27 de octubre de 2013

Chile - Isla de Pascua - Puna Pau



La fábrica de sombreros

Desde Ahu Akivi emprendemos la última visita del día y de los tours que habíamos contratado, quedándonos lugares en el tintero, algunos de los cuales intentaremos descubrir por nuestra cuenta sin necesidad de transporte, utilizando nuestras piernas para llegar al Ahu Tahai y a la cueva Ana Kakenga.


Vamos a Puna Pau (mirar mapa), al este de Hanga Roa y en el centro-sur de la isla. 




Desde el comienzo ya se pueden ver en el camino los pukao, los sombreros que colocaban los rapanui a los moái. Están numerados, y si ya con la visión de los pukao nos asombramos, más lo hacemos al ver el número escrito, ¿pensaban colocar pukao a todos y cada uno de los moái?





Estamos a los pies del monte Maunga Vai Ohao (mirar mapa), donde se encuentran unas vacas pastando con tranquilidad, que claramente no es fauna autóctona. 




Puna Pau se localiza en un cráter de escoria roja relativamente blanda, y es la cantera de donde se extraían los pukao. 




Caminamos por un un sendero que conduce hacia un mirador, sendero a cuyos lados se encuentran dispersos los pukao. 




Los pukao pueden llegar a pesar hasta 11 toneladas, con lo que realmente resulta asombroso el método que utilizaron los rapanui para alzar los moái con estos tocados; los ataban con cuerdas a los moái y eran alzados en conjunto sobre el ahu. La suma de las toneladas a izar es inconcebible para la época en la que no existían grúas.

El interior está hueco, ¡menos mal! El color de la escoria roja, que se asemeja al de la sangre seca, está considerado un color sagrado en la Polinesia, y la teoría más factible y extendida es que los primeros habitantes vinieron desde allí, de la isla Hiva, con el rey Hotu Matu'a. 




Unos sesenta pukao fueron transportados hasta los ahu donde se alzaban los moái, el resto se quedaron en esta cantera. 




Desde el mirador las vistas: hacia un lado, Maunga Vai Ohao a la derecha (mirar mapa), Maunga Terevaka (mirar mapa), en el centro y al fondo, y Manga Vaka Kipu, a la izquierda. 




La ascensión al monte Terevaka se realiza desde Ahu Akivi, y desde su cima se obtienen vistas panorámicas de toda la isla, así como del maravilloso horizonte curvo. Lástima no haber pasado un día más en la isla para haber afrontado su ascensión y haber disfrutado de la recompensa.




Por otro, la ciudad de Hanga Roa, que se extiende diseminada a lo largo de la costa, con el telón de fondo del océano y parte del horizonte mágicamente curvo. 







Además se puede ver el aeropuerto de Mataveri, bajo la ladera del volcán Rano Kau. 

 



No hay camino alternativo para descender, se hace por el mismo, pasando de nuevo por el camino "sembrado" de pukao, como si fueran fardos de paja rojiza. 



Si pensar en la construcción de los moái resulta misterioso, más aún habiendo visto su construcción en Rano Raraku, hacerlo con sus pukao colocados llega a resultar inconcebible.


25 de octubre de 2013

Chile - Isla de Pascua - Ahu Akivi



Los siete exploradores

Hacia el interior de la isla desde Ana Te Pahu se encuentra Ahu Akivi (mirar mapa), construido en tres fases a partir del siglo XV (creo que es el único moái datado). 




Se trata del yacimiento que se restauró primero en la isla, por el antropólogo norteamericano William Mulloy (cuya tumba se encuentra en la isla) y el arqueólogo chileno Gonzalo Figueroa en la década de 1960.  




Se ve la rampa inclinada del ahu formada por piedras separadas y la plataforma sobre la que se alzan los moái. 




Como ya va siendo costumbre, giramos alrededor del ahu y sus moái, descubriendo su característica peculiar que lo diferencia de casi todos los demás, ¿la veis? 




Antes de descubrirla, si no lo habéis hecho ya, tengo que contar que se dice que estos siete moái representan a los siete exploradores enviados por el rey Hotu Matu'a para viajar a la isla soñada por el sacerdote Haumaka, y de la que volvieron contando su inhospitalidad. 




La diferencia es que los moái miran hacia el mar, se dice que probablemente mirando en la dirección en la que llegó Hotu Matu'a, aunque él desembarcó en la playa de Anakena. Además miran directamente al sol durante los equinoccios, lo que indica el importante significado astronómico que tenían (una visita durante un equinoccio los reviste aún más de magia y misterio). 




Los moái erectos que hemos visto en Ahu Tongariki, Ahu Nau Nau y el solitario Hanga Kio'e miran hacia el interior de la isla y nunca hacia el mar. 

Terminamos de darles la vuelta completa, como intentamos en cada ahu y sus moái. Les hacemos una ficha policial: de perfil, de frente, de perfil, y si es posible, de espaldas.




Los ojos de los moái, de los que emanaba el maná, están en paradero desconocido. Sobre los ojos seguiremos hablando más adelante, en la visita al Ahu Tahai. Así, parecen más calaveras que figuras humanas vivas.






Por un momento con la emoción del momento y el lugar casi me subo al ahu para hacerme la foto, pero afortunadamente me di cuenta de la barbaridad y me pare sin necesidad de ser reprendida por mis acciones. 




Aunque no se podían abrazar volvemos a intentar a jugar con el efecto óptico (aunque me faltan brazos para que pudieran verse palmenados en sus espaldas), como en el Ahu Tongariki.




Desde Ahu Akivi se emprende la ascensión al volcán Maunga Terevaka (mirar mapa), apagado hace 3.000 años, el punto más alto de la isla, con 507 m de altura, a la que se puede ascender a pie o a caballo -por lo menos lo divisamos a lo lejos desde Puna Pau-. Sus vistas panorámicas tienen que ser impresionantes, toda la isla al alcance de la vista y el horizonte curvo en su totalidad. A nosotros nos faltó tiempo material para hacerla, tendríamos que haber pasado un día más en la isla, ya que hay informaciones contradictorias en cuanto a la tardanza de la excursión, pero no creo que subir y bajar lleven menos de tres horas, teniendo en cuenta el éxtasis que se tiene que tener en la cima y con él la pérdida de la noción del tiempo, y además es preferible afrontar la caminata a primera hora de la mañana, y nosotros sólo tenemos la tarde de hoy. En fin, habrá que volver a la isla de Pascua Encantada.

¡Hasta siempre exploradores!





23 de octubre de 2013

Chile - Isla de Pascua - Ana Te Pahu



En el interior de la cueva

Hoy comenzamos el día viajando hacia el noroeste de la isla, la primera parada es en Ana Te Pahu (mirar mapa). Ana significa cueva, y en esta se encontró una urna funeraria, de la que proviene su nombre, cueva del tarro; en realidad se trata de dos cuevas unidas (o incluso más). 


Las cuevas a cielo abierto eran utilizadas durante las guerras como refugio o escondite, y en tiempos de paz se usaban para huertos, o como en el caso de la urna encontrada como sepulcro. 

Son dos cuevas de origen volcánico, cuevas tubulares, del tipo que pudimos explorar en Corea del Sur, aunque estas no tenían vegetación, eran oscuras, como las de Hyeopjae y Ssangyong, situadas ambas en Hallim Park, o la cueva Manjanggul; tanto las cuevas coreanas como la de isla de Pascua tienen acceso por derrumbes del terreno. 

Estas cuevas tubulares se formaron durante los flujos de lava, la capa exterior se endureció pero la lava del interior siguió fluyendo hasta el mar dejando túneles vacíos, llamados túneles de lava. 




En la isla de Pascua no existen corrientes de aguas superficiales debido a la porosidad del terreno volcánico, lo que impedía la agricultura a gran escala. El microclima húmedo y el suelo relativamente profundo de estas cuevas permitían el cultivo de plantas agrícolas. 

En su interior vemos la planta del taro, introducido en la isla por los polinesios que llegaron con el rey Hotu Matu'a, ya que en el viaje llevaron semillas para poder plantar en su nuevo destino para vivir, y plataneros. Del taro se comen las hojas y el tubérculo (llamado ñame en Canarias), pero hay que tener mucho cuidado porque son alimentos tóxicos, con lo que siempre hay que ponerlos en remojo y realizar la cocción adecuada.



También hay un arbusto (más árbol que arbusto por el tamaño) de la guayaba (puede que yo no estuviera lo suficientemente atenta -¿dónde estaría mi mente?- y no fuera este). 



Esta cueva no se encuentra exactamente junto al mar, como en el caso de Ana Kai Tangata o la cercana al Ahu Akahanga, pero no se puede decir que se encuentre lejos de él, en la isla siempre está al alcance de nuestra vista. 


Se puede bajar (fácilmente) a la cueva y entrar en la plantación de plataneros en la que nos faltaría el machete de Indiana Jones, aunque ya hay un camino hecho, supongo que tanto por los cuidadores del parque y sus monumentos como por el trasiego de visitantes.



Hacia el otro lado, la cueva propiamente dicha, ya que tiene techo, que da a otra abertura a cielo abierto. 


En la cueva había compartimentos, lo que indica que se utilizaba a modo de vivienda, y por tanto también hay hare umu, un fogón en el que se cocinaba la comida, como el que vimos en Ahu Akahanga. 


Hay más cueva dentro de este tramo en el que entramos, pero para aventurarse dentro de ella es mejor ir con una linterna, aunque no sé lo que se encontrará ni el tramo que se pueda recorrer. En ella se han encontrado restos de huesos y esqueletos, como algunos rapanui que murieron a causa de las epidemias que asolaron la isla desde la llegada del hombre “civilizado”. 


Para nosotros es hora de salir.