2 de abril de 2014

Chile

¡Con Chile!

Hoy la noticia del terremoto que se ha producido en el norte de Chile, de una magnitud de 7,9 en la escala Ritcher, nos hace volver al país con tristeza, con el deseo que no haya más víctimas humanas y de una pronta y eficaz recuperación de las zonas afectadas. 



1 de abril de 2014

España - La Hiruela - Restaurante Ad Libitum (Comunidad de Madrid)

A placer

La razón mundana por la que nos hemos dado un paseo por por pueblos de la Comunidad de Madrid es la comida, en la localidad de La Hiruela hay un restaurante de comida casera (con algún toque moderno en alguno de sus platos) que tiene buenas críticas, así que aprovechando el buen tiempo de sol hicimos un dos por uno: paseos y gastronomía. Se trata del restaurante Ad Libitum, expresión latina que significa a placer, a voluntad, como gustéis... así que vamos a gustar y a degustar.  

El restaurante se aloja en una casa típica con lajas de pizarra, y a la entrada una pandilla de gatos está a la espera de la que caiga, pero eso sí, con respeto y miedo a los movimientos humanos, pero este pobre gatito que tenía un ojo malo, que se mantuvo a nuestro lado valiente aunque no teníamos recompensa para él. 


El interior del restaurante es sencillo pero coqueto, tiene dos pisos y nuestra mesa está en el inferior, junto a la chimenea, que está encendida porque a pesar del sol caliente el interior está frío, y como nadie quiere ser achicharrado, la silla más cercana me la adjudico, ya que en principio la prefiero cerca que lejos, y no me molestó durante la comida. 



Compartimos tres entradas: salteado de habitas baby y jamón ibérico, ensalada de mango con anchoas y garbanzos con callos. Las habitas muy ricas, la ensalada para mi gusto con poco aderezo (pero esto ya es un gusto personal, ya que me gustán fuertes de sabor y se soluciona pidiendo las vinajeras), y los garbanzos muy suaves y tiernos, limpios de pellejo, los callos los que los comieron dijeron que estaban bien (yo no los como), no demasiado picantes (alguno le hubiera dado más toque aunque otro se lo hubiera quitado) y la salsa de ellos para mojar el pan (que esto si lo hago). 





Acompañamos la comida con un vino desconocido, elegido por nombre, Peña el Gato, de uva garnacha vieja. Se trata de un vino de La Rioja, ecológico y elaborado artesanalmente, que nos gusta (yo no paso de esta valoración, mi paladar es bastante reacio a encontrar los sabores básicos a no ser que sean muy claros, con lo que no puedo ofrecer una nota de cata completa y personal). 

De segundo, dos de bacalao a la dourada, con huevo y patatas paja, y por supuesto bacalao, pero lo que no decía la carta sobre los ingredientes es el exceso de cebolla que lleva, por lo que uno de los comensales se encontró con una desagradable sorpresa, para el otro comensal estaba bueno, ya que sí tiene una buena relación con la cebolla. 


Unas albóndigas Ad Libitum, con las que hubo intercambio, cuya carne estaba tierna, nada fibrosa y la salsa muy rica, de nuevo para mojar pan. Las albóndigas, como podéis ver, eran de buen tamaño.


El intercambio de las albóndigas fue con unas carrileras ibéricas estofadas al Oporto, muy tiernas y sabrosas, aunque personalmente me quedo con las carrilleras de ternera. De nuevo con el pan se podían hacer "submarinos" en la salsa. 


Tres postres, cuatro cucharas: mousse de chocolate, flan de queso y tarta de nueces. Una ración de azúcar para compensar la grasa. Buenos los tres, aunque como era de suponer la tarta más pesada y contundente, pero no quedó rastro de ella. 




Resultado, un estupendo precio/calidad/cantidad, comida casera, buen vino, buena localización; no es de extrañar que los domingueros de sábado o de domingo nos pasemos por allí, ya sea con reserva (recomendable) o sin ella, que con buen tiempo se puede esperar en el pequeño jardín del exterior de la casa a que quede una libre. 


Por mi parte, no me importaría repetir y hacer uso del refrán, "una vez al año, no hace daño" y añadiría ad libitum.



30 de marzo de 2014

España - Embalse de El Atazar - El Atazar - La Hiruela - Torrelaguna (Comunidad de Madrid)

Domingueros de sábado

Con la llegada temprana de la primavera, que ha durado poco ya que se ha vuelto a marchar, aprovechamos los rayos de sol para hacer una escapada de domingo pero en sábado. Salimos en dirección norte de Madrid para recorrer algunos de los rincones de su comunidad, por muchos de ellos ya hemos pasado pero no importa repetir si los paisajes son buenos y la compañía mejor. 

Por la A-1 primero y luego por la llena de curva M-133, carretera utilizada este día y supongo que muchos más por un número considerable de motoristas, llegamos hasta el embalse de El Atazar, una de las últimas obras hidráulicas realizadas durante la dictadura de Franco, teniendo otra visión distinta, más amplia, que en la anterior ocasión que estuvimos junto a él, con el telón de fondo de las cumbres nevadas. La diferencia entre estas dos veces que hemos pasado junto al embalse es la cantidad de agua acumulada, ahora, y afortunadamente, está a plena (o casi) capacidad. 

 

Por la misma carretera M-133 llegamos hasta el pueblo de El Atazar, al que ya han llegado los motoristas, menos aquellos a los que les hemos cortado el placer de las curvas y no han podido adelantarnos (supongo que toda nuestra familia pasó por sus mentes). La localidad posiblemente tenga un origen nombre así como su topónimo


Como buenos "sabaderos" lo primero es refrescar el gaznate, y como uno de los dos bares de la plaza de la Constitución está tomado por los moteros, no nos queda de otra que sentarnos en la terraza del otro bar, para aprovechar los rayos de sol. No sé si el otro es mejor o el dueño es también motero, no sé la razón de esta casi exclusividad, si está motivada por una razón de oferta o precio, aunque esto último no lo creo porque nuestra consumición en la capital se hubiera triplicado (además llevaba tapa incluida, que es de agradecer que se mantengan las buenas costumbres).


El Atazar no es excesivamente grande, tras la Guerra Civil la mayor parte de la población abandonó el pueblo, y es gracias al turismo que ha ido recuperando actividad. En la plaza, estamos sentados junto a la torre de la iglesia de Santa Catalina, construida en el siglo XVI. 


Nos damos un pequeño paseo por el pueblo, asentado en la ladera de una montaña, por lo que a poco que salgas del centro urbano se obtienen vistas de los alrededores. Llegamos hasta el conjunto de las eras paviementadas, lugar de trabajo para trillar y aventar el grano aprovechando el viento que circula en el lugar. 

Las eras están compartimentadas, de forma que cada una de ellas era utilizada por una familia y su origen se remonta al siglo XVII. Tienen forma circular y están pavimentadas con lajas de pizarra y cuarcita para facilitar la recogida del grano. 



De forma algo didáctica han colocado unas figuras de hierro que acercan a la labor que se realizaba en las eras (también hay paneles explicativos). 



Continuamos el viaje y hacemos una parada en un mirador hacia unas buitreras, pero no llevábamos prismáticos y en el cielo no se veía la sombra de ninguno... ¿o sí?


El copiloto (que no era yo) decide que tomemos una supuesta carretera, pero que realmente es un camino forestal y en algunos casos en bastante mal estado, por lo que vamos dando botes e intentando evitar el conductor los baches y piedras, pero el paisaje mereció la pena (aunque sería mejor hacerlo caminando). Este desvío nos hace llegar justos de tiempos a la localidad de La Hiruela, donde tenemos reserva para comer, en el restaurante Ad Libitum, localidad donde parece que ya han llegado todos porque el aparcamiento a las afueras del pueblo está casi en lleno completo. 

El pueblo mantiene la esencia arquitectónica de los pueblos de la Sierra del Rincón, y las restauraciones siguen este patrón, construcciones con laja de pizarra, lo que es de agradecer porque La Hiruela es uno de los pueblos con más encanto de la zona. 



Hay dos calles principales, una de ellas (si realmente no son las dos) conduce hasta la iglesia se San Miguel Arcángel. 


Muchas de las casas se han reconvertido en alojamientos rurales, que son una buena opción para pasar un fin de semana de tranquilidad y de caminos por el monte, ya que pudimos ver dos rutas señalizadas, una de ellas hacia un molino harinero. 


Tras la comida y el pequeño pero agradable paseo nos volvemos a Madrid, pero antes hacemos algunas otras paradas con diferentes fines. La primera es en el embalse de Puentes Viejas, donde nuevamente podemos comprobar la diferencia de agua acumulada, ya que en la otra ocasión se veía el nivel muy bajo y hoy incluso están soltando agua. 



El embalse se terminó de construir en 1925 y las compuertas se añadieron en hacia 1960. 



La última parada la hacemos en la localidad de Torrelaguna, situada en el Valle del Jarama, habitada desde la prehistoria, y posteriormente por celtíberos, romanos y árabes. Nos damos un corto paseo hasta la plaza Mayor, donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento.


  Y la iglesia de Santa María Magdalena, con un espectacular exterior, con torres cuadradas y redondas, así como con infinidad de detalles, como pináculos, escudos, ventanas, gárgolas. Fue construida entre los siglos XIV-XV en estilo gótico. 






Aprovechando las puertas abiertas de la iglesia, entramos en ella, para nuevamente encontrarnos con una sorprendente decoración. Tiene tres naves, sobre al altar un retablo de estilo plateresco. 


En el suelo, como en la mayoría de las iglesias, infinidad de lápidas, que da hasta sensaciones no demasiado buenas pisar sobre ellas, aunque es interesante ir viendo las decoraciones que presentan. 


Pero lo que más nos llama la atención es el balcón tremendamente decorado que se alza frente a la entrada, supongo que sería de uso para los señores de la villa. 



Paseamos algo más por Torrelaguna, viendo lienzo de murallas y alguna puerta de las mismas, para finalmente tomarnos un refrigerio de despedida a la hora de la merienda, hora en la que ya algunos habitantes estaban degustando unos olorosos chorizos a la garrota y otros majares, que sinceramente aunque su olor era atrayente, nuestros estómagos no estaban preparados para ellas.

27 de marzo de 2014

Chile - De Puerto Natales a Punta Arenas



La ruta del Fin del Mundo (Volare o no volare, Lan Lan Lan)

Puerto Natales nos recibe gélidamente tras nuestra excursión por el Seno de Última Esperanza, es decir, que hacía un frío de… narices, y en el muelle de Puerto Bories tardamos en encontrarnos con el transporte que nos llevaría hacia el hotel, lo que hace que nos vayamos congelando poco a poco. Finalmente aparece y en el hotel lo primero que intentamos hacer es el check-in del vuelo que tendremos dentro de dos días, pero internet nos vuelve a dar un susto, no se puede realizar por falta de datos de los pasajeros (la sombra del overbooking planea sobre nuestras cabezas). Solución, llamar a LAN para intentar resolver el tema, pero la conexión telefónica es un desastre, me entero a medias de la conversación, parece que se arregla, y aunque así nos lo confirman seguimos sin poder hacer el check-in como nos habían dicho. Tiro la toalla aérea y confío en que sea cierto y si no LAN y el destino proveerán. 


Todo este trajín telefónico nos ha retrasado en nuestros planes, habíamos quedado a comer con nuestros nuevos amigos chilenos en la ciudad, en un restaurante que allí llaman picada, un restaurante informal (lo asimilo a lo que llamamos taberna en España) y vamos con retraso para prepararnos. Para colmo, el tiempo vuelve a ser infernal, continúa el frío gélido y ahora lo hace acompañado con un fuerte viento, como el día de nuestra llegada. Finalmente decidimos llamar a nuestros amigos para cancelar, so pena que ellos insistieran y yo no hubiera necesitado mucho para animarme a salir contra viento y nieve, pero ellos se quedaron dormidos (dato que conoceremos al día siguiente) con lo que no atendieron nuestra llamada. 


Con este cambio de planes, decido aprovechar esa bonita bañera de la habitación del hotel para relajarme, ya que una de estas bañeras son de esas que soñamos para nuestros minúsculos baños. Tras el plácido relax bajamos a cenar al restaurante del hotel, no con mucho entusiasmo por mi parte, pero era la mejor opción (no hay fotografías, bajamos en completo relax) pero había que ser prácticos. 


Como tenemos tiempo, hacemos las maletas, cada vez queda menos ropa limpia a guardar, y casi en las maletas de mano nos cabe la ropa que utilizaremos en los próximos y últimos días en Santiago. 


Hago un inciso para contar que una excursión opcional desde Puerto Natales es cruzar a Argentina y a su Parque Nacional de Los Glaciares, para conocer al mítico Perito Moreno, pero al igual que no hicimos el cruce de lagos desde Puerto Varas, tampoco hacemos un cruce de glaciares, Argentina tendrá su momento completo. 


Amanecemos con tranquilidad, el transfer a la estación de autobuses no lo tenemos hasta las 9.30 h. Desde la habitación tenemos imágenes de los efectos del temporal de la noche, y nos preocupa un poco que no podamos salir de Puerto Natales; la nieve, sin llegar a ser de gran cantidad sí que ha cubierto la ciudad y tengo que recordar que para salir de la ciudad hay que viajar por carretera. 
 





La primera sorpresa de la mañana es que no hay luz en el hotel, se ha producido un apagón, un generador mantiene la iluminación de emergencia y poco más. El ascensor no funciona y nuestra habitación está en la última planta… nos tocará cargar con las maletas por las escaleras. Lo que sí está claro es que hemos tenido suerte con la meteorología, ya que hemos podido hacer las dos excursiones contratadas, al Parque Nacional Torres del Paine y a los glaciares Serrano y Balmaceda, con toda seguridad con un día como el de hoy no hubiéramos podido realizar ninguna y no hubiéramos podido disfrutar el bonito paisaje que ambos ofrecen. 


El plan original tras terminar de desayunar era haber paseado por la costanera del Canal Señoret y del Seno Última Esperanza, pero el viento me hace desistir, fue un salgo y entro rápido (me estoy haciendo mayor aunque no quiera, antes esto no me hubiera frenado sino que incluso me hubiera incentivado). Mi pareja (valiente y sin piedras en los bolsillos) si sale un momento al exterior, por lo menos para tener una mejor foto del bonito, estético y adecuado Monumento al Viento que se encuentra en la Costanera, y de la que tenemos una réplica en tamaño mini en la habitación. 




Y aunque los veréis pequeñitos, allí estaban ellos para despedirnos, unos cisnes de cuello negro. 





Durante el desayuno nos comentan que la nieve y el apagón de hoy no es nada, que en 1995 sufrieron lo que llaman el terremoto blanco, incomunicados y casi sepultados por la nieve durante varios días…esto sí que sería el Fin del Mundo. 


Al no pasear por la costanera nos perdemos ver algunas de sus esculturas, a las que hemos visto al pasar con los vehículos pero que no han sido capturados decentemente; principalmente se trata de dos: una, por supuesto, del milodón, símbolo de la ciudad de alguna manera; y otra, de los dedos de una mano saliendo de la acera, que es una reproducción de otra que se encuentra en el desierto de Atacama, y a la que no nos acercamos. Seguimos con la relación de lugares pendientes. 


A as 9.30 h pasan a recogernos para llevarnos a la estación de autobuses, a las 10 h saldremos en dirección a Punta Arenas, en esta ocasión con Buses Pacheco, que hoy se trata de un autobús de dos pisos y estamos sentados en los asientos delanteros del superior, con lo que tendremos todas las vistas posibles, y no solo al paisaje sino a esa carretera helada, ¿llegaremos a destino?




Un detalle que tienen es que uno de los encargados de la compañía, que controla pasajeros en las diferentes paradas, nos limpia el cristal del vaho producido para que podamos tener una mejor visión, ¡gracias!. Durante el viaje, el conductor se permite el lujo de adelantar a otro autobús…




Si el viaje de ida lo hicimos de un tirón, en este de vuelta vamos parando en las estancias para que se vayan subiendo o bajando personas, supongo que serán trabajadores de ellas cambiando turnos. 




El viaje nos resulta muy entretenido a pesar del aspecto helado de la carretera, y es que son paisajes preciosos que además nos acercan a la dureza de la vida en estas condiciones. 





Las estampas puramente invernales parecen postales a nuestros ojos. 




Continuamos haciendo paradas, lo que nos retrasa respecto a otros autobuses de otras compañías que han salido a la misma hora que nosotros, pero al fin y al cabo Punta Arenas no va a estar más lejos por llegar diez minutos más tarde (menciono este detalle para aquellos que viajen si quieren preguntar en las compañías si el viaje es directo o con paradas). Esperar con este tiempo al autobús junto a la carretera no parece nada agradable. 





Tras dos horas de camino aproximadamente, la nieve comienza a despejarse en el paisaje y la carretera, como si no hubiera existido nunca y todo hubiera sido un producto de nuestra imaginación. 




Y aunque no capturado de forma totalmente visible, por fin un cartel de carreteras con el nombre mítico, Ruta del Fin del Mundo. 




La ausencia de nieve ha dado visión a la pampa patagónica que había debajo de ella. 




La última parada del autobús antes de llegar a Punta Arenas es en el aeropuerto Presidende Carlos Ibáñez de esta ciudad, lo que da posibilidad de enlace de vuelos desde Puerto Natales.




Pasados cuatro minutos de la hora prevista entramos en Punta Arenas, donde en la estación de autobuses de Buses Pacheco, que como ya mencioné no hay una estación central sino que cada compañía tiene su propio edificio, nos espera de nuevo el simpático y dicharachero Obdulio, que ya nos había recogido el día de la llegada y volvemos a circular por la larga avenida Manuel Bulnes.