2 de octubre de 2012

Corea del Sur - Seúl - Cheongwadae - Cheongwadae Sarangchae - Templo Jogyesa



Farolillos “zen o no zen”

Tras la visita al Palacio de Changdeokgung y de su Jardín Secreto a la salida nos espera Kim, nuestro chófer, y hoy echamos de menos las atenciones que recibíamos en Vietnam y Camboya, que nos esperaban con toallitas frías para secarnos el sudor y refrescarnos y botellas de agua para saciar la sed.

Nos dirigimos a la parte trasera, en el norte, del palacio Gyeongbokgung (la estación más cercana es Gyeongbokgung), para encontrarnos primero con la Fuente del Fénix, enmarcada por el monte Bugaksan. 



En esta zona se encuentra la residencia oficial del Presidente de la República, por lo que el acceso está custodiado y prohibido. No, no es la casa que se ve en primer plano, esta es Yeongbingwan, un hall de recepción, es el tejado verde-azul que asoma con timidez por detrás, de ahí su nombre, Cheongwadae, “la casa del tejado azul”, tejado que se compone de más de 150.000 azulejos. 


Se puede pasear por la acera de enfrente, llegando a un “punto Kodak” desde el que tomar la fotografía de la casa y el tejado, pero nosotros desistimos de hacerlo, no nos pareció sumamente atractivo.

Las medidas de seguridad tienen su lógica, y no sólo por tratarse del presidente, sino porque el 21 de enero de 1968 un grupo de comandos norcoreanos fue descubierto a escasos 500 m de la casa presidencial, donde residía en aquel momento Park Chung-hee, y el objetivo no era otro que asesinarle. 

En lugar de tener la visión completa de Cheongwadae entramos en el cercano Cheongwadae Sarangchae, un centro de exposiciones sobre la historia de Seúl y de Corea.
Las fotografías de los parques nacionales del país son espectaculares, dan ganas de coger una mochila y ponerse a andar por todos y cada uno de ellos. 

Hay una mención a la famosa hallyu, la ola coreana, al fin y al cabo es una de las razones por la que Corea se ha hecho conocer más en Asia y seguramente una más de las razones para visitar el país por el turismo asiático.


Como hay una buena foto del cambio de guardia en el Palacio de Gyeongbokgung hacemos la foto de la foto por si no tuviéramos la oportunidad de verlo en directo y registrarlo. Lo normal era ponerse al lado del primer guardia para hacerse la foto como si se estuviera allí, pero mejor ver la foto de la foto sin turista.


La visita es interesante sin llegar a ser necesaria e imprescindible, pero fue un buen lugar para el desahogo fisiológico, que después de tanta agua en la visita del Palacio de Changdeokgung las tuberías estaban a punto de reventar. 

En coche llegamos al distrito de Jong-no, en el corazón de la ciudad, aunque esta ciudad tiene un corazón bastante grande o muchos corazones. 


Visitamos el Templo Jogyesa (entrada gratuita; estaciones Anguk, Jonggak o Gwanghwamun), sede de la mayor secta budista coreana, llamada Jogye, que enfatiza en la meditación zen y a la que pertenece el Templo Bongeunsa. En diciembre de 1998 varios monjes lo ocuparon por una lucha de poder entre facciones de la orden (en todas partes cuecen las mismas habas, aunque se trate de monjes). 

El budismo se introdujo en Corea en el año 372, convirtiéndose desde entonces en uno de los pilares fundamentales de la cultura y la filosofía. Con la llegada de la dinastía Joseon se sustituyó el budismo por el confucionismo como ideología oficial, y los budistas, que fueron incluso perseguidos, encontraron refugio en las regiones montañosas, donde se encuentran la mayor parte de los templos, lo que les da doble o triple valor: paisajístico, arquitectónico y espiritual.

Este templo es atípico por encontrarse en el centro de Seúl, porque como he mencionado la mayoría se encuentran en la montaña y también es atípico por tener sólo una puerta de acceso, ya que si en Japón era los toriis a modo de puertas, aquí lo hacen puertas propiamente dichas y  normalmente bien grandes, decoradas y protegidas. 


Frente al templo hay una explanada bastante amplia cubierta con unos toldos muy coloridos, que en la festividad del nacimiento de Buda se llena de farolillos y linternas iluminadas, razón por la cual esta festividad se llama la Fiesta de las Linternas. 

En el suelo del patio, bajo los toldos, hay marcado un camino, una especie de laberinto fijo con salida, en el que los fieles deambulan rezando, orando, pidiendo, meditando...no sé, Sonia no es budista y no me lo pudo explicar y yo no he encontrado la explicación a este camino ¿del nirvana?. 


En el patio también hay una pagoda de siete pisos, construida en 1930, donde se encuentran enterradas las cenizas de Buda, que fueron traídas en 1914 por un monje cingalés (cenizas o restos de Buda hay repartidos por todo el país, y supongo que en China y en India también habrá, con lo que creo que pueden salir más Budas de lo inimaginable si se unen todas). 



Una estela funeraria sobre una tortuga con cabeza de dragón en honor a un monje de la secta, a razón de su tamaño el monje tiene que ser muy importante. 


No falta el pabellón de la campana, que no está sola, está acompañada de un tambor, de un pez de madera y tenía que haber una nube, pero nuevamente brilla por su ausencia como en el Templo Bongeunsa



El exterior del templo está profusamente decorado, no sólo con los típicos colores dancheong, sino con pinturas alusivas al nacimiento y vida de Buda. 



En los travesaños horizontales superiores se puede ver una sucesión de imágenes de Buda. 


En el interior, el techo es una fiesta de farolillos de gran colorido, por lo que una visita al anochecer, si las puertas están abiertas para todos, debe proporcionar una bonita visión y unas bonitas fotos. 


Los farolillos son ofrendas de los fieles, peticiones a Buda, con lo que cada uno de ellos está identificado con el nombre del donante. 


En el altar tres imágenes doradas de Buda, y por mucho que he abierto mi mente no he sido capaz de recordar la función de cada uno; ya en Vietnam tuve mis líos con los Budas del Futuro, del Presente y del Pasado, pero ahora que todos tienen el pelo negro ya me pierdo con la posición de las manos, aunque después de ver Budas a todas horas me desconecté de sus poderes y me concentré en la estética.


El templo Jogyesa es más importante que el de Bongeunsa, e incluso su decoración es más llamativa, más impactante en el exterior y en el interior, pero el segundo tiene la tranquilidad de no llegar los turistas, la tranquilidad de las oraciones y el entorno de la ladera de la montaña.



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