13 de noviembre de 2014

Canadá - Saint Félicien - Zoo sauvage (2/2)


Animales del mundo

Terminado el viaje en el tren por el zoo tenemos tiempo libre para dar una vuelta a pie por el zoo de Saint Félicien al estilo clásico, con recintos para animales no tan en libertad, aunque intentan recrear su hábitat y dejarles espacio (la intención es lo que cuenta, pero seamos sinceros por mucho que nos guste disfrutar de la visión de animales, un zoo no es el mejor lugar para ellos, por muy mucho espacio y muchos cuidados que tengan, pero es el mejor medio de conocerles, si se dejan claro). 

Comencemos el desfile animalario.

Conocemos al muflón de América, que bien podía ser una fotografía de la Sierra de Gredos. 



Los osos grizzlies están amodorrados por el día de calor que estamos padeciendo. 



Escondido pero expectante vemos al lobo gris


El muflón de Dall, cuyo pelaje es blanco, con lo que es fácil diferenciarlo de los demás tipos de carneros o muflones. 


La  elegante grulla de Canadá, con cresta roja y ligero color blanco en sus mejillas. La mirada no me parece precisamente amistosa. 



La grulla japonesa o grulla de Manchuria, cuya fragilidad la hacen parecer un origami con movimiento, que también tiene un porte elegante como la canadiense. 


Macaco japonés o macaco de cara roja, famosos por los baños de aguas termales que se dan en pleno invierno, con temperaturas de hasta -15ºC, en Nagano; aguas en las que los humanos, por supuesto, no son bien recibidos. 


Los tigres de Siberia (de bonito sobrenombre tigre del amor) nos deleitan con sus juegos con un bidón de plástico azul, al que terminan haciendo pedazos entre sus garras y sus dientes en cuestión de segundos -muchos bidones tienen que tener para entretenerles-. 




También hay lugar y tiempo para la diversión en un puente colgante, en el que por supuesto todos juegan a que se mueva de lo lindo. 


El entorno natural acompaña para el paseo, para pasar un día de relax a la vez que interesante; con el calor daban ganas de darse un buen chapuzón.


Uno de los animales con show propio en el zoo es el oso polar



La gente ha tomado posiciones para disfrutar del espectáculo del oso, ya que le dan la comida, y realmente es un artista que nos deleita con su natación -él si se puede dar un chapuzón-, sus poses en el agua, sus entradas y salidas. La mejor opción es tomar sitio y esperar más de media hora a que comience el show para tener una buena visión, pero no lo hicimos así para aprovechar el tiempo y las fotografías no reflejan todo aquello que el oso nos ofreció para capturar su comida. 

Parecía amigable y juguetón pero no es un osito de peluche como nos gustaría, y hay que tener mucho cuidado con él, es uno de los carnívoros depredadores más agresivos.


Al lado del oso polar, una pareja de focas, juguetonas y amorosas. 


En la zona llamada del bosque mixto se puede ver al  aparentemente simpático mapache, que parece que no es tan simpático si te acercas. 


La natatoria nutria, siempre repeinada como si se hubiera untado con gomina a base de bien. 


La majestuosa águila americana o águila calva, que es uno de los símbolos estadounidenses más famosos y publicitados. 


El puercoespín, derrotado por el calor, que da la sensación de que ha sido atropellado y aplastado, tal cual en unos dibujos animados. 


Creo que se trata de un pequeño búho nival


Casi nos saltábamos uno de los animales famosos de Canadá, menos mal que nos encontramos con Ángel y le preguntamos por él, el trabajador incansable castor. Para poder verle han habilitado un túnel, así también se ve su casa y su magnífico y arduo trabajo.

El castor tiene la cola plana y le sirve de timón. Son buenos nadadores pero en tierra son bastante torpes al tener las patas palmeadas. Talan álamos y abedules porque se comen su corteza, pero no tocan las coníferas. Son presas fáciles de osos y lobos.

Los castores tienen que aumentar el nivel del agua, por eso realizan las presas con los troncos y ramas. La casa tiene una puerta de entrada y una puerta de salida. No duermen en humedad, lo hacen en seco. Sus casas son muy resistentes contra osos. 

Lo que no sabía es que la glándula del ano es utilizada para la elaboración de perfumes (como de la firma Chanel) por sus feromonas, cuyo uso sí conocía pero no que del castor se utilizaban.

El cazador del castor golpea el hielo para hacer eco, cuando el castor sale del agua cae en sus trampas (y así cientos de años para realizar esos gorros de castor tan demandados en Europa, y una de las razones para crear The Hudson's Bay Company). 


Creo que se trata de la serpiente de Gopher, cuyo hábitat es el medio oeste estadounidense, y que imita a una serpiente de cascabel para defenderse de sus enemigos. En una pelicula de vaqueros habría decenas de ellas, rodeando la bolsa del dinero robado en un banco...¡Ssssssssshhhhhhh!


Hacemos un alto en el paseo para comer, una mala comida, pero aprovechamos que es temprano para intentar evitarnos las grandes colas que suponemos puede haber por la afluencia de visitantes en el zoo. Un trozo de mala pizza, un perrito caliente malo malísimo, ambos acompañados de malas patatas fritas; lo mejor, una refrescante y fría bebida de manzana.

Todavía nos queda algo de tiempo antes de tener que volver al autobús para continuar viaje, por lo que pasamos por la zona de juegos infantiles, donde además hay un circuito de agua, por el que pasar para terminar completamente empapado, cosa que hago con gran placer, porque el día está siendo demasiado caluroso, los niños que estaban disfrutando allí aprovecharon para dirigir los chorros hacia mi persona con alevosía, pero con agradecimiento y sin resentimiento de mi parte. 


¡Sonríe!, un pequeño ¡alce!, que se asomaba en busca de algo que masticar en la zona de la pequeña granja. Bueno, pues por lo menos hemos visto uno aunque sea pequeño, que menos es nada, ahora con el photoshop le colocamos sus cuernos y ya está. 


Pasada la zona infantil se llega a la zona de Mongolia, decorada con una buena ambientación. 


De nuevo una elegante grulla, en este caso se trata de la grulla damisela, un nombre muy apropiado, que se diferencia de la canadiense en sus colores, la damisela en gris, negro y blanco.


Es un caballo salvaje mongol que casi se extinguió a mediados del siglo XX, caballo de Przewalski. Son más pequeños que los demás caballos, lo que a pesar del adjetivo salvaje le hace parecer más accesible (sobre todo para las de mi tamaño; un caballo casi a medida). 


Para dar más ambiente a esta zona de Mongolia, una yurta típica de la estepa de Asia Central, la casa o tienda de campaña utilizada por los nómadas, que en documentales se ve su montaje y es increíble cómo la levantan y desmontan. Una compañera de viaje ha tenido la fortuna de viajar a este magnífico y misterioso país, montar por las praderas en caballos, dormir en una yurta...me parece una gran aventura.


No podían faltar en esta zona los clásicos yaks, un bóvido de gran pelaje. 



Estando en el desierto mongol tampoco faltaba el camello asiático o bactriano, también en peligro de extinción (por obra y arte de los llamados humanos civilizados). 
 



Por último, el yanghir o cabra sibírica (nombres los dos que con toda seguridad olvidaré); con cuernos empezamos y con cuernos terminamos. 


Hemos terminado nuestro día de exploración por el mundo animal, con una fortuna a medias pero sin duda ha resultado una visita interesante, muy pensada para el disfrute de los niños y de los mayores con alma de niño. 



11 de noviembre de 2014

Canadá - Saint Félicien - Zoo Sauvage (1/2)


Un tren en el zoo 

Desde Roberval tomamos la carretera 169, que bordea más o menos el gran lago que seguimos sin ver, el Lac St Jean, y llegamos a la localidad de Saint Félicien, donde se encuentra el hotel originariamente contratado; a vista de google y a vista humana, Saint Félicien parece tener más vida que Roberval, aunque el hotel tampoco tenía una situación precisamente cercana al ya misterioso lago para nosotros, el lac Saint Jean


En Saint Félicien visitaremos su zoo (42 $), y lo primero es ver un bonito vídeo sobre la flora y fauna de la provincia de Québec, durante su proyección nos hicieron sentir las estaciones del año con viento, lluvia, nieve, simpático y logrado, además de tener unas preciosas imágenes de paisajes y animales. 
Nuestra visita comienza en un tren tipo jaula, porque una de las zonas del zoo, la más importante, tiene el hábitat más o menos natural para los animales, y así ellos están protegidos de nosotros (lo que me recuerda a la excursión a New York al barrio de Williamsburg en Brooklyn, donde se asienta la comunidad judía, nosotros en el autobús como animales para no molestar a las personas….). El recorrido es de unos siete kilómetros. 


Nuestro guía va sentado en la "locomotora" junto al conductor, y nos va instruyendo con un micrófono y altavoces en los vagones sobre los animales que vemos, la pena es que poco a poco su voz se va quedando apagada por el ruido del motor y por mucho que le gritamos ¡más alto!, él ni se enteraba, y nosotros tampoco de sus explicaciones.

Los primeros animales que nos encontramos son los ciervos de Virginia, cuya cola está ribeteada en color blanco, parece un pincel. 


Los ciervos de Virginia están junto a una manada de wapitis, uapití o ciervo canadiense, de imponentes cuervos peludos. 



En Canadá, por lo menos en el este, son muy dados a las recreaciones, y en el zoo hay varias de ellas, como la de una típica granja, donde además hay actores vestidos con trajes de época representando hacer labores propias, como la colada, cuidar de los animales... 


Como por arte de magia, sin capacidad de reacción, ¡grizzly a las diez menos diez! Está disfrutando de un chapuzón, pero lo hace rápido, parece que le haya dado un ataque de timidez y se esconde entre la maleza casi sin poder disfrutar de su visión. 


Gracias a un compañero de viaje tenemos una fotografía mejor y más cercana del mítico grizzly. 

  
Cortesía de Manuel Dorado

Otra manada, ahora de bisontes, y aprendo que también se pueden llamar bisones, ya casi extintos desgraciadamente, el exceso de caza por su piel los ha llevado a casi desaparecer. De estos animales aprenderemos mucho más en otra visita, a una granja de bisontes, La Bissonière




Tampoco está muy dispuesto a dejarse ver y fotografiar el lobo gris, que es de un gris tan oscuro que es más negro que gris. 


Dentro del mundo de las recreaciones, ahora pasamos por una cabaña de leñadores, en las que pasaban de tres a cuatro meses al año, con colchones realizados con hojas de abeto. 


El tren pasa por el medio de las cabañas. 


Estos ojos confusos pueden creer que están viendo otro bisonte, pero realmente se trata de un buey almizclero, y una de sus diferencias es ese comienzo de cuerno achatado, como que le han hecho la raya en la peluquería.



La bonita oca canadiense, que es un ave migratoria. 



Ahora toca pasar por la recreación de un campamento de pieles, y la imaginación se desborda, tanto por la empalizada que lo rodea como por las construcciones que alberga; tenemos la sensación de estar en un fuerte americano de película. 



Por último por un campamento indígena, de los que en la realidad hubo mixtos, ya que los misioneros crearon algunos para proteger a la población indígena de los europeos avariciosos. ¡Silencio y acción!





El viaje en tren es tranquilo y lento, la lentitud es para poder ver los animales si ellos quieren, con un paisaje que incitaria a la calma si no fuera porque estamos pendientes de ver por dónde aparecen los benditos animales a saludarnos.

 
Revolución en el tren, ¡oso negro a la izquierda!, ¡maldición!, estamos sentado en el lado derecho. Aunque no se deja ver demasiado, no es que sea rápido pero sí que se oculta entre la maleza con prontitud. 


A lo lejos se divisa otro oso negro, al que no le molesta el tren ni los gritos de júbilo en su interior. Gracias al mismo buen compañero de viaje tenemos mejores y más cercanas fotografías del oso. 


Cortesía de Manuel Dorado

Haciendo cortonsionismo dentro del tren conseguimos obtener una fotografía propia del oso negro. 


Los animales que más vemos a nuestro fatídico lado derecho son los simpáticos y pequeños perritos de las praderas, que no dejan de corretear por el campo, de ponerse a dos patas para escudriñar el horizonte y quien sabe si para que les hagamos fotografías, los muy coquetos ellos. 



Estamos casi terminando de hacer el recorrido en el tren y estamos algo desilusionados por no haber disfrutado de los osos negros con mayor fortuna, así como de otros animales tan típicamente norteamericanos. 


Al final parece que un oso negro se apiada de estos turistas ansiosos y sale para casi despedirnos, posiblemente pensando tanta paz llevéis como nos dejáis.


También vimos alces, una manada muy alejada del tren, de la vista y del objetivo de la cámara, pero al menos estaban allí. Pero los que estaban acostumbrados al tren y a los humanos eran los ciervos y las wapitíes, que pululaban por sus zonas con total normalidad. 


El viaje en tren está simpático y bien planteado, como hemos podido comprobar no se ven más animales que en un zoo, incluso llega a ser más difícil si no quieren salir de su hábitat y siguen camuflados (supongo que ya saben el sonido del tren y lo que significa, molestias), por eso terminamos el viaje con algo de desencanto, pero aun así resulta entretenido tanto por buscarlos, ¡y encontrarlos!, como por pasar por las zonas de recreación del hábitat humano que acerca a la historia del país. 

Si esos alces hubieran estado más cerca…sí esos osos negros hubieran sido más visibles y participativos...si los renos hubiesen sido más navideños para verles... ha sido un viaje a la naturaleza a medias, pero es el único modo casi "natural" de verlos, a no ser que uno quiera adentrarse en los bosques a buscarlos y a exponerse. 

Continuamos nuestro paseo por el zoo, pero ya a pie y al estilo más clásico.