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28 de diciembre de 2011

Australia - Parque Nacional de Kakadu - Jabiru - Bowali Visitor Centre - Darwin


Algo sin hacer y sin ver, algo por lo que volver

Tras nuestro paseo por el East Alligator River y de camino para comer de nuevo vamos viendo gigantes hormigueros, es increíble la cantidad de hormigas que puede haber en esta región. La comida de hoy es un lugar perdido en este espacio inmenso que es el Parque Nacional de Kakadu, no solo es restaurante, también es una tienda donde suministrarse de artículos necesarios para los particulares que entran en sus coches al tiempo que una tienda de souvenirs. A la entrada aborígenes tienen sus pinturas a la venta, además algunos están trabajando en sus nuevas obras. 

La comida es de lo más raro, una ensalada con algo parecido a pollo, pero era mejor no preguntar y comer, y de postre una especie de arroz con leche, pero sin leche, porque yo creo que no era ni leche de coco…para dentro todo que hay que alimentarse. 


Otro “detalle” de nuestro guía conductor Tim, la teoría es que él es el responsable de que todo funcione, pero no se preocupó de nada, se sentó y se dispuso a comer, sin mirar cuanta gente estaba sin atender…posiblemente sea demasiado exigente, pero también creo en la responsabilidad de los trabajos, así como en la educación y hasta el momento con Tim no he visto ninguna de estas virtudes. 

La comida no fue espectacular, por no decir mal, y los baños ecológicos, por primera vez, un horror, tenían un olor tremendo, tal cual entré tal cual salí, y si moría con la vejiga llena tendría que ser así pero allí era imposible dejar nada sin tener un ataque de vómito (fina que habré salido, pero he pasado por lugares malos y este tenía estrellas para ganarse un premio).

Terminada la comida nos vamos hacia un pequeño aeropuerto en Jabiru, allí descienden dos pasajeros del autobús, son los afortunados que realizarán un viaje en avioneta sobre Kakadu. Este fue mi fallo, mi gran fallo, el no leer que existía esta posibilidad en Sydney, para intentar llevarlo contratado. Ayer por la mañana entendimos algo a Tim, pero al preguntarle nos dijo que no, que no era nada para nosotros, y hoy ya algo enfadada le reclamo, y me contesta, cosa que en ningún momento dudo, que no hay plazas y que por eso no podíamos hacer el vuelo…posiblemente su cometido es solo llevar y traer personas, y no ejercer de guía completo, que se molesta en ayudar a los turistas con sus deseos, su sueldo no incorporará estas responsabilidades, pero muy mal por toda la organización y Tim se queda definitivamente sin propina. 

Para hacer tiempo mientras vuelven los afortunados pasajeros de la avioneta Tim nos acerca a las minas de Uranio, solo las vemos por fuera aunque también organizan visitas guiadas. ¡Qué feo contraste el del paisaje con el río y la mina al fondo!, más sabiendo el material peligroso que contiene. No nos gusta nada lo que vemos para estar dentro de un parque natural, por mucha economía y flujo monetario que mueva la mina.


Desde hace tiempo los grupos ecologistas critican su impacto medioambiental, y a finales de la década de 1990 organizaron campañas para impedir la ampliación de la mina, que finalmente no se llevó a cabo pero por una razón menos ecológica, por la caída de la demanda mundial. 

La teoría, que siempre tiene sus fallos, es que la mina está rigurosamente controlada para asegurar que los valores naturales del parque no se vean dañados.



Para seguir haciendo tiempo a que la pareja del vuelo regrese Tim nos lleva al Bowali Visitor Centre, donde ofrecen información del parque, a cuya entrada se encuentra uno de los famosos termiteros, más bien una reproducción o eso me pareció.


En la tienda de regalos y souvenirs encontramos un manual para tocar el didgeridoo, ¡en español!, con lo que mi marido ya puede empezar a tocar y a darme serenatas...o mejor no.

Lo más curioso del centro son los carteles de los baños.


Mientras esperamos a los afortunados pasajeros del vuelo entablamos conversación con la señora que tan amablemente iba traduciendo al italiano en el paseo en barca por el East Alligator River, otra abuelita encantadora del país, que se esfuerza en hablarnos despacio para entendernos, y esto es con lo que me quedo en general de los australianos, las ganas de hablar y de que todo sea fácil. Ella es de Melbourne y al saber que sería nuestro próximo destino le dio algo de pena porque ella continuaba el viaje para otro lugar, estoy segura que nos hubiera invitado a una taza de té en su casa y nosotros hubiéramos aceptado encantados.

Vuelven los voladores, y como no podía ser de otra manera hablan maravillas del vuelo, del paisaje que se divisa desde arriba, incluso se pueden ver poblaciones aborígenes...definitivamente una lástima no haber podido realizar este vuelo.

Con el atardecer regresamos a Darwin. No dejo de pensar en África mientras contemplo el inmenso sol. 


Le damos un puntazo negativo para toda la organización de Kakadu, porque ya éramos conscientes del hándicap de hacerlo en inglés y lo asumimos, pero queríamos visitarlo (yo insistí mucho a mi marido la verdad), pero que no se hiciera ni el mínimo esfuerzo para que el resultado fuera todo lo óptimo posible es lo que terminó por enfadarme, menos mal que los dos bonitos días de paisajes, aprendizaje de cultura aborigen y la fuerza de Kakadu puede más que todo lo negativo. 
Tim se quedó sin propina, en ningún momento a los que no hablaban inglés (franceses, italianos, españoles) se acercó a preguntarnos si queríamos alguna explicación, si le entendíamos bien, posiblemente no le pagan lo suficiente o así lo creerá él, pero sabiendo que lleva un grupo multilingüe un poquito de esfuerzo se lo hubiéramos agradecido. 

Para la agencia australiana que gestiona el tour otro puntazo negativo, por no avisar (puede que Alda, nuestra guía en la primera parte del viaje, tuviera algo que ver y pasara del tema, que no lo descarto) de la posibilidad del vuelo en avioneta, incluso desde la contratación del viaje en Madrid, que sería lo más lógico. 

De todas formas, como conclusión, es que aunque sea en inglés, en aborigen o en finlandés merece la pena hacer la visita a Kakadu, y nosotros solo hemos podido conocer una mínima parte, que nos han quedado lugares muy interesantes donde ir, pero si pasábamos más tiempo aquí no podríamos ir a Melbourne, y esto nunca pasó por mi cabeza, de Australia no podíamos irnos sin visitar esta ciudad. 

Llegamos a Darwin, y podemos disfrutar del anochecer desde el pequeño balcón de la habitación, como muchos de los alojados en el hotel que están cámara en mano haciendo fotografías del puerto con un atardecer como si fuera una pintura. 


Nos quedamos sin conocer nada de esta ciudad, que ha resurgido dos veces como el Ave Fénix, la primera tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual los japoneses bombardearon la ciudad, siendo el único puerto de Australia que sufrió ataques continuados; la segunda tras el ciclón Tracy del día de Navidad de 1974, con vientos superiores a los 200 km/h. 

De nuevo al cine, uno de nuestros grandes referentes en viajes, la película Australia cuenta los bombardeos de la guerra, y la evacuación que se realizo en la ciudad. 


Bajamos a cenar al restaurante del hotel, es lo más cercano y conocido, ya que no hemos podido explorar nada de Darwin y así nos quedaremos desafortunadamente. La cena no estuvo mal, solomillo y salmón, pero a estos australianos les gusta hacer demasiado todo tipo de carnes y esto le quita la buena textura. De nuevo un shock con los vinos, y eso que evitamos la oferta que tenían por el miedo que nos producía. 


17 de diciembre de 2011

Australia - Parque Nacional de Kakadu - Warradjan Aboriginal Cultural Centre - Gagudju Crocodile Holiday Inn


Una buena cena aunque peculiar

Terminado el paseo por Yellow Water visitamos el Warradjan Aboriginal Cultural Centre, donde ya sabéis nada de fotos en su interior, en el que nuevamente desgranan sus creencias con fotografías y paneles. Lo único que se puede fotografiar es un panel-escultura con las seis estaciones del año que existen para los aborígenes en Kakadu a la entrada del centro. 


Esta noche no volveremos a Darwin, demasiado camino para volver ahora allí y volver mañana de nuevo a Kakadu, por eso solo llevamos una maleta de mano. Hoy dormiremos en el Gagudju Crocodile Holiday Inn, cuya característica más especial es la forma del hotel, como podéis ver en la fotografía inferior. Nos sorprende el aspecto de motel y nos sorprende aún más la comodidad de la habitación, que en decoración no se diferencia de la del hotel de la misma cadena en el que nos alojamos en Darwin, pero esta tiene una mesa con dos sillones donde descansar, leer, desayunar… En recepción nos entregan un mapa del hotel y del pueblo de Jabiru, porque esta localidad es un pueblo desperdigado con más hoteles y servicios. 


Está bien preparado para resarcirse del calor tropical y húmedo, con algo más de humedad pero refrescante en una no muy grande piscina. 


En el momento de registrarnos un empleado nos pregunta si cenaremos en el restaurante del hotel, y como aquí no hay nada más pues va a ser que sí, en el Escarpment Restaurant. Se puede cenar de buffet, que parece muy bien surtido, o a la carta, opción esta que decidimos, no pensamos en una gran cena, después del madrugón soñamos con la cama y dormir. 


Compartimos un plato de alimentos del país, que está francamente rico: brochetas de gambas (de lo más normales y descongeladas), brochetas de canguro (riquísimo, este no era viejo seguro), cocodrilo rebozado (riquísimo, muy sabroso), barramundi rebozado (fish sin chips bueno) y una ensalada de salmón; un plato recomendable. 


Para mi marido un entrecot o similar, donde lo sorprendente es el acompañamiento para ser de noche, ¡unas judías!, de las típicas que se ven en los desayunos ingleses y en los platos ingleses de acompañamiento en general. 


Para mí un pequeño costillar de cordero, pero no es un lechal sino que es bastante más mayor, y como lo han dejado algo crudo tiene demasiado sabor para mi gusto y paladar. También lleva una especie de pisto para acompañar, les gusta demasiado salsear los alimentos y a mí cada vez más me gustan las salsas aparte para mojar y remojar si se quiere, aunque en este caso era necesario. 


Acompañamos la cena con dos copas de vino, nuevamente un fiasco, no hay manera de dar con alguno bueno y eso que llevamos ya unos cuantos, pero ninguna memorable ni para memorizar. 
 
Hoy recuperamos fuerzas con postres, lo de mi marido parece un merengue, no lo recuerdo sinceramente, porque yo estaba concentrada con mi similar a un brownie de chocolate. 



No es alta cocina pero para estar donde estamos nos sorprendió mucho, sobre todo teniendo en cuenta los altos y bajos gastronómicos que hemos tenido en el país. 

Para terminar la noche, en el mismo espacio del restaurante se encuentra la zona de copas, como no podía ser de otra manera con un nombre acorde al lugar y al entorno. 


Nosotros nos vamos a dormir, yo estoy que me caigo de cansacio y sueño por los pasillos, intentamos hacer una reserva temprana para cenar pero fuimos de los últimos en llegar de las excursiones y solo pudimos ir casi al último turno de cena, así que pasamos de los crock-tails y nos vamos a soñar con los cocodrilos. 



1 de diciembre de 2011

Australia - Cairns - Babinda Boulders


Un refrescante baño

Por hoy, tras la merienda en la Honest Box, nos queda la última excursión del día, vamos a Babinda, una localidad rural al estilo del oeste americano donde se encuentran las Babinda Boulders, formaciones rocosas erosionadas por el agua de los torrentes que descienden de las montañas de Bartle Frere y Bellender Kerr, que se hallan dentro de lo que llaman una reserva escénica, a los pies del Wooroonooran National Park, pero no dentro de él, aunque desde aquí hay un sendero que se adentra en él. 

Lo primero es acercarnos a la pequeña laguna de agua que baja de las montañas, sin lugar a dudas un paisaje idílico. 


Cuesta encontrarlas porque aparte de pequeñas son tímidas y no salen a la superficie alegremente, pero conseguimos ver unas lindas tortugas nadando en el agua cristalina.  


El grupo se separa, unos continúan andando por la senda que se adentra por el bosque y las mujeres decidimos bajar las escaleras que conducen a la laguna. Llevo todo el día con el bañador esperando este momento, y si bien en las Josephine Falls era demasiado temprano para un baño, ahora es una buena hora aunque sombría, con lo que me introduzco en la laguna de un agua completamente helada entre gritos y aspavientos, pero si estaba allí y la zona es apta para el baño había que intentarlo; las otras dos mujeres ante mis gritos y mis gestos desisten de bañarse. Fue un chapuzón rápido sin nadar porque era imposible mover un músculo, de entrar y salir para contar que yo estuve allí, en esa agua límpida, pero es que era como meterse en cubos de hielo. 


En el fondo hay que agradecer que el agua no estaba para juegos porque sino me quedo allí chapoteando como una niña y no continuamos el paseo que ya están haciendo los demás. Rápidamente me visto y emprendemos el camino que sigue el curso del agua. 



Se llega a las Devil’s Pool, pequeñas pozas rodeadas de rocas redondeadas por la acción del agua. Ahora ni cae el agua con fuerza ni las pozas están suficientemente llenas pero es una zona bonita donde está prohibido bañarse por lo resbaladizas que son, además hay un cartel avisando que ya ha habido algún muerto en ellas, pero me da que la zona es tan atrayente que más de uno se salta el cartel pensando que no pasará nada...




Volvemos hacia el autobús y tenemos que esperar que nuestro conductor se dé un chapuzón, si lo llego a saber me espero y me baño con él que como ya he comentado era alto y guapo, un buen mozo australiano (no, no hay foto del subsodicho). Esta espera la hacemos en la zona habilitada con mesas para picnic y podemos ver y conocer a las hormigas de miel, con ese cuerpo color ámbar que dicen que sabe tan dulce, a las que conocimos de nombre en el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta y que los aborígenes se comen cual manjar.


Cuando ya volvíamos todos a la minivan habiendo finalizado las excursiones de hoy de repente nuestro conductor se pone a correr y a gritar, ¡come on, here, run, run! Y todos corremos detrás de él, ¿para qué?, para tener la oportunidad, con bastante miedo la verdad, de ver a un casuario en la naturaleza, sin una verja de separación. 

Nos cuenta el conductor que es muy raro poder verles y que es una ocasión muy especial. Creo que ante la gente congregada se asustó más que todos nosotros juntos, aunque todos estábamos alerta por si le daba por defenderse de lo desconocido o multitudinario y atacar, pero después de un pequeño rato se volvió a adentrar en sus dominios, en el bosque, ¡Qué momento!


Ahora sí volvemos a Cairns, una vez allí nosotros tenemos trabajo por delante. Lo primero es ir a la tienda de arte aborigen, donde ya habíamos visto lo que queríamos comprar la primera noche, souvenirs con gusto para la familia, y ayer por la noche cuando fuimos a comprar no pasaba la tarjeta de crédito con el consiguiente susto y disgusto, así que quedamos que volveríamos con otra. Y cuanto me alegro de haberlo hecho, porque en esta segunda visita consigo convencer a mi marido de comprar un precioso didgeridoo para nosotros, que encargamos que nos enviaran a casa por ser bastante grande y no tener que llevarlo y estar pendiente en los dos viajes por avión que nos quedan por el país y la vuelta a casa. Eso sí, cuando llega a casa hay que pagar el IVA, no se pagan los impuestos del país pero sí el IVA, algo de truco tiene la cosa, pero al final se paga en un país o en otro.

En el hotel desmantelamos las maletas, mañana volvemos a salir, tenemos que meter los souvenirs que poco a poco han ido creciendo, sobre todo con las compras de esta noche, y además queremos dejar una maleta pequeña preparada para los tres días que nos quedan de clima tropical sin necesidad de abrir las grandes, a no ser un caso de emergencia. 

Esta noche es la última noche del grupo: los italianos van a Nueva Zelanda y luego a Polinesia, los canarios van a Nueva Zelanda, los madrileños van a Melbourne y luego a Polinesia y nosotros seguimos en Australia, que para eso hemos venido.

Le pedimos a nuestra guía que busque un restaurante que esté bien, que lo dejamos en sus manos y cuando nos encontramos en la recepción del hotel andan discutiendo el lugar, ha traído dos alternativas, uno al que intentamos ir nosotros la primera noche pero estaba cerrado y le gusta a ella, y otro que le acaban de recomendar; ganó el primero y por lo menos me quito la espinita y lo pruebo. Su nombre, Oliver’s, ¿recomendable?....pues sí pero no como para tirar cohetes: buen lugar, buena presentación de platos, buena cocina, pero nada realmente sorprendente aunque juega bastante bien con la combinación de salsas de frutas en los platos, para salirse de hamburguesas, pizzas, sándwiches y tener un ambiente un poco “in”, pagando por ello por supuesto, se puede ir y no resultará una decepción.

Compartimos unos entrantes de emú, que sí estaban muy ricos, presentado en capas como un sándwich pero del que no hicimos fotos. 

No recuerdo los nombres completos, el primero es un solomillo, el segundo no afirmo que sea un lomo de bacalao (pez parece que seguro que es), el tercero es el que me pedí, un atún blanco, demasiado hecho para mi paladar.




El plato estrella de la carta es el barramundi (pez de sabor parecido a la perca) asado en corteza de árbol (avisan que no te comas la corteza). 


Algún comensal que se quedó con hambre, y no fuimos nosotros, pidió un postre, de nuevo con una interesante presentación, pero no lo llegué a probar y no recuerdo en que consistía. 


Tras la cena un paseo corto y como frente al hotel está el casino y la discoteca, entramos allí, con un buen ambiente y mucha marcha, pero este grupo ni me baila ni me bebe, así que disfrutamos algo de la música y nos marchamos enseguida, con pena por mi parte que ya tenía las caderas bamboleantes ante el ¡¡¡maaaambo!!! que sonaba, y eso que daba vergüenza salir a bailar con las parejas de artistazos que estaban en la pista, de todas las edades y con todas las vestimentas.


Nuestra guía, Alda, nos regala una postal con la mariposa azul, que no tuvimos la suerte de ver en Mamu con unas palabras dedicadas. Muy curioso que han sido guías de Oceanía, Nueva Zelanda y Australia, los que nos han obsequiado con un detalle al final, y más curioso todavía que sus países de origen sea Sudamérica, Costa Rica y Paraguay. ¿Habría que hacer una valoración sociológica del asunto? No sé, posiblemente sea una cuestión de caracteres y compatibilidades, y que en Asia los guías son muy amables pero de alguna forma separan el terreno profesional del personal y los latinos tendemos más a relacionarnos de las dos maneras a la vez. 

19 de octubre de 2011

Australia - Atardecer en Uluru


Sinfonía en clave de Uluru

Música para este momento especial, ya es hora que nos involucremos un poco con la música australiana, sobre todo con las raíces aborígenes que se mezclan con los sonidos conocidos. 


Tras recorrer alguno de los puntos claves del Uluru esta tarde-noche seguimos teniendo una cita con él, nos vamos a ver el atardecer, eso sí, el tour tiene programado un picnic para soportar mejor el tiempo, con sparkling wine y algo de comida, nada especial pero que ayudaba a combatir el hambre (nachos con salsa, queso cortado en tacos y algo más que no recuerdo - no hay foto del ágape-).


Somos los primeros en llegar, pero detrás de nosotros llega una caravana de autobuses llenos de turistas, la magia de la tranquilidad y del momento presente y futuro se rompe. 

A las migas y restos de nuestra comida llegan los pájaros, tipo paloma pero a lo punk, más o menos como en nuestros parques y paseos con mesas al aire libre, donde estas aves parecen campar a sus anchas.


Este es el atardecer sobre Uluru, que quizás a pesar de que el sitio está buscado, el sol lo tenemos a nuestras espaldas y no le vemos caer ni desaparecer sobre él, solo vemos que poco a poco la sombra se apodera de él cambiándole de color, que este es el motivo de hacerlo desde este lugar, contemplar el camaleónico Uluru, del rojizo al marrón. 





Cuando estamos recogiendo nuestro picnic para marcharnos aparece un grupo de aborígenes que se sientan en el suelo, pero no a nuestro lado, lo hacen al lado de la carretera, y sobre el mismo suelo exponen sus cuadros. No se acercan ni a hacerse propaganda ni a vender descaradamente, sencillamente y silenciosamente llegan y allí se quedan. Mi marido y yo somos de los primeros en acercarnos a mirar y en comprar, compramos porque nos gusta y no entramos en el juego del regateo, como harán muchos de los que luego se acercarán, si nos interesa y nos parece justo el precio lo pagamos, sino no lo compramos y punto –el comercio justo también se trata de que ellos establecen un precio y se les respeta-; además no eran nada caros como para ahorrarse los dólares. Ahora falta enmarcarlo para poder colgarlo, entre el viaje del año pasado y este nuestras paredes se están llenando de cultura, de vida, de amor. 


El atardecer del cielo lo vemos desde el coche, yo no sé si estas luces detrás del Uluru en lugar de a nuestras espaldas le harían desvirtuar su cambio de colores, pero sería bueno tener tiempo para situarse en un buen ángulo desde donde disfrutar de ambos: la caída del sol y el Uluru. Sería rojo sobre rojo. 


Volvemos al hotel y para esta noche hemos quedado todos en ir a cenar de barbacoa, en la que tú compras la carne y tú lo haces; hemos quedado en que los hombres del grupo lo hacen todo, comprar y cocinar. Nuestra primera degustación de carne típica del país.


Los pinchos que parecen carne de ternera son de canguro, las salchichas más negras son de carne de emú, los pinchos con carne blanca son de cocodrilo y las salchichas rojas son de ternera. La verdad, y creo que sería por el precio económico, que ninguna estaba buena: el cocodrilo reseco, el canguro duro (sería mayor) y lo mejor con diferencia las salchichas de emú.  


Curioso es que se pidieron tres combos de barbacoa y solo dan tres cubiertos, se solicitaron más pero solo dan uno por combo, parece que lo de compartir no lo llevan muy bien los gestores del restaurante. También hay un buffet de mazorcas de maíz y creo que de ensaladas, pero no lo recuerdo muy bien porque esta noche no tenía mucho hambre (después del picoteo y de las copas en el atardecer me había quedado saciada) y al no estar buena la carne no cené casi nada. 

Cuando finalizábamos la cena llegó un cantante de country para amenizar la velada, pero la gente de la barbacoa pasó olímpicamente de él, los únicos que le aplaudimos y animamos fuimos nosotros, un grupo de españoles locuelos, pero que se marcharon enseguida para desconsuelo del cantante al que no hacían caso. 

Acompañemos ahora con música country del país:


La luna brilla en la noche como un farol aunque las nubes la quieren apagar.


Nuestra guía nos enseña la Cruz del Sur, pero por mucho que yo miraba y todos me señalaban yo no sabía si veía o no la constelación, y ahora hasta dudo con la foto. En el Observatorio de Sydney tenía que haber estado más atenta y tomar notas, pero esto tiene segunda parte.