24 de septiembre de 2012

Corea del Sur - Joint Security Area, JSA (Panmujeon, Gyeonggi-do)



Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda…con los puños apretados

Una vez realizado el tour normal por la DMZ, volvemos a entrar por el control militar, pero ahora en lugar de dirigirnos hacia Dorasan Station lo hacemos hacia un campamento militar, Camp Bonifas, con una historia que más adelante contaré. Allí Giny hace un repaso de nuestra indumentaria, y creo que fui la afortunada en recibir un pequeño toque, pasan mis zapatos cerrados pero no mi camiseta sin mangas, y eso que no era de tirantes, así que no me queda de otra que ponerme una camiseta que llevaba en el bolso con algo de manga; lo curioso es que otra mujer que llevaba una camiseta parecida a la mía entró sin problemas y sin toque de Giny…en fin, cosas que ocurren, supongo que yo también habría entrado con mi camiseta si no hubiera llevado la de retén, pero por un por si acaso la llevé y al final me la tuve que poner...y hacía un calor.

Me imagino que una camiseta con Freedom for Korea no estará bien vista, con mangas o sin ellas. 

En el campamento hay varias tiendas militares, no de campaña portátiles sino más fijas, en algunas se cobijan los soldados del calor…Es una situación rara, no diré que produzca algún sentimiento de desasosiego por el movimiento militar, las alambradas, las armas, porque la verdad es que no se siente temor pero sí que es una vivencia inusual.

Al autobús sube Beasley, un soldado americano con la apariencia típica de las películas: alto sin demasía, fuerte sin demasía, gafas chulescas negras, actitud chulesca pero simpática. Con Giny controla los pasajeros del autobús, nacionalidad y pasaportes, y que todos seamos de fiar. Pasamos mucho tiempo en el autobús, ya no por este control, sino por el trajín de turistas que tiene que haber en la zona, no debemos concentrarnos en los mismos lugares visitables.

Finalmente partimos con Beasley como nuevo pasajero, para llegar al Centro de Visitantes de la Joint Security Area (JSA), donde entramos en una sala de conferencias para ver un vídeo sobre la guerra de Corea, sobre el establecimiento de la DMZ, del papel de las Naciones Unidas; pero también para un requisito, firmar una declaración en la que nos ponen al tanto de la zona en la que vamos a entrar, y que debemos seguir unas normas estrictas de comportamiento. A mí personalmente me parece difícil de seguir el punto i del apartado 2: “si ocurre cualquier accidente, permanecer en calma y seguir las instrucciones que impartirá el personal de seguridad”. Además nos dan unos badgets para colocarnos en parte bien visible que nos identifica como visitantes autorizados de la zona. 


No podemos llevar bolsos o mochilas, solo la cámara de fotos o vídeo, y además sin funda. Cambiamos de autobús, pasamos a uno militar, antiguo y con perdón, maloliente, y no digo que sea por los soldados que esto pudiera ser por los visitantes anteriores, que ante el calor que hace los cuerpos sudan y resudan. El autobús lo conduce un militar creo recordar que norcoreano y Beasley nos sigue acompañando, no hace de guía, más bien de instructor.

Nos dirigimos a la localidad de Panmunjeon, el único paso fronterizo existente entre las dos Coreas, donde se encuentra la Joint Security Area o viceversa, Panmunjeon se encuentra dentro de la Joint Security Area. Panmunjeon fue el pueblo en el que se firmó el armisticio de la guerra, reuniéndose para este fin desde octubre de 1951 hasta julio de 1953. 

La zona de edificios que visitaremos es ésta, aunque edificios veremos pocos. 


Bajamos del autobús y a paso de marcha Beasley nos coloca en dos filas y entramos en Freedom House, un edificio de nueva construcción, de 1998, que sustituyó a otro, en el que se alojan las Oficinas de Enlace del Norte y del Sur, así como las oficinas de la Cruz Roja. Pasamos rápidamente por su interior, solo podemos adivinar su nueva estructura de cristal y acero, pero no percibimos detalles significativos aunque tampoco tuvimos mucho tiempo para buscarlos aunque estuvimos en formación en las escaleras. 

En el exterior del pabellón, hacia el otro lado de la puerta principal de entrada, unas cámaras vigilan la zona. 


Seguimos a Beasley que nos advierte que a los soldados que veamos no les toquemos y no les hablemos, vamos a entrar en uno de los dos Conference Buildings, construidos en la década de 1980 para la celebración de conferencias y charlas entre Corea del Sur y Corea del Norte. Como todo está bien repartido, la mitad del pabellón se encuentra en un país y la otra mitad en el otro país, por supuesto tiene una entrada desde cada país (parece un juego de niños pero de infantil no tiene nada), con lo que de alguna manera estamos pisando Corea del Norte. Nosotros entramos en el de la izquierda de la foto. 


Antes de entrar voy a apuntar algunos detalles: los soldados de la foto son surcoreanos y miran hacia el norte, vigilando el país con el que técnicamente siguen en guerra; si miráis el suelo entre los dos pabellones hay como un pequeño badén y un cambio de material en el pavimento, este es el límite entre los dos países; y por último, el edificio gris del fondo pertenece a Corea del Norte, es el Panmun-gak, que acoge la sede administrativa de la seguridad de este país dentro de la JSA, y en él apostado y semiescondido entre las columnas hay un soldado que nos vigilaba con binoculares. 

En el interior del edificio hay tres soldados surcoreanos pertenecientes a las Naciones Unidas como se puede ver por la bandera en su casco, que aguantan estoicamente la avalancha de turistas que se lanzan sobre ellos a hacerse fotos imitando su postura, posando a su lado como si fueran figuras de cera en lugar de personas desarrollando un trabajo que presupongo nada agradable y más con estas turistadas. 


Si esas mesas hablaran podrían contar muchas cosas, pero éstas también se graban con lo que posiblemente llegará un momento en que sean de dominio público. Según he leído cuando se realizan estas conferencias dos cinturones negros de taekwondo del ejército surcoreano están presentes, y supongo que norcoreanos también habrá. 

De alguna manera el interior del edificio es de todos y de nadie, a pesar de la división territorial, ya que un soldado surcoreano está en territorio norcoreano. Lo que más me llama la atención de los soldados, aparte de la impavidez, es su posición con los puños cerrados y apretados, es una imagen que no creo que se me borre de la memoria, no podía dejar de mirar estos puños en posición de ataque o lucha o defensa, pero siempre agresivos. 


Desde el interior Beasley y Giny nos advierten que hagamos las fotos por la ventana siempre mirando hacia Corea del Sur, nunca hacia Corea del Norte, y desde dentro intentamos captar esa división terrenal del badén. 


Si no entendí mal la vigilancia de estos edificios de conferencia se alterna entre un país y otro, con lo que supongo que estas visitas se realizarán cuando le toque a Corea del Sur, porque no me puedo imaginar a soldados norcoreanos aguantando el chaparrón de los turistas fotógrafos. 

Tras la visita a este edificio nos vuelven a poner en dos filas para colocarnos frente a estos edificios y permitirnos hacer las fotos, ya que estamos en el lado surcoreano podemos hacer fotos a Corea del Norte (sigue pareciendo un juego de niños pero con mucho fuego escondido). 

De los otros edificios que hay en la zona no vimos ninguno más, por fuera algo pero poco ya que el ángulo de visión no permitía demasiado, y por supuesto el movimiento fuera de las dos líneas de formación en la que nos había colocado Beasley estaba fuera de todo pensamiento, como mucho y por deferencia, cambios entre la primera y la segunda línea para conseguir una foto mejor. 

Volvemos al autobús para hacer un pequeño recorrido por la zona, pero es bastante difícil hacer fotos desde la ventanilla.

Pasamos por el lugar donde se ha instalado una placa conmemorativa de dos soldados norteamericanos asesinados el 18 de agosto de 1976, en el conocido como el incidente del hacha. Estos soldados realizaban tareas de vigilancia en la JSA y las ramas de un álamo les impedía la visión, con lo que tras la debida autorización de ambas partes un comando fue a cortarlas, pero los soldados norcoreanos de su puesto de vigilancia no estuvieron de acuerdo con esta acción y asesinaron a dos soldados a machetazos. Después de este incidente, los centinelas de ambos países, que estaban colocados frente a frente todos los días, fueron separados y la JSA dividida por la mitad. Se mantuvo el tocón del árbol como un homenaje hasta 1987, en el que fue sustituido por una placa.


El campamento militar en el que paramos, Camp Bonifas, lleva el nombre del capitán asesinado, el teniente se quedó sin campamento o por lo menos así parece. 

Por supuesto este incidente dio paso a más tensión entre las dos Coreas y sus aliados. Desde este momento las fuerzas norcoreanas y surcoreanas no pueden estar en el mismo territorio de la JSA al mismo tiempo. 

Creo que este era el puesto de observación y vigilancia desde el que no podían ni observar ni vigilar por las ramas del árbol. 


Este incidente ocurrió al lado del puente de no retorno, donde al finalizar la guerra los dos bandos permitieron a los prisioneros de guerra elegir entre quedarse o regresar. El 23 de diciembre de 1968 regresaron los soldados de la tripulación del USS Pueblo, un barco de inteligencia norteamericano que había sido capturado en aguas internacionales, lo hicieron tras once meses de cautiverio.

Desde el incidente del hacha se cerró y no se ha vuelto a utilizar. 


En la zona de la DMZ se autorizaron dos aldeas, una en cada lado. Daesong-dong, “aldea de gran éxito”, se localiza a unos 500 m de la JSA y se encuentra bajo el comando de Naciones Unidas. Sus residentes tienen que ser habitantes originales de la aldea y sus alrededores antes de la guerra, o descendientes directos. Los hombres están exentos de cumplir el servicio militar, que en Corea del Sur es obligatorio con una duración de dos años, que vista la situación del país no es difícil de entender aunque sí es complicado de aprobar del todo. Por las noches en la aldea hay toque de queda, a las 23 h. La aldea está subvencionada por el gobierno, hay granjas de 7 ha y sus habitantes ganan una renta libre de impuestos. Todo ello son beneficios por vivir en tu tierra y al tiempo en tierra de nadie y de todos. En esta aldea se izó una bandera gigante de Corea del Sur para que ondeara bien visible desde todos los lados. 

En la parte de Corea del Norte frente a Daesong-dong se levantó Gijeong-dong, “aldea de paz”, conocida por los surcoreanos como Villa Propaganda, ya que con ella se intentaba convencerles de lo bien que se vive en el país vecino con mensajes que lanzan por altavoces. Durante el día hay trabajadores en los campos y la aldea, pero por la noche son trasladados y sólo se quedan en ella vigilantes. Lo que más llama la atención es la bandera respuesta de Corea del Norte a la bandera de Corea del Sur: un mástil más alto, de 160 m, y una bandera más grande, pesa casi 300 kg. Causa estupor y gracia ver las dos banderas ondeando, esto sigue pareciendo un juego de niños pero no lo es. No fue posible captar una imagen ya que el autobús no se paró para hacerla. Aquí las podéis ver. 

Con esto se acaba la visita pero no la sorpresa, ya que nos vuelven a llevar al centro de visitantes de la JSA, ya no para entrar en el centro sino para visitar su ¡tienda de souvenirs!, decir que se nos pusieron los ojos como platos al entrar en ella es poco: ropa militar, principalmente infantil, gorras, imanes de la DMZ, bolas de golf (y es que al lado se encuentra el campo de golf más peligroso del mundo, consta de tres hoyos y por supuesto está rodeado de alambrada de espino y minas), ginseng y creo que hasta productos norcoreanos, que entran el marketing capitalista del turismo como cualquier país a pesar de su ascendencia comunista. 

Con esto se acaba la visita por la JSA y la DMZ, volvemos a nuestro autobús kitsch para emprender el regreso a Seúl, donde nos espera nuestro coche y Kim para llevarnos al hotel. 

Una buena película coreana, por lo menos las críticas así lo dicen es JSA, pero yo no la he visto y no puedo opinar, aunque el tráiler es interesante, con lo que habrá que seguirla la pista. 


De esta visita me esperaba mucho, no ya respuestas, pero sí algo más de lo que me he encontrado, y la sensación con la que salí fue que presencié un espectáculo sin alma, sin dolor, sin pasado, como si realmente una guerra entre hermanos no se hubiera producido, pero lo que es peor es que es un drama sin futuro y sin esperanza, sobre todo por las noticias alarmantes que llegan de Corea del Norte, con provocaciones como la de lanzar misiles por ejemplo. 

La imagen que se me ha quedado grabada es la de esos soldados con los puños apretados, dolor y tragedia de unos niños convertidos en hombres, rígidos en su postura, aguantando los turistas que tienen menos alma que este parque de atracciones en que han convertido la DMZ y la JSA. La dignidad y el patriotismo parecen tener el precio que paga el capitalismo y los turistas que hacemos esta visita, y en Corea del Norte es el precio que paga el comunismo, pero sin reparto del pastel en dólares. Una contradicción continua y sin fin. 

No me ha convencido esta visita porque le ha faltado su razón de ser, aprender de los errores cometidos por los seres humanos para no volver a cometerlos en el futuro, pero parece que este no es el fin y que yo sigo siendo una utópica en este mundo cada vez más aséptico. Vuelvo a insistir en que Hiroshima sí me produjo sensaciones, muy malas y muy buenas, tenía alma y vida a pesar de la devastación de la muerte, ofrece esperanza de poder hacer un mundo mejor, con lo que nuestras vidas serían mejores. 

Se siente un ambiente gélido pero que se diluye entre los turistas y la sensación de no ser totalmente real, como si cuando te fueras de allí se apagaran los focos y las sombras hicieran ver que todo era de cartón piedra, pero me temo que cuando llegue la noche no todos los gatos son pardos y que las cosas deben ser como son, frías, a la espera de un hecho que lo puede cambiar todo y en continua alerta. 

Creo que en esta zona las dos Coreas son una sola, la de “por aquí no pasas”, y la idea de esa reunificación parece más que lejana que antes de visitar el país y la DMZ. 

Gracias Beasley por hacerme sentir en una película de soldados americanos, solo me faltaba Clint Eastwood haciendo El sargento de hierro o Alan Alda ejerciendo de médico cínico, ya que erróneamente a lo que nosotros creíamos, la serie M.A.S.H. no se basaba en la Guerra de Vietnam sino en la de Corea, y curiosamente se estrenó durante la Guerra de Vietnam. M.A.S.H. son las siglas de los hospitales de campaña del ejercito norteamericano.



Nosotros el tour lo hicimos con International Cultural Service Club pero hay otras agencias que también lo realizan con el mismo recorrido, y supongo que no habrá diferencias de precios. 

Tras recogernos Kim, en un principio pensábamos que nos acercara a otra zona de la ciudad para visitarla, pero después del día de ayer y a pesar de la tarde descansada, del madrugón de hoy y del calor que hemos pasado, lo mejor era volver al hotel y por lo menos tomar una buena ducha refrescante, que si teníamos que volver a salir ya lo haríamos en metro. 

La lógica aplastante de este viaje, y dado que mi salud no ha estado en óptimas condiciones, fue no volver a salir y quedarnos a descansar en el hotel, bajando a cenar al restaurante en lugar de incursionar por la zona subterránea o al exterior del cercano COEX. El restaurante del Park Hyatt necesita una mano en la cocina para darle un toque de calidad, por lo menos así nos pareció: compartimos unos langostinos helados que fue lo más gracioso pero no estuvieron sabrosos; y la carne coreana, que no tiene nada que envidiar a la de Kobe japonesa, me la presentaron demasiado hecha porque su punto como suele ocurrir es más allá del punto conocido como tal. 


Un viaje en esta zona que puede resultar curioso e interesante es el que se realiza por el Imjingang desde el embarcadero Dujinaru en barcos de verla imitando a los que se utilizaban durante la dinastía Joseon. Habría que ver que parte de interés histórico tiene y que parte de interés lúdico turístico. 

Si se quiere profundizar más en la DMZ hay otros tours que abarcan otras áreas, y si aún se quiere ser más aventurero se puede realizar una excursión de uno o dos días a Corea del Norte, que puede ser un interesante viaje, sobre todo porque un viaje completo puede llegar a ser exhausto al tener que hacerse siempre bajo la atenta vigilancia de soldados, guías, y con la permanente prohibición de no hacer un sinfín de actos, entre ellos fotografías cuando se quiera. Una crónica interesante se cuenta en El rincón de Sele. También se pueden realizar circuitos completos por Corea del Norte, que sin lugar a dudar debe resultar interesante geográficamente, políticamente, arquitectónicamente, culturalmente…pero extenuante psicológicamente y agotador el ver y no poder decir o hacer lo que se quiera. 

Un mapa de la zona de Paju para situar cada lugar:





21 de septiembre de 2012

Corea del Sur - Dorasan Station - Dora Observatory - Gaeseong - Tercer túnel - DMZ Theater - Imjingak (Gyeonggi-do)



“Wonderwarland”, el parque de atracciones de la guerra

Al día siguiente de nuestra llegada a Corea, tenemos una excursión a la provincia a la que pertenece Seúl, Gyeonggi-do, y para ir teniendo un poco de todo en lugar de terminar nuestra visita por Seúl vamos a seguir en esta ocasión el orden cronológico, ya que intento concentrar los lugares por zonas para que sea más fácil encontrar la información, pero me apetece contar esta diferente visita. 

El tour es a la DMZ o Zona Desmilitarizada y a Panmunjeon, donde se encuentra la Joint Security Area (JSA), que además gestiona las visitas a la zona a través de las fuerzas de las Naciones Unidas, el ejército americano y el ejército surcoreano (en principio suena extraño estas visitas militares).

Esta particularidad militar del tour hace que se tengan que observar unas normas muy estrictas en cuanto a la vestimenta (aunque alguno se las saltaron y no pasó nada de nada), principalmente a partir de cierto punto: no se permiten pantalones vaqueros ajados o rotos, pantalones de cuero, pantalones cortos, camisetas sin mangas, sandalias sin estar sujetas por la parte posterior del pie, minifaldas, ropa militar. 

La DMZ de Corea es una franja de seguridad establecida en 1953 para proteger el límite territorial de tregua entre ambas Coreas. Mide 4 km de ancho , 2 km para cada país, y 238 km de longitud, desde el Mar del Este hasta el Mar Amarillo. Aunque se autodenomine desmilitarizada está plagada de militares y casi, ya desgranaremos este casi, despoblada de civiles. 

Los dos kilómetros en Corea del Sur están bajo la administración de este país, los Estados Unidos y las Naciones Unidas. Los dos kilómetros en Corea del Norte están bajo la administración de este país y de China. 

Una zona desmilitarizada es una zona neutral donde no está permitida la actividad militar. Si bien la actividad militar no está permitida, esto no quiere decir que no haya soldados, ya que por ejemplo el 70% del ejército norcoreano se encuentra junto a esta franja de 2 km. El 90% de las fuerzas surcoreanas, americanas y de las Naciones Unidas se encuentran a menos de 50 km de la frontera, cuando no también estos 2 km de tierra neutral. Así, cerca de un millón y medio de soldados se encuentran frente a frente, en la que es la frontera más militarizada del mundo. A ambos lados alambradas eléctricas y minas en la tierra, todo un panorama bélico. 

Una de las curiosidades de esta franja es que es una reserva única de flora y fauna, ya que desde hace más de cincuenta años el hombre no pasa ni pisa por ella, lo que la ha convertido en un ecosistema de inmenso valor, con aves acuáticas, grullas, águilas y aves rapaces, por lo menos hay seres vivos que pueden agradecer esta confrontación histórica. 


Temprano por la mañana, a las siete, nuestro chófer Kim está esperándonos para llevarnos desde nuestro hotel al Hotel Lotte, desde el que parten estos tours; la agencia ha estimado conveniente dotarnos de transporte hasta el punto de reunión y viceversa. Hacemos el viaje al contrario de nuestra llegada, circulando paralelos al río Han hasta entrar en el corazón de la ciudad, ya que el Hotel Lotte  se encuentra al lado de Seoul Plaza. Es sábado y temprano, con lo que no hay tráfico y llegamos antes de la hora concertada, las ocho de la mañana, así que una vez confirmado el lugar donde registrarnos para el tour nos damos una pequeña vuelta por los alrededores, una pequeña vuelta a la manzana para descubrir una ciudad calurosa pero tranquila. 

A las ocho menos cuarto nos dirigimos a la oficina del sexto piso del hotel, donde presentamos nuestros pasaportes para ser reconocidos como participantes del tour ya que éste siempre se solicita al hacer la reserva de la excursión. Nos entregan un cupón con el número de autobús y los asientos asignados. 

Salimos de Seúl en un autobús kitsch total, cenefas color rosa muy fuerte lo adornan por su parte superior (muy parecido al que se puede ver en el el vídeo de Psy), y al lado del conductor una pareja de lindos teddy bears en una cesta - estos ositos de peluche tienen su propia "historia", y lo entrecomillo por lo curioso que resulta y que resultan los coreanos y los asiáticos casi en términos generales.





Conocemos a Giny, nuestra guía coreana en inglés, a la que en ocasiones entendemos, en ocasiones no, y en otras nos desconectamos de entenderla porque nos cuesta tener el piloto en on del inglés durante tanto tiempo. Giny nos cuenta en qué va a consistir el tour, los lugares que visitaremos, la historia de la guerra y de la paz o no paz a la que se ha llegado. 

Una leyenda lingüística se despeja en este viaje: los dos escuchamos continuamente decir a Giny “the liver” o “deliver” pero ninguna de las dos palabras encajaban en la frase, hasta que finalmente entendimos que lo que estaba diciendo era “the river”, con lo que parece que se confirma la pronunciación de la “r” como “l”, aunque no es en todos los casos, son algunas palabras porque otro día con nuestra guía también tuvimos otro malentendido, en esta ocasión en español. Es curioso cómo nacer en un país u otro te condiciona no sólo el idioma, sino la pronunciación de otros idiomas (a los españoles pronunciar vietnamita o coreano o incluso francés nos puede parecer una tarea imposible).

Llegados a un punto de la autopista comenzamos a ver alambradas metálicas, suponemos que fuertemente electrificadas, y garitas de vigilancia que bordean el río Imjingang, donde no siempre hay soldados, pero eso no quiere decir que el Gran Hermano no te esté vigilando. Impresiona pararse a pensar en la zona por la que estamos circulando como turistas y por la que viajan diariamente miles de surcoreanos como si no pasara nada, ni aquí ni más allá de la valla, ni en los despachos…Tras esta alambrada y hasta la siguiente en Corea del Norte existe una franja de 4 km donde el tiempo se ha detenido, para bien y para mal. 


De repente, como para sacarnos del ensimismamiento en el que nos tenía la valla, un barco de piedra con las velas desplegadas surge entre el verde de la montaña, y no tenemos ni idea de lo que es, pero nos hizo gracia y nos causó estupor arquitectónico al tiempo que intriga de su uso.


Comenzamos a ver grandes extensiones de arrozales, y es que ¡se come arroz en Corea! ¡y en Asia!; si en Europa comemos pan, ellos comen arroz.

Salimos de la autopista para adentrarnos en lo que podría ser una carretera comarcal y llegamos a Imjingak, donde Giny se acerca a la taquilla para sacar nuestras entradas o para dar constancia que el tour programado ha llegado a destino, y lo hace saltándose la gran cola que ya hay para sacarlas, no hay nada como ir con contactos. 

De momento nos saltamos la visita a Imjingak y nos dirigimos a un control militar, pero como no tenemos muy claro que les guste el arte de las fotografía, aunque ahora doy por hecho que tienen que estar acostumbrados a su pesar, no hacemos ninguna directamente. Hay soldados surcoreanos, americanos y de las Naciones Unidas. El control se debe a que estamos entrando en territorio militar, con un acceso restringido a los civiles, pero visto el tráfico de autobuses y coches particulares, lo de restringido creo que tiene sus propias connotaciones.


Como si de un nuevo juego se tratara cruzamos el Puente de la Unificación sobre el río Imjingang, y lo pasamos haciendo eses como si fuera un examen para el permiso de conducir con el fin de sortear las barreras amarillas y negras que intentan persuadir de cruzarlo a alta velocidad. Esta carretera y este puente une Corea del Sur con Corea del Norte hasta la localidad de Gaeseong en este último país (algún adelanto sí parece existir en la unión, que no en la reunificación). El puente se inauguró el 15 de junio de 1998 reemplazando al Puente de la Libertad que se encuentra cerrado al paso y del que hablaré más adelante. 


Nuestra primera parada es en Dorasan Station, donde termina la vía férrea al norte de Corea del Sur. Se encuentra a 56 km de Seúl, a 17 km de Gaeseong Station en Corea del Norte y a 205 km de Pyeongyang, la capital de Corea del Norte. 


A pesar de ser una estación inactiva por la cantidad de gente que se encuentra en su vestíbulo podría parecer que no. Somos todos turistas. 


El acceso a las vías está custodiado por dos militares surcoreanos, aunque en la foto falta uno, pero como suele ser en estos casos siempre van en parejas. Muchos ahora tienen su foto de recuerdo junto a estos soldados, pero no es nuestro caso, no entendemos el afán fotográfico de algunos detalles.


La terminal norte del ferrocarril de Corea del Sur se comenzó a construir tras la reunión celebrada entre las dos Coreas en el año 2000, limpiando el terreno de alambradas y minas, inaugurándose la estación en abril del 2002. Es un símbolo de la esperanza de reunificación, como así lo indica el acceso a las vías, un tren con dirección a Pyeongyang, la capital de Corea del Norte. 


Esta esperanza no es sólo la de unir los dos países, que ya es un mundo en sí mismo cuando no un milagro, sino también la de unir Europa con Asia mediante los trenes transiberiano, transcoreano y transchino en un futuro. No es la última estación del sur sino la primera estación hacia el norte (lo de mirar la botella medio llena o medio vacía). 


En el interior de la estación hay una pequeña exhibición dedicada al ferrocarril, a los diferentes tipos de trenes y especialmente a la visita que el 20 de febrero del 2002 realizó el presidente George Bush al país, en la que ensalzó la labor del entonces presidente surcoreano, Kim Dae Jung, al que se le concedería el Premio Nobel de la Paz en el año 2000, el despegue económico de Corea del Sur frente al ostracismo de Corea del Norte, poniendo énfasis en la necesidad de una reunificación por el bien del pueblo coreano, por las familias divididas, pero esta división no es solo geográfica ni militar, es ideológica, y esta barrera es la más difícil de traspasar, sobre todo cuando cada uno se piensa en la posesión absoluta de la verdad y de la verdad del futuro. 

Impresiona (asusta, inquieta, asombra, alucina…) leer palabras de libertad, paz, armonía, estabilidad en boca de Bush, más cuando un año después comenzó la guerra de Irak. 

Corea del Norte y Corea del Sur conectaron la red de ferrocarril Gyeongui el 14 de junio de 2003 en la DMZ. Yo no tengo muy claro que la línea esté operativa, según Giny no, pero parece que se puede utilizar para algún tipo de fin propagandístico de acercamiento entre ambos países. Aquí dejo la duda de su  actividad o no.

En el exterior de la estación una antigua vía de la línea destruida por la guerra, por detrás y en un terreno más elevado se encuentra la nueva línea construida. 


En el autobús nos acercan al cercano Dora Observatory, pintado en tonos puramente militares con un lema nuevamente de esperanza en su fachada: Fin de la separación, comienzo de la unificación. Es un lugar simbólicamente histórico porque  durante la guerra Corea del Sur ocupó este área y la línea de cese del fuego se ubicó por encima de esta región. 


Al observatorio no se accede por la parte frontal, cuyas puertas están cerradas y custodiadas por soldados, sino por una escalera trasera. El nombre de observatorio es porque desde él se puede ver (observar es un buen verbo aplicable) Corea del Norte, eso sí, con sus propias reglas. Lo primero es que no se hacen fotos traspasada la línea amarilla. 


Con lo que desde esta línea se levantan las cámaras para intentar captar alguna imagen de Corea del Norte, suena todo tan raro, tan extraño, entre película de terror y película cómica de serie Z, algo así como alguna dirigida por Ed Wood. Supongo que estas son las reglas impuestas por Corea del Norte, que rige sus destinos, sus tierras y sus gentes de manera impecable y autoritaria. 

En las indicaciones de la visita a esta zona se especificaba que los objetivos de las cámaras fotográficas no podían superar los 90 mm, pero vuelvo a tener mis dudas porque nadie miró el equipo fotográfico, aunque para evitar problemas nos llevamos el que no los superaba, con lo que tampoco es que se pudiera captar demasiado.


Las fotos traspasada la línea amarilla están terminantemente prohibidas, los soldados se tienen que dedicar al menester de controlar las acciones incontroladas de los turistas, y algunos son reprendidos.

Fotos no, pero sí se pueden pagar 500W para durante tres minutos observar Corea del Norte a través de unos binoculares puestos para tal fin…visual y recaudatorio. Tampoco creo que con un objetivo mayor se hubiera podido captar más de lo que captamos con la cámara, los ojos y los binoculares: un pueblo, un paisaje, una fábrica, en principio nada extraño ni nada significativo, sino fuera por la falta de personas que hay en estos lugares pero que tampoco se puede captar en tres minutos. 

Desde la plataforma a buen ojo avizor o con los binoculares se puede ver Gaeseong, la segunda ciudad más grande de Corea del Norte, y sobre todo Gaeseong Industrial Complex, donde trabajan norcoreanos como mano de obra barata de las empresas surcoreanas (unificación sí, pero de salarios no y habría que saber el porcentaje de este sueldo que se lleva el gobierno norcoreano, cuando no sea la totalidad). 

Al lado de esta plataforma de observación hay una sala de conferencias, en la que hay un mapa de la zona, tanto del área norcoreana como de la surcoreana, y la ancha, o no tan ancha, franja desmilitarizada, pero el uso de las cámaras está igualmente prohibido en su interior, y esto no lo termino de entender aunque bien es cierto que hay unos  grandes cristales y que a través de ellos se podrían hacer esas fotos prohibidas de Corea del Norte. 

En el exterior de Dora Observatory hay un pabellón con una campana, al que parece que no se puede entrar a pesar de tener una puerta abierta en la pared militar que lo rodea pero ninguno dimos los pasos para intentar acercarnos a él. Corea no es Corea del todo sin sus pabellones, sus colores dancheong y sin campanas. 


Desde este observatorio de nuevo al autobús para realizar una de las visitas que nos causaba más curiosidad. En la carretera que conduce al lugar, protegida por un alambrado de espinas, hay un importante atasco de autobuses. 


Como ya he comentado el área militarmente está ocupada por fuerzas del ejército norcoreano y por el de las Naciones Unidas, con soldados de los ejércitos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canáda, Francia, Nueva Zelanda, Turquía, Filipinas, Tailandia, Grecia, Sudáfrica, Etiopía, Colombia, Bélgica, India, Italia, Suecia, Dinamarca y Noruega.


Entramos en una explanada que más parece un área flower power que la propiamente DMZ, con turistas posando como si de la playa se tratara, sólo falta el bañador, la sombrilla y el flotador gigante. Me gusta el simbolismo de la flor en la reproducción de la alambrada, pero no me gusta el ambiente en general, me causa demasiado estupor y poca profundidad emocional.


Una escultura nos recuerda de nuevo la esperanza de la unificación, en la que los turistas posan y con la que juegan a ayudar a unir con sus manos, pero la pregunta sería ¿y sus corazones? ¿sienten serios deseos de unir a las dos Coreas? o sencillamente ¿es un juego más de las vacaciones? Me vuelve a gustar el simbolismo, incluso la interactuación del visitante, mientras esta no sólo sea para la foto de yo estuve allí, pero esto es mucho esperar o pedir, incluso para nosotros mismos en esta u otras situaciones, y en esta ocasión no estuvimos tentados.


Para rematar la sensación extraña de la decoración de la zona en la que estamos, una pareja estilo dibujos animados anime de una pareja de soldados, ¿hay algo más extraño que esto? Puede que yo me lo tome todo excesivamente serio y necesite algo de este humor coreano que traspasa los límites de lo que debería ser, pero creo que lo importante es la sensación con la que salgas de esta visita y a esto llegaremos al final, aunque sería bueno preguntar a todos los visitantes del día, o sólo a los de nuestro autobús para sacar algún tipo de conclusión más genérica y menos estricta.


La visita que prometía en letras nos hace ponernos un casco y sentarnos en un pequeño tren que nos introduce en el interior de la tierra, se trata del tercer túnel, uno de los cuatro túneles descubiertos por Corea del Sur que supuestamente el ejército norcoreano construyó a finales de la década de 1970 bajo la frontera para llevar a cabo un ataque relámpago a Corea del Sur, aunque por lógica Corea del Norte niega que fueran ellos que los construyeran. 

No se puede entrar con mochilas ni cámaras de fotos, aunque muchos de los viajeros llevan sus i-phones, sus tablet, Samsung en su mayoría, y hacen sus trampas. Nosotros cumplimos a rajatabla y dejamos nuestras posesiones en las taquillas habilitadas para evitar tentaciones. 

Algunos de estos túneles son tan amplios que llegarían a permitir el paso de tanques y vehículos de transporte de tropas. 

Este tercer túnel fue excavado en 1978 a una profundidad de 73 m, tiene 1.635 m de largo, 2 m de ancho y 2 m de alto, y por él hubiera podido entrar si se hubiera terminado una división del ejército (10.000 soldados) con sus armas en aproximadamente una hora. El túnel fue descubierto en octubre de ese mismo año por la información proporcionada por un ingeniero que desertó de Corea del Norte. Lo impresionante es que se encuentra a sólo 44 km de Seúl, a menos de una hora de viaje por carretera, con lo que el objetivo parece fácil de adivinar. 

Terminado el viaje en el tren, nos apeamos y comenzamos a andar en fila india por el túnel, mientras en dirección contraria va otro grupo, con lo que es imposible ni adelantar ni pararse, sólo andar y contemplar la obra que se realizó, pero no da tiempo ni a sentir ni a pensar demasiado, el ajetreo de gente es tan continuo que hasta se deja de percibir dónde nos encontramos, y en lugar de un túnel con objetivos de invasión y guerra podría ser una mina o una cueva subterránea e incluso una atracción de un parque de diversiones.

Se cuenta que las paredes están pintadas de negro porque así los norcoreanos en caso de ser pillados in fraganti podrían alegar que se trataba de una mina de carbón (esto sí que suena a chiste tal y cómo estaban las cosas en la década en la que se encontró). 

Pintados en color amarillo se ven donde colocaron cartuchos de dinamita para ir abriendo el túnel, que supongo yo que esto haría ruido y alertaría a los soldados de la zona cercana sin necesidad de un desertor norcoreano. 

El túnel se corta en un muro levantado de hormigón, se supone que continúa hasta Corea del Norte, y que Corea del Sur levantó este muro como una protección. 

Para rematar la historia truculenta, también se cuenta que estos túneles podrían ser una maniobra propagandística de Corea del Sur para mantener el temor anticomunista de la población. 


Fuente: visitkorea.or.kr

El primer túnel se descubrió en 1974, el segundo túnel en 1975 (el de mayor capacidad para el avance de tropas y armamento) y el cuarto túnel en 1990.

¿La verdad? Sea cual sea, ambas producen temor, no con la misma intensidad pero sí con el pensamiento de en qué manos están los destinos de estos países. Corea del Norte niega su construcción, Corea del Sur dice que puede demostrarlo por los materiales encontrados, la disposición de los cartuchos de dinamita…

La visita no resulta tan claustrofóbica como me supuse, con lo que pude hacerla sin problemas, y eso a pesar del tráfico humano en su interior; no tuve que salir corriendo como en los túneles de Cu Chi de Vietnam.

Terminada la caminata por el túnel volvemos al tren, todos en perfecto orden de colocación en filas para sentarnos y salir a la superficie. 

Recuperamos nuestras pertenencias y dejamos el casco para los siguientes pasajeros, que es un no parar de gente. Si esta visita fuera más tranquila, con explicaciones más extensas, con menos tráfico humano, creo que sería mucho más significativa, pero esto supondría seguramente un cupo de entrada y menos ingresos, aparte del enfado de muchos turistas que posiblemente verían truncados sus planes.

Al lado de la entrada al túnel se encuentra el DMZ Theater, un museo o exhibición en el que cuentan la historia de la guerra fratricida, la postguerra y los acercamientos de las dos Coreas desde el cese del fuego. Hay una cronología de hechos, atentados e intentos de sabotajes varios por parte de Corea del Norte hacia Corea del Sur o hacia las tropas americanas.

Algunos datos históricos:

El 27 de julio de 1953 las Naciones Unidas, Corea del Norte y China firmaron un armisticio, que finalizó la guerra pero que no logró la paz (parece una perogrullada  pero los soldados están allí para demostrar que no lo es). El resultado fue el trazado de unas líneas que demarcaban los países, el establecimiento de la DMZ, y a ambos lados de ella 2 km para cada uno de los países y el establecimiento de una zona llamada Joint Security Area (JSA). 

El último intento conocido de infiltración de tropas norcoreanas en Corea del Sur se realizó el 17 de octubre de 1995, con el avance de una guerrilla a través de la desembocadura del río Imjingang, pero esta no es la última acción invasora de Corea del Norte, que continuó con sus intentos. Esto es como pronunció Fray Luis de León al ser liberado por la Inquisición y recuperar su cátedra en la Universidad de Salamanca: “Decíamos ayer…”. 

Se exhiben armas: metralletas, pistolas, minas, bombas. 

Hay una maqueta que muestra la zona de Panmunjeon y de la JSA, con los diferentes edificios que hay. 


La mejor parte a nuestros ojos y nuestros corazones de esta exhibición, al tiempo que desilusionadora y esperanzadora a partes iguales, es la dedicada a los esfuerzos de reunificación, o por lo menos aproximación, década tras década. En 1995, tras una conferencia celebrada en Pekín se estableció una ayuda en arroz a Corea del Norte. En 1998, el presidente de la empresa surcoreana Hyundai envió 500 vacas a Corea del Norte, y es que el presidente y su familia tienen sus orígenes en este país. En el 2000 se permitió el reencuentro de familias divididas territorialmente por la guerra, realizándose posteriores encuentros de esta índole. En el 2004 las dos Coreas entraron juntas en el desfile de las Olimpiadas celebradas en Atenas. 

Tras este paseo histórico volvemos al autobús y al serpenteante camino por las vallas a sortear en el Puente de la Unificación para ir a comer a Munsan, ya que en el tour está incluida la comida. Hoy nos toca degustar bulgogi, que significa “carne al fuego”, y nuestros hornillos ya están preparados para ser encendidos y comenzar a cocinar nosotros mismos. Por supuesto no faltan los platillos de banchan.


La carne suele estar adobada en salsa de soja dulce, y este va siendo el resultado tras unas vueltas. 


El bulgogi se toma enrollando la carne sobre una hoja de lechuga y os puedo asegurar que está riquísimo. Si se quiere dar el toque picante no hay nada como añadir algo de salsa gochujang, de pimientos rojos picantes. 

Uno de los aspectos más divertidos de la cocina coreana son los pequeños platos de acompañamiento, lo que para nosotros podrían ser las típicas tapas y que allí reciben el nombre de banchan, y que la teoría dice que están destinados a lograr un equilibrio de sabores, temperatura y color. Muy divertidos a la par que sorprendentes en algunos casos estos platillos, a los que siempre acompaña el kimchi, repollo fermentado con ajo, sal, cebolla, jengibre y pimienta roja, y que en cada restaurante, y supongo cada casa, tiene un sabor diferente. 

Tampoco suele faltar, aunque en ocasiones hay que pedirlo, un cuenco de arroz.

Para acompañar la comida nos decantamos por unas coca-colas, que parecen de fabricación surcoreana aunque los caracteres me parecen más chinos (no hace falta decir que no he aprendido mucho del idioma escrito). 


De nuevo al autobús y de volvemos a Imjingak, ahora sí para hacer una parada. La localidad fue creada en 1972 para consolar a los expatriados, a los que habían perdido su pueblo natal en la guerra o en la división de los países. 

Se puede ver el Memorial Altar. Con el estallido de la guerra, cinco millones de norcoreanos tuvieron que dejar su país en busca de la libertad en el sur y para escaparse de la opresión y brutalidad del gobierno comunista que se establecía en Corea del Norte. Cada festividad Chusok, cuando se visitan las tumbas de los familiares, estos exiliados montaban un altar en Imjingak para honrar a los muertos que habían dejado en Corea del Norte, por lo que las autoridades de Corea del Sur decidieron construir en 1995 este altar mirando hacia el norte. 

Las siete piedras de granito detrás del altar y del monumento  representan las cinco provincias de Corea del Norte, así como las partes de las provincias de Gyeonggi-do y Gwanwon-do que se quedaron en Corea del Sur. 


Tras el altar, a la derecha según la fotografía se encuentra el Pabellón de la Campana de la Paz, campana que se puede tocar pagando un precio por ello, 10.000W. Teníamos claro que la paz tiene un alto precio, pero que pudiera ser cuantificado nunca nos entró en la cabeza. ¡Qué diferencia con Hiroshima!, cierto que allí todavía no han llegado cientos o miles de personas al día, pero creo que parte de la educación en general y de la educación de la paz en particular debería ser no cobrar cierto tipo de actos. No vimos a nadie tocar la campana, lo que en lugar de ser una tristeza no deja de ser un alivio, no hubiera sido agradable ver una gran cola de turistas ansiosos por hacerse una foto para tocar la campana, quizás el alto precio impuesto a estos siete toques sea un modo de evitar la masificación y de que un acto que en teoría tenía que ser inmensamente digno y lleno de sentimiento se convierta en un auténtico desmadre. 


Desde esta plaza parten dos caminos, el de la derecha lo están reformando y se camina sobre piedras y barro, está protegido por alambre de espino, en el que se han ido colocando miles de cintas de colores, que portan deseos de unificación y paz, de esperanza, libertad…estos conceptos al final parece que incomprensiblemente dejan de tener sentido y son dichos o escritos sin fuerza y convicción. Cualquiera puede dejar su mensaje previo pago de la cinta. 


El camino conduce hasta una vieja locomotora de vapor convertida en chatarra  y en un símbolo de la división del país. Descarriló durante la Guerra de Corea por un bombardeo cuando iba camino a Pyeongyang para entregar material de guerra, siendo finalmente destruida en la estación de Jangdan, de la línea Gyeongui que unía Coreay posteriormente trasladada a este lugar, ya que la estación se quedó en tierra de nadie, en los 2 km al sur de la DMZ que están bajo el control de Corea del Sur. Tiene más de 1.020 agujeros de bala y sus ruedas doblabas muestran la situación en la que se vio envuelta la locomotora, ¡Cuánto no menos los humanos!. Tras la locomotora se ve un antiguo puente destruido.


Otro camino conduce a través de una pasarela-puente de madera a un muro lleno de cintas de colores con los mismos deseos de unificación, paz y reconciliación que en el camino hacia la locomotora, y de banderas de Corea del Sur. 


Este muro corta el paso al Freedom Bridge construido en 1953 al finalizar la guerra para permitir el paso de 12.773 prisioneros de guerra surcoreanos, americanos y de las Naciones Unidas hacia Corea del Sur, de ahí su nombre, un paso hacia la libertad. 


En un edificio hay restaurantes y cafeterías, pero sobre todo ofrece un espléndido mirador de la zona en la azotea. 


También se el Estanque de la Unificación, con la península coreana al completo, sin líneas divisorias, sin fronteras, sin soldados, sin ideologías, pero estaba seco…quizás como todos estos conceptos, estancados en el tiempo y en las mentes. Como a la zona le están dando un repaso supongo que al estanque le tocará en su momento. 

Quizás lo más asombroso para estos ojos es que en esta zona de Imjingak hay un ¡parque de atracciones!, pequeño sí, pero es lo que es. Yo entiendo que las cosas hay que minimizarlas y no magnificarlas, ni en lo bueno ni en lo malo, pero esto de estar montado en el barco vikingo mientras a diez kilómetros hay soldados a cara de perro no me cuadra del todo, y no me parece tampoco la compañía más adecuada para ese Memorial Altar, y el recuerdo para los familiares perdidos en la contienda. 


Para no alargarme demasiado en esta entrega, que ya va bien surtida de letras y sensaciones, continuamos la visita y el día en la próxima, a la Joint Security Area (JSA).