mejor acceder por la escalera principal, aunque los escalones quemen una barbaridad, ya que el sol los ha recalentado, así se puede disfrutar de la bonita visión de los pisos y de los pináculos con sus hti (los paraguas dorados sobre ellas). Las escaleras de acceso y las balaustradas son las originales, ya que se salvaron del incendio. 



Hay que fijarse en el pasamanos, un cocodrilo (como habíamos visto en Shwedagon Paya en Yangón) apoyado sobre una la figura de lo que se nos asemeja a una esfinge, con cuerpo de animal (león) y rostro humano. 


En muchos monumentos suele haber una placa contando la historia del mismo, una información que se agradece. 


Subimos las escaleras -lo hacemos a saltitos rápidos, las plantas de los pies se están cocinando a la parrilla- y llegamos a la terraza, donde las baldosas negras queman terriblemente, así que mejor pisar las blancas, que también queman pero algo menos, y por supuesto buscamos la zona a la sombra. Ha merecido la pena subir hasta aquí, esta terraza es un bonito lugar. 


El edificio de la sala presenta unos marcos decorativos alrededor de las puertas que me recuerdan en la lejanía al estilo manuelino de Portugal y Extremadura. 



Detalle de una figura en la puerta de entrada a la sala (¿se nota la diferencia con las imágenes labradas de Shwenandaw Kyaung?). 


Entramos en la amplia sala, muy desangelada y con cero encanto, donde hay varias personas descansando y tomando el fresco en el suelo (no los que se ven sentados, hay otros tumbados totalmente y yo diría que incluso alguno dormido; me confundo mucho con estos actos, la fe mezclada con el descanso y la nutrición, porque también hemos visto como se come en los santuarios de pagodas o monasterios). 

 


El santuario está presidido por una estatua de Buda; originalmente la estatua estaba cubierta por ropa del rey Mindon Min. 


Salimos nuevamente a la terraza e intentamos caminar por ella lo que podemos para tener diferentes ángulos de visión, pero nuestros pies no están todavía preparados para ese calor que quema nuestras plantas y tenemos que retroceder y salir cuando en un giro ya no hay sombra para cobijarnos. 


11 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - Shwenandaw Kyaung (palacio dorado)

El fantasma del palacio

Las visitas de la tarde, tras la visita a la fábrica de pan de oro y la comida,  comienzan en el impresionante palacio dorado, ahora Shwenandaw Kyaung, mostrando su espectacular trabajo de madera de teca labrada. Realmente te quedas impresionado ante esta construcción, es increíblemente hermosa, y las fotografías tomadas con el sol incordiando no le hacen justicia. 


El edificio formó parte del palacio de Mandalay como vivienda, y aquí murió el rey Mindon. En 1878 el rey Thibaw Min hizo desmontar el edificio para trasladarlo fuera de las murallas del palacio –tardando cinco años en esta labor- ya que creía que el fantasma de su padre, el rey Mindon por supuesto, se había quedado a vivir aquí, y de este modo pretendía facilitarle la paz (más a él mismo que a su padre me parece a mí), además de convertirlo en monasterio (por eso ahora lleva el nombre de kyaung, que significa monasterio).

Este cambio de situación fue lo que le salvó de su destrucción, ya que el palacio de Mandalay fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial por unos bombardeos. No hay nada mejor que visitar este monasterio para poder comparar con la chapuza realizada en la reconstrucción del palacio, porque los edificios originales de este complejo tenían el mismo acabado. 


El apelativo de palacio dorado es porque originalmente el edificio estaba cubierto con láminas de oro y mosaicos de cristal. Personalmente me gusta mucho la madera natural, el dorado le da importancia pero de alguna manera le resta belleza (para gustos los colores y los dorados). Para protegerlo de las termitas se suele aplicar una capa de petróleo crudo (y supongo que este acto oscurece la madera).

El bonito trabajo de labrado en figuras y detalles que se pueden ver y admirar. 




El monasterio se sustenta sobre pilotes de madera, en algunos de los cuales hay labrado un dragón, el símbolo real. 


Hay que descalzarse para subir al monasterio. 


Sobre la puerta de entrada un elaborado tejado, que salvando todas las distancias  habidas y por haber, y todas las diferencias, recuerda a un navío, como el desafortunado Vasa que se puede ver en Estocolmo. 


Se accede a la terraza que rodea el edificio, y cuidado, que el suelo de madera quema si le está o le ha estado dando el sol a plena fuerza. 


En el exterior de la madera que cubre la sala central todavía se puede apreciar algo del dorado que lo cubría y del que recibía el nombre el edificio (también podría ser una aplicación actual para darle más realce y credibilidad). 


Detalle de algunas figuras que se pueden ver (admirar más bien), algunas por su mal estado han tenido que ser sustituidas (no siempre es la mejor opción si el trabajo no es excelente, en ocasiones los huecos dicen más que las reposiciones).





Desde la terraza se entra a la sala, y un mundo más dorado nos recibe, en paredes, columnas y techo artesonado. 



En la base de las columnas destacan unos relieves en madera, reproducen escenas del Jataka (historias de vidas anteriores de Buda). 




En el centro de la sala hay una réplica del trono real y una figura de Buda. Un cartel avisa de que las mujeres no pueden entrar (pero que manía que nos tienen, y yo que creía que el budismo era más espiritual, me están decepcionando; y además les tendremos que dar las gracias por dejarnos subir al menos). 



Por una puerta que da toda la sensación de ser un espejo, se pasa a otra sala -mucho cuidado con alto zócalo inferior, porque si te despistas tendrás una buena caída-, igualmente con techos artesonados, columnas con trazos dorados. 



En esta sala hay unas vitrinas doradas, y algunas imágenes pequeñas de Buda. 


No molestamos mucho durante nuestro paso por el monasterio, y dejamos al lindo gatito que siga con su plácido sueño. Conocer este palacio dorado es uno de los imprescindibles en Mandalay, es realmente asombroso.

10 de abril de 2018

Myanmar - Mandalay - King Galon (fábrica de pan de oro) - Restaurante Golden Duck

Oro fino

Después de nuestra visita a Mahamuni Paya, donde hemos visto la imagen de Buda deformada por las láminas de pan de oro que se le aplica n constantemente, nos toca ir a una fábrica de este material, King Galon, para aprender algo sobre él. 

La base es un papel de bambú, y para llegar a él se tiene un gran trabajo por delante, laborioso y que lleva bastante tiempo. 


El bambú hay que limpiarlo bien, quitándole los nodos y las hojas, luego se lima para dejarlo liso. A continuación se hacen pequeños palos, que se sumergen en tinajas con agua para que se vayan ablandando (en teoría durante tres años, aunque me parece demasiado tiempo y tomé mal las notas). Luego se hace una masa que se tiene que estirar  para finamente poder cortarla en láminas pequeñas. 



Entre las láminas de papel (sobre unas 200) se introducen láminas de oro algo gruesas (el proceso de fabricación de estas láminas gruesas no lo contaron, pero es realizado con máquinas y comienza con un lingote que se va estirando y aplanando hasta poder cortarlo en láminas, que son las que llegan aquí), así se elabora un paquete de láminas de bambu y oro al que golpearan durante unos 30 minutos. Este proceso se va realizando varias veces –unas cinco horas-, según se va estirando el oro se va cortando el paquete y se realizan nuevos paquetes para golpear. El mazo con el que golpean pesa una barbaridad, yo lo cogí y me pareció un mundo levantarlo solo del suelo un palmo, así que alzarlo continuamente me parece un milagro. 




El mecanismo para medir el tiempo es el de una clepsidra o reloj de agua: un cuenco con un agujero en su base se coloca en una pequeña tinaja de agua, cuando se llena se va al fondo, cuando han pasado los 30 minutos de golpear el paquete. 


Al final de los golpeos sucesivos en los paquetes quedan láminas de oro muy finas y de forma redondeada. 


El proceso de empaquetado está a cargo de mujeres, que tienen que cortar esta lámina redondeada en pequeños trozos cuadrados principalmente, que son colocados entre nuevas hojas de papel de bambú, con gran cuidado porque son muy delicadas. 


Los paquetes ya están listos para su venta, y para aplicar a los Budas o pagodas. 


Tras ver el proceso de elaboración se pasa a la tienda, un ritual siempre tras la visita a cualquier fábrica, donde se pueden comprar artículos con este producto o directamente las láminas; el artículo más llamativo fue un tarro de crema de thanaka en la que incorporan láminas de oro. El thanaka se elabora con la corteza molida del árbol del mismo nombre, que se mezcla con agua, y que en Myanmar hombres y mujeres lo usan para protegerse del sol, extendiéndola principalmente por la cara (en ocasiones realizando dibujos artísticos, como círculos concéntricos u otras formas), pero también por los brazos y el resto del cuerpo (en menor medida).

Un tarro de thanaka sin oro, que además puede llevar perfume o no. 


Con estas primeras visitas se termina la mañana y es hora de comer, más temprano que ningún otro día, Myo nos pregunta si nos gusta el pato laqueado chino, obteniendo una respuesta afirmativa por nuestra parte, así que nos lleva a un restaurante que a él le gusta, Golden Duck


Un pato junto a una botella de whisky (la marca se adivina fácilmente) nos recibe a la puerta, que no sé yo para que esta bebida alcohólica junto al pato, que es golden y no drunk


El salón del restaurante es un amplio espacio que se nos asemeja al típico lugar de banquete de bodas de los años sesenta-setenta, en el que no hay muchos comensales. 


El pato laqueado va con todo, es decir con sus vísceras, cosa que yo no había tenido en cuenta ya que en Madrid estoy acostumbrada a comerlo limpito, así que no lo miré cuando llegó a la mesa, y cuando tome el primer bocado de mi crujiente pechuga un sabor a hígado me inundó la boca, como estos alimentos no me gustan nada, tuve que tragármelo rápidamente acompañado de un buen sorbo de cerveza. No estaba malo, porque a mi pareja le encantó, solo que a mí no me gustó por lo que os comento. 


Al pato le acompañan tres salsas: una agridulce, una con cilantro y otra con chile verde, muy picante. 


Además comimos unas ricas y crujientes verduras salteadas (a falta de pato, me hice vegetariana compulsiva); y tampoco faltaba el arroz blanco, con un camarero siempre dispuesto a servirte más (era un poco incómodo tenerlo siempre revoloteando alrededor de la mesa, pero el servicio birmano es así, diligente a más no poder). 


De postre, un contundente pastel-pudin de zanahorias. 


Precio de la comida, 13.900 kyats; 7.200 por el pato y complementos; 2.300 por la cerveza, 1.300 por el agua.