16 de diciembre de 2014

Canadá - Región de Charlevoix - De Tadoussac a Saint Joseph de la Rive


En un gran cráter

Salimos de la bonita localidad de Tadoussac, que nos sigue dejando lugares muy coquetos, con mucho encanto, por lo menos de su exterior, que ya sabemos que los interiores luego pueden desmerecer (y nosotros estamos a punto de demostrarlo y probarlo en nuestros carnes).  



Pero salir de Tadoussac no es fácil en temporada alta, o hacemos el camino de vuelta por la orilla norte del fiordo Saguenay y volvemos a la localidad de Saguenay, cosa que no tendría sentido, o tomamos el ferry para cruzar a Baie Sainte Catherine, en la orilla sur del fiordo, pero eso sí, haciendo la cola y esperando al reparto de coches que realizan los trabajadores, mientras la cola crece y crece; no queda de otra que armarse de paciencia. 


Tras casi una hora de espera, que por supuesto a todos nos parece aburrida y cansina, conseguimos embarcar en el ferry. 


Nos despedimos de Tadoussac con un buen sabor de boca, y no solo por la buena comida, también por sus alegres casas y paisajes. 



La bahía de Tadoussac se abre al río Saint Laurent, y la sensación de calma es reconfortante aunque estemos en un algo ruidoso ferry. 


Llegamos a Baie Sainte Catherine y circulamos por la carretera 138, paralela durante un tramo al río Saint Laurent, donde una roca está totalmente tomada por las gaviotas. La carretera atraviesa la región de Charlevoix, que ocupa una superficie de unos 6.000 km2, desde Sainte Anne de Beaupré hasta la desembocadura del río Saguenay, en Baie Sainte Catherine. Charlevoix fue declarada Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco en 1998, y por ello se aplican restricciones a su explotación.


Nuestro paisaje es de bosques –el bosque boreal- y lagos, que es salpicado eventualmente por pequeños asentamientos y/o granjas, que no diría yo ni pueblos ni aldeas. De música de fondo en el autobús, suenan canciones con raíces escocesas y francesas (no apunté el nombre del grupo). Las casas de la región son principalmente del siglo XVIII, con techo en rojo o verde. 


Charlevoix desde hace muchos años es el retiro veraniego favorito de la clase alta del país. Al comienzo de la colonia francesa, algunas empresas llegaron a la región para la extracción de recursos naturales, madera principalmente, pero el turismo se convirtió rápidamente en la principal fuente de recursos.

Pasamos por St Siméon, localidad desde la que se puede cruzar en ferry el río Saint Laurent, de la que nos llama la atención su faro, con una terraza con mesas y sillas, que además es el lugar donde se compran los billetes para cruceros de observación de ballenas (un faro multiusos). 


Saliendo de la pequeña localidad de Cap à L’aigle, al fondo el río Saint Laurent


Hace unos 350 millones de años, un meteorito de unos 2.000 m de diámetro y un peso de 15.000 millones de toneladas chocó contra la Tierra en la región, en menos de un minuto formó un cráter de 5 km de profundidad y modeló el terreno que se ve en la actualidad, el cráter de Charlevoix tiene unos 55 km de diámetro y se encuentra entre los más grandes del mundo, donde se ha creado un hábitat excepcionalmente variado en el que se encuentran todos los ecosistemas de Québec, desde los bosques de arce hasta la tundra, razón por la que se declaró la región zona de reserva mundial de la biosfera. En el centro de la zona de impacto se encuentra el Mont Des Éboulements (montaña de los desplazamientos de tierra), de 768 m de altura, que surgió por la colisión. Con estos datos apetece realizar excursiones y conocer a fondo ese cráter, pero no está en el planning ni hay tiempo para tanta actividad.

El inmenso valle se extiende entre Baie St Paul y La Malbaie, desapareciendo una parte en el río Saint Laurent, y nosotros estamos entrando en esta segunda población. La zona de La Malbaie debe su nombre a Samuel de Champlain, que en 1608 encalló a la orilla de la bahía, a la que llamó Malle Baye, nombre que fue utilizado hasta la llegada de los ingleses en 1759, que lo cambiaron por Murray Bay en honor del gobernador James Murray, desarrollándolo como puerto comercial; posteriormente los habitantes cambiaron el nombre a su original cientos de años después. 


En comparación con las ciudades y localidades que llevamos viendo desde nuestra salida desde Montréal hacia La Maurice y luego hacia las regiones del Lac Saint Jean y de Saguenay, La Malbaie es con diferencia la más grande y animada por la que pasamos, se nota que en sus calles hay circulación de gente, de locales. Una ciudad junto al río Saint Laurent que parece aprovecharlo muy bien. 



Pasamos junto a la Murray Bay Protestant Church, una de las primeras iglesias protestantes que se construyeron en la región, en 1867; más mal que bien ha sido capturada por la cámara porque aunque la fachada frontal se tomó, un bonito poste de luz o teléfono la estropea aparte del movimiento del autobús. De la iglesia original se cambió su estructura en madera exterior por piedra.


A las afueras de la población un estupendo, y a mi parecer grande, campo de golf, con un césped verde infinito bien cuidado, con vistas al río, un paraíso para los amantes de este deporte y para los que no lo somos, que dan ganas de coger uno de esos palitos a ver qué pasa, y en mi caso seguro que pasaría que mis pelotitas acabarían en la carretera rompiendo los cristales de los coches y aterrorizando a todos. El campo de golf pertenece al Hotel Fairmont Le Manoir Richelieu, un hotel construido en 1928 al estilo del Château Frontenac de Québec, que tiene casino, un aliciente más. 


Algunos siguen intentando capturar el granero de “The walking dead”, esto ya es un "por mis ....", pero no hay manera, aunque no está mal del todo. 


Pasamos por la localidad de St Irénée, donde la ex primera ministra de Canadá, Kim Campbell, tiene una casa valorada en 15.000.000 de $ (parece que lo de ser político es bueno en todos los países del mundo mundial). 

Las localidades por las que vamos pasando en general nos resultan agradables, no muy grandes, con casas de fachadas blancas, con toques azules, verdes o rojos, y en las que además poco a poco vamos viendo carteles publicitando talleres de artistas, ateliers, donde exponen sus cuadros o esculturas. 


A la salida de la población de Les Éboulements salimos de la carretera 362 para dirigirnos hacia Saint Joseph de la Rive, por una carretera que tiene una fuerte pendiente, y muy a menudo nuestro conductor tiene que probar los frenos para asegurarse de que todo va bien (afortunadamente iba bien). 


Mapa del recorrido:


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