8 de enero de 2012

Australia - Great Ocean Road (2) - Great Otway National Park - Maits Rest Rainforest - Port Campbell National Park - Twelve Apostles - Loch Ard Gorge - London Bridge


Lo importante no es la cantidad…pero ¿cuántos son al final?

Desde Apollo Bay la carretera ya no sigue la costa, se adentra por parte del Great Otway National Park donde hacemos la siguiente parada, en el Maits Rest Rainforest, un lugar donde Maits (creo que era uno de los encargados de la construcción de la carretera) solía descansar cuando salía de caza, de ahí su nombre. Toca un paseo de nuevo por el rainforest o bosque lluvioso. 



La principal diferencia que notamos respecto a los demás bosques por los que hemos paseado en este país es que este es más húmedo y nos recuerda más a los de Nueva Zelanda, no en vano su situación al sur le hace más umbrío y no tan seco como los del norte, con el añadido que no ha tenido inundaciones y lluvias torrenciales que se hayan llevado todo a su paso. 



Hay grandes e impresionantes kauris y eucaliptos. El eucalipto Mountain Ash comienza su vida con una semilla del tamaño de un grano de arena y puede llegar a crecer hasta los 100 m de altura, siendo una de las plantas más altas del mundo. En este caso su propia altura y su peso le han hecho quebrarse. 


Es un paseo corto de no más de media hora y sin grandes esfuerzos por un camino creo recordar que sin posibles alternativas.

De nuevo al coche y continuamos por esa campiña verde británico o irlandés que me tiene enganchada a la ventanilla. 



La siguiente parada, pasado Princetown, es en el Port Campbell National Park, donde realizaremos la actividad extra que contratamos con esta excursión, un vuelo en helicóptero de solo quince minutos (y es que por 75 A$ extra poco más tiempo se puede pedir). La compañía con la que volaremos es 12 apostles helicopters.


Hay una cola importante de viajeros dispuestos a volar, en cada helicóptero solo entran tres pasajeros, mal número para ir en pareja, dos detrás y uno delante. Lo primero es pasar por una báscula "upppsss", siempre es importante tener el peso equilibrado, y ponemos nuestro nombre en una pantalla electrónica que se marcará en el ticket (pena de letra chunga que me salió para quedarse como souvenir), ya nos reconocerán no solo por los dientes…también lo harán por nuestros nombres.

Mientras esperamos a subir al helicóptero nos dan una hoja con instrucciones de seguridad, la tienen en todos los idiomas del mundo porque los visitantes son de todo el mundo y ante un desbarajuste tan rápido como el que se monta aquí hay que intentar tener todos los cabos atados e intentar prevenir accidentes, que pueden ser tontos (como ir de frente hacia las hélices). 

Afortunadamente no nos separan para subir, a los coreanos delante de nosotros si lo han hecho, ella viene con nosotros. 

Lo que vemos desde arriba es el tramo más espectacular de la Great Ocean Road, con acantilados de piedra caliza donde rompen las olas cargadas de espuma de un mar azul claro o azul profundo o azul infinito o sencillamente azul pero bello azul. 


El desgaste de millones de años, entre 10 y 20, ha conseguido estos acantilados afilados. 


Los protagonistas son ellos, los Doce Apóstoles, de los que solo quedan ¿ocho? ¿nueve? ante tanto mar bravo (al fondo de la foto). 


También hay playas, algunas accesibles a pie y supongo que otras tendrán cortado su acceso por precaución, tanto de resbalones como de subidas de mareas ante turistas despistados que no miden los riesgos. 


El vuelo se hace corto para disfrutar de este paisaje con calma, el piloto va contando cosas sobre las rocas pero el ruido hace que no le entendamos a través de nuestros cascos, como además por supuesto habla en inglés intentar tener una conversación o realizar preguntas está fuera de toda posibilidad. Existe la opción de hacer un vuelo más largo, de media hora, a precio superior por supuesto, abarcando más zona costera y supongo que con más detalle de los apóstoles. 


Los coreanos separados en el vuelo se reúnen y le piden a mi marido que les haga una foto de recuerdo junto al helicóptero, a partir de ahora nos los cruzaremos por los paseos y mi marido para ellos será High Professor por la bonita foto que les hizo, encuadrada, pero claro, a mí me saca con estos pelos. 


Corriendo nos vamos a los miradores sobre el mar, nosotros no tenemos tanto tiempo como nuestros compañeros de viaje que no han realizado el vuelo para disfrutar de las vistas desde tierra. Los diez o nueve u ocho (confusión total al contar y recontarlos), antes doce, apóstoles son enormes pilares rocosos  con una altura de algunos de ellos de más de 60 m; el último se derrumbó el 3 de julio de 2005. La tasa de erosión de la base de estos pilares es de aproximadamente 2 cm al año, con lo que llegará un día que no quede ningún apóstol y teníamos que ir a verlos antes de que esto ocurra. 


Hay un camino habilitado sobre los acantilados por aquello de la precaución. También hay una escalera que conduce a la playa, pero no tuvimos tiempo de buscarla y bajar por ella, son los Gibson Steps, y en esta playa se recomienda no bañarse por las fuertes corrientes, además de tener cuidado con la marea. 


El camino llega hasta uno de los promontorios, donde avisan del peligro de los acantilados inestables y de no salir de la pasarela y el camino, acto que el turista  suele hacer en busca de una foto o una pose mejor. 


Desde el mirador no se pueden ver todos los apóstoles, unos tapan a otros, pero no hay duda que la vista es preciosa y con la suerte de un atardecer colorido tiene que ser un regalo para los ojos. 

Los apóstoles no siempre han recibido este nombre, al principio se les conocía como La cerda y los lechones, siendo la primera una isla cercana al próximo lugar que visitaremos, Loch Ard Gorge. 

La formación de estos pilares se ha ido realizando por el desgaste continuo de la roca en principio formando parte del acantilado, que por la acción del agua por los dos lados fue erosionándola hasta llegar a formar un arco interno, que al final terminó rompiéndose quedándose en el pilar. 


Hacia el otro lado del mirador, supongo que dos apóstoles más en solitario, aunque estos pilares son más gordos y serán más lechones que apóstoles. 


Tenemos que volver a la minivan a la carrera, y es que no se puede tener todo, en el camino de vuelta mi marido tiene un tirón en la pierna a la altura de la pantorrilla, lo que hace que tengamos que bajar la marcha, pero aún así, asfixiados y sobre todo él excesivamente dolorido, llegamos a la hora. En este viaje estamos teniendo de todo en cuestión de pequeños incidentes médicos. 

La siguiente parada es en otro mirador para seguir contemplando el poder de la naturaleza por la constante acción de las olas, el viento cargado de sal y los cambios de temperatura. Esta roca es conocida como The Razorback, en ella se aprecian varios detalles: arriba, los bordes están afilados por la acción del viento; en el medio grietas verticales producidas por la lluvia, lo que también erosiona la roca y va provocando su desgaste y rompimiento final; y en la parte de abajo, por un lado los surcos producidos al nivel del mar por la acción de las olas, una cada catorce segundos, por otro la parte de roca que ya se ve desprendida de la roca. Con todos estos factores, la conclusión es que antes era mucho más grande y se adentraba en el mar pero el paso del tiempo la ha ido cercenando. 



Continuamos camino en la minivan y para la siguiente parada tenemos música de nuevo acorde. Estamos en el lugar conocido como Loch Ard Gorge en la Shipwreck Coast, un tramo de la costa que ha sido excesivamente cruel con los barcos y los marinos, sobre todo en la época de la navegación a vela, por la niebla y por los numerosos arrecifes cerca de la superficie. En este tramo entre Otway Cape y Port Fairy, de unos 120 km, naufragaron más de 80 navíos en apenas cuarenta años. 


El naufragio más famoso fue el del clíper de casco de hierro Loch Arch, que se hundió frente a la isla de Mutton Bird en una noche de junio de 1878 bajo una terrible tormenta. En el barco viajaban 53 personas, y solo sobrevivieron dos, la pasajera Eva Carmichael y un grumete, Tom Pearce, ambos de 18 años. 

El mar los arrastró hasta una cala donde encontraron refugio en una cueva, donde pasaron la noche, y a la mañana siguiente Tom escaló el acantilado (menudo par de…y de ganas de sobrevivir) para buscar ayuda. 


Eva perdió en el naufragio a sus padres y a sus cinco hermanos, y la gente al leer la noticia de su supervivencia y rescate esperaba que Eva y Tom se enamoraran, sobre todo ella de él, que le había salvado la vida, pero esto solo ocurre en Titanic, the film (¿fácil adivinar la música, no?. Ella era de familia adinerada y regresó a Irlanda (que ya hay que tener ganas de volver a coger un barco) –además supongo que Tom no sería muy agraciado físicamente porque lo que no salva el dinero lo salva un buen físico-. Tom volvió a su trabajo de marinero (otro que tal y vuelve) y sorprendentemente sobrevivió a dos naufragios más. 

Unas escaleras conducen a la playa.



Donde hay dos cuevas, una a la derecha según se bajan las escaleras. 


Y otra a la izquierda, andando por la playa en el siguiente entrante del acantilado, a la que voy sola porque el tirón de la pierna de mi marido le sigue molestando, bajar las escaleras y andar por la arena, en la que te hundes más al estar un poco húmeda, no es lo mejor para no padecer dolor. 


No sé cuál de las dos cuevas sería la del refugio porque yo no vi ningún cartel con su nombre, los que había era avisando del peligro de desprendimiento de los acantilados. 

La última parada del viaje va con música nuevamente, en este caso sonaría hasta como una premonición, aunque lógicamente no se refería a este lugar sino al londinense, ambos del mismo nombre, London Bridge.


La tarde del 15 de enero de 1990 el arco que unía la roca con el acantilado se rompió y cayó al mar, afortunadamente no hubo víctimas ni heridos pero sí quedaron atrapadas dos personas en la roca que quedó solitaria, que tuvieron que ser rescatadas horas más tarde por un helicóptero (menudo rato tuvieron que pasar esperando el rescate). 

Antes y después


Por supuesto a nuestros pies vemos una preciosa playa, estas olas son las que moldean a su antojo las rocas, dan y quitan a la vez, como la vida misma.


Esta ha sido nuestra última parada, de mis notas solo nos ha quedado por ver la roca llamada The Arch, ahora todo será camino de vuelta, y nada más entrar en la minivan suena la canción de despedida para esta costa, una bonita canción de Neil Diamond. 

La vuelta no será por esta misma carretera, primeros atravesaremos los prados y pequeñas montañas, por carreteras en las que damos saltos sin parar y parecemos canguros encerrados, para salir a la Princess Hwy, que es más recta y se tarda menos en llegar a Melbourne, ya comienza a anochecer y no merecería la pena ir por la carretera de la costa y además el paisaje sin mar no es menos bello que con él. 

Durante el viaje seguimos escuchando música, alguna conocida, por ejemplo Slim Dusty con Waltzing Mathilda, del que hablé con la conductora en Maits Rest Rainforest, de él y de sus canciones cerveceras, y ella nos contó que en Corea del Sur ha sido el único lugar donde no ha podido beber tanta cerveza como ella suele hacer, porque la acompañan con un chupito de alcohol, hecho ante el que las coreanas que viajan en la excursión y que están conversando con nosotras, se ríen mucho, dando fe que en Corea se bebe alcohol a buen ritmo y sin control.

Paramos creo recordar en la localidad de Colac para cenar, hay que tener en cuenta que son las seis de la tarde, la comida fue a las 12.30 y los australianos, como buenos descendientes de los británicos e irlandeses cenan temprano. En esta ocasión elegimos un clásico entre los clásicos de fast food



Llegando a Melbourne dos canciones con las que me sigo partiendo de risa y además las puedo canturrear, y si empezamos con Village People, bueno será que terminemos con ellos. 


 Cuando nos dejan en el hotel nos despedimos de todos, y notamos simpatía hacia nosotros en su despedida, en sus sonrisas, en sus cortas palabras de adiós…no hemos hablado demasiado pero hemos sido un grupo coherente; esta diferencia resultó evidente al ser los segundos al bajar, antes bajó una pareja cuya despedida fue más fría, quizás más realizada por educación y nosotros notamos calor en los gestos, miradas, palabras…gracias desde este rincón de internet y desde nuestros corazones, gracias. Al final los momentos humanos se recuerdan más que los paisajes o monumentos, y quizás la razón de viajar sean los segundos pero los primeros son los que te hacen sonreír, llorar, sentir, vivir…y estas letras también son de ellos. 

Al despedirme de la conductora parafraseo a Abba, canción que también ha sonado en la despedida y aparte de darle las gracias por el viaje, le digo Thanks for the music

La valoración de este viaje es tremendamente positiva, ha sido muy divertida la experiencia, la empresa trabaja bien, tiene los horarios controlados a la perfección, en lo único que fallaron fue en la hora de salida, con lo que nos pegaron un buen susto, pero el resto ha resultado genial. No es tan cómoda la minivan como un autobús de los grandes o un coche que se alquile, pero tiene su gracia. La relación precio-calidad para nosotros ha sido excelente y la puedo recomendar, eso sí, a personas aprensivas a conducciones turbulentas no, no es que se vaya a gran velocidad pero como ya he ido contando los baches se notan mucho y a momentos hasta parece que se pueda volcar, cosa que nunca sucedió ni pareció que realmente pudiera llegar a suceder. 

Mi recomendación si se tiene tiempo es alquilar un coche y dedicar dos días al menos a esta zona costera, sobre todo para disfrutarla con calma y no a contrarreloj, parando en los miradores que se quiera, bajando a las playas (a todas si es posible) y paseando por ellas, incluso quedarse a disfrutar de unos seguro bonitos atardecer y amanecer. 

Con un coche se puede llegar hasta Warrnambool, un antiguo pueblo ballenero, donde a sus aguas poco profundas de mayo a octubre acuden las ballenas francas australes a aparearse, que además cuenta con una ruta a otro de los barcos naufragados en la costa, el Mahogany Ship. 

Un bonito día con unos paisajes bellos, con buena compañía y divertida música. 


2 de enero de 2012

Australia - Great Ocean Road (1) - Geelong - Torquay - Bells Beach - Eastern View - Aireys Inlet - Lorne - Bahía de Loutit - Great Otway National Park - Apollo Bay


Playas y animales libres

Desde Melbourne hay una excursión que es casi imprescindible, que nos planteó "problemas maritales", no nos poníamos de acuerdo en el modo de hacerlo. A mí me apetecía hacerla por libre, pero ahora no dependeríamos del transporte público australiano como en las Blue Mountains, tendríamos que haber alquilado un coche y lanzarse mi marido a conducir por la izquierda en una carretera que no sería el mejor modo de aprender a hacerlo, ya que sería su primera vez. Al final, en Sydney optamos por otra opción para hacer esta excursión, contratarla por internet con una agencia, de buenas referencias aunque parecía curiosa y particular, pero con la buena sensación de ofrecer una excursión muy completa y con la posibilidad de pagar un plus por una actividad extra que salía muy bien de precio, su nombre, Go West!. Además ofrecían ipods con las explicaciones en castellano, y este fue un punto decisivo, seguramente si hubiera sido en inglés no lo hubiéramos hecho y nos hubiéramos perdido un día diferente y muy divertido. 

El destino es la Great Ocean Road, de la que se dice que es la mejor ruta costera de Australia, 418 km ida y vuelta desde Melbourne (demasiados kilómetros para hacerlos en un día y con un solo conductor), con una de las panorámicas más hermosas del mundo (aquí podríamos hablar largo y tendido de nuestras increíbles carreteras y panorámicas costeras). 

A la hora convenida, 7.30 h de la mañana,  estamos en la puerta del hotel esperando nuestro transporte, y comienza nuestra preocupación porque no llega, y lo lógico es pensar que hemos picado en una trampa por internet a pesar de todas esas buenas referencias. Pasados más de quince minutos preguntamos en recepción por si ellos conocen la empresa y dicen que no, algo más de susto, aunque tampoco me extraña demasiado porque el hotel es de estrellas y la compañía que hemos contratado es más para mochileros, a pesar de que incluyen los hoteles de todas las categorías en su hoja de ruta de recogida de pasajeros. 

El hotel tiene dos entradas, una de ellas utilizadas por los coches, que es donde estamos esperando porque era el punto de recogida, pero ante la duda mi marido decide ir hacia la otra por si acaso, y en este momento, llega una minivan a toda pastilla, con el logo Go west!, ¡aleluya, están aquí!. Sale una australiana simpática pidiendo disculpas por el retraso y de momento vamos solos, pero ya nos avisa que ella no será nuestra guía, que nos uniremos a otro grupo, y que de camino hacia la minivan con el grupo completo recogemos en otro hotel a una joven asiática que sorpresivamente aunque hace frío (no tremendo pero frío) va calzada con unas sandalias. 

Nos llevan con el resto del grupo, somos los últimos, los lugares buenos en la minivan, por supuesto en el lado izquierdo, ya están cogidos, así que nos acoplamos donde quedan dos libres, casi al final del todo, yo voy sentada encima de la rueda, con lo que voy más alta que mi marido y me da un ataque de risa. 

Os presento a nuestra simpática  minivan


La conduce otra chica, una australiana que parece bastante joven y que es muy dicharachera, en inglés por supuesto y a partir de ahora el viaje va a ser un no parar, bueno si, parar paramos mucho pero paramos rápido y corriendo de un lado a otro. 


Salimos de Melbourne por la Princess Hwy a través del elevado West Gate Bridge, pero del que nos es imposible hacer fotos, entre los botes del medio de transporte y los quiebros automovilísticos de nuestra conductora lo hacen completamente inviable. 

Comenzamos a notar las diferencias de este tour, una de las principales es la música, salimos a ritmo de los Village People ya que el nombre de la empresa como ya he mencionado es Go West!, este viaje pinta divertido, pero ya no desvelaré la selección de canciones durante todo el viaje para que se quede en una agradable y divertida sorpresa por si alguien la hace en un futuro cercano o lejano.



Pasamos por Geelong, la segunda ciudad del Estado de Victoria en cuanto a tamaño, que tiene uno de los puertos con más tráfico del estado y con una gran industria. Para los aborígenes significa “lugar donde vive el pájaro del mar sobre los acantilados”. John Batman, un colono blanco les compró la tierra a los aborígenes por un par de camisas de algodón, cuchillos y baratijas, porque para los aborígenes la tierra no era para ser poseída, con lo que creo que realmente no sabían que la estaban vendiendo y que perderían sus derechos sobre ella. 

De la ciudad no vemos casi nada, la calle por la que la atravesamos, y solo os puedo mencionar que en ella vivió el actor Guy Pearce. 

Desde Geelong se toma la B100, la Great Ocean Rocean, a la que llaman Great Bitumen Sea Snake, la gran serpiente de betún, porque serpentea por las playas de gran oleaje. La carretera fue construida como homenaje a los soldados que sirvieron en la Primera Guerra Mundial; las obras comenzaron en 1918 y muchos de sus 3.000 trabajadores eran veteranos de guerra, inaugurándose en 1932. 

El recorrido junto al mar comienza en la localidad de Torquay, un centro de vacaciones desde finales del siglo XIX. Desde aquí se toma un desvío y comenzamos a ver el increíble paisaje, por un lado el verde (casi irlandés) de los prados y montañas y por otro el azul inmenso del océano. 



Hacemos una parada para ver nuestros primeros canguros en libertad, lejos pero en libertad, en una reserva para ellos. Aunque a distancia por lo menos no nos vamos sin verlos en su hábitat más o menos natural.


Continuamos el camino, camino de tierra porque ya no es carretera, y vamos dando botes los ocupantes y los cachivaches que hay en la minivan, con lo que yo sigo partida de risa, en algún momento pienso que vamos a ver como una rueda de nuestro transporte va a saltar y nos va a adelantar. Realmente no pensé en un accidente, si lo hubiera hecho o lo hubiera hecho mi marido nos hubiéramos bajado allí mismo pero estábamos disfrutando y confiábamos en la conductora, que tenía tablas de sobra pero claro el susto es el susto. 


El camino termina en la famosa Bells Beach, una playa donde se producen unas olas ideales para el surf, con lo que es un punto de encuentro internacional entre surfistas, sobre todo cuando se celebra el Bells Easter Classic, un acontecimiento mundial en el calendario del surf que se celebra en Pascua.  



Una plataforma submarina es la responsable de las excelentes condiciones de la playa para practicar el surf. Este es el lugar de encuentro final en la película de Patrick Swayze y Keanu Reeves en Point Break, Le llaman Bodhi, ya que el primero tenía una cita ineludible con la gran ola para cabalgarla, aunque realmente las escenas no se grabaron aquí sino en Estados Unidos. 


Tenemos tiempo para bajar y pisar arena, porque lo de mojarnos como en Bondi Beach con el frío que hace no se nos pasa por la cabeza. La pena es que el mar no tiene olas y estaría bien haberlo visto en su esplendor, con olas que pueden alcanzar los 10 m de altura, incluso con surfistas, pero solo llego una mujer con su perro que se enfundó en su traje de neopreno pero sin tabla, solo iba a darse un baño (refrescante sin lugar a dudas).


Los servicios, parada que hacemos parada que aprovechamos que no sabemos cuándo será la siguiente oportunidad, tienen una caseta muy decorada con pinturas de tipo aborigen.


Continuamos por la carretera y a nuestra derecha vamos viendo casas bonitas, con buenas vistas al mar, pero hay una que nos parece asombrosa y muy original,  con una pasarela acristalada en voladizo por la que se accedía.


La siguiente parada es pasada la localidad de Eastern View, en un arco conmemorativo de la construcción de la carretera. El arco original de 1939 se tuvo que reemplazar al ensanchar la carretera, le sustituyo otro que se quemó en un incendio, y el sustituto sufrió daños durante una tormenta, con lo que en la actualidad el arco que se ve es el cuarto arco, y solo es original el cartel del primer arco. 


En un lateral hay una escultura que muestra el trabajo realizado en las rocas para la construcción de la carretera por marinos y soldados que volvieron de la Primera Guerra Mundial. El empleo de esta mano de obra tuvo su controversia porque la población veía con malos ojos que a los soldados se les adjudicara esta labor después de las penurias en la guerra pero los constructores y gobernantes pensaron que el aire del mar les favorecería, aparte de tenerles ocupados con un trabajo (la segunda razón vale, un empleo, un salario, pero de la primera se pueden hacer comentarios y ninguno bueno). 


Desde aquí se puede acceder a la playa, cosa que hacemos a toda prisa, un subir y bajar rápido que la minivan tiene que seguir el viaje. En la primera foto al fondo se divisa el faro de Aireys Inlet, en rojo y blanco pero no paramos en él, y seguro que se tienen bonitas vistas del océano, no mejores solo diferentes. 



Pasada la localidad de Lorne, que lleva el apellido del Marqués de Lorne y que es una de las ciudades más frecuentadas de la costa, al encontrarse entre esta y la cordillera Otway, paramos a tomarnos un té con galletas…y recuerdo a Stan en Nueva Zelanda, que aquello sí que fue glamour. El del hoy está bien, es reconfortante pero le faltaba el nivel de los manteles, las galletas caseras de la mujer de Stan…todos esos pequeños detalles que lo hacen un recuerdo grande aunque el de hoy es un recuerdo divertido (a cada momento y cada lugar su propio recuerdo). 

Lo mejor sin duda las vistas que tenemos de la bahía de Loutit


Unos habitantes, a los que ya conocimos en los Royal Botanic Gardens de Sydney,  contemplan como nos comemos las galletas pensando si le dejaremos alguna, pero este grupo de turistas se las comieron todas, y  luego guardaron todo en sus cajas que van debajo de los asientos de la última fila, y ahora ya sé de donde proviene el ruido en los baches y saltos, es la vajilla que se da de golpes... mientras no salga disparada y acaben los cubiertos clavados en nuestros cuerpos... 


Repostados continuamos el viaje y algo más adelante paramos en uno de los muchos miradores que hay en la carretera, que no suelen ser grandes pero la ventaja para los conductores de derechas es que pilla en el lado izquierdo y por ahí se conduce, con lo que es fácil verlos, aparcar y desaparcar, que en dirección contraria no lo veo tan fácil. 


Vemos el camino que tenemos por delante y que sin lugar a dudas promete emoción y vistas.


En la siguiente parada nos adentramos un poco en el Great Otway National Park, lo justo para descubrir un mar de eucaliptos con sus simpáticos habitantes, de nuevo la fauna en su hábitat, ahora gracias a una de las pasajeras con vista de lince descubrimos a los perezosos koalas, que están en las ramas más altas, cobijados y escondidos. Yo creo que por lo menos una decena llegamos a ver, y esto solo a pie de carretera sin entrar en el bosque, por el que hay senderos por los que pasear e incluso hacer caminatas largas de varios días. 



Saliendo del parque nacional pero a los pies del mismo una nueva parada, ahora una colonia de loros Crimson Rosella, a los que ya conocimos en el Taronga Park Zoo de Sydney pero no es lo mismo verlos en los aviarios que en completa libertad. 


Aparte de lo sociables que pueden ser estas aves por regla general, se nota que están acostumbrados al ser humano, andan por la carretera y no porque estén de camino, seguro que están esperando algún alimento, aunque sigue estando prohibido hacerlo. 


Al lado de los pájaros y a una altura más visible para nuestros ojos otro koala, un auténtico peluche para llevarse a casa.


Por el encuentro con la naturaleza, canguros, loros y koalas el viaje ya nos ha merecido la pena y no hemos llegado al destino final del mismo. 

El viaje continua curva va, curva viene, bache va, salto viene…en una de estas nos damos un chapuzón sin querer, el paisaje que se ve es impresionante en belleza.  A nuestra izquierda el mar y sus pequeños cortes rocosos. 


A nuestra derecha la inmensa campiña verde infinita, ¿se puede pedir más paz?


Llegamos a Apollo Bay, un antiguo pueblo pesquero que el turismo va revitalizando. La parada es de media hora, y es para comer, la conductora nos recomienda un fish and chips, Apollo Bay Seafood Cafe, que está lleno de comensales y cuenta con una cola importante para pedir, con lo que tardamos más de lo que nos hubiera gustado para disfrutar de la localidad y sus vistas. 

Un fish de calamares y un fish de barramundi, que ambos tienen bastante cantidad de fish y de chips


Con nuestra comida bajamos a la playa, por lo menos tendremos bonitas vistas del mar mientras nos alimentamos.

 

Hace viento que es frío, no como para temblar pero no es agradable, y las gaviotas poco a poco comienzan a revolotear por encima de nosotros y a posarse a nuestros pies, su mirada no es muy amigable, con lo que decidimos zanjar la comida, además entre la espera para recogerla, llegar a la playa y comer se nos ha pasado la media hora.

Cuando llegamos a la minivan están todos dentro, la conductora comienza a aplaudir y todos la secundan, yo pongo una cara rara, miro el reloj y digo extrañada: “We’re on time”, la conductora me sonríe y me explica que es por eso, que estamos todos dentro con tres minutos de adelanto, uffff, que susto me había llevado pensando que nuestros relojes no iban en hora y estábamos haciendo esperar a nuestros compañeros. 

30 de diciembre de 2011

Australia - De Darwin a Melbourne (en avión)


De norte a sur

Por la noche, después de cenar, toca maleteo otra vez, mañana volamos a Melbourne, y la teoría es que allí puede hacer frío, no como en Sydney que fue casi verano siendo final de invierno, esta ciudad se encuentra más al sur y suele tener más precipitaciones, con lo que hay que separar la ropa de verano de la de invierno…menudo trajín con la vestimenta. 

Melbourne se encuentra a 3.140 km de Darwin, la distancia más larga del viaje. Vuelvo a recordar aunque sea pesada con ello, que hay que tener en cuenta que esto son distancias kilométricas en avión y casi en línea recta, que si se viaja en coche hay que sumar cientos de km más. 

Fuente: mapas.owje.com

Esta mañana no toca desayuno, nos recoge otro amable conductor australiano a las 5.15 h para tomar el vuelo de las 7.15 h y no nos apetece llevar la caja de desayuno con nosotros. El aeropuerto ya es un caos de gente, tanto en facturación como en la sala de espera de los vuelos domésticos, que los internacionales tienen otra sala y también se la ve llena. El aeropuerto de Darwin es bastante caótico, pequeño e incómodo para la cantidad de pasajeros que circulan por él. 
 
Hoy volamos con Jetstar, una compañía lowcost que nos sorprende por el espacio entre asientos del Airbus A321 en el que viajamos. Como low cost que es la comida y la bebida son de pago, hasta voy a echar de menos sentirme como un pavo, pero pagar por sentirme como tal me parece tremendo, así que con el mal café del aeropuerto me doy por satisfecha. 

Durante el viaje el sol me va dando de lleno por la ventanilla y aparte de incómodo no me deja ver el paisaje desde arriba, así que con tristeza la cierro, si pido ventanilla es porque me encanta y distrae ver a través de ella, aunque de vez en cuando hecho una ojeada, pero en este vuelo viajamos por encima de las nubes y no se ve nada, esto no es tan increíble como lo fue Planeta Australia. Son 4 h 10 m de vuelo y para distraerme me veo la película Australia, todo el viaje recordando escenas y tramas que ya era hora de volver a ella, pero no me da tiempo de terminarla. 

Sobrevolamos el verdor de los alrededores de Darwin. 


Y llegamos a la urbe de Melbourne. 


En Melbourne adelantamos media hora nuestros relojes, menudo descontrol con los horarios, ya no recordamos cómo empezó todo. Nos espera el conductor más agradable de todo el viaje, y los demás aparte de Tim, lo han sido, pero este melbournés que vivió en Alemania se lleva nuestro gran recuerdo, y si tuviéramos una bola de cristal hasta lo hubiéramos contratado de guía para los tres días de Melbourne, que normalmente en ciudades nunca los consideramos necesarios. Según nos lleva al hotel nos va enseñando la ciudad, los monumentos, y sobre todo practicamos este mal inglés que nos va dando tantos problemas en el viaje y que de repente, tal y como ocurrió con la señora de Melbourne también en el Bowali Visitor Centre parece que es más fluido, y es que no hay nada como estar relajado y en buena compañía que se esfuerza para que todo vaya bien. 

Llegamos al hotel sobre las 13.15 h y volvemos a tener suerte, podemos disponer de la habitación ya que la hora de entrada es a las 15 h, con lo que nos damos una ducha para desentumecer el cuerpo del madrugón y desperezarle para tener nuestra toma de contacto con la ciudad. 

Antes de desgranar la bonita ciudad de Melbourne haremos una excursión que es casi ineludible en sus alrededores, que nosotros hicimos al día siguiente de nuestra llegada y luego nos damos uno de esos paseos agotadores por la ciudad para rematar este viaje, para mantener un orden. 


28 de diciembre de 2011

Australia - Parque Nacional de Kakadu - Jabiru - Bowali Visitor Centre - Darwin


Algo sin hacer y sin ver, algo por lo que volver

Tras nuestro paseo por el East Alligator River y de camino para comer de nuevo vamos viendo gigantes hormigueros, es increíble la cantidad de hormigas que puede haber en esta región. La comida de hoy es un lugar perdido en este espacio inmenso que es el Parque Nacional de Kakadu, no solo es restaurante, también es una tienda donde suministrarse de artículos necesarios para los particulares que entran en sus coches al tiempo que una tienda de souvenirs. A la entrada aborígenes tienen sus pinturas a la venta, además algunos están trabajando en sus nuevas obras. 

La comida es de lo más raro, una ensalada con algo parecido a pollo, pero era mejor no preguntar y comer, y de postre una especie de arroz con leche, pero sin leche, porque yo creo que no era ni leche de coco…para dentro todo que hay que alimentarse. 


Otro “detalle” de nuestro guía conductor Tim, la teoría es que él es el responsable de que todo funcione, pero no se preocupó de nada, se sentó y se dispuso a comer, sin mirar cuanta gente estaba sin atender…posiblemente sea demasiado exigente, pero también creo en la responsabilidad de los trabajos, así como en la educación y hasta el momento con Tim no he visto ninguna de estas virtudes. 

La comida no fue espectacular, por no decir mal, y los baños ecológicos, por primera vez, un horror, tenían un olor tremendo, tal cual entré tal cual salí, y si moría con la vejiga llena tendría que ser así pero allí era imposible dejar nada sin tener un ataque de vómito (fina que habré salido, pero he pasado por lugares malos y este tenía estrellas para ganarse un premio).

Terminada la comida nos vamos hacia un pequeño aeropuerto en Jabiru, allí descienden dos pasajeros del autobús, son los afortunados que realizarán un viaje en avioneta sobre Kakadu. Este fue mi fallo, mi gran fallo, el no leer que existía esta posibilidad en Sydney, para intentar llevarlo contratado. Ayer por la mañana entendimos algo a Tim, pero al preguntarle nos dijo que no, que no era nada para nosotros, y hoy ya algo enfadada le reclamo, y me contesta, cosa que en ningún momento dudo, que no hay plazas y que por eso no podíamos hacer el vuelo…posiblemente su cometido es solo llevar y traer personas, y no ejercer de guía completo, que se molesta en ayudar a los turistas con sus deseos, su sueldo no incorporará estas responsabilidades, pero muy mal por toda la organización y Tim se queda definitivamente sin propina. 

Para hacer tiempo mientras vuelven los afortunados pasajeros de la avioneta Tim nos acerca a las minas de Uranio, solo las vemos por fuera aunque también organizan visitas guiadas. ¡Qué feo contraste el del paisaje con el río y la mina al fondo!, más sabiendo el material peligroso que contiene. No nos gusta nada lo que vemos para estar dentro de un parque natural, por mucha economía y flujo monetario que mueva la mina.


Desde hace tiempo los grupos ecologistas critican su impacto medioambiental, y a finales de la década de 1990 organizaron campañas para impedir la ampliación de la mina, que finalmente no se llevó a cabo pero por una razón menos ecológica, por la caída de la demanda mundial. 

La teoría, que siempre tiene sus fallos, es que la mina está rigurosamente controlada para asegurar que los valores naturales del parque no se vean dañados.



Para seguir haciendo tiempo a que la pareja del vuelo regrese Tim nos lleva al Bowali Visitor Centre, donde ofrecen información del parque, a cuya entrada se encuentra uno de los famosos termiteros, más bien una reproducción o eso me pareció.


En la tienda de regalos y souvenirs encontramos un manual para tocar el didgeridoo, ¡en español!, con lo que mi marido ya puede empezar a tocar y a darme serenatas...o mejor no.

Lo más curioso del centro son los carteles de los baños.


Mientras esperamos a los afortunados pasajeros del vuelo entablamos conversación con la señora que tan amablemente iba traduciendo al italiano en el paseo en barca por el East Alligator River, otra abuelita encantadora del país, que se esfuerza en hablarnos despacio para entendernos, y esto es con lo que me quedo en general de los australianos, las ganas de hablar y de que todo sea fácil. Ella es de Melbourne y al saber que sería nuestro próximo destino le dio algo de pena porque ella continuaba el viaje para otro lugar, estoy segura que nos hubiera invitado a una taza de té en su casa y nosotros hubiéramos aceptado encantados.

Vuelven los voladores, y como no podía ser de otra manera hablan maravillas del vuelo, del paisaje que se divisa desde arriba, incluso se pueden ver poblaciones aborígenes...definitivamente una lástima no haber podido realizar este vuelo.

Con el atardecer regresamos a Darwin. No dejo de pensar en África mientras contemplo el inmenso sol. 


Le damos un puntazo negativo para toda la organización de Kakadu, porque ya éramos conscientes del hándicap de hacerlo en inglés y lo asumimos, pero queríamos visitarlo (yo insistí mucho a mi marido la verdad), pero que no se hiciera ni el mínimo esfuerzo para que el resultado fuera todo lo óptimo posible es lo que terminó por enfadarme, menos mal que los dos bonitos días de paisajes, aprendizaje de cultura aborigen y la fuerza de Kakadu puede más que todo lo negativo. 
Tim se quedó sin propina, en ningún momento a los que no hablaban inglés (franceses, italianos, españoles) se acercó a preguntarnos si queríamos alguna explicación, si le entendíamos bien, posiblemente no le pagan lo suficiente o así lo creerá él, pero sabiendo que lleva un grupo multilingüe un poquito de esfuerzo se lo hubiéramos agradecido. 

Para la agencia australiana que gestiona el tour otro puntazo negativo, por no avisar (puede que Alda, nuestra guía en la primera parte del viaje, tuviera algo que ver y pasara del tema, que no lo descarto) de la posibilidad del vuelo en avioneta, incluso desde la contratación del viaje en Madrid, que sería lo más lógico. 

De todas formas, como conclusión, es que aunque sea en inglés, en aborigen o en finlandés merece la pena hacer la visita a Kakadu, y nosotros solo hemos podido conocer una mínima parte, que nos han quedado lugares muy interesantes donde ir, pero si pasábamos más tiempo aquí no podríamos ir a Melbourne, y esto nunca pasó por mi cabeza, de Australia no podíamos irnos sin visitar esta ciudad. 

Llegamos a Darwin, y podemos disfrutar del anochecer desde el pequeño balcón de la habitación, como muchos de los alojados en el hotel que están cámara en mano haciendo fotografías del puerto con un atardecer como si fuera una pintura. 


Nos quedamos sin conocer nada de esta ciudad, que ha resurgido dos veces como el Ave Fénix, la primera tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual los japoneses bombardearon la ciudad, siendo el único puerto de Australia que sufrió ataques continuados; la segunda tras el ciclón Tracy del día de Navidad de 1974, con vientos superiores a los 200 km/h. 

De nuevo al cine, uno de nuestros grandes referentes en viajes, la película Australia cuenta los bombardeos de la guerra, y la evacuación que se realizo en la ciudad. 


Bajamos a cenar al restaurante del hotel, es lo más cercano y conocido, ya que no hemos podido explorar nada de Darwin y así nos quedaremos desafortunadamente. La cena no estuvo mal, solomillo y salmón, pero a estos australianos les gusta hacer demasiado todo tipo de carnes y esto le quita la buena textura. De nuevo un shock con los vinos, y eso que evitamos la oferta que tenían por el miedo que nos producía.