20 de diciembre de 2018

Myanmar - Lago Inle - Monasterio Nga Hpe Kyaung

Ahora sin gatos saltarines

Continuamos la navegación tras nuestro encuentro con las mujeres padaung y nuestro paso por los huertos flotantes, nuestra próxima parada no se encuentra demasiado lejos, el monasterio Nga Hpe Kyaung


El exterior produce una sensación de paz y tranquilidad, de mucho sosiego, ya que su situación además resulta idílica -por supuesto no hay muchos visitantes que rompan esta situación-. 



El monasterio está construido en madera y por supuesto sobre pilotes de este material; como dato orientativo, su construcción fue realizada cuatro años antes que el palacio de Mandalay, y este data de 1856. 



Entramos por el pasillo techado. 



El interior es una amplia sala con dos ambientes, uno donde parecen pasar mucho tiempo los monjes a diario, y otro en cuyo centro hay un gran santuario. 



En el santuario hay una  gran, bonita e interesante colección de imágenes de Buda, y nos gustan cuando nos sorprenden y se salen de la norma de las estatuas que hemos ido viendo por el país; estas nos parecen muy hermosas. Estas imágenes son de diferentes estilos: shan, tibetano, bagan e inwa, aunque muchas de ellas no son las originales, que han sido robadas y seguramente vendidas sin escrúpulos. Las figuras están sentadas en tronos muy ornamentados, en los que hay que fijarse en los detalles escultóricos que los adornan,  o bien están alojadas en el interior de pagodas. 




La posición de las manos de Buda varía de unas imágenes a otras, en las llamadas mudras, aunque la mayor parte las tiene en el Bhumisparsha mudra, con la mano izquierda hacia abajo, hacia la tierra, tocando el suelo; y la mano derecha como una flor abierta, señalando el cielo con la palma. 





Una imagen parece más importante que el resto, por su situación, por la parafernalia que la adorna, e incluso por la corona que porta sobre la cabeza.



El mismo letrero se usa tanto para el trono como para los baños (trono de otra manera); de los segundos hay uno en el exterior para los visitantes, que es más lógico avisar de que los de los monjes no los utilicemos, que el trono dorado está claro que no es un juguete. 


El monasterio recibía el nombre de los gatos saltarines porque los monjes habían adiestrado a los gatos para que saltaran a través de aros como una atracción turística más, pero desde 2013 no realizan esta actividad, aunque no hace falta visitar este monasterio por los animales, él por si solo ya se merece que pasemos; y gatos se pueden ver, que saltarán si ellos quieren.


 

17 de diciembre de 2018

Myanmar - Lago Inle - Mujeres padaung (mujeres jirafa) - Ywama - Huertos flotantes

Espirales y huertos

Después de la comida en el Paramount Inle Resort hacemos una visita que ya desde Madrid me provocaba serias dudas sobre si realizarla o no, pero ya que estamos aquí y que aquí que conocer de todo, pues hagámosla y saquemos nuestras propias conclusiones, pero sobre todo tengamos un inmenso y profundo respeto.

Entramos en el taller y tienda donde trabajan unas mujeres padaung, las famosas mujeres jirafa, pertenecientes a la etnia karen o kayan, con aproximadamente 7.000 habitantes en el país. Esta etnia llegó a la zona central de Myanmar procedentes del desierto del Gobi, en Mongolia, hace unos 2.000 años. 



Durante la década de 1990 los karen fueron acosados por el gobierno militar birmano para que abandonaran el país y muchos pidieron asilo en Tailandia, viviendo en el llamado Triángulo de Oro, por eso son más conocidas las mujeres jirafa de Chiang Mai y Chiang Rai de Tailandia que las de Myanmar, su país de origen realmente.

La espiral de latón que rodea su cuello se les pone a las niñas sobre los cinco años, aumentando progresivamente el número de anillos que la forman, que con el peso desplazan la clavícula hacia abajo, con lo que parece que tienen el cuello más largo, pero en realidad no es así. Respecto al peso y la longitud he leído varias cifras, el primero varía de 10 a 20 kg, y la segunda varía de 10 a 20 cm. Hay varias teoría sobre el uso de esta espiral: el más sencillo y posiblemente el más cierto, por la belleza, así se encuentran más atractivas, -además los hombres de otras tribus las ven poco favorecidas y evitan el ser esclavizadas-; otra teoría cree que es para evitar mordeduras de tigres, pero está casi descartada ya que si así fuera también lo llevarían los hombres, y esto no ocurre (no creo que sea por una cuestión de fuerza ante la defensa). 


Se dice que el gobierno birmano intentó hacer desaparecer la tradición de la espiral en el cuello en un intento de cambiar la imagen de país poco desarrollado, pero que tanto el propio gobierno como las mujeres viendo que los turistas van en su busca y que ello es un negocio rentable, han preferido mantenerla.

También se dice que es a los birmanos (como personas, no como gobierno) a los que no les interesaba que se perdiera el uso de la espiral, porque ellos son los que las utilizan como objeto de exhibición para nosotros los turistas, y son ellos los que ganan dinero, ellas pierden algo de dignidad pero al menos tienen casa y comida.

¿La verdad?, yo no la sé, por lo que percibimos era un poco de todo, porque en la tienda había un hombre birmano que parecía el dueño; otras mujeres, que parecían birmanas también, se ocupaban de la venta; y, finalmente, las mujeres padaung solo se encargaban de enseñarnos sus cuellos, rodillas y tobillos, además de insistirnos en hacerse una foto con nosotros, siempre azuzadas por el hombre. ¿Y qué podemos hacer nosotros?, pues para no desairar a nadie algunas fotos de las mujeres, pero tampoco como para tener una colección; me insisten ellas en posar a su lado, y lo hago, pero sin gran convencimiento, más llevada por el momento y la indecisión.



Viendo mi cara de desconcierto y el gesto que hago al rodear mi cuello poniendo sensación de dolor, una de ellas se desengancha la parte de debajo de la espiral fácilmente y me sonríe haciéndome entender que no es doloroso, y que quitando esa parte se duerme bien (yo no lo tengo nada claro, me parece un instrumento de tortura que al retirarlo hace que tu cuello sea de goma y no pueda mantenerse en su sitio).

No sé si los productos que venden los hacen ellas, o todo es parte de una industria con las mujeres padaung como cebo; colocarse para la típica fotografía es sencillo aunque me parece nocivo, la pregunta es si además ¿es mano de obra barata? Ante la duda, decidimos comprar algunos artículos, porque si de alguna manera esto les repercute monetariamente o de cualquier otra manera, será un gasto bien hecho, pero nunca una comercialización pura y dura de unas costumbres y sobre todo de la tragedia de un éxodo o de un sometimiento de una tribu a un pueblo dominante que los expulsó, que esto sería al fin y al cabo el dejar un donativo.

Si vamos a visitarlas, formamos parte del "circo" y ayudamos a mantenerlo, pero si no vamos, las dejamos abandonadas a su suerte, que no tiene una buena perspectiva porque pueden ser expulsadas y la situación en Tailandia parece ser que es peor que aquí, están más sobreexplotadas. ¿Qué es lo que tenemos que hacer para hacerlo bien?, lógicamente no podía preguntarle a nuestro guía, él es birmano y acepta la situación, y yo no voy a tener este debate con él porque no quiero incomodarle; y mucho menos podía preguntarlas a ellas directamente si el que parece “su dueño” está presente; ya me hubiera gustado no tener la barrera del idioma y la posibilidad de hablar con ellas con total libertad de su vida, su historia, sus costumbres y cómo ven su futuro.


Me quedo un poco más (pero poco) tranquila cuando nos vamos, porque desde la lancha veo a una de las mujeres en la ventana con una sonrisa despidiéndonos, y me pareció un gesto natural, no forzado, pero siempre me quedará la duda de la conveniencia o no de esta visita. Y es que en Asia siempre vives en la duda ética, intentando elegir entre las acciones buenas y las erróneas, porque aunque quieras hacer lo mejor, nunca estarás completamente seguro y puedes meter la pata a la que te descuidas. 


Salimos de la tienda y del poblado padaung y entramos en el pueblo de Ywama, el que es famoso por su mercado flotante, como el que conocimos de Phaung Daw Oo, pasando junto a las blancas estupas de Angun Mingalar Paya, y a su monasterio. 




La vida y el trabajo sigue con su curso en el lago Inle, incluso con cigarrillo en la boca. 


Otros monasterios siguen apareciendo en el lago, parece que hay más monjes que pescadores. 



Navegamos por un pueblo con sus casas palafitos.




Por los canales entramos en los huertos flotantes del pueblo, donde los intha practican la acuicultura. 


Se entra incluso por canales muy estrechos, en los que piensas que en cualquier momento te quedas atorado. 



Los huertos se plantan sobre una base de tierra y hierba que sacan del lago y de los canales, y un ejército de cañas de bambú ondea por todos lados y nos flanquean el camino. Ahora entendemos de forma efectiva el trasiego de barcas sacando hierba del lago. 




El jacinto de agua y su hermosa flor parecen servir de protección a los huertos (y eso que es una planta muy invasiva). 


Se plantan verduras, arroz, flores y sobre todo, vemos muchas tomateras. 



13 de diciembre de 2018

Myanmar - Lago Inle - Comida en Paramount Inle Resort

Comiendo frente al lago

Desde la fábrica de cigarrillos o cheroots continuamos la navegación por el lago Inle, que nos sigue ofreciendo postales visuales del trabajo que realizan en él, así como del paisaje que lo rodea. 




Paramos en el hotel Paramount Inle Resort para comer, hotel que está situado en un canal del lago. 



Cotilleamos un poco el hotel, viendo que las habitaciones se reparten en dos filas de bungalows continuos que tienen terrazas. 



Hay un bonito y cuidado jardín en las instalaciones, para dar un agradable paseo. 


Nuestro menú hoy va a tener algunos platos diferentes, que es de agradecer. Una tempura de verduras con salsa agridulce. 


Hoy la sopa es de tomate, con un gusto ligeramente picante. Muy rica.


Una ensalada de vermicelli (los fideos finos transparentes). 


Verduras salteadas kun pao, que incluyen patatas. 


Pescado rebozado, no sabemos cuál, que se puede acompañar con salsa picante, que Myo se encarga de pedir ya que sabe que a mi pareja le gusta. 



Seguimos con la dieta del curry, de cerdo y de pollo, acompañados por el clásico arroz. 



De postre también tenemos una variación, pasamos del plátano a la fruta con leche evaporada y hielo para que esté fresca; pues nada, sin miedo al hielo, que suponemos elaborado con agua mineral ya que se trata de un hotel para turistas. 


El precio de la comida fue más alto en comparación con los restaurantes más caseros y no tan pensados para los turistas en los que hemos comido en otras ocasiones, pero la calidad ha sido estupenda, suponemos que el trato de conservación y elaboración de los productos ha sido más higiénica, y todo tiene su precio; hoy ha costado 23$, en comparación a los 12-15$ a los que estamos habituados.

El hotel tiene buena pinta, y como hemos comprobado buena gastronomía, pero tiene un inconveniente, y es que dada su situación, el tráfico de embarcaciones durante el día es tremendo, y vale con las barcas a remo, pero lo que proliferan con su ruido son las barcas con motor diesel, que durante toda la comida nos dieron un concierto continuo, ya que comimos en la terraza y no en el comedor interior.



En el hotel hay una torre de observación, y después de comer subimos para tener bonitas vistas del entorno que nos rodea.