1 de diciembre de 2013

Chile - San Pedro de Atacama - Hotel Altiplánico



Dormir en el desierto

El alojamiento en San Pedro de Atacama fue elegido, por su supuesta lejanía y proximidad al mismo tiempo del pueblo –ni lejos ni cerca sino todo lo contrario podría escribir después de estar allí- y por su construcción acorde con el desierto. Se trata del Hotel Altiplánico, de la misma cadena en la que hemos estado alojados, increíblemente bien, en Isla de Pascua. Había visto otros hoteles que no nos cuadraban del todo, bien por su situación, demasiado alejados, bien por su precio, demasiado elevado para el presupuesto total del viaje. Llegar hasta el hotel nos hace ver que lo de la cercanía al pueblo era más utopía que realidad (aunque hay que dar vueltas por la dirección de las calles). 


El hotel se compone de cabañas individuales para las habitaciones, que están construidas en adobe, paja y piedra, con lo que el entorno no puede estar mejor conseguido, ya que se tiene tener la sensación de estar en un pueblo del altiplano. 




En los muros exteriores de las cabañas hay decoraciones atacameñas. 






Llegar hasta nuestra habitación con las maletas, y eso que llevamos ayuda, no es un paseo fácil, porque aunque llevan ruedas van traqueteando por el camino, “trocotrontrocotron”, y además no se encuentra precisamente cerca de la recepción y zonas comunes, que es una ventaja para no sentir el ajetreo, en caso de que lo haya. 


La habitación vuelve a ser amplia y agradable. 





Según se entra, hacia la izquierda hay un pequeño pasillo, donde se encuentra el "vestidor": unas baldas abiertas y una barra con perchas, también abierta. En esta zona dejamos las maletas para que no nos molesten. También se encuentra el baño, que nuevamente nos vuelve a sorprender y de muchas maneras. Hay una ducha en el interior, quizás algo oscura, tanto por la iluminación como por el color azul demasiado oscuro que la recubre. 




Una puerta a la izquierda en el baño conduce a la otra ducha, una ducha exterior, que en principio nos apetecía más que la interna, pero es que en el desierto no hace calor todo el día, es más, de madrugada hace demasiado frío como para pensar en ducharse al aire libre sin llevar un traje de neopreno o el propio plumas. 




En esta cabaña llena de puertas nos queda una, ya que aparte de la puerta principal por la que hemos entrado, hay otra que da a una pequeña terraza, en la que se puede estar tranquilo, pero antes de sentarse hay que sacudir los cojines de la arena del desierto. Es un rincón muy coqueto. 





El hotel dispone de una piscina, en la que no tuvimos la ocasión de refrescarnos, ya que a mediodía hubiera apetecido un baño, con un agua seguramente demasiado fría. Hay suficiente sitio para que los clientes puedan tumbarse y relajarse. Además hay una barra de bar que supongo habilitarán en los días de verano, cuando la piscina esté realmente solicitada. 



En el hotel hay muchas zonas al exterior o semi-exterior donde estar, y estar realmente a gusto. Para estar al fuego por la noche con unas copas y el cielo estrellado del desierto es un buen lugar el de la segunda fotografía. 





Cuando realizamos el check-in en el hotel, preguntamos por algún sobre a nuestro nombre que hubieran dejado, y al contrario que en Isla de Pascua, no hay nada, y tenemos una excursión contratada para esta tarde, pero no sabemos el horario en el que nos recogerán, con lo que desconocemos la posibilidad de ir y volver a San Pedro (andando por supuesto, y hemos visto el largo camino hasta él), unos veinte-treinta minutos aproximadamente caminando, lo que nos daría solo la posibilidad de comer y no pasear por él, por lo que no tiene demasiado sentido esta pequeña acción.


En recepción se portan genial, como ellos dicen para agradecer: ¡Te pasaste!, porque Pamela comienza a llamar a las agencias (y hay una infinidad de ellas) de San Pedro de Atacama para saber si nos tienen registrados en alguna (llama a las más solicitadas y no estamos… ¿con quién vamos a ir?), ya que nosotros no tenemos el nombre de la agencia, solo de la agencia de Madrid y la general en Chile. Tras varios intentos infructuosos, ellos y nosotros intentamos llamar al corresponsal en Chile, tanto a un número móvil como a un fijo, y nada, al hotel no le cogen el teléfono y nosotros no establecemos línea. Comenzamos a estar un poco nerviosos, tenemos todos los días completos como para cambiar una excursión por otra o pagar la misma que tenemos contratada en esta agencia, gestionado a través del propio hotel –el precio pagado por anticipado ya lo discutiríamos-. Estamos en el limbo turístico.

Finalmente decido llamar de nuevo a la agencia de Madrid, si desde el año 2004 que contratamos con ellos no hemos necesitado de hacer ninguna llamada ni reclamo, en este viaje se pueden dar todas las llamadas que no hemos hecho si seguimos a este ritmo -ya tuve que llamar desde el aeropuerto de Madrid. Desde Madrid solucionan el tema, ellos si hablan con el corresponsal en Chile y finalmente llega un chico de la agencia para tranquilizarnos, aunque ya veremos las tranquilidades que pasamos, y darnos la hora de recogida para la excursión, en principio nos dice que nos acerquemos al pueblo, a lo que nos negamos por la premura del tiempo, en esta espera se ha ido demasiado, y si esta opción hubiera sido la más acertada para todos, a esta hora no es aceptable. Así que queda en que nos pasarán a recoger y nosotros nos quedamos con la mosca en la oreja.

Lo curioso es que tanto los transfers del aeropuerto como las excursiones están realizados por la misma agencia, por lo que el conductor que nos había traído esta mañana nos podía haber dicho algo, y si bien es cierto que no le preguntamos, fue porque en Isla de Pascua el transfer era de una agencia y las excursiones de otra, por lo que no me pareció un detalle bonito precisamente (habrá que dejar de ser tan respetuosa). Creo que estos problemas se evitarían si en el momento de entregar la documentación se entregara completa, no solo con el teléfono de un corresponsal. 

Con todo el tiempo perdido, y ganado por supuesto al haber salido del limbo turístico, en encontrar la agencia de excursiones, tenemos el tiempo justo para comer en el hotel. 


Al lado de recepción hay una pequeña sala con dos ordenadores que ofrecen conexión de internet gratuita para los clientes. Bien, nos valdrá para hacer el siguiente check-in de vuelo, que no queremos jugar con LAN, hemos aprendido la lección. También hay un salón interior, que no todo va a ser al exterior, donde normalmente se esperan los transfers y las excursiones (no siempre, que algunas se esperan en la puerta del hotel para ahorrar tiempo). 




Y por supuesto el restaurante, una amplia sala que también sirve para alojar la tienda de artesanías y souvenirs, que se exhiben en una gran vitrina.  




Vayamos a comer. Para acompañar la comida nos sirven de aperitivo chancho en piedra, una salsa parecida al pebre, pero sus ingredientes están molidos en mortero (puede que ahora directamente en batidora), cuyos ingredientes son cebolla, tomate, ajo, cilantro y chile, y curiosamente no hay chancho (como se le suele llamar al cerdo) en la salsa. No, no se ve en la foto mucha salsa, la que ha quedado pegada en la cuchara… ya os podéis suponer la razón. El pan tiene bastante más masa, es más pesado, para mi gusto me habían gustado más todos los "pancitos" que habíamos comido hasta el momento.




Decidimos no comer demasiado, seguimos manteniendo la compostura por aquello de aguantar bien las excursiones, además tenemos que evitar el mal de altura, que de momento no sentimos nada, pero las digestiones pesadas lo pueden hacer salir, así como la ingesta de alcohol, por lo que yo me decanto por un fresco jugo de frutillas (fresas). Desconocida, este viaje he sido una persona desconocida; pero él se tomo su cerveza chilena, que el mal de altura no le impresiona.


Para él, un sándwich Barros Luco, con carne de res y queso chanco (un queso graso que derrite muy bien, de muy buen sabor pero ligero). Para ella, una ensalada de jamón de llamo con dressing de mango que va acompañada de un timbal de maíz con porotos (judías). Ambos muy ricos, y es raro lo del jamón de llamo y no de llama, nunca había pensado si nuestros jamones son de cerdo o cerda ¿?, pero tiene sentido que ellas se utilicen para reproducir y ellos para ser comidos. 




Para una valoración total del hotel, diría que se queda en un “casi”, y es que un poco más cerca del pueblo, diez minutos menos de camino, y algo mejor de gastronomía y el resultado hubiera sido óptimo. Segundas partes no fueron buenas, y si el orden de los hoteles Altiplánico hubiera sido al contrario, primero este y luego el de Isla de PascuaI creo que las valoraciones no hubieran resultado con tanto agravio entre ambos.

Lo que tengo que decir es que en recepción se portaron de maravilla con nosotros, y no sólo porque nos intentaran solucionar nuestro problema con las excursiones, que nos podían haber dejado a nosotros buscarnos la vida, sino porque por la noche en la habitación hacía un frío tremendo, y eso que según llegamos al hotel en la mañana encendimos la calefacción a gas de la habitación, en previsión de lo que pudiéramos encontrar a la vuelta de la excursión ya que se notaba en el ambiente poco a poco un aire gélido , pero al volver de la excursión si bien la habitación estaba templada, que no caliente, el baño era un congelador, hasta allí no llega el calor y no hay radiador o estufa, y sólo de pensar en una ducha a las siete de la mañana (o antes) se me ponían los pelos de punta y me veía lavándome estilo gato, así que pedimos un calefactor, que tras una deliberación interna de los recepcionistas nos llevaron a la habitación. Gracias, lo encendimos primero en la habitación para ayudar a calentarla más, lástima que a la mañana siguiente saltaron los plomos y no nos ayudó en la ducha matutina, aparte de causarnos algo de temor por si volvían a saltar. Durante la mañana arreglaron los plomos y volvimos a tener luz en la habitación, y sobre todo enchufes listos para cargar las baterías de las cámaras. De nuevo, gracias, ¡os pasasteis! 


29 de noviembre de 2013

Chile - De Calama a San Pedro de Atacama



La carretera de las animitas

Desde Calama a San Pedro de Atacama (mirar mapa de situación de ambas poblaciones), el pueblo desde el que haremos las excursiones para conocer el desierto de Atacama y sus maravillas, hacemos el trayecto en coche. 




A la salida de Calama una batería, de gigantes que vería Don Quijote, de molinos eólicos dominando el horizonte con sus aspas sin movimiento, no producen la intranquilidad que le produjeron al ingenioso hidalgo. 





Es una carretera con muy pocas curvas, es casi una recta donde el paisaje es la mayor distracción para los turistas, que no dejamos de mirar a la derecha y a la izquierda, a la cordillera de Domeyko o a la cordillera de la Sal, o hacia los Andes y su cadena de volcanes. Un paisaje de aridez abrumador, de sequedad extrema, pero inmensamente atractivo. 




Durante todo el trayecto tenemos una conversación muy interesante con nuestro joven conductor, que es uno de los hijos del jefe/propietario de la agencia del transfer y de las excursiones que tenemos contratadas –una historia a relatar la del comienzo de estas excursiones-, con el que hablamos de Chile, del desierto, de los indígenas, del cobre, del medio ambiente, del paisaje, de historia… Un diez para este joven, que puede que tenga la lección aprendida al dedicarse al turismo, pero que se mojó en otros temas por los que se podía pasar de puntillas o haciéndonos un "pase de pecho". 




Cometí el error de no apuntar un dato importante y ahora tengo una mezcla de números en la cabeza, con lo que posiblemente (casi con total seguridad) me equivoque, pero en el tramo de los Andes que vemos desde el coche, y que parece que están cercanos pero en realidad no lo están, es más una ilusión óptica por la llaneza del terreno, en estos aproximadamente 300 km se suceden los volcanes uno tras otro, algunos activos, otros no, y su número se acerca a la treintena… escalofriante pensar en una erupción conjunta.





De Calama a San Pedro de Atacama hay aproximadamente 100 km, a recorrer en hora y cuarto más o menos ya que la velocidad de circulación es limitada, aunque somos adelantados por algunos vehículos que van más rápido de lo permitido. 


De esta línea recta casi infinita que provocará tedio, del exceso de velocidad que se comete, y del cansancio supongo de los conductores habituales de este trayecto, principalmente camiones y vehículos de la mina de Chuquicamata o de servicios relacionados con ella, la carretera es un rosario de animitas, pequeños altares en conmemoración de los muertos en accidentes, que en este caso son de tráfico, y su número asusta, porque hay lugares donde hay concentración de estas animitas. Fue imposible tomar una buena fotografía de ellas, pero no queda bien decir “que se movieron para la foto”. 





Según nos acercamos a San Pedro de Atacama atravesamos la llanura de la Paciencia, junto a la cordillera de la Sal





Llegamos a nuestro destino, San Pedro de Atacama




28 de noviembre de 2013

Chile - Vuelo de Santiago a Calama



Un vuelo espectacular

Hoy volamos al aeropuerto de Calama, El Loa, el vuelo es a las 8 h y nos recogen a las 6 de la mañana, seguimos con estos madrugones agotadores, y es que es la única forma de aprovechar al máximo el tiempo. 


Como no desayunamos en el hotel lo hacemos en el aeropuerto, en el que será un sitio amigo para nosotros, la Cafetería Tamarugo, donde nos pedimos dos sándwiches de jamón (puede ser pavo también) y queso, que allí reciben el nombre de sándwiches Barros Jarpa, por un político que siempre los pedía en el Club de la Unión de Santiago. 




Todos los vuelos internos chilenos los hemos realizado en un Airbus A-320, mientras que los transcontinentales o los de Isla de Pascua han sido en Boeing 767. Todos ellos siempre al completo de pasaje. 




Volamos desde Santiago en dirección norte y de nuevo vemos los valles que rodean Santiago, como en lo haremos en todos los vuelos desde o hacia Santiago.




En cuestión de menos diez minutos el paisaje cambia, sobrevolamos la majestuosa y blanca cordillera de los Andes, con lo que estoy pegada a la ventanilla y por supuesto se me quita hasta el sueño. Aviso para navegantes aéreos, vamos sentados en el lado derecho del avión. 






En LAN siguen teniendo detalles alimentarios con los pasajeros, exentos de pago por supuesto. Viajamos en clase turista, creo que en vuelos internos la clase business no existe - aunque tampoco preguntamos por su existencia. Nos dan un desayuno o mejor dicho un tentempié, consistente en una bolsa de almendras, un brownie de chocolate y una galleta de frambuesa… no es un gran desayuno pero para glotonear nos vale, ya que nosotros hemos subido al avión bien desayunados. 





Según el avión se sitúa más al norte la nieve comienza a ir desapareciendo del paisaje, aunque este sigue siendo increíble y hermoso a partes iguales. 






El paisaje que poco a poco vamos viendo nos recuerda mucho al del vuelo de Sydney a Ayers Rock, sin la tonalidad rojiza de este, pero con la misma sensación de sequedad y de cursos de agua que en algún momento fluirán por el terreno en época de lluvia.





Y de repente en la tierra comienzan a verse unos grandiosos complejos industriales y con supuestamente una actividad frenética; todo ello en el medio de la nada infinita. 





Y lo que es más sobrecogedor, unos agujeros profundos, llenos de surcos, son las famosas minas de cobre de Norte Grande, que si desde esta altura nos parecen inmensas a pie de mina la sensación debe ser aterradora, un viaje al centro de la tierra. Algunas incluso parecen ciudades subterránea construidas por alienígenas de lo alucinantes que son. 





¿Marte? No, el desierto. 





Si en Marte parece ser que hubo agua en algún momento de su vida planetaria, en el desierto también, cargada de ricas sales minerales. 




La tierra sigue mostrando sus heridas, realizadas por el hombre en busca del progreso y del bienestar, ¿cual será su coste para las generaciones futuras en el medio de vida?






La tierra parece llorar por sus heridas y deja su marca, ya sé, es melodramático y todo lo que queráis, pero estas letras son de sensaciones, y las visiones se acompañan de ellas. 




Si no estoy equivocada (que es una posibilidad bastante grande), en primer término, la cordillera Domeyko, en segundo término, la cordillera de la Sal, y al final, los Andes. 




Impresionan las quebradas, por donde circula el agua y por lo tanto son los oasis del desierto. Increíble, maravilloso y mágico a la vez.





Aterrizamos en el aeropuerto de El Loa de Calama tras dos horas y diez minutos de vuelo y 1.229 kilómetros. 




El aeropuerto original se está quedando pequeño ante el tráfico comercial y turístico, con lo que se está construyendo un edificio nuevo de mayor capacidad y más moderno. 





El desembarque es como al igual que en el aeropuerto de Mataveri de Isla de Pascua, directamente a pista, y en este aeropuerto el tráfico es mucho mayor, hay una importante densidad de tráfico aéreo, por lo que aquí no nos detenemos, aunque no hay nadie que lo impida o lo indique. 





Curiosa es la decoración de la cinta transportadora de maletas, algo ajada pero muy significativa del casino de Calama, una de las diversiones de la ciudad industrial. 




A la salida del aeropuerto nos espera nuestro transfer a San Pedro de Atacama, el pueblo que será nuestro centro de operaciones para el desierto de Atacama ya que Calama no es una ciudad para quedarse a dormir y hacer turismo, es más una ciudad industrial de mineros y negocios.