11 de febrero de 2019

Myanmar - Bago - Kyaik Pun Paya

Los cuatro sentados

Desde Snake Monastery atravesamos la ciudad de Bago vamos viendo escenas cotidianas y también nos fijamos en la pluralidad religiosa, con templos hindúes o mezquitas musulmanas, aunque ambos tienen verjas cerradas, que no sé si corresponden a horarios o a que ya están en uso. 






 
La última visita es Kyaik Pun Paya, pagoda construida en 1476 por el rey mon Dhammazedi. 


Si ya hemos visto cuatro budas de pie espalda contra espalda en Mittaya Ananda Pagoda, ahora los vemos sentados. 


Cada imagen de Buda es diferente, ya que representan a los cuatro budas que han alcanzando el nirvana: Kassapa, Kakusandha, Konagamana y Gautama. 






Alrededor están los puestos planetarios, así que aprovechamos para despedirnos de nuestros correspondientes animales. 



También hay pabellones con santuarios y más imágenes de Buda, así como guardianes en su exterior. 


El pájaro hintha (ligado a la fundación de la ciudad) sobre el poste también nos resulta curioso, ya que parece más una decorativa cesta de huevos que una estatua, al no ser una estructura maciza. 


Con esta visita hemos terminado nuestro paso por Bago y emprendemos el camino de vuelta a Yangón, a la que entramos tras unas dos horas de viaje. Myo nos entrega nuestros últimos regalos, unas camisetas con el alfabeto birmano, una pequeña libreta en la que ha anotado los lugares visitados (gran detalle para los que no apuntan o para los que nos flojee la memoria), reflejando en ellos lo más importante; y ahora entendemos la razón de hacernos una fotografía cuando llegamos, nos la regalan con unas palabras de despedida. La organización, la atención y los detalles de Myanmar Adventures (nuestro guía Myo en su nombre) ha sido de 10, sobresaliente en todo.

Una bonita frase que nos escriben y que adopto: No se encuentra la belleza en los colores o las formas, sino en el ojo que las admira

6 de febrero de 2019

Myanmar - Bago - Snake Monastery

Protagonista: una serpiente

En este viaje a Bago a Myo le he pedido visitar un lugar curioso, que en principio no tiene nada en especial, bueno sí, tiene algo que lo hace diferente y por eso vamos hacia él disfrutando de las estampas de la ciudad. El camino para llegar está sin asfaltar, así son las calles no principales de las ciudades casi siempre, pero en esta ocasión con muchos más baches que de costumbre, y damos las gracias a que la lluvia paró y esto no es un lodazal de barro. En muchas ocasiones lo mejor de estos destinos un poco atípicos no es el destino en sí mismo, si no aquello que vas viendo en el camino para llegar.






Llegamos al Snake Monastery, que decorativamente hablando no tiene nada en especial, y a estas horas no hay ni monjes. 



La curiosidad es que en el monasterio vive una boa constrictor -como ya os habéis podido imaginar por su nombre, Snake Monastery-, animal en el que supuestamente se ha reencarnado un monje superior de un monasterio de Hsipaw, porque una serpiente es la que le indicó el lugar donde debía ir a Bago para terminar la construcción de una estupa comenzada en una vida anterior (que jaleo de vidas). La serpiente come unos 5kg de pollo al día, por lo que necesita donaciones para su alimentación. No sería yo la que viviría junto a ella, por lo menos tan tranquilamente como estaba su cuidador, aunque estuviera bien alimentada, porque un pequeño abrazo suyo es suficiente para decir adiós (y la reencarnación no está entre mis creencias o prioridades o necesidades...). 



No seré yo quien recomienda la visita a este monasterio y su serpiente por ningún motivo, yo lo incluí porque me apetecía sorprender a mi pareja de viaje, que casi nunca sabe dónde va a ir ni que se va a encontrar, todo para él es sorpresa, y esto le produciría simpatía y extrañeza. 

Junto al monasterio hay una estupa en un terreno elevado desde la que se tienen que tener buenas vistas, pero desistimos de subir, y a lo mejor esta es la razón que falta para llegar a este monasterio, pero creo que en Bago hay otros lugares para obtener vistas, con mayor altura y más campo de visión, a los que nosotros tampoco fuimos.

Emprendemos el camino de salida de la ciudad, atravesándola de punta a punta, pasando junto a la torre del reloj, un templo hindú y una mezquita, el pasado conjunto (dudo de su futuro) de varias religiones. 


4 de febrero de 2019

Myanmar - Bago - Hanthawady (palacio)

Leones y abejas

Al sureste de la ciudad está el emplazamiento del antiguo palacio mon, Hanthawady, que se ha excavado hace poco; el recinto media 1,8 km por cada lado, y la muralla que lo rodeaba contaba con 20 puertas, cinco en cada lado. No queda casi nada del lugar original, pero hasta el momento se han reconstruido dos edificios, siguiendo tanto las excavaciones como dibujos antiguos -como reconstrucción es Mya Nan San Kyaw, el palacio real de Mandalay-. El palacio constaba de un total de 76 apartamentos y salones.

En primer lugar visitamos el edificio de Kambawzathadi, el palacio dorado, donde vivió el rey Bayinnaung de 1553 a 1599, fecha en la que el palacio fue saqueado y destruido. Bayinnaung está considerado como uno de los más grandes gobernantes de Myanmar, fundador del Segundo Imperio Birmano, que gobernó con justicia, y durante su reinado se vivió una época de prosperidad y paz, además de promocionar el budismo theravada en la población. Como curiosidad, poseía elefantes blancos, considerados símbolo de riqueza y poder. 




Entramos al Salón de Audiencias, partido en dos grandes salas, con grandes columnas doradas. Primero al ala derecha.


Pero son otras columnas las que llaman la atención, son de madera de teca, están quemadas o partidas, y son algunas de las que se han recuperado en las excavaciones practicadas desde 1990, en total, 176. Originalmente estas columnas estaban recubiertas de oro, por eso hoy están pintadas de este color. 


En 136 de estas columnas se conservan inscripciones en mon y bamar en sus bases, que reflejan el origen de la madera, la región desde la que fue enviada para la construcción del palacio, así como el nombre del oficial encargado del envío (un servicio postal muy eficiente). 



El cuerpo central del edificio -a ambos lados están las salas- está ocupado por el Salón del Trono del León, originalmente cubierto con azulejos de oro macizo. En el palacio había nueve tronos, salvándose de la destrucción solo el trono del león, que se exhibe en el Museo Nacional de Yangón. 



Un pasillo interior y una terraza exterior comunican las dos alas del salón de audiencias. 


El ala izquierda del salón también exhibe antiguas columnas de teca. 


Así como una carroza real decorada con pavos reales en sus esquinas y un tejado de siete alturas, supuestamente utilizada por el rey Bayinnaung. 


Un mapa del recinto del palacio, su extensión, su muralla y sus puertas. 


A un paseo corto, aunque nosotros lo hicimos en coche, está el edificio del Salón del Trono de las Abejas, donde se encontraban además los cuartos privados del rey. 



Alberga el trono de las abejas o bhamarasana, tan ricamente decorado como el trono del león. 


Frente a este edificio hay un cobertizo cubierto a modo de museo, un lugar de excavación de un edificio del complejo palaciego, donde se exponen columnas de madera de teca. Al fondo destaca la estupa de Shwemawdaw Paya.




El lugar es una reconstrucción de lo que fue, y como tal debe ser valorada, pero extrañamente termina convenciendo, ya que estas columnas de madera quemadas y deterioradas le dan un valor añadido al hormigón pintado. La reconstrucción del palacio de Mandalay encontraba este valor en las vistas desde la torre de vigilancia, para comprender su extensión y grandeza, y en este caso son unas sencillas columnas, además del bonito entorno que nos rodea.