27 de julio de 2018

Myanmar - Bagan - Myinkaba - Fábrica de lacados U Ba Nyein - New Bagan - Restaurante Pwint Mar Lar

Un trabajo minucioso

Con la visita del pequeño monasterio Myoe Taung Kyaung se terminan las visitas a templos por la mañana. Al sur de Old Bagan se sitúa la localidad de Myinkaba, famosa por la fabricación de artículos lacados, y una de estas fábricas y tiendas vamos a visitar (no todos quieren pasar por estos lugares, y si es obligatorio, cuanto más rápido se haga mejor, pero para nosotros siempre es bueno aprender un poco de todo, depende mucho de cómo lo cuenten o como lo quieres sentir; luego está si quieres comprar o no, que nadie te obliga). La fabricación de estos artículos lacados en Myanmar fue introducida por artesanos de Tailandia alrededor de 1500. 


La base del objeto se realiza con bambú; de la caña de esta planta se hacen varas y de ellas tiras finas que se moldean para realizar los objetos. Es tan fácil ver el objeto y no pensar en su interior, te quedas embelesad@ con sus bonitos colores. 




Si el bambú es rodeado en algunas partes con crin de caballo se obtiene un artículo muy flexible (increíblemente flexible). 



Una vez terminado el objeto, se le van aplicando capas de laca (la primera suele llevar ceniza de hueso de buey y recibe el nombre de thayo); estas capas pueden ser de siete a catorce, por supuesto que cuantas más capas mejor es el acabado, y también por supuesto mayor su precio. Esta fase puede tardar unos seis meses, ya que se le aplica una capa, se deja secar durante días, luego se lava, se suaviza con un cepillo o se lija con carbón vegetal, y así sucesivamente se le van aplicando capas de laca (e incluso combinadas con otros elementos como arcilla) y pulidos, hasta terminar puliendo con ceniza de madera de teca. El secado se suele realizar en habitaciones con humedad para que el lacado sea de buena calidad.

La laca se obtiene de la resina de un árbol, thit-si, cuyo color dependerá de la estación del año en que se recoge, siendo la de mejor calidad la recogida en verano, de color pajizo y muy pegajosa, que al exponerse al aire se vuelve negro (se pueden aplicar pigmentos para obtener colores); posiblemente sea algo tóxica. Con la laca se consigue un acabado resistente, incluso al agua (los vasos por ejemplo se pueden meter en el lavavajillas). 


Luego se aplican los colores, laca con colores -normalmente se utilizan ocre, azul, verde, rojo y amarillo- y finalmente se trabaja con un buril para realizar dibujos. El resultado es este caso es un bonito cuenco lacado.


Normalmente la elaboración básica del artículo la realizan los hombres (el trabajo con el bambú), y el trabajo de pintura lo hacen las mujeres, aunque en este último también se puede ver a algún hombre. 




Al artículo también se le puede aplicar pan de oro (¡como no!), de modo que hay que ir dibujando, bañando y limpiando. 




Para lacar los muebles, normalmente de madera de teca, se tienen que aplicar 24 capas; y no me parece fácil quitar ese unte de los dedos. Con toda seguridad, si hubiera necesitado un baúl en casa, hubiera preguntado por el precio para que me lo enviaran a casa. 


Tras ver el proceso de elaboración se pasa a la tienda -esto forma parte de la visita, y depende exclusivamente de tí el tiempo que quieres pasar, y si quieres comprar o no-, donde los objetos están expuestos por su precio y capas de laca, pasando por las salas según ellos y se termina, si se quiere, en una sala especial donde se guardan los artículos de catorce capas, y yo no sé si fue sugestión o realmente nos dimos cuenta de la diferencia, pero cierto es que tenían un acabado más especial, un brillo más genuino (que también podían ser las luces). Lo que sí es cierto que compramos algunos productos y han llegado en perfecto estado, mientras que por un olvido compramos un artículo en una tienda de un templo, que seguramente tiene menos capas de laca y protección y por lo tanto es de menor calidad –incluso no será laca sino barniz-, y este ha llegado defectuoso, por lo que al final no ha podido ser regalado, que era su destino. 

Puede que el lacado sea un oficio a extinguir, ya que los jóvenes prefieren trabajar como guías, conductores, o en restaurantes u hoteles, que les reporta mejores salarios. En lugar de artículos de bambú serán de plástico barnizados burdamente, ya sabéis, Made in China. 

Hora de comer, para lo que nos dirigimos a la localidad de New Bagan (Bagan Nyothit), donde fueron desplazados forzosamente los habitantes de Old Bagan, y a unos 2 km al sur de Myinkaba. 


Es un amplio local donde no hay comensales, y creo recordar que no llegaron más durante nuestro paso. 



Sobre la mesa nos sirven un amplio surtido de platillos, y en los nuestros individuales la consabida ración de arroz. 


Curry de ternera, que estaba algo dura a pesar de parecer deshilachada y tierna. 


Curry de pescado, cuyo sabor me terminó de rematar el mal cuerpo que ya llevaba, no me pareció muy fresco (sensación propia) y al primer bocado sentí arcadas; con lo que se acabó mi comida. 


Curry de pollo. Creo que también había curry de cordero o cabra, pero yo no me atreví a probarlo, parecía tan reseco y tan duro, y además con mi cuerpo que a momentos se iba encontrando peor y peor.


Okra, también llamada ladyfingers o gombo, y rodajas de pepino. 


Sopa de hojas de tamarindo, con un caldo rico, pero con las hojas algo ácidas. 


Patatas guisadas sin acompañamiento, unas patatas tristes. 


Guiso de berenjenas con pimientos, lo que vendría a ser casi un pisto. 


La típica salsa picante para acompañar. 


Ni recuerdo lo que era ni me puedo aproximar a imaginar de de qué se trata; verduras seguro. 


Ensalada de brotes con salsa de cacahuete; muy ácidos los primeros, con mucho sabor a hierba. 


Huevos duros en salsa de curry; la sombra de la salmonelosis planeó sobre nuestras cabezas y sobre todo sobre nuestros estómagos occidentales, por lo que desistimos de probarlos. Creo que Myo comió demasiados y al día siguiente se encontraba mal...


Una verdura que no sé lo que es, parece calabaza. En esta comida no estuve muy atenta a la alimentación, mi cuerpo se revolucionaba segundo a segundo y solo me hidrataba a sorbos pequeños, y me comía el arroz por sus propiedades astringentes en previsión de males mayores.


Hace un calor tremendo en el local, hemos pasado muchísimo calor durante la mañana, hemos sufrido el sol sobre nuestros cuerpos y en nuestros pies, y me siento muy mal, estoy mareada, comienzo a tener arcadas que no me presagian nada nuevo, me preocupa que el vértigo que me acosa de vez en cuando haga acto de aparición. Dejo de comer, mi cara tiene que ser un poema, porque Myo se preocupa y pide una toallita húmeda a una de las camareras para refrescarme con ella, toallita que además Myo empapa de agua helada; yo me la paso por la cara, la nuca y las muñecas, como si se tratara de una posible insolación o un corte de digestión.

No voy a decir que comimos mal porque yo no probé casi bocado, y nos sirvieron un gran surtido de platos, que mis compañeros de mesa si degustaron; pero no ha sido el mejor restaurante en el que hemos estado, aunque también es cierto que el curry de pescado y la visión de los huevos duros en salsa terminaron de rematar el mal cuerpo que ya llevaba y nada me podía parecer bien.

Como en otros restaurantes, hoy también nos pasa que al dejar propina, la chica que nos cobró volvió a la mesa con el dinero que sobraba, la atención e incluso preocupación por mi estado les hizo merecedora de ella, está claro que no están acostumbrados a esta muestra de agradecimiento, que es lo que es. Lo único en comparación con otros restaurantes es que su precio fue mayor, independientemente del surtido de platillos, pero en Mandalay también los tuvimos y no ascendió a tanto la factura, parece que aquí la comida de Myo no ha tenido descuento -los guías siempre tienen precios especiales- (le invitamos cuando come con nosotros, primero porque se está portando genial con nosotros, y también porque realmente no significa mucho para nosotros económicamente, y si tiene dietas para alimentación, que las ahorre) y que el precio es mayor por ser Bagan un lugar especialmente turístico.

Al salir del restaurante pido al chófer una botella de agua y me la tiro entera por la cabeza y el cuerpo, a ver si consigo entonarme y continuar las visitas; su cara fue de desconcierto total. El aire acondicionado del coche me ayuda un poco más, aunque solo falta que de un corte de digestión, o alimentos que me hayan sentado mal, pase a pillar un constipado...
 

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