12 de marzo de 2013

Corea del Sur - Pabellón Igyondae - Tumba del rey Munmu



El rey dragón bajo el mar

Dejamos atrás Homigot y continuamos hacia el sur por la costa disfrutando del paisaje, pasando de nuevo por pequeños puertos pesqueros, y por playas, que al no acompañar el día no se encuentran llenas de flotadores gigantes como en la playa de Haeundae de Busan, aunque las sombrillas multicolores estaban perfectamente alineadas y preparadas para recibir a los bañistas.



Lee Sok para en un restaurante y tanto él como Sonia se acercan a preguntar, tanto por si hay lugar para comer como para tantear los precios, Sonia sigue preocupándose por nuestra economía, y no quiere que sea una comida cara a pesar de ser pescado, con lo que elige el más barato de ellos, que se pueden seleccionar de las peceras.


Invitamos a Lee Sok a acompañarnos pero declina el ofrecimiento, no directamente sino a través de Sonia, que nos transmite su extraña respuesta, “él prefiere arroz”, pero no entro a valorar lo que desconozco, aunque intuyo un "cada uno en su sitio". 

De nuevo toca comer en el suelo, mis rodillas acabarán peor de lo que están pero este sufrimiento gastronómico merece el esfuerzo, el dolor y el retorcimiento de postura. 

De aperitivo, entre los banchan sorprendentemente hay un ¡platillo con cacahuetes!, que más que tostados parecían cocidos, aunque también podría ser por la humedad del ambiente. 

También hay batatas, o eso creo que eran, porque sinceramente nunca las he comprado, nunca las he cocinado y nunca las he cocido.  Tienen textura de patata con un toque dulce y como aperitivo al ser pequeñas resultaron diferentes y desaparecieron del plato rápidamente.


Caracolas de mar, ¡que ricas!


Lo que más nos sorprende, y al tiempo nos asusta comer, son unos cangrejos rebozados, son cangrejos de caparazón blando, de los que había escuchado que se preparan en la costa este de EEUU, y a los que nunca pensé que les hincaría el diente, pero allí estaba yo con el cangrejo entre mis manos y mi boca. Y no estaban malos ¡pardiez! y eso que nosotros de las nécoras y de los centollos o centollas sólo nos comemos las patas, que los cuerpos por muy buenas críticas que tengan no nos decidimos a comerlos, probamos y abandonamos para regocijo de los comensales con los que compartimos comida.



Una cabeza de pescado en salsa picante, de la que declinamos el placer de apurar (esos ojos mirándonos no eran alentadores) y Sonia lo hizo con sumo gusto.


Una ríquisima sopa de pescado, de la que dimos buena cuenta, a pesar de que por supuesto tenia su punto álgido de picor. Yo con las sopas coreanas he tenido una relación maravillosa, grandes sabores y reconfortantes.


Había más platillos de banchan, entre los que no faltaba el consabido kimchi, y por supuesto tampoco faltan los cuencos de arroz y el plato principal, el pez que yo tanto quería comer hoy, una especie de lo que para nosotros es el gallo.


No fue la comida más copiosa de las que hemos hecho en Corea, pero sí que nos sorprendió nuevamente, y eso ya es mucho decir, después de doce días recorriendo el país. 

A la salida del restaurante, el gerente-cocinero se despide de nosotros y se merecía una foto de recuerdo, pero me dio pudor. Era como un luchador de sumo japonés pero con delantal, eso sí, impoluto el delantal para su profesión. 

En el exterior del restaurante se preparaban para la siguiente faena de pesca preparando los cebos. 


Volvemos a la carretera y más adelante paramos en el pabellón Igyondae, construido en 1979 en el lugar donde se encontraba una plataforma desde la que los reyes que sucedieron al rey Munmu, de la dinastía Shilla, ofrecían su tributo a este rey. 


Así contado todo suena confuso, pero es que al frente del pabellón se encuentra la tumba del rey Munmu (mirar mapa), cuya particularidad es que está situada en el mar, entre unos arrecifes cercanos a la costa. La tumba recibe el nombre de Daewangam. 


El rey Munmu (661-681) unificó los tres reinos y se convirtió en el trigésimo monarca de la dinastía Shilla, dejando indicaciones precisas de que lo enterraran en el Mar del Este. La pequeña isla tiene un perímetro de 200 m, está dividida por dos cursos de agua que fluyen en forma de cruz, formando un estanque en el centro, y en su fondo se colocó un bloque de granito de 3,6 m de largo, 2,9 m de ancho y 0,9 m de espesor, en cuyo interior se introdujeron los restos incinerados del rey. 


La leyenda cuenta que el rey dejó escrito lo siguiente: “Aunque hoy gocemos de paz y prosperidad, siempre existirá la amenaza de una invasión japonesa, por eso ordeno que me sepultéis en el fondo del mar, y yo seré un horroroso dragón que siempre protegerá al país de invasiones extranjeras”.

Leyenda o no, escrito o no, enterrado o no, allí dicen que se encuentra su tumba, y a primera vista se podría alcanzar nadando desde la cercana playa, lo que no tengo seguro es que esté permitido hacerlo. 


Si las tumbas sorprenden, ya sean de ciudadanosrey custodiadoreyes, aunque en ocasiones se desconozcan todavía sus moradores, la tumba tan especial del rey Munmu nos ha parecido increíble. 

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