3 de febrero de 2011

Vietnam - Túneles de Cu Chi

La resistencia de un pueblo (Guerra y Paz)


Al haberle cambiado el planning a Tram hoy nos cita a las 7.30 h, que nos preguntó si era muy temprano la tarde anterior y se disculpaba por ello, pero que si queríamos visitar todo que era mejor así. Pues vale, lo queremos visitar todo y madrugamos media hora más, como si fuera algo tremendo después de los madrugones en Japón y Nueva Zelanda.

El día anterior comenzamos a tomar las pastillas contra la malaria, ya que vamos a la provincia de Tay Ninh, una zona de riesgo, y mejor prevenir que lamentar. En teoría teníamos que empezar a tomarlas un día antes de ir a Angkor, pero encontré la información en una página de salud mundial en internet y preferí tomar las medidas preventivas, le pregunté al médico de cabecera si era malo tomar en exceso y dijo que eso nunca.

Desde la ventana del hotel vemos un desfile, que luego nos cuenta Tram que es de colegiales, como una fiesta por el comienzo del curso escolar o algo parecido, y supongo que mezclado con alabanzas al Tío Ho.

Saliendo de Saigón nos encontramos con un colorido coche fúnebre, en contraposición a los nuestros tan negros y tan formales.


Por la carretera por la que vamos hay plantaciones de caucho, que a mí me llevan de nuevo a Indochina con Catherine Deneauve y sobre todo con Vincent Perez, y a Tierra de pasión con Clark Gable, y de la que Mogambo fue su remake.

 
Llegamos a nuestro destino, los famosos túneles de Cu Chi, a los que graciosamente se entra por un túnel amplio donde el vigilante te planta una pegatina.


Antes de comenzar la visita Tram saca una tartera en la que amablemente ha traído durian, la fruta maloliente, pero yo no la huelo, ni bien ni mal, por mi pituitaria dañada y le digo que no me parece mal, ella me mira con cara de susto y mi marido comenta que es como destapar un cubo de basura de varios días. Afortunada soy en no olerle y poder meterle la cuchara, porque el sabor es como os comenté, algo parecido a las natillas y está rico. 

Es un complejo grande, con cabañas donde se reconstruyen diversas estancias de los túneles y en mitad de un paraje con gran vegetación, la selva vietnamita, el infierno para los americanos.

 
Una de estas cabañas está acondicionada como aula didáctica. En un mapa Tram nos cuenta la situación y algunos hechos de la guerra, en la esquina inferior derecha está Saigón. El color azul es para las bases de EEUU, el amarillo para el Gobierno de Vietnam del Sur, el rosa para las zonas de conflicto y el verde para la selva, como corresponde.

 
Hay una maqueta de cómo eran estos túneles. Su construcción comenzó a finales de 1940 y se extendió unos 25 años, siendo su utilidad, aparte de la de refugio, conectar zonas controladas por los guerrilleros, realizar ataques sorpresa a los enemigos en un visto y no visto por éstos, infiltrar topos y armamento en Saigón.

 
Un mapa explicativo de los túneles y de los diferentes usos que daban a los habitáculos:
Este es el instrumento con el que se cavaban, y con las manos también, todo vale y el esfuerzo empleado tuvo que ser inmensurable.

 
Para los vietnamitas Cu Chi es tierra sagrada. 18.000 campesinos- guerrilleros lucharon en estos túneles, y fue aquí donde el Viet Cong planeó su asalto a Saigón en 1968.

Los túneles fueron cavados a una profundidad de entre tres y doce metros, a tres niveles, con una altura cada de 80 a 90 cm y una anchura de 30 a 50 cm. No les faltada de nada, tenían hospitales, sala de reunión, fábrica de armas, almacenes, cocinas, viviendas, teatros, imprenta, pozos…Llegaron a albergar a más de 15.000 personas, en una extensión de 250 km,de túneles, desde la periferia de Saigón hasta la frontera con Camboya, impresionante. 
Además soportaban el paso de los tanques por encima, unas 50 toneladas, y bombas de hasta 100 kg.
Para complementar las explicaciones ponen un vídeo, muy propagandístico, del Vietcong, de sus guerrilleros, de su lucha y su sacrificio, donde vapulean a los fantoches yankees, como les llaman en multitud de ocasiones, causando la risa en el público que allí estábamos. 

Dos fragmentos del vídeo, el segundo es muy “instructivo”.



Esta visita la haremos con música de fondo, Billy Joel.


Los norteamericanos ni se enteraban al principio de donde venían los ataques ni donde se escondían los guerrilleros, incluso la XXV División del Ejército, Tropic Lightning, montó parte de su base sobre ellos y no comprendía cómo sus soldados eran atacados por la noche.

Para combatirlos los norteamericanos tuvieron que reclutar a voluntarios, llamados tunnel rats, que eran soldados menos corpulentos para poder entrar por estos estrechos túneles, jugándose la vida casi sin protección.

Los vietnamitas a falta de medios utilizaban la imaginación y las ganas, contra los perros, pimienta para que no pudieran olfatear o se lavaban con jabón americano para confundirlos o robaban uniformes norteamericanos para forrar las entradas y despistarlos.

Los norteamericanos al verse desbordados y perdidos en esta guerra de guerrillas recurrieron a los agentes químicos para deforestar la zona y dejarles sin protección, para luego bombardear con los B-52 con miles de bombas, llegando a soltar más de 200.000 proyectiles al mes. De hecho, los pilotos que regresaban a sus bases con napalm no descargado en cualquier otro lugar lo soltaban sobre esta zona. Con todas estas acciones inutilizaron aproximadamente un 70% de los túneles, pero éstos nunca dejaron de ser el escenario de operaciones del Vietcong y murieron 10.000 personas. 


Desde el final de la guerra Cuchi y todos sus habitantes han sido honrados con las más altas distinciones por el gobierno de Hanoi por su lucha encomiable.

Salimos de la cabaña didáctica a explorar la zona, este es uno de los respiraderos de los túneles camuflados (ahora al descubierto para los turistas).




Dentro de los túneles sellaban secciones con trampillas para impedir la propagación de gases, levantaron diques en prevención de inundaciones, habilitaron entradas minadas para provocar derrumbes en caso de ser descubiertas, instalaron trampas...una auténtica obra de ingeniería muy bien ideada. 


Vamos a conocer los túneles más de cerca, aunque todavía no lo suficientemente cerca. Un trabajador con ropa militar del Vietcong aparta la hojarasca del suelo para descubrir una de las entradas a los túneles. La secuencia de fotos lo dice todo.






Esta es una de las entradas camufladas, de las que utilizaban principalmente para el asalto sorpresa a las tropas norteamericanas. El "soldado" y Tram animan a mi marido a introducirse en ese agujero, y él lo hace, pero es demasiado ancho de pecho como para lograr meterse entero, y yo….pues soy demasiado ancha en general para esa estrechez de entrada, aparte de otro pequeño "problemilla" al que ya llegaremos. 

Caminando van apareciendo otras entradas camufladas a los túneles, que ahora están descubiertas y bien señalizadas para que el turista las pueda encontrar y ver.

 
También hay un montaje con figuras de lo que era un campamento al exterior del Vietcong, donde no faltaba la imagen de la mujer, a la que consideran parte primordial de la lucha.

No podía faltar armamento, en este caso un tanque M-41, que fue alcanzado por una mina y ahí (más o menos) se quedó. Se puede subir por él para las fotos. 

 
Hay una zona dedicada a las trampas inventadas por el Vietcong para la caza del soldado, que antes serían para la caza del animal, aunque en la guerra poca diferencia había entre ellos. Otro funcionario nos hace una demostración rápida de su funcionamiento, todas muy bien ideadas, sencillas pero eficaces. Estas son dos de ellas.



Aparte de las trampas del suelo, otras no están montadas solo se exponen sobre una mesa, o bien partes de ellas.

Una de las trampas era para las puertas, de modo que al entrar en las casas se topaban con ellas, y si bien se podían proteger de la parte superior del cuerpo, que es lo más lógico y natural al verla, la parte inferior de la trampa tenía movimiento, con lo que acababa golpeando al soldado, y si bien no le mataba le podía dejar cojo o inútil. 


Las chozas recrean diferentes estancias, que estaban en realidad bajo el nivel del suelo, pero al estar a cielo abierto no se tiene la sensación de ser un túnel: una sala donde aprovechaban la munición no explotada o robada a los norteamericanos, realizando ellos sus propias bombas o balas, hospitales de campaña, las salas de reunión, los comedores. Con todo ello se puede uno hacer una idea de la vida bajo la tierra y de lo organizada que estaba..

La Naturaleza asombra a nuestro alrededor, por la recuperación que ha tenido, donde antes tuvo que haber casi un desierto ahora hay árboles.

 
Hay un taller de sandalias guerrilleras, con una persona trabajando en la labor. Las hacían con las ruedas de bicicletas o neumáticos, y ahora las tienen a la venta como souvenirs.

Los vietnamitas de tontos no tenían un pelo, se ponían las sandalias al revés, con las dos tiras paralelas por delante, para confundir con la huella a los norteamericanos, y normalmente solían portar una especie de pequeña tijera con la que iban haciendo los remiendos necesarios al calzado, o ajustándolas ya que al andar se iban soltando; detalles que nos impresionan por su simpleza y genialidad.




El cráter de una bomba, que en condiciones normales podría ser confundido con un socavón grande del terreno si no estuviera el cartel anunciador y si no fuera el lugar en donde estamos.



Llega la hora de la visita estrella, entrar en los túneles y mi sonrisa, que la he tenido durante todo el viaje en todas las visitas hechas, en este momento no es precisamente de felicidad, intento sonreír pero me salen más bien los “dientes dientes” de la Pantoja, estoy completamente aterrada. 

Un funcionario con linterna va delante, luego voy yo y detrás mi marido.


El funcionario va a toda máquina, yo me tengo que poner a cuatro patas para andar, no puedo hacerlo a cuclillas como ellos por mis maltrechas rodillas y más a la velocidad a la que iba el funcionario. Me empieza a faltar el aire, no es que esté en paranoia pero si sigo allí dentro creo que hasta me puedo desmayar, así que le empiezo a gritar “I want to go out…..” y me contesta que en unos momentos, que hay una salida para cobardes como yo (esto no me lo dijo pero seguro que lo pensó), y salgo de ese lugar. Mi marido continúa hasta la próxima salida.

Creo que mi marido se equivocó en el orden, por intentar protegerme ante mi claustrofobia, me colocó en medio, pero eso me provocó más ansiedad al no poder llevar el ritmo del funcionario, se me cuajó la mente y el cuerpo. Si hubiera ido la última, detrás de mi marido, creo que hubiera podido aguantar porque como siempre, él hubiera tirado de mí y yo le sigo ciegamente, en este caso nunca mejor dicho. 

Aunque lo más importante es que entramos solos, con más gente la cosa hubiera sido peor de lo que fue, si hacia atrás o hacia delante hay una multitud creo que no hubiera podido ni entrar y si lo hubiera hecho hasta hubiera podido dar el espectáculo como me toca darlo de vez en cuando en los ascensores…no es que quiera es que no puedo.

Este túnel está acondicionado para los turistas, es más amplio que los que utilizaban en la guerra, para que más o menos todos puedan entrar, hay otros que son tal y como eran y que bajo petición y con un guía colaborador se visitan, aparte de ser un turista sin claustrofobia ni miedo para entrar en ellos. 

A pesar de todo me siento feliz e incluso orgullosa por no haber dejado pasar la oportunidad de entrar, que no las tenía todas conmigo, por lo menos fui capaz de intentarlo aunque luego saliera corriendo de allí. Al que no le falta la respiración ante estas situaciones le parecerá gracioso, pero para el que de repente no se acuerda ni cómo funcionan las piernas ni los pulmones es sencillamente miedo.

Como hay otras entradas y salidas, aprovechamos para hacer la "foto trampa", ya con mi sonrisa nuevamente en mi cara.


No me puedo imaginar la vida allí dentro durante años.

Para no dar pistas de la ubicación exacta, las salidas de humo de las cocinas se alejaban de las cámaras principales (si es que pensaban en todo).

 
Una colección de bombas, que cuesta creer que cayendo toneladas de estas sobre los túneles estos aguantaran.

 
De camino hacia la salida hay una tienda de souvenirs, donde compramos una bala convertida en mechero, que lógicamente no puede ser una bala de la guerra pero es curioso. Desde aquí se escuchan perfectamente los tiros en el campo que hay destinado para esto, donde se pueden disparar armas como un M-16 o un AK-47, aunque a mí esto no me apetece demasiado, ver las armas puede ser curioso e interesante pero dispararlas ya no tanto, y a mi marido tampoco le llama la atención. 

Salimos de Cu Chi con una sensación casi de guerrilleros, valorando mucho más la lucha del pueblo vietnamita y la libertad.

2 de febrero de 2011

Vietnam - My Tho - Pagoda de Vinh Trang

Bonne nuit Saigón


Salimos de Can Tho por la carretera y paramos en My Tho, a unos 70 km de Saigón,  que posee el puerto con mayor tráfico del delta y desde el que hay una vía de comunicación (acuática por supuesto) con Camboya.

La parada es para visitar la pagoda de Vinh Trang, una de las visitas que Tram no tenía programadas pero que estaban incluidas en el tour y que nos da tiempo a hacerla afortunadamente. Es la pagoda más grande del sur del país, fue construida en 1848 y por supuesto tiene tres (ya echabais de menos el número) puertas de entrada al patio.


En los jardines la estatua del Buda del futuro.


En la mano tengo un dulce de arroz con una judía dentro, envuelto en una hoja de plátano. Y es que con esta visita le hemos trastocado los planes a Tram, que tiene hambre, así que nos invita de nuevo, y como a todo le decimos que sí la hacemos hasta feliz por nuestra manera de agradecer sus detalles y su comida típica. 

También se encuentra el Buda del presente, pero solo lo pillamos desde el coche cuando salíamos, que se puso a llover y a nuestra guía no le gusta la lluvia y nos metió corriendo al coche, aparte de por el hambre que llevaba claro.  


Con tanto Buda no podía faltar el histórico, que este parece ser que tiene que ser con el pelo negro siempre.

 
Es la pagoda más occidental de las que hemos visitado, aunque también tiene un aire palaciego en su fachada decorada con mosaicos (siento la farola pero así era el único modo de que saliera entero el frontal y las prisas no son buenas ayudantes para la fotografía).


En su interior ya no hay los típicos patios que hemos viendo hasta ahora, ahora son más parecidos a nuestros conocidos claustros. Este es el más onamentado, más adecuado a un palacio, hay otro más sencillo, adecuado para un monasterio sin grandes pretensiones.

 
Uno de los altares está dedicado a uno de los monjes que residió aquí, ahora la pagoda alberga también una Escuela de Budismo.

En otro altar lo que destaca es el halo con luces de neón que le han colocado al Buda (no estaban en Catedral de Notre Dame en Saigón pero aquí sí). Queda diferente, original, transgresor y simpático este dellate.


De nuevo vuelve a asombrarnos el trabajo de la madera, y descubrimos que a nuestra guía lo que más le gusta son las grullas, y grulla que ve grulla sobre la que nos llama la atención, y sobre todo sobre su pico.

En una sala hay un gran número de estatuas, de tamaño pequeño o mediano, principalmente en bronce, de budas o de arhats.


Es una pagoda muy utilizada por los budistas de la región, y en los altares, no en los principales de las figuras, hay una colección de urnas funerarias.

Por el patio de entrada hay estanques y tumbas de monjes, pero con la lluvia Tram no nos deja curiosear, aparte que de horario iremos justitos con esta visita no programada del todo. 

Próxima parada: comida, que ya es hora. Lo hacemos en el lugar donde ayer hicimos la parada a la ida hacia Can Tho. El restaurante tiene varios apartados en cabañas y a nosotros nos toca la del fondo del todo al lado de un estanque de lotos.

Este es nuestro menú:

 
La música que nos acompaña es la del diluvio, porque lo que caía no era lluvia, era agua a raudales.



Para empezar ensalada de pomelo con pollo, como el pomelo no es tan ácido como lo conocemos me lo como tan ricamente.


Las divertidas y pegajosas bolas de arroz, que se quedaban pegadas al plato y al paladar, pero que estaban buenas.


Calamares en forma de flor, una bonita presentación aunque difícil de coger con los palillos y demasiado duros para masticarlos.


Unas brochetas de ternera, el pescado algo marinado en salsa y luego frito, unas gambas estilo chino y el arroz que sería como un tres delicias.


Un exceso de comida, imposible terminar con todo y no reventar, aunque esta comida siempre llena mucho y luego se digiere rápido. Durante la comida hemos tenido de vecinos a unos americanos con su guía, y al igual que nosotros están fotografiando la comida, que es más o menos la misma, ellos con el pez de oreja de elefante, y como se les pasó hacerle la foto a las pegajosas bolas de arroz cuando las vio sobre nuestra mesa nos pidió permiso para hacérsela. Turistas unidos por la comida y sus sorpresas. 

De nuevo al coche, después de haber pasado por la tienda de regalos, para volver a Saigón. En los pueblos que atravesamos la imagen de un vendedor con asustamoscas, aunque la verdad es que no hemos visto casi ninguna a pesar del calor, y es que siempre hay imágenes que capturar con los ojos y la cámara. 

 
Y una colección de hornillos, donde creo que están haciendo tortitas, banh xheo.

 
Las motos no se detienen ante la lluvia, todos llevan chubasqueros guardados y los utilizan de un modo muy divertido, sobre todo para el que va de paquete o incluso peligrosa cuando tapan al conductor.

Se paran en los arcenes y principalmente montan un atasco debajo de los puentes para colocarse los chubasqueros o las bolsas o cualquier cosa que les proteja del chaparrón.

 
Al llegar el hotel sigue el diluvio, con lo que solo subimos a la habitación a adecentarnos pero no salimos bajo la lluvia, además son casi las cinco y media, y a las seis suelen cerrar el acceso a pagodas y demás, caminar no tiene mucho sentido porque la ciudad tiene sus monumentos desperdigados, y por la hora ni los veríamos bien ni se fotografiarían bien bajo la lluvia torrencial.

Bajamos a la cafetería a tonificarnos, nos encontramos a Tram en recepción, ella va en moto y está esperando que pare un poco la lluvia para irse, la invitamos a tomarse algo con nosotros mientras espera pero se azara y declina el ofrecimiento, cada vez creo más que mezclarse con los clientes no les gusta o lo tienen prohibido, aunque Hieu sí que se dejó invitar en Hoi An. Aparte del tiempo de espera sin hacer nada para ella, también era nuestro modo de agradecerle todos sus detalles con nosotros.

Cuando para la lluvia nos damos un paseo por la comercial calle de Dong Khoi, que en época francesa se llamaba Rue Catinat, luego se llamó Libertad hasta el nombre de hoy que significa Alzamiento. Por supuesto yo sigo comprando, tienda que veo tienda que curioseo y sigo adquiriendo bajo la mirada asustadiza de mi marido, no por el dinero, porque no son compras costosas, sino porque las maletas ya van bastante llenas y no sabe donde meteremos todo.

Llegamos hasta el río Saigón, donde se encuentran barcazas restaurantes y fiesteras, por supuesto bien iluminadas y llamativas.

 
Subimos a la habitación para arreglarnos para la cena, yo he intentado tirar de mi marido para cenar en algún restaurante de Dong Khoi, pero él prefiere hacerlo en el hotel, anda algo más que cansado. 

De nuevo a comer, que esto lo hemos hecho de maravilla en este viaje. La nueva fruta es el maracuyá, la de los pipos con una especie de "crema" color naranja entre ellos, que se asemeja a una granada pero que no tiene nada que ver, ya la probé en Hué, en el hotel para desayunar, y es puro ácido.


Y a dormir que mañana madrugamos un poquito más, pero solo un poquito, por esos cambios de planes que hemos hecho.