10 de febrero de 2011

Camboya - Angkor - Angkor Wat

Sueños que se cumplen en un templo lleno de magia


Nos encontramos con Alann a las 15 h y en el coche nos da nuestros pases para la zona monumental de Angkor, que valen para tres días y para los que nos da una funda para colgarlos al cuello, recordándonos que no debemos perderlos, llevarlos siempre visibles y cuando nos vayamos al cabo de los tres días devolverle la funda para sus siguientes turistas españoles. 

Antes de entrar en materia algo de historia, la que nos quedó pendiente de la anterior entrega. La ciudad de Angkor fue un enorme centro político, religioso y social del imperio jemer de Camboya, que en los días de su máximo apogeo contaba con una población de un millón de habitantes, cuando Londres por ejemplo solo tenía 50.000, más o menos a mediados del siglo XII.

La ciudad se extiende en una superficie de unos 410 km2 con más de mil estructuras diferentes en ella… y nosotros solo tenemos tres días para conocer algunas.

El periodo angkoriano abarca desde el año 802 hasta 1432. La decadencia de este imperio pudo ser provocada por diversos factores: cambios climáticos, bancarrota del Estado, fracaso en los sistemas de irrigación, cambios religiosos, guerras con reinos vecinos (Vietnam, Tailandia y Birmania).

Los templos se construían en piedra, ya que eran para los dioses, y las casas, incluidos los palacios de los reyes-dioses (así se hacían llamar los reyes) en madera, con lo que sólo se han mantenido en pie los primeros (y lo de en pie tendría sus connotaciones).

El descubrimiento francés de Angkor en la década de 1860 cuando Henri Mouhot se topó con los templos, fue un acontecimiento internacional. Aunque anteriormente hay testimonios de comerciantes portugueses, viajeros ocasionales de China, Japón, Arabia y ¡España!  que habían entrado en la selva para encontrarse con ellos sin esperarlos, pero ubicaron Angkor en la India y no en Camboya.

En 1850 un misionero francés, Bouiollevaux, fue el primer visitante que describió Angkor Wat y algunos otros templos pero su trabajo no fue reconocido, como pasó con otro informe de un inglés, con lo que el descubrimiento se le atribuye a Mouhot, cuya expedición fue financiada por la Royal Geographic Society de Londres.

En 1907 Angkor fue devuelta a Camboya después de estar bajo dominio tailandés durante casi 150 años y los franceses se hicieron cargo de la restauración de los templos y comenzaron a llegar los primeros visitantes.

Se comenzó a utilizar el método de la anastilosis, que ya había sido  utilizado por los holandeses en Java, que consiste en restaurar con materiales originales, solo usando materiales nuevos cuando no se encontraban los originales. Ello ha llevado a que muchas de las piedras removidas en los alrededores de los templos estén numerados, no todas, a la espera de poder ser colocadas en su sitio (que está bien pero da una penita ver todas las piedras alrededor de los templos).

En 1992 la UNESCO declaró Angkor Patrimonio de la Humanidad, pero no ha entrado en la lista de las siete maravillas del mundo y sin conocer todas me parece injusto porque es alucinante todo el complejo y lo que construyeron los jemeres.

Ya podemos entrar en la ciudad de Angkor, un mapa con sus principales monumentos nos recibe, pero yo subo otro que es más completo, aunque hay más templos y edificaciones que los que aquí se ven.

 
Esta tarde nos toca visitar Angkor Wat, el monumento más grande de la ciudad, que además es la estructura religiosa más grande del mundo. Su nombre significa ciudad que es un templo.

Según las inscripciones, la construcción implicó a 300.000 trabajadores y 6.000 elefantes durante treinta años y aun así, no se pudo finalizar por completo. 

El templo está orientado hacia el oeste, por donde se pone el sol, y simbólicamente la dirección de la muerte, lo que ha hecho pensar que se construyó como tumba para Suryavarman II, a principios del siglo XII. Está dedicado a Vishnú, la divinidad con la que se identificaba al rey.

Está rodeado por un foso  con forma de rectángulo de 1,5 km por 1,3 km y 190 m de anchura, con lo que los fosos de nuestros castillos medievales se quedan de playmobil.

Desde el oeste un paso elevado de arenisca cruza el foso, en el inicio de este paso dos leones custodian la entrada mirando hacia el infinito de este paisaje.


Al comenzar a andar en dirección al complejo del templo le comento a Alann que una de las ilusiones en mi vida era conocer Angkor y que aquí estaba, inmensamente feliz, lo que la llena de orgullo por ser monumentos de su país y me sonríe agradecida.

 
Este paso tenía una balaustrada decorada con nagas, serpientes de varias cabezas, que solo quedan en los tramos intermedios, pero no quedan sus cabezas o las que quedan no conservan todas las cabezas.

 
Al frente el muro-galería cuadrangular exterior que rodea el complejo del templo, con cuatro puertas-torres principales en cada punto cardinal, y en el oeste hay cuatro más. Sobre las puertas del muro-galería se puede ver la decoración que las cubría, alguna más deteriorada que otra.



Esta es una de la cabeza de las nagas casi completa, en este caso de siete cabezas, que simboliza el arco iris que actúa como puente entre el cielo y la tierra.



Este es el interior del muro, la figura que aparece en primer término no sé a quién corresponde, porque la de Vishnú, que siempre está presente, creo que es la que se distingue al fondo.


Comenzamos a encontrarnos con las bellas bailarinas apsaras, están en casi todas las paredes donde se han podido conservar, porque otras están lisas y no queda rastro ni de ellas ni de los motivos vegetales que los cubrían, y en otras paredes las apsaras están incompletas.


Salimos hacia el otro lado del muro, y una avenida de 475 m de largo y 9,5 m de ancho bordeada con balaustradas de nagas lleva hasta el templo central, el que más conocemos por fotografías y documentales. Encarar este paseo es un momento muy especial para mí, siempre lo había soñado y allí estaba, contemplando esta maravilla arquitectónica.

 
A medio camino de esta avenida, a cada lado se hallan dos bibliotecas, llamadas así pero no se sabe a ciencia cierta el uso que recibían.


Alann nos lleva a lo que ella llama el punto Kodak (será una gran colaboradora con estos puntos). Se trata del lugar donde se refleja el templo en los estanques que hay delante de él, la pena es que apenas hay agua y el efecto no es total por la tierra y el barro, y además esas mallas verdes protectoras desmerecen la belleza del lugar y del momento, pero aún así la magia existe y se siente.

 
La avenida conduce a otro muro-galería que rodea al templo por todos los lados. Esta es una de sus puertas en la esquina para entrar a él, siendo una diferencia respecto al primer muro galería, que solo tenía puertas en el centro. Por detrás del muro se ve asomar una de las torres del templo.

 
Caminamos por el exterior y sentimos la grandiosidad del conjunto. Entramos al muro galería, su interior está decorado con bajorrelieves, que se deben recorrer desde la puerta de entrada del lado oeste en sentido contrario a las agujas del reloj, pero nosotros como no entramos por la puerta principal, sino que lo hemos hecho por una de las laterales comenzamos con el último, la Batalla de Lanka, donde intentaremos meter cabeza entre tanto turista para ver algo.

 
Es alucinante ver cómo está labrada la pared, llena de personajes, casi no falta un milímetro por estar cubierto. La batalla muestra escenas del libro del Ramayana, libro de referencia en todos los templos y decoraciones, donde se narra que Rama junto a su armada de monos lucha contra Ravana, de diez cabezas (solo le cuento tres, así que el bajorrelieve o yo estamos equivocados) y veinte brazos, porque había seducido y raptado a Sita, la esposa de Rama.

 
Subiendo por las escaleras que hay detrás de este muro se accede al segundo nivel, donde otro muro con pasillos y torres rodean al templo, que todavía no hemos llegado a él. En este nivel hay cuatro piscinas, donde se realizaban los rituales de purificación.


En esta foto podéis haceros una idea de la estructura de este segundo nivel, con planta cruciforme y con las galerías comunicadas;  se ven dos de las piscinas de un lado, por el pasillo que las separa se llega a las otras dos.


En sus paredes y columnas de nuevo destacan las apsaras, como este grupo de cuatro, cada una con un peinado diferente.

 
En algunas de las columnas internas la decoración es más borrosa, pero aún así se distingue parte de la decoración vegetal que las recubría y que en sus bases también había figuras, en este caso ya no de apsaras, son imágenes de Buda, de ahí su nombre de galerías de los mil Budas, que en muchos casos fueron robadas y en otras mutiladas.


Subiendo de nuevo se accede al tercer nivel, esto es como abrir una caja de las sorpresas, con la misma estructura que los niveles anteriores, un muro con galerías lo recorre, ahora hay un patio alrededor del templo, que se encuentra en el centro y hay dos bibliotecas a cada lado.

 
Con ocho torres rodeando la torre central o santuario. Hay escaleras para subir que son demasiado estrechas y desgastadas, y con un ángulo de unos 70º,  altamente peligrosas -alcanzar el reino de los dioses debe llevar su esfuerzo-.

 
Nos ponemos en la larga cola para subir por las nuevas escaleras habilitadas sin tanto peligro, son de madera con peldaños más anchos. Para subir tengo que tapar mis hombros ya que vamos a entrar en un templo, pero hace tanto calor que solo me coloco sobre ellos la camisola de manga larga que para esta necesidad llevo en el bolso, según Alann con esto valdría y afortunadamente paso con ella puesta así, porque solo pensar en tener que enfundarme en ella me causaba lipotimia. Por suerte la cola corre rápido y no tenemos mucho tiempo de espera, aunque si el suficiente para fijarme en las picaduras que lleva en piernas y brazos la turista delante nuestra, unos ronchones de tamaño increíble, espero que estos bichos no se acerquen a mí. 

Alann no nos acompaña en la subida, en esta ocasión nos deja solos. Desde arriba se puede ver mejor el muro con galerías del segundo y tercer nivel, así como se la vegetación que rodea el templo e imaginar cómo pudo ser el descubrimiento de aquellos exploradores cuando se toparon con la ciudad escondida, tuvo que ser la repera por no decir un taco, pero seguro que tenéis imaginación para poner vosotros un taco si lo consideráis oportuno. 

 
Este nivel de nuevo tiene cuatro piscinas.


Todas ellas convergen en la torre central o santuario, que al estar más completa se puede notar la forma de capullo de loto. Esta torre central simboliza el monte Meru, la morada de los dioses hindús, las torres más pequeñas alrededor son colinas que la rodean, y todo ello está delimitado por los continentes (los patios bajos) y los océanos (el foso). El muro exterior por el que entramos al complejo son los límites del mundo.

 
Por supuesto el subir siempre tiene la recompensa de las vistas, se puede ver el camino que hemos hecho y el estanque-charco tan escaso de agua. Hay más detalles en esta foto en los que fijarse, a la izquierda, aparte de la apsara, se puede ver una de las bibliotecas del tercer nivel.

 
Si hacemos zoom sobre la zona de entrada se puede notar la diferencia de niveles, se ven con más claridad las dos bibliotecas del primer nivel y al fondo se distingue un punto amarillo, que es un globo aerostático para poder ver Angkor desde las alturas, pero no se mueve, solo se levanta (no nos dio tiempo para hacerlo).

 
Alann tiene que estar aburrida de esperarnos porque nos hemos pasado el tiempo arriba como si no corriera, era algo más que felicidad lo que sentíamos, dan ganas de quedarse colgando en cualquiera de las ventanas contemplando el paisaje, pero bajamos a la realidad y al tercer nivel.


Al igual que los chams, como vimos en My Son en Vietnam, los jemeres no saben de arcos para cerrar las galerías, así que para lograrlos colocaban bloques de piedra unos encima de otros hasta que se encontraban en un punto central. A esto se le conoce como falso arco.


La teoría es que se ha acabado la visita a Angkor Wat, pero yo no me puedo ir sin ver más bajorrelieves, hay ocho y sólo hemos visto uno, por mí hubiéramos dado la vuelta completa a las galerías, y cómo mandan los cánones, en sentido contrario a las agujas del reloj, aunque también es cierto que entre las 17.30-18 h cierran los accesos a los templos, aunque esto también tiene sus trampillas, porque los guías oficiales casi siempre tienen permisos para deambular con sus turistas, máxime cuando éstos lo que quieren son puestas de sol y a las 18.30 h suelen comenzar.

Nos vamos al bajorrelieve de El Batido del Océano de Leche, que con este nombre apetece conocerle. Este batido es un mito hindú sobre la extracción del néctar de los dioses. Los demonios sostienen la cabeza de la serpiente y los dioses aguantan su cola, en el centro la serpiente se enrosca en el monte Mandala, al que hacen girar al tirar de la serpiente por los dos lados y de esta forma se bate el Océano de Leche, obteniendo el Elixir de la Inmortalidad. 


En esta lucha entre dioses y demonios ganan los primeros, ya que al batir el Océano se forman burbujas, que son las apsaras que se ven en la zona de arriba del bajorrelieve, a las que no pudieron dejar de sucumbir los demonios, que parece ser que tenían raíces latinas y eran de sangre caliente (esto es tener fama desde siempre).

En otra parte del bajorrelieve un ejército espera preparado pero no sé para qué, se supone que para ayudar a combatir a los demonios.

 
Pasamos al bajorrelieve del Cielo e Infierno. En el que se representan los castigos y recompensas de los 37 cielos y los 32 infiernos. En la parte inferior los demonios arrastran a los malos por el camino del infierno, los condenados sufren torturas (los que pesan mal, los mentirosos, los adúlteros…).

 
El siguiente bajorrelieve es el Ejército de Suryavarman II, Donde destaca la imagen del rey-dios sobre un elefante, con 15 parasoles protegiéndole.


El último bajorrelieve que vemos es la batalla de Kurukshetra, donde nuevamente hay miles de soldados labrados en la piedra.


En una de las esquinas hay personajes del Ramayana (si al final habrá que leerse el libro para enterarse mejor de lo que se ve).

Es hora de tomar el camino de salida, dentro de las galerías el calor es asfixiante, esa piedra de arenisca no da frescor sino que expulsa calor, se está más a gusto fuera que dentro, aunque de verdad que con toda la maravilla que se contempla hasta se pierde la noción del tiempo y el calor. 

Un tímido atardecer nos quiere acompañar, hay gente que está entrando al templo para contemplarlo. Es tan tímido que no me atrevo a pedirle a Alann que nos quedemos, no parece merecer la pena como vista que no como momento, además el tour continúa con otros planes.

 
Por extraño que parezca el estanque-charco delante del templo los camboyanos lo cruzan en barcas.

 
Con pena y al tiempo rebosantes de felicidad volvemos por la avenida dejando atrás el espectacular Angkor Wat.

 
En el primer muro-galería al entrar nos saltamos la estatua de Vishnú, pero ahora al salir la buscamos y encontramos. Su ubicación original era en la torre santuario central pero fue trasladada a este lugar.

 
Y terminamos como empezamos, con una gran sonrisa de felicidad y sueño cumplido, aunque se podrían pasar horas y días en este templo.

Vamos casi con el tiempo justito, algo de descanso, una ducha de impresión y a vestirnos que hoy nos llevan a cenar, como tengo más miedo a los mosquitos no me queda de otra que tirar de blanco y manga larga, que por la noche dicen que atacan más.

Alann nos acompaña al restaurante, ella se va y nos deja al chófer para que nos lleve de vuelta al hotel, que parece que el lugar no está para una caminata, aparte de que Siem Reap se ve una ciudad poco iluminada y no apetece mucho andar por calles desiertas tan solos.

Es un restaurante de comida camboyana y este es nuestro menú:

 
País nuevo, cerveza nueva.


La cena, sin estar mala no nos parece tan rica y sabrosa como la vietnamita, y eso que son muy parecidas, pero la camboyana parece que le falta un punto de sabor, que se consigue con las salsas que siempre acompañan aparte, o con los guisos principalmente con leche de coco.

El plato más famoso es el pescado amok pero en esta ocasión es pollo amok lo que nos ofrecen, que puede ser todo un poco amok, porque esto significa que está guisado en hoja de plátano, y todo está servido en estas hojas, pero ninguna parece estar guisada en ellas. 


La cena la hacemos acompañada por la música interpretada por una señorita, que era tan suave el sonido que incitaba a dormir por el cansancio.

De postre, plátanos rebozados y fritos, que eran muy pesados, y luego les encanta poner zumo de coco a todo y a mí no es que me entusiasme este sabor, creo que prefiero el limoncillo.


Durante la cena se ha puesto a diluviar y nos alegramos de no haber declinado la oferta de dejarnos el coche porque sin paraguas nos hubiéramos calado hasta los huesos y más allá. De todas formas no hemos tardado mucho cenando con lo que el chófer se ha aburrido lo justo en compañía de otros chóferes que han llevado a otros turistas.

Al llegar al hotel hacemos un poco de exploración y descubrimos la bonita piscina con unas camas-tumbonas espectaculares, como para quedarse allí a pasar la noche.


Algunas tan de blanco en la noche parecen un fantasma.


A descansar que mañana tenemos que seguir descubriendo esta increíble ciudad de Angkor, yo tendré más sueños que cumplir en un futuro, aunque de momento me conformo con los que me esperan en los próximos días.


9 de febrero de 2011

Camboya - Llegada a Siem Reap

Burocracia, pagos y letras de historia

Volamos desde Saigón a Siem Reap, como una pequeña extensión de nuestro periplo por el sudeste asiático, y ya desde el cielo se nota la diferencia de paisaje de un país a otro. Desde arriba me gusta, el verde es más intenso que en Vietnam, no sé la razón pero tiene una tonalidad diferente y son países vecinos.


En el avión nos dan unos papeles de inmigración para rellenar, uno para el visado y otro para la declaración de bienes.

Aterrizamos en el aeropuerto de Siem Reap, que en su arquitectura imita a las construcciones y pagodas jemeres o del sudeste asiático, siendo realmente bonito.

 
Y comienza la peregrinación del trámite, se necesita visado pero éste no se puede conseguir desde España porque no hay embajada, así que se hace en el aeropuerto. Nos ponemos en una cola pero es la equivocada, por ahí se sale cuando ya está el visado tramitado, así que nos vamos a la que tiene que ser, que por supuesto es más larga que en la que nos habíamos colocado (ilusos de nosotros). 

La cosa tiene guasa por todas partes, en un mostrador grande a la izquierda dos señores recogen pasaportes y los papeles de inmigración rellenados en el avión. Se tienen que pagar 20$ por el visado, 5$ si no se lleva foto (nosotros llevamos), al ser solo dos los funcionarios la cola crece y crece, y eso que solo ha llegado un avión.

Continuando por el mostrador hay unos ocho funcionarios que parecen no hacer nada, porque de verdad que algunos no están haciendo nada de nada, y al fondo del mostrador otros dos señores cantando nombres. La función de los del medio es rellenar el bonito visado que adjuntan al pasaporte, para que los dos últimos pronuncien nuestros nombres y poder recogerlos.

Ahora si pasamos el control para poder salir y recoger las maletas. Nos espera Alann, seguimos con las chicas guía, una jovencita guapa y muy habladora, habla por los codos y más.

Lo que veo por la ventanilla del coche de Camboya, me gusta, se nota la diferencia con su país vecino, tiene otro aire, y no solo por el verde, también por la arquitectura, por sus gentes, más oscuras de piel, por la vida que parece más tranquila todavía, que no es que fuera agitada en Vietnam pero como eran tantos por todas partes al final te parecía un mogollón.

Alann nos felicita por la elección del hotel, nos cuenta que normalmente los españoles no suelen ir a este, que van a otros hoteles más lejos del centro de la ciudad, y le explico que esa es la razón por la que lo he elegido, aparte de que por internet me dio feeling, y eso que en Siem Reap hay muy buenos o coquetos para elegir, con un abanico de precios para todos los bolsillos, desde los lujosos de cinco estrellas a las guesthouses con mucho encanto. Nos alojaremos en el Hotel de la Paix.

Nos deja allí para la comida y quedamos con ella a las 15 h para comenzar a explorar los mágicos templos de Angkor. Pasamos por los baños de la planta baja y no puedo dejar de hacer fotos a sus puertas, con la suerte que cuando hacía la foto a la puerta de caballeros salía uno, con lo que se llevó un susto y me miró extrañado de lo que hacía allí, pero cuando se dio cuenta me levantó el pulgar en señal de aprobación.


Antes de entrar en materia algo de historia del país para conocerle mejor. Ha cambiado de nombre en un sinfín de ocasiones, pero para los camboyanos es Kampuchea, que significa los nacidos de Kambu, el mítico fundador del país. Desde 1993 su nombre oficial es Reino de Camboya, porque efectivamente tiene un rey que lo gobierna. La razón de este último cambio es porque Kampuchea se asocia a los terribles jemeres rojos y era una manera de comenzar de cero, hasta con el nombre.

La leyenda cuenta que Camboya se originó de la unión de una princesa y un extranjero. Este último era un indio brahman, de nombre Kaundinya, y ella era la hija de un monarca dragón que reinaba en una tierra cubierta en gran parte de agua. Un día, cuando Kaundinya se acercó a la costa, la princesa salió a su encuentro en una barca para saludarlo. Kaundinya disparó una flecha con su arco mágico a la embarcación de la princesa y ésta, asustada, accedió a casarse con él. Necesitada de una dote, su padre tomó las aguas de su tierra y se las entregó a Kaundinya para que las gobernara. El nuevo reino fue llamado Cambuja.

Desde el siglo VI, la población de Camboya empezó a concentrarse gradualmente a orillas de los ríos Mekong y Tonlé Sap, donde en la actualidad viven la mayoría de los camboyanos. Este movimiento migratorio pudo estar relacionado con el desarrollo de la agricultura de los humedales de arroz.  

Del siglo IX al XV se establece el imperio de Angkor, con su auge y caída final, pero de esto ya os contaré más en la próxima entrega. 

A partir de 1600 y hasta la llegada de los franceses en 1863, en Camboya reinaron una serie de monarcas débiles acosados por rivalidades dinásticas. Para hacer frente a las conspiraciones, buscaron la protección, concedida naturalmente a un alto precio, de Tailandia o Vietnam. En el siglo XVII, los señores Nguyen de Vietnam del Sur vinieron al rescate del rey camboyano a cambio de derechos de asentamiento en la región del delta del Mekong. Los jemeres todavía se refieren a esta zona como Kampuchea Krom (Baja Camboya), aunque en la actualidad está poblada de vietnamitas. 

En 1772 Camboya queda atrapada entre los poderosos vietnamitas y siameses, estos últimos arrasan Phnom Penh. En el oeste, los thai controlaron las provincias de Battambang y Siem Reap desde 1794, y ejercieron mucha influencia sobre la familia real camboyana. 

La era del toma y daca entre los señores thai y vietnamitas llegó a su fin en 1864, cuando cañones franceses intimidaron al rey Norodom I (1860-1904) hasta que firmó un tratado que consagraba el territorio como un protectorado.

En la década de 1870, los oficiales franceses asentados en Camboya empezaron a ejercer presión para tener un mayor control sobre los asuntos internos. En 1884 el rey Norodom se vio forzado a firmar un tratado que transformó su país en una auténtica colonia, provocando una rebelión de dos años que constituyó el único gran levantamiento en Camboya hasta la Segunda Guerra Mundial. 

En 1907, los propios galos presionaron a Tailandia para que devolviera las provincias del noroeste de Battambang, Siem Reap y Sisophon a cambio de concesiones territoriales de Laos. Esto significó que Angkor cayera bajo el control camboyano por primera vez en más de un siglo.

En 1941 el gobernador general francés de la Indochina ocupada por Japón colocó al príncipe Norodom Sihanouk, de 19 años, en el trono camboyano.

Durante la Segunda Guerra Mundial las fuerzas niponas ocuparon la mayor parte de Asia, y Camboya no fue una excepción. Sin embargo, los japoneses permitieron a los franceses alineados con los alemanes controlar Camboya. El precio fue conceder a Tailandia (un aliado japonés, si puede llamarse así) gran parte de las provincias de Battambang, Sisophon y Siem Reap de nuevo, zonas que no fueron devueltas hasta 1947.  

Después de la Segunda Guerra Mundial, los franceses convirtieron Camboya en un estado autónomo dentro de la Unión Francesa, pero reteniendo el control de facto. Los años inmediatamente posteriores a la guerra estuvieron marcados por las disputas entre varias facciones políticas del país, una situación que se hizo más inestable por la guerra entre franceses y vietnamitas, que luego se extendió a Laos y, finalmente a Camboya.  

El 9 de noviembre de 1953 se proclamó la independencia de Camboya, reconocida por la Conferencia de Ginebra en mayo de 1954, que puso fin al control francés de Indochina. El periodo que siguió a la independencia fue de paz y prosperidad; fueron los años dorados de Camboya, una época de creatividad y optimismo. No obstante, la guerra de Vietnam pronto iba a extenderse a los países vecinos.

En 1963 Pol Pot e Ieng Sary huyen de Phnom Penh a las selvas de Ratanakiri, desde donde, entrenados por los vietnamitas, inician una guerra de guerrillas contra el gobierno de Sinahouk. En 1965, Sihanouk, tras el golpe respaldado por EEUU contra el presidente Diem en Vietnam del Sur y convencido de que EEUU había estado conspirando contra él y su familia, rompió relaciones diplomáticas con Washington y se alió con los norvietnamitas y China. Además, permitió a los comunistas usar el territorio camboyano en su batalla contra Vietnam del Sur y EEUU.

En marzo de 1970, mientras Sinahouk se encontraba de viaje en Francia, el general Lon Nol y el príncipe Sisowath Sirik Matak, primo de Sihanouk, le depusieron como jefe de Estado, aparentemente con el consentimiento tácito de EEUU. Sihanouk fijó su residencia en Pekín, donde estableció un gobierno en el exilio en alianza con un movimiento revolucionario camboyano que el monarca había apodado “jemeres rojos”.

El 30 de abril de 1970, tropas estadounidenses y survietnamitas invadieron Camboya con la intención de aniquilar a miles de soldados del Vietcong, que utilizaban el país como base en su lucha por acabar con el gobierno de Vietnam del Sur.  

En 1969 EEUU, con el presidente Nixon, había iniciado un programa secreto para bombardear supuestos campamentos comunistas en el país. Durante los cuatro años siguientes, hasta que en agosto de 1973 el Congreso estadounidense prohibió los bombardeos, amplias zonas de la mitad oriental del país fueron atacadas de manera sistemática por B-52 de EEUU, provocando miles de víctimas entre la población civil y convirtiendo a cientos de miles más en refugiados. Sin duda, esta campaña de bombardeos masivos ayudó a los jemeres rojos a reclutar más gente. El bombardeo final, el más duro, fue llevado a cabo en 1973 y su brutalidad ayudó a radicalizar la actitud de muchos líderes jemeres y pudo haber contribuido a la brutalidad posterior que caracterizó su gobierno.

A pesar de la enorme ayuda militar y económica de EEUU,  el gobierno de Lon Non , sustituto de Sisanouk, nunca consiguió ganar la batalla contra los jemeres rojos. Grandes zonas rurales cayeron en manos de los rebeldes. Lon Nol huyó del país a principios de abril de 1975, dejando al frente a Sirik Matak, quién se negó a la evacuación hasta el final. “Desgraciadamente, no puedo huir de manera tan cobarde…Sólo he cometido un error: creer en vosotros, los americanos”, fueron las dolorosas palabras que Sirik Matak escribió al embajador estadounidense, John Gunther Dean. El 17 de abril de 1975, dos semanas antes de la caída de Saigón, los jemeres rojos tomaron Phnom Penh.

Tras la victoria de los jemeres rojos Sihanouk regresó a Camboya como jefe del nuevo Estado llamado Kampuchea Democrática. Dimitió en menos de un año y quedó recluido en el Palacio Real como prisionero de los jemeres rojos; allí se quedó hasta principios de 1979 cuando, en la víspera de la invasión vietnamita, fue enviado de nuevo a Pekín. Transcurriría más de una década hasta que finalmente pudiera regresar a Camboya. El 24 de septiembre de 1993 se estableció una vez más como rey. 

Tras la toma de Phnom Penh, los jemeres rojos pusieron en práctica una de las reestructuraciones sociales más radicales y brutales jamás llevadas a cabo; su objetivo era una revolución en toda regla, no contaminada por aquellos que habían intervenido antes en la política del país, para  convertir Camboya en una cooperativa agraria dominada por los campesinos. A los pocos días de su llegada al poder, toda la población de Phnom Penh y los pueblos de las provincias, incluidos los enfermos, ancianos y los débiles, fue obligada a marcharse al campo y a trabajar de 12 a 15 horas al día. En caso de desobediencia, a menudo se producía una ejecución inmediata. Asimismo, fue proclamado el Año Cero, se abolió la moneda, se interrumpió el servicio postal y el país quedó aislado del resto del mundo.

Pero para Pol Pot, los jemeres rojos no eran un movimiento unificado, sino una serie de facciones que necesitaban ser depuradas. Ello provocó constantes purgas y lo primero que hizo Pol Pot fue eliminar, mejor dicho exterminar, el antiguo régimen. Todos los miembros del anterior gobierno y militares que habían estado asociados con Lon Nol fueron ejecutados en pocos días.  A continuación se inició la purga en las provincias.

Los jemeres rojos ejecutaron a cientos de miles de personas, y muchas más murieron de hambre y enfermedades. Las comidas consistían en poco más que un puñado de gachas de arroz dos veces al día, que debían dar sustento a hombres, mujeres y niños en sus duros días de trabajo y la malaria y la disentería segaron la vida de familias enteras; en muchos casos, la muerte era un alivio ante los horrores de la vida.

Se desconoce exactamente cuántos camboyanos murieron a manos de los jemeres rojos durante los tres años, ocho meses y 20 días que duró el régimen.

En 1978 nadie quería a los jemeres rojos, pero no quedaba ni una pizca de fuerza para rebelarse…hasta que llegaron los vietnamitas. De 1976 a 1978, los jemeres rojos instigaron una serie de enfrentamientos con Vietnam, y reclamaron el delta del Mekong. El 25 de diciembre de 1978 Vietnam lanzó una gran ofensiva sobre Camboya, derrocando el régimen de Pol Pot dos semanas más tarde. Mientras los tanques vietnamitas se aproximaban a Phnom Penh, los jemeres rojos huyeron hacia el oeste con tantos civiles como pudieron secuestrar, y se refugiaron en las selvas y las montañas de la frontera tailandesa, donde pasaron la década siguiente lanzando ataques contra posiciones del gobierno de Camboya. Los vietnamitas instalaron un nuevo gobierno liderado por varios antiguos oficiales de los jemeres rojos.

El hambre en Camboya se convirtió en un nuevo frente durante la Guerra Fría, porque tanto Washington como Moscú luchaban por tener su influencia en la región. 

A mediados de la década de 1980 el gobierno británico envió al Servicio Aéreo Especial (SAS) a un campo en la jungla malasia a entrenar a guerrilleros en las técnicas de colocación de minas terrestres. Aunque oficialmente ayudaban a las facciones más pequeñas, lo cierto es que los jemeres rojos se beneficiaron de esta experiencia y utilizaron las nuevas técnicas para intimidar y aterrorizar a los camboyanos. EEUU concedió más de 15 millones de dólares al año en ayuda a las facciones no comunistas de la coalición dominada por los jemeres rojos.

Gran parte de la década de 1980 Camboya estuvo cerrada a Occidente, y solo se permitía la presencia de algunos grupos de ayuda humanitaria. La política del Gobierno estaba bajo el control de los vietnamitas, y Camboya pasó a formar parte del bloque del Este. En esa época, la economía estaba destrozada porque, igual que Vietnam, Camboya sufría las consecuencias del embargo norteamericano.

En 1984 los vietnamitas invadieron todos los campos rebeldes que había en Camboya y obligaron a los jemeres rojos y sus aliados a refugiarse en Tailandia; éstos se convirtieron en una guerrilla que realizaba incursiones con el objetivo de minar la moral de sus adversarios. Las tácticas utilizadas por los jemeres rojos fueron bombardeos de comandancias controladas por el Gobierno, colocación de miles de minas terrestres en zonas rurales, ataques al transporte por carretera, voladura de puentes, secuestro de líderes rurales, etc. También obligaron a miles de hombres, mujeres y niños que vivían en los campos de refugiados controlados por ellos a trabajar como porteadores, transportando munición y otras provisiones a Camboya a través de zonas minadas de la frontera. Los vietnamitas, por su parte, crearon el mayor campo de minas del mundo, conocido como K-5, que se extendía desde el golfo de Tailandia hasta la frontera con Laos, con el objetivo de cerrar el paso a la guerrilla. También enviaron a camboyanos a los bosques a cortar árboles en regiones remotas para prevenir emboscadas. Miles de ellos murieron por las enfermedades y las heridas provocadas por las minas terrestres. Los jemeres rojos ya no ocupaban el poder, pero para muchos, la década de 1980 fue casi tan difícil como la de 1970: una larga lucha por la supervivencia.

En septiembre de 1989 Vietnam, con una economía muy maltrecha y con interés por acabar con el aislamiento internacional, anunció la retirada de sus tropas de Camboya. Sin los vietnamitas, la coalición opositora, dominada todavía por los jemeres rojos, lanzó una serie de ofensivas que forzaron al vulnerable gobierno a sentarse en la mesa de negociación.

Los esfuerzos diplomáticos por acabar con la guerra civil empezaron a dar sus frutos en septiembre de 1990, cuando el gobierno de Phnom Penh y las tres facciones de la coalición de resistencia aceptaron un plan de paz. Según éste, se formaría un Consejo Supremo Nacional, una coalición integrada por todas las facciones, bajo la presidencia de Sihanouk. Al mismo tiempo, la Autoridad Transitoria de las Naciones Unidas en Camboya (Untac) supervisaría la administración del país durante dos años, hasta la celebración de unas elecciones libres y justas. Para un gran número de camboyanos, debió de parecer una broma cruel que los jemeres rojos pudieran participar en el proceso.

El 25 de mayo de 1993 se celebraron elecciones con un 89,6% de participación.



En 1994 los jemeres rojos recurrieron a una nueva táctica: el objeto iban a ser los turistas. Los resultados fueron terribles para varios extranjeros de Camboya. En 1994 apresaron a tres viajeros en un taxi en la carretera a Sihanoukville y los asesinaron. Pocos meses después, otros tres extranjeros fueron detenidos en un tren con destino a Sihanoukville y los ejecutaron antes de que el ejército pudiera llegar al lugar.

El 5 de julio de 1997 la guerra irrumpió de nuevo en las calles de Phnom Penh cuando las tropas leales al Partido del Pueblo de Camboya, que representaba al anterior gobierno comunista, se enfrentaron con las tropas leales al Funcinpec, favorable a Sinahouk. Tras este brevísimo conflicto el Partido del Pueblo de Camboya controló de nuevo Camboya.

El 15 de abril de 1998 falleció Pol Pot, cuando se encontraba bajo arresto domiciliario decretado por los jemeres rojos. Su cuerpo  fue quemado apresuradamente en una pira de neumáticos, sin haberle realizado la autopsia, esto hizo que muchos camboyanos especularan con un posible asesinato.

El resultado de las elecciones de 1998 consolidó al Partido del PUeblo de Camboya como la fuerza dominante de la política camboyana. 

La comunidad internacional empezó a presionar para conseguir el establecimiento de un tribunal de crímenes de guerra que juzgara a los líderes de los jemeres rojos. Se llegó a una solución intermedia: un tribunal mixto formado por tres jueces internacionales y cuatro camboyanos, en el que era necesaria una mayoría superior a dos más tres para llegar a un veredicto.

A principios de 2002 se celebraron las primeras elecciones locales de la historia de Camboya, en las que se eligieron a los representantes de pueblos y comunas, un paso importante en el camino hacia la democratización del país.

Hoy han tocado las letras de historia. Creo que era importante contar la historia del país, por lo menos los hechos más relevantes, porque son realmente muy complejos, para entender la realidad del país hoy, donde parece que hay una democracia, pero realmente hay una clase de poder establecida con corrupción a todos los niveles. Faltan datos de años pasados, de los más antiguos y de los más recientes, pero con lo contado os podéis hacer una idea de por lo que ha pasado el país: de ser un imperio a no ser nada.

Quizás lo que más conocemos, tristemente, es a Pol Pot y sus masacres, y lo que está de actualidad, aunque ya hemos visto que viene desde lejos, es la reivindicación tailandensa de un templo en la frontera de ambos países.