2 de julio de 2015

Canadá - Toronto - University Avenue - Canada Life Building - Campbell House - Osgoode Hall - Nathan Phillips Square - City Hall - Old City Hall - Eaton Centre



Los ayuntamientos de Toronto

Desde el hotel donde nos alojamos en Toronto, el Hilton, comenzamos a explorar la ciudad, saliendo a la University Avenue, una amplia avenida donde se encuentra el Canada Life Building, edificio construido en 1931 en estilo Beaux Arts, que con sus 87 m de altura fue en su momento uno de los edificios de oficinas más grandes de la ciudad. La baliza superior es un indicador meteorológico: luz verde, buen tiempo; luz roja, nubes; luz roja intermitente, lluvia; y luz blanca intermitente, nieve. Hoy no sabemos qué tiempo tendremos porque no se distingue ninguna luz, pero no hay duda que será un día caluroso. 
En el bulevar de la avenida se alza el South African War Memorial, diseñado por Walter Seymour Allward para conmemorar la participación de Canadá en Sudáfrica durante la guerra boer. 
Frente a este monumento, el Adam Beck Memorial, erigido en 1934 en honor del fundador de Ontario Hydro, Hydro-electric Power Commission of Ontario, que defendía el suministro público de la electricidad. La central eléctrica de Queenston-Chippawa, en Niagara Falls, aprovechando la fuerza de las cataratas del Niágara, fue renombrada como sir Adam Beck.
Desde University Avenue giramos por Queen St West para por lo menos ver la fachada y entrada de la Campbell House, la casa más antigua de Old York (York era el nombre de Toronto antes de cambiarlo), que fue construida en 1882. Contrasta con el Canada Life Building que asoma por detrás. La casa se situaba a 1,5 km al sureste de su ubicación actual, y para salvarla de su demolición en 1972 fue trasladada (menos mal que las cabezas pensantes pensaron y no demolieron). En la actualidad alberga un museo y creo que también es la sede de una asociación de abogados.
En Queen St West, cruzando University Avenue, se alza Osgoode Hall, edificio construido en 1832 en estilo neoclásico que alberga la Corte de Apelaciones de Ontario, el Tribunal Supremo de la Corte Superior de Justicia y el Colegio de Abogados del Alto Canadá. 
Tras los amplios jardines que rodean Osgoode Hall se encuentra Nathan Phillips Square, una plaza que tiene un estanque en el centro. 

En la plaza suelen tener lugar las manifestaciones ciudadanas, y además en invierno el estanque se transforma en una pista de patinaje (al frío hay que combatirle con actividad), y en verano se celebran conciertos gratuitos. 


En 1966 se colocó la escultura de Henry Moore, Archer, con algunos ciudadanos en su contra, supongo que no les gustaría nada la bonita escultura, y que no creían que la localización fuera la idónea; quizás por ello está un poco esquinada en su situación y no junto al estanque. 
Pero la oposición ciudadana más fuerte la recibió el diseño del edificio del City Hall, el Ayuntamiento, construido en 1964 por el arquitecto finlandés Vilji Revell, que ganó un concursó al que se presentaron 510 proyectos. Por supuesto que la plaza y el Ayuntamiento están comunicados con el PATH.

El conjunto se compone de dos edificios de diferente altura, entre los que se encuentra un edificio circular; así no es de extrañar que fuera definido como dos boomerangs sobre medio pomelo, aunque el edificio circular más parece un platillo volante. Desde el hotel Hilton teníamos buenas vistas del edificio y de su ovni particular.
Entramos un breve momento para curiosear el interior, y así vemos que ese platillo volante blanco por fuera,  en su interior parece una seta o un árbol o una copa. Por el resto de lo que vimos, la estructura interna es sencilla.
En una de las paredes cuelga una foto del alcalde con sus concejales, alcalde, Rob Ford, que recientemente se había hecho famoso mundialmente al haberse publicado unas fotografías fumando crack y bebiendo alcohol de forma desmedida, tras lo cual también saltaron a la luz sus escándalos sexuales; todo un auténtico Major. 
El escudo de armas de la ciudad, poblado de animales: un castor y un oso a los lados y un águila en la parte superior, en la inferior, el lema “la diversidad es nuestra fuerza”. 
Una maqueta de la ciudad, donde se ve su desarrollo urbanístico en forma de cuadrícula en el centro, destacando la concentración de rascacielos en el downtown
Salimos del City Hall a la plaza, y en un lateral de ella que da a Bay St, con su fachada principal en Queen Street West, se encuentra el Old City Hall, el edificio antiguo del Ayuntamiento, que también albergaba los Tribunales. 
Frente a la entrada se alza el Cenotafio, monumento erigido en homenaje a los muertos en las Guerras Mundiales, realizándose una ceremonia el 11 de noviembre durante el Remembrance Day
Old City Hall fue inaugurado en 1899 tras diez años de construcción, en los que se sobrepasó más de diez veces el presupuesto original. El diseño es del arquitecto local E. J. Lennox, siendo un ejemplo del estilo neorrománico de finales del siglo XIX, utilizándose dos tonos diferente de piedra. 

En la fachada principal hay estatuas grotescas, y los arcos de entrada están decorados con caricaturas que parece ser representan a políticos de finales del siglo XIX (estaría bien hacer una remodelación del Congreso español con estas caricaturas, aunque no creo que hubiera espacio para tanto esperpento político). 

La cara del arquitecto del edificio, Lennox, puede verse en el arco central, al que hay que identificar por su bigote (y seriedad, que parece que bromas con él, las justas). 
Elementos llamativos del edificio también son las gárgolas. 

La torre tiene 103 m de altura, el reloj y las campanas se añadieron a finales de 1900, siendo su campana más grande llamada Big Ben (la madre patria y su tirón), con un peso de 5.443 kg. 
Intentamos acceder al edificio como hemos hecho en el City Hall, sobre todo porque su interior parece que es llamativo e interesante, pero no hubo manera, y eso que probamos en todas las puertas posibles. El dato curioso es que con ocasión de su centenario, se colocó una cápsula del tiempo, que al ser de plexiglás se puede ver su contenido; con anterioridad, Lennox junto al alcalde de Toronto de la época, Edward Clarke, también colocaron una cápsula del tiempo, en este caso una caja de cobre, que colocaron en la torre y cubrieron con una piedra. 
Old City Hall tiene su reflejo en el Eaton Centre, uno de los mayores centros comerciales del mundo, con más de 300 tiendas. Afortunadamente la protesta pública ciudadana salvó al Old City Hall de la demolición, ya que esta estaba planeada para despejar la zona y construir el centro, que por supuesto está comunicado por el PATH
Eaton Centre sigue la tónica arquitectónica de los centros comerciales que vimos en Montréal (Complexe Desjardins, Centre de Commerce Mondial o WTC, Centre Eaton), motivados en parte por los fríos inviernos, aunque estos en Toronto son algo más suaves: grandes pasillos con cúpulas de cristal. 
En uno de los extremos del largo pasillo acristalado hay colgada una escultura compuesta de gansos; un detalle simpático aunque algo hitchcockiano. 
Eaton Centre está comunicado por una pasarela acristalada con el centro comercial The Hudson Bay, situado en Queen St West. 
Mapa con el pequeño recorrido:

29 de junio de 2015

Canadá - Toronto - CN Tower - Rogers Centre


"Torontontero"

Desde la coqueta población de Niagara on the Lake volvemos a Toronto, pero no somos capaces de obtener una  buena fotografía de la ciudad desde la autopista, donde destaca la CN Tower, por lo que nos conformamos con las que si podemos tener de las publicidades vegetales que la adornan (que fácil parece conformarse el ser humano). 


Llegamos al hotel, descansamos un poco y nos duchamos, que esta noche tenemos planes, cenaremos con dos parejas del tour para despedirnos, y para ello le pedimos el favor a Ángel de hacernos una reserva, pero con tan poco tiempo no fue posible elegir la hora que queríamos y tuvo que ser algo más tarde. Por votación mayoritaria fuimos andando, que yo en esta ocasión hubiera elegido el taxi sin lugar a dudas, y no por distancia sino precisamente por esa hora que corría en nuestra contra para las vistas, ya que nuestra cita es en la alta y altiva CN Tower. 

 

Junto a la torre se encuentra el Rogers Centre, que desde aquí no tiene la misma presencia casi fantasmagórica que desde el ferry a las islas de Toronto y desde este punto de vista es hasta feuchón. Se inaguró en 1989 con el nombre de Skydome, y fue el primer estadio deportivo del mundo en contar con un techo totalmente retráctil, que no vemos desde nuestra posición, que tiene un peso de 12.000 toneladas y que se abre a 90 m de altura a una velocidad de 22 m/sg, por lo que tarda veinte minutos en plegarse del todo. El mecanismo del techo supera al del Estadio Olímpico de Montréal, que se abrió una sola vez y no ha vuelto a funcionar nunca más, un olímpico desastre. 


El estadio forma parte del sistema PATH de la ciudad, la ciudad subterránea para el duro invierno de las ciudades canadienses, con acceso al metro, centros comerciales, centros de ocio como cines y teatros, hoteles, estación de tren; tal y como la ciudad subterránea de Montréal que conocimos ligeramente. El PATh consta de 30 km y fue desarrollado en la década de 1990, y aunque la ciudad subterránea de Montréal tiene más kilómetros, 33, la de Toronto está reconocida como el mayor complejo comercial bajo tierra según el Guinness World Records.


El estadio tiene una capacidad de 53.000 espectadores, y podría albergar ocho aviones Boeing 747. Aquí juegan los Blue Jays, equipo de béisbol; los Argonauts, los Blizzard y los Buffalo Bills, equipos de fútbol. 


Lo que más nos gusta del estadio desde esta perspectiva, no recuerdo si en una zona anexa, es una escultura simpática que muestra a un grupo de espectadores viendo un partido imaginario, se llama Audience, obra de Michael Snow. 


El icono urbano por excelencia de Toronto es la CN Tower, de 562 m de altura, construida en 1976 en hormigón, que fue la estructura aislada y la torre de comunicaciones más alta del mundo hasta 2009, que se inaguró la Torre de Cantón, con 600 m de altura, para luego ser superada en 2012 por la Sky Tree de Tokyo, con 634 m de altura. Al igual que el cercano estadio, también comunicada por el PATH. 


La entrada es curiosa porque se realiza por una pasarela sobre las vías del tren, que le hace perder algo de encanto ante la emoción de la altura y las vistas. 


Una vez verificada nuestra reserva al restaurante, lo que nos da derecho a las pasarelas de observación,  pasamos por un control tal cual fuera un aeropuerto, la seguridad ante todo. 


Lo mejor de tener una reserva tardía para cenar, creo recordar que a las 22 h, es que no hay mucha gente accediendo a los miradores de la torre, que supongo colapsados en horario de día; y lo peor, es que nos hemos perdido el atardecer y las vistas con más luz y horizonte, aunque no tengo muy claro que con el día nublado que hemos pasado hubiera sido un espectáculo mágico. 

Lo mejor para mí es que los ascensores exteriores no van llenos, con lo que sufro lo justo durante los 58 segundos (tan largos como cortos) que tardan en subir, que son más distraídos porque en sus paredes colocaron en 2008 unos cristales (no es todo acristalado) por los que vas viendo cómo se queda la ciudad abajo y la verdad es que impresiona, no me quiero ni imaginar en quedarme ni medio segundo atrapada aquí.

Como en creo que todas las torres de comunicación con observatorios-miradores, en la planta baja hay una gran tienda donde comprar souvenirs. Y también como en la mayor parte de ellas, la posibilidad de sentir la altura y el vacío con la experiencia de colgarse con arneses desde la torre, en lo que aquí llaman Edge Walk.

Con la reserva al restaurante podemos acceder a dos miradores, por lo que hemos llegado antes de tiempo para poder disfrutar de las vistas. Primero pasamos al Sky Terrace, un mirador exterior a 342 m de altura que desafortunadamente para las fotografías está protegido por una valla metálica, con una sensación de altura impresionante y escalofriante, con unas amplias vistas de la ciudad y del lago Ontario–creo que es el mirador con mayor amplitud en el que hemos estado, y esto es lo que da la altura, así que de día y sobre todo de día despejado merecerá la pena subir a la torre. 




En este nivel también se encuentra el Glass Floor, donde parte del suelo es de cristal, con lo que se tiene la sensación de caída y vértigo, pero es imposible disfrutar del momento entre tantos pies, tantos gritos y sobre todo los saltos, que no entiendo porque la gente entiende que el peligro no existe, que una cosa es la resistencia probada de estos cristales, y otra la brutalidad de la gente inconsciente, por mucho que cambien los cristales anualmente. 



Un nivel más arriba, a 346 m de altura, se encuentra el mirador Lookout, ahora ya cerrado, con ventanales de suelo a techo, que a estas horas de la noche están llenos de huellas de manos, y en los que se reflejan las luces del interior, por lo que nuevamente se complica el arte fotográfico. 






Vemos el techo iluminado del Rogers Centre, pero desde luego, como desde el ferry a las islas de Toronto es como nos parece que se tiene su mejor visión. 


Antes de subir al restaurante tenemos tiempo de tomar una copa en el restaurante-bar de este piso, aunque si no hubiéramos llegado ya de noche, nosotros hubiéramos optado por subir al Sky Pod, un mirador a 447 m de altura, que tiene un coste adicional a la entrada de los otros miradores, pero que ante la oscuridad reinante decidimos no subir.

Malos cócteles, mucho ruido de gente (y eso que ya iban desapareciendo), lo que podría ser un buen lugar finalmente es un lugar más pero en las alturas. 


Subimos al restaurante, 360 Restaurante, que ya su nombre indica que es giratorio, dando una vuelta completa en 72 minutos, situado a 351 m de altura. Su ocupación a estas horas no es completa la mayoría de las mesas están a punto de terminar su velada. La fotografía que ilustra fue tomada a la salida, ya que fuímos la última mesa en cenar y salir del restaurante (nosotros ejerciendo de españoles y su horario de cena, sobre todo en verano). 


Somos afortunados con la mesa, ya que se encuentra junto a las ventanas, ventajas de este horario tardío, y somos afortunados con nuestro camarero, mexicano, con lo que no tendremos que pelearnos con el inglés para entendernos. Se puede elegir a la carta o entre dos menús, uno con amuse bouche (aperitivo de entrada) y otro sin él.

La bodega del restaurante es una preciosidad, y no es extraño que la llamen bodega en el cielo, teniendo una increíble selección de vinos (creo recordar que seguimos con los del Niágara) pero no me acuerdo y tampoco tengo la factura para saberlo.



De primer plato: para uno, ensalada de tomate y queso feta; para otra, salmón del Atlántico (de la bahía de Fundy) ahumado con alcaparras y ensalada de pepino. 



De platos principales: para una, salmón del Atlántico braseado con gambas y vinagreta de tomate (por supuesto no para el que tomó el salmón de aperitivo); para otro, entrecot de Alberta a la pimienta con puré de patatas del Yukón. 



De postre: para el más goloso, chocolate negro de tres maneras, con tartaleta de frambuesa, en mousse con chocolate mexicano especiado y con canoli de naranja; para la menos golosa, una torre de chocolate negro con gajos de naranja, Grand Marnier y crema inglesa. 



Terminada la comida, los camareros impacientes porque lo hiciéramos aunque nunca nos incordiaron ni apremiaron, nuestro camarero mexicano se ofrece a hacernos una foto de grupo, con la ciudad de fondo, detalle que le agradecemos, y que se ve que está más que acostumbrado a realizar.

Emprendemos el camino al hotel andando, bajo las luces del faro de la ciudad.