13 de septiembre de 2011

Australia - Sydney - State Library of New South Wales - State Parliament House of New South Wales - Sydney Hospital - The Mint - Hyde Park Barracks - The Land Titles Offices - St Mary's Cathedral


Ron, las botellas de ron 

Terminada la visita en el Tropical Garden nos separamos y nosotros nos vamos a Macquarie St, por la que pasamos ayer por la noche. Esta calle estaba considerada en 1860 como una de las peores calles de Sydney y ahora presume de ser una de las más elegantes, donde se contemplan imponentes edificios, algunos mandados construir por el gobernador Macquarie, el primer gobernador de Nueva Gales del Sur, que con una visión de futuro veía a Sydney más allá de sus orígenes presidiarios. 

El tramo de la calle que recorremos es paralelo a The Domain, un parque a continuación de los Royal Botanic Gardens, separados de ellos por la Cahill Expressway. En su día fue propiedad del gobernador Macquarie y el gobernador Phillip lo abrió al público, siendo un punto de encuentro para manifestaciones. 

Comenzamos en la State Library of New South Wales, instalada en dos edificios conectados por un pasadizo interno y un puente de cristal externo. El edificio más moderno está en reformas y el más antiguo es la Mitchell Library, construida en 1906, cuya fachada principal da a Bent St, en una plazoleta con salida a la mencionada Cahill Expressway. 


El tiempo lo tenemos justo, a las 17 h suelen cerrar los edificios para las visitas, así que decidimos no entrar, y nos perdemos su parece que interesante vestíbulo y principalmente la sala de lectura del ala Mitchell, con una gran claraboya. En nosotros parece raro que dejemos pasar esta oportunidad, ya que por las librerías, al igual que por los puentes, parece que tenemos una debilidad especial, pero es lo que tocaba. 

En el lateral de la biblioteca que da a Macquarie St se encuentra la estatua del explorador Matthew Flinders, el primer aventurero que se adentró en Australia central. Lo simpático se encuentra en el alféizar de la ventana detrás de la estatua, el inseparable compañero de viajes de Flinders, su gato Trim. 



A continuación se encuentra el State Parliament House of New South Wales (6 Macquarie St), que es el ala norte no derribada del Rum Hospital o Sydney Hospital, construido entre 1811 y 1816, pasando a ser este ala la sede del Parlamento en 1829. El Rum Hospital debe su nombre a tres hombres de negocios que financiaron su construcción a cambio de la licencia exclusiva de importación del ron durante tres años y los albañiles que trabajaron cobraron su sueldo en este líquido elemento. 

El hospital pronto se hizo conocido por su hacinamiento (cuesta creerlo viendo el conjunto de edificios que lo conformaron), su mala ventilación y por la propagación de la disentería. Los pacientes lo llamaban “Sydney Slaughter House” (Masacre Sydney House). 

El Parlamento está compuesto de dos edificios, la antigua y mencionada ala norte del Hospital Rum Hospital, y la Cámara Legislativa del Consejo, que fue añadido en 1856, siendo un edificio prefabricado de hierro que llegó de Glasgow y que originalmente estaba destinado a iglesia. 

Se puede entrar en visita guiada o se puede acceder a la galería pública para seguir las sesiones del parlamento. 


En el centro de este tramo de la calle y ocupando la mayor extensión de terreno se encuentra el llamativo Sydney Hospital, que también se sitúa en el centro de los terrenos que formaban el Rum Hospital. 


A la entrada dell hospital se halla la estatua de un jabalí de bronce, Il Porcellino, una réplica de la fuente del Mercato Nuovo de Florencia, que no tenemos el gusto de conocer y que fue donada en 1968 por una mujer italiana cuyos parientes habían trabajado en el hospital. Tal y como parece suceder con el jabalí italiano original se cree que da buena suerte a todo el que acaricia su hocico, aunque no es ésta la única parte que se acaricia, sus partes pudendas están bien brillantes también. 


El ala central del Rum Hospital fue demolida en 1879 ya que se emplearon escombros para su construcción y se construyó este conjunto de tres edificios en 1894, que están comunicados por pasarelas. 


Ya que no cruzamos la calle para obtener una foto mejor de su fachada completa o parcial, un plano del mismo para entender mejor lo que escribo. 


Fuente: simonfieldhouse.com

Entramos a curiosear, pero solo por el exterior ya que el hospital sigue en funcionamiento y aunque las ganas son grandes, entiendo que un hospital tiene que tener tranquilidad (en la medida de lo posible) y no turistas revoloteando por sus pasillos, pero yo personalmente me quedo con las ganas aunque suene raro o morboso, pero tenía todo el conjunto un aspecto a película de terror en su interior que incitaba a ello. 

Pasando por debajo de las pasarelas que comunican los edificios se llega hasta un pequeño patio con una fuente en el centro, una terraza exterior y otra acristalada de lo que suponemos el restaurante del hospital.



Aparte de los nuevos rótulos anunciando las secciones médicas, en sus paredes todavía hay rastros de los anuncios de las antiguas. 


Tras el Sydney Hospital se halla el edificio de The Mint (10 Macquarie St), el ala sur del desaparecido Rum Hospital, que tras el descubrimiento de oro se convirtió en la ceca, acuñándose moneda de 1854 a 1927, siendo la primera sucursal del Royal Mint británico que se abría fuera de Londres, pero que tuvo que cerrar al no poder competir con la de Melbourne y la de Perth. 

Su diseño exterior es muy parecido al visto State Parliament, como alas los dos del Rum Hospital. 


Actualmente es un museo dedicado al oro australiano y a la fabricación de moneda, cuya entrada es gratuita y como suponemos que su visita no nos llevará demasiado tiempo entramos. Hay monedas de varios países, algún instrumento de acuñación y poco más. 

En el piso superior y en su terraza hay instalado un acogedor restaurante-café. Sí que se lo montan bien en esta ciudad, lugares bonitos donde tomarse un algo. Esta veranda me sugiere un ambiente sureño, a las grandes fincas y mansiones estilo Lo que el viento se llevó

 
En un rincón en una de las entradas la estatua del gobernador Macquarie, tanto hablar de él y de su señora que ha llegado la hora e las presentaciones. 


Al final de la calle  se encuentran los Hyde Park Barracks, construidos en 1819 por Francis Greenway, un ex falsificador recluso convertido en arquitecto (las historias que encontramos de los orígenes de Sydney son asombrosas). Estos barracones para presos fueron construidos, como no podía ser de otra manera, por presos, y hasta su terminación y su alojamiento en ellos después de sus jornadas laborales tenían que buscarse alojamiento (yo me asombro). Fueron descritos por el gobernador Macquarie como “espaciosos y bien aireados”. 

De 1819 a 1848 fueron barracas de confinamiento para convictos, pasando a ser de 1848 a 1886 una estación de inmigración para mujeres solteras. De 1862 a 1886 fue el asilo para mujeres enfermas, ancianas y desvalidas. De 1887 a 1979 se realizaron obras para convertir el complejo en tribunales y oficinas de asuntos legales.En 1975 se tomó la decisión de preservar el edificio y su adaptación a museo. 


En los tres pisos hay exposiciones y  en el último piso unos ordenadores donde consultar si en las familias hubo convictos en los barracones. En la planta baja se encuentra la Galería Greenway, una muestra algo interactiva que desvela la vida en los barracones (las comidas, las vestimentas, el puerto en una pintura sobre la pared, los uniformes de los presos para ponerse…)


Las salas tienen un detalle muy simpático para señalarlas, en la parte baja de las puertas una rata marca el número. ¿Por qué una rata?, porque gracias a ellas muchos de los objetos de los barracones se han conservado y podemos verlos, ya que se los llevaron a sus nidos y hoy se les considera como valiosos agentes de conservación. 


En cada piso hay cuatro salas, los antiguos dormitorios, dos pequeñas y dos grandes, en las que se desgranan historias, lugares, arqueología, gente con multitud de objetos varios y papeles. 


En el último piso en una de las salas se recrean los dormitorios, que eran filas de hamacas, en las salas pequeñas había treinta y cinco y en las grandes setenta. El museo ofrece la oportunidad de pasar la noche en ellas pero sinceramente no apetece nada en absoluto.


En el terreno alrededor del conjunto de los barracones una escultura, un monumento de Australia a la Gran Hambruna de Irlanda, no en vano la mayor parte de los presos eran irlandeses. 


Fuera de los Barracks se encuentra una escultura del marido de la reina Victoria, el príncipe Alberto, al que llaman “el Bueno”, apelativo que no le conocía. 


Girando por Macquarie St se entra en Prince Albert Rd, como la estatua homónima nos señalaba con su presencia, donde se halla el edificio de The Lands Titles Offices, construido en 1908, totalmente british en su apariencia; si lo plantamos en el campo podría pasar por una de las grandes mansiones. 


Algo más abajo se localiza St Mary´s Cathedral, la catedral católica de Sydney, en el lugar donde se encontraba la iglesia de mismo nombre ordenada construir por el gobernador Macquarie, siendo la primera entrega de tierra otorgada a la iglesia católica en Australia.


Curiosamente no hay ninguna foto de su interior, y no es que fuera feo sino  que nos parecio demasiado anodino y yo no estuve atenta al fotógrafo oficial para que realizara al menos una. Lo más interesante es la cripta, cuyo suelo de terrazo tardó 15 años en terminarse y cuya visita se realiza previo pago, pero hemos llegado tarde. 

Estamos en la parte sur de The Domain, por la que se llega a la Art Gallery of New South of Wales. Frente a ella se encuentra una réplica del Speaker’s Corner londinense, pero no lo vimos o no lo identificamos porque no había ningún orador en aquel momento que nos diera la pista. 




12 de septiembre de 2011

Australia - Bahía de Sydney - Fort Denisson - Shark Island - Anzac Bridge


En Sydney hay que navegar

Desde Bondi Beach el autobús nos lleva a Darling Harbour, una zona de ocio recuperada de los antiguos muelles donde vamos a subir a un barco turístico para navegar por la bahía.

El puerto de Sydney, Port Jackson, fue llamado así en honor a un secretario del almirantazgo británico, y es el valle hundido de un río que se fue transformando a lo largo de millones de años. Realmente la bahía no es una sola bahía, como ya habéis ir podido viendo, es una sucesión de bahías. 

Lo primero que hacemos es ir al buffet, no sólo hay que darle gusto a los ojos, el estómago también necesita lo suyo. En el crucero está incluida la comida, que resulta buena, con gran variedad para elegir. De nuevo tomamos cervezas, que siguen siendo un acierto. 


Salimos a disfrutar de la navegación cuando hemos pasado Harbour Bridge por debajo y entramos en las aguas de Sydney Cove, con la visión de la terminal de cruceros y el skyline financiero y de hoteles.


Comienza de nuevo el festival visual de la Sydney Opera House, un referente a diario, pero ya no desde el punto terrestre, ahora es marítimo, lo que ofrece percepciones diferentes. 


Ahora son tortugas amontonadas (no vayáis a ser mal pensados).


¡No!, son naves espaciales.


No importa lo que parezca (ahora cascos de armaduras o como comentó un amigo, cascos de ciclistas), es realmente espectacular y única.


Se ve los bonitos Royal Botanic Gardens, así tenéis una idea mejor de su espléndida situación. 


Vemos nuestro primer canguro en Australia…en unos barcos de la Marina Australiana (sin contar el de la compañía aérea Qantas claro). 


Se estima que más de 70 km de orilla del puerto se han perdido como consecuencia de los grandes proyectos de reclamación de terreno al mar que se produjeron en 1840. El hecho de que de las 13 islas que existían cuando llegó la First Fleet en 1788 sólo queden ocho es una señal de la transformación geográfica que se ha realizado. 

Una de estas islas es Fort Denisson (visitable), que era un fuerte donde enviaban a los reclusos que se portaban mal (rematadamente mal porque no me los imagino precisamente buenos). Los tiburones y las corrientes de la bahía eran los mejores carceleros. La pequeña isla donde se encuentra fue llamada Rock Island y se apodó Pinchgut (estómago vacío), seguramente a causa de los pocos alimentos que les entregaban a los presos. En 1796, Francis Morgan, acusado de asesinato, fue ahorcado en la isla y su cuerpo quedó abandonado a su suerte, pudriéndose durante tres años para escarmiento de los demás recursos (la cosa no tenía que ser una bonita visión y el olor tremendo). 


La torre Martello del fuerte fue construida entre 1855 y 1857 para defender Sydney contra un posible ataque de buques de guerra rusos durante la guerra de Crimea. Más tarde le cambiaron el nombre a Denisson por el entonces gobernador de Nueva Gales del Sur. En la torre hay tres cañones de ocho pulgadas, que no pueden ser retirados sin desmontar las piedras sobre los que se encuentran. A la una de la tarde disparan salvas para ayudar a los marineros a fijar los cronómetros de sus barcos; pero ninguno de los que estábamos allí este día escuchamos los cañonazos, como sí lo habíamos oído nosotros desde el Observatorio. 

La torre sufrió daños en mayo de 1942 cuando un submarino japonés entró en el puerto, traspasando las redes antisubmarinas, siendo disparado por el USS Chicago, y una salva secundaria la golpeó. 

Mientras una competición muy especial se desarrolla ante nuestros ojos, juego de velas. 


Al frente la inmensa, azul y maravillosa bahía.



Un pequeño faro se encuentra cerca de la inquietante de nombre Shark Island, dentro de Rose Bay. El nombre no lo recibe en vano ya que la cercana Shark Bay en Vaucluse está repleta de tiburones, aunque curiosamente leo que Shark Beach es una playa familiar.


Harbour Bridge parece sostenerse sobre tierra firme y no sobre el agua.


En la bahía también hay jet boats (barcas rápidas de diversión y no solo de navegación) como en Nueva Zelanda, pero creo que por esta preciosa bahía mejor una navegación calma que con adrenalina, además en Nueva Zelanda los paisajes parecían incitar a ello, pero es una actividad más de las que se pueden realizar.


Vamos hacia el Harbour Bridge de nuevo y ahora sí vemos cómo pasamos bajo él. 


Hacia delante tenemos la visión del ANZAC Bridge, en estilo algo Calatrava. Es el puente más largo en Australia con 800 m, que quizás queda ensombrecido por el pulmón de hierro.


Divisamos un edificio conocido, el Sydney Observatory


En el camino de regreso de nuestro viaje tenemos la oportunidad de bajarnos en Circular Quay, cosa que hacemos, o en Darling Harbour, que de momento sigue siendo territorio inexplorado. Con una de las parejas nos dirigimos al Jardín Botánico para terminar su visita en el Tropical Garden. Ellos también se quedan con la boca abierta con la invasión de los zorros voladores, y no se debería por si acaso con estos okupas vampiros.En lugar de ir por el Writer's Walk subimos a un ascensor desde el que disfrutamos nuevas vistas, y por un camino algo más corto llegamos a los Royal Botanic Gardens. 


En la bahía hay muchas compañías y ferries que realizan paseos, pero una buena alternativa pueden ser los barcos hop-on hop-off, para subir y bajar en diferentes lugares, como los que ofrecen Captain Cook, pero ni los recomendamos ni dejamos de hacerlo porque no los probamos, solo cogimos la información y nos pareció una alternativa interesante.