15 de abril de 2011

Japón - Kanazawa - Castillo de Kanazawa - Santuario Oyama

El misterio de las cigarras

Terminada la visita al barrio de Higashiyama, volvemos a la parada del autobús pequeño y divertido para que nos acerque al castillo de Kanazawa, y al bajar ahora si que pagamos todos los que antes no pagamos. Es el mismo conductor, por eso se reía cuando le mirábamos extrañados, él tenía claro que volveríamos a vernos las caras, de alguna forma teníamos que salir del barrio, porque en Kanazawa los lugares visitables no están cercanos unos a otros.

El castillo es uno de los más grandes del Japón feudal,  fue construido en 1853 por el clan Maeda, sucediéndose desde entonces una serie de incendios y reconstrucciones, hasta que fue arrasado en 1881, por supuesto por un incendio, sobreviviendo la puerta trasera por la que entramos, Ishikawa-mon.



El castillo está rodeado por un foso, aunque por las fotos parece que son varios fosos, ya que no veo continuidad en él pero pasamos por varios puentes en el recinto. Mi recuerdo anda algo difuso. 


El castillo tenía tales proporciones que era llamado “el lugar de los 1,000 tatami”. Una de las características distintivas del castillo es que los pisos están hechos de plomo, no sólo porque eran a prueba de fuego, sino porque en tiempo de asedio  éstos podían quitarse, fundirse y transformarse en balas.

Aunque sea una reconstrucción en su mayor parte, impresiona su figura, su tamaño y los cuervos que lo sobrevuelan como si fueran sus dueños. 



El recinto del castillo tiene varias edificaciones, algunas de ellas se salvaron del incendio, y está rodeado por un parque, por el que caminamos para encontrar otra salida, que la encontramos en el lado opuesto por el que entramos. 


La idea era buscar un autobús que nos llevara de vuelta a la zona del hotel, porque la salida está lejos de los que lo hacen, pero sin buscarlo nos topamos con el Santuario Oyama, un santuario shinto fundado en 1599. La puerta principal data del 1875 y se puede observar en ella una mezcla de influencias chinas, japonesas y europeas, siendo lo más llamativo que fue diseñada por un holandés; todo esto la hace única.


Se decía que la planta superior, que tiene vídrieras al estilo europeo, hacía de faro. La altura de esta puerta es de 25 m aproximadamente.


El santuario está dedicado a Maeda Toshiie, el primer señor del poderoso clan Maeda. El santuario fue construido por el sucesor de Toshiie, Maeda Toshinaga, en el monte Utatsu y posteriormente se trasladó a su ubicación actual.


Una impresionante estatua de Toshiie con cara desafiante se encuentra en la explanada frente al templo. 


El lugar está tranquilo y nos depara una grata sorpresa, un jardín con estanques, pequeños puentes y pasarelas de madera sobre el agua.


Al salir del santuario vimos a un niño con un bote de cristal con cigarras  a las que suelta, va acompañado de dos mujeres que parecían muy felices, parecía que era algún tipo de ritual,  ¿un cumpleaños especial?, aunque a lo mejor sólo estaban jugando y nuestra imaginación se desbordó, pero esto se me ha quedado clavado en la memoria, así que si alguien me lee y sabe que a que corresponde o que no corresponde a nada le agradeceré enormemente la información. 

Lo que me apena es que si era una fiesta estos turistas posiblemente le aguaron la alegría al niño, porque no podíamos dejar de mirar, aunque nosotros nos contuvimos en hacerle fotos, que ya nos parecía demasiado. 

Con la visita al santuario y el asombro contemplativo del niño se nos hizo tarde, con lo que decidimos pasear para encontrar un lugar donde cenar. Al final nos decantamos por uno, razón ninguna, sencillamente que alguien dice ¿en este? y todos contestamos vale. La señora nos acompaña a una habitación con una mesa larga, y para sorpresa nuestra, y muy agradable, la cosa tiene truco, te sientas en el suelo pero las piernas te cuelgan por debajo porque hay un doble fondo que hace que parezcas oriental cuando realmente estás sentado al estilo occidental. El nombre del restaurante, Ojo de serpiente.

El inglés no nos vale de nada, pedimos por las fotos de la carta, e incluso una persona del grupo que necesitaba un pescado a la plancha por problemas digestivos utiliza la técnica del dibujo para explicarle a la amable y paciente señora lo que necesitaba. Por supuesto terminamos la cena con unas botellitas de sake brindado ¡¡¡Kampai!!!
 
Salimos a la calle y buscamos un autobús que nos deje cerca del hotel, como no estamos muy seguros, preguntamos a una joven japonesa, que nos ayuda incansablemente, no solo con explicaciones, sino que espera a que llegue el autobús que teníamos que tomar para que no nos equivocáramos. De nuevo, la amabilidad para con los turistas despistados de los japoneses nos deja sin palabras, como nos ocurrió con el señor del metro cuando visitamos el mercado de Tsukiji

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