9 de febrero de 2011

Camboya - Llegada a Siem Reap

Burocracia, pagos y letras de historia

Volamos desde Saigón a Siem Reap, como una pequeña extensión de nuestro periplo por el sudeste asiático, y ya desde el cielo se nota la diferencia de paisaje de un país a otro. Desde arriba me gusta, el verde es más intenso que en Vietnam, no sé la razón pero tiene una tonalidad diferente y son países vecinos.


En el avión nos dan unos papeles de inmigración para rellenar, uno para el visado y otro para la declaración de bienes.

Aterrizamos en el aeropuerto de Siem Reap, que en su arquitectura imita a las construcciones y pagodas jemeres o del sudeste asiático, siendo realmente bonito.

 
Y comienza la peregrinación del trámite, se necesita visado pero éste no se puede conseguir desde España porque no hay embajada, así que se hace en el aeropuerto. Nos ponemos en una cola pero es la equivocada, por ahí se sale cuando ya está el visado tramitado, así que nos vamos a la que tiene que ser, que por supuesto es más larga que en la que nos habíamos colocado (ilusos de nosotros). 

La cosa tiene guasa por todas partes, en un mostrador grande a la izquierda dos señores recogen pasaportes y los papeles de inmigración rellenados en el avión. Se tienen que pagar 20$ por el visado, 5$ si no se lleva foto (nosotros llevamos), al ser solo dos los funcionarios la cola crece y crece, y eso que solo ha llegado un avión.

Continuando por el mostrador hay unos ocho funcionarios que parecen no hacer nada, porque de verdad que algunos no están haciendo nada de nada, y al fondo del mostrador otros dos señores cantando nombres. La función de los del medio es rellenar el bonito visado que adjuntan al pasaporte, para que los dos últimos pronuncien nuestros nombres y poder recogerlos.

Ahora si pasamos el control para poder salir y recoger las maletas. Nos espera Alann, seguimos con las chicas guía, una jovencita guapa y muy habladora, habla por los codos y más.

Lo que veo por la ventanilla del coche de Camboya, me gusta, se nota la diferencia con su país vecino, tiene otro aire, y no solo por el verde, también por la arquitectura, por sus gentes, más oscuras de piel, por la vida que parece más tranquila todavía, que no es que fuera agitada en Vietnam pero como eran tantos por todas partes al final te parecía un mogollón.

Alann nos felicita por la elección del hotel, nos cuenta que normalmente los españoles no suelen ir a este, que van a otros hoteles más lejos del centro de la ciudad, y le explico que esa es la razón por la que lo he elegido, aparte de que por internet me dio feeling, y eso que en Siem Reap hay muy buenos o coquetos para elegir, con un abanico de precios para todos los bolsillos, desde los lujosos de cinco estrellas a las guesthouses con mucho encanto. Nos alojaremos en el Hotel de la Paix.

Nos deja allí para la comida y quedamos con ella a las 15 h para comenzar a explorar los mágicos templos de Angkor. Pasamos por los baños de la planta baja y no puedo dejar de hacer fotos a sus puertas, con la suerte que cuando hacía la foto a la puerta de caballeros salía uno, con lo que se llevó un susto y me miró extrañado de lo que hacía allí, pero cuando se dio cuenta me levantó el pulgar en señal de aprobación.


Antes de entrar en materia algo de historia del país para conocerle mejor. Ha cambiado de nombre en un sinfín de ocasiones, pero para los camboyanos es Kampuchea, que significa los nacidos de Kambu, el mítico fundador del país. Desde 1993 su nombre oficial es Reino de Camboya, porque efectivamente tiene un rey que lo gobierna. La razón de este último cambio es porque Kampuchea se asocia a los terribles jemeres rojos y era una manera de comenzar de cero, hasta con el nombre.

La leyenda cuenta que Camboya se originó de la unión de una princesa y un extranjero. Este último era un indio brahman, de nombre Kaundinya, y ella era la hija de un monarca dragón que reinaba en una tierra cubierta en gran parte de agua. Un día, cuando Kaundinya se acercó a la costa, la princesa salió a su encuentro en una barca para saludarlo. Kaundinya disparó una flecha con su arco mágico a la embarcación de la princesa y ésta, asustada, accedió a casarse con él. Necesitada de una dote, su padre tomó las aguas de su tierra y se las entregó a Kaundinya para que las gobernara. El nuevo reino fue llamado Cambuja.

Desde el siglo VI, la población de Camboya empezó a concentrarse gradualmente a orillas de los ríos Mekong y Tonlé Sap, donde en la actualidad viven la mayoría de los camboyanos. Este movimiento migratorio pudo estar relacionado con el desarrollo de la agricultura de los humedales de arroz.  

Del siglo IX al XV se establece el imperio de Angkor, con su auge y caída final, pero de esto ya os contaré más en la próxima entrega. 

A partir de 1600 y hasta la llegada de los franceses en 1863, en Camboya reinaron una serie de monarcas débiles acosados por rivalidades dinásticas. Para hacer frente a las conspiraciones, buscaron la protección, concedida naturalmente a un alto precio, de Tailandia o Vietnam. En el siglo XVII, los señores Nguyen de Vietnam del Sur vinieron al rescate del rey camboyano a cambio de derechos de asentamiento en la región del delta del Mekong. Los jemeres todavía se refieren a esta zona como Kampuchea Krom (Baja Camboya), aunque en la actualidad está poblada de vietnamitas. 

En 1772 Camboya queda atrapada entre los poderosos vietnamitas y siameses, estos últimos arrasan Phnom Penh. En el oeste, los thai controlaron las provincias de Battambang y Siem Reap desde 1794, y ejercieron mucha influencia sobre la familia real camboyana. 

La era del toma y daca entre los señores thai y vietnamitas llegó a su fin en 1864, cuando cañones franceses intimidaron al rey Norodom I (1860-1904) hasta que firmó un tratado que consagraba el territorio como un protectorado.

En la década de 1870, los oficiales franceses asentados en Camboya empezaron a ejercer presión para tener un mayor control sobre los asuntos internos. En 1884 el rey Norodom se vio forzado a firmar un tratado que transformó su país en una auténtica colonia, provocando una rebelión de dos años que constituyó el único gran levantamiento en Camboya hasta la Segunda Guerra Mundial. 

En 1907, los propios galos presionaron a Tailandia para que devolviera las provincias del noroeste de Battambang, Siem Reap y Sisophon a cambio de concesiones territoriales de Laos. Esto significó que Angkor cayera bajo el control camboyano por primera vez en más de un siglo.

En 1941 el gobernador general francés de la Indochina ocupada por Japón colocó al príncipe Norodom Sihanouk, de 19 años, en el trono camboyano.

Durante la Segunda Guerra Mundial las fuerzas niponas ocuparon la mayor parte de Asia, y Camboya no fue una excepción. Sin embargo, los japoneses permitieron a los franceses alineados con los alemanes controlar Camboya. El precio fue conceder a Tailandia (un aliado japonés, si puede llamarse así) gran parte de las provincias de Battambang, Sisophon y Siem Reap de nuevo, zonas que no fueron devueltas hasta 1947.  

Después de la Segunda Guerra Mundial, los franceses convirtieron Camboya en un estado autónomo dentro de la Unión Francesa, pero reteniendo el control de facto. Los años inmediatamente posteriores a la guerra estuvieron marcados por las disputas entre varias facciones políticas del país, una situación que se hizo más inestable por la guerra entre franceses y vietnamitas, que luego se extendió a Laos y, finalmente a Camboya.  

El 9 de noviembre de 1953 se proclamó la independencia de Camboya, reconocida por la Conferencia de Ginebra en mayo de 1954, que puso fin al control francés de Indochina. El periodo que siguió a la independencia fue de paz y prosperidad; fueron los años dorados de Camboya, una época de creatividad y optimismo. No obstante, la guerra de Vietnam pronto iba a extenderse a los países vecinos.

En 1963 Pol Pot e Ieng Sary huyen de Phnom Penh a las selvas de Ratanakiri, desde donde, entrenados por los vietnamitas, inician una guerra de guerrillas contra el gobierno de Sinahouk. En 1965, Sihanouk, tras el golpe respaldado por EEUU contra el presidente Diem en Vietnam del Sur y convencido de que EEUU había estado conspirando contra él y su familia, rompió relaciones diplomáticas con Washington y se alió con los norvietnamitas y China. Además, permitió a los comunistas usar el territorio camboyano en su batalla contra Vietnam del Sur y EEUU.

En marzo de 1970, mientras Sinahouk se encontraba de viaje en Francia, el general Lon Nol y el príncipe Sisowath Sirik Matak, primo de Sihanouk, le depusieron como jefe de Estado, aparentemente con el consentimiento tácito de EEUU. Sihanouk fijó su residencia en Pekín, donde estableció un gobierno en el exilio en alianza con un movimiento revolucionario camboyano que el monarca había apodado “jemeres rojos”.

El 30 de abril de 1970, tropas estadounidenses y survietnamitas invadieron Camboya con la intención de aniquilar a miles de soldados del Vietcong, que utilizaban el país como base en su lucha por acabar con el gobierno de Vietnam del Sur.  

En 1969 EEUU, con el presidente Nixon, había iniciado un programa secreto para bombardear supuestos campamentos comunistas en el país. Durante los cuatro años siguientes, hasta que en agosto de 1973 el Congreso estadounidense prohibió los bombardeos, amplias zonas de la mitad oriental del país fueron atacadas de manera sistemática por B-52 de EEUU, provocando miles de víctimas entre la población civil y convirtiendo a cientos de miles más en refugiados. Sin duda, esta campaña de bombardeos masivos ayudó a los jemeres rojos a reclutar más gente. El bombardeo final, el más duro, fue llevado a cabo en 1973 y su brutalidad ayudó a radicalizar la actitud de muchos líderes jemeres y pudo haber contribuido a la brutalidad posterior que caracterizó su gobierno.

A pesar de la enorme ayuda militar y económica de EEUU,  el gobierno de Lon Non , sustituto de Sisanouk, nunca consiguió ganar la batalla contra los jemeres rojos. Grandes zonas rurales cayeron en manos de los rebeldes. Lon Nol huyó del país a principios de abril de 1975, dejando al frente a Sirik Matak, quién se negó a la evacuación hasta el final. “Desgraciadamente, no puedo huir de manera tan cobarde…Sólo he cometido un error: creer en vosotros, los americanos”, fueron las dolorosas palabras que Sirik Matak escribió al embajador estadounidense, John Gunther Dean. El 17 de abril de 1975, dos semanas antes de la caída de Saigón, los jemeres rojos tomaron Phnom Penh.

Tras la victoria de los jemeres rojos Sihanouk regresó a Camboya como jefe del nuevo Estado llamado Kampuchea Democrática. Dimitió en menos de un año y quedó recluido en el Palacio Real como prisionero de los jemeres rojos; allí se quedó hasta principios de 1979 cuando, en la víspera de la invasión vietnamita, fue enviado de nuevo a Pekín. Transcurriría más de una década hasta que finalmente pudiera regresar a Camboya. El 24 de septiembre de 1993 se estableció una vez más como rey. 

Tras la toma de Phnom Penh, los jemeres rojos pusieron en práctica una de las reestructuraciones sociales más radicales y brutales jamás llevadas a cabo; su objetivo era una revolución en toda regla, no contaminada por aquellos que habían intervenido antes en la política del país, para  convertir Camboya en una cooperativa agraria dominada por los campesinos. A los pocos días de su llegada al poder, toda la población de Phnom Penh y los pueblos de las provincias, incluidos los enfermos, ancianos y los débiles, fue obligada a marcharse al campo y a trabajar de 12 a 15 horas al día. En caso de desobediencia, a menudo se producía una ejecución inmediata. Asimismo, fue proclamado el Año Cero, se abolió la moneda, se interrumpió el servicio postal y el país quedó aislado del resto del mundo.

Pero para Pol Pot, los jemeres rojos no eran un movimiento unificado, sino una serie de facciones que necesitaban ser depuradas. Ello provocó constantes purgas y lo primero que hizo Pol Pot fue eliminar, mejor dicho exterminar, el antiguo régimen. Todos los miembros del anterior gobierno y militares que habían estado asociados con Lon Nol fueron ejecutados en pocos días.  A continuación se inició la purga en las provincias.

Los jemeres rojos ejecutaron a cientos de miles de personas, y muchas más murieron de hambre y enfermedades. Las comidas consistían en poco más que un puñado de gachas de arroz dos veces al día, que debían dar sustento a hombres, mujeres y niños en sus duros días de trabajo y la malaria y la disentería segaron la vida de familias enteras; en muchos casos, la muerte era un alivio ante los horrores de la vida.

Se desconoce exactamente cuántos camboyanos murieron a manos de los jemeres rojos durante los tres años, ocho meses y 20 días que duró el régimen.

En 1978 nadie quería a los jemeres rojos, pero no quedaba ni una pizca de fuerza para rebelarse…hasta que llegaron los vietnamitas. De 1976 a 1978, los jemeres rojos instigaron una serie de enfrentamientos con Vietnam, y reclamaron el delta del Mekong. El 25 de diciembre de 1978 Vietnam lanzó una gran ofensiva sobre Camboya, derrocando el régimen de Pol Pot dos semanas más tarde. Mientras los tanques vietnamitas se aproximaban a Phnom Penh, los jemeres rojos huyeron hacia el oeste con tantos civiles como pudieron secuestrar, y se refugiaron en las selvas y las montañas de la frontera tailandesa, donde pasaron la década siguiente lanzando ataques contra posiciones del gobierno de Camboya. Los vietnamitas instalaron un nuevo gobierno liderado por varios antiguos oficiales de los jemeres rojos.

El hambre en Camboya se convirtió en un nuevo frente durante la Guerra Fría, porque tanto Washington como Moscú luchaban por tener su influencia en la región. 

A mediados de la década de 1980 el gobierno británico envió al Servicio Aéreo Especial (SAS) a un campo en la jungla malasia a entrenar a guerrilleros en las técnicas de colocación de minas terrestres. Aunque oficialmente ayudaban a las facciones más pequeñas, lo cierto es que los jemeres rojos se beneficiaron de esta experiencia y utilizaron las nuevas técnicas para intimidar y aterrorizar a los camboyanos. EEUU concedió más de 15 millones de dólares al año en ayuda a las facciones no comunistas de la coalición dominada por los jemeres rojos.

Gran parte de la década de 1980 Camboya estuvo cerrada a Occidente, y solo se permitía la presencia de algunos grupos de ayuda humanitaria. La política del Gobierno estaba bajo el control de los vietnamitas, y Camboya pasó a formar parte del bloque del Este. En esa época, la economía estaba destrozada porque, igual que Vietnam, Camboya sufría las consecuencias del embargo norteamericano.

En 1984 los vietnamitas invadieron todos los campos rebeldes que había en Camboya y obligaron a los jemeres rojos y sus aliados a refugiarse en Tailandia; éstos se convirtieron en una guerrilla que realizaba incursiones con el objetivo de minar la moral de sus adversarios. Las tácticas utilizadas por los jemeres rojos fueron bombardeos de comandancias controladas por el Gobierno, colocación de miles de minas terrestres en zonas rurales, ataques al transporte por carretera, voladura de puentes, secuestro de líderes rurales, etc. También obligaron a miles de hombres, mujeres y niños que vivían en los campos de refugiados controlados por ellos a trabajar como porteadores, transportando munición y otras provisiones a Camboya a través de zonas minadas de la frontera. Los vietnamitas, por su parte, crearon el mayor campo de minas del mundo, conocido como K-5, que se extendía desde el golfo de Tailandia hasta la frontera con Laos, con el objetivo de cerrar el paso a la guerrilla. También enviaron a camboyanos a los bosques a cortar árboles en regiones remotas para prevenir emboscadas. Miles de ellos murieron por las enfermedades y las heridas provocadas por las minas terrestres. Los jemeres rojos ya no ocupaban el poder, pero para muchos, la década de 1980 fue casi tan difícil como la de 1970: una larga lucha por la supervivencia.

En septiembre de 1989 Vietnam, con una economía muy maltrecha y con interés por acabar con el aislamiento internacional, anunció la retirada de sus tropas de Camboya. Sin los vietnamitas, la coalición opositora, dominada todavía por los jemeres rojos, lanzó una serie de ofensivas que forzaron al vulnerable gobierno a sentarse en la mesa de negociación.

Los esfuerzos diplomáticos por acabar con la guerra civil empezaron a dar sus frutos en septiembre de 1990, cuando el gobierno de Phnom Penh y las tres facciones de la coalición de resistencia aceptaron un plan de paz. Según éste, se formaría un Consejo Supremo Nacional, una coalición integrada por todas las facciones, bajo la presidencia de Sihanouk. Al mismo tiempo, la Autoridad Transitoria de las Naciones Unidas en Camboya (Untac) supervisaría la administración del país durante dos años, hasta la celebración de unas elecciones libres y justas. Para un gran número de camboyanos, debió de parecer una broma cruel que los jemeres rojos pudieran participar en el proceso.

El 25 de mayo de 1993 se celebraron elecciones con un 89,6% de participación.



En 1994 los jemeres rojos recurrieron a una nueva táctica: el objeto iban a ser los turistas. Los resultados fueron terribles para varios extranjeros de Camboya. En 1994 apresaron a tres viajeros en un taxi en la carretera a Sihanoukville y los asesinaron. Pocos meses después, otros tres extranjeros fueron detenidos en un tren con destino a Sihanoukville y los ejecutaron antes de que el ejército pudiera llegar al lugar.

El 5 de julio de 1997 la guerra irrumpió de nuevo en las calles de Phnom Penh cuando las tropas leales al Partido del Pueblo de Camboya, que representaba al anterior gobierno comunista, se enfrentaron con las tropas leales al Funcinpec, favorable a Sinahouk. Tras este brevísimo conflicto el Partido del Pueblo de Camboya controló de nuevo Camboya.

El 15 de abril de 1998 falleció Pol Pot, cuando se encontraba bajo arresto domiciliario decretado por los jemeres rojos. Su cuerpo  fue quemado apresuradamente en una pira de neumáticos, sin haberle realizado la autopsia, esto hizo que muchos camboyanos especularan con un posible asesinato.

El resultado de las elecciones de 1998 consolidó al Partido del PUeblo de Camboya como la fuerza dominante de la política camboyana. 

La comunidad internacional empezó a presionar para conseguir el establecimiento de un tribunal de crímenes de guerra que juzgara a los líderes de los jemeres rojos. Se llegó a una solución intermedia: un tribunal mixto formado por tres jueces internacionales y cuatro camboyanos, en el que era necesaria una mayoría superior a dos más tres para llegar a un veredicto.

A principios de 2002 se celebraron las primeras elecciones locales de la historia de Camboya, en las que se eligieron a los representantes de pueblos y comunas, un paso importante en el camino hacia la democratización del país.

Hoy han tocado las letras de historia. Creo que era importante contar la historia del país, por lo menos los hechos más relevantes, porque son realmente muy complejos, para entender la realidad del país hoy, donde parece que hay una democracia, pero realmente hay una clase de poder establecida con corrupción a todos los niveles. Faltan datos de años pasados, de los más antiguos y de los más recientes, pero con lo contado os podéis hacer una idea de por lo que ha pasado el país: de ser un imperio a no ser nada.

Quizás lo que más conocemos, tristemente, es a Pol Pot y sus masacres, y lo que está de actualidad, aunque ya hemos visto que viene desde lejos, es la reivindicación tailandensa de un templo en la frontera de ambos países.
 

8 de febrero de 2011

Vietnam - Saigón (4) - Pagoda del Emperador de Jade


Au revoir Saigón y Vietnam 


Llegamos a Saigón sobre las cinco de la tarde, tienen la hora bien cogida a pesar de los imprevistos y atascos, y tenemos que ser rápidos si queremos hacer alguna visita. Yo la decido en base a cercanía y curiosidad, por partes iguales aunque me puede mucho más la segunda. Para asegurarnos la cercanía y no jugar a desgastarnos caminando, a la salida del hotel tomamos un taxi para que nos lleve a la Pagoda del Emperador de Jade. No recuerdo su coste pero no fue excesivo, y además utilizan el taxímetro, con lo que en todo momento se ve el precio de la carrera.


La entrada es la más desangelada de todas las pagodas que hemos visto hasta el momento, y son unas cuantas. El patio no es llamativo y hay mucha gente pululando, tanto fieles como turistas, si nos dicen que se trata de un mercadillo en lugar de una pagoda hubiera colado perfectamente.

En los estanques, situados a ambos lados de la fachada de la pagoda, sí que hay tortugas y tortuguitas, ya era hora de verlas sin que fueran para consumo alimenticio. Más suerte y longevidad para nosotros. 


La pagoda fue construida en 1909 por la comunidad cantonesa de Saigón, dedicada como su nombre indica al Emperador de Jade, una deidad taoísta. 

Los guardianes de esta pagoda, situados a ambos lados de la primera puerta, son diferentes a los ya vistos, ahora portan enormes bigotes y coletas (aunque parece que es pelo que sale de las orejas), y tienen pinta de malvados de cuento, son el Dios de la Tierra y el Dios de la Puerta (que digo yo que sería mejor del Cielo, ¿tendré mal este dato?).


Las puertas de madera están ricamente labradas, y como detalle son los guerreros los que lanzan fuego por la boca (¿dónde se quedaron los dragones?).


Pasada esta puerta se encuentran otros guardianes, ahora son guardianes demonio realizados en papel maché que impresionan en tamaño, realización y expresión. Uno de ellos está pisando un tigre y el otro un dragón, animales a los que vencieron.

 
Entre estos guardianes un altar, con lo que parece un remix de figuras: una mujer con varios, brazos, que asocio más con el hinduismo; es la de la madre de los cinco budas, y yo hasta el momento solo conozco a tres…esta familia es demasiado complicada para mí.

Se sigue entrando en la pagoda y se encuentra el altar del Emperador de Jade, el rey de todos los cielos, en teoría rodeado por sus guardianes, los Cuatro Grandes Diamantes, llamados así por su dureza, pero más parecen estos diamantes los que están fuera de la vitrina que los que están dentro. Los de fuera en teoría son miembros de su séquito, pero todo esto lo dejamos en una duda razonable por si los datos que tengo no son del todo correctos, no quiero inducir a confusiones, este blog pretende ayudar, no desinformar.


Es una pagoda muy poco iluminada, con lo que entre las figuras oscuras, casi tenebrosas,  y la poca luz da hasta miedo, si no fuera por la cantidad de gente que estamos allí, la mayor parte molestando a los fieles que no dejan de entrar para realizar sus oraciones y encender varillas de incienso, y en esta ocasión el ambiente sí se nota cargadito de este aroma. 

A la derecha del emperador, en un altar otra madre de Budas, ahora del Norte, Sur, Este, Oeste y Centro, ¿los otros hijos cuales serían? Si es que ando muy perdida con la religión. 

En otro altar a la izquierda la reencarnación del emperador.


La pagoda es una especie de laberinto a explorar, y en el que hay que internarse, eso sí, con respeto Así se llega a otra sala, en la parte de la izquierda, donde se encuentra el Rey del Infierno, un calco al Emperador de Jade (es posible que sean como el yin y el yang, o que yo vuelva a estar confudida con las figuras y sus personalidades). En la sala también se halla su caballo rojo, que se lo habrá quitado al que lo tenía antes, Quan Cong, al que ya conocemos (definitivamente estos chinos me están volviendo loca, ¡¡Viva San Judas Tadeo!!; China va a ser un destino difícil con tantas figuras). 

 
Las figuras que ahora llaman la atención se encuentran nuevamente delante del altar, que llevan altos sombreros, bien encopetados van.

 
Esta zona es muy concurrida por los fieles, entran y salen continuamente. Enfrente del altar se abre otra sala, donde se halla el vestíbulo de los Diez Infiernos, con unos paneles en los que se representan los castigos y torturas del inframundo. Esta sala impresiona por su detalle en el labrado de la madera.

 
Por detrás de esta sala de los Diez Infiernos, como escondida se halla otra dedicada a la diosa de la maternidad, flanqueada por una corte de maridos, y en los laterales una colección de doce madres con niños en sus brazos, regazos y por todas partes, cada una de ellas asociada a una virtud o un vicio.

Está madre le da a la bebida, ¿vicio o virtud? 


El cepillo de los altares resulta algo más que curioso.

 
Mi marido ya enfila la salida pero yo miro la guía y le digo que aún hay más, vamos a seguir paseando e indagando por la pagoda, con educación y respeto y hasta donde nos dejen por supuesto. Por el lateral  derecho de la pagoda hay un pasillo, en el que se encuentran unas escaleras que conducen a un balcón sobre los tejados, con sus preciosas tejas verdes. Es lo más cerca de los tejados y sus dragones que llevamos días viendo, que hemos podido estar. Por primera vez en años de viajes le escucho decir a mi marido, “si no fuera por tu guía no hubiéramos subido aquí”, ¡Alabado sea Buda y su madre!. 

 
Hasta el tejado no llega la horda de turistas, bien no lo saben, bien no se atreven o sencillamente no les interesa, pero estamos solos y es de agradecer la tranquilidad para este momento, que tiene su carácter de especial.

Por supuesto hay otro altar en este piso superior, en este caso dedicado a la Diosa de la Misericordia.

Si en arquitectura esta pagoda no es la más rica ni la más bella ni la más impresionante, todo esto se encuentra en las estatuas, tan diferentes, tan siniestras, tan altas y por supuesto en la posibilidad de acceso al tejado. Creo que no me equivoqué al elegirla como despedida de Saigón y Vietnam, aunque no estaba en las señaladas por Hieu, que parecían más clásicas, de las que al final no tuvimos tiempo de ver ninguna, nos ha faltado tiempo para descubrir más tesoros de la ciudad.

El camino de vuelta al hotel lo hacemos andando, con el taxi vimos que la distancia no era excesivamente grande, así que aprovechamos para pasear por la ciudad, pero seguimos sin encontrarle todos los encantos de los que presume y que le otorgan.  

Pasamos al lado de una piscina infantil, que con el calor está siendo útilmente aprovechada. Se encuentra dentro de un extenso parque, donde las motos son aparcadas con gran orden en contraposición al desorden que tienen aparcándolas por las aceras. 


Orden y organización que también parecen tener los cables, aun siendo numerosos, en contraposición al descontrol en Hanoi. Parece un telar.


En una media hora alcanzamos la zona del hotel, en una de las esquinas de Dong Khoi se encuentra el edificio que se construyó en 1917 para albergar la Sureté colonial, la policía. (164 Dong Khoi) y que acogió como presos a numerosas personalidades vietnamitas a posteriori. Ahora ondea en ella la bandera roja con estrella amarilla, acogiendo seguramente un organismo oficial.



Buscamos el número 22 de la calle Ly Tu Trong, que fue la sede de la CIA durante la guerra, pero el número y los pisos corresponden a un edificio que no cuadra demasiado con lo que buscamos o con lo que pensamos.

Aprovechamos para hacerle una foto al edificio del Ayuntamiento, que nos faltaba tener toda la fachada. Delante un pequeño jardín con la estatua de Ho Chi Minh con un niño, ¡¡Adiós Tío Ho!!


Y también de la Ópera, que la tenemos de esquinas, de noche, desde la habitación del hotel, pero no la fachada con algo de luz. Volvemos a intentar visitarla pero nada, de nuevo hay espectáculo por la noche y está cerrada a las visitas. Fue construida en 1900 en estilo colonial  y en 1955 fue utilizada como Cámara Baja de Vietnam del Sur, recobrando su función original después de la guerra.

 
Subimos al hotel, el Caravelle, que durante la guerra de Vietnam se convirtió en el cuartel general de diplomáticos y periodistas (sede de The Washington Post, The New York Times y otros). Australia y Nueva Zelanda establecieron sus embajadas, ya que los cristales eran a prueba de bomba. En 1964 estalló una bomba en la quinta planta que no causó víctimas, en este piso tenían sus agencias la CBS y la ABC. En 1975 pasó a manos del Estado y en 1988 se abrió de nuevo tras una profunda restauración y ampliación.

Para esta tarde-noche algo de música de acompañamiento, Francesco de Gregori, que el italiano siempre suena romántico aunque el mensaje sea duro. 



El edificio original del hotel es el que se ve delante de la torre, con nueve pisos.


Decidimos que antes de ir a la habitación vamos a subir al bar de la novena planta en el ala antigua, ya lo habíamos intentado la primera noche pero salía un sonido de orquesta de salsa muy alto que no incitaba a disfrutar del lugar, como hoy es todavía temprano la orquesta no está actuando. Nos sentamos en la terraza a disfrutar de las vistas, con el Hotel Continental y el Ayuntamiento, y del atardecer.


Lo poco que he conocido de Saigón, a la que los franceses llamaban la Perla o el París de Oriente, no me ha gustado demasiado, no me ha calado como lo ha hecho Hanoi, que es más auténtica, y eso a pesar que al haber sido Saigón la capital del Sur fue castigada por el norte, pero su occidentalización es más que evidente, desde que se abrieron las fronteras ha resurgido con fuerza y urbanismo, pero le falta encanto o para ser exactos, para mí le falta encanto. 

Desde esta terraza empieza gustarme más Saigón, le puedo dar otra oportunidad para descubrirla más lentamente y más a pie como solemos hacer nosotros.

Mientras descansamos disfrutamos de unos cócteles, mi marido un Martini vodka y para mí un Saigón Saigón (vodka con lima limón y cranberry -arándanos-), yo haciendo honores a la ciudad.

 
Tenemos que ir a la habitación a hacer las maletas, ¡otra vez!, nuestra aventura por Vietnam ha terminado y mañana salimos para Camboya. Nos quedamos a cenar en el hotel, lo hacemos en uno de sus restaurantes, despidiéndonos como el país y nosotros nos merecemos, con una buena cena. 

A las 8.30 h de la mañana nos recoge Tram y el conductor en el hotel, ella preocupada por todo, recoger los pasaportes, hacer y pagar el checkout, las maletas (las reclama nerviosa en varias ocasiones).

Nos vamos de Vietnam con la compañía nacional, Vietnam Airlines. Dejamos la urbe inmensa de Ho Chi Minh City, o mejor Saigón. 

 
La sorpresa es que tenemos desayuno en el avión, una bolsa de nueces, un bocadillo de algo parecido a jamón de york con una salsa parecida a la mayonesa y un vasito de agua (que no parecida al agua) empaquetada, todo un detalle.

Se supone que sobrevolamos el Mekong, porque esa inmensa mancha marrón con esa amplitud solo puede ser el río de la vida que tanta alegría y vida nos ha aportado. 


 Au revoir Vietnam.