21 de enero de 2019

Myanmar - Yangón - Holy Trinity Cathedral - Mercado Bogyoke Aung San

Religiones (incluida la de la compra)

A la salida del Museo Bogyoke Aung San caminamos por una estrecha calle para intentar salir a alguna con más tráfico donde encontrar un taxi, no pensamos ir caminando hasta la zona del hotel, nos llevaría demasiado tiempo, además se ha puesto a lloviznar de nuevo, y tememos un chaparrón. Finalmente, que no fue fácil, encontramos el taxi, le decimos el lugar donde queremos ir y por si acaso le enseñamos un mapa, no vaya a ser que haya confusiones (él no habla inglés y nosotros mucho menos birmano).

Nos quedamos muy cerca del hotel para visitar Holy Trinity Cathedral, iglesia de culto anglicano construida entre 1886-1894 en estilo indo-sarraceno (creo que es la primera vez que escuchamos este estilo, aunque se parece a muchas que hemos visto) según diseño del arquitecto pionero de este estilo, el británico Robert Chisholm, desarrollando su obra principalmente en la ciudad india de Madras; a su vuelta a Londres diseñó el edificio de Cadogan Hall, en el barrio de Chelsea (¡anda!, este sí lo hemos visto por fuera). 



Su interior es luminoso y diáfano, resulta coqueto, ni sobrecargado decorativamente ni estridente. Además por su estado parecía recién pintado.



Sobre la puerta de entrada destaca el colorido rosetón, bajo el cual se halla la pila bautismal. 



En la cabecera del altar destaca la semi cúpula y las vidrieras con imágenes. 



La cabecera está rodeada de un pasillo, que no se si en este caso se puede llamar girola.  


En una pequeña habitación las túnicas del coro cuelgan ordenamente. 


La catedral estaba muy ligada a los regimientos militares británicos que ocuparon Myanmar, por lo que en una pared cuelgan metopas en memoria de ellos y sus caídos. 


Paseamos un poco por el jardín  que rodea la catedral, para tener una completa visión de la misma, jardín el que supuestamente hubo un cementerio, pero no hay ni rastro.

Junto a la catedral está el Mercado Bogyoke Aung San, un mercado cubierto abierto en 1926, que nació con el nombre de Scott Market, que era la visita que nos quedaba hacer acompañados por nuestro guía Myo, pero no tenía ningún sentido, mejor que se fuera con su familia después de tantos días viajando por el país, y nosotros por nuestra cuenta, para ver, cotillear o comprar. 



Bajo las arcadas del edificio también hay tiendas o tenderetes, este es el mundo del comercio. 


El interior del mercado se divide por zonas según los productos que se venden, aunque también hay un poco de mezcla, nosotros entramos por la zona de la joyería y llegamos hasta donde se concentra el textil. Todo muy ordenado y muy pulcro. 


En las calles que unen los diferentes edificios que forman el mercado hay más tiendas, furgonetas aparcadas y hay sitio para un cajero automático. 


Caminamos por Bogyoke Road, pasando junto a la mezquita Chulia Muslim Dargan, con su cúpula reluciente. 


Algo más adelante, el templo Sri Kamachi Amman, que no estaba abierto. 



Damos por finalizado el paseo y volvemos al hotel, donde subimos al lounge para tomarnos un refrigerio -ya que tenemos este servicio vamos a aprovecharlo-, y como era de esperar, está con plena ocupación, pero encontramos una mesa donde comer y beber algo (un amplio surtido de salado y dulce), aunque para tener vistas de Shwedagon Paya tuvimos que esperar a que se despejara el salón de gente, porque lógicamente las mesas situadas junto a las ventanas son las primeras en ocuparse. Esta noche cenamos en uno de los restaurantes del hotel, y así nos evitamos el salir a buscar un lugar. 

18 de enero de 2019

Myanmar - Yangón - Restaurante House of Memories - Museo Bogyoke Aung San

Un hombre venerado

De nuevo en Yangón, dejamos las maletas en la habitación del hotel, refrescamos rápidamente nuestros cuerpos, cambiamos dinero en la oficina de cambio que hay en el mismo hotel, ya que nos habíamos quedado sin efectivo para estos últimos días, y nos volvemos a reunir con Myo en el lobby, tenemos que continuar conociendo la ciudad.

Lo primero es ir a comer, una comida de despedida por cuenta de la agencia, ya que aunque mañana será nuestro último día en el país, estaremos de viaje de ida y vuelta a Bago, y es mejor hacerla hoy, más tranquilos y en un lugar más apropiado, con más glamour. El restaurante que eligen nos gusta ya desde fuera y por su sentimental nombre, House of Memories, alojado en una antigua casa colonial; es elegido por muchos de los touroperadores del país, por lo que puede haber concentración de turistas. 


La casa tiene multitud de salones, debe ser un lugar típico para reuniones de todo tipo, ya sean de negocios o de familia o de turismo. 


Además de por su arquitectura, la casa también es interesante porque en la década de 1940 albergó la oficina secreta del Ejército Birmano de Independencia, dirigido por el general Bogyoke Aung San


Se mantiene el despacho, y supuestamente los artículos que vemos en el escritorio son los que se utilizaron. 



En las paredes del despacho hay muchas fotografías, pero nos quedamos con la familiar, con un primer plano de Aung San Suu Kyi


Comemos una rica tempura de verduras y una sopa de lentejas (sopa de la que no hay foto, pero de la que por supuesto di buena cuenta). 


Berenjenas con cebolla crujiente y salsa de cacahuetes. 


Ensalada de espinacas. 


Curry de ternera y curry de cerdo (al menos hemos cambiado el pollo por ternera). 



Nuestra ración de arroz, presentado en un bonito recipiente de bambú. 


De postre hoy tenemos una variación, bolas de arroz pegajoso con dulce de palmera y virutas de coco; yo me quedo con la clásica fruta, con esos plátanos que hasta el momento nos han dado energía. 


Terminada la comida le pedimos a Myo que en lugar de llevarnos al hotel nos lleven al Museo Bogyoke Aung San, la figura más emblemática del país, y no podemos irnos sin tener un mayor contacto con su historia. Lo único es que no llevamos la cámara de fotos, solo vamos con los móviles, más ligeros, y eso se nota mucho en la calidad de las mismas, sobre todo en pantalla grande.

El museo se aloja en la antigua residencia del general, que desde el exterior nos recuerda incluso al caserón de los Monster. Su arquitectura es de estilo colonial, de la década de 1920, y destaca sobre todo el torreón, al que no se puede acceder. 



La sorpresa nos la llevamos en la pasarela cubierta de acceso, ya que vemos que aquí también tenemos que descalzarnos, pero tiene sentido, si se conserva una casa mejor evitar arañazos (aunque a lo mejor también deberían hacer la prueba del tamaño de las uñas). Pagamos la entrada, creo que fueron 5.000 kyats por persona y ya podemos recorrer la casa, aunque primero nos damos un corto paseo por la terraza exterior hasta el bonito mirador sobre el jardín. 


En la casa se conserva parte del mobiliario de la familia, así como algunos objetos personales de uso cotidiano. Es curioso que un gobierno militar, que derrocó y asesinó al general y a su gabinete de gobierno (que tienen su homenaje en el Mausoleo de los Mártires), abriera el museo en 1962, aunque solo se permitía su visita el Día de los Mártires, el 19 de julio, prohibición que se levantó en 2012 y ya es visitable todos los días. Y más curioso nos resulta es que mantenía el museo al tiempo que su hija de Aung San estaba bajo arresto domiciliario.

Entramos al comedor, en la mesa señalan los sitios donde se sentaba cada miembro, además hay un nota manuscrita del general a su esposa (“Kyi, si no hay problema, me gustaría comer rotí con guisantes”) y un pequeño mueble con vajilla. 



En las paredes hay paneles que cuentan la vida del general, así como una importante colección de fotografías de la misma. Aung San nació el 13 de febrero de 1915 en la aldea de Natmauk, en sábado, día que los birmanos consideran de mala suerte, y cierto es que la tuvo este hombre, al ser asesinado por un golpe de estado del ejército; sus padres consultaron a un astrólogo para imponerle un nombre, pero que como no rimaba con el de su hermano, se lo cambiaron (para los supersticiosos todo un indicio y donde comenzó todo). 

La mujer que nos ha cobrado las entradas viene junto a nosotros y nos va señalando los paneles y las fotografías, no quiere que nos perdamos nada y sí que lo leamos todo; el detalle es que lo hace con una devoción total, como si estuviera hablando de un Dios o un santo, que en realidad es como lo consideran en Myanmar, además de un héroe y un mártir.

En vitrinas hay extractos de sus discursos, en los que reclama fortaleza y sobre todo unidad de las etnias, porque juntos será más fácil la victoria. 


Después de sus estudios primarios, pasando siete años por un monasterio como todos los niños, en 1932 Bogyoke accede a la Universidad de Yangón, donde comenzó a destacar como líder del movimiento estudiantil. Se graduó en Composición en Lengua Inglesa, Literatura Inglesia, Ciencias Políticas e Historia Moderna.

El 6 de septiembre de 1942 se casa con Daw Khin Kyi, con la que tiene cuatro hijos, dos niños y dos niñas; la última niña murió a los cinco días por una fiebre alta. El segundo hijo, Aung San Lin falleció en el estanque que hay en el jardín. 


En 1939, junto a otros compañeros fundó en secreto el Partido Comunista Birmano, y este mismo año también creó un movimiento para la independencia de Burma -ahora Myanmar-. En 1940 viajó a China para establecer contactos con el Partido Comunista Chino, y en 1941 a Tokio, estableciendo una alianza con los japoneses para expulsar a los británicos, consiguiendo sin esperarlo que los primeros tomaran el control del país en lugar de su liberación, por lo que en 1945 forma un movimiento antifascista promoviendo el fin de la ocupación japonesa.

En 1947 firma con los británicos el Tratado Aung San-Atlee; también firma un tratado con los estados étnicos y comienza a elaborar una nueva constitución. El 19 de julio de 1947 es asesinado en el Secretariat Building, junto a seis miembros de su gabinete.

En esta planta baja también se encuentra la sala de estar, donde destaca una vieja radio que la familia escuchaba. 


Entre curioso y simpático nos parece que señalen la silla que utilizaba para ponerse los zapatos, que podría ser esta silla como cualquier otra. 


Por la bonita y bien cuidada escalera subimos al segundo piso. 


Hay un cuarto de reuniones, pero no sabemos si con fines públicos o privados, con una figura de cartón del general vistiendo su uniforme. 


El dormitorio de los niños, con tres camas, donde en una vitrina hay cuadernos de estudio; produce ternura este lugar. 



El dormitorio del matrimonio, donde en una vitrina hay ropa y objetos personales. 


La foto de boda del matrimonio, él vestido con el traje del ejército, ella con un bonito vestido que parece de color blanco. 


La última habitación de esta planta es la biblioteca, con muchos libros en inglés, ya que él se licenció en la universidad en estos estudios. Desde esta sala se accede al baño de la casa, pero para evitar posibles malos usos, su acceso está cerrado.



Salimos al jardín y llegamos hasta el estanque donde se ahogó su segundo hijo. 


Mi sensación es que Aung San fue un buen hombre, que creía por encima de todo en la libertad de los hombres, y por ende, de los pueblos; que era mejor ser un país grande formado por todas las etnias que lo habitan, a un país fragmentado, que sería mucho más débil tanto interna como externamente. Un hombre que además era maleable en sus convicciones e ideología -lo que no quiere decir "veleta"-, aunque la base fuera siempre la misma y firme, ya que pudo tratar con japoneses o británicos, siempre en busca de lo mejor para su pueblo (si me equivoco, rectifico y el fin justifica los medios parecían dos de sus máximas). Un general que entre sus planes estaba desmilitarizar el gobierno en pos de la democracia, y que posiblemente esto fue la gota que colmó el vaso de los poderosos militares para llegar a ordenar su asesinato. 

Un hombre, un político, un militar, un padre, un esposo, un héroe, un mártir, todo reunido en la pequeña figura de Bogyoke Aung San.