25 de abril de 2016

Uzbekistán - Khiva - Madraza Kutluq Murad Inaq - Madraza Allah Kuli Khan - Mezquita Ak - Hamam Anusha Khan


Juego de madrazas

Desde el palacio Tash Hauli caminamos hasta la terraza donde se alza la madraza Kutluq Murad Inaq, donde han colocado un tenderete para fotos infantiles o para fotos románticas de parejas.


Bajo la terraza hay instaladas tiendas y talleres, y entramos a uno donde trabajan el metal.




La madraza fue construida entre 1804 y 1812, y los minaretes a ambos lados están labrados en su totalidad y no solo en su parte superior, lo que la diferencia de otras madrazas. Kutluq Murad Inaq era consejero (la palabra Inaq hace referencia a este título) y era tío de Allah Kuli Khan. En la actualidad la madraza aloja un museo de arte.



Kutluq Murad Inaq quería ser enterrado en la madraza, pero murió fuera de las murallas de la ciudad y una costumbre local dictaba que los muertos fuera de la muralla no podrían ser enterrados en el interior. En el momento de su muerte, los muros del este de la muralla, junto a la madraza, estaban caídos y técnicamente podía considerarse que el muerto no estaba fuera de la muralla, así que transportaron el cuerpo y fue enterrado no dentro de la madraza, pero si en la terraza de la misma, y jugando con el filo de la ley no se incumplieron las leyes locales. 


Frente a esta madraza, la madraza de Allah Kuli Khan, construida en 1834-1835, de la que dicen que es una de las más hermosas de la ciudad, que contenía una importante biblioteca y que en la actualidad aloja un restaurante y un pequeño museo de naturaleza. 




Frente a ambas madrazas, la blanca mezquita Ak, construida en 1657 por Anush Khan, ahora ocupada por una tienda de alfombras. 



Salimos de Itchan Qala por la puerta Polvon Darvoza. 


Pasamos junto a las cúpulas bóvedas del hamam Anusha Khan, construido en 1664, cuya parte interna en ladrillo rojizo, junto a la puerta, no es nada llamativo y pasa desapercibido a no ser que se quiera disfrutar de la experiencia de un baño turco y se vaya buscando expresamente.


Momento de una historia o leyenda. Abulgazi Khan solo tenía hijos y cuando nació el noveno, confesó que le gustaría tener una hija. Al nacer el décimo, se le dijo que era una niña, que recibió el nombre de Anousha, el de su concubina favorita. Años después, Abulgazi Khan fue hecho prisionero por el emir de Bukhara, pero sus hijos mayores no tenían prisa por ir a liberarle, y sólo Anousha fue a Bukhara. El emir le preguntó ¿Cómo con nueve varones viene la hija a ayudarle?, a lo que Anousha respondió, promete que si te sorprendo le pondrás en libertad y nos dejarás ir. El emir acepto, Anousha se desnudó y el emir comprobó que era un varón, tras lo cual cumplió su promesa. Abulgazi ordenó construir una mezquita y el hamam en honor a su hijo. 


Bordeamos las murallas de Itchan Qala por el exterior.


Hasta llegar a la puerta Tosh Darvoza. Hoy nos fijamos en las murallas que rodeaban la ciudad exterior, Dishon Qala, aunque solo se trata de una mínima parte, que está siendo reconstruida (desconozco los planes totales), murallas en las que hay una puerta.



La comida hoy la realizaremos en el hotel, y desde que Oyott nos lo comentó no me apetecía nada, un pálpito podríamos decir, supongo que condicionada por ese desayuno sin pena ni gloria (tampoco esperábamos el buffet del Ritz, y de supervivencia no estaba mal). La ventaja es que comiendo en el hotel, podríamos descansar o hacer uso de la piscina hasta que el sol fuera más condescendiente y poder salir a dar un paseo por la ciudad, por lo que admitimos la opción, aunque sin gran convencimiento.

El milagro del rico pan en la mesa. 


Cerveza nacional.


Ensalada de berenjena, pimiento rojo, zanahoria y una hierba que no era cilantro; dados de remolacha encurtida (¡con guisantes!); ensalada de pepino, tomate, cebolla y dados de queso (esto es una novedad), con esa hierba que no recuerdo ni reconozco; y algo así como una ensaladilla española-rusa-uzbeca, con unas patatas fritas y pepinillos, pero no recuerdo más porque solo la probamos, no nos dio ninguna confianza que estuviera en la mesa cuando llegáramos, por mucho que Oyott siempre llamaba antes para avisar que estábamos en camino a todos los restaurantes, y su aspecto tampoco era muy saludable. 

 



Sopa con patata, zanahoria y un trozo de carne. 


Dos tortitas o crêpes finas rellenas de carne picada, arroz blanco (sin nada aderezante) y unas patatas fritas realmente terribles, con una gota de ketchup para mojar. 


De postre, fruta, pero variamos del melón y la sandía, tenemos manzanas, fresquillas y uvas. 


Terminada la comida, descansamos algo en la habitación, pero yo rápidamente desaparezco en la piscina, no me apetece entrar en coma de siesta y sería lo que al final me pasaría; y mi pareja no se encuentra bien, una indisposición estomacal a la que parecíamos inmunes, pero que finalmente a él le ha llegado (echar la culpa a algún alimento o preparación o restaurante sería una barbaridad, supongo que se juntaría un poco de todo, acompañado de esa ola de calor y esa ola de aire acondicionado, todo hace un buen caldo de cultivo).

22 de abril de 2016

Uzbekistán - Khiva - Palacio Tash Hauli


La vida en azul de los kanes

Tras la visita a la bonita, coqueta e impresionante mezquita Juma, caminamos hacia el norte, pasando junto a la madraza Mohammed Amin Inak, construida en 1765, que creo que estaban rehabilitando. 



La calle que discurre entre la madraza Kutluq Murad Inaq y el palacio Tash Hauli ofrece uno de esos rincones tan sencillos y al tiempo tan evocadores: los muros, la calzada, la soledad, todo es propicio para desatar la imaginación. Al fondo asoma un minarete de la madraza Allah Kuli Khan. 


Giramos a la izquierda, donde se encuentra una de las entradas al palacio Tash Hauli (Tosh Hovli), que significa “casa de piedra”, construido entre 1832 y 1841 por orden del kan Allah Kuli, kan que recibió el nombre de “kan constructor”, que quería una alternativa más espléndida que la sencilla fortaleza Kunha Ark. Allah Kuli también ordenó ejecutar al arquitecto, ya que no terminó la obra en el plazo de dos años. 


El palacio constaba de nueve patios y 150 habitaciones, incluyendo un harén y una zona de recepción. Aquí vivía el kan con sus mujeres y concubinas, los herederos lo hacían hasta los 12 años, edad en la que eran enviados a madrazas para ser educados.

Se entra a un patio en ladrillo, con varias puertas a su alrededor; cruzando una de estas puertas se encuentra el carruaje del kan, un regalo del zar, cuyo detalle más significativo es que tenía amortiguadores, de agradecer en esas calles empedradas.


Salimos a otro patio, y es que como cualquier otro palacio uzbeco este es un laberinto de pasillos y patios. Las puertas entre pasillos y las de acceso a patios no son especialmente altas, más bien son pequeñas, y lo dice alguien que mide lo que mide, metro y medio (y bajando, que la edad encoge). Entramos en un nuevo pasillo, donde surgen dos habitaciones, una de ellas era la utilizada por el administrador del palacio, que era el encargado de conceder los permisos de entrada al palacio. 



Finalmente salimos a otro patio, lugar donde se celebraban las recepciones, y donde hay una base de ladrillos para colocar la yurta real. 



La construcción principal del patio es el iwán exterior, una impresionante terraza lujosamente decorada, que no está restaurada completamente, como no lo está el patio, y ni falta que le hace para brillar como lo hace. 


Sus azulejos, su columna de madera labrada, sus techos labrados y coloridos, todo destila lujo y elegancia. 




Las paredes del patio están parcialmente forradas en azulejos, faltan algunos trozos bastante grandes, pero no pierde ni un ápice de su belleza. En el piso superior hay balcones con barandillas de madera labradas y sus techos de madera son policromados. En Khiva definitivamente el tiempo no parece correr, porque en este patio no dejas de mirar hacia todos los lados, intentando captar detalles, o sencillamente dejándote embriagar por la atmósfera de cuento.






Volvemos a entrar al lío de pasillos, en los que aprovechan para exhibir piezas de todo tipo: ruedas de molino, columnas... Creo que este es el llamado pasillo del kan, del que se cuenta que salía a la ciudad camuflado para hablar con sus ciudadanos y conocer sus necesidades e impresiones (no sé, no sé, más bien sería como Alfonso XII que se escapaba para sus correrías del Palacio de Oriente). 



Al ir con Oyott nos confiamos a su conocimiento del palacio, ya que ante la falta de plano o de flechas que indiquen el camino, la única manera de visitarlo sería entrar por una puerta y llegar hasta el final, tras lo cual habría que volver hacia atrás si alguna puerta de las abiertas hubiera quedado pendiente por explorar (casi como un juego). También desconozco si Oyott se saltó alguna sala visitable en lo que él considerara no necesario pasar por ella, ya que yo iba despreocupada, disfrutando y no contando puertas. 


Salimos a otro patio, igualmente decorado en azulejos blancos y azules, en el que hay dos bases de yurtas. Aquí se encontraban las habitaciones reales, y su distribución es similar a la del patio anterior,  con balcones en la segunda planta.


También hay un iwán ricamente decorado en azulejos y madera labrada. 




Por un pasillo salimos de nuevo al patio por el que entramos, que así dicho al final no parece tan laberíntico, pero el recuerdo es el recuerdo. 


Salimos del palacio. 



Pasamos junto a la espléndida puerta del caravanserai Allah Kuli Khan, caravasar construido entre 1832 y 1833 ante el aumento del tráfico comercial de Khiva con Bukhara, Persia y Rusia. Sus puertas están cerradas, con lo que parece que no es visitable porque la hora si es acorde. Oyott nos comenta que ya tendremos tiempo en otra ciudad de ver uno, y es que estar en la Ruta de la Seda y no ver una de estas construcciones no parece lógico. Los caravasares hacían la función de posada, almacén y mercado, teniendo lugares para el descanso de los animales de carga. Al lado se construyó un tim, un edificio cubierto con cúpulas para el comercio, que tenía dos puertas. 


Llegamos hasta otra puerta que da de nuevo acceso al palacio Tash Hauli. 


Esta puerta da entrada al harén, el único al que tendremos acceso en Uzbekistán, y será el segundo que conozcamos en el mundo, el primero fue el del Palacio Topkapi en Estambul. 



Según se entra, a nuestra izquierda hay cinco iwanes de cinco dormitorios: el primero, más alto, el del rey, los siguientes de sus mujeres; en el segundo nació el heredero, y la base de la columna tiene labrado unos mihrabs. El rey entraba por la puerta trasera de los dormitorios, cuando hacia su elección de la esposa “afortunada”. 


El bonito iwán del kan. 



Desde el iwán se accede al dormitorio del kan, que en fotografía sale todo más verdoso de lo que es en realidad. 


Detalles de los iwanes de las esposas del kan, todos diferentes, de izquierda a derecha a continuación del iwán del kan.






El lado derecho del patio está ocupado por los dormitorios de las concubinas, de los funcionarios y de los familiares del kan, con balcones en la parte superior. 



Al fondo del patio, haciendo esquina con el último iwán de las esposas, los aposentos de la madre del kan, que era la que mandaba en el harén (la que dirigía el cotarro). 


En estos aposentos se ha instalado un museo de artesanía, donde se exhiben nuevamente cerámica, orfebrería, textiles… y por supuesto no faltan las columnas labradas (¡que de cientos en el país!), instrumentos de trabajo, además de una interesante colección de fotografías. 



Una maravillosa visita es entrar en este bonito palacio.