Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomía mexicana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomía mexicana. Mostrar todas las entradas

15 de diciembre de 2016

España - Madrid - Taquería La Lupita



Tostadas, tortillas, tacos…

Un sábado tonto de lluvia, a última hora hacemos una reserva en un restaurante mexicano, Taquería La Lupita, teniendo la suerte de encontrar mesa -este es otro de los hallazgos de amigos que nos pasan sus conocimientos gastronómicos-. Tiene varios locales, al que fuimos es el de la calle Villanueva. 




El local está lleno y la mesa que nos tienen reservada está junto a la puerta, por lo que cada vez que esta se abre nos inunda el frío y no es nada agradable, así que pedimos un cambio de mesa, con la decisión de que si no era posible, no nos quedaríamos, la comida tiene que ser un placer completo, y así no iba a resultar. De mesa baja (tipo pupitre de colegio casi) pasamos a una mesa alta, pero esto no nos importa, sobre todo a mí, que me cuelgan las piernas y mucho. 


Para beber, cerveza mexicana ya conocida y que nos gusta, Negra Modelo. De aperitivo nos sirven unos nachos con dos salsas, una de cilantro y otra creo que de soja. 





Para compartir unas tostaditas de cevicheto: tostadas de maíz con atún, cebolla, chiles verdes, aceite y salsa de soja. Muy ricas. 




También compartimos unos sopecitos, tostadas de maíz con ingredientes tradicionales de la cocina mexicana. En esta ocasión, no sé siempre serán igual, nos tocan de cochinita pibil y del pastor. 




Los comensales de una gran mesa alta a nuestro lado van llegando, con lo que de nuevo tenemos que ser movidos, pero en esta ocasión somos desplazados con mesa y todo, y seguimos a cubierto del aire que entra por la puerta al abrirse. Como compensación a tanto baile de mesa, nos ofrecen dos margaritas. 




De comida, dos tacos, que también compartiremos. Un taco de cochinita pibil, que si llegamos a saber –dato que nos tenía que dado nuestro camarero- que el sopecito también era de cochinita lo hubiéramos cambiado, del que no hay foto porque la única diferencia es que el tamaño es más grande; y un taco del gobernador, con gambas a la plancha con queso gratinado y chipotle (para mi pareja, lo mejor de lo mejor). Vienen dos tacos en el plato, con lo que se comparten muy bien. 




Terminamos con una tarta de chocolate, compartida por supuesto, hoy la comida va así. Una locura de chocolate. 


Esta taquería es un lugar a repetir, porque su relación calidad-cantidad-precio es buena, y para nosotros quizás lo único malo es la sonoridad del local cuando está completo (pero esto es un problema más nuestro en general que nos vamos haciendo mayores, ya que esto es un mal común y no sobresale respecto a otros locales). En fin de semana, recomendable reservar, y entre semana me da que también sería bueno hacerlo. 


12 de mayo de 2016

Madrid - Antojería Cascabel


¡Viva México...¡ 

Hacía tiempo que tenía pendiente publicar una entrada sobre un restaurante, y entre unas cosas y otras -la excusa de siempre- no he podido hacerlo, pero como creo que se lo merece, sobre todo por la calidad de su cocina y por el buen hacer (y cantar) de sus camareros. 

En Gourmet Experience, en el centro comercial El Corte Inglés de Serrano, junto al estupendo StreetXo de Daviz Muñoz –la versión más económica y divertida de Diverxo-, y la heladería Rocambolesc de los hermanos Roca, hay otro local que despunta, que es también la versión económica de otro local emergente en Madrid, la Antojería Cascabel, del chef Roberto Saiz, cuyo buque insignia es el restaurante Punto MX, con una estrella Michelin en su palmarés, en el que es imposible realizar una reserva para el día que se desee. Como en StreetXo ya hemos comido dos veces, ambas con excelente resultado gustativo, en esta ocasión le dimos la oportunidad a Cascabel.

El nombre de antojería ya es bueno y divertido, presagiendo antojos gastronómicos; este nombre en México está muy extendido, haciendo referencia a que cada uno come lo que se le antoja, y en ellas se sirve comida no muy elaborada, aunque este no es el caso, es la base pero no el desarrollo y el producto final. ¡Viva México!

Hay un pequeño salón junto a la barra, donde suena la música a todo trapo, muy molesto para nuestros oídos y para mantener una conversación, aunque es el mejor lugar para disfrutar del espectáculo de los camareros, que tatarean las canciones, o las gritan, sobre todo al unísono ¡Viva México cabrones!, de la canción del grupo Molotov. 



Fuente: harpersbazaar.es

 El día que fuimos era soleado aunque fresco, por lo que decidimos apostar por comer en la terraza, con buenas vistas sobre los tejados de la Milla de Oro capitalina. 


Para beber, una cerveza de la casa, y un cocktail Margarita Coyote, que lleva tequila, mandarina y physalis (un fruto muy de moda), ¡buenísimo!, pero mejor controlar un poco porque parece que no, pero se sube lo suyo a la cabeza, sobre todo si se consume rápido, y la comida y el calorcito solar acompañan a hacerlo. 


Con la carta tenemos un problema, porque nos apetece probar todos los platos, y eso es imposible, nuestro estómago, que es muy agradecido y de gran capacidad, no lo soportaría. 


Todos los platos serán para compartir, y comenzamos con un taco árabe, con ternera, tzatziki de chile habanero (para que sea bien picantito -una salsa de origen griego, con yogur, pepino, aceite, limón y en este caso unas hojas de menta-. Muy bueno, comenzamos casi con matrícula de honor, y no solo porque el sabor sea estupendo, sino porque la carne es de muy buena calidad. Pica, pica, tragos de margarita. 


El segundo plato es una flauta de pollo ecológico, y es que no nos podemos resistir a la tortilla de huitlacoche (también se puede llamar cuitlacoche), a la que conocimos en otro restaurante mexicano de Madrid, Entre suspiro y suspiro, y por la que desde entonces tenemos debilidad, aunque se trate del hongo del maíz. Va acompañada de salsa costeña, cuyo ingrediente principal es el tomate, aderezado con ajo, cebolla, cilantro y por supuesto ¡más chile!. De nuevo, rico rico, y pica pica, pues nada, hay que seguir bebiendo. 


Continuamos con unas quecas ahogadas, con los nombres vamos bastante perdidos, pero en carta viene en qué consisten los platos para ir con más seguridad. Se trata de dos quesadillas de queso bañadas en salsa verde de miltomate y crema de rancho. De compañía, cebolla roja y aguacate. Yo pensaba que este plato no me iba a convencer demasiado, y casi termino rebañando el plato con los dedos. 


Con la rica comida picante nos hemos terminado la bebida, con lo que toca una segunda ronda. En este caso, cambio el margarita estupendo por una michelada, una combinación de cerveza con zumo de limón y sal, que no me termina de convencer aunque está buena, pero puestos a elegir prefiero una cerveza bien fresquita. La michelada en México se usa para amortiguar la resaca, o la cruda como le dicen allí, y se puede servir también mezclada con salsas (supongo que picantes mejor). 


Terminamos, y podríamos haber seguido, pero desgraciadamente utilizamos el sentido menos común de todos, el sexto, con un Armadillo, una tosta de pan horneada con frijoles rancheros, pachola de ternera (carne picada con la que se hacen filetes y en este caso viene más desparramada que en figura) y majado de hierbas frescas, que se acompaña de una salsa de chipotle y cítricos que llega en un tubo tipo pasta de dientes. No hay palabras, aquello era una fiesta en la boca, con mariachi incluido. 


Las cantidades en los platos no son precisamente generosas, sobre todo si se comparten, pero creo que la relación cantidad-calidad-precio es bastante ajustada, y lo que hace subir la cuenta no es la comida, a no ser que se piden diez platos, como siempre suele ser, es la bebida, que también podría haber sido más. Los platos cuestan entre 9 y 15€. Un sitio al que volver sin ninguna duda, además la cola suele estar para entrar a StreetXo y aquí es mucho más fácil, aunque como esto es vox populi al final será igual de difícil. Lástima no poder ir a Punto MX para abrir más nuestra mente y nuestro paladar, aunque de vez en cuando echaremos un vistazo a las reservas de su página web, y a nuestro bolsillo, por si los dos se acoplan bien. 

1 de mayo de 2013

España - Madrid - Restaurante Entre Suspiro y Suspiro

¡A todo mecate!

Intentando descubrir y redescubrir los sabores de la cocina mexicana nos fuImos al bien valorado por los críticos y los comensales en términos generales, Entre suspiro y suspiro, al que yo personalmente le tenía ganas desde hace bastante tiempo, y como toda espera tuvo su rica recompensa. 

El restaurante se sitúa en una calle, Caños del Peral, que desemboca en la bonita plaza de Isabel II (también conocida como plaza de Ópera o sencillamente Ópera, como la estación de metro). 



Donde destaca el edificio del Teatro Real, con lo que puede ser una velada cultural a dos bandas: la musical y la gastronómica. 


El restaurante presenta los bonitos colores que todos asociamos con México: azules, verdes, rosas, todos muy alegres al tiempo que le dan calidez al local. 


Si, entre los cuadros destaca uno, el de los muertos, y es que la cultura y la devoción que se da en este país a los muertos es de estudio, ¿no se venera a la Santa Muerte? y además se tienen altares con ella bien vestida y con su "guapa" calavera.


Somos afortunados con la mesa que nos asignan, la única que se encuentra al lado de la ventana que da a la calle y con vistas a la plaza. 


El alféizar de la ventana está decorado con lo que en principio nos parecen unos bonitos bloques de madera pintados. 




Pero como estas manos inquietas los mueven descubrimos que no son bloques de madera, son estuches preciosísimos de botellas de tequila. 


Tequila que nos rodea por todas partes en el restaurante, estantes llenos de este espiritoso líquido, del que dan ganas de hacerse un máster a chupitos, porque no sabemos casi nada de él, de sus marcas y variedades. 



Entre las cajas y botellas de tequila la decoración sigue sorprendiéndonos. 



Para beber nos olvidamos del vino en esta ocasión y nos decantamos por una buena cerveza mexicana, Negra Modelo, que es una cerveza de color ámbar oscuro, a la que ya conocíamos y sabíamos que está buena. 


Nos obsequian con un aperitivo, una tortilla de maíz, creo que el tomate es lo que le da el color rojizo, y sobre ella no falta el típico guacamole. 



Pedimos más por intuición y ruleta rusa que por saber lo que pedíamos con seguridad, pero así se descubren nuevos sabores, nuevos ingredientes, nueva cocina. 

Compartimos dos platos, el primero una quesadilla de cuitlacoche


De este plato sí teníamos conocimiento, y a pesar de su principal componente nuestro recuerdo de otro restaurante mexicano en Madrid es inolvidable. Se trata de una quesadilla de maíz rellena de cuitlacoche, bañada en salsa verde y nata. Lo asombroso del plato, y de que nos guste, es que el cuitlacoche es el hongo del maíz, y por eso el interior de la quesadilla es de color negro, del color del podrido. 


Realmente es asombroso que algo tan feo y en teoría en mal estado pueda estar tan sabroso. Si alguien lo ve en su estado natural y no guisado posiblemente no lo comeríamos y hasta nos daría "repelús" tocarlo. Y resulta más curioso aún que buscando información sobre el cuitlacoche es que los agricultores a los que les cae el hongo en su cosecha lo ven como una bendición, porque su producto se vende más caro, con lo que no es de extrañar que incluso lleguen a "plantar" el hongo. 


El segundo plato que compartimos no lo tienen en carta, es una especialidad del día, pero nos sonó también a los oídos que no nos resistimos a pedirlo: unos tacos de pulpo con salsa de chile verde. Muy rico y sabroso presentado con una bonita y colorida presentación. 



Viendo estos entrantes a compartir nos surge la duda si habremos acertado, porque no es que hayan sido platos descomunales, pero preferimos no pedir en exceso y si era necesario pedir algún plato más a posteriori. 

Por un lado, Huarache de Arrachera (que suena como un trabalenguas, y con media botella de tequila creo que se podrían erres y ches donde no las hay). Se trata de un corte de ternera sobre un huarache (¡aja!, la tortilla de maíz del aperitivo), con salsa verde, queso y un flan de arroz. Impresionante de rico y una buena ternera, de las que se dejan masticar y saborear.


Fuera de carta, entre los platos que la amable camarera nos cantó, estaban unas ricas costillas, a las que no pude decir que no, creo recordar que las llamó Costillas de cruz grande. Iban acompañadas de un flan de arroz y de unos estupendos fríjoles que llevaban unos pequeños tropezones de tocino (¡qué rica la grasa!). 


Las costillas venían con su ración de tortillas para acompañar, envolver, empujar... varias utilidades resultaron tener.


Despues de los platos principales, dudas despejadas, no nos quedamos con hambre precisamente, ambos eran muy generosos en cantidad y acompañamiento. Pero nos quedó algo de espacio para pedir postre. 

Por un lado, un sorbete de mandarina al tequila, que al principio sería el clásico sorbete de limón pero no tenían. El sorbete nadaba, que no flotaba, en una gran laguna de líquido alcohólico, y sin él también hubiera estado rico. 


Por otro, y para compartir, un pastel Rosa Mexicano, un rico pastel de chocolate (y es que el chocolate es adictivo y es una de nuestras pasiones declaradas). El pétalo de rosa no me lo comí, pero últimamente las flores se utilizan mucho en cocina, con lo que al final no será decorativo y sí gastronómico.


Como yo no he tenido mi ronda de tequila, el pastel no nadaba en ninguno, me pido un chupito, y lo dejo a la elección de la camarera, porque leerme la extensa carta no me hubiera sacado de dudas, es más, me hubiera sumergido en un mar más grande de ellas todavía. Me pusieron uno del tipo Reposado, pero no pregunté la marca, eso sí, como buen tequila bien fuerte. 

¡Viva México!



Después de la opípara, sabrosa y estupenda comida, nos dimos un pequeño paseo por la zona, y aunque nos la conocemos bastante bien, siempre se encuentran nuevos rincones o los lugares se ven con otros ojos más viajeros, como por ejemplo esta calle que sale de la plaza de Ópera, que en cualquier ciudad del mundo nos atraería tanto que la cuesta no sería un impedimento para subir por ella. 


Por la calle Arenal salimos a la Puerta del Sol, donde buscamos la escultura casi itinerante por sus cambios continuos de posición, la típica "El Oso y El Madroño"


Apuntado queda en nuestra memoria y en nuestras papilas este restaurante, al que tendremos que volver para seguir descubriendo y degustando platos de la cocina mexicana, porque ha sido como el título de esta entrada, ¡A todo mecate!, una expresión mexicana que significa espléndido y de gran calidad.