11 de noviembre de 2011

Australia - De Ayers Rock a Cairns (en avión) -


Del rojo al azul y verde 

Hora de volar, desde Ayers Rock volamos a Cairns, en la costa este, a 1.791 km (de nuevo por el aire, que por carretera es otro cantar más complicado aunque interesante ya que se podría hacer por la Ruta del Trópico de Capricornio en varios días). 

Fuente: mapas.owje.com

Cairns se encuentra en el estado de Queensland, el segundo estado en extensión de Australia,  para haceernos una idea de su tamaño es tres veces mayor que España, con una superficie cercana a los 1.727.000 km2   y con una costa de más de 5.200 km.

Los habitantes de este estado tienen varios apodos, pero el más curioso es el de “cane toad” o sapo de las cañas, por los sapos que se introdujeron en Australia en 1935 con el propósito de controlar el escarabajo de la caña de azúcar, que no cumplieron su objetivo; del grupo inicial de 101 sapos ahora hay más de doscientos millones en toda Australia, que ha provocado el declive de lagartos y serpientes goanna autóctonos. 

Los orígenes de Queensland son oscuros y trágicos, en 1824 comenzó como un infierno para la peor categoría de reclusos confinados en New Wales of South que fueron trasladados aquí. En la década de 1840 comenzó la llegada de colonos libres que realizaron una de las mayores usurpaciones de tierras en Australia, con una colonización sangrienta y estableciendo pequeñas reservas para alojar a los aborígenes supervivientes. En contrapartida, muchas de las expediciones hacia el norte acabaron en tragedia, los aborígenes mataron a casi todos sus componentes. 

En 1859 Queensland se convirtió en colonia independiente y rompió sus lazos con New Wales of South, basando su economía en el oro, las vacas, las ovejas y el azúcar. 

A partir de 1863, en uno de los capítulos más sombríos de la historia de la colonia, los kanakas, isleños del Pacífico, fueron obligados a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar en condiciones de esclavitud, en la práctica conocida como blackbirding, que no fue abolida hasta 1905. Se calcula que un total de 60.000 isleños fueron embarcados hacia Australia, pero cuando los sindicatos empezaron a abogar por el trabajo sólo para blancos, muchos fueron enviados de vuelta a sus islas. Los que se quedaron fueron olvidados por el gobierno, víctimas del paro y el racismo, hasta que en 1994 el gobierno federal los reconoció como grupo cultural australiano diferenciado, y aún así, Queensland tardó cinco años para seguir su ejemplo. 

Durante gran parte del siglo XX Queensland conservó su fama de Australia profunda, ya no existía la esclavitud pero continuaba el duro trato a los aborígenes y la severa actuación policial, que fue tremendamente notorio durante los 20 años de gobierno del ultraconservador sir Johannes Bjelke Petersen, hasta 1989, fecha en la que comenzaron los cambios y ahora Queensland dicen que es una de las regiones más abiertas y liberales de la nación.

El vuelo es de QantasLink, una compañía subsidiaria de Qantas para vuelos principalmente nacionales (también llegan a Papúa Nueva Guinea), y el avión un Boeing 717.


En este despegue tenemos la oportunidad de ver las Kata Tjuta, por lo menos tenemos mejor fortuna que a la llegada a Ayers Rock. 


Decimos adiós a este desierto rojo teñido de verde, en el que hay rocas sagradas y mucha vida latente desconocida y que nos ha proporcionado grandes momentos, grandes visiones y muchas ganas de volver para conocerlo más extensamente y si se pudiera con más calma.



En contra de lo previsible, nos toca comida, con lo que hay juerga con los amigos de tour que se apuntaron a comer en el hotel con nosotros, al comentarles que en el planning de vuelos solo ponía “refreshments” a bordo y nada de lunch, así que ternera guisada y doble sesión de comida para hoy. 


Durante el vuelo no puedo hacer fotos como en el espectacular trayecto de Sydney a Ayers Rock porque tengo el sol dándome de cara y no se ve nada de nada. Del rojo pasamos al gran azul para continuar con el verde, ahora ya no es una vegetación corta sino bien alta, con grandes bosques en sus montañas. 


En el aeropuerto de Cairns un avión de la compañía Virgin Blue, con un dibujo simpático, una especie de Betty Boop australiana. 



Una vez en el hotel de Cairns desde la terraza de la habitación disfrutamos del atardecer y del calor húmedo tropical.  


Tenemos vistas al complejo del casino, que tiene hotel (la cúpula acristalada de la segunda foto).



Algo de descanso, deshacer maletas y una ducha después nos vamos de pequeña excursión por la ciudad, tanto para cotillearla un poco como para buscar algún sitio donde cenar, donde de nuevo las discrepancias maritales salen a relucir, al final lo hacemos en un local muy animado, es tanto restaurante como local de copas. La diferencia, y no es el único local de la ciudad con este servicio aunque sí con este particular sistema, es que se pide en las barras (comida por un lado, bebida por otro) y te dan un receptor para avisarte que tu comida está lista para recoger (en otros lugares es con un "trofeo" con número en la mesa, que también va utilizándose en algunos locales españoles, aunque aquí todavía te lo sirven en mesa). Ahorro de costes y nadie sin pagar consumiciones. 


Después de cenar nos damos otro paseo para reposar la comida y conocer algo más de la ciudad, que en teoría es de las más animadas al ser costera, hay que tener en cuenta que estamos en una de los puntos de partida más activos de las excursiones a la Gran Barrera de Coral, pero es invierno y no todo el mundo tiene vacaciones en el país, así que hay mucho turista ocioso pero poca animación en general. 

Entramos en los mercados nocturnos (Night Markets), dos pasillos en un centro llenos de tiendas de souvenirs, camisetas, locales de masajes y al fondo multitud de locales de comida rápida, principalmente asiática. 


En una de estas tiendas sombreros tipo Cocodrilo Dundee, con los dientes de cocodrilo en la cinta que lo rodea, y un cocodrilo que salvo los dientes pero no el pellejo ni la cabeza. 


8 de noviembre de 2011

Australia - Parque Nacional de Uluru y Kata Tjuta - Vuelo en helicóptero


Palya Uluru! (¡Hola/Adiós Uluru!)

Última mañana en el Parque Nacional de Uluru-Kata Tjuta, a primera hora de la mañana hemos disfrutado del amanecer y esta es la única actividad prevista hasta que nos lleven al aeropuerto para tomar una avión a las ¡¡14.35 h!!

Se puede optar por subir al Uluru, siempre mejor al amanecer que no cae el sol a plomo, aunque sea invierno, y con esto se van tres horas, pero ni todo el mundo quiere hacerlo, ya sean por razones físicas que se lo impidan, porque no les interese lo más mínimo o porque como nosotros, respetamos los deseos de los anangu.

Muy mal por la organización del tour, no  te pueden dejar tirado una mañana completa en la más absoluta nada, que es lo que hay en este complejo de hoteles, vale que hay piscina y que a muchos les gustará el relax, pero no a todos, y por lo menos actividades alternativas deberían ofrecer.  

En un principio nosotros habíamos pensado dar la vuelta completa al Uluru, a nosotros nos gusta caminar y disfrutamos haciéndolo como se va viendo en nuestros viajes, pero dado que los sitios más importantes del monolito (quizás no los más importantes pero sí los más turísticos) ya los hemos visto, decidimos un cambio de última hora, que afortunadamente nuestra guía nos propuso, un vuelo en helicóptero sobre el Uluru y las Kata Tjuta. No es una actividad barata como lo sería el caminar pero nos daría otra visión de este impresionante paisaje.

En el intervalo de tiempo entre dejarnos después del amanecer y la recogida de nuevo en el hotel terminamos de cerrar las maletas y las dejamos perdidas en el desierto, a las puertas de la habitación, para que las recojan y guarden hasta que nos vayamos hacia el aeropuerto. 

Hago un inciso, preparando la guía de viaje para esta mañana mi idea era ir a Watarrka National Park o Kings Canyon, pero la distancia, 400 km y el vuelo a las 14 h no lo hacían posible, al menos eso fue la contestación que tuvo mi agente de viajes, pero en el helicóptero había un folleto donde detallaban todos los vuelos posibles y cual fue mi sorpresa cuando allí estaba: vuelo a Kings Canyon, realizar una pequeña ruta y vuelta a Yulara, todo ello en tres horas y media, completamente factible para esta mañana de libertad. Muy mal por el tour operador que no aconsejo a mi agente sobre todas las posibilidades, la respuesta fue que era imposible por carretera, y muy mal por mí por no haberlas visto por internet, cada vez tendré más flancos que cubrir a la hora de programar un viaje (imposible plantear ir en coche puesto que yo no tengo carnet de conducir si lo hacemos solo en pareja). Cierto que este tipo de excursiones tienen un coste, pero esa decisión sería nuestra, ellos sólo tendrían que cobrar. Todos los vuelos y sus precios los encontráis en la página de la compañía que nos llevó a nosotros, Professional Helicopter Services.

Llegados al helipuerto del aeropuerto me llaman la atención las escaleras de subida a los aviones o más bien para avionetas de Qantas. 


No estaría mal volar en esta bonita avioneta, más parece un pájaro grande. 


Pero no, nuestro transporte es de color amarillo limón.


Ya estamos preparados para volar, con los cascos grandes en las orejas por los que no escuchamos casi nada de lo que nos cuenta el piloto en inglés, a los que sí escuchamos es a la pareja de italianos que hacen el vuelo con nosotros, muy italianos ellos.
 
El vuelo fue espectacular sobre el desierto rojo con mucho verde, y las montañas, Uluru y Kata Tjuta desde otra perspectiva. 











Mi gozo en un pozo, hasta el momento ni un canguro en la tierra de los canguros, tan solo los hemos conseguido ver en los zoológicos, Sydney Wildlife WorldSydney Taronga Park Zoo, y no precisamente activos. Pensé que desde arriba podríamos divisar grupos de ellos corriendo o reunidos o lo que sea, pero ni uno solo, y eso que en el país hay ¡cincuenta millones!, el doble de habitantes humanos. ¿Dónde se esconden?, pregunté al piloto y la respuesta es que salen al anochecer, cuando no hace calor, y que por el día no se les ve ni la cola. 


Este es nuestro piloto, que era chico para todo: conductor de la minivan, informador, piloto, cobrador…y alto, muy alto, aunque yo no valga precisamente de referencia.


Tras el vuelo vuelta al hotel a terminar de pasar la mañana, más compras (estoy desatada), y también comemos, en principio no nos darán comida en el avión y no es cuestión de llegar medio muertos de hambre a nuestro próximo destino. 



No, no es que nos comiéramos las flores, es que el fotógrafo pasó parte de este tiempo de espera disfrutando de la flora en el complejo de hoteles. 

En la ya mencionada película Priscilla, reina del desierto se narra el viaje de dos gays y un transexual desde Sydney a Alice Springs, atravesando este vasto y rojo desierto.


Sería muy interesante poder hacer el viaje completo, del este al centro, sobre ruedas, el cambio de paisaje debe ser espectacular, aunque largo si se quiere disfrutar de lo que se ve y lo que se puede ver, con lo que cuando no se tienen todos los días necesarios la mejor alternativa es el avión. 

31 de octubre de 2011

Australia - Amanecer en Uluru y Kata Tjuta


Un nuevo amanecer

Tras la noche y su cena del silencio llega el amanecer y como ya viene siendo costumbre no es un acto en soledad sino en completa multitud, hordas de autobuses cargados de turistas toman la zona por todos lados, algunos de ellos cargados de cajas de desayuno ya que no han tenido tiempo de hacerlo en sus hoteles al tener la cita con los tour tan temprano. 


Seguiremos con música de sonido aborigen con mezcla. 


Se trata de ver por un lado como el Uluru amanece, afortunadamente con unas tazas de café o té que nos suministra nuestro conductor de autobús con las que entramos en calor ante el frío de la mañana.  


Y por otro las Kata Tjuta detrás de él, que empiezan nebulosas y poco a poco comienzan a dar la cara o en este caso, la cabeza.


Por detrás de nosotros el amanecer propiamente dicho. Hay varios miradores a diferentes alturas y también hay senderos para acercarse un poco más al Uluru, nosotros paseamos por todo lo posible. 




Dejemos a las piedras hablar sobre su despertar, con una secuencia al revés del atardecer, pasamos del marrón oscuro al rojo. 








Con toda seguridad los lugares estudiados para ver el amanecer y el atardecer sobre las rocas son los mejores, incluso serían los elegidos (con tanta gente dudo que sean los actuales) por los aborígenes, pero habría que intentar buscar otros ángulos para tener una caída o un alzamiento del sol detrás de las rocas, para esto se necesitarían varios días y sobre todo un transporte particular, para hacer aquello que se quiera en cada momento y hasta donde se pueda entrar y estacionar. 

En los mapas de las rutas de Uluru y Kata Tjuta se ven los puntos para contemplar la salida y la puesta de sol.

Merece la pena el madrugón y si es necesario postergar o saltarse el desayuno para disfrutar de este momento lleno de magia y de luz. 

27 de octubre de 2011

Australia - Parque Nacional de Uluru y Kata Tjuta - Cena del Silencio


Silencio musical

La cena que incluye el tour se llama la Cena del Silencio, y se realiza al aire libre en el desierto, bajo el manto estrellado del cielo. De nuevo todo comienza con unas copas de vino espumoso, cervezas o refrescos, lo normal las dos primeras bebidas, con lo que precisamente Silencio no es lo que obtiene ni se puede obtener. 


Hoy en lugar de atardecer en las piedras, el propio atardecer, que sin dudas también merece la pena disfrutar.





Tras las copas y la caída del atardecer pasamos a las mesas, ya dispuestas como si fuera una celebración de boda en el desierto. 


El primer plato es una crema de calabaza.


El segundo es un buffet de carne, más emú, más cocodrilo, más ensaladas…las carnes estaban mejor que en la autobarbacoa del hotel, más sabrosas y mejor hechas que por nosotros, pero no se hizo ni una sola foto, el buffet no era especialmente bonito. 

Como no hay foto de la cena en su lugar una del fuego que no sé si tenía alguna utilidad o sencillamente era un elemento más del decorado o brasas para la barbacoa. 


A mitad de la cena, para algunos ya terminada por completo, un australiano con pinta de vaquero, largo como él solo, la ameniza con un didgeridoo, un instrumento aborigen hecho con un tronco de árbol, normalmente estos troncos han sido vaciados por las termitas y los aborígenes solo los adecentaban, decorándolos con pinturas en ocasiones. Impresionante la música e impresionante el vaquero haciéndolo sonar. 


Aunque sea poco escuchemos algo del sonido que milagrosamente parecía sacar del palo de madera. 




Terminada la cena llega el Silencio, sale un orador astrónomo para enseñarnos el cielo australiano, sus constelaciones y principalmente la Cruz del Sur, con un puntero va señalando y con una voz melodiosa, grave pero suave y bien modulada, va contando el cielo y sus historias, de las que desgraciadamente no pillamos casi nada y eso que le pusimos mucho interés, una pena que no entreguen audioguías en diferentes idiomas para disfrutar más de este momento, que se puede hacer cansino al no entenderlo. Yo me perdí, cuando parecía que quería pillar alguna de las constelaciones ya pasaba a la siguiente, con lo que tenía un batiburrillo de estrellas. 

Tras las explicaciones nos deja acercarnos a un telescopio para ver la Luna y Saturno, del que afortunadamente si soy capaz de verle algún anillo sin mucho esfuerzo ni imaginación. 

Se termina la cena, que personalmente creo que se le puede sacar más partido en general, como cena y como espectáculo, porque el momento y el lugar se lo merecen y nos llevan de vuelta al hotel, hay que descansar que mañana toca un buen madrugón para ver el amanecer en Uluru y Kata Tjuta




Terminemos la cena con música completa de aborígenes.