1 de julio de 2014

Irlanda - Dublín - St Audoen's Church - St Audoen's Arch - Iveagh Market - Molly Malone - Afternoon Tea en Shelbourne Hotel

Cumpliendo con la tradición



Desde Christ Church Cathedral, caminando por calles desiertas, donde hasta llegamos a ver una jeringuilla en el suelo, aunque no parece un barrio conflictivo o marginal, sobre todo por su situación, llegamos hasta Tailor's Hall, en Back Lane, el único edificio gremial (utilizado por calceteros, talabarderos, cirujanos barberos y sastres) que se conserva en Dublín, construido en 1706, donde tuvieron lugar varias reuniones políticas, como la que tuvo lugar antes de la rebelión de 1798, cuando Wolfe Tone intervino en una reunión de los Irlandeses Unidos. El edificio es más histórico que bonito en su exterior y actualmente acoge la sede An Taisce (Patrimonio Nacional de Irlanda).
Desde Back Lane salimos a High St, donde se halla St Audoen's Church, la iglesia medieval más antigua de Dublín, declarada monumento nacional, que está cerrada, como todos los sitios por los que vamos pasando en este camino y a los que vamos volviendo siguiendo su horario de apertura o de visita. En esta ocasión la iglesia parece abrir solamente de mayo a octubre, con lo que por mucho que esperemos o demos vueltas no entraremos si no es asaltándola...¡Menudo día!    La calle principal en la que se sitúa la iglesia no es precisamente bonita ni acogedora, es muy ancha, y ya se notan los edificios más modernos. 

El lugar donde se emplaza sí es coqueto, con un pequeño jardín alrededor, verjas y fragmentos de murallas restauradas. La torre es anglonormanda del siglo XII y sus tres campanas datan de 1423.
En la parte de atrás de la iglesia se encuentra el St Audoen's Arch, la única puerta de la ciudad antigua que se conserva. Si que tiene su encanto llegar hasta él, y no por nada es especial, solo por el ambiente medieval que se siente durante el paseo. 

Sin lugar a dudas es el rincón más medieval de la ciudad. 

Al lado de esta coqueta y medieval iglesia se encuentra la católica del mismo santo, St Audoen, construida en la década de 1940. 

Como estábamos haciendo tiempo para que abrieran a las visitas tanto Christ Church Cathedral como Dublin Castle, nos acercamos hasta Iveagh Market, en Francis St, un antiguo mercado victoriano que está completamente abandonado, y es una pena, porque el edificio merece la pena una restauración, por lo menos en lo que vemos de su interesante aspecto exterior, otra cosa es su situación por dentro y el dinero que se necesite para una completa reforma. 
La zona en la que estamos posiblemente no sea la mejor por lejanía del centro turístico, pero viéndolo por fuera me imagino un mercado precioso por dentro, y es que imaginación no me debe falta, y además otras ciudades también tienen sus mercados clásicos alejados del centro y no por ello los turistas dejan de aparecer por allí, es más, suele ser un aliciente más, aparte de los propios ciudadanos que realizarían sus compras. 
Desde aquí emprendemos el camino hacia Christ Cathedral y luego a Dublin Castle para realizar las pertinentes visitas, tras las cuales volvemos hacia Temple Bar, que se puede hacer bordeando el río o por las calles internas por las que hemos venido. 
En el cruce de Nassau St con Grafton St nos encontramos con Molly Malone, una vendedora de pescado de la que se dice que murió a causa de unas fiebres y su fantasma recorre la ciudad. La escultura se erigió en 1988 para la celebración del milenio de la ciudad y se fijó el día 13 de junio como el día de Molly Malone (¡felicidades atrasadas Molly!). 

El apelativo de Molly por su "figura" y jugando con su apellido, Malone... es un chiste demasiado facilón, aunque parece que Molly es bastante respetada porque no está muy brilante por el sobeteo.
Una canción compuesta en su honor alrededor de 1880 por James Yorkston, es el himno extraoficial de la ciudad. Hay muchas versiones de la canción pero escuchémosla con las voces de The Dubliners. Una versión más calmada es en la bonita y dulce voz de Sinead O'Connor.

Son las 17 h, ya ha anochecido, estamos cerca del hotel y hace un frío tremendo, así que hacia allá que nos vamos, y nos pasamos al saloncito a tomar un afternoon tea como manda la tradición. 
Hay de todo: sándwiches, a cada cual más raro para nuestros paladares, el de salmón con un pan muy raro (no sé si este es el famoso soda bread), el de pepino con crema de queso (no me gusta la crema de queso), el de mostaza con pimienta (¿pero esto qué es?), uno normal de huevo y mayonesa (¡¡aleluya aleluya!!), cuatro inmensas magdalenas para untar con mantequilla y mermelada (sin comentarios respecto al aporte calórico), pastelitos varios, eclairs de nata (ya podrían haber sido de crema), un bizcocho amarmolado con chocolate (rico rico) y cuatro chupitos en copa de algo que no se definir (nata, toffee...). A pesar de esta descripción ¿se nota lo bien que me lo pasé?       


Nos tomamos y disfrutamos del afternoon tea con toda la parsimonia del mundo, nuestra mesa está al lado de la ventana y de la calefacción y se está de maravilla allí, y además la tetera da para tres o cuatro tazas, aunque el último ya está frío. Esta fue nuestra primera experiencia con un servicio de té, posteriormente lo hemos disfrutado en el Langham Hotel en Londres. 
Un poco de música para acompañar el té, a ritmo de buen jazz.
 
Cuando terminamos, con el estomágo bien lleno bien lleno salimos a dar una vuelta para refrescarnos un poco y que tanto exceso de azúcar no se quede aposentado en las posaderas o donde le plazca. Cotilleamos por algunas tiendas abiertas de regalos, por lo menos no es sólo caminar, vemos que unos grandes almacenes  en Grafton St están abiertos, Brown & Thomas, entramos a cotillear, y es como la milla de oro de Madrid (calle Serrano) concentrada en un edificio, todas las marcas hipermegapijas e hipermegacaras, cada vez que mirabas un precio se te salían los ojos de las órbitas, 300€, 400€, 600€...., y la mayor colección de zapatos de diseñadores, incluido Manolo, que yo haya visto nunca. Paseamos un poquito más por las calles y cuando estamos cansados y ateridos de frio volvemos al hotel que si la tarde ya estaba fría la noche pintaba heladora. 
No es necesario un mapa del recorrido porque el camino es parte de lo que hemos ido viendo en otros mapas, así que solo el de situación de los lugares mencionados. 
 

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