4 de mayo de 2016

Uzbekistán - Khiva - Palacio Nurullabay (Isfandiyar) - Madraza Bikajon Bika (Restaurante Silk Road)


El palacio ruso del kan

Por la puerta Bogcha Darvoza salimos de Itchan Qala a Dischon Qala, pasamos de la zona dentro de la muralla a la zona fuera de ella, que tenía también su propia muralla. Atravesamos un pequeño parque, donde no falta una fuente, aunque en esta ocasión estaba completamente vacía, sin juegos de agua ni música. También cruzamos un pequeño canal de agua, no demasiado clara ni limpia, que estaba siendo utilizado para refrescarse y divertirse en esta asfixiante tarde de verano. 


Llegamos hasta el segundo punto que le hemos pedido a Oyott para visitar esta tarde, el palacio Nurullabay, cuya visita además está incluida en la entrada general de monumentos visitables en la ciudad. El palacio también recibe el nombre de Isfandiyar, y su fachada exterior presenta pequeños torreones decorándolo, así como un pequeño arco de entrada a modo de pistah y una zona con columnas -terraza abierta-, pero no es una construcción típicamente uzbeka. 



El palacio fue construido entre 1906 y 1912 por orden de Mohammed Rakhim Khan, para uso de su hijo y heredero, Isfandiyar. En su interior combina elementos decorativos orientales con los que se llevaban en aquellos momentos en Europa, en especial en Rusia, o sea, un despilfarro en paredes, techos, calefacciones y lámparas de araña. Su interior está prácticamente vacío, tanto en muebles como de visitantes (somos los únicos), así que paseamos solos por habitaciones y pasillos, en los que podría haber sonado un vals y nosotros funcionar como muñequitos de una caja de música -sí, podría haber sido un palacio encantado y nosotros experimentar su poder-.  




La sala más especial es la de forma octogonal, con ventanas y espejos, es la más llamativa y la que más incita al juego (yo e infinitos "yos" en los espejos). 




Un pasillo totalmente palaciego, en el que se suceden las puertas. 


Detalles de paredes, techos y lámparas. Artistas alemanes trabajaron en la decoración, y también de San Petersburgo, que se encargaron de las baldosas cerámicas. Y así se funciona el arte oriental con el occidental.



La visita es corta, así que salimos del palacio y rompemos la conversación de nuestro guía con la joven que se encarga de controlar la entrada al lugar. Hacia el oeste del palacio hay un recinto fortificado que está siendo rehabilitado, se trata del harén del palacio, y para llegar hasta él había que realizar un pequeño paseo, ya que las murallas lo protegían. Supongo que cuando se termine de rehabilitar esta zona, los visitantes se contarán más que de dos en dos, como ocurre hoy. 


Con el atardecer la muralla de Itchan Qala ofrece su mejor tonalidad, ese dorado rojizo que te hechiza y que hace que tu imaginación se desborde.



La fortaleza Kunha Ark y su Torre del Vigía. 


Andando junto al exterior de la muralla hemos llegado hasta la puerta Ota Darvoza. 



Hoy cenaremos frente a las murallas y frente a esta puerta, en la madraza Bikajon Bika, una madraza femenina construida en 1894 reconvertida en restaurante, con el nombre evocador Silk Road. 



La madraza y el restaurante nos habían llamado la atención desde la Torre del Vigía de Kunha Ark, pero como no preguntábamos a Oyott por el sitio a comer o cenar hasta llegado el momento, no sabíamos que la última noche en Khiva sería aquí. 


Las mesas están dispuestas en el patio de la madraza, donde además de las mesas tradicionales están las mesas-cama, pero no la solicitamos, no vaya a ser que sucumbamos al cansancio y en lugar de comer nos pongamos a roncar. 



Los baños no ofrecen lugar a dudas, un buen uso de las marionetas de papel maché. 


Cenamos solos, no llegó ningún comensal más, y es que tiene más tirón suministrarse gastronómicamente dentro de las murallas que fuera de ellas, aunque cerca del restaurante había varios alojamientos.

El pan y la cerveza, siempre en nuestra mesa. Es curioso que el pan venga partido triangularmente, ya que normalmente a los uzbecos les gusta partirlo directamente en la mesa, como un gesto de compartir las viandas, pero supongo que la occidentalización ha llegado a las costumbres. 



Las novedades gastronómicas siempre son recibidas con alegría, aunque se trate en la mayoría de los casos de los mismos alimentos con diferente preparación, como este aperitivo de berenjena con tomate y mucho ajo (y si escribo mucho es porque era mucho o mucho más), que estaba rico. 


Un platillo de arroz con maíz y pasas. 


Un queso, bastante salado, aderezado con hierbas. 


Berenjena en guiso tradicional ya conocido, pero quizás con excelso de caldo. 


Para amenizar la velada han puesto música de fondo que nos gusta, por lo que preguntamos por sus artífices, el grupo Sato –sato es un instrumento de cuerda uzbeko-, que mezcla música uzbeka con sonidos e instrumentos occidentales. 


De la crema sopa de calabaza no salimos, la tenemos en la comida y en la cena. Todavía no la odiamos. 



De plato principal, carne con patatas, algunos trozos más jugosos y sabrosos que otros, era como una ruleta ruso-uzbeka carnívora. 


De postre, fruta, que intentamos lavar y luego pelar, porque la verdad es que el azúcar natural lo pide el cuerpo. 


Salimos del restaurante ya anochecido, y yo creo que tras nuestra salida cerraron el local. 

29 de abril de 2016

Uzbekistán - Khiva - Madraza Dost Alama - Madraza Musa Tura - Madraza Emir Tura - Puerta Bogcha Darvoza - Murallas


La bella y mágica Khiva

Descansados y sobre todo refrescados, salimos a darnos un paseo por la tarde antes de la cena, nos quedan varios lugares por conocer y queremos intentar solucionarlo. Oyott se ha ofrecido a acompañarnos, nosotros solo le pedimos que nos dijera como llegar por si teníamos algún problema con el mapa, que no es muy específico, y que por favor nos volviera a dar la hoja mágica que permitía entrar a los monumentos para no tener que pagar nada, pero él prefirió acompañarnos.

Atravesamos la ciudad, pasando junto al minarete de la madraza Islam Khodja (al fondo) y el minarete de la mezquita Juma (en primer plano), dejándolos atrás. 


Nos dirigimos hacia el norte de Itchan Qala, pasando junto a la madraza Dost Alama, construida en 1882, que parece que tiene instalado algún taller de artesanía en su interior, pero no asomamos ni un poco la nariz.


También pasamos junto a la madraza Musa Tura. 


Saliendo de la calle principal entre la puerta Ota Darvoza y la puerta Polvon Darvoza comienzan a surgir las viviendas de los habitantes de Khiva, y con ellas la vida cotidiana de la ciudad, no la dedicada al turismo y la venta de artículos de todo tipo, y que con toda su sencillez y precariedad nos parece llena de encanto. 



Llegamos hasta la madraza Emir Tura, construida en 1870 por orden del hermano de Mohammed Rakhin Khan. 



Y seguimos caminando entre viviendas de adobe, no siempre en buen estado. No es la cara más bonita de la ciudad, ni la que gusta enseñar a los guías, pero es la que hay que conocer porque no todo son monumentos impresionantes e increíblemente bellos, aquí también hay belleza, pero de otro tipo, porque la historia de esta ciudad también se encuentra entre estas calles.



Llegamos hasta la puerta norte de la ciudad, Bogcha Darvoza, la Puerta del Jardín, que recibe su nombre de los jardines cercanos; de esta puerta a la puerta sur, Tosh Darvoza, hay aproximadamente 600 m, es decir, un corto paseo. Con esta puerta ya tenemos el cuarteto de puertas de las murallas. 



Llegar hasta aquí tiene dos propósitos, y ninguno como hemos podido ver es las madrazas por las que hemos pasado, por las que no hemos asomado la nariz. El primero es subir a la muralla, ya que desde esta puerta se tiene acceso, y desde que la vimos nos tiene cautivados, sobre todo su onda arenosa desde La Torre Del Vigía.


Así tenemos la visión superior de la puerta Bogcha Darvoza, sus cúpulas y sus adornadas torrecillas. 


Las vistas desde la muralla no son las mejores, son como un complemento.  La ciudad, con el minarete de la madraza Islam Khodja, el minarete de la mezquita Juma, la cúpula del mausoleo de Mahmud Pahlavon, y sobre todo, ese mar de antenas de televisión que le resta encanto a la ciudad pero que aporta diversión a sus propietarios; Aladino no se sentiría orgulloso ni vendrá a sorprendernos, su alfombra "pincharía". 


La vida en la ciudad se realiza en la calle, la comida, el descanso, las charlas, la familia… 


Caminamos junto a la muralla, por un camino ancho pero desnivelado, con lo es mejor estar un poco pendiente de dónde se pone el pie y no solo de donde ponemos los ojos humanos y fotográficos. 



Podemos entrar en las almenas sinuosas y mirar el paisaje a través de sus ventanas defensivas y de custodia. De nuevo las sonrisas asoman continuamente en nuestros rostros, esta ciudad tiene algo tan especial que tú te sientes especial. 




Hacia delante, la Torre del Vigía de la fortaleza Kunha Ark, el minarete Kalta Minor, y la madraza Mohammed Amin Khan. 



Una visión mejor de los minaretes, las cúpulas y la madraza Mohammed Rakhim Khan. 


Llegamos junto a la Torre del Vigía, aquí el paseo se corta. 



Y volvemos hacia atrás, que Oyott estará aburrido ante nuestra tardanza, ya que al estar sin él estamos a nuestro aire, ritmo y disfrute.