21 de febrero de 2012

España - Fuentespalda/Fondespala (Teruel)


 Conociendo la comarca

Cómo no todo va a ser dormircomer, ya que estamos en la comarca del Matarraña y del Maestrazgo turolense nos dimos un paseo por alguna de sus localidades, improvisando sobre la marcha en ruta y con la información que nos encontrábamos en ellas, porque en esta ocasión no llevábamos ni guía escrita, esa guía diabólica que tanto teme mi marido. 

Como el hotel se encuentra en el término municipal de Fuentespalda, comenzamos por aquí por cercanía. En sus inmediaciones se han encontrado restos arqueológicos que permiten confirmar la ocupación de estas tierras desde la Prehistoria. De época histórica son los yacimientos de Vila Vella, siendo uno de los pocos yacimientos romanos, de los siglos I-III, conocidos en el Matarraña y que debió ser el núcleo antecesor de la población actual.

En tiempos de la Reconquista, en el siglo XIII, la localidad aparece mencionada como una aldea o caserío perteneciente al territorio de Peña Aznar Lagaya, que fue dado en feudo en 1175 al Obispo y a la Iglesia de San Salvador de Zaragoza. En 1232 se concedió la Carta de Población, con habitantes procedentes en su mayor parte de la zona norte de Lleida. 

En 1295, a pesar de ser una aldea dependiente de Valderrobres, obtuvo el privilegio de tener jurados y justicia propios, hecho que si bien significaba su independencia como municipio, no impidió que durante varios siglos la Villa pagara impuestos, diezmos y primicias al Obispado de Zaragoza. 

En 1659 se hizo la partición de los términos de Fuentespalda y Valderrobres. 

Durante la Edad Moderna y contemporánea, tras haberse liberado del sometimiento al Obispado de Zaragoza, la población y sus tierras, como en general las poblaciones del Matarraña, sufrieron los efectos devastadores de varias guerras y conflictos armados que provocaron su lento desarrollo. Este hecho, unido a la falta de buenas comunicaciones (poco a poco subsanadas por lo que hemos podido ver) y a una importante emigración, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, han contribuido a reforzar un carácter netamente rural.

Empecemos la visita de este pueblo en la Plaza de España, antes Plaza Mayor -muy curioso el cambio de nombre, que lo normal es a la viceversa-, donde se sitúa la Iglesia de El Salvador, de origen gótico, construida bajo el mecenazgo de los arzobispos de Zaragoza, época de la que se conserva el ábside así como el primer tramo de la nave con sus dos capillas. 

En el siglo XVII se llevó una amplia reforma reorientando el edificio, abriendo una nueva portada en el antiguo ábside, construyendo una gran espadaña y en el interior se levantó un gran coro; todo ello con elementos barrocos. También se amplió el templo construyendo un nuevo tramo y un nuevo presbiterio. 


Por desgracia, como será la tónica en todas las iglesias por las que pasemos, sus puertas están cerradas y no hay horario de visitas ni de misas, no hay que olvidar que estamos en días de diario y laborales. Nos impresiona en tamaño y arquitectura la iglesia. 

A un lado de la plaza se encuentra la bonita Casa Belsa, un gran edificio palaciego que es un soberbio ejemplo de arquitectura civil privada. Muestra dos fachadas, la principal y la lateral izquierda, ambas realizadas en piedra sillar y rematadas con un alero de madera (alero que es una constante en las construcciones del Matarraña). La inscripción con la fecha de 1546 sobre su escudo, el escudo familiar de los Pastor, ayudan a datar el edificio, construido por esta familia que más tarde pasó a los Belsa a raíz de un matrimonio en 1558, fecha desde la que estado unida a esta familia. 


De nuevo sus puertas cerradas, supongo que por ser residencia privada, y ninguna información sobre su visita. 

Gracias a Sergio, que leyó esta entrada, podemos realizar una visita por su interior de manos de un programa de AragónTV, La llave maestra. 

Un detalle muy bueno de agredecer y que ayuda en la visita por la comarca del Matarraña es que en todos sus pueblos hay paneles ilustrativos de los monumentos, contando los detalles más interesantes de la construcción y donde además hay un mapa donde ver el resto de los lugares visitables de la localidad. Todo un punto positivo para la organización turística. 

No son pueblos grandes así que es bueno callejear por ellos, tanto si sus calles llevan a algún lugar determinado como por el hecho de disfrutar del paseo y la arquitectura. Muchas de sus casas mantienen a duras penas el color azulón o añil que las recubría, como una característica de la zona.


Andando desde la plaza llegamos al cercano Portal de la Calle Mayor o Portal de la Virgen del Carmen, pero sobre él no hay una capilla como los arcos con nombre de santo suelen tener, sino una vivienda privada. Si había alguna estatua de una virgen no la vimos y no la recordamos.


Como curiosidad el Ayuntamiento no se encuentra en la Plaza de España, y por ello no posee lonja, característica común como íremos viendo, de los ayuntamientos de la comarca. Fue construido a finales del siglo XVI, destacando su gran portada de medio punto y las ventanas adinteladas con alféizares de piedra. A pesar de no albergar la lonja, en su planta baja se emplazó la carnicería y la cárcel. 

En esta ocasión sus puertas estaban abiertas pero al ser organismo público no nos pareció adecuado entrar, si hubiéramos visto el símbolo de información nos hubiera facilitado el acceso pero entrar a molestar en horario de trabajo no nos gusta (siempre hay que ponerse en la piel de los demás, y eso que a mí personalmente me gusta entrar en todo edificio en el que se puede). Alberga un importante archivo histórico con documentación desde el siglo XIII de las localidades de todo el feudo que constituía Valderrobres, al que pertenecía Fuentespalda. 


De ese interior que no llegamos a ver destaca en el salón de plenos una talla gótica de San Miguel que tiene a sus pies una oca, cuando siempre se le ha representado con un dragón, de ello se deduce que la talla es de origen templario, ya que para ellos era un animal sagrado, aunque ha sido manipulada al incorporarle unas cabezas de dragón (este dato lo desconocía allí si lo hubiera sabido hubiéramos entrado con total seguridad pero este viaje ha sido improvisado como ya he mencionado y gracias a esos paneles informativos hemos encontrado más de lo previsto). 

El Ayuntamiento ha sido declarado Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.

Llegamos hasta la Plaza del Horno del Concejo, que como su nombre indica en ella se encontraba el horno de la localidad, que se conserva, así como la parte superior del arco de acceso. 


En la Edad Media, la construcción y explotación del horno era un derecho del señor, en este caso del Arzobispo de Zaragoza, escudo que se conserva sobre el arco. Una persona se encargaba del horno, siendo su retribución variable: por ejemplo, un pan por cada treinta que cociese. Las mujeres amasaban en sus casas, donde solían disponer de una habitación para tal uso, el pasador, que luego llevaban al horno y hacían los panes que luego vendía el panadero. 


El control de calidad (suena raro para la época) tanto en la venta como en la producción estaba estipulado por ley y hacía referencia a la obligación de utilizar la harina en buenas condiciones y ser justos tanto en el peso como en el beneficio obtenido (increíble este control de calidad, para que luego creamos que nos inventamos cosas nuevas como “eso” llamado ISO). 

Los pueblos de esta zona tienen elementos comunes como ya vamos conociendo y viendo, pero uno de ellos, que para el turista puede resultar un hándicap es la construcción en alto, lo que implica calles en cuesta constantemente, en algunos casos algunas más pronunciadas que otras, pero una prueba de resistencia sin duda



En la parte de la localidad más alta se encuentra uno de los portales de acceso,  el Portal de San Antonio de Padua, ahora sí, con una capilla construida en el siglo XVIII y reformada en 1983. 


De los portales nos dejamos pendiente el supuestamente bonito Portal de San Francisco pero lo dejamos para el final del paseo y al final se nos pasó ir a su encuentro. 

Cerca del Portal de San Antonio se encuentra la construcción llamada La Torreta, un gran torreón de vigilancia probablemente del siglo XV, que formaría parte del recinto amurallado que protegía a la población, aunque algunas fuentes hacen referencia a una posible construcción musulmana anterior. El edificio tiene forma prismática y planta rectangular, siendo construido con sillería y mampostería y apenas tiene ventanas. 

El edificio fue utilizado desde el siglo XIX como cárcel, conservándose en su interior unos grilletes como muestra de su pasado carcelario. La cárcel es una de las que se pueden visitar (en mejor época que en invierno para acceder a su interior por aquello de los horarios de fines de semana en invierno) en los pueblos de la comarca del Matarraña. 

La reciente rehabilitación ha añadido un mirador cubierto sobre el torreón pero tenemos el síndrome de las puertas cerradas, que es normal, es difícil que  el turismo inunde sus calles en esta semana en la medida suficiente como mantener un empleado continuo; y es una pena no disfrutar de las vistas aunque hay otros lugares desde donde hacerlo. 

En la actualidad la Torreta alberga el Centro de Interpretación de los Torreones del Matarraña. 


Como en los paneles informativos hemos visto una foto más completa de La Torreta, desde la parte de atrás, caminamos en su busca. 


Encontrando detalles, que en estas localidades todo son detalles, y no tienen porqué ser bellos, sino sencillamente llamar nuestra atención, y es que si las cosas no se cuidan se nota el paso del tiempo...lo mismo que con las personas.


Tenemos que salir del pueblo, como casco, para contemplar La Torreta desde el otro lado, desde los campos. 


Aunque para tener una mejor vista de ella habría que caminar más allá y se vería mejor, buscando alguna altura para abarcarla. 


En el campo de nuevo los detalles y el transcurrir del tiempo, que también habla del pasado y el presente agrícola de la comarca. 


Antes de salir de Fuentespalda nos queda un lugar por conocer, y en el camino para llegar unos símbolos que me recuerdan al logo de UCD, pero tiene un color muy vivo, muy actual, con lo que nos queda la duda de su significado cierto. 


Donde queremos llegar es al cementerio medieval. En el interior del Fossar Vell o cementerio viejo se ha recreado un espacio funerario aprovechando antiguas estelas funerarias en forma de disco, siendo uno de los conjuntos más completos de este tipo de señalización funeraria de la Comunidad Aragonesa, que fueron posiblemente realizadas entre los siglos XVI y XVIII. 

Varios de los motivos de estas estelas hacen alusión a la muerte, en concreto a la vanitas mundi, la igualdad de todos ante la muerte, incluso de los poderosos (y es que la parca viene a por todos). No pudimos entrar para verlas de cerca y disfrutar de estos detalles. 


Al salir del pueblo vemos un cartel que señala el camino de la Coveta de L’Aigua y decidimos seguirla, aunque ya sospechamos que no podremos entrar, pero aun así decidimos aventurarnos. En coche solo se accede a la parte baja de la pequeña montaña, para el resto hay que caminar, más bien subir por una escalera y luego camino bien acondicionado, incluso con barandilla.


Como siempre que se alcanza altura lo que se obtienen son vistas. 


En las estribaciones del Sistema Ibérico, junto a los Puertos de Beceite, se halla el macizo montañoso Sierra Molinera-Fuentespalda, en el interfluvio de los ríos Tastavins y Pena, ambos afluentes del Matarraña. En esta formación caliza con rocas de alta permeabilidad, con el fluir del agua y del tiempo se ha originado un paisaje kárstico y un laberíntico entresijo de cavidades, la Coveta de L’Aigua. 


Tras la cueva el camino continúa hasta una fuente y un mirador, pero yo no subí, tengo un problema en mi pie derecho que actualmente me tiene algo fastidiada y me hace controlar el desgaste físico, con lo que a pesar de que la subida hasta aquí no son más de diez minutos me hizo desistir de intentarlo, no así mi marido que subió y disfrutó de las vistas de la localidad y los alrededores, donde existe una antigua torre de vigilancia.


Haciendo un zoom sobre Fuentespalda destacan dos de sus construcciones, la Torreta y la Iglesia de El Salvador con su espadaña airosa.


Terminada la visita por Fuentespalda y saliendo de ella por la A-1414, otro nuevo cartel nos hace desviarnos, en esta ocasión hacia la Ermita de Santa Bárbara, situada sobre una pequeña colina. Ya desde el camino de acceso su arquitectura nos subyuga, no es pomposa ni espectacular, pero tiene un halo muy especial, semiescondida entre los árboles, con una forma peculiar de trébol. 



La ermita fue construida en estilo barroco en el siglo XVIII en mampostería y sillería. 


Se cree que Santa Bárbara nació en Nicomedia, a orillas del mar Mármara, alrededor del siglo III d.C. Rechazó sus creencias paganas para abrazar el cristianismo y su padre, un hombre rico y poderoso llamado Dióscoro, la encerró en una torre y la torturó. Al no poder convencerla de abrazar el cristianismo la ejecutó y justo después él fue fulminado por un rayo.

En la ermita se celebra la misa con ocasión de la festividad de Santa Bárbara el domingo posterior al día marcado por el santoral, el 4 de diciembre. 


Hacemos de mirones por la rejilla de la puerta, que es lo único que podemos hacer para ver su interior.


Es gratificante descubrir los pueblos de la geografía española, que no todo se encuentra en el ancho y grande mundo.

19 de febrero de 2012

España - Fuentespalda - Restaurante Hotel La Torre del Visco, Fuentespalda


Comer es un placer

Una vez que hemos conocido donde estaremos alojados y dormiremos como auténticas marmotas, Hotel La Torre del Visco, pasemos a uno de los puntos fuertes de este hotel con tanto encanto, la gastronomía. Creo que desde hace poco está en manos de un nuevo chef, Jordi, y siento no poder dar más datos sobre él, pero sus platos hablan por él, no es una cocina minimalista, no es nueva cocina pero tiene su punto de originalidad con algunos ingredientes, lo que es sin duda es rica, muy rica.


Nuestra mesa para todas las noches está al lado de una ventana que da a una terraza, que en las noches de verano, primavera u otoño con buen tiempo si habilitan mesas tienen que haber peleas por ellas, aunque ahora en invierno es utilizada para los fumadores satisfacer sus necesidades. 



Hagamos un pequeño recorrido por nuestras cenas, un auténtico deleite para nuestro paladar y nuestros sentidos, algunos platos nos pudieron parecer más acertados que otros, pero ninguno nos dejo indiferente o nos terminó de gustar. Creo que algo muy importante es la calidad de los ingredientes utilizados, algunos de propia elaboración en la masía, como el aceite (buenísimo, del que parece que no te saciarías aunque te lo bebieras a copas), verduras de su propio huerto (aunque el huerto que nosotros vimos estaba más bien pelado, ya bien porque estaba recolectado bien porque hayan cambiado su situación bien porque el frío no dejaba salir a las verduras), mermeladas caseras (la de limón un auténtico descubrimiento), y estas ricas confituras nos llevan a los espléndidos bizcochos que Ana Mari confeccionaba por la mañana y nos servía en los desayunos y que podíamos degustar en una merienda si era necesario…placer, auténtico placer. 

Como he divagado un poco, incluso emocionado, recordando los buenos y apetitosos momentos, nos volvemos a centrar en las cenas que es donde quería ir. 

Todas las noches teníamos un pequeño aperitivo, la primera noche fue un queso empanado, que si bien no sorprende por conocido no deja de ser un buen aperitivo, y fue la única ocasión en la que hicimos fotos, el resto se nos olvidaba entre comer y charlar pero nos ofrecieron chupitos de cremas, pequeños pinchos de terrina de foie, entre otros.


El recorrido no va a llevar un orden lógico de primeros, segundos y postres, sino que voy a hacerlo cronológicamente, noche a noche, y en algunas de ellas faltarán las fotos, bien por repetido, bien por no acordarnos de realizar la fotografía. 

Judías verdes con calamares (el aliño no lo recuerdo, además no fue el plato elegido por mí y si ya es difícil recordar el propio, el sabor del ajeno lo es todavía más). 


Salmón ahumado en la casa, que debía venir acompañado de salsa de yogurt, pero como no me gusta mucho, por no decir casi nada, preferí que viniera solo…y ummmm, este salmón solo se necesita a sí mismo. 


Lomo de bacalao con pisto manchego (y además era manchego, ya que llevaba berenjena, como debe ser, y si son de Almagro mejor, pero sin ser encurtidas claro -creo que ya he comentado en alguna entrada que mis raíces son manchegas, nacida en casa de pueblo). 


Carrilleras al vino tinto, este plato me lo pedí yo y resultó espectacular, la carne era jugosa, melosa y rica, con un ingrediente de alta calidad. Para chuparse los dedos.


No recuerdo el nombre del plato, era una pequeña tarta de almendras, pero muy suave y nada pesada, que es lo que se suele asociar con este tipo de tartas. 


Merluza a la plancha con verduras; la merluza buena, las habas buenas pero esos espárragos necesitan una mención especial, aparte de su buen punto de cocción, crujientes pero no duros, y con un sabor…ummmm…


Cuajada con miel, que para mi comensal era como néctar de dioses, y solo verle la cara al comerla sí que lo parecía. 


Merluza sobre salsa de marisco (aunque tengo mis dudas recordatorias con la salsa, y es que deberíamos haber hecho foto también del menú o llevar una libreta para ir apuntando).


Crema de espárragos con huevo confitado y jamón de Teruel (el jamón no podría ser de otro sitio, y aunque no sea de Jabugo o de Montánchez a su modo es bueno). Siento la oscuridad de la foto pero he cambiado de programa de tratamiento de fotos y no me termino de aclarar con sus posibilidades, y si yo no me aclaro, la foto tampoco se aclara.


Este huevo confitado me lleva al huevo a baja cocción del restaurante La Terraza del Casino de Madrid. Para realizar este huevo se utiliza un aparato llamado Roner, que dado su alto precio no es para tenerlo en casa, aunque hay métodos alternativos caseros que se pueden utilizar...me tengo que animar a probarlo. 

Farfalle (puede que no lo escriba bien) de acelgas rellenas de cordero. Un plato demasiado fuerte para la cena, sobre todo cuando había pasado la noche anterior y el día mal del estómago, pero un plato espectacular en sabor. 


Verduras a la plancha con un sabroso fondo de carne; por supuesto las verduras espectaculares. 


Lubina a la plancha con una salsa que no recuerdo su sabor, ya no su nombre, aunque por el color podría ser mostaza, pero no recuerdo un fuerte sabor de este ingrediente. 


Rosbif de ternera en salsa, con una carne jugosa y tierna, y no porque la salsa le dé esa textura sino porque era propia. 


Raviolis de calabaza en salsa suave de Stilton, de este plato tendría que haber pedido la receta, sobre todo porque el queso Stilton está entre mis favoritos desde que lo descubrí en los desayunos en Londres, un rico queso azul de vaca y además esos raviolis de calabaza ya suenan bien sin el queso. 


Ahora pasemos a la bebida, cuatro de las cinco noches tomamos vino, tres de ellos recomendados por nuestro camarero. Uno de ellos no nos convenció, aunque su nombre era una promesa, Barranc de l’lnfern, y rápidamente nos cambió la botella por otra. Dos de ellos son mencionables porque nos lo hemos apuntado entre las buenas novedades: el primero es un priorato, de nombre diferente y de etiqueta cautivadora, L’Insconcient, de Les Cousins Marc & Adrià. 


El segundo es uno de la Tierra, del Bajo Aragón, Ventus


Quiero hacer una mención especial al desayuno del día de nuestra partida, donde la mesa estaba repleta de comensales y la conversación fue igual de placentera que las viandas. Dos de las noches el chef, Jordi, tenía derecho a vacaciones, que no todo es trabajar, y le hicieron la suplencia dos cocineros de amplia experiencia y currículum, aunque todavía no lo sabíamos: Mar Barba y Kristian Lutaud, el segundo con sus años de aprendizaje en los fogones de El Bulli, y ambos ya retirados de la hostelería, aunque no como negocio, porque él ahora tiene una empresa de asesoramiento hostelero en colaboración con el conocido repostero Paco Torreblanca. 

Aparte de hablar algo de gastronomía y senderismo, se habló del mundo del gintonic, del que no soy aficionada porque ni me gusta la gin (a pesar la amplia y rica variedad actual) y mucho menos me gusta la tonic, pero cuando habla gente que sabe de lo que habla hay que aprovechar para aprender y tomar notas. Fue una pena no estar aquella tarde allí, porque estaba alojado un joven mâitre del Hotel Palafox de Zaragoza, gran experto del tema y le hubiéramos liado para que nos preparara unos buenos gintonics aparte de enseñarnos a hacerlos bien (ya no solo mejor). De todas formas he aprendido que los pepinos deben ser holandeses y no españoles (estos para las ensaladas), que son más suaves y no lo inundan todo de sabor a pepino. 

Escribiendo esta entrada se me ha hecho la boca agua…ummmmm.

15 de febrero de 2012

España - Fuentespalda - Hotel La Torre del Visco (Teruel)


Descanso en el paraíso escondido

Para comenzar el año 2012 que mejor que una escapada viajera, nuestros cuerpos y nuestras almas estaban necesitadas de paz y tranquilidad, tanto de ambas que el lugar escogido fue un hotel casi escondido en el Maestrazgo, en la provincia de Teruel, porque sí, Teruel existe y es una maravilla de lugares, pueblos, ciudades, paisajes, rutas y gastronomía, que esta última también es importante en los viajes. 


Para llegar hasta aquí desde Madrid la mejor ruta es por la Autovía A2 dirección Zaragoza hasta Alcolea de Pinar, desde aquí se toma la N-211 hasta Monreal del Campo (pasando por la bonita localidad de Molina de Aragón, que merecería otra parada especial). Se continúa por la misma N-211 pasando por Monreal del Campo, donde nosotros hicimos una parada para comer, con la primera sorpresa gastronómica de la semana. Paramos en un restaurante al lado de una gasolinera, ya hacía hambre y no era cuestión de ser exquisitos sino de sofocar los ruidos estomacales. Un buen menú de buena presentación a 10,50€. 

Siguiendo en la N-211 se pasa por Montalbán hasta llegar a Calanda, lugar de nacimiento de Luis Buñuel (el cine siempre encuentra una excusa para encontrarnos), donde se realiza una famosa tamborada (que se debe acabar de los tambores hasta los…) y donde se recogen unos hermosos y sabrosos melocotones. En Calanda se toma la N-232 hasta Alcañiz. Se continúa por esta carretera durante unos 14 km para desviarse por la A-231 hasta Valderrobres, donde se tiene que tomar la A-1414 dirección Fuentespalda. Pasados unos 6 km hay un cartel que indica la pista de acceso al hotel, de 5,5 km. 


Afortunadamente durante el camino, que la primera vez se realiza más despacio por no conocer el terreno de la pista, que no es malo pero no deja de ser una pista de tierra, cuando se piensa que se ha recorrido más distancia de la realizada, por aquello de que al ir a poca velocidad no se controla bien el tiempo y los kilómetros, aparece un cartel indicando que vamos bien y la distancia que queda para llegar al hotel.

El paisaje que rodea el camino es bonito, verde olivo principalmente, y con el adjetivo olivo no me refiero al color solamente sino también a los árboles, cuyo retorcimiento me recuerda en la belleza a los mecidos y contorsionados por el viento en la isla de Mallorca, y es que por el Maestrazgo también sopla con fuerza. 


Al final del atardecer llegamos al hotel, La Torre del Visco, y es que no salimos temprano de Madrid, no somos de prisas al emprender un viaje nacional a no ser que tengamos horas concertadas. Por una de estas tonterías, no realizamos ninguna foto al complejo hotelero en su totalidad durante nuestros días de estancia, así que recurriendo a internet lo podemos ver. 


Fuente: relaischateaux.com 

Antes de ver el interior demos un pequeño paseo por el exterior. Entrar tiene su encanto porque es entrar en una masía rehabilitada, donde no se oye ni un murmullo y hay que guiarse más por el instinto que por el ruido de clientes y además la recepción no es al uso normal. 

Se llega a un patio con luces de navidad en sus árboles y en algunos rincones, estamos en la semana de Reyes y todavía es Navidad.


Por el patio se reparten algunas de las habitaciones y en el centro un estanque con peces de color, de color naranja. 


Tras el patio hay un pasillo con los detalles tan bien puestos que la sonrisa inunda nuestros rostros, parece que hemos acertado. ¿A qué es romántico?


Al final de este pasillo se encuentra otro patio que al tiempo se va bifurcando en lugares agradables donde pasar el día o la noche, si esta no fuera de enero y fresca, aunque no tan fría como suponíamos y como tenemos en nuestro recuerdo  de la primera visita que realizamos a Teruel y Castellón, allá por el año 2001, y que tan buen poso nos dejo. 




Desde el patio del estanque se puede acceder a la biblioteca, amplia, quizás no tan cómoda como sala de lectura, y muy bien surtida de todo tipo de libros en castellano e inglés. De aquí tomé prestado uno que me tendré que comprar por la cantidad de lugares mágicos y diferentes que se encuentran en la provincia. Su nombre, Matarraña insólito; su autor, Jesús Ávila. 


En el pasillo con tanto encanto, hay dos puertas a cada lado. La de la derecha conduce a una pequeña sala con chimenea, completamente acogedora, más propia de una casa que de un hotel. 


Detrás de esta sala se encuentra la biblioteca. Sobre la mesa grande hay un álbum de fotos de cómo se rehabilitó esta masía, y al verlas, porque según se ve quedaba poco más que los muros en pie, cuesta creer y entender cómo Piers y Jemma, una pareja de británicos, llegaron a este pueblo y a esta masía de Teruel en los años ochenta (eso creo recordar por las fechas de las fotos), cuando "Teruel no existía", y viendo esos muros encontraron el paraíso, que lo pusieron cómodo para los viajeros y abrieron sus puertas para nuestro goce y deleite. También hay una selección de cds, música clásica, para disfrutar de todos los placeres en conjunción. 


Desde la sala anterior se accede al “minibar” del hotel, donde nos quedamos con la boca abierta por el coqueto lugar que han creado, donde algunos de los clientes se están abasteciendo sabiamente. 


En esta particular bodega sólo se pueden abrir las botellas de vino colocadas en la mesa central, el resto se pueden ir degustando durante las cenas…pero aquí también se realizan catas de vino, bien como actividad programada por el hotel o bajo petición de los clientes. 

Como no solo de alcohol vive el hombre, también hay bebidas para acompañarlo o para tomarlas solas. En la pizarra los precios de las bebidas, al lado de lo que nosotros entendemos como minibar (entendido como pequeña nevera) unos pequeños aperitivos de frutos secos y aceitunas, y unas cajas con hojas para rellenar con las consumiciones realizadas. 


Unas escaleras conducen a una gran sala de estar con sofás, donde se pueden tomar las copas, hablar con los amigos o jugar con ellos con juegos de mesa…es el salón de casa, pero nosotros no hicimos uso de él y al final se nos pasó hacer la foto. 

Pero este recorrido tuvo un comienzo, y este fue en la puerta a la izquierda del pasillo coqueto, frente a la que da a las salas arriba mencionadas. Esta puerta da acceso a muchos lugares, pero a uno en particular, al hogar y al alma de esta casa, cuyas paredes si pudieran hablar tendrían historias de todo tipo para contar: de sus viajeros, que aquí comparten el desayuno, y no se trata de compartir como eufemismo sino como verbo activo; de sus cocineros y trabajadores, que pasan gran parte del tiempo en ella, y donde es posible encontrarlos, aunque nunca es seguro; de sus recetas, para chuparse los dedos; de sus talleres de cocina, porque aquí se realizan talleres de este tipo, a los que tendré que apuntarme y no solo para aprender sino para disfrutar del arte de preparar y compartir conocimientos y ganas…¡historias y más historias, placer y más placer. 


Aquí fue donde conocimos a Marga, que fue nuestra guía por el hotel, y este comedor-cocina, o cocina con office por aquello de utilizar un anglicismo tan bien traído a este lugar, es al tiempo la recepción, y es por la razón de que casi siempre, e insisto en el casi, se encontrará alguien aquí, ya sea cliente o colaborador del hotel. 

Detrás de los fogones no hemos conocido a Jordi, el chef actual, pero sí sus creaciones, que no son minimalistas aunque tienen un toque de modernidad y creatividad, y mucho menos son minimalistas en cantidad, pero lo que sí son es sabrosas, de comer con gusto y chuparse los dedos (aunque no se deba y no se haga).

A las que sí conocimos fue a Anamari, gracias de nuevo por tu trato y tus desayunos, aunque ahora tenga algunos kilos de más, y a Nati, que salía a echar una mano cuando a los clientes nos daba por llegar todos juntos a desayunar (aunque lo normal era hacerlo en cascada, de cuatro en cuatro más o menos). De gastronomía ya hablaremos y veremos en otra entrada dedicada al restaurante del hotel


Marga, después de enseñarnos el minibar, la biblioteca y la sala de estar, a través de la cocina nos conduce a nuestra habitación, y para ello pasamos por el comedor, ya no el de diario, sino el de postín para las cenas.


No falta la chimenea, que siempre está prendida, es un detalle más del calor que se siente en este hotel…calor de todo tipo, aunque el humano es el que más nos ha calado y calentado. 


Desde la cocina hemos accedido al comedor por una escalera a la que tampoco le falta su rincón con encanto, cierto es que las dos sillas también tienen la utilidad de poder utilizarse en la mesa de la cocina si acudimos todos los comensales a tropel, pero el sitio elegido creo que le otorga un punto más a la decoración. 


Desde el comedor se tiene acceso a la sala de internet, donde hay un pc pórtatil desde donde poder conectarse con el mundo, porque un detalle que no he comentado es que aquí no hay comunicaciones. La señal de teléfono es de Movistar así que si tu compañía es otra, como nuestro caso, es casi imposible realizar llamadas, y los pinchos de internet tampoco valen, si no son de la misma compañía telefónica del hotel para poder acceder a su red. 

Con comunicación directa con el comedor se encuentra nuestra habitación, se agradece no tener que salir por la noche por el patio en invierno, de bonito nombre Ajedrea. 


Para estancias largas, y esta ha sido mediana, cinco noches, preferimos habitaciones con salón a ser posible, ya que nunca se sabe si alguno de los días se sale indispuesto (como ocurrió por desgracia uno de los días en mi persona) o si se llega antes de lo previsto después de una excursión pero no se quiere pasar el tiempo en los salones comunes, es más como un “por si acaso”, aunque claro, cuando lo tienes al final acabas utilizándolo. 

Como estamos en Navidad tenemos nuestro propio árbol. 


Hay una chimenea, y de nuevo más calor, tanto real como interior, ya que una chimenea siempre da más sensación de hogar; aunque nosotros no la utilizamos, la habitación estaba tan caldeada que no era necesario, para ello había que bajar la calefacción y el dormitorio y sobre todo el baño se quedarían fríos. 

Hay una televisión, un aparato de televisión, pero no para ver los programas de televisión, sino para ver las películas en VHS o DVD que están a disposición de los clientes, en las habitaciones ya hay un buen surtido, pero para novedades cinematográficas mejor llevarse las propias (y si es necesario el cable para enchufar el aparato a la televisión).



En el dormitorio la cama es amplia y acogedora, con sábanas suaves y un edredón que te abraza pero no te asfixia. Desde hace tiempo, y no sólo en los viajes, yo no sabía que se podían dormir nueve horas seguidas, y aquí he llegado a hacerlo, y más por no molestar a mi marido en su espera de mi perezosidad que me he levantado, aunque me hubiera gustado continuar…y esto en mí de vacaciones es de lo más inusual, que suelo despertarme antes de que suene el despertador y que luego voy detrás de mi marido para que se levante él, pero en esta ocasión estamos de auténticas vacaciones, y desde el primer día lo conseguimos, sin hacer ningún esfuerzo ni sentirnos traumatizados por no correr…y es que en La Torre del Visco el tiempo corre despacio, y si tú quieres, házle correr deprisa. 


Un detalle de agradecer es el inmenso vestidor que hay en la habitación, en cuantas ocasiones los armarios de los hoteles se nos quedan pequeños y hacemos malabares para repartir la ropa. En esta ocasión está preparado para venirte con la casa a cuestas y vivir una larga temporada aquí…

El vestidor comunica con el baño, de nuevo amplio aunque no para compartir ya que tiene un único lavabo, bañera normal, y el equipamiento básico de supervivencia con gel, champú, loción corporal, set dental, gorro de baño, set de afeitado y secador de pelo.

Al principio pensaba que la falta de comunicaciones, y también tenía motivos para estar preocupada por causas familiares, pero esto es otra historia demasiado personal, y no tener televisión, como señal y no como aparato, podría acabar resultando difícil e incluso incómodo, pero no hay nada como estar allí para no echarlos de menos. Las comunicaciones se pueden tener, bien a través de internet en la pequeña sala del hotel o bien a través de la oficina, ya que este teléfono se podría utilizar en caso necesario, aunque la experiencia ya me mostrado que las malas noticias llegan, y que además lo suelen hacer con rapidez (se supone que así duelen menos al noquearte primero). Respecto a la televisión, si que he echado en falta llegar por la noche y ver-escuchar las noticias, porque es casi una acción automática en casa, por lo menos escuchar los titulares, pero para el resto no se echa en falta, y la verdad ¿quién puede echar en falta la televisión de calidad de nuestro país? (obviando algunos programas o series, pero para esto sí que hay colores y gustos). 

En resumen, un lugar donde perderse y donde disfrutar de la comarca del Matarraña como iremos desgranando poco a poco, de la gastronomía de la zona y del hotel y de la sencillez de la vida, de un buen lugar donde alojarse y sentirse como en casa, bien cuidado.

Gracias a todo el equipo de La Torre del Visco.