22 de junio de 2011

Austria - Viena - Freyung

Pascua en Viena

Tiefer Graben desemboca en la genial plaza de la Freyung, que no tiene la forma de plaza a la que se suele asociar el nombre, tiene forma de triángulo muy irregular, que toma su nombre del asilo (freyung) que el lugar garantizaba en la Edad Media, marcado por la cercana Schottenkirche. 

En la foto, a la derecha, el edificio con la bola dorada el Länderbank, con la sala de exposiciones del Kuntsforum; a la izquierda, el Palais Harrach. Al fondo destaca el conjunto del Schottenstiff o Convento de los Escoceses, donde los fugitivos si entraban no podían ser amonestados por el mencionado derecho de asilo. El convento fue fundado por los benedictinos que llegaron en el siglo XII a evangelizar la zona del Danubio. Por su aspecto los vieneses lo llaman “la cómoda o casa del armario con cajones”, pero mi imaginación no se explica este apelativo. En el convento hay un instituto, donde estudió Strauss, una pensión y un museo, con una pinacoteca que contiene varios Rubens.


En la plaza se ha instalado el típico mercado de Pascua, aquí el huevo es el rey, mejor dicho el emperador, y es un espectáculo precioso de colores. Dan ganas de comprarse uno de cada, o cartones enteros. 


Entramos en la Schottenkirche que fue construida en varias etapas, con lo que su exterior neoclásico no tiene nada que ver con su interior barroco. 


En el muro de la iglesia que da a la plaza llama la atención el monumento dedicado al duque Enrique II de Jasormirgott, cuyo apellido tiene una explicación: “ja so mir Gott beisteht”, es decir, “Dios me asista”, que eran muy católicos estos Babenberg. Hay que tener los ojos bien atentos para no perderse detalle y aún así es totalmente imposible estar a todos ellos.




Pasada la puerta de entrada al convento, hay una puerta grande abierta, con barrera para coches, de donde vemos entrar y salir gente, con lo que decidimos entrar nosotros también, para que nos echen siempre hay tiempo, y descubrimos un patio interior con sus árboles dando sombra, bajo los cuales están instaladas las mesas de un restaurante, bonito lugar pero no nos convence del todo para quedarnos a comer. Es el Schottenhof (hof es patio) se encuentra la Heinrichsbrunnen, fuente construida en 1652, decorada con la estatua de Enrique Jasormirgott (está por todos lados).


Ya vamos cogiendo más confianza con la ciudad, y ahora puerta que vemos abierta, puerta por la que entramos, y así descubrimos sus patios que comunican los edificios y salen de una calle a otra; en este caso es el  pajaje del Palacio Harrach, que de Freyung sale a Herrengasse. Siempre son buenos lugares para instalar restaurantes alejados del bullicio. 


 
En el centro de la plaza Freyung la Austriabrunnen, ¡¡será por fuentes en Viena!!, que recuerda cuando los ríos Po (Italia), Elba (Silesia), Vístula (Polonia) y Danubio (Hungría y Rumania) eran austriacos…¡¡será por ríos!!, y es que se llamaba Imperio por algo.


En el número 4 de la plaza se encuentra el Palais Kinsky, dicen que uno de los más bellos del barroco, construido por Hildebrandt en 1713. 


Por supuesto entramos, ya que estamos ¿por qué no?, y seguimos descubriendo un mundo de encantadores patios, que al tiempo son pasajes que comunican calles, con terrazas de los restaurantes instalados en ellas. ¡¡Qué bonita es Viena!! y no solo por los grandes detalles, que son muchos, sino por los pequeños, que también son muchos. 


 
En la plaza también se encuentra el interesante Palacio Ferstel, que debe su nombre al arquitecto que lo construyó, y lo hizo para el Banco Nacional como almacén de divisas. 


Dentro del palacio está el pasaje Freyung, que por supuesto comunica con la calle Herrengasse. Tiene un techo acristalado que le proporciona mucha luz, y en él hay instaladas tiendas. Dicen que este pasaje recuerda a las galerías de Vittorio Emmanuele de Milán (más menos que más para mí) y a la Burlington Arcade de Londres (algo más me parece, aunque el aire british de la segunda no lo puede tener este).


En el pasaje hay una rotonda con cúpula acristalada donde se alza una fuente, Donauweibchenbrunnen (y es que los nombres son como para recordar y escribir de memoria), con una estatua que representa el espíritu del Danubio. 


El pasaje Freyung a la vez se comunica con el Palais Harrach y el patio del Palais Goltz-Kinsky por otros pasajes paralelos, esto es como un laberinto en el que perderse y no perderse al tiempo. Al palacio Ferstel no se puede entrar, pero si se puede pagar por su uso para celebraciones.

Salimos del pasaje, como no podía ser de otra manera a la Herrengasse, y en la esquina del palacio que da a esta calle se encuentra uno de los cafés emblemáticos de la ciudad, el Café Central, donde decidimos entrar a comer, afortunadamente nos dan mesa enseguida. La fachada de este palacio hacia esta calle es una de las que más me ha gustado, y eso que está cargadita, pero por algún motivo o por varios, que no pienso buscar ni razonar, me gustó y mucho. 


A la entrada del café recibe la figura del poeta Altenberg realizado en pasta de papel, que pasaba tantas horas en él que incluso recibía el correo aquí. Trotsky durante su exilio anterior a la Primera Guerra Mundial también venía a este café. Parece que vamos siguiendo la estela de personajes famosos, como ya hicimos con Freud en el Café Landtman.







La noche anterior ya entramos a curiosear pero definitivamente es un lugar que impresiona y en el que te gustaría ir vestida más adecuadamente y no de turista trotamundos, donde se mezclan lugareños tranquilos con turistas acelerados y asombrados. 


Llegamos de nuevo a la gastronomía austriaca: para mi marido un lammstelze (pierna de cordero) y yo como estoy lanzada por la gastronomía austriaca me decanto por un tafelspitz (filete de ternera guisado) gratinado con mostaza. Más rica mi elección que la de mi marido, aunque el cordero estaba sabroso. Para acompañar hoy tocan dos cervezas nacionales bien frequitas.

En la foto el tafelspitz
Postre solo para uno, para el más goloso de los dos, y no soy yo, un Mohr in Hemd, un pastel de chocolate caliente que se sirve con chocolate y nata montada, azúcar para recuperar fuerzas. Estaba muy rico, porque aunque no me lo pidiera no me resistí a probarlo (e incluso repetir el acto probatorio).

 
Si bien la noche anterior en el Café Landtmann no tomamos café, por aquello de no quitarnos el sueño y poder descansar, hoy necesitamos una buena dosis para abrir los ojos y poder continuar el paseo. Para mi marido un Mocca Klein, como un cortado, y para mí, un Eiskaffee, café con helado de vainilla y nata montada, pero que pido sin la nata porque no me gusta, lo que seguramente sería un crimen para el camarero.

Con la presentación del café y el lugar se entiende porque los cafés (establecimientos y líquidos) tienen tanta fama en Viena, es un modo de vida.









La fama de los cafés no es solo por los cafés sino por sus dulces y tartas, y madre mía, ¡¡que exposición!!, pero yo en este viaje no debo estar falta de azúcar y no me pide el cuerpo ni un poquito, aunque entre la prueba del postre y el café ya voy servida de azúcar. Para un goloso penitente este mostrador es un auténtico pecado. 


Por supuesto tampoco falta el detalle de Pascua.

21 de junio de 2011

Austria - Viena - Hoher Markt - Wipplingerstrasse - Judenplatz - Am Hof - Schullhofplatz - Kurrentgasse - Maria am Gestade - Tiefer Graben

Tic tac tic tac tic tac...

Una vez visitada la catedral lo siguiente es hacer una visita con horario exacto, para no perdernos (o perderme mejor dicho), le enseño a mi marido el mapa: aquí estamos, aquí tenemos que llegar, con lo que lo hacemos rápidamente (es mi GPS particular). La gente ya ha comenzado a llegar y a tomar posiciones, y nosotros hacemos lo mismo aunque al final…

Nuestra cita es con Ankeruhr o reloj del ancla, construido en 1911 y donado por la compañía de seguros Anker a la ciudad. Cada hora sale una figura de un personaje vienés, comenzando por Marco Aurelio y terminando con Maria Teresa con su consorte y Haydn. A las 12, que es  a la hora que estamos allí, salen todas las figuras al son de una música. Sobre la pared en el lado izquierdo unos paneles explican datos del reloj y el quién es quién de las figuras.


El resultado nos parece nefasto, tremendo chasco, pero no sólo para nosotros, sino para el público en general concentrado allí. Algunos incluso se fueron antes de tiempo, pero nosotros aguantamos entre risas el momento. Y es que el recuerdo del reloj de Praga y su belleza no es comparable (las comparaciones no son justas, pero es que en algunos casos es imposible no hacerlas). 

Lo que destaca en el reloj es la figura representativa del paso del tiempo (también en Praga lo había, pero más macabra incluso) y la salamandra a los pies del reloj.

También merece la pena observar el interior del arco donde se encuentra el reloj, tanto por la bóveda decorada, como por las figuras de apoyo del arco, e incluso dar la vuelta para ver la trasera del reloj, que es un reloj normal, a cuyos lados hay cuatro angelotes, dos de frente y dos de trasero. 




Estamos en la plaza Hoher Markt, la plaza más antigua de Viena y uno de los centros de la Viena romana, hecho que se atestigua en un museo que hay en el número 3 de la plaza, Römische Ruinen, en el que se exponen casas romanas de los siglos I-III; en este lugar se cree que murió Marco Aurelio. 

En la plaza durante la época medieval se encontraban los mercados de pescado y tejidos, y además tenían lugar las ejecuciones públicas, y esto último sí que da fe de la importancia de la plaza.

En el centro de la plaza se encuentra la Vermählungsbrunnen o Josefsbrunnen, fuente de la boda de San José con la Virgen, mandada erigir por Leopoldo I como promesa si su hijo José regresaba vivo del asedio de Landau. Se le encargó a Fischer von Erlach padre pero la realizó su hijo, en el lugar donde se colocaba el cadalso. 


Desde aquí tomamos la Wipplingerstrasse, donde se encuentra el edificio del Altes Rathaus, Viejo Ayuntamiento, con dos portadas gemelas. El edificio era propiedad de dos hermanos alemanes que conspiraron contra los Habsburgo, y al perder sus propiedades fueron confiscadas, y sucesivamente ampliadas para formar el Ayuntamiento. En el primer piso se halla el Archivo de la Resistencia Austriaca, con documentos de la lucha contra el nazismo, un modo de rendir tributo a la minoría que se opuso a la  anexión de Austria por parte de Hitler. 

 
Tenemos nuestro primer contacto con los secretos de Viena, sus patios internos, hay una puerta abierta en el Ayuntamiento, ninguna de las dos gemelas, que da acceso al supuestamente patio principal, donde se encuentra la fuente de Andrómeda, que se la representa rescatada por Perseo de las fauces de un monstruo marino. Una grata sorpresa.

Desde este patio también se puede ver la torre de la Salvatorkapelle, una capilla de finales del siglo XIII. Parecía que la entrada estaba por el callejón que conducía al patio, pero al asomarnos por la puerta más daba la sensación que se entraba en la sacristía y en algún tipo de asociación social que a la iglesia, y la entrada principal, en Salvatorplatz, estaba cerrada, así que a esta iglesia no entramos, por un ataque de vergüenza turista. 





Frente al Ayuntamiento, en la misma calle Wipplingerstrasse, se encuentra la antigua Cancillería de Bohemia, ya que los Habsburgo también fueron reyes de Bohemia, y gobernaron este territorio desde este palacio construido por Fischer von Erlach (ya dije que el nombre está asociado a la ciudad continuamente). Como el Ayuntamiento también presenta dos portadas gemelas (esto es como los Petit Suisse). Yo me pregunto ¿hace falta un edificio especial para gobernar un territorio?






Callejeamos un poco sin dirección especial, solo por entrar por las calles para descubrirlas y llegamos a la Judenplatz, donde en la época medieval se asentaba el guetto judío. 

En la plaza hay varios detalles a destacar, aparte de todos y cada uno de los edificios que la rodean, incluso la parte posterior de la Cancillería de Bohemia. La preside una estatua de Lessing, un dramaturgo y crítico literario alemán, es una reproducción, realizada por el mismo autor, ya que los alemanes destruyeron la original en 1939, porque Lessing había luchado por los derechos de los judíos, y claro, no había derecho, ¡un alemán a favor de los judíos!. 

Otro de los detalles es la casa del fondo, y no tengo una foto mejor porque me empeñé en que estaba en otro lugar lo que buscaba y claro no lo encontré en su lugar, a la vuelta lo he encontrado, y es que es imposible atender a todos los detalles. A lo que vamos, en la fachada de la casa, Haus zum grossen Jordan, hay un relieve del siglo XVII, Bautismo en el Jordan, con una inscripción debajo, que recuerdan como Jörg Jordan, el propietario del edificio en 1421 hizo quemar en la hoguera a sus inquilinos judíos, en uno de esos infames pogromos antisemitas que se llevaron a cabo en Europa (ciudad que visitamos, ciudad en la que encontramos rastros de esta persecución, expulsión y asesinato). 

 
Hacia el otro lado de la plaza lo que destaca es un cubo de hormigón armado, el monumento conmemorativo del holocausto, un memorial en honor a los más de 65.000 judíos exterminados entre 1938 y 1945. Es una obra de la británica Rachel Whiteread, que representa los lomos de 7.000 libros, con los lomos hacia dentro, de una biblioteca con las puertas cerradas, la biblioteca de los anónimos. En el zócalo los nombres de los campos de concentración por orden alfabético.


Debajo del monumento se encontraron restos de la antigua sinagoga medieval, a los que se puede acceder desde el contiguo Museo Judío, donde se documenta la historia de los judíos en Viena.

La pena es que el monumento está tomado por un grupo de turistas y no se puede sentir el monumento, aunque la sensación inicial que tuve es de frialdad, no como con el monumento en  Albertinaplatz, que es golpe visual y emocional directo. Como es normal, el monumento tuvo su polémica por su modernidad y difícil entendimiento: la disposición de los libros sin ver los títulos puede considerarse como las tantas historias desconocidas de los judíos exterminados, la puerta no tiene pomo, no se puede abrir, con lo que el monumento encierra un vacío, el vacío que dejó el holocausto.

Nos acercamos hasta la cercana plaza Am Hof, que se sitúa en un monte donde se alzaba la plaza central del campamento romano, y donde construyeron su palacio los Babenberg, los que estaban antes que los Habsburgo, de ahí su nombre, Am Hof, junto a la corte (al final el austriaco lo dominaremos). En la plaza se celebraban torneos durante la Edad Media.

La plaza está tomada por una parte por obras, que hacen que no disfrutemos de la plaza, y por otra, por un mercadillo, que siempre alegran pero que en esta ocasión, unido a las obras, dificultan las fotografías.

En el centro de la plaza se alza la Maeiensäule o Columna de María, mandada erigir por Fernando III en acción de gracias por haber superado el asedio de los turcos en la guerra de los Treinta Años. A los pies de la Virgen, cuatro ángeles luchan contra el hambre (dragón), la guerra (león), la idolatría (serpiente) y la peste (basilisco), las cuatro plagas de la humanidad. 

Imposible tomar una foto entera ante el poco espacio y las grúas a su alrededor.


En un lado de la plaza se halla la Kirche Am Hof, iglesia dedicada a los Nueve coros de ángeles, que actualmente utiliza la comunidad croata de la ciudad. Fue levantada por los jesuitas, la primera de esta comunidad en Viena, que llegaron a la ciudad para convertirla al catolicismo. Su fachada presenta una originalidad: está retrasada respecto a la plaza, encerrada entre dos edificios, que pasaron como propiedad a la iglesia, y con un balcón de unión entre ambos. 

 
En el interior se puede ver sobre el altar mayor el retablo María y los nueve coros de ángeles del que recibe el sobrenombre. 

 
Los edificios que rodean la plaza son incontables, una especie de palacio neogótico principesco de cuento, los antiguos cuarteles de los bomberos, con museo incluido, tanto de bomberos como de ruinas romanas. Pero mi bonita visión de la plaza es un edificio inmaculadamente blanco con unas buhardillas que parecen encantadoras y musicales.







Al lado de la iglesia hay una placa, sobre el palacio Collalto, que recuerda que Mozart en 1762 actuó en público por primera vez a los siete años de edad.


De nuevo un intermedio musical, Viena y Mozart se lo merecen, y porqué no, nosotros también.


Dando la vuelta a la iglesia encontramos uno de esos rincones encantadores, que tiene toda la pinta de ir a desaparecer, en Schullhofplatz, entre los arbotantes de la iglesia se instalaron pequeñas tiendas, en las que la imaginación puede dar un salto en el tiempo; por desgracia parece que van cerrando sus postigos de madera. Si esta zona en Navidad está bien iluminada tiene que ser un lugar con mucha magia. 


Muy cerca se encuentran dos museos, el Uhrenmuseum o Museo de los Relojes y el Puppen-und Spielzeugmuseum o Museo de Muñecas y Juguetes. 

Entramos por la bonita calle de Kurrentgasse, con casas barrocas en cuyas plantas bajas hay instalados restaurantes incitadores a la comida.


En esta calle, en el número 10 se encuentra la panadería con nombre de cuentista, que no de cuento, aunque todo ello parece trasladarte a un bonito cuento. Dicen que es una de las mejores panaderías de Viena.









Volviendo sobre nuestros pasos, por Judenplatz y sus calles, todo esto es un pequeño cogollo de calles y callecitas, salimos por Salvatorgass a la coqueta iglesia de Maria am Gestade o Santa María del Barranco o Santa María de la Orilla, uno de los monumentos más antiguos de la ciudad, que estaba localizada al borde de un talud que bajaba hasta el río, de ahí su nombre. La torre servía de punto de referencia para los barcos del Danubio y es una obra maestra de construcción gótica. 

El Danubio causó muchas inundaciones y en 1870 se hizo la primera regulación del río, drenando muchos de sus afluentes y alejándolo de la ciudad. 


La iglesia se construyó en el siglo XII y fue reformada y ampliada en siglos posteriores. En 1809 durante la ocupación francesa fue utilizada como arsenal y caballerizas. 

En la entrada destaca el pórtico, tanto por su arquitectura y su decoración como por las pinturas que hay alrededor.

En el lado derecho hay otra pequeña entrada similar pero sin tanta ornamentación y sin pinturas.










Su interior es estrecho y alargado, como ya se intuye desde el exterior, y destacan las vidrieras detrás del altar mayor, de 51 m de altura.


Hemos llegado a esta iglesia por arriba, así que bajamos las escaleras que se ven en la primera foto de la iglesia, que es cuando aprovechamos para hacerla, para salir a la calle Tiefen Graben, donde se puede distinguir la profundidad del foso de las murallas de la ciudad; Tiefer Graben significa foso profundo. En esta calle se encuentra el puente Hoher Brücke, que está considerado como una pequeña obra maestra de la época, fue construido en 1903, por el aprovechamiento de espacios. En los laterales hay entradas pero no las exploramos. 

  

20 de junio de 2011

Austria - Viena - Stephansdom

"Los pilares de la Tierra" (2)

Una vez visitado el interior de la catedral Stephansdom y para dar continuidad doy un pequeño salto en el tiempo cronológico de nuestras visitas, ya que al exterior le dedicamos tiempo de la tarde del día siguiente y vamos a continuar con ello. Por supuesto que volvimos a entrar por si la suerte nos quería acompañar, pero de nuevo la nave derecha y la central estaban cerradas a las visitas.

Hay que dedicar tiempo y vista para la cantidad de figuras y gárgolas en su parte superior, los elementos que mencionaré están más al alcance de los ojos, aunque no de todo habrá fotos, tanto porque no se las hicimos como porque ello significaría un "book" personal de la catedral.


Girando hacia el lado derecho de la catedral se encuentra un pequeño pórtico octogonal que precede a la puerta Singetor o puerta de los Cantores, que era de uso exclusivo de los varones. A la izquierda una copia de la tumba del trovador Neidhart Fuchs von Reuenthal, bajo un baldaquino, y a la derecha un Ecce Homo de 1435, a continuación del cual se encuentra el edificio de la Untere Sakristei, Sacristía Inferior. 


Bajo el reinado de Rodolfo IV, en 1363 se puso la primera piedra de la torre Steffl, la torre sur, que se terminó en 1433, con 136 m de altura. Tiene una base cuadrada que se torna octogonal hacia arriba y está coronada por una estilizada aguja de tres cuerpos y por el águila de los Habsburgos.


A la torre se puede subir, su entrada se encuentra en el exterior, al contrario que en la torre sur, Adleturn, y además en este caso no se hace en ascensor sino por 343 escalones, que dependiendo de la forma física pueden costar un poco, pero todo esfuerzo tiene su recompensa, y en este caso las vistas estaban aseguradas. Desde arriba se podían distinguir las tropas invasoras ante las murallas de la ciudad, y posteriormente fue utilizada por los bomberos de la capital.



En la plataforma para contemplar la ciudad hay mucha gente, hay que hacer cola para poder asomarse por las ventanas, cosa que hacemos con mucha paciencia, porque no sólo es mirar, es recrearse y hacer las fotos, pero en un momento dado la gente desapareció como por arte de magia y pudimos disfrutar con tranquilidad de las vistas.


Un mundo de tejados, donde echo en falta un panel en el que expliquen qué es qué, porque se puede llevar un mapa y orientarse, pero hay personas que hasta con él no sabrían orientarse (y con esto me señalo a mí misma).

Desde arriba la planta de la iglesia de la Magdalena y la capilla de San Virgilio se distinguen perfectamente. 

 
De repente mis ojos se topan con ella, y esto sí que es fácil para mí reconocer, la noria de El Prater, la noria de la película El tercer hombre, y que en esta ocasión nos conformaremos con ver así de lejana, no tenemos tiempo de ir a divertirnos al parque.


 Veámosla en el cine:



Aparte de por las vistas, otra razón para subir es poder contemplar los tejados catedralicios más de cerca, pero desde esta plataforma se ven parcialmente, no se puede sacar la cabeza por los barrotes, hay que retorcerse un poco o sacar la mano con la cámara para que ella capte más que el ojo humano, solo vemos mejor los de la parte derecha, ya que es donde está situada la torre, pero los de la izquierda de muy refilón, y a la Adleturn desistimos de subir por mi miedo. Hay unas escaleras que conducen más arriba en esta torre pero su paso está cortado, con lo que nos quedamos con la duda si desde más altura se verían más y mejor. 


Bajamos más rápido de lo que subimos, y es que los pulmones funcionan mejor, continuamos el recorrido exterior por la catedral. En el lado derecho del Apostelchor, coro de los Apóstoles, hay dos grandes relieves funerarios renacentistas, y en el muro posterior del Winterchor, Coro de Invierno, hay frescos góticos de finales del siglo XV (impresionante encontrarse con ellos), protegidos de las inclemencias del tiempo y supongo que de los turistas y no turistas, por unos paneles de cristal y por una pequeña valla. 



A continuación hay tres grandes medallones con relieves en la piedra, representando la Crucifixión, el Descendimiento y la Resurrección de Cristo; al lado de ellos otro Ecce Homo del siglo XV, al que se le conoce con el nombre de El Cristo del Dolor de Muelas por la expresión de su cara, y al que una vieja leyenda le atribuye el poder de provocar este dolor al que se burle de la imagen; y por detrás de la imagen y los medallones frescos. 


Otro Cristo con el mismo nombre se encuentra en el interior de la catedral. 

Más adelante, ya en el lado izquierdo de la catedral, se halla la Obere Sakristei, Sacristía Superior, del siglo XVII y en el muro izquierdo del Frauenchorf, Coro de las Mujeres, el Kapistrankanzel o púlpito de Capistrano, construido en 1430, que debe su nombre al santo franciscano que predicó la cruzada contra los turcos desde este lugar. Se le representa victorioso sobre el invasor.


Al lado del púlpito se encuentra la salida de las catacumbas y la torre Adleturn, las primeras ya visitadas y la segunda ya comentada. 

Más adelante se encuentra la Bischofstor, la puerta del Obispo. A su derecha se halla la piedra de San Columbano, Kolomansstein, en la que se cuenta que fue decapitado el santo hacia el año 1020. 

Desde este lado izquierdo, pero no demasiado cerca de la catedral se puede ver en su inmensidad el águila de los Habsburgo en el tejado. 


Con esto damos por finalizada nuestra visita de la catedral, que nos ha dejado una grata sensación por toda la cantidad de detalles, y eso que nos ha faltado fijarnos con calma y detenimiento en la mayoría de ellos. 

En esta foto se puede ver lo dañina que es la contaminación del aire y de la lluvia sobre la piedra de la catedral, y lo que tiene que costar una limpieza de la misma, así como lo necesaria que es.