15 de abril de 2016

Uzbekistán - Khiva - Mausoleo de Mahmud Pahlavon - Madraza Shir Gazi Khan - Madraza Mazar-i-Sharif


Un santo peleón

Comenzamos nuestro segundo día en Khiva a las 9 de la mañana, para intentar evitar en lo posible las horas fuertes de sol, aunque desde temprano este ya es terrible. Desde el hotell volvemos a entrar por la puerta Tosh Darvoza a Itchan Qala.

La primera visita es al Mausoleo de Mahmud Pahlavon, uno de los “santos”, personas que tienen una alta consideración en el Islam, más venerados en Khiva. Al fondo el minarete de la madraza Islam Khodja.



Se entra a un patio rodeado de construcciones, bastante sombreado tanto por los corredores como por el árbol que hay casi en el centro. Al frente destaca la amplia entrada con decoración de mosaicos azules al mausoleo. La construcción actual data del siglo XIX, cuando el kan de Khiva lo incautó en 1913 para mausoleo para su familia. 




Mahmud Pahlavon era filósofo, poeta y un legendario luchador, que además liberó a numerosas personas de la esclavitud –puede que este hecho se debería a la concesión del kan de un deseo de Pahlavon-, por lo que tras su muerte el clero musulmán lo “canonizó”, y es uno de los héroes de Khiva. Su profesor fue Sayid Alauddin, cuyo mausoleo ya hemos visitado.

Un retrato de Pahlavon y su historia se encuentran en una de las paredes del patio. 


Pahlavon fue enterrado en este lugar en 1326, y a su alrededor surgió un cementerio, pero el mausoleo se construyó en su honor en 1810 por orden de Mohammed Rakhim Khan. De 1910 a 1920 se construyeron un edificio, korikhona, a la izquierda, y un iwán de verano a la derecha.

Una leyenda sobre él cuenta que el kan lo llevaba a los combates para ganar dado su buen hacer como luchador, pero cuando en una ocasión llegaron a India, la madre del luchador indio contra el que se iba a enfrentar le vio y se puso a llorar desconsolada pensando que su hijo perdería, por lo que Mahmud decidió perder el combate.


En el patio además hay un pozo al que los fieles suelen acudir a beber agua, aunque sorpresivamente lo capturamos fotográficamente sin público bebedor. Oyott nos cuenta que este es el pozo de la fundación de Khiva, pero le sacamos de su error, ya que nuestra información nos habla de otra localización, más al norte de la ciudad –para nosotros queda pendiente su búsqueda y visión-, pero sí que este pozo del mausoleo es uno de los pozos más antiguos de la ciudad. La foto del pozo de Khiva o pozo de Sem la vimos en el museo instalado en la madraza Mohammed Rakhim Khan.


Entramos al mausoleo, donde primero hay una preciosa sala completamente decorada con azulejos de color azul en varias tonalidades. 



En esta sala se encuentra la tumba de Mohammed Rakhim Khan -o eso creo, que el dato no lo tengo por cierto-. 


A la izquierda se abre otra sala, con una cúpula más pronunciada, una decoración similar pero que nos parece que presenta algo más de fineza (los ojos y las sensaciones son como son), principalmente en la maravillosa decoración de la cúpula. 


Tras unas puertas de madera, en otra sala se encuentra la tumba de Mahmud Pahlavon, pero solo podemos verlo de refilón desde lejos, ya que en las puertas solo hay unos pequeños orificios y en el suelo había un numeroso grupo de mujeres rezando, con lo que no era posible pasar a ver o a fotografiar la tumba sino era molestándolas, y desde luego una fotografía no es razón suficiente para romper su momento de peregrinación.


A la salida vemos una escena entre curiosa y simpática -sin hacer valoraciones de otro tipo-, un hombre con un cazo en el que lleva hierbas calientes esparce lo que suponemos bendiciones a cambio de la voluntad. Hasta yo misma habría caído a su hisopo herbáceo si hubiera sabido que sanaba.


Por el lateral del mausoleo se accede a otras tumbas en ladrillo. En el siglo XVII alrededor del mausoleo empezaron a enterrarse altos dignatarios aquí. 


Para ver las cúpulas del mausoleo nada mejor que alejarse o callejear para tener diferentes ángulos de visión. Son las únicas cúpulas turquesas de Khiva. Al fondo asoman el minarete de la mezquita Juma y el minarete de la madraza Islam Khodja.





Frente al mausoleo, la madraza Shir Gazi Khan, la madraza más antigua de Khiva, construida en 1726 por esclavos a los que el kan les prometió la libertad tras finalizarla, pero esta promesa se la llevó el viento del desierto y los esclavos terminaron asesinando al kan. La madraza fue terminada seis años después de la muerte del Khan, por su hermano, pero no se le dio una fachada decorativa a la entrada, privándola de azulejos, aunque si se colocó una inscripción con la frase “acepto la muerte a manos de los esclavos”. En 1957 se excavó para sacarla por la acumulación de arena que la había cubierto hasta la primera planta. 


La madraza fue conocida como Maskan-i-Fazilan, “residencia de los iluminados”, ya que era un lugar importante de educación, con importantes profesores, de los que hay unos retratos colgados en la pared; por ejemplo, el abuelo de Gandhi estudió aquí. 


La madraza ha sido ocupada por un museo variopinto dedicado a la poesía y a la medicina; destacando un frasco donde se conservan unos siameses, nacidos en Khorezm en la década de 1970, de los que desistimos hacer fotografías (no dejan de ser niños y no somos médicos para tener una fotografía de este tipo en nuestros archivos).


Lo más interesante para nosotros es la yurta instalada en el patio de la madraza, pero su cerradura estaba oxidada o la llave no era la que le correspondía, a pesar de los intentos de varias trabajadoras del museo y del propio Oyott que intentaron activamente que funcionara, fue imposible entrar en ella y solo la vimos a través de las rejas de la puerta. Gracias a todos por la pelea con la cerradura. 

La yurta es una vivienda utilizada por los pueblos nómadas de Asia Central, que por regla general asociamos a Mongolia, donde recibe el nombre de ger. 


También frente al mausoleo, hacia el otro lado, la madraza Mazar-i-Sharif, que, al igual que muchas otras en esta ciudad y en otras, ahora alberga una tienda de artesanías. 


13 de abril de 2016

Uzbekistán - Khiva - Polvon Darvoza - Restaurante Tea House Mirza Boshi


De puerta a puerta

Después de disfrutar de un momento mágico, con el tiempo detenido durante el ocaso, en la Torre del Vigía de la fortaleza Kunha Ark, con una vista maravillosa sobre la ciudad, todavía tenemos tiempo para darnos un paseo antes de acudir a la cita de la cena con Oyott. Y ahí está él, uno de los elementos importantes en la Ruta de la Seda, su majestad el camello, que ahora no soporta otra carga que los turistas ansiosos de tener una foto suya, ya sea en sus jorobas, ya sea desde lejos, como es nuestro caso. 


Hacia atrás dejamos el atardecer sobre la puerta Ota Darvoza, el minarete Kalta Minor y la cúpula de la mezquita Pakhlavan Mahmoud, que ahora aloja un restaurante. Parece un juego de sombras uzbekas.


Continuamos el camino, pasando junto al minarete de la mezquita Juma. 


Y aunque no nos desviamos del camino más recto, cualquier mirada encuentra su encuadre, y dan ganas de callejear sin ruta, sin destino, dejándose llevar.


A la izquierda, la madraza Allah Kuli Khan; a la derecha, la mezquita Ak; y al fondo la puerta este de la muralla, Polvon Darvoza, la puerta del Hombre Fuerte. El recorrido entre Ota Darvoza y Polvon Darvoza es de unos 400 m aproximadamente, con lo que el paseo es fácil, aunque uno se siente embriagado y parecen kilómetros de belleza. 


Entramos en el pasaje de la puerta, construido en el siglo XIX, donde además de instalarse puestos de venta se realizaba el mercado de esclavos, que eran exhibidos en los nichos de las paredes como una mercancía más. 



Y por esta puerta salimos de Itchan Qala; puerta que vemos en sus tonalidades de tarde y de día. 



La zona extramuros a Itchan Qala es conocida como Dichon Qala, que también estaba rodeada por una muralla de la que no queda casi nada, aunque se está reconstruyendo una parte de ella cerca del hotel donde estamos alojados. Frente a Polvon Darvoza el conjunto Seyid-biy, compuesto por una madraza, una mezquita y un minarete, construido por el comerciante Seyid Shelikier Biy durante el mandato de Allah Kuli Khan. Hacia el otro lado el bazar de la ciudad, Dekhon Bazaar, al que no entramos durante nuestros paseos. 


Volvemos a entrar en Itchan Qala y continuamos el paseo. A la derecha la madraza Allah Kuli Khan, reconvertida en restaurante, y al fondo a la izquierda, el palacio Tash Hauli, frente al que se encuentra un caravanserai.




Bordeamos los muros del palacio Tash Hauli, dejando atrás el mausoleo Uch Avliyo Bobo. 


Terminamos nuestro paseo saliendo de nuevo junto al minarete Kalta Minor y a las 20 h nos encontramos con Oyott en el restaurante Tea House Mirza Boshi, con una terraza cubierta agradable, pero hace un calor tremendo.


Al igual que durante la comida en el restaurante Zerafshon, los frutos secos hacen su aparición en la mesa, en esta ocasión un surtido de cacahuetes. 


Comienza el festival de ensaladas y verduras… esto es como vivir en un bucle vegetal, eso sí, servidas en una bonita vajilla.




Cerveza nacional fresquita, muy fresquita, para acompañar.


No faltó la sopa, que llevaba la consabida patata y zanahoria, así como una albóndiga de carne, pero no hay fotografía de ella. Para terminar con un rico pimiento rojo relleno de carne de ternera y arroz, que agradecimos enormemente, la variedad gastronómica en Uzbekistán, aunque no sea mucha, es un lujo a agradecer.


De postre, melón y sandía, que nos sirven ya troceados. 

Terminamos la cena y Oyott se ofrece a acompañarnos al hotel, pero no nos apetece ir todavía, queremos pasear por esta atractiva ciudad, queremos ver otras tonalidades, otra luces (si las hay…) pero para las fotografías de este paseo nocturno vamos a esperar y así juntamos el paseo de hoy con el de mañana. 

11 de abril de 2016

Uzbekistán - Khiva - Torre del Vigía (Kunha Ark)


El tiempo detenido

Descansados y sobre todo, refrescados, en la piscina y en la ducha del hotel (días en remojo pasaremos por el excesivo calor), salimos a pasear por la ciudad por nuestra cuenta, antes de encontrarnos para la cena con Oyott, que previamente nos ha dado el papel con el que podemos entrar en monumentos que ya hemos visitado, porque la entrada es válida para dos días. Las sombras comienzan a hacer acto de presencia, más en una ciudad cuyas construcciones están muy pegadas entre ellas.

Ya no hay ajetreo en las calles, ni siquiera muchos visitantes disfrutando de la arquitectura de la ciudad, ni todos los puestos permanecen montados mostrando sus mercancías; la tranquilidad ha tomado Khiva, y ahora la ciudad se siente y vive de otra manera. 


El dorado es el color del que se van tiñendo las construcciones, aunque los minaretes se mantienen en su color arena del desierto, como el de la madraza Islam Khodja.


Nosotros vamos entrando por callejones pequeños, muchos de ellos sin salida, por los que esta mañana no hemos entrado, y así descubrimos rincones nuevos, detalles nuevos, ángulos nuevos, momentos nuevos. Khiva nos tiene enganchados hasta el tuétano, y todavía no ha parado de hacerlo. 




Pasamos junto al minarete Kalta Minor por si la iluminación de la tarde nos ofrece otras tonalidades de color, pero ahora sus azulejos están más apagados y no deslumbra su visión, quizás hemos llegado demasiado tarde... o demasiado temprano.


Entramos de nuevo a la fortaleza Kunha Ark, y ahora tampoco hay visitantes, ni siquiera casi vendedores (alguno siempre queda), la calma es la dueña de los rincones de Khiva y nosotros la estamos perturbando con nuestros pasos, nuestras voces, y hasta con nuestra felicidad. 


Dentro de Kunha Ark -hemos entrado sin problemas con el papel que nos ha dado Oyott- buscamos la entrada a la Torre del Vigía, que ya habíamos fichado esta mañana; y aquí si hay que pagar la entrada, que no está incluida en la de la visita general a la fortaleza.


Subimos por una escalera sin dificultad, no es muy estrecha, es corta y además han colocado un pasamanos de madera como ayuda. 


Así subimos a la muralla y a uno de sus torreones redondeados, donde para los no altos tenemos los pequeños agujeros que supongo servían para otear protegidos el horizonte, la llegada de posibles enemigos y para disparar en caso de ataque (como en cualquier muralla). 



También hay una más o menos amplia terraza desde la que se contemplan los tejados, minaretes, torres y cúpulas de Khiva, estamos completamente emocionados por la preciosa visión. 



La espléndida visión de las murallas de Itchan Qala, ¡impresionantes!, un lugar donde te quedas paralizado de la belleza de algo tan simple en el pensamiento. 


Subimos a la torre, con balconada de madera por uno de sus lados, con vistas a la ciudad interna, y nos cruzamos con una pareja que ya se va, con las mismas sonrisas de felicidad que llevamos nosotros, y nuestros ojos al cruzarse también la expresan. 



En las paredes de adobe de la torre destaca el brillo de la paja incrustada, que incluso llega a deslumbrar con los rayos del sol. 


Estamos solos, nada de multitudes buscando la pose y la fotografía, el horizonte es todo para nosotros y el momento lo disfrutamos en soledad acompañada.

Las murallas, la puerta Ota Darvoza y la estatua de
Al Khwarizmi. 


El único estanque que vimos en la ciudad, situado fuera de Itchan Qala, la zona conocida como Dishon Qala, que en su momento también estuvo rodeada por murallas.


En esta parte de la ciudad, en Dishon Qala, también hay una noria, que tendrá su propia historia, desde la que se deben tener buenas, diferentes y divertidas vistas de la ciudad. 


Seguimos mirando a Itchan Qala, que es la que concentra nuestra atención: el minarete Kalta Minor, la madraza Islam Khodja y su minarete (a la derecha), la mezquita Juma y su minarete (a la izquierda), y la cúpula del mausoleo Mahmud Pahlavon. 




La madraza de Amir Tura sobresaliendo entre los tejados de las viviendas. 


Se tiene una buena visión del salón del trono de verano de lafortaleza. 


Y sobre todo, ella, la onda de arena de las murallas de Khiva, hasta te producen la sensación de movimiento, te hechizan y no puedes dejar de mirarlas, más cuando el sol les saca su dorado mágico. Contigo, conmigo, con los dos, sola la muralla… click click click, espera que ha cambiado el tono…click click click… 


Esperamos el atardecer, aunque el espectáculo está más en las piedras que en el propio evento solar. 


Poco a poco han ido llegando más viajeros en busca del atardecer privilegiado, y todos tenemos unas caras de felicidad completa, sin compartir idiomas nuestras sonrisas son el medio de comunicación, y todos compartimos unos preciosos momentos.

Aquí te puedes pasar el tiempo disfrutando con las tonalidades, los matices, los detalles, y si llevas cámara más, pues menos mal que no son de carrete porque sería un gasto tremendo, o habría que ser capaces de contenerse al click compulsivo, un acto imposible de dejar de hacer.

Descendemos con algo de tristeza de la torre del Vigía, salimos de Kunha Ark, y sus murallas nos vuelven a sorprender, ¡bendito ocaso!