Mostrando entradas con la etiqueta Grand Canyon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grand Canyon. Mostrar todas las entradas

3 de abril de 2017

EEUU - Grand Canyon West - Skywalk



Por tierra, aire y agua

Tras nuestra excursión por los pasillos y restaurantes del Hotel Bellagio retrocedamos en el tiempo: volvimos a Las Vegas el día 30 de diciembre desde el Gran Cañón, en el South Rim, haciendo la ruta 66 desde Williams a Oatman, y como el tiempo hay que aprovecharlo de la mejor manera que nos sea posible, para el día 31 contratamos una excursión al Grand Canyon West, y para ello tenemos que darnos un importante madrugón, a las 5.30 pasan a recogernos, con lo que hoy no hay desayuno. 


Lo primero es acercarnos al helipuerto de la empresa Papillon, ya que el helicóptero será nuestro medio de transporte y con ellos sobrevolaremos la zona y el gran cañón. La base está en Boulder City, y las caras de sueño que hay en el pequeño autocar es abrumadora. El vuelo tendremos la fortuna de hacerlo solos, mientras que otros helicópteros han salido completos, así que tres personas de la empresa vuelan con nosotros, que vamos sentados junto al piloto y tenemos unas vistas estupendas. 



Con el amanecer ya despuntado sobrevolamos el lago Mead




Y la presa Hoover, construida entre 1931 y 1935 como un proyecto más del New Deal. Fue inaugurada por el presidente Roosevelt y lleva el nombre del trigésimoprimero presidente de los EEUU. Con la presa se proporcionó agua y electricidad a los estados de Nevada, California y Arizona. Creo que una visita a esta presa puede resultar sumamente interesante, pero en esta ocasión ya no nos quedaba mucho tiempo disponible. 



Seguimos nuestro vuelo sobre pequeños montículos de tierra y sobre el río Colorado. 




Y finalmente nos acercamos al magnífico gran cañón, que sigue resultando impresionante. 




Vemos el mirador del Skywalk, como sobresale del acantilado rocoso. 




Y enfilamos el río Colorado, acercándose a las rocas el helicóptero. 




Hasta que aterriza en mitad de la nada, y te sientes más pequeña aún, porque desde el aire y el helicóptero hasta pareces alguien. 




Va todo rápido, bajamos del helicóptero, nos enseñan un camino, donde nos piden un voucher que no tenemos, hemos llegado aquí porque nos han traído, pero no tenemos ningún papel acreditativo, con lo que tememos que al final nos devuelvan en otro helicóptero y nos dejen a medias. Pero tras las dudas, piensan que si estamos allí es porque hemos pasado el control de la empresa de helicópteros, y está todo incluido. 





Bajamos junto al río, donde nos toca esperar a que lleguen otros pasajeros, ya que vamos a realizar una corta travesía por el río Colorado, guiados por un indio, ameno, divertido y amable. La travesía es muy corta pero merece la pena, así lo creemos. 






Tras el paseo en la barca volvemos al punto de origen, donde subimos de nuevo al helicóptero, vamos a continuar con las vistas del gran cañón, que dan hasta ganas de intentar sacar la mano y tocar las paredes. 







Aterrizamos y en este viaje tan organizado, ya nos está esperando nuestro próximo guía con una furgoneta, que además nos hace entrega de una bolsa con aperitivos, al menos tendremos algo para masticar. 





Nos lleva al Skywalk, un mirador situado en el Eagle Point, a 1.400 m de altura, en territorio hualapai, con unas instalaciones de reciente construcción/ampliación e inauguración. La pasarela de cristal fue inaugurada el 20 de marzo de 2007, aunque para ser justos, no se encuentra en el gran cañón propiamente dicho, sino en uno de los cañones laterales, pero no por ello es menos impresionante. 




La visita a este mirador tiene un gran inconveniente, que se puede tomar como ventaja si se es positivo. No se puede entrar con cámaras ni mochilas, no se pueden hacer fotografías; y aquí hay dos consideraciones, una el aspecto económico, si quieres una foto la pagas, aunque tienes derecho a doce fotos con la entrada, que te realiza un fotógrafo del lugar; la segunda, no hay “atocinamiento” en la pasarela, porque si todos entramos con cámaras, teléfonos y tablets en la mano, de allí no se mueve nadie.


Recientemente se han renovado algunos cristales de la pasarela, y resulta que los que hay ahora son de origen español. Para evitar rayar el cristal te dan unos patucos de plástico, como los que nos ponemos en el hospital. 




Fuente: grandcanyonwest.com

No tenemos ningún problema en que nos hagan las fotografías personales un ajeno, lo que si nos da algo de rabia es en no poder encuadrar el paisaje a nuestro modo. Para hacer esto de no realizar fotografías por cuenta propia, se han inventado las fotografías payaso, así que el fotógrafo te va sugiriendo posturas para que queden graciosas… entramos al juego sin convicción al inicio y luego ya nos reímos bastante. 


Hay un tiempo establecido de permanencia con el fotógrafo en el mirador, aunque hoy no hay mucho público, se va entrando al mirador de manera organizada y sin atascos en él. Nosotros alargamos un poco este tiempo, nuestro acompañante se encarga del trámite para que nos dejen, y es que el espectáculo es magnífico, las vistas a través del cristal, de auténtico vértigo. 
 

Después hay tiempo libre para tener vistas y fotografías libres, ya no desde el mirador, sino en sus alrededores. El precipicio está a nuestros pies. 




También se puede ver el Skywalk, viendo como sobresale la pasarela. 




Llegar hasta aquí ha tenido lo suyo, pero ha merecido la pena. 





Si no fuera invierno, con un frío importante, supongo que las mesas estarían llenas de gente, tanto tomando algo como sencillamente descansando, pero lo que apetecía era caminar y no quedarte quieto. 




En los alrededor de la plataforma hay una colección de tiendas indias y viviendas de las diferentes tribus, así que nos damos un paseo mientras llega la hora de reunirnos con nuestro chófer. Por ejemplo, vivienda navajo, hogan. 




La más clásica de todas, la tienda o vivienda tipi. 




También nos da tiempo a pasar por la tienda de recuerdos, pero finalmente salimos con las manos vacías. Luego nos llevan a la base de helicópteros, donde nos toca esperar una largo tiempo hasta que llega el que nos corresponde, o el que nos han asignado con el movimiento de personas que tienen, llegando a pedirnos disculpas por la tardanza, que no es lo malo en sí, sino el cansancio que llevamos en el cuerpo. Para paliar la espera pasamos por una gran tienda, donde en esta ocasión si utilizamos la cartera. Y de vuelta en helicóptero a Las Vegas, que en esta ocasión el viaje es más directo, nada de rodeos para tener vistas. 





En este viaje de vuelta el helicóptero era más pequeño, pero también fuimos solos con el piloto, en esta ocasión nada de pasajeros trabajadores con nosotros. 



Ha sido una bonita experiencia por el majestuoso gran cañón. 

15 de marzo de 2017

EEUU - Grand Canyon - Desert View Drive - Navajo Point - Lipan Point - Moran Point - Grandpoint View - Yaki Point - Mather Point



Gymkana al atardecer

Continuamos el viaje por Desert View Drive desde Desert View Point, ahora en dirección oeste, de vuelta a Grand Canyon Village, comenzando una auténtica gymkana de miradores, porque además todos los coches vamos haciendo lo mismo y se trata también de encontrar el mejor lugar para aparcar.  

Paramos primero en Navajo Point, con una vista lejana pero bonita de la torre vigía, sobre todo por el paisaje a su alrededor, tanto en la lejanía como el más cercano.


Seguimos admirando el gran cañón, es imposible dejar de hacerlo, un espectáculo natural increíble. 


 

El siguiente mirador es Lipan Point, también con buenas vistas del sinuoso río Colorado. 



El atardecer comienza su función, y nosotros vamos un poco justos de tiempo, pero aunque vamos en un no parar, nos tomamos nuestro tiempo para disfrutar los momentos y eso se acaba pagando. Paramos en Moran Point, y los colores rojizos de las rocas se hacen más intensos, así como surge el contraste claro-oscuro con la bajada del sol; no es de extrañar que el mirador reciba el nombre del coleccionista y pintor Thomas Moran, que con sus pinturas impulsó el turismo al Grand Canyon y además impulsó al Congreso al establecimiento de los parques nacionales del Oeste. 





Volvemos a la carretera, donde una señal llama nuestra atención, aunque no creo que a estas horas y con esta romería de coches aparezca un animal salvaje. 


El siguiente mirador es Grandpoint View, desde donde se cree que los españoles divisaron el cañón por primera vez en 1540, con la expedición de Francisco Vásquez de Coronado, comandada por García López de Cárdenas, que intentó descender al fondo del gran cañón, pero al cabo de tres días tuvo que regresar. Es uno de los lugares más elevados del South Rim, a 2.250 m.

En 1890 el minero Pete Berry con algunos compañeros descubrió cobre en Horsehoe Mesa, y comenzaron a establecer The Last Chance Mine, pero a pesar de la riqueza del mineral, la cantidad extraída era pequeña, y los costes de extracción y traslado demasiado altos, por lo que intentaron ganar dinero con otras ideas, como la creación del Grandview Hotel, pero cuando el ferrocarril llegó hasta Grand Canyon lo hizo demasiado lejos del hotel, y finalmente en 1919 Pete y su mujer abandonaron la mina y el hotel.

Todavía hoy el camino construido por Pete y sus hombres, de 5 km de longitud, para llegar a la mina, se sigue utilizando como sendero, aunque es bastante duro de realizar. 



Finalmente llegamos al colapsado de coches y gente mirador Yaki Point, aunque el acceso hasta a él está cortado, más bien se trata de pulular por los alrededores. Este es uno de los miradores estrella del atardecer en el gran cañón, y la mayoría de los vehículos hemos ido realizando la gymkana mirador tras mirador para terminar en este y disfrutar del atardecer. Aunque hemos llegado algo tarde, la búsqueda de aparcamiento ha sido dificultosa y lejana, el espectáculo es magnífico. 



Como siempre ocurre al atardecer, no hay que perder al sol de vista, porque él por sí mismo y sus luces del ocaso ofrecen otro bonito espectáculo.


Finalmente el juego de luces se apaga sobre el gran cañón, quedando algunas nubes teñidas de rojizos. 


Continuamos por Desert View Road y decidimos hacer la última parada en el mirador Mather Point, cuyo aparcamiento es el más amplio de todos, y que está hasta los topes de coches y gente. 


Aceleramos un poco el paso porque el mirador está más lejos que los anteriores, y queremos ver el paisaje antes de que la noche termine de caer, y esto está a punto de suceder. 




Al ser ya de noche, decidimos no parar en el último mirador, Yavapoi Point, junto al que se encuentra un museo geológico. Finalmente llegamos al lodge, y estamos necesitados de un descanso, ha sido un día gratificante pero bastante duro y largo, que comenzó con el paseo nocturno para ver el amanecer

Mapa de la Desert View Drive y sus miradores:

 

Tenemos una reserva para cenar en el restaurante del hotel El Tovar, y en este momento hasta dudamos que lleguemos, ya que corremos el riesgo de quedarnos dormidos por el cansancio, pero de repente una llamada nos saca de nuestro letargo, desde el restaurante nos preguntan si podemos acudir antes a la cena, aceptamos encantados porque si no creo sinceramente que no hubiéramos cenado, el cansancio y el sopor nos habrían dominado, y nos hubiéramos tenido que conformar con café, chocolate y restos de frutos secos.

Salgo de mi posición cómoda y en un plis plas me doy una ducha para intentar abrir los ojos, poros y músculos aletargados de mi cuerpo.