7 de agosto de 2017

Costa Rica - Monteverde - Reserva Biológica Bosque Nuboso



Sin nada de nubes

Hoy a las 7 de la mañana tenemos la excursión, con lo que toca madrugar, para tener tiempo de desayunar con más o menos calma, pero con el bullicio de la cafetería del hotel no es tarea fácil encontrar esta calma. Viene a buscarnos al hotel Bernie, y en la minivan ya hay tres ingleses, y luego pasamos por otro hotel donde suben otra pareja de ingleses, parece que el idioma va a ser mayoritario y no precisamente el nuestro. Afortunadamente al llegar a la reserva nos separamos, y afortunadamente nosotros iremos solos con Bernie, ¡esto es un pleno total!

Vamos a pasear por la Reserva Biológica Bosque Nuboso de Monteverde, cuyo nombre ya es algo mágico, parece sacado de un cuento. La reserva comprende una selva que en la mayoría de las ocasiones está envuelta en una neblina, de la que por supuesto recibe el nombre, aunque hoy no es ese día, y nos hubiera gustado, por lo menos un momento, tener esa bruma mágica. Ocupa 105 km2, en los que encontrarse con bromelias, musgo, arroyos, helechos y fauna (esta siempre depende de la suerte y de estar en el momento apropiado). Está gestionada por el Centro Científico Tropical, y es de propiedad privada, ya que surgió por el empeño y el deseo de la comunidad local de preservar la zona. En teoría hay cupos de entrada, con lo que si se desea visitar por libre mejor llegar a hora temprana; en caso de hacerlo con guía (que creo que también se puede contratar allí directamente) ellos se encargan de gestionar la entrada y por tanto está asegurada. 

El paisaje de entrada es uno de los que más nos ha impactado, ese musgo que lo cubre casi todo, la humedad, lástima de la neblina que no esté presente para tener el ambiente completo, y es que en tiempos pasados el bosque solía estar cubierto por ella un 80%, pero por el cambio climático se va perdiendo, así que puede que tristemente la reserva pierde su coqueto apellido. 



En la reserva están señalizados los senderos para tener una mínima orientación, pero nosotros vamos despreocupados siguiendo los pasos de Bernie, que nos pregunta por nuestras inquietudes, a lo que contestamos que las tenemos todas, flora y fauna, todo aquello que nos quiera enseñar (verbal y visualmente) será bien recibido, nos gusta aprender y conocer. 
  

Bernie nos cuenta que, aunque pueda parecer increíble, Costa Rica sufrió una fuerte deforestación por la industria maderera, perdiendo gran parte de sus bosques, así que muchos de los que hoy podemos ver son bosques secundarios, regenerados poco a poco tras la paralización de esta industria en muchos de ellos. 


Para nuestra fortuna, y lo hemos echado en falta en las excursiones realizadas hasta el momento, Bernie va cargado con un telescopio terrestre, y gracias a ellos (humano y técnica) los animales están más a nuestro alcance; él los divisa como si no fueran nada, enfoca el telescopio y nos deja mirar. Luego por el objetivo del telescopio coloca el móvil para hacer fotografías. Gracias Bernie por tu saber y paciencia. 

Así podemos ver un bonito tucán verde o esmeralda. ¡Un tucán! ¡por fin un tucán!, y con él aprendemos el verbo perchado, es decir, posado. 


La vegetación sigue encontrando los rincones donde asentarse. 


En algunos momentos esta vegetación es una auténtica verja natural. 


En otras, parece que está tejida por una dulce ancianita con infinita paciencia; ya sé, la acción de los insectos, orugas u hormigas no tiene nada de romántico, pero es que parece que han realizado una labor de ganchillo en estas hojas. 


Volvamos a las flores un momento, una amapola de montaña, que es familia del cacao y del algodón, que además está indicada para curar las infecciones urinarias. 


Imágenes de la vegetación que nos ofrece sus mejores estampas. Todo nos parece precioso.



La mitad de un tronco vacío ha sido ocupada por el agua de lluvia, y en ella viven unos renacuajos hasta que terminen su crecimiento. La naturaleza en vivo. 



Por la forma parece el desarrollo de un helecho, por lo menos me recuerda a los que vimos en Nueva Zelanda. A mi me parece el mango de un bastón. 


Un caracol carnívoro, que con este nombre no apetece tocar ni acercarse, es como una película de terror en la que de repente el caracol abre la boca llena de dientes afilados…y...


Como en un cuento te asomas, con algo de respeto, al interior de un grandioso árbol. 



No todo son bonitas flores, grandes árboles, lindos pájaros, también hay otros animales que no me gustan nada pero que allí puestos tienen su puntito, como esta oruga cobijada de la lluvia bajo una hoja. 


Nosotros seguimos a Bernie y sus indicaciones, por lo que reflejar el recorrido que hicimos es imposible, pero sea como fuera nos llevó hasta tener la visión de una pequeña cascada. Lo mejor del momento es que a pesar del tráfico humano que había en la reserva, no estábamos todos concentrados en el mismo lugar y a la misma hora, por lo que disfrutamos de la cascada en tranquilidad.



Os presento a Bernie -un guía amante de la naturaleza, de su trabajo, de su país- en plena observación, buscando con su telescopio el ofrecernos una buena visión. 


Así nos enseña estas pequeñas y bonitas flores que reciben el nombre de labios de novia... aunque hay comentarios sobre la localización física corporal de los labios de esta novia. 


Bernie va atento a los sonidos, así puede intentar encontrar a los pájaros,  aunque en muchas ocasiones suenan por un lado y están en el contrario, un método defensivo. De esta manera nos presenta a una reinita cabecilistada


Un helecho nos serviría de refugio en caso de que se pusiera a llover. 


Bernie nos enseña a un colibrí en su nido, colibrí que no deja de moverse, como en vigilancia total, ya que debía estar incubando los huevos. 


Más adelante, Bernie se acerca a un árbol e ilumina su tronco con la luz del móvil, para luego pedirnos que nos acerquemos. 


Allí están unas mínimas bellas orquídeas lepantes, ¡espectacular!


Y en el suelo un milpiés, con cuatro patas en cada segmento, que son unos buenos colaboradores en la descomposición de las hojas y de la materia orgánica, de modo que la vida continúa. 


Por fin, nuestros ojos son bendecidos con la bonita visión de un perezoso, que ya no es una bola peludo en la lejanía, ahora es una auténtica bola peluda que se ve perfectamente. 

 
¡Espera! ¡No está solo! ¡Está con un bebé! La espera ha merecido la pena, y además Bernie está emocionado con la escena, que no es para menos. 


Emprendemos el camino de salida, pero Bernie comienza a correr, y nosotros detrás de él, por supuesto, que los animales no esperan para que los veas. Camuflada una serpiente lora venenosa, que es una preciosidad a pesar de su veneno hemotóxico, que no suelen producir la muerte.


También vimos algunos monos aulladores, pero más que verlos los oíamos, que estaban muy revolucionados. 

Salimos del bosque nuboso y Bernie nos deja en la cafetería, allí ya están los compañeros ingleses tomándose un café. El reclamo de este establecimiento son los bebederos para los pájaros, principalmente colibríes, bebedores que no están permitidos pero había al menos diez o quince, y no sólo paraban colibríes. 





Impresionante su infinito e incansable aleteo. 


Con este paseo por la reserva hemos disfrutado muchísimo, y nos hubiéramos quedado a pasar el día. Un mapa de los senderos de la reserva. 

 

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