Australia ha sido un país
como una caja de sorpresas, realmente asombroso (si, amazing que es como empecé
la crónica de este viaje), con una variedad de paisajes y cromática que le da
un valor añadido.
Sydney es una ciudad para
disfrutarla desde y por su bahía, que le imprime su carácter tan especial y que
es uno de sus valores más importantes; y sin lugar a dudas una ciudad donde
vivir, que es la clasificación final que hacemos de las ciudades que visitamos,
porque puede ser una ciudad increíblemente bella pero no habitable, como para
nosotros sería el caso de Venecia.
Melbourne es una ciudad
british hasta la médula y seguro que por eso nos ha gustado tanto, porque
Londres nos parece una ciudad bella y agradable; al igual que Sydney, incluso
algo más, una ciudad para vivirla y vivir en ella.
Del resto del país que hemos
tenido la suerte de conocer: Uluru es la magia hecha piedra, y sin entender su
significado nos ha hechizado y nos ha resuelto dudas porque te provoca paz; la
Gran Barrera de Coral es el universo del mar, de ese mar que el ser humano
insiste en cargarse, y es una pena que algo tan hermoso pueda desaparecer;
Kakadu es la raíz de todas las cosas, de la creación del mundo, de los paisajes
infinitos, de la soledad acompañada…de la verdad y la poesía.
Lo que es complicado es
hacer algún tipo de consejo para realizar el viaje, porque siempre escribiré lo
mismo: lo mejor es hacerlo por libre, aunque ello signifique perderse
explicaciones que no vienen en las guías e incluso tener que hacerlas en inglés
porque es el único modo. A ser posible también sería bueno alternar los viajes
en avión con los de carretera, para comprender y sentir mejor esa tierra y esa
variedad de paisaje, por ejemplo llegar a Alice Springs cual Priscillas en
autocaravana, pero para ello se necesitarían más días de lo que nosotros hemos
podido estar.
Nosotros hemos estado 18
días y se han quedado muy cortos, quizás los seis primeros en Sydney pueden
parecer mucho, pero dejar lugares pendientes en la ciudad, que para nosotros
eran importantes, no nos hubiera
gustado, a las ciudades nos gusta conocerlas lo mejor posible para tener una
valoración más completa que solo con los lugares más turísticos. Con dos
semanas más se hubiera podido incluir lugares como Adelaida, Isla Kangaroo,
King’s Canyon (aunque ya comenté que desde Uluru se puede hacer en helicóptero),
Katherine Gorge, Litchfield National Park, Port Douglas, Daintree River,
Mossman Gorge, Cape Tribulation, alguna isla de la Gran Barrera de Coral, Alice
Springs, Devil’s Marble, e incluso llegar a Australia Meridional, a Perth por
lo menos.
Una relación de enlaces que
pueden ser de ayuda, aparte de los que he ido incluyendo en cada capítulo,
información en la red sobre el país y sus posibilidades hay mucha y muy buena, aunque
la mayor parte es en inglés por supuesto.
Fotos y datos útiles sobre las posibilidades: Go Australia
Para elegir los destinos de naturaleza del país a través de fotos y letras: Flexijourney
He hecho una selección de la cantidad de enlaces que podréis encontrar en la red que a mi me resultaron interesantes para el viaje y espero que también os puedan ser útiles a vosotros.
La otra media vuelta al mundo (lástima
que se acabó el festival australiano)
Tras el último paseo por Melbourne os cambiamos de ropa y se
cierran las maletas un poco a lo bruto, es lo que tiene ir apurados de espacio
y comprar más de lo que puede entrar en ellas. Llega nuestro transporte a las 12.30 h,
de nuevo es el simpático chófer que nos recogió en la llegada y volvemos a
entablar una agradable y fluida conversación con él gracias a sus esfuerzos, no
en vano fue profesor de inglés en Alemania, así que tablas y paciencia para
enseñar, comprender y ser comprendido tiene.
Nos pregunta si nos ha
gustado Melbourne y la respuesta es “yes,
of course”, y le mencionamos que su arquitectura nos ha gustado más que la
de Sydney, nos ha impactado más, y que si tuviera la bella bahía de la segunda
estaría completa y sería perfecta. Él nos pregunta si nos hemos acercado a los
Docklands, los muelles rehabilitados pero no nos ha dado tiempo a tanto,
supongo que con la rehabilitación de este lugar aparte de hacerlos útiles como
en todas las ciudades y no dejar zonas deterioradas se pretende también
competir con Sydney, eternas ciudades rivales me temo.
Nos acompaña al aeropuerto,
e incluso nos ayuda a facturar las maletas, que afortunadamente no se pasan de
peso, aunque sí en lo que se refiere a una de ellas, que no es que se pase del
permitido sino que es por avisar de sus 22 kg para que los trabajadores la carguen con cuidado y no tengan problemas físicos.
Lo primero que hacemos,
aunque ya sabemos que no será posible, es acercarnos con nuestros tickets de
compra a la oficina del Tourist Refund Scheme para el reembolso de impuestos
pagados en el país ya que somos turistas. Y aquí son muy listos los
australianos, no vale con la factura, por muchos sellos que estampen y por muy oficiales que sean,
hay que llevar los objetos que se han comprado, pero ¿cómo se llevan si se han
facturado? ¿los boomerangs se pueden llevar? ¿no serán considerados un arma en
lugar de objeto decorativo? Aparte de este requisito algo más que curioso el
más importante es que se haya efectuado una compra de más de 300AU$ en el mismo
comercio. Así que no obtenemos nada, pero lo teníamos muy claro, se podría
haber intentando desde el mostrador de facturación pasar la maleta antes de
facturarla o que algún trabajador de esta oficina viniera a comprobarlo, pero
una auténtica locura sacar los regalos de arte aborigen, que son lo que
tendrían derecho, de las maletas, ya que están colocados entre la ropa para
evitar posibles golpes y roturas.
Con el didgeridoo que
compramos y enviamos directamente a casa el problema ha sido otro, allí no se
han pagado impuestos porque claramente es un bien que sale del país, pero hemos
pagado el IVA (curioso, si no está producido aquí) al entregarlo en casa, dato este
que también sabíamos porque uno de los del grupo ya nos avisó, a él le pillaron
de improviso en otro de sus viajes haciendo una de estas compras de envío a domicilio.
Tras una excursión por la
terminal internacional del aeropuerto, y tras gastarnos casi los últimos
dólares australianos, quedaba realmente poco y cambiarlos hubiera sido una
pérdida de tiempo, nos vamos a la sala VIP a pasar media hora de espera, y nos
damos alegremente a la bebida y a la comida, que ya son las 14.30 h; con el
detalle que van pasando bandejas de productos calientes a menudo, que si unos
muslitos de pollo, que si unas patatas fritas…
Conocemos el monstruo en el
que volaremos, un Airbus 380, del que las últimas noticias que teníamos es que
había tenido que volver a Singapur de
donde había salido porque uno de sus motores se había incendiado y toda la
flota había tenido que ser aparcada y puesta en revisión, así que suponemos que
estarán bien ya que han vuelto al trabajo y la normalidad. Lo último que se ha publicado de estos monstruos aéreos es que están saliendo fisuras en sus alas, que se van agrandando y tienen que pasar nuevamente por "pega, chapa y pintura".
La diferencia, aparte del
tamaño a primera vista, que notamos primero son los fingers, que tiene varios, no recuerdo cuantos pero si que el
principal luego se bifurcaba en varios, y es que para llenar este avión gigante
se necesita hacerlo bien para provocar un colapso de pasajeros.
De nuevo volamos en el piso
superior, ahora con tres filas de dos.
Nuestra butaca está
preparada con la manta, en esta primera parte no nos corresponde pijama,
supongo que porque es de día, salimos a las 15.30 h, pero seguro que si se
solicita lo dan.
Y sí, estoy inmesamente
feliz del viaje que hemos realizado, ¡cómo no estarlo!
En el viaje de ida creo
recordar que también existía la posibilidad de ver el vuelo con una cámara en
la cola del avión, pero en esta ocasión tomo una foto de la pantalla.
Ahora es cuando consigo
capturar entero el vídeo de presentación de Travolta y ya puesta la pantalla
del recorrido del vuelo…y es que tantas horas por delante dan para mucho o para
intentar distraerse con todo.
De Melbourne a Singapur, esta
será la escala y no Bangkok como a la ida, nos toca comer, con lo que vamos a conocer algo de la comida de los aviones, que no siempre es mala, lo que no es bueno es el precio para que sea mejor. De primero un King Prawn and Soba Noddle Salad with Ponzu
Dressing, muy ricos los langostinos.
De segundo un riquísimo Slow Cooked Kurobuta Pork Ragout with
Kalamata Olives, Pappardelle, Broccolini and Gremolata.
De postre tomamos algo ligero, un
pequeño surtido de fruta ypara terminar un té o café con una chocolatina, como mucho puedes coger dos pero no quedarte con la cesta.
Yo aprovecho el viaje para
terminar de ver la película Australia,
y además me veo La elegancia del erizo,
libro que también he terminado de leer durante el viaje, tras una larga lucha
con él, porque no es fácil, y la película se hace más amena, con la
inconmensurable Josiane Balasko.
Escala de algo más de una hora en el
aeropuerto de Singapur, en el que no tengo ganas de pasear y recordando dónde
se encontraba la sala VIP del año anterior no fuimos a ella, no merecía la pena
para tomar nada ni para descansar ya que se encuentra demasiado lejos, así que tras ver alguna tienda y poco más, nos vamos a la zona de
embarque, que comienza antes de lo previsto, puntualidad asiática en este caso.
De Singapur a Londres nos
toca cenar, pero la cámara ya estaba guardada así que os evito la fotografía de
los platos, que fue de nuevo pato, Chinese
Style Five Spice Duck with Gai Lan and Noodles.
Y a dormir, o por lo menos
intentarlo, que en esta ocasión la verdad es que me cuesta conciliar el sueño,
más que nada dormito, para abrir los ojos ante un nuevo amanecer en el aire.
Hacemos un desayuno
nuevamente frugal, que rellenamos como en el vuelo de ida en los papeles correspondientes, croissant y
tostadas, y avisamos de que si estamos dormidos no nos despierten, pero como no
fue el caso, pues a seguir moviendo la mandíbula.
Llegada a Londres, de nuevo
sin vistas apropiadas, mira que da rabia cuando sabes que es una maravilla y no
te lo dan, directos a la sala VIP a descansar, por lo menos estar sentados, y
allí hay unos bocadillos de bacon recién salidos de las cocinas que no nos
resistimos a probar…el pecado de la gula sin pausa en aviones y aeropuertos.
El vuelo a Madrid sale con
casi dos horas de retraso, la salida la tenía a las 8.40 h, y ya se nos hace
pesada la espera, lo que tenemos ganas es de llegar a casa. Volaremos de nuevo
con la British Airways, en un Boeing 767, en el que podemos volver a desayunar,
el típico huevo revuelto, pero con unas tazas de té tenemos suficiente, que ya
vamos cargados de comida.
Desde el avión puedo capturar uno de los
bonitos aviones decorados con símbolos aborígenes de la Qantas.
FIN de la crónica larga de este viaje,
que nos ha dejado un estupendo recuerdo y unas ganas increíbles de volver a
este maravilloso y camaleónico país, lástima su lejanía para nosotros. Espero haber transmitido en parte todo lo que Australia puede ofrecer, que es un mundo de colores y alegría, y de actividades de todo tipo para aquellos a los que la adrenalina es importante descargarla.
Para terminar nada mejor que una buena música con didgeridoo.
El hotel elegido en
Melbourne de nuevo tiene vistas sobre la ciudad, no son tan espectaculares como
las de Sydney pero cada ciudad a su manera tiene su propio encanto contemplada
desde arriba. Ya hemos ido viendo algunas que he ido utilizando para la
confección sobre el reportaje sobre la ciudad pero ahora rematamos la faena ya
que hemos conocido bastante bien la ciudad desde abajo.
Para esta visión desde arriba nos acompañamos de nuevo con el grupo australiano de Men at work, y es que la música de los ochenta marcó nuestra oído.
Afortunadamente los
cristales de la habitación son insonoros y no se siente ni uno solo de los trenes a pesar del
susto inicial al ver las vías férreas.También se ve el río Yarra y al
fondo las instalaciones del Olympic Melbourne Park (la construcción del fondo
tan futurista es el AAMI Park, donde creo que se celebran los partidos de
fútbol australiano), con varios estadios, y las pistas de tenis del Open.
Por la noche la zona tiene
otro aspecto.
Cruzando Princes Bridge se
hallan los edificios del Arts Centre, el edificio más cercano estaba de reforma
y el más lejano tiene una torre sobre él, pero desconozco si es de utilidad o
solo decorativa, creo que más lo segundo, tipo aguja futurista. Ambosedificios se utilizan para espectáculos
musicales, conciertos, danza…igual que la Sydney Opera House, y también se
pueden realizar visitas guiadas.
A la derecha destaca Eureka
Tower, el edificio más alto de la ciudad con 300 m de altura, que por supuesto
tiene un mirador, pero como los días fueron todos nublados nunca hicimos el esfuerzo
de acercarnos, y por las noches ya teníamos vistas desde la habitación de la
ciudad iluminada; otra cosa hubiera sido que también tuviera un restaurante
giratorio…aunque a su favor tiene, como una de las torres de Chicago que no
recuerdo su nombre, un cubo de cristal adosado al exterior de la torre, desde
donde sentir el vértigo. Otra de esas pequeñas espinas de lo que no hemos hecho
pero tengo claro que volveremos a Australia, no será pronto porque hay mucho
mundo por seguir descubriendo, pero nos ha gustado tanto el país y sus dos
principales ciudades, que queremos más de todo.
En el interior del parque Kings Domain destaca el edificio de la Government House.
También se puede ver
Melbourne desde arriba en helicóptero o en globo, ¿será por vistas?, parece que
el amanecer es una buena hora que luego el cielo se va cargando de nubes llenas
de agua.
La verdad es que es un verdadero placer dormirse y amanecer con buenas vistas, siempre se hace con una sonrisa y además predisponen al cuerpo y a la mente para las caminatas diarias.
Hasta
pronto Melbourne, le dijimos bajo una torrencial lluvia
Quizás la música que he
elegido para el último paseo por la ciudad no sea la más apropiada, pero me hizo gracia la canción y la quiero
compartir con vosotros, por supuesto es de un cantante australiano.
Hora de hacer las maletas,
aunque ya no es tanto trabajo, desde Darwin una de ellas ya venía completa,
aunque teníamos que hacer algunos malabares para dejar hueco en la de mano, que
ahora facturaríamos, ya que mañana tendríamos que meter las botas y la ropa de
abrigo, que no era cuestión de llegar a Madrid vestidos de invierno. Nos
tomamos la mañana con calma, ya no era cuestión de correr a ningún lado, además
el día había salido francamente malo. Salimos a dar nuestro último paseo por la
ciudad algo tarde de hora bajo una lluvia muy fuerte y molesta, bajo unas nubes oscuras.
Vamos hasta Flinders St para
rodear la estación de tren y cruzar el río Yarra, y aunque hubiera sido mejor hacerlo
por Princess Bridge hacia los jardines botánicos y otro jardines que hacen que
Melbourne sea llamada la ciudad jardín, el día no era apropiado para este paseo
y si nos descuidábamos mucho acabamos embarrados, cansados e incluso algo
frustrados por no ver todo lo que hay en ellos.
Durante el camino topamos
con una tienda de souvenirs varios y variados, entre ellos un póster con la
lista de los pasajeros y tripulantes de la First Fleet, seguro que más de uno
lo tiene en su casa si tiene un familiar en esta lista.
Tras un rato caminando y
pensando que no encontraríamos el modo de cruzar la Flinders Station y las
vías, finalmente un túnel aparece ante nuestros ojos y salimos al Queens
Bridge, construido en 1880 para sustituir una pasarela de madera, que tiene
arco muy plano, con cinco columnas de hierro forjado.
No cruzamos por este puente,
en su lugar vamos hacia el anterior, Sandbridge Rail Bridge.
Lo hacemos porque desde
lejos nos llaman la atención unas esculturas que se encuentran sobre él y queremos verlas de cerca.
El puente era utilizado por
el tren y en el 2006 se remodeló como peatonal y se decoró con arte público.
La exposición es un tributo
a la multiculturalidad de Melbourne, haciendo mención a los inmigrantes y a los
ancestros, con 128 paneles de cristal, tras los cuales en pedestales de hierro
se levantan las esculturas. Por supuesto nosotros nos fijamos en la mención a los inmigrantes españoles.
Tras esto emprendemos el
camino de vuelta al hotel y ahora cruzamos por el Southgate Footbridge.
El puente fue construido en
1989 y como su nombre indica solo los peatones pueden cruzar por él, que tiene
un cierto aire a los diseños del arquitecto español Santiago Calatrava.
Volvemos a salir a Flinders
St y recorremos toda la fachada de la estación, bajo la cual hay una tienda de
botas Ugg, de la que salgo con una caja que ya veremos donde somos capaces de
poner en la maleta, sin caja claro; ya las había visto en Sydney con unos
modelos más espectaculares, y durante todo el viaje, no en vano es uno de los productos
estrella australianos gracias a los americanos que a comienzos del 2000 las
comenzaron a poner de moda, pero no quería cargar con ellas tan pronto, así que
en lugar de un nuevo modelo tengo el clásico, muy calentitas, así que tendremos
que buscar un buen destino frío para estrenarlas adecuadamente. También me las
podría haber comprado en Madrid pero no sería lo mismo, aparte de que creo que
el precio ha sido bueno al cambio.